Donnerstag, 26. Dezember 2024

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       Al terminar con mis con-figuraciones mentales percâtome de una cosa: de una chi-

ca que avanzaba a trancas y barrancas arrastrando dos inmensas maletas, las que no po-

dîan  rodar por la ingente  cantidad de  nieve acumulada en la superficie. Como su testa

solapâbala una capucha no podîa verle el semblante, el rostro que tocôle por naturaleza

tener. Cômo yo, que soy un held, pudiera dar calaña de total indiferencia? Tan cêlere y

como  pude acêrqueme a ella, y con una verba inteligible dîjele que voluntariamente le

ofrecîa mi ayuda. Seguido y estas palabras deja de avanzar, suelta las dos maletas, quî-

tase  la capucha, y mirândome con fijeza dêjame saber que le quedaba poco para llegar

a su destino, mas  que aun asî dâbame las gracias. Empero quiên me dirîa que volverîa 

a ver a la chica hurtada por Matilde, a la que pertenêcele el diario e hija de la criada di-

funta que trabajô para la esposa fenecida del general? Por esta razôn estupefacto quedê

y hasta dije  en voz alta que no, que no podîa ser, siendo entonces que ella pregûntame

el porquê de yo haber dicho lo que dije. Despuês de darle una reducida respuesta amên

que  sensata, ella mirôme con algo de extrañeza, pusôse sus manos en la cintura, respi-

rô profundamente, y cuasi con dificultad de hablar amplificô una verba con la que dio-

me a entender la posibilidad de que yo fuera un detective privado. Y quê si no que mo-

rirme de la risa, mas que no fue muy larga para eludir que ella tomâralo como una mo-

fa mayûscula. Con el objetivo de menguar la fuerza de un carâcter por mî del todo des-

conocida, aun ya estando empapado de datos y detalles que pudieran serme ûtiles para

calcular  aproximadamente de quê tipo de vigorosidad trâtase, prendî un cigarro y sol-

tê el humo de la primera cachada como si por mi boca saliera un estîmulo que sobre el

pucho dirime cualesquier posibilidades de hacer evidente una funciôn apellidada inves-

tigativa, un acicateante que en seguida al parecer le gustô/cayo bien incluso ignorando

que  deshacîa las  susodichas cualesquier  posibilidades. Y en fin, que no sôlo pidiôme

que  dejârala fumar, sino que asimismo que acompañârala adônde iba. A raîz del pedir

este  comuniquêle que tenîa la necesidad de informarle a mis amigos que separâme de

ellos  por un tiempo  indeterminado, y que despuês de este comunicar regresarîa raudo 

a  posicionarme a su  lado, que igual en  esta ocasiôn si el de la izquierda o el de la de-

recha.  

         Quince minutos despuês llegamos al apartamento en el que ella se quedarîa por

tres meses, ya que al ser el  alquiler un poco caro el peculio que tenîa ahorrado alcan-

zâbale  solamente para  quedarse este tiempo, no mâs, y dinero que pudo guardar gra-

cias al trabajo que tuvo en una oficina de turismo. En lo atinente a esta oficina ella no

sabe que yo sê que es la misma donde aûn labora Sista, lo que si acaso dejarîale saber

en el momento tempestivo, lo que traduce que, y como un revelamiento hipotêtico, la

posibilidad de barruntarle al respecto llegarîa sin una condiciôn o un forzamiento aco-

pas. Seguido a dejar las dos ingentes maletas en el cuarto, cambiarse el vestuario hela-

do y recogerse el cabello, preguntôme  si deseaba tomar una copa de vino rojo, el que

saldrîa  de una botella que comprô cuando venîa para acâ, respondiêndole yo que quê

mejor  kairos para ingerir la bebida por antonomasia de Baco, el que impulsa y dador

de una fiesta. Claramente que esto ûltimo ella no lo entendiô, mas que sî que deseaba

tomar la susodicha copa. Al regresar de la cocina con dos copas, las que puso encima

de una mesa de cristal tan limpia que râpidamente descollorîa una pavesa caîda, tratô

de abrir la botella, de sacarle el corcho con un abridor malîsimo, empero como no pu-

do  pidiôme que hiciêralo yo. En lo que la abrîa pâsome un pensamiento de jaez pon-

derante, el que de  facto fue el motivo de que dilacionârame extrayendo el corcho: si

ella es zurda (persona no diestra, que no persona no grata); yo, derecho, como que  y

funcionarîa un equilibrio entre ambos con el que tal vez serîa posible entrar en comu-

nicaciôn (lo denominado por mî entrar en verba) con algo de soltura, o sea, sin ôbice

y sin cortapisa, allende que dos SIN propiciantes de un juego libêrrimo sin parangôn

con el lûdico de la Kosmona.

---Kosmos, al fin sacas el corcho. Por quê te demoraste tanto en una cosa tan fâcil de

hacer?

