Dienstag, 22. April 2025

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       Debiôse la repeticiôn afirmativa de uno de mis epîmones favoritos, o sea, por el

oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, a la resonancia dejada por el senil ôno-

ma  del esposo de Helade. Los grandes lectores que conocen de historia bien que sa-

ben/dominan/estân informados de que este ônoma fue el de un tiranicida, el que con-

juntamente  con Harmonio acabô con Hiparco, mas que no con Hipias que hizo ven-

ganza----tanto Hiparco como Hipias son hijos de Pisîstrato, y como tal heredaron de

de êste el poder absoluto sobre Atenas ejercido desde el año 527 hasta el 514 a.C---,

terminando este saca espadas y el uso de la êgida con la muerte de Harmonio por la

guardia  de Hipias. En lo atinente a Aristogitôn, el compinche de Harmonio, fue lle-

vado  a prisiôn y ejecutado a continuaciôn de recibir tortura. Entonces, cômo pudie-

ra  faltar el sonido vibrante al penetrar por mis oîdos el nombre del cônyuge de He-

lade? Un ônoma asî (Aristogitôn), allende, deja fardo y activa la nemôsine, dos ele-

mentos conspicuos que le dan [por extensiôn] luminaria a una novela, o a lo percu-

tivo  no-velado  melodîa y ritmo. Tal  cual en suma que brevemente retrograda cen-

tralizando un tiempo que de concesiôn actual se fuga, como que entretûvome tanto

que  me olvidê de las agujas de un clâsico reloj, mas como Aspasia me escribiô pa-

ra saber dônde estaba, con una pregunta que no es original, cômo pudiera eludir el

raudo saber de la hora que era revelada por el sistema que apellîdase digital?

         Al penetrar en mi apartamento Aspasia tomaba una taza de cafê sentada en el

sofâ. Despuês  de darme un beso apellidado por mî superficial, o sea, que no es uno

estremecedor por la razôn siguiente: por la de mojar solamente los labios, contôme 

que nuestro vecino, el modisto Feliciano, hizo una bulla tremenda exactamente a las

dos de la madrugada, mas referîase ella con esta bulla al alzamiento de su voz debi-

do a que Arcel querîa ludicar con el trineo dentro de la casa portando en una de sus

manos una matraca china. En vez de esta verba darme risa, activarme la risotada, lo

que provocôme fue el pensar en la hora justa en que tuvo lugar este suceso, que los

que saben ciertas y determinadas cosas sabrân el porquê de tal pensar. Sî maravillô-

me  que dijêrame Aspasia el tiempo que durô la cosa: tres minutos y cuarenta y cin-

co  segundos. Por quê? Porque hasta el Tîen de hoy ella nunca se interesô en medir

el  tiempo de nada, empero como dijo el oscuro de Êfeso, y que ya he repetido una

sûmula de veces, lo ûnico que perdura es el cambio. Una lôgica interrogativa pasô-

me por la testa: cômo es posible que Aspasia escuchara la bulla si normalmente en

cuanto  ella cae en la cama, pone su testa encima de la almohada quêdase coralina-

mente dormida? 

---Kosmos, en que estâs pensando?

---Aspasia, mâs apremiante para mî que revelarte mi pensar es saber cômo fue que

oîste la bulla en un horario que....

----Kosmos, ya sê, ya sê el terminar de tu pregunta, pero sabes el porquê de no po-

derme dormir? Porque estaba preocupada por ti y me latîa el corazôn fuertemente.

----Câspita!! Verdad? Y desde cuândo la susodicha pre-ocupaciôn? Que de facto ya

estâs acostumbrada a mi ritmo nocturno.

----Cierto que acostumbrada estoy, pero que lo estê no significa que siempre pueda

estar tranquila cuando no te veo frente a mî, cuando consciente estoy de que no es-

tâs  durmiendo en el sofâ, cuando la luz de tu estudio estâ apagada y me traicionas

con tus libros y acicatiantes lecturas.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Cuando te traiciono con mis

libros y acicateantes lecturas.

----Por quê te asombras?

----A-sombrado no estoy; al contrario, reconozco que una buena expresiôn, o mejor

dicho, que una pimpante verba saliô de tu boca.

----Ah sî? Y acaso cuando tu dices uno de tus epîmones favoritos....

----No, Aspasia, no, no siempre lo saco a puesto, a colocaciôn por asombro; algunas

veces lo amplifico con un fin especîfico; otras con el propôsito de honorizar a un in-

terlocutor/ra.

----Honorizar? No es una palabra demasiado grande?

----Aspasia, desde cuândo la palabra tiene un tamaño?

----Cômo? No hay palabras cortas y largas? 

----Claro que las hay, mas no en este sentido es que refiêrome a tamaño.

