Donnerstag, 9. Dezember 2021

La cazuela de Vitelio (918)

     La sûmula llegante a la numeral cinco hîzole recordar a Sabinsqui unos tra-

tados inveterados que llegaron a las manos de un personaje crîptico y onomado

Neleo, Mas si la reminiscencia tuvo lugar no fue por otra cosa que por tambiên

ser cinco la cantidad de los tratados. Sobre êstos dirîase, de consuno con las es-

pecializadas fuentes, si no que con los especialistas mâs conspicuos de una ma-

teria arcaica, que previo a que fuesen publicados dieron mâs vueltas por una de

las partes mâs remotas del mundo que vaya a saber quiên quê cosa a raîz de ser

reconocida tanto por su exclusividad como por su relevancia, y sobre todo êsta

por ser dejante de una tremendîsima resonancia tanto en polîmatas como en los

doctos. Abriendo un poco el panorama sin la intenciôn de ralentizaciôn, que es

lo mismo a decir sin el objetivo de alcanzar poca velocidad o alongar un proce-

so, especificarîase que el susodicho Neleo tan sôlo fue el primer responsable y

de guardar los tratados seguida a la entrega de ellos hecha por un gran discîpu-

lo--- no olvidar que no se recompensa bien a un maestro de permanecer siendo

discîpulo, algo que ya señalô un maestro-----antes de su fenecimiento. Empero

para arrumbar la cosa por el camino que (verdaderamente) debe llegar a puesto

o a colocaciôn, el caso es que el señor Brugnoli [del que ya sâbese que es veni-

do u oriundo de Nueva Zembla] conocîa a Neleo lo suficiente como para tener

acceso a los tratados, de tal guisa entonces que innecesaria era la espera por un

beneplâcito que autorizara el debido escrutamiento de aquêllos, si no que o un

examen o un estudio minucioso. Resultarîa una sorpresa para Brugnoli que por

cuestiones de confianza Neleo le prestara los tratados por un tiempo, por una y

semanita? La respuesta serîa que sî, porque de facto jamâs pensô en una suelta

acciôn como êsa, aunque el vînculo entre ambos fuese cercano y afectuoso por

extensiôn. Acomodado entonces en su casa entrêgase Brugnoli a la tarea delei-

tosa de oculaciôn de los tratados; pero estando en esto, lo que sucediô al tercer

dîa de la semana, ocûrresele la idea de compartir lo diamantino sustanciado es-

crito con sapiencia con su buen compinche el tîo de Sabinsqui, siempre y cuan-

do aceptara la condiciôn de no barruntarle a nadie sobre los tratados. Al cuarto

dîa de la semana, y bien llegada la aurora con su frescor y asperjamiento, parte

Brugnoli para Bedriaco, amên que aprovecharîa tambiên el viaje para visitar la

corte de Vologeso, la que ya un tanto conocîa y beneficio dâbale. Lo que sigue

a continuaciôn, porque lo retrôgrado ya tiene acentuaciôn y verba que lo pince-

la, es que el tîo de Sabinsqui entra en gozo y en jovialidad, a lo que agregarîase

que de sopetôn da calaña de su tendencia compulsiva al sentirse brevemente en

posesiôn de los tratados, razôn por la cual pîdele a Brugnoli que sin objeciôn ni

nada parecido permîtale copiar algunas cosas que resûltanle suntuosas tanto pa-

ra su consumo como para su cosecha semântica. En fin, que la peticiôn fue cla-

ramente aceptada mas no exenta de su precio correspondiente, lo que tradûcese

por la necesidad de toda una noche quedar despierto y en funciôn de la dadora

copia. Dos semanas despuês dirime su palabra el tîo de Sabinsqui al dejarle sa-

ber a Sabinsqui lo que extrajo de los tratados, lo que hasta cierto punto podîa y

ser lo quiditario sin que êl mismo lo supiera, empero no dirîase inteligiblemen-

te que por ignorancia, sino que mâs bien por una sobresaliente complejidad del

enfoque expositivo, de la prolijidad de las definiciones y de la retahîla de pode-

rosos têrminos revelados en su lengua madre, entre otras cosas. Tocarîa decir y

que Sabinsqui a trancas y barrancas ya empezaba a prestarle atenciôn a los teo-

rizados descollamientos filosôficos; que ya habîa supera aquella vieja negativa

frente a pudiencias sapienciales, como fue el caso de los complejos derivantes

matemâticos expuestos en los "Elementos", puzzle para otra edad menos que y

para la que ora tiene, y con la cual que yendo a profundidades mâs âureas, em-

polla corales con vigor y magnanimidad, con soltura y dinamismo, con dificul-

tades y tropiezos, siendo estos ûltimos, sobre todo, garantes de algo mâs que y

de suspiros crecidos, de la reseña simulada y de un mohîn a toda flor.

