Donnerstag, 27. April 2023

1125, 66.

         Mas seguido al hagâmoslo que con vigor afirmô Asonis, Kosmos al es-

cucharlo diose la vuelta para ser testigo visual del porquê el verbo hacer uti-

lizâbase en el imperativo de una manera tan rimbombante, tan sonora, o que

por extensiôn estrepitosa, momento entonces en que percibe que tratâbase y

de un simple y efîmero brindis entre aquêl, Perrasiestes y Temîganes. Al pa-

recer esto diole pâbulo de asir su vaso murrano, llenarlo de vino y de ampli-

ficarle a Kosmithôs que echara en la capacidad de un vaso la basta cantidad

de la dadorîa de Baco con el têlos de brindar, algo que extrañole sûbitamen-

te a êste porque Kosmos rarîsimamente chocaba su vaso murrano con algûn

otro de diferente calidad. Pero para eludir hacer la pertinente pregunta, que

de formularla ya podrîa imaginarse lo que esperâbale, Kosmithôs agarra un

vaso y comienza a llenarlo parsimônicamente de la bebida susodicha. Pero

en lo que hacîalo, Kosmos asimismo se da cuenta de que Jancia y Dolfopân

Colunnecio acababan de hacer un brindis y mojâbanse los labios muy que y

gustosamente, por lo que pensô que entre ambos ya suntuosamente funcio-

naba una suntuosa atingencia.

----Ya estâ repleto el vaso. Por cuâl cosa brindamos?---pregunta Kosmithôs

sosteniendo el vaso con la mano derecha.

----Câspita!! Por una figura geomêtrica: el triângulo!! Brindemos por êste.

----Cômo, quê tû has dicho, brindar por un triângulo?

----Êsa es la res, êsa!! Mas abre oîdos, que dilucîdote.

----Ay, lo que me espera!! A ver, cômo es la cosa?

----Ocula hacia allâ, hacia la izquierda y dime quê ves?

----Al trîo formado por Perrasiestes, Asonis y Temîganes.

----Ora mira hacia la derecha.

----Veo a Jancia y a Dolfopân Colunnecio.

----Exacto!! Y ora dime: si aquêllos a la izquierda; êstos, a la derecha, no son

dos lados, uno A y otro B, verbi gratia, o dos puntos?

----Adônde tû quieres llegar?

----Atiende. Ya tenemos dos lados o puntos: A y B, correcto no?

----Sî, asî es. Y?

----A estos dos lados o puntos agrêgasele un tercero. Y entonces, la sûmula no

llega a la numeral tres?

----Es bâsico: dos mâs uno es igual a tres. Pero cuâl es el tercer lado o punto?

----Nosotros!!

----Quê, nos tenemos que mirar a nosotros mismos?

----Y risas de Kosmos que dice: No, claro que no!! Mas si hay tres puntos o

lados, de cuâl figura geomêtrica trâtase?

----De un triângulo.

----Por el que hacemos el brindis.

----Vaya, que lo que se te ocurre a ti...

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Quê si no?


           Al rato, y como si confluyesen por una cuestiôn analôgica, todos los

que brindaban arriba uniêronse en un mismo punto, el que no es otro que el

que donde estaban Kosmos y Kosmithôs, amên que el mâs cercano a la es-

tatua ingente del Kuros. A raîz de lo anterior, lo que para alguno de los que

chocaron sus vasos pudiera tener un significado crîptico, pôsase el estrîgido

en la testa de la estatua susodicha, aunque sin dejar calaña de benevolencia

con los que lo miraban, mas que tampoco de rechazo, porque cada vez que

alguna mano lo señalaba abrîa sus alas como un ave rapaz nocturna que no

oponîase al indicamiento con el dedo. Y entonces dice Kosmos:

----Es que los estrîgidos, por naturaleza, son incalculables; no puêdeseles y

entender a travês de un esquema que encuadra una actitud determinada, una

forma de comportamiento ûnica o exclusiva.

----No serâ, kosmos, que solamente se da postîn, lo que demuestra abriendo

sus alas?---pregunta Jancia.

----No creo que sea por una cuestiôn de darse postîn o no.

----Saben lo que me resulta curioso?

----Amplifîquelo, Dolfopân, amplifîquelo---pide Kosmos.

----Que tambiên se hubiera podido posar en los hombros; sin embargo, y lo

que me resulta mâs interesante, se posô en la cabeza, la parte del cuerpo con

una relevancia tremenda.

----Recuerde usted, Dolfopân, que la deidad que toma al estrîgido como y su

ave de concomitancia es la de la inteligencia.

----O sea, que la inteligencia radica en la cabeza.

----Aplausos, Dolfopân, sûmula de êstos!!

----Pero êste no es el estrîgido de la deidad tal, como ya se dijo---dice Asonis.

----Câspita!! Dîjose, es cierto, mas con toda seguridad?

