Era de esperarse que Cratino entrara en liza con Forligen al decir êste que su ûlti-
ma composiciôn habîasela dedicado a la nieve. [ Recuerdo que una vez, y por aque-
llos años en el gimnasio (en alemân preuniversitario), revelôme Cratino que no de-
testaba la nieve, sino que mâs de ella no querîa saber nadita mâs debido a una ingra-
ta/desagradable experiencia por la que tuvo que pasar, la que nunca contôme ni tan
siquiera someramente]. Pero mâs interesante que la (mismîsima) verba que salîa por
su boca, que ostensiblemente no una cualquiera sino una apabullante y a su vez pim-
pante, dos categorîas no tan fâciles de mezclar, de hacer con ellas un pastiche digno
de reconocimiento, fue el mirlo que posôse acopas en el trineo. A raîz de esto [ y tan
acicateante que no pude eludir pensar en un pueblo (bâsicamente) nômada, motivo
por el cual acordême de Vercingetôrix] yo saquê a puesto, a colocaciôn lo de una le-
yenda celta que habla de los tres mirlos de Rhiannon, los que al cantar acarrean co-
mo un profundo trance en quien escûchalos permitiêndole penetrar en el otro mun-
do, el que onomo, en mi novelôn, segundo sistema. A continuaciôn Cratino deja de
combatir semânticamente con Forligen, mîrame a mî y dîceme:
---El dulce canto del mirlo se escucha mejor a la hora del crepûsculo.
---Aplausos, Cratino, a-plau-sos!!
---Pero, Kosmos, un mirlo que sale a volar en este mes, ademâs de que con toda es-
ta nieve?
---Mondo lirondo, que yo asimismo me asombro.
---Y existen mirlos en esta ciudad? Me entero ahora.
---Câspita, Caspar! Si estâs viendo uno, cômo no va a existir?
---Ya sê, Kosmos, que no puedo ver algo que no existe.
---Atenciôn, Caspar, con la pregunta que te hizo Kosmos.
---Y por quê atenciôn, Cratino?
---Porque algunas no son para responder al pie de la letra, y mucho menos sin dila-
ciôn.
---No entiendo lo que me quieres decir.
---Ni que mi decir fuera metafôrico.
---Caspar, es que como Cratino conôceme tan bien sabe que yo utilizo, de vez en
cuando, un mêtodo interrogativo, o uno de interrogar, si lo prefieres, con el fin de
sacarle a un interlocutor la verba por la cual es posible un anâlisis de lo que ha res-
pondido, responder que no puede ser disîmil de la gnosis del sujeto.
---Te voy conociendo mejor, kosmos.
---Eso espero, que la posibilidad la tienes. Êsa es la res!!
Con este (repetidîsimo) epîmone mîo, y que puso punto final al diâlogo fluyen-
te, el mirlo volô en direcciôn a la latitud norte, punto cardinal que por antonomasia
es el ideal para el desarrollo de las disciplinas mâs auteras y de los comportamien-
tos mâs exigentes, no por gusto tiene una ingente diferencia con las otras tres latitu-
des. Teniendo en cuenta estas dos cosas, que los que conôcenme saben, por lo me-
nos bâsicamente, que ludico mas que en serio, dîjele a mis concomitantes de arrum-
bar nuestros pasos hacia el norte. Como si no bastara con el hecho de haber sido no-
sotros testigos de la llegada del mirlo, y en un momento que no pudiêrasele apelli-
dar adecuado, cuando Forligen recuesta el trineo a un muñecôn de nieve aparece un
niño arropado con una vestidura druîdica, y el que despuês de saludarnos pregûnta-
le a Forligen si podîa coger el trineo. Como êste no era de su propiedad, Forligen le
dice que podîa utilizarlo todo el tiempo que quisiese, y que cuando se cansara de ti-
rarse por la misma pendiente que quedârase con êl, siendo entonces la reacciôn de
el niño como la de alguien que, acopas, regâranle algo asî como asî, dâdiva que ca-
tapultada a mi sistema expresivo nombrarîala de la siguiente manera: con soltura y
regalada. Un niño que pudiera ser feliz ignorando totalmente quê es la felicidad no
deja de ser para mi otra cosa que la pudiente engendrante de una indefectible reso-
nancia, porque cômo no considerar/valorar/tener en cuenta que la felicidad, y par-
tiendo de la definiciôn del inveterado estagirita, es precisamente el desarrollo de la
virtud durante toda una vida, o sea, que el niño, y ajeno completamente a esta defi-
niciôn, pônese en funciôn de una fruiciôn que es dadora, en cuasi el comienzo y de
su vida, del estîmulo que es garante de proporcionarle a una potencia lo menester
con lo cual, y durante un tiempo DETERMINADO, forma parte de un superlativo
proceso que por ingênito triunfa exento de fumbina alguna, del gatillo que por ex-
tensiôn vence una vez que apretado saca del juego a posiciones endebles.