---Es que yo pienso hasta cuando hago una cosa como êsa.

---Y quê pensaste?

---No es relevante, un pensamiento de paso. Y dime: cuâl es tu nombre?

---Me llamo Irene.

---Irene! Sabes cuâl es la etimologîa de este ônoma?

---No, Kosmos, no!

---Del latîn, formado del griego, apacible.

---Interesante! Y me dices, Kosmos, cômo fue que te enteraste del diario?

---Por Dasid, el chofer del general y novio de Matilde, la madre de Sista.

          A continuaciôn de valorar de un poco impulsiva que asimismo de insensata la

revelaciôn de Sista a su madre de lo que supo del diario, Irene saca a puesto, a colo-

caciôn el dîa en que fue hurtada por Matilde, la que pudo lograr su objetivo, o sea, el

de robarle el diario, gracias a la ayuda de Sista, dîa que, segûn ella, jamâs olvidarâ y

no tanto por el robo sino mâs bien por el hecho de haber sido vîctima de la felonîa de

Sista, de la  traiciôn de la criatura fêmina que amô. Llegada la verba a este punto, cô-

mo  no dejarle saber yo que el susodicho dîa fui testigo visual del hurto con mis pris-

mâticos  desde el balcôn? Y cômo, y a raîz de escuchar lo anterior, Irene pudiera elu-

dir abrir su boca y tapârsela con su mano izquierda? Mas pasado su asombro recono-

ciô que en mî podîa confiar, que yo no era una de esas personas que denuncian pero

que  esconden el rostro, que tienen el valor de comunicarle a la autoridad lo que vie-

ron  mâs no la suficiente valentîa para dar la cara, razôn por la cual estaba orgullosa

de mî.

---Mondo lirondo que lo que has dicho llêgame fondo, Irene, mas sabes quê? Quê te

puedo amplificar que desde niño miraba y quedâbame callado, observaba y no abrîa

la boca, divisaba sin engendrar bullicio.

---Kosmos, se pueden contar con los dedos personas como tû en este mundo de puro

teatro, de representaciones falsas, de sombras.

       Escuchândola expresarse, cômo pasar por alto/no tener en cuenta que algo tiene

de pensadora? Claramente que no una con una formaciôn acadêmica distinguida, al-

go que nôtase por los têrminos utilizados, por el mêtodo deîctico que señala o indica,

verbi gratia, mas por lo menos su tendencia al anâlisis sale a relucir, a ocupar espacio 

dejando un color que ni es oneroso ni ambiguo(us) ni complejo. [Por el gallo que can-

ta, fuera de suplicios, llantos y juramentos, es que desde la verja se escucha un repeti-

do canto y, entonces, quê no seguido soltar como paradigma melôdico?]

--- Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Maravîllame, Irene, cômo an-

tes de llegar al punto alongas la raya.

---Aun sin entender lo que me acabas de decir, que seguro no lo dices por gusto, gra-

cias porque te maraville. Te digo que hasta el dîa de hoy no habîa oîdo hablar a nadie 

sin entenderlo.

---Irene, encântanme los pincelamientos, darle color a una expresiôn.

---Sî, kosmos, se nota que te encanta.

---Me interesarîa saber, Irene, una cosa.

---Cuâl?

---Cômo fue posible que Matilde y Sista supieran dônde tû estabas el dîa de la manis-

festaciôn.

---Kosmos, la verdad es que no lo sê, que ni tan siquiera le dije a Sista nada. 

---Supe que pagabas una suma de peculio a quien hubiera visto quiên robô al diario.

---Exacto!! Mas eso lo dije en plena calle para sacar una posible informaciôn. Unas

horas despuês pasô que recibî una llamada, y la persona masculina que me llamô me

dijo que êl sabîa algo al respecto, pero que su palabra valîa el doble de lo que yo dije

pagar. Al dejarle saber  que no tenîa esa cantidad, me dijo que me daba tres dîas para

que le pagara, y que si no queria buscarme problemas mayores que no dijera ni a un

familiar  ni a la autoridad nada, siendo este el motivo de mi falso hacer creer que ha-

bîa desaparecido.

---Câspita!! Capto sûbito. Mas, Irene, muchitanto no vale que hayas hecho creer eso

si de facto andas por la ciudad, que entonces ese mâsculo te puede reconocer.

---No soy de andar por la ciudad, Kosmos, pero te digo que hoy fue una excepciôn,

que no me puse la peluca porque no creo que con esta nieve sean muchos los que sal-

gan de su casa.

---Y si por alguna casualidad, y entre los pocos que salen, el que te conoce es uno de

êstos?

---Vaya casualidad, no? No sê por quê me parece que piensas demasiado.

---Te parece? 





 






 



 

 



   










 

 





 

 
















    



   












    



  

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