Seguido a algunas consideraciones banales, mas que no por triviales intempesti-
vas, que de facto encajan [como anillo en un dedo] y tenidas en cuenta debido al re-
ciente intento de Anabel de salirse con las suyas, aparece mi tîo con una caja plâsti-
ca atiborrada de discos de mûsica clâsica y de cuasi todos los perîodos. Despuês de
saludarme dêjame saber que el valor de los discos era de un peso, razôn por la cual
estaba contentîsimo, ya que un precio tan bajo jamâs fue posible. Recuêrdase de la
vez hace ya años que los discos costaban cinco pesos, y como tal la aprovechô para
comprar asimismo una cantidad de discos, mas hasta el sol de hoy de diez pesos no
bajaba el valor de ellos. Clara que no serîa tan cenutrio como para preguntar el por-
quê del cambio significativo del valor, aun siendo el vendedor una persona suntuo-
sa y relajada, lo que traduce que en vez de analizar le importarîa un comino lo que
preguntârasele; y mâs, que mostrarîase indiferente si comprâranselos con este pre-
cio o no, que de todas maneras esta posibilidad de venderlos en la feria lo que apor-
ta de ganancia no es tan sobresaliente. En lo atinente a esto ûltimo no estuve del to-
do de acuerdo, porque a pesar de no ser la ganancia tan descollante es una que in-
crementa el valor de un capital por poca/reducida que sea: un peso multiplicado y
por cien personas que compran, verbi gratia, son cien pesos, y cien pesos, agrega-
dos a una pensiôn es una sûmula que favorece porque aumenta.
---Ya sê, Kosmos, ya sê. Quê si no de tu parte? Espero que si estân aquî es porque
querîan comprar algo, no?
---En mi caso, y no para mî, sino para mi novia Juliette, unos candelabros de piso,
mas segûn me informô el vendedor el ûltimo par que le quedaba lo vendiô precisa-
mente diez minutos antes de mi llegada a su carpa.
---Cratino, sabes quê? Que no era tu dîa de suerte. Y este chico es nuevo en el cîrcu-
lo de las amistades?
---Señor, mi nombre es Caspar, y sî, casi que recientemente conocî a Kosmos. Tra-
bajo, como camarero, en el restaurante de las langostas.
---Quê bien! Me imagino que allî llueve la propina, porque es una zona de bastante
turismo.
---Ya no tanto, señor, ya no es como antes, pero el salario que me pagan para mis
gastos alcanza, no me puedo quejar.
---Si tû lo dices. Y kosmos, ya sabes de lo del caso de Matilde?
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Algo supe con anterioridad
al Febo de hoy, allende de que fui testigo visual, desde mi balcôn, del robo. Y cômo
tû lo supiste?
---Kosmos, por el mismîsimo general. Se te olvidô que es un viejo amigo mîo? No
lo veîa desde el dîa del entierro del zapatero Cliôn, de lo que hace ya bastante. Ah,
sabes quê? Que se le muriô su gallo el mes pasado.
---Paupêrrima gallina que quedôse sin gallo!
---Seguro que el general le busca otro gallo.
---No creo que de momento sea posible; o mejor dicho, no creo que con la preocu-
paciôn que tiene Francis, y por eso del diario, sea posible, de momento, que pônga-
se en busca del susodicho gallo.
---Cômo no va a tener la preocupaciôn? Es lôgico que la tenga.
---Dîjote algo sobre el contenido del diario?
---No mucho, pero con lo que me contô es suficiente para comprender su preocupa-
ciôn.
---Tû conociste a la esposa difunta del general?
---Conocerla? No no, jamâs ni tan siquiera la vi.
---Segûn verba de Yelas, el sepulturero, fue una mujer misteriosa, y que sôlo salîa
en la nocturna.
---Bueno, ya sabrâs el porquê de que sôlo de noche.
---Êsa es la res!! Ya lo sê.
---En fin, cosas que pasan, que se repiten....que no dejan de suceder. Y me voy, re-
greso a mi vivienda, que con esta cantidad de discos que comprê hay mûsica bas-
tante que oîr. Pasênla y abrîguense bien.
---No te hace falta ayuda? Que esa caja plâstica debe pesar.
---No, kosmos, no, gracias!! Mira lo que tengo aquî.
---Una soga?
---Algo prâctico: la amarrô a la caja, y como hay nieve la arrastro, y asî no tengo
que cargarla.
---O sea, como el buey halando una carreta.
---Eso, Kosmos, eso!! Y me voy! Ah, y un dîa de estos paso para llevarte la merme-
lada de frambuesa.
---Age!! Trâeme el fruto del Rubus idaeus.
