La verba a puesto [y seguido a ponerle el punto a la raya] sacada y por Kos-
mos para mantener activa su fruiciôn por la palabra, la que al apiadarse de go-
fos, cenutrios y mequetrefes cambia su enfoque complejo por otro mâs (lenifi-
cante?) a la altura de tales categorîas susodichas, basôse especîfica y concreta-
mente en la sumatoria tanto de las medidas de la carpa como de la duraciôn y
del tiempo en que êsta podîa desmontarse, empero que en el supuestîsimo ca-
so de que no hubiese sido alcanzada por las inesperadas flamas, las que como
tal van a quedar como mîmesis que posiblemete vuelva a eyectarse al entrar y
en funciôn lo conocido como reminiscencia.
----1+2+0+3+8+0+1+8+0=23; y, 2+3=5.
----Se puede saber a quê viene este pitagorismo, Kosmos?---fisga Golemo.
----Sabe usted una cosa, Golemo, ora usted va a tener que soportarme por ha-
berme acusado despiadadamente de obsesivo con los nûmeros...
----Que yo sepa yo utilicê un sustantivo no un adjetivo, no?
----Usted conoce la posibilidad de la adjetivizaciôn de los sustantivos?
----Te vuelvo a repetir que yo soy arquîatra, no un amante de monografîas re-
ferentes a la semântica.
----Kosmos, no compliques la situaciôn, y acaba (de)cir cuâl sentido tiene tu
expositiva numêrica----pide el flamen.
----Cosa que le agredezco, flamen, claro que sî!!---dice Golemo.
----120 segundos, el tiempo de desmontaje de la carpa; 380, su largo y 180 su
ancho.
----Bien, Kosmos, y ese cinco final quê?---pregunta Golemo.
----Mire usted, Golemo, escuche lo siguiente: La numeral 5 simboliza el punto
de ponderamiento que encuêntrase en el centro de la rueda de la medicina con
sus cuatro elementos exteriores; asimismo que cinco aspectos: Nacimiento, ini-
ciaciôn, amor, reposo y muerte.
----La rueda de la medicina?, de cuâl, Kosmos?
----De la celta, de la celta!!
----Esto sî que pudiera interesarme, encaja en mi materia.
----Pues pase por la Kosmona, que seguro quedarâ satisfecho su interês.
----No lo tomes a mal, mas yo no soy amante de instituciones, de estar en colec-
tivos, y recuerda que lo que sê lo aprendî solo, fui un autodidacta, un alumno de
casa, si lo prefieres asî.
----Ni mal ni bien, ya que defînome neutral...
----Neutral tû, indiferente a la palabra?----pregunta el flamen.
----Flamen, no estâse yendo usted por la mensurabilidad de la diagonal?
----Y risas del didâscalos filosôfico.
----Se puede saber de quê usted se rîe, didâscalos?
----Flamen, porque la mediciôn de la diagonal es imposible, es inconmensurable.
----Y quê tiene que ver lo que yo dije con esa cosa?---pregunta el flamen.
----Que precisamente usted planteô un indiferente que no es posible, ya que al y
yo amplificar de ser neutral no referîame a la palabra---clara Kosmos.
----Permîteseme decir una cosa?----pregunta Vercingetorix.
----Câspita!!, primera vez que escucho de usted un permîteseme. A ver dîgala!!
----Kosmos, es que tambiên el nûmero cinco permite experimentar y mantener
en armonîa los cuatro elementos, siendo aquî donde radica su fuerza.
----Algo que bien sabe la deidad que de vez en cuando aparece en las leyendas.
----Exacto, Kosmos, exacto!!
----Hasta cuândo habrâ que oîrse lo mismo una y otra vez?
----Kosmithôs, olvidôsete la repeticiôn que pertenece a la fiesta?-----pregunta y
Kosmos.
----La fiesta papagayo, êsa es la misma fiesta, la mismitica!!
----Y risas al por mayor.
Pasada una media hora, la que ademâs fue la precisa para que las flamas del
fuego que quemaban la carpa fueran apagadas, algo logrado en tan poco tiempo
gracias a la particiaciôn de todos los presentes en tal actividad, el magister equi-
tum barrûntale a Dido de la llegada a palacio de Kîntlico de Kostâ y de Tublides
de Malamonta, no siendo otro el motivo de venir a Bedriaco, agrega, que el del
problemilla accidental que tuvo Kîntlico con un comprador en el estrecho de Es-
paña, el que al parecer entrô en liza corporal con Kîntlico al estar en desacuerdo
con el precio que tenîa el sigynon, combate entre dos cuerpos que terminô fatal-
mente con la muerte del comprador. Entonces Dido, sin dilaciôn, da el beneplâ-
cito correspondiente para que aquêllos pasen al interior de la corte, permiso me-
nester [aunque ya los conociese] por cuestiones del reglamento mayestâtico que
ademâs es inviolable.
----Bienvenidos a palacio, de nuevo los tengo por aquî. Cômo estân?
----Agradecidos, como siempre, de su atenciôn hacia nosotros, la que nunca ha
faltado aunque sea indirecta. Le beso la mano---dice Kîntlico de Kostâ.
----Y yo tambiên---agrega Tublides de Malamonta.
----Ahora permîtame decirle que pasô una cosa en el estrecho de España que me
podrîa causar serios problemas, por lo que decidî venir aquî en busca de su prote-
cciôn---dice Kîntlico de Kostâ a Dido.
----Sî, ya el magister me dio un adelanto, mas en concreto cômo fue que pasô lo
que pasô, Kîntlico?----indaga Dido.
----Le explico, majestad. Usted se acuerda del sigynon, no?