----Y cômo, Kosmos, se puede estar seguro...

----Asonis, y antes de que continûe con la letra, usted acaba de amplificar de

que no es por lo que dîjose, no?

----Les encanta dar vueltas alrededor del mismo cîrculo vicioso---dice Jancia.

----No puedes entender, o no acabas de entenderlo: el juego es un mecanismo

que activa la inteligencia, que le da la posibilidad de totalmente desarrollarse.

----Y quê otra cosa, Kosmos, me pudieras decir tû, con tal de salir ganando o

de tener la razôn.

----No no, Jancia, no es eso, que realmente el juego tiene su porquê-----suelta

Temîganes de Alejandrîa.

----Quê tû opinas, Kosmithôs?----pregunta Perrasiestes de Mocarês.

----A mî no me pregunten, no me cojan para el juego.


       Y acopas sucede lo inesperado: el estrîgido abandona la cabeza de la esta-

tua y vuela a la ventana del cuarto de Ateriana y de Kôs al ver a Lah detrâs del

cristal de êsta, lo que fue basto para que destacara Kosmos, que si un durmien-

te no apoya ningûn tipo de lenguaje el rapsoda engendra y sustenta êste a partir 

del mâs cosiato suceso, lo que fue a su vez la razôn de que Perrasiestes pregun-

tara: 

---Y cômo un durmiente va (a)poyar el lenguaje si precisamente es un durmien-

te?

---Câspita, Perrasiestes, tan fâcil la pregunta? Formûlera mâs compleja y, enton-

ces, la responderê.

---Perrasiestes, usted no acaba de aprender ni aun con el tiempo que lleva y 

con nosotros---dice el didâscalos filosôfico que pregunta: no es tambiên un 

durmiente un sujeto de este mundo?

---Claro que sî, didâscalos, pero que tiene que ver ahora un sujeto?

---Quê usted cree, didâscalos, que podemos hacer con este (cenutrio) sujeto?

---Y por quê, Kosmos, tendrîan que hacer algo conmigo?

---Perrasiestes, lo dicho por Kosmos es intencional, ya que el durmiente y el 

rapsoda es el mismo sujeto mas que en dos estados diferentes.

---Y quê es eso de un cosiato suceso, didâscalos?

----Uno real pero que puesto en lînea verbal para confundir al interlocutor.

----Y por quê Kosmos quiere confundir?

----Le vuelvo a repetir: usted no acaba de aprender.

----Y, Kosmos, cuâl es tal suceso cosiato?---indaga Perrasiestes.

----El vuelo del estrîgido de la testa de la estatua a la ventana del cuarto de Kôs

y Ateriana.

---Pero, Kosmos, de verdad que es difîcil entender los embrollos que tû formas.

---Dolfopân, puedo entender que usted no me entienda los embrollos; pero Pe-

rrasiestes, que conoce el mecanismo del rapsoda, era para que ya entendiera me-

jor.

---Vaya sujeto y su mecanismo!!---afirma Perrasiestes.

---Y risas de Kosmos y del didâscalos filosôfico.














 


         


        




















 


  











 















Montag, 24. April 2023

1124, 65.

         Ni miembros alterados ni visualizaciôn infinita por la representaciôn

mental de una mîmesis concreta, mas el caso es que los contertulios Temî-

gânes, Asonis y Perrasiestes quedaron extâticos al observar de cerca a Jan-

cia, la que despuês de hablar con sus amigas âcraticas regresô contentona

al âgape, que si no con una jovialidad descollante proyectada en su joven

semblante. Si de tener en cuenta que la candidez para los contertulios ja-

mâs  es despreciada como perîstasis fundamental para ensalzar la pureza,

aunque ora no sea tema sino mâs bien una atracciôn con la que beneficio-

samente estimularîan a sus ojos, el ampo de la piel de Jancia no quedô y

fuera de la observaciôn, y el que por analogîa tenîa semejanza con el del

argent blanc, segûn Temîganes de Alejandrîa, similitud que exagerada re-

sultôle a Asonis, Mas en lo que Jancia era observada, lo que sabîa empe-

ro hizôse la tonta, Evandro de Atella viene y le dice a êsta:

---Dolfopân no estâ en desacuerdo en que lo quieras conocer, por lo que

me mandô a buscarte, algo que no cumplo como un edicto, que quede y

claro.

---Y cômo êl sabîa que yo querîa conocerlo?

---Eso no lo sê Jancia, lo ignoro del todo. Vienes o no?

---Sî sî!! Vamos.

----Y dime Jancia: quiênes son los que te estân mirando hace rato?

----Señor, yo soy Temîganes de Alejandrîa.

----Yo Perrasiestes.

----Asonis es mi nombre.

----Gracias por la presentaciôn gratuita!! Me llamo Evandro de Atella. En-

cantado de conocerlos.

----Encantado, seguro?---pregunta Temîganes de Alejandrîa.

