Remitiêndose al tema de hacer creer que se creîa, una perîstasis que tiene rela-
ciôn con la sacada a puesto, a colocaciôn en mi novelôn, mas enfocada de otra ma-
nera: hacerte creer que creîa en lo que tû crees, empero aun con esta diferencia re-
sulta de mi interês, la difunta esposa del general, lo que sabe Dasid por contârselo
êste en un momento oportuno, mâs de una vez fingiô con el propôsito exclusivo de
apoyar las aventuras cupidosas de Francis con Matilde, con lo que lograba no sôlo
mâs informaciôn al respecto sino que asimismo un conocimiento mâs exhaustivo
de lo que por preferencia deseaba Matilde que le hicieran, empero transportando
el modus de ejecuciôn, porque la disimilitud entre el mor un mâsculo con una fê-
mina y el de una fêmina con otra es ostensiblemente grande. [Vaya desilusiôn que
causôme lo que acabê de escuchar, porque jamâs pensê que Francis pudiera caer y
en este tipo de zalagarda, de tejemaneje hembrâtico, de lûdico de ella, mas sin co-
mentario de mi parte por tratarse de algo que no incûmbeme].
Verbi gratia de lo que por preferencia querîa Matilde que hiciêranle, lo que de
facto no resultôme nuevo por ya haberlo sabido hace tiempo por el padrastro de
Aristarco (Teôfilo, el de la razôn ganada, y quien asimismo entrô en relaciôn efî-
mera con esta dama progenitora de Esmeralda, como ya sâbese, mas que yo lo re-
pito por ludicar la repeticiôn en mi conciencia un rol descollante) era que la ama-
rrasen manos y piernas al estar su cuerpo a toda flor en una hamaca, una especie
de fantasîa no muy del gusto de Dasid, amên de parecerle un tanto rara, pero aun
asî de pedirle Matilde que dejârasela desarrollar êl ni opondrîase ni buscarîa al-
gûn pretexto para eludirla, pero que de momento es imposible por no tener una
hamaca. De hecho no es una fantasîa improvisada, como le pareciô a Teôfilo, ni
tampoco tempestiva, sino mâs bien una de jaez arcaico que mantiene su vigencia,
ya que si la difunta madre de Esmeralda supo de ella impepinable que es senil, y
como tal no es imposible que hâyala disfrutado, aunque con las retinas de un cor-
pus fêmino que contempla a otro hembrâtico atado con sus curvas sin la tela que
favorece al engaño, a la mentira trabajada, al a todo trance seducir gracias a esa
producciôn/elaboraciôn de prendas interiores garantes de un tamaño falso, de un
turgente atractivo que beneficia al capital de un modisto o forâneo o local.
Y a propôsito de un modisto, Dasid cuêntame sobre el que venîa a casa de la
difunta madre de Esmeralda cada vez que êsta antojâbasele tener una nueva pren-
da de vestir, mas como participaba en la fiesta de los dos bandos par de veces, y
en lo que tomaba las medidas, tocô el cuerpo de aquêlla con algo de entusiasmo,
momento de fruiciôn observado a hurtadillas por la criada, por lo que no queda
descartado que êsta hâyalo escrito en el diario meses despuês de hablar con el ge-
neral para dejarle saber de lo que fueron testigos sus ojos. Al yo preguntarle a Da-
sid por quê meses despuês, êl clârame lo siguiente: cuando la criada fue testigo y
de eso el trato que dâbanle tanto la difunta como el general era bastante bueno, y
el peculio que recibîa alcanzâbale para llevar una vida modesta, empero la cosa
cambiô con el tiempo, y tanto que empezô a sentirse mal, maltratada y mal paga-
da, lo que fue la razôn de que escribiera el diario y con la intenciôn de vendêrse-
lo a la prensa.
---Capto, Dasid, capto. Y dîgame usted: actualmente tales prendas existen, que-
dôse Esmeralda con ellas?
---No, Kosmos, no! Una semana despuês de su fenecimiento el general los que-
mô. Sabes, Kosmos, que estas cosas de la vida me siguen sorprendiendo, a pesar
de la edad que ya tengo.
---Exactivice usted, Dasid.
---Sî! Escucha. De no haber hablado la hija de la criada con Sista sobre ese diario
nada hubiera pasado.
---Dasid, la pregunta que hâgome es la siguiente: cômo fue posible que la criada,
y antes de sucumbir, dîjole a su hija que llevara, como recuerdo, el diario siempre
en su bolsa, que no que lo escribiô con la intenciôn de vendêrselo a la prensa?
---Esta pregunta no puedo responderla, Kosmos, ni idea de cômo la criada haya y
borrado su afân de venganza. En fin, que no quiero robarte mâs tiempo, que te es-
peran tus amigos en la feria. Asî que te dejo y hasta la prôxima. Ah, y antes de ol-
vidarlo, si hablas con Francis no toques este tema, que êl estâ bastante preocupa-
do.
---Êsa es la res, Dasid, mi boca en mutismo.
---Perfecto!!
---Que tenga usted especioso lo que queda del dîa.
---Igualmente, Kosmos, igualmente.
---Y otra res: no vuelva a pasarse por los dedos el sîmbolo de los tres zarcillos, no
vaya a ser que regrese el lobo.
---Kosmos, êl y yo nos llevamos bien, bueno, fuiste testigo de que es asî.
---Algo indeleble que fui testigo.
---Adiôs, Kosmos, adiôs y cuîdate.
---Muchitantas gracias, Dasid! Dîgole lo mismitico.
A la feria lleguê cinco minutos antes de que cumpliêrase el horario en que
los vendedores desmontan sus carpas y regresan a sus casas, destacândose en al-
guno de êstos el semblante jovial por el êxito de la venta de sus objetos antiguos.
Como no necesitaba comprar nada pûseme en funciôn de buscar a Caspar y a Cra-
tino, a quienes encontrê siete minutos despuês, mas que no solos sino concomita-
dos por Anabel, la chica que conocimos Cratino y yo en la fiesta del general. Cô-
mo, entonces, no entender el porquê de que Cratino estuviese mâs que nunca emo-
cionado, y por lo mismo dispuesto a hacer cualquier cosa que Anabel pidiêrale o
quisiera, que a la postre y al cabo sê que desde que la vio en la susodicha fiesta le
gustô sobre el pucho. Empero quê otra cosa no esperar de una fêmina joven y con
la carne fresca que no sea la de hacer todo lo posible por darse postîn. De facto es-
ta fue la verba dicha por Anabel a Cratino no mucho despuês de la pregunta que
acâbome de hacer: Cratino, no puedo quedarme mâs tiempo aquî por la razôn si-
guiente: porque tengo cosas pendientes que hacer en casa. Claramente que como
Cratino estâ preparado para saberse expresar, que asimismo para al canto no de-
jar calaña de un estado que pudiera satisfacer por ser el esperado (verbi gratia, el
de molestia o el de enfado) simplemente la mirô de arriba a abajo y sonriendo dî-
jole: Anabel, las cosas pendientes que hacer, sea en casa o en otro lugar, tambiên
tienen su importancia y, como tal, que cumplas con ellas, que no las dejes para
mañana es casi ser de rigor o paradigma de una buena disciplina. En realidad no
sê si ella captô en su pureza el contra golpe semântico de Cratino, mas de lo que
sî no quedôme duda es de que a partir de este momento ya conoce/sabe/domina
que êl no es una criatura que insiste o malcrîa representaciones intencionadas.
Keine Kommentare:
Kommentar veröffentlichen