----Sî, Kîntlico, sî!!, y tambiên estoy enterada de que se lo enviaron empaquetado
al estrecho de España.
----Asî es. Pues bien, pasô que el comprador se empeño en repetirme que el pre-
cio del sigynon era muy alto para la antigüedad que tenîa, por lo que entonces le
aclarê que por eso mismo êse deberîa ser su valor y no otro, y que si no estaba de
acuerdo que entonces olvidârase de êl. Al parecer esto no lo tomô muy bien, o si
no que lo cogiô demasiado a pecho, como si le hubiese resultado una ofensa o un
insulto, porque de acuerdo a la reacciôn que tuvo eso fue lo que entendî, Seguido
a esto, y pensando yo que îbase a largar de la tienda, comenzô no sôlo a gritar co-
mo un histêrico, sino que tambiên a caminar hacîa mî con ganas de pelea. Yo en-
tonces me puse a la defensiva y pasamos a luchar cuerpo a cuerpo. Seguido a un
par de minutos de agarres por el cuello, de puñetazos, de halones por los brazos y
de una suma tambiên de galletazos, veo que cae al suelo y deja de moverse, pen-
sando yo que habîase quedado paralizado por haberse dado algûn trastazo contra
algo de materia fêrrea, materia que como tal no falta en mi tienda, como usted y
sabe. A continuaciôn, y para mi asombro, veo en el suelo un rîo de sangre que y
corre lentamente embadurnando la superficie, siendo el momento en que no me
queda otra cosa que hacer que agacharme para saber de dônde salîa el incesante
sangramiento, del que yo dirîa que era tan abundante como el ocasionado por la
espada de Perseo al cortarle la cabeza a Medusa. Tendrîa que decir que mi asom-
bro crece al ya estar enterado de la razôn del sangramiento: la punta del sigynon
penetrô en su espalda.
----Cômo, y acaso el sigynon no estaba parado?
----No, majestad, inclinado para darle mâs presentaciôn, posiciôn que funciona
mejor en el mundillo de la venta.
----Bueno, usted sabe mejor que yo de esas cosas. Y entonces quê hizo usted?
----Inmediatamente llamê a la autoridad encargada de esos casos, y le dije que y
habîa sido un accidente.
-----Y la autoridad no le pidiô testigos?
-----Yo, majestad, yo, que al escuchar el ruido que habîa en la tienda de Kîntlico
me acerquê para ver lo que pasaba, mas todo pasô tan râpido que no pude inter-
venir para separarlos----dice Tublides de Malamonta.
-----Pero, Kîntlico, no entiendo el porquê de que usted haya venido en busca de
mi protecciôn, si ya la autoridad sabe que fue un accidente y con testigo.
-----Asî es, Dido, pero sepa usted que si le dije lo de la protecciôn es porque y el
hermano del comprador me amenazô de muerte el dîa menos esperado.
-----Y eso usted no se lo comunicô a la autoridad?
-----Se nota que usted no conoce a la autoridad del estrecho de España, la que y
puede virar la cosa si el hermano del comprador paga una suma alta de monedas.
----Dido, en este caso es posible que la autoridad se mida un poco mâs porque y
un testigo hay: yo, pero eso no quiere decir que sea imposible lo que acaba de y
decir Kîntlico---señala Tublides de Malamonta.
----Si la cosa es asî, Kîntlico, usted no tiene por quê preocuparse, que aquî usted
tiene seguridad absoluta, Pero coma y beba algo, que su rostro estâ mâs pâlido y
que nunca.
-----Gracias, Dido, muchas gracias!!
----Vaya sigynon que le regalê que ha matado dos veces---dice Teariôn.
----Leîste lo que te mandê a decir?---pregunta Kîntlico de Kostâ.
----Sî claro, pero sepa usted que antes de recibir sus letras soñê con êl.
----Fîjate si Morfeo sabe, que prefiriô el mundo de los sueños, y donde todo es
posible.
----Câspita!!, como en el segundo sistema.
----Segundo sistema, de quê hablas, Kosmos?---pregunta Teariôn.
----Olvîdate ora de eso, y mejor muêstrale a Kîntlico y a Tublides tu hija Ateria-
na.
----Verdad que tuviste una hija, y quiên es la madre?---indaga Kîntlico de Kostâ.
----La campesina!!
----Contra, que parece que lo que empezô como mirada en el Thermopolium ter-
minô como hecho aquî en Bedriaco. Y el colosero quê?
----El colosero, Jancia y Prixeletes viven actualmente en la ciudad del ocio.
----Como que tenemos que ponernos al dîa, no?---dice Kîntlico mirando a Tubli-
des.
----Eso parece---dice Tublides de Malamonta.
----Pero no solamente soy padre yo, sino tambiên Kosmithôs---informa Teariôn.
----Vaya, como si hubiese habido, en Bedriaco, una transformaciôn radical de la
conducta de los espermatozoides---dice Kîntlico de Kostâ.
----Vaya ocurrencia la suya que quedôle divina; asimismo que, como perîstasis,
no tiene precio---amplifica Kosmos.
-----Transformaciôn radical de la conducta de los espermatozoides!!, Kîntlico,
no estarâ ya haciendo efecto el conditum paradoxum?---pregunta Dido.
----Pudiera ser, majestad, no es imposible---responde Kîntlico que a su vez pre-
gûntale a Dido: me puede revelar usted a quiên pertenece esa cruz que diviso?
----Algûn difunto de la familia mayestâtica?---indaga Tublides de Malamonta.
----De nuestra parte ningûn componente de la familia; pero acêrquense, que les
explico.