----Vamos, Evandro, que si usted le responde va a tener conversaciôn por

largo rato, Los contertulios no paran de hablar---deja saber Jancia.

----En la Kosmona sî; aquî, no---dice Asonis.

----Y risa de Temîganes y de Perrasiestes.


         Unos minutos despuês, y parada frente a Dolfopân Colunnecio, des-

pertôsele una fantasîa a Jancia de jaez lujuriosa: que abrazaba a êste y en-

caramâbasele encima cruzando las piernas en su cintura, facultad de ima-

ginar que dirîmese a raîz de aquêl hacer la siguiente pregunta: 

----Cuâl es la justa y especîfica razôn por la que quieres conocerme?

----Porque usted se parece muchîsimo a su padre, del cual me enamorê a

primera vista, aunque êl tambiên de mî, por eso me regalô un diamante.

----Que mi padre te regalo eso, y de dônde lo sacô?, porque segûn mi ma-

dre, Florentina, êl no tenîa mucho dinero.

----Eso no lo sê, Dolfopân, lo ignoro del todo. Pero es tan importante para

usted saber de dônde lo sacô?

----No!! Importante no, sino sôlo por saberlo. Y aûn tienes el diamante?

----No!! Lo vendî y con el dinero que me dieron ayudo a pagar el alquiler

a Sarambo.

----Sarambo, el de la taberna de la ciudad del ocio?

----Sî! Y usted lo conoce?

----Sôlo lo vi en la taberna. Y el contrato de la casa estâ a nombre de êl?

----No!! La casa es de Sunev, a la que le pertenece por herencia. Y antes 

de que pregunte, Sunev es la novia de Kosmithôs, el nieto de la reina e

hijo de Kosmos.

----Bueno, en realidad yo no estoy interesado en saber quiên es ni Sunev

ni kosmithôs, mas sî en que me hables un poco de ti.

----Mi nombre ya usted lo sabe. Soy una âcratica que vino para Bedriaco

al desaparecer la însula de Ahpros a causa de unas olas ingentes; y vine,

ademâs, nadando con mis amîgas desde allî hasta aquî. Estuve un tiempo

viviendo con êstas aquî en palacio, y actualmente resido en la ciudad del

ocio....

----Disculpa que te interrumpa, mas en esa isla no era donde habîan sola-

mente fêminas que andaban desnudas?

----La misma, y la desnudez se debe a que todo el año hacîa un calor tre-

mendo, el que como tal con ropas era insoportable.

----Y el agua que rodeaba a la însula no resultaba algo de alivio?

----No era lo suficientemente frîa como para dejar alivio alguno.

----Y el viento quê?

----Venîa de Âfrica la mayorîa de las veces, y como tal no embrisaba be-

neficiosamente el cuerpo.

----En realidad yo no estuve jamâs en esa însula, aunque sî varîas veces

escuchê hablar de ella. Pero, Jancia, y se quedaban desnudas las fêminas 

al llegar a la însula visitantes masculinos?

----Sî Dolfopân, eso no era un problema para nosotras, que de todas ma-

neras quê hombre no ha visto a una mujer desnuda.

----SΠ ya sê, mas aun asî...

----Nada de aun asî, nada de eso, que nosotras vivîamos sin moral de nin-

gûn tipo, sin convenciones a partir de un reglamento social. Sabe usted lo

que es la acracia?

----No!! Quê es?

----Lo que estâ en desacuerdo con la autoridad.

----Encaja, por lo que me cuentas, esa palabrita en esa locaciôn insular.

----En la que fue locaciôn.

----Sî, eso! Y dime, Jancia: no deseas tomar un vasito de vino mezclado?

----De acuerdo!! Pero sôlo medio vaso, que lo que de verdad bebemos no-

sotras las âcraticas es un licor que se llama alquermes.

----Estâ bien, sôlo medio vaso. Mira, aquî estâ. Y por quê brindamos?

----Por el inicio de nuestra amistad.

----Pues brindemos por eso!!


        Mas en lo que êstos brindaban, y no ya tan cerca, Temîganes de Ale-

jandrîa dîcele a Perrasiestes y a Asonis:

----Como que Jancia cuasi que empieza bien a desarrollar su objetivo.

----O que su objetivo bien que a desarrollarse empieza---dice Asonis.

----Estân diciendo lo mismo pero de manera diferente.

----Sabes quê, Perrasiestes, me parece que la instituciôn ya estâ arraigada

en nosotros---dice Temîganes de Alejandrîa.

----Te parece, Temîganes? Yo estoy seguro.

----Eso de estar seguro o no a mî no me convence mucho.

----Y de que no te convenza mucho estâs seguro o te parece?

----Perrasiestes, cômo si no me convence me va a parecer o seguro es-

tar?

----A mî sî que me parece que debemos tambiên brindar, que si no termina-

remos como en la Kosmona: sacando lascas y ajustando beneficios.