Media hora despuês nos encontramos con Forligen, el que como un mance-
bo que a todo trance desea divertirse desbarrâbase por una pendiente encima de un
trineo. Serîa una perogrullada decirle que al parecer gustâbale trasladarse con este
pequeño vehîculo de un punto (alto) a otro (bajo), pero que no preguntarle el por-
quê de no llevar el calzado correspondiente. Por cosas que pasan de vez en cuando,
las que claramente puedo comprender no solamente por haber tenido varias veces
la oportunidad concreta de ser testigo de ellas sino que tambiên por el conocimien-
to que he adquirido con mis lecturas, simultâneamente nos preguntamos, motivo
por el cual yo no le di muchitanta relevancia a mi pregunta para responder a la de
êl:
--- Kosmos, por quê Isabela te pidiô que hablaras conmigo, si ella bien que supo,
desde la fiesta del general, que nuestra relaciôn habîa terminado?
---Forligen, segûn ella, porque como los dos crecimos en el mismo barrio, y asî
nos conocemos de tiempo, a lo mejor tû al escucharme entrarîas en razôn.
---Kosmos, si, por ejemplo, Aspasia estâ contigo en donde sea, por un momento
desaparace, y despuês te enteras de que estuvo con otro, en cuâl razôn tû entra-
rîas, si de hecho ya tienes la suficiente como para mandarla para donde sabes?
Con esta pregunta tuve que escenificar el rol de un cenutrio, porque no po-
dîa decirle que yo habîa sido testigo visual de la felonîa de Isabela, que bien que
la vi dejarse levantar el vestido y dejar al aire libre sus pêtalos y montîculos.
---Câspita, Forligen!! Por el ejemplo que me pusiste, supiste por alguien que Isa-
bela te traicionô?
---Asî mismo, Kosmos, y quien fue ahora no es importante. Por supuesto, tuve y
una discusiôn tremenda con ella y seguido me fui de la fiesta.
---Deplorable lo que escucho, Forligen, mas dime: previo a la fiesta existîa entre
ustedes algûn problema de comunicaciôn o de otro jaez, verbi gratia?
---No, Kosmos, no, problema de ningûn tipo; al contrario, estâbamos tan bien que
darîa envidia o aliciente para una imitaciôn.
---Forligen, tû la conociste en ese bar nocturno.
---Correcto, allî la conocî. Y?
---Y te dijo que estaba en el quinto año del estudio de medicina.
---Eso me dijo. Y?
---Y tû le creîste?
---Kosmos, adônde quieres llegar con tus preguntas?
---Forligen, que yo no creo que sea una estudiante de medicina, sino una que ludi-
ca con los hombres o por peculio o por una cuestiôn de que no estâ bien de su tes-
ta.
---De ser asî, Kosmos, por lo menos de eso de ludicar con los hombres por dinero
queda descartado, porque jamâs me pidiô un centavo, tampoco nunca notê una fal-
ta en mi cartera, por si crees en la posibilidad de que me robaba dinero cuando dor-
mîa o en otra ocasiôn.
---No no, de que fuera una ladrona con cierto y determinado tejemaneje no lo pen-
sê.
---Pero ya es igual, Kosmos, igual lo que sea, que ya no me interesa.
---Seguro, Forligen, completamente seguro de eso?
---Sî, Kosmos, segurîsimo!!
---Y dime, amplifica: de quiên es este trineo?
---Quê sê yo. Lo encontrê abandonado y lo utilicê, de lo que acabas de ser testigo.
---Câspita!! Cuasi que es la respuesta a la pregunta que hîcete sobre el calzado: no
llevabas puesto el calzado pertinente porque utilizar el trineo fue algo espontâneo,
acopas.
---Exacto, Kosmos. Pero te confieso que la nieve me encanta.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Que asimismo a mî. Forli-
gen, quiero presentarte a un cuasi reciente compinche, a Caspar.
---Encantado, Caspar!
---Igual, Forligen.
---Forligen, sabes de quiên es novio?
---Cômo saberlo, Kosmos, si lo acabo de conocer?
---De Esmeralda.
---Verdad? Pues quisiera pedirte que la trates bien, que es una vieja amiga de la
farândula y asidua al bar nocturno, donde hago mis descargas.
---Sî sî, ella me ha hablado de ti.
---Forligen, y quê haces ahora, tienes algûn plan que no puede ser violado?
---Kosmos, y desde cuândo un mûsico tiene planes? No, por lo menos, de dîa.
---Y punto a la raya y que continûe la letra!
---Cômo?
---No me hagas muchitanto caso, que es sôlo una afirmaciôn pro-vocativa.
---Lo serâ, pero....
---Forligen, pero si, como mûsico, sôlo los planes son en la nocturna, ora, si lo
deseas, podemos dar un paseo.
---De acuerdo! Dêmoslo!! Y adônde?
---Sin plan puêdese ir a cualquier parte.
---Pues dila tû, que te sigo.
---Con el trineo?
---No no! Lo dejo aquî mismo, que pesa halarlo.
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