       De sûbito cambia Aspasia, sin que trâtese concreta/especîficamente de un excur-

so, el rumbo de la conversa, cruza las piernas, para sentirse mâs cômoda encima del

sofâ, y posiciona la taza de cafê en medio de êstas. Comienza a hablar sobre las plan-

tas  que en mi novelôn alcanzaron gran altura despuês de ser sembradas en palacio y

cuidadas por las manos de Rubria, y que no son otras que las siguientes: la hierbalui-

sa, el  jazmîn de Arabia y el trêbol de cuatro hojas. Segûn ella, este sacar a puesto, a

colocaciôn estas plantas debîase al recuerdo de una vecina que trabajaba diariamente

en su jardîn, y la que veîa desde la ventana de su cuarto, hasta que un dîa tuvo la opor-

tunidad de conocerla, y a partir de este momento entraron en atingencia, relaciôn que

con el tiempo creciô hasta el punto de considerarla su segunda progenitora. Mas cla-

ra  Aspasia que su vecina no tenîa las plantas susodichas, pero que sî cuasi como Ru-

bia la misma dedicaciôn/perseverencia/constancia en este tipo de trabajo, el que indu-

dablemente es garante de un resultado beneficioso que, como tal, enorgullece, es mo-

tivo de jovialidad.

---Pero sabes quê, Kosmos? Que la vecina sucumbiô de una alergia por causa de una

espina de una planta tosigosa, y nada mâs y nada menos que en el mismîsimo jardîn.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Y a cuântas edades llegabas

en aquel entonces?

---A diez mâs seis.

---Aspasia, y cômo fue posible que la vecina pinchârase con esa espina?

---Porque confiaba en la calidad de los guantes que protegîan sus manos, pero resul-

tô que la espina era mâs fuerte que la calidad.

---Y tenîa familia o vivîa sola?

---Tuvo un esposo que sucumbiô tres años antes, pero con êl jamâs hablê porque no

me caîa bien.

---Y por quê no?

---Porque cada vez que me veîa me miraba de arriba a abajo con ojos deseosos.

---Câspita!! Un pervertido mâs en este orbe, en esta circularidad terrestre.

---Y nunca le dijiste a tus progenitores, o a tu vecina, que te miraba asî?

---No, Kosmos, no, nunca ni a êsta ni a aquêllos le dije.

---Y cuâl es el motivo de este no decir?

---Ven acâ, Kosmos, quê es esto, un interrogatorio?

---Una curiosidad de mi parte para enriquecer mi conocimiento.

---Una curiosidad de tu parte para....Pues sabes quê, no lo enriquezcas, que me po-

nes nerviosa con tus preguntas. Mejor haz otra cosa.

----Cuâl, verbi gratia?

----Por ejemplo nada, que no es un ejemplo y es una sola cosa: llenarme de nuevo

la taza de cafê.

----Sâcote la taza yo de entre las piernas cruzadas o te la sacas tû?

----Me la saco yo, que sê mejor que tû cômo sacârmela. Mira, aquî la tienes.

----Câspita!! Tiene temperatura volcânica.

----Cômo no va a tenerla estando donde estaba?!

----Afirmaciôn e interrogaciôn ûnense! Voy a cumplir a cabalidad tu pedido.

----Igual si a cabalidad o no, pero cumple con êl.

----Age para mî mismo, age! Ve de inmediato a la cocina. Êsa es la res!

        Y vaya jolgorio para mis ôculos al regresar de la cocina con la taza llena de ca-

fê. Por quê? Porque Aspasia habîase quitado la vata transparente, y estaba de bruces 

acostada en el sofâ. Quê si no, entonces, que el crecimiento de un deseo diamantino?

Ella no dijo nada, pero de mâs estarîa la verba, serîa innecesaria, ya que para este ti-

po de fiesta hay un lenguaje internacional mudo, una transmisiôn de lo que quiêrese

sin palabra alguna, un dejar saber ostensible exento de pronunciaciôn. Oscuro o con

sombra no queda que por ella conocerme domina/conoce/no olvida lo que mâs es da-

dor de deleite de acuerdo a mis preferencias, o a la medida de una forma concreta de

satisfacciôn  sin cortapisa posible, sin lîmite ni frontera, sin ajustamiento de una nor-

ma  de lo que estâ bien o mal, sin el prurito de llegar a lo coralino solamente hacien-

do  posible lo repetido por experiencia, por la aplicaciôn de un mêtodo funcional/efi-

caz. En fin, que es el color de la piel el que de momento descollarîa en la escena, en

la funciôn que eyecta para dos una oportunidad întima donde el rol gratificante de la 

cercanîa su relevancia ludica.   



  





























            




















    




 



 




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