----Pero nosotros sî que con el vaso completo---suelta Asonis.

----Ven acâ, y quê tiene que ver ahora eso?

----Temîganes, que yo sê lo que digo y su porquê.

----Brindamos entonces?---pregunta Perrasiestes de Mocarês.

----Hagâmoslo!!---afirma Asonis.

































 
































 




 

Freitag, 21. April 2023

1123, 64.

          Dos hora antes, y por la razôn concreta de ambos carecer de sueño,

Ateriana y Kôs entraron en el cuarto del cibiosactes. No hacîa mucho que

Kôs habîale echado un vistazo a la habitaciôn de êste, por lo que de extra-

ñar no era que supiese de las dîsimiles antiguallas que la ornamentaban y

de  los tres baûles que  ocupaban espacio, que llenaban êste posicionados

uno al lado del otro y por orden de tamaño. Êstos, sobre todo, fueron y el

motivo por el cual êl ya habîa empezado a maquinar la idea de algûn dîa

abrirlos con el têlos de escrutar las posibles cosas metidas en sus capaci-

dades, lo que a su vez resultarîa de gran entretenimiento en el caso de no

estar cerrados, aunque si de tener que buscarse la llave serîa tambiên una

tempestiva diversiôn en el momento oportuno y con la compañîa adecua-

da. Previo a la abertura de los baûles, y algo por cierto sensato para clara-

mente eludir el no ser cogidos in fraganti, Ateriana ocûpase de cerrar por

dentro la puerta. A continuaciôn intentan abrir la tapa del bâul mâs grande

de los tres,  mas como pesaba tanto fue imposible, ademâs de ser la ûnica

que no tenîa candado largo. Tal imposibilidad causô el desinterês por este

bâul, por lo que entonces ambos ocûpanse de la actividad de buscar la lla-

ve de los otros dos baûles, del mediano y del pequeño. A su vez que hacî-

anlo, y si Kôs por una parte de la habitaciôn; por la otra, Ateriana, a pesar

de no ser tan grande el cuarto, olîan el humillo proveniente de un incienso

relajante, y el que utilizaba el cibiosactes para quedarse dormido. Como y

consecuencia de lo anterior empezaron ambos a sentirse con sueño, al que

entregâronse sin resistencia alguna, sin negatividad por capricho trece mi-

nutos despuês. Y en fin, que fue dador de lo que carecîan los dos unos pa-

lillos erigidos.

         Al despertarse los durmientes, y sin saber el tiempo que habîan dor-

mido, lo primero que hace Ateriana es quitar el cerrojo de la puerta, a lo

que sigue el decir de Kôs de que ya no tenîa ganas de continuar con la y

bûsqueda de la llave, algo con lo que estuvo totalmente de acuerdo aquê-

lla. Mas en lo que ambos arreglaban la cama no pudieron eludir el susto

que les dio el cazador, y debido a que êste abriô la puerta y penetrô sûbi-

to en el cuarto, ademâs que amplicando las siguientes palabras:

---Salgan lo mâs râpido posible de aquî, que el cibiosactes no demorarâ

mucho en entrar por la ventana con la ayuda de la escalera.

---Cazador, no hicimos nada malo, pero yo pasê el cerrojo y por culpa de

ese incienso nos entrô sueño. Y cômo usted sabîa que estâbamos aquî?

----No lo sabîa, Ateriana, sôlo esperaba a que el cibiosactes abriera y la

puerta, porque en eso quedamos.

----Y el cibiosactes sospecha algo?

----Ni se lo imagina. Mas sî se dio cuenta de que estaba la puerta cerrada

por dentro.

----Y por quê fue en busca de la escalera?

----Deja de hacer preguntas, Ateriana, y acâbanse de ir los dos de aquî.

----Me da a Lah, cazador, me lo sigue prestando?

----Sî!! Pero cârgalo con cuidado, que se quedô dormido.

----Cazador, y le dirâ usted al cibiosactes que estâbamos aquî adentro?

----No, Kôs, no dirê nada.

----Y quê le dirâ de la puerta?

----Ya verê que invento. Pero acâbense de ir, vâyanse!!

----Vâmonos, Kôs, vâmonos!!---afirma Ateriana.



















 




Montag, 17. April 2023

1122, 63

           

           Entrando en verba con Dido, Dolfopân Colunnecio dejaba saber que

el bosque cercano a Albula tenîa analogîa con el bosque teutônico, con la y

diferencia de que a êste acudîan los sacerdotes con tûnica azul o manto de

Efod, pectoral  racional, tûnica de lino blanco y mitra para bendecir las ce-

remonias en funciôn de lo hiêratico, aunque asimismo a las almas de cual-

quier guerrero que perdiese la vida dentro del lugar caracterizado tanto por

la sûmula de ârboles como por la opulencia de vegetaciôn, y previo a ser y

puestos sobre una construcciôn de madera que arrastraba la fluencia del rîo

Lippe, y la que a su vez era atravesada por la punta de una flecha encendi-

da con el elemento que a la deidades hurtô Prometeo.

