Sonntag, 8. Dezember 2024

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          Al salir del edificio ya habîa terminado de nevar. Como la acera estaba solapa-

da por una gruesa capa de nieve podîanse contar con los dedos el tamaño de los po-

quitîsimos calzados, lo que traduce que no fueron muchas las criaturas que salieron

de sus casas durante el tiempo que estuvo nevando. El decir (inteligible) de Cratino 

de que alegrâbase porque ya no nevaba fue el motivo de que yo mirâralo con fijeza,

que  bien que êl sabe que amplificar algo como eso delante de mî es cuasi como un

insulto, razôn suficiente para que oyêse mi cañonazo verbal, empero como percatô-

se  de la dificultad de Metôn de caminar pisando la nieve y cargando con cuatro ati-

borradas jabas dîceme lo siguiente:

---Kosmos, ya sê que lo que dije te resulta ingrato, pero me parece mâs prioritario 

que ayudemos a tu vecino, el banquero pensionado de setenta y cinco años, que no

lo que estabas por decirme, que tiempo tenemos para que me lo digas.

---Age en plural, Cratino! Ayudêmoslo! Êsa es la res!

        Siete minutos despuês Caspar nos da la noticia de que habîa visto pasar un lo-

bo por la acera de enfrente, y seguido pregunta cômo era posible que un animal co-

mo êse paseara por la ciudad sin atacar a nadie, sin acarrear temor/pânico/pavor al

enseñar  sus colmillos, respondiêndole  yo que porque es un lobo que ya estâ total-

mente  acostumbrado al hombre, A PASARLE DE SOSLAYO A ÊSTE COMO SI

FUESE UN LOBO MÂS. A raîz de  escuchar lo anterior mirôme con cierta extra-

ñeza, pero  como estaba  interesado en saber a cuâl parte de la ciudad irîa el lobo, 

dônde terminarîa su paseo, dîjonos a Cratino y a mî que lo esperâramos en la feria. 

Resultando una tremendîsima novedad seguir las huellas de un lobo, lo que de fac-

to serîa facilîsimo por dejarlas en la nieve, tanto Cratino como yo estuvimos total-

mente de acuerdo en concomitarlo, actividad allende de ir a la zaga de algo que en-

tretenerîanos, porque de tediosa no tiene nada. Sin nada (de momento) mâs que de-

cir cruzamos la calle y pusîmonos en funciôn de eso. En realidad es un animal pa-

riente salvaje del sabueso, amên de que los celtas asociâbanlo con la inteligencia y 

la astucia, por lo que esperar que hiciera lo posible por esconderse en un buen sitio 

no queda descartado, no puêdese pasar por alto, dejar de tener en cuenta, un cono-

cimiento  que asimismo tiene  Cratino empero  que no revelô para si acaso (con la 

intenciôn de) eludir las preguntas de Caspar. Al yo saber que la primera vez que vi 

al lobo fue cercano a la escultura de le Penseur, cômo  no pensar que  fuera a parar 

a los derredores de êsta?, empero como solamente es el pensar (dirîan los doctos de 

una  materia inveterada la forma de) encuadrar lo lôgico o participaciôn en un pro-

ceso de profundizamiento, o sea, de divisiôn/fragmentaciôn, de lascamiento  conci-

so, habrîa que ver si verdaderamente ajûstase a una realidad fuera de lo ôntico.

      Cuasi llegando a la catedral barroca dîceme Caspar que el lobo estaba al lado

del chofer del general, motivo por el cual mirê hacia el lugar señalado por êl. No

dilacionê en acercarme a Dasid, siendo entonces que percâtome de que êste pasâ-

base por los dedos de la mano derecha el sîmbolo de los tres zarcillos (allende de

que con una pericia tremenda), por lo que indubitablemente quedâbame clarîsimo 

el  porquê de lo que  nuestros ôculos veîan: porque tanto el lobo como el sîmbolo

son partes que jamâs quedarîan escindidas del mundillo (inveterado) celta. Al fi-

nalizar  Dasid de hacer lo que hacîa, y en vez de dilucidarme o si êl fue el que se

acercô al lobo o êste a êl, barrûntame sobre la liberaciôn de su queridîsima Matil-

de Ronco Espinoza, la que fue posible gracias a la intervenciôn del general, y al

que dêbele, por la misma, un agradecimiento sempiterno. A raîz de esta verba el

lobo sigue su camino, Cratino y Caspar saludan a Dasid, y êste pregunta:

---Pueden dejarme unos minutos hablar a solas con Kosmos?

---Por supuesto, Dasid, claro que sî.

---Cratino, me gusta lo que acabas de decir por tener un ritmo.

---Gracias, Dasid, gracias!! Y, kosmos, te esperamos en la feria, que ya solamen-

te quedan treinta minutos, y ya sabes que...

---Ya sê, êsa es la res, Cratino. Nos encontramos alli.

       Ostensiblemente que con la ausencia de ellos tendrîa mâs soltura con la ver-

ba Dasid, aun estando yo ya informado del porquê (concreto/exacto/justo) de la

intervenciôn de Francis en el problemilla del hurto y por el que estuvieron arres-

tadas las fêminas Matilde y su hija (Sista). Convencido estaba de que a pesar de

que êl abrîerase verbalmente sin cortapisa alguna, con muchitanta confianza, yo

no dirîale/dejarîale saber que habîa visto a la chica hija de la criada que tuvo an-

taño la difunta esposa del general, la progenitora de Esmeralda, y a la que, como

ya sâbese, correspôndele el diario por haberlo escrito [con un têlos determinado/

especîfico] su madre: aunque êsta no haya dejado (porque no tuvo tiempo) testa-

mento, sî  que la palabra (como sabe la policîa) de que dejâbale el diario a su re-

toño, algo que dijo previo al hecho de subirse en la barca de Caronte y pagar las

monedas pertinentes.

      Comienza a decirme Dasid lo que ya yo sabîa: que en el susodicho diario la

atingencia entre su queridîsima Matilde y el general salîa a relucir como la mâs

brillante estrella de la constelaciôn de Tauro (Aldebarân), mas que êl, al respec-

to, no  sentîa ningûn tipo de rescoldo, por lo que tanto Matilde como el general

jamâs  serîan de su parte criaturas a las que, y por una cuestiôn con basto funda-

mento, que el pasado habla aunque no puêdase cambiar, afectarîa una vengativa

necesidad de ponerlos en ridîculo, de verecundiarlos por la felonîa cometida, ya

que tanto Matilde como el general son dos personas que êl aprecia/estima/ quie-

re. En lo atinente a esta cuestiôn (asimismo afectiva) sî que preocûpale (que una

cosa es lo que dîcese; otra, lo que hâcese) que el diario aûn estê en la estaciôn de

policîa, y como tal sea leîdo por algûn agente que tenga algo en contra o del ge-

neral o de Matilde, que  informaciôn întima hay suficiente como para sacarle tre-

mendîsimo provecho de acuerdo al propôsito que têngase y a la intenciôn calcu-

la.

 








 





 











 


 




 


   




 




   






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