      La reminiscencias captâbalas el capitan orcivo exento de un impulso o si y

no que de un empellôn que obligâralo a intervenir para clarar certezas posibles

a partir de su experiencia, de sus viajes por el mundo, lo que no quiere absolu-

tamente decir que libre de una potencia que mueve y de un empujôn desdeñara

lo que en derredor de su entidad llegara con determinada soltura. Êste es el mo-

tivo por el cual entra a valorar la caracterîstica descollante  que tiene o posee y

la "Tierra Nueva": la de contar con una ingente cantidad de polîmatas, lo que y

por analogîa vendrîa a ser señalizaciôn de aspectos que alcanzan desarrollo en

funciôn de materias disîmiles, y las que de acuerdo a un contenido exacto o es-

pecîfico resultarîales al ñudo tratar la idea de una azuela en manos de un senec-

to carpintero o un burujôn de diamantes en las de un ceporro. Bien que pensar-

se podrîase que tales polîmatas a êste descubren raudo, y precisamente por ca-

recer de la sensatez propicia, lo que traducirîase por la no tenencia del necesa-

rio  mutismo que ayudarîa a que nadie supiera que posêese una riqueza, o que

si no el porquê de alcanzar una categorîa o un nivel diferente al medio o al ha-

bitual y en un dîa cualquiera. Garras apuradas de las causas fronterizas no son

para los polîmatas sîmbolos de arañazos, sino que mâs bien es la metâfora que 

utilizan para sustituir lo que puede ser marcado con algo de profundidad, aun-

que tambiên lo quitado de un lugar y que zanja en otro precariedades fecunda-

tivas, menos que por invalidez de una substancia por ocio del agricultor, y que

no es otro que el responsable de la caîda de la simiente que adoptarîa una posi-

ciôn.

      Regresando a Sabinsqui [que ni enterôse de la anterior a pesar de una posi-

ble atingencia de jaez limitada; otros dirîan que tempestiva, mas como no es y

ora relevante lo hipotêtico postêrgase], la rerum es lo referente a lo que su tîo

extrajo de los Tratados, lo que como tal dejôlo con fastidio de testa, y no por y

otra razôn que por los ya susodichos ôbices, y claro estâ seguido a la debida y

lectura de ellos y de la concentraciôn pertinente. Sin embargo, cosa no comen-

tada por su tîo o dejada saber como adelanto, como anuncio anticipado en os-

tensible funciôn nominativa [menos que acusativa y con sentencias gramatica-

les], Sabinsqui detecta sûbito (podrîase decir) una coralina manera de eyectar

simplezas  en el orden colorido de las ideas que no eran someras, de escarceo

engendrando  espuma o de superficie expuesta a los toques del tiempo con fe-

nômenos que tratarîa un philômythos como si fuesen parientes, efectiva meto-

dologîa contra los llamados cogitations caecas que contienen oscuridades con

fragmentos o al por mayor. Como consecuencia de este percibir, hallar o notar,

piensa que la Substancia al ser movida, dando igual si hacia delante o hacia y

detrâs, tendrîa la posibilidad de conocerse mejor ---nada que ver con el impe-

rativo del templo dêlfico: gnothi sauton, mas no muy lejos de êl-----, de valo-

rar su capacidad con menos peros---si nisi non esset la decepciôn quedarîa un

tanto anulada ya que lloverîan menos conceptos----- interpuestos, allende que

tambiên su eficacia indeleble por razones de un programa calculado, pero sin

olvidar que del traslado de sitio de la Substancia ocûpase la conciencia, la que

bien conoce, domina, controla por tener siempre en luz el sempiterno espacio

de su garita. 


 









    


 









    













 



 






 





 


 

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