----Sî Dolfopân, que conozco, no tan bien como usted, la presencia de los

sacerdotes en el susodicho bosque, y por habêrmelo revelado mi padre Bo-

le en los tiempos de su majestad Vologeso. Pero sabe usted una cosa? En

Albula se realiza la lustratio, la ceremonia de purificaciôn, mas que no ne-

cesariamente con la presencia del flamen que tenemos aquî en Bedriaco y

que habita en el templo de Jano Quirino; despuês se lo presento.

----Desconocîa que en Albula hacîase la lustratio.

----Sî, pero no se hace con todo el mundo, sôlo con los familiares. Dirîase

mejor que es una ceremonia familiar de purificaciôn, por lo que la ûltima

vez que la hice fue cuando sucumbiô mi madre Lolia Paulina.

----Y cuândo feneciô su madre?

----Hace ya bastante tiempo. Y mire, Dolfopân, esta espada pertenece a su

padre Pandolfo, que como usted debe ya saber, muriô aquî en palacio, moti-

vo por el cual se la doy para que tenga usted un recuerdo de êl.

----Estâ como nueva. Gracias Dido, gracias!!

----Es que acaba de ser bruñida, por eso brilla su metal. Y dîgame Dolfopân:

quiên es el señor que usted trae como reo?

----No, exactamente no es un reo, y su nombre es Evandro de Atella.

----Evandro de Atella?

----Sî!! Por quê pregunta usted?

----Porque segûn me contô el lictor hace ya un evo, es el mismo nombre de

la persona con la que se encontrô en la zona de Omonia con uniforme de y

soldado, y al que calificô de una persona confusa.

----En realidad, Dido, y hasta donde sê, Evandro nunca fue soldado, ni con-

fuso ni claro, aunque sî amigo de un bructero bajo el mando de mi padre.

----No creo que haya dos personas con el mismo nombre, pero igual, que y

para mî carece de relevancia. Y entonces, por quê lo trae usted?

----Porque segûn êl, que le dijo su amigo el bructero, el cazador fue quien

disparô la flecha a mi padre, por lo que yo querîa comprobar si es verdad o

no que dice.

----Dice la verdad, mas sepa usted que el cazador lanzô la flecha porque su

padre me amenazô con esta espada, me puso su punta en la garganta.

----Pero por quê precisamente el cazador, cuando en este palacio sobran los

soldados bâtaros?

----Porque en el preciso momento del suceso el cazador fue testigo visual

de êste, por lo que para defenderme colocô la flecha y soltô la cuerda del

arco. No harîa usted lo mismo en el caso de que su rey estuviese en perni-

cio?

----Nosotros somos una tribu, no tenemos representante mayestâtico.

----Ah no, y quê me dice de Arminio?

----A ver, Dido le explico. Cuando nosotros formamos parte de una alianza

con los queruscos, marsos, catos, sicambrios y caucos Arminio era un lider,

el que derrotô el general romano Publio Quintilio Varo.

----Cambio entonces la pregunta: no hubiere defendido a Arminio de estar y

amenazado por algûn tipo de arma?

----Dido, debo responder a su pregunta?

----De no quererlo no estâ obligado.

----Entonces no quiero.

----De acuerdo, Dolfopân, no hace nada.

----Y de quiên es esa enorme estatua?

----De un Kuros helênico.

----Y quiên la hizo?

----Es una dâdiva enviada desde la ciudad del ocio, y por la misma perso-

na que se encontrô con Evandro de Atella en la zona de Omonia.

----O sea, el lictor.

----Sî Dolfopân, êl mismo.

----Es curioso que en la ciudad del ocio haya un lictor.

----Curioso, y por quê?

----No me haga caso, Dido, pensaba en voz alta.

----Estâ bien!! 

----Dido, y todas estas delicias fueron hechas aquî en la corte?

----Y por un cocinero oriundo de Irlanda. No desea usted probarlas?

----En realidad no estoy muy famêlico, pero sî probarê algunas.

----Pues sîrvase usted, Dolfopân, sîrvase!!

     

           Simultâneamente, y dentro de palacio, el cazador encuêntrase con

el cibiosactes, y en el preciso momento en que êste iba a su cuarto con el

fin de descansar unos minutos en su querida poltrona alejandrina, empero

como sabîa que podîa quedarse sobre el pucho dormido de no tener inter-

cambio de verba con alguien, mas que una sin demasiada complejidad, lo

que esto serîa un mirîfico motivo para que sus ôculos cerrâranseles, pidiô-

le (a)quêl que concomitâralo a su dormitorio. Mas de algo suceder, y pre-

vio a la llegada a la puerta de la habitaciôn del cibiosactes, no fue otra co-

sa  que êsta: el gato Lah corrîa en varias direcciones hasta que finalmente

dejô de hacerlo al posicionarse al lado de la pierna derecha del cazador.

