Montag, 30. Dezember 2024

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        Llamôme la atenciôn el movimiento incesante de sus dedos entrecruzados durante

todo el tiempo que hablô con algo de melancolîa de su progenitora, que como ya sâbe-

se no es otra que la criada que trabajô unos cuantos años para la difunta esposa del ge-

neral. Mas observando el movimiento me doy cuenta de una cosa que trasladôme sobre

el  pucho a la Edad  que apellîdase de Oro: de la serpiente grabada en el anillo de plata

metido  en el dedo  anular de la mano derecha. Empero por quê especîficamente a esta

edad? Por lo siguiente: porque desde esta edad fue considerada la serpiente como hon-

tanar de sabidurîa. Que quede ostensible que para mî esta consideraciôn (de ôrdago) es

realmente la que mâs interêsame/imântame, lo que (saco a puesto, a colocaciôn y) dejo 

clarado  porque por aquella mismitica êpoca dîcese de este reptil que no arrastrâbase y

que tenîa el don de la palabra, y hasta que trataba al hombre como un paciente didâsca-

los  a un escolario  torpe, algo que amên de discutible/refutable suêname a disparate, y 

por quê no a (barrabasada intencional/funcional) triquiñuela persuasiva.

      Segûn la revelaciôn de Irene, porque al parecer diose cuenta de que mis ôculos tes-

tigos fueron del susodicho movimiento, desde muy temprana edad aprendiô de su pro-

genitora a que cuando el sentimiento que imperase fuera uno que, por consecuencia, a

un estado determinado de ânimo llevara, el mâs râpido solvento serîa hacer improvisa-

damente  algo con  alguna parte del cuerpo, lo que  realmente yo denomino sacar del 

cîrculo  a la pieza dominante, la que a la postre y al cabo, como pieza, forma parte de

un  lûdico codificado. Asimismo agrega que alguna de sus amistades creyeron que es-

te  hacer algo  improvisado con [...] mâs tenîa que ver con la cuestiôn de autodefensa

que  con una rauda soluciôn, mas que como a ella tal creer no engendrâbale ni la mâs

minûscula molestia venîale totalmente igual. Al subrayar que a pesar de venirle total-

mente de esta manera no significaba que podîa olvidarlo, yo dîjele que verdaderamen-

te  en el escenario mental existe un pastiche de posibilidades, y que como tal tanto el 

olvido puede que sî y que no suceder como un/el cesar de una potencia responsable de 

la vigencia pejiguerosa  de una imago/resonancia del pasado, mas un terminar que no

pudiera ser para siempre, sempiterno, lo traducente de que la potencia podrîa volver a

activarse, a volver con su funciôn, razôn por la cual [mâs de una vez y con su jaez vi-

goroso  dentro de una cascada dialogante, de verba] aparece en mi novelôn la palabra 

sombra, y la que, de vez en cuando, traslâdase/posiciônase a la zaga de las columnas

con el têlos tempestivo de participar en otro significante.

---Kosmos, y ese novelôn, como tû dices, estâ publicado o no?

---Irene, jamâs pensê escribirlo para publicarlo; mâs exactamente lo escribî para mî,

empero aûn estâ siendo revisado por un editor.

---Y cômo se entiende eso, si me acabas de decir que...

---Sî, ya sê....ya sê que suena paradôjico, pero por algo muy concreto, de lo que ora 

no deseo hablar, estâ donde estâ.

---No creo que si dices novelôn se trate de pocas pâginas.

---Êsa es la res, Irene. La sûmula de pâginas es de 1174 y tiene cinco partes.

---1174 pâginas? Cuântos años te llevô escribirlo?

---Cinco años!

---Y concretamente de quê trata?

---Câspita!! El tema es el mundillo/imperio inveterado romano; bueno, el tema de 

fondo, y del que parto para amplificar otras perîstasis.

---Y cuâl es el tîtulo?

---La cazuela de Vitelio!

---La cazuela de Vitelio?