Y en lo que îbamos hacia el norte, Cratino pregûntame que si yo creîa posible
que el niño fuera hijo de alguien con un conocimiento cultural bastante amplio, ya
que ese niño, por sî solo, imposible que sepa lo basto como para llevar puesta esa
ropa, respondiêndole yo que no descartarîa la posibilidad de que allende del proge-
nitor y la progenitora pudiera algûn familiar haber elegido tal vestidura, y que si la
escogiô por algûn motivo serîa, ya que no solamente por la cuestiôn de una ampli-
tud de conocimiento cultural es que prefiêrese una determinada(concreta/especîfi-
ca vestidura.
---Saben ustedes dônde hay una tienda que venda ese tipo de vestidura?
---Caspar, en esta ciudad sôlo hay una tienda como la que preguntas, empero dime:
Tu verba continuarîa con el siguiente desarrollo?: De ir a esa tienda y preguntar, a
lo mejor el vendedor conoce a la persona que la comprô, porque no creo que tanta
gente estê interesada es una vestidura druîdica.
---Correcto, Kosmos! Pero seguirîa con otras palabras, con las mîas.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Las palabras cambian mas
su desarrollo queda sobre un tema u oportuno o conveniente.
---Pero, Caspar, eso de ir a esa tienda es como casi una pesquisa innecesaria,
---Cratino, innecesaria por quê?
---Porque quê ganamos nosotros con hacerla?
---Nosotros no, tû en todo caso, que le preguntaste a Kosmos si êl creîa posible que
el niño fuera hijo de....
---Caspar, sî, se lo preguntê, mas no quiere decir que a todo trance estê cien por cien-
to interesado en saber quiên fue el comprador, la compradora o el integrante de la fa-
milia que pagô el precio de una druîdica vestidura; es mâs, y para que te quede clarî-
simo, me da igual quiên fue el que sacô el peculio de su bolsillo.
---Si es asî olvîdate de lo que preguntê.
---Forligen, quê tû crees, que tu mutismo pudiera analogarse con el de una cualquie-
ra tumba?
---Kosmos, que soy mûsico y, como tal, quê tengo que ver con eso de la vestidura?
---Brillantemente que nada, mas por lo menos amplificaste tu verba.
---Y?
---Que por amplificarla dirimiste el lazo que unîate al/con el silencio.
---Muy poêtico, kosmos, muy!!
---Y pudieras otra res esperar de mî?
---No, no la esperarîa.
---Êsa es la res!! Estâs consciente de lo que puedes esperar.
---Cômo no estar consciente de eso?
---Forligen, una suntuosa pregunta, mas que indefectiblemente transpôrtame al in-
gente mundillo del înclito de Königsberg.
---Y quiên es ese ilustre?
---Te explico despuês, mâs tarde.
El significado de lo que yo quiero decir con mis ûltimas palabras bien conô-
celo Cratino por haber leîdo someramente mi novelôn, empero Forligen ni tiene la
mâs mînima idea de lo que quiero decir con eso, por lo que indubitable quedarîa
esperando el momento de la dilucidaciôn. En el caso de Caspar dirîa que estâ algo
familiarizado con el significado, mas por habêrselo revelado Esmeralda que sûpo-
lo por mî en aquella primera nocturna que la conocî en el bar nocturno, pero como
es camarero no le da relevancia, lo que a la postre y al cabo para mî es igual; aun-
que mâs, es hasta mejor, ya que asî no tendrîa que lamentarme por el hecho de que
aun sin darle valor, por el oficio que tiene, la utilice como si fuera de êl con el con-
creto/especîfico/beneficiante têlos de granjearse la benevolencia de los clientes asi-
duos al restaurante de las langostas, una actitud que hasta pudiera incrementar con
el tiempo el aumento de la propina, aportativo diario que multiplicado por los dîas
de un mes conviêrtese en ganancia, aun siendo minûscula.
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