---Ah, mire usted, cazador, hacia unas horas que no lo veîa, que no entra-

ba en la cocina para perseguir al ratôn blanco.

---Cibiosactes, es que seguro estaba asustado por el mal rato que pasô en

los hombros de la estatua del Kuros-----dice el cazador cargando a Lah y

pregunta: opônese usted a que lleve a Lah a su cuarto?

---No hay problema, cazador, que yo soy alejandrino.


       Pero de pasar otra cosa, y cuando el cibiosactes agarrô la manija de

la puerta, fue que êsta no se abrîa; como si tuviese pasado el cerrojo pa-

recîa, algo tanto insôlito como imposible porque de facto êste ni aun en 

la nocturna pasâbase. Tal situaciôn crîptica despertô en su mente la idea

supersticiosa de que los responsables de este enigma eran los lares capi-

les  en funciôn de marranada, algo que no nada tiene que ver definitiva-

mente con êstos por mâs bien ocuparse de la protecciôn pertinente de y

todo el palacio, mas como êl no creîa en ellos por ser alejandrino hacîa

un  viraje de rol, una  transformaciôn representativa que traerîa como y

consecuencia la posibilidad de amplificarle al cazador de que en la se-

de mayestâtica tienen lugar jugarretas inframundanas que pasan de vez

en cuando.

----Jugarretas inframundanas que pasan de vez en cuando? 

----SÎ, cazador, eso!! Sabe usted de aquella voz que escuchô el eunuco

Posides en el salôn de los cristales donde estaban los helechos gigantes

de Lolia Paulina?

----Sî, lo sê! Mas eso no es una jugarreta sino mâs bien una manifesta-

ciôn sonora sin articulaciôn. Pero, cibiosactes, los lares capitales impi-

den que pase algo mâs, no?

----Ni me los mencione que no son de mi agrado, que soy alejandrino.

----Entonces usted sî cree en la captaciôn de los gatos, no?

----En eso sî, cômo no?

----Pues entonces no me parece que lo de la puerta tenga que ver con

cosas del inframundo, porque Lah no da calaña de inquietud. Pero ci-

biosactes, no cree usted que lo de la puerta tenga una soluciôn râpida?

----Cuâl?

----Darle si no una tres patadas y listo.

----Quê va!! De ninguna manera rompo mi puerta.

----No romperâ la puerta sôlo el cerrojo.

----Se me ocurre algo mejor, cazador.

----Que serîa..

----Buscar la escalera que utilizô Argos y entrar por la ventana.

----Y êsta estâ abierta?

----Yo nunca cierro ni puerta ni ventana, cazador.

----Entonces vaya por la escalera, que yo me quedo aquî con Lah.

----Êsta bien, espêreme aquî, frente a la puerta.






















 



 









































 










 

Sonntag, 16. April 2023

1121, 62. En el segundo sistema.

          Sobre el pucho por lo que comunîcale el capitân orcivo, y por lo que

habîa quedado con Atabân y Flacius Ilyricus, Pandolfo Colunnecio barrûn-

tale  a êstos de la llegada de su hijo a la  corte de su majestad Dido, y en la

que celebrâbase un banquete caracterizado por la a fanegadas tanto de vino

como de comida, y en el que participaban cuasi toda la familia de la reina y

los compinches mâs cercanos a êsta, amên que los contertulios de la celebê-

rrima instituciôn: la Kosmona. Asimismo dêjale saber a los presentes oyen-

tes de que Dolfopân traîa con êl a un tal Evandro de Atella, un antiguo ami-

go de uno de los bructeros que ya forma parte de este sistema, y quien supo

por êste quiên me disparô la flecha el dîa de mi primera y ûltima cena en el

palacio. 

        Pero como al parecer lo anterior dicho engendrô una rauda resonancia

cia, el bructero susodicho presêntase como un disciplinado guerrero, saluda

a Pandolfo Colunnecio como si aûn estuviera preparado para el combate, a

pesar de ya carecer de las armas pertinentes mas que no olvidadas, y sin di-

laciôn dice:

----Mi fiel y senil amigo Evandro de Atella, el oriundo de la ciudad de las

danzas, y como tal excelente bailador; con êl pasê muy buenos momentos,

y sobre todo en la zona de Omonia.

----La zona de Omonia!! La conozco tan bien que pudiera recorrerla con

los ojos cerrados; en ella conocî a la que ya sê que es la madre de mi hijo

Dolfopân: Florentina: la carrusiana mâs bella, despuês de la presente por

aquî Circe, que trabaja en uno de los lupanares famosîsimos de esta zona

descollante---dice Pandolfo Colunnecio.

----Desconocîa que usted tenîa un hijo, Paldolfo---dice el bructero.