---Sî! Escucha. Vitelio fue uno de los doce cêsares mâs relevantes del mundillo/im-

perio susodicho; hizo fabricar una cazuela ingente, ûnica en el perîodo del mandato

de estas celebêrrimas criaturas mayestâticas, por lo que al ser una cazuela de este ta-

maño ocurriôseme utilizarla como un utensilio que pudiera atiborrarse, empero y un

atiborramiento no de comida sino mâs bien de ideas, de temas, de reflexiones, de re-

sonancias dadoras, etc.

---Cômo dudar de tu fantasîa grande? Sabes quê, Kosmos? En este actual mundo, y

al servicio de la tecnologîa, una fantasîa, como la tuya, cômo no va a sobresalir? Te

felicito. Ya estâ vacîa tu copa.

---Pues sin preguntârmelo vuêlmela a llenar. Irene, innecesaria la pregunta, porque

con tu decir: ya estâ vacîa tu copa, la pregunta estâ hecha.

---Kosmos, me dejas con la boca abierta.

---De mâs preguntarte el porquê de (dejârtela) que dêjotela asî.

       En realidad ignoro el porquê de que mirârame como mirôme, como si yo hubie-

ra dicho algo con cierta ambigüedad, empero un mirar que de tal guisa fue corto, y

digo de tal suerte porque de haber durado mâs hubiêrame quedado inmediatamente

dormido por la pudiencia hechizante que salîa de sus ojos. Continûa la res con el de-

jarme saber que su madre llamôse igual que ella, motivo por el cual cuando el veci-

no, u otra criatura del barrio, necesitara hablar con alguna de las dos gritaba el ôno-

ma  especificando  esta distinciôn: Irene  madre o Irene hija, porque si no ambas al 

portal salîan. A raîz de escuchar esto no pude eludir la siguiente pregunta:

---Irene, y quê pasô con la casa, porque si pagarâs el alquiler de este apartamento y

por tres meses es que sucediô algo, no?

---Kosmos, es que mi madre no terminô de pagar la hipoteca, por lo que el banco se

quedô con la vivienda.

---Y tu progenitora no dejô testamentado que te dejaba la casa?

---No, Kosmos, no, no dejô testamentado nada porque la muerte la sorprendiô. Sabes,

fue mejor asî, porque en aquel tiempo no tenîa trabajo, y entonces, de dônde sacar el

dinero para pagarla? A no ser que vendiera mi cuerpo, mas esto no va conmigo.

---Irene, entonces has tenido que vivir como una gitana: hoy aquî, mañana allâ, etc?

---Algo como eso, Kosmos, y suerte que he tenido, porque hasta hoy no me ha falta-

do el techo, y he vivido con amigas que me han dejado un cuarto de gratis.

---Y por quê no acudes a esas amigas en vez de gastar tus ahorros pagando este nada

barato alquiler?

---Porque ya eso no es posible, Kosmos, ya que en este mundo cambian muchas co-

sas. Bueno, por lo menos tengo, por tres meses, un techo seguro, y algo que le agra-

dezco a Diopeites.

---A êl? Y eso por quê?

---Porque êl me puso en contacto con el propietario de este apartamento, un señor

llamado Lurpak.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!

---Por quê dices eso?

---Porque conozco a Diopeites y a Lurpak.

---Vaya casualidad!

---Y dime, Irene: no buscarîas un trabajo en estos tres meses?

---Eso harê, Kosmos.

---Y otra pregunta: no te interesa recuperar el diario, el que te pertenece?

---Claro que me interesa, pero no tengo prisa en volverlo a tener.

---Se lo pudieras vender o a Matilde o al general.

---Kosmos, venderlo no, porque mi madre antes de morir me dijo que lo llevara,

como recuerdo, siempre en mi cartera. Ya sê que necesitada de dinero estoy, pero

no puedo venderlo por lo que acabo de decirte. Y ahora discûlpame, pero debo un

rato dormir, que se me cierran los ojos.

---De acuerdo. Antes de irme te dejo escrito mi nûmero de telêfono.

---Gracias, Kosmos, gracias!!

---De nada! Un placer conocerte. Y gracias por la dadorîa de Baco, por las dos co-

pas que remôntanme a un mundo inveterado de festejo desenfrenado.

---A un mundo inveterado de festejo desenfrenado! Ah, ok. Te llamo por cualquier

cosa que necesite?

---Age, Irene, age!!


























  





 










 





 



   



 


   


    

 

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