----Y yo tambiên no lo sabîa. Me fui del primer sistema a causa de un fle-

chazo del cazador ignorando completamente que Florentina habîa parido,

que yo la embaracê.

----Pandolfo, pero no acaba (de)cir usted que conociô a la que ya sabe y

que es la madre de su hijo?

----Asî es!! Pero lo supe aquî, y no hace mucho.

----Puêdese creer porque aquî todo es posible. Pero lo que no entiendo es

una cosa. Quê pretende llevando consigo su hijo a Evandro, el que nada y

tiene que ver con la tribu? Solamente por saber, porque yo le dije, de que

fue el cazador quiên le tirô la flecha a usted?

----La pretensiôn no la sê porque no me la revelô el capitân orcivo.

----No cree usted que sea por cuestiôn de venganza?

----Ya dije no hace mucho que no creo que trâtese de eso.

----Pero si usted ni conociô a su hijo...

----Quê usted quiere decir con eso?

----Que al desconocerlo cômo puede conocer el modus operantis que sue-

le utilizar su hijo en dependencia del caso.

----La venganza, como tal, no es un modus operantis.

----Ah no? Y quê es, entonces? Mire que usted nos enseño, como bructeros,

quê es un modus operantis.

----Usted estâ confundiendo las cosas para tener razôn.

----Ex-jefe y subordinado, que entrar en discusiôn no tiene sentido ya donde

estamos, que mâs bien es relevante estar en paz---dice Atabân.

----Ya luchamos bastante, asimimismo que discutimos, por lo que ya es me-

nester conversar como entidades apacibles---considera Flacius Ilyricus.

----Respecto a lo manso yo tengo mis dudas---dice el bructero.

----De nada sirve que las tenga, mas si quiere tenerlas têngalas, que otra co-

sa pudiera decirle, que usted como que no desea ser manso.

----Ser manso es ser justo, ademâs---suelta Flacius Ilyricus.

----Quiên dijo eso, Flacius?---pregunta el bructero.

----Un cartel que cuelga en la entrada de la Kosmona.

----Y cômo usted lo sabe si jamâs fue contertulio?

----Porque me lo dijo Vercingetôrix, un senecto luchador que yo conocî.

----Concretamente lo que dice el cartel es lo siguiente: los justos son man-

sos.

----Y usted, Pandolfo, por quiên lo supo?---indaga Flacius Ilyricus.

----Porque yo pasê por la Kosmona antes de llegar con la tribu a palacio. El

cartel es tan grande que puede leerse a distancia.

----Pero saben ustedes lo viejîsima que es es frase, la que no pertenece y a

ninguno de los contertulios?

----Y de quiên es, Atabân?---pregunta el bructero.

----No recuerdo el nombre del artîfice que la escribiô.

----Artîfice? No sabîa que le gustaban a usted los libros, Atabân.

----No por hermanos sabemos todo de nosotros

----Verdad, es cierto.

----Y ustedes creen que, tomando en cuenta eso de que aquî todo es posible,

de que si hablamos con Casandra para hacer un banquete diga que sî, no se

oponga?---pregunta el bructero.

----Te dejamos que le preguntes tû: de acuerdo?---pregunta Flacius Ilyricus.

----No hay problema, le pregunto.

----Y quê hacemos ahora?----pregunta Pandolfo Colunnecio.

----Hacer?---pregunta Atabân.

----Sî!!

----Pues nada, que ya estamos en el vacîo, en la nada.


















 

















Freitag, 14. April 2023

1120, 61. Je sais bien mais quand même...

        (una hora despuês)


         Enfatizaba el didâscalos filôsofico, mas seguido a una breve perîstasis

de la que valiôse Kosmos para ampular su discurso improvisado, que lo que

sâbese bien no necesita ninguna ornamentaciôn, la que mejor encaja en otras

cosas mâs dependientes del magîn porque tienen un rol en el escenario y del

mundo de jaez decorativo, lo que dilucida el hecho de un cambio de posiciôn

o de lugar a partir de lo que la imaginaciôn produce y en funciôn de un movi-

miento que crêese fundamental, mas que en realidad de lo que trâtase es y de

una ilusiôn que la conciencia temperaturiza y el ipsum permite, dos elemen-

tos o componentes que de facto no pueden separarse, lo que traduce que asî,

como tal son compatibles.

         Kosmos, encantado con las anteriores palabras, revelaba que su perîs-

tasis respondîa mâs bien a una cuestiôn minoritaria, lo que significa que si

acaso  un "sin embargo" no pasaba de ser un mecanismo de reducciôn, que

si  no de apocamiento en funciôn de lo noumênico, el que asimismo queda

disminuido al separarse de una expresiôn o de un decir con muchitanta mâs

amplitud, o con mas rimbombancia, mas no en el caso de salir a relucir y al

raso sino que mâs bien o entre columnas o entre paredes concretamente eri-

gidas para un fin determinado, por lo que no es de extrañar que pudieran te-

ner rajaduras por las que la verba saldrîa hasta llegar al oîdo de un controla-

dor bien pagado, y por lo mismo comprado por la nequicia de un sistema y

que apellîdase despôtico por mor de la sûmula compulsiva de caprichos si-

mulados, de rescoldos y espejismos por extensiôn repetidos, aun sacada la

cuenta de que los tiempos no son los mismos como tampoco parecidas las

formas de hurguetear las tendencias de un colectivo, que por supuesto y en

puesto ornamenta por lo impuesto o lo vedado.    

      Empero Vercingetôrix, que por cuestiones especîficas no saca a puesto

to, a colocaciôn la fundamentaciôn propicia con la que pudieran los interlo-

cutores entender el porquê de su preferencia por el "lo sê bien", deja saber

que cuando êl estuvo al mando de los guerreros mâs salvajes y siempre dis-

puestos a dar un paso al frente, aunque asimismo los mâs convencidos y de

que el honor no necesita ningûn tipo de recompensa, engatusamiento com-

prometido y premio, porque al esperar estas cosas los combatientes en vez

de  luchar por una causa justa entran en liza por un interês o un determina-

do beneficio, que si no por el privilegio que causa un darse postîn, jugaba

un tremendîsimo rol el aspecto cognitivo, y no sôlo del cômo lograr el de-

bilitamiento de los luchadores oponentes al causarles raudas bajas, sino y

que tambiên haciêndoles creer que la sûmula de guerreros era mucho mâs

grande que la real, algo que trae como consecuencia un despliegue de las

huestes, y al que sigue una exhibiciôn provechosa de los medios estratêgi-

cos, algo relevante allende que funcional, ya que a partir de la muestra se

conoce lo menester para hacer el plan de ataque; si por la izquierda o por

la derecha en el caso de que los lanzadores de flecha estên en el centro; si

por el medio, si êstos estân en ambas partes susodichas, lo que en realidad

sucede contadas veces.

---Câspita Vercingetôrix!!, que usted ha terminado su discurso, y con su 

culminaciôn ha llegado la tribu germânica---dice Kosmos.

---Vaya causalidad!! Aparecieron los guerreros, los bructeros!!

---Pero no hemos terminado con la polêmica en curso---dice el didâscalos

filosôfico.

---Punto a la raya y que continûe la letra?

---Kosmos, que ya esperaba tal pregunta.

---Entonces, seguimos?---pregunta Vercingetôrix.

---Despuês del recibimiento, para que no estê de jeta Dolfopân---dice Kos-

mos.



 







 


 









 



 


Sonntag, 9. April 2023

1119, 60.

       A continuaciôn del saludo correspondiente y de mojarse los labios con 

un vaso de vino, a pesar de que por ethôs su conspicua bebida es el alquer-

mes, Jancia estira sus brazos para depositar en las manos de Kosmos la dâ-

diva enviada por Sarambo, la que a saber no es otra que un frutero de made-

ra de Junco. Y entonces sin dilaciôn pregunta Sunev:

---Quê, Sarambo regala algo que a êl no le pertenece sino a mî?

---No Sunev. Êste es uno que comprô Sarambo igualito al tuyo.

---Jancia, y por quê Sarambo le regala el frutero a Kosmos?---fisga Dido.

---Kosmos, puedes responder tû la pregunta?---pregunta Jancia.

---Antes de responder quisiera amplificar que Sarambo al parecer tiene una

suntuosa nemôsine, porque ya hace muchitanto de mi ûltima estancia en la

ciudad del ocio, y de que êl fuera testigo ocular de mi contemplaciôn inelu-

dible del frutero...

---Ineludible has dicho, y por quê asî?---indaga Dido.

---Por recordarme al bardo Taliesin.

---Ya puedo saber lo que vas a decir, Kosmos---interrumpe Vercingetôrix.

---Quiên mejor que usted para no desconocerlo?

---Al bardo Taliesin?---pregunta Sunev.

---Escuchen, aberturen bien los oîdos. Segûn una leyenda celta, el bardo su-

sodicho fue encontrado flotando en una cesta de Junco cuando era pequeño.

---Pero, Kosmos, este frutero no es una cesta y una cesta no es un frutero.

---Câspita!! Y acaso, Sunev, tanto êsta como aquêl no tienen la misma made-

ra?

---Ah, entonces no es por cuestiôn de recipientes.

---Que yo sepa no he amplificado esa palabra. Pero saben una rerum?

---Cuâl?---pregunta Dido.

---Que en este recipiente que sostengo con mis manos echarê las manzanas

que metîme en los bolsillos, que si no el pantalôn se me va a caer como si

descendiera por mis piernas como una pompa de jabôn.

---Quê exageredo que eres! Te encanta exagerar [...] engrandecer por tu ma-

gîn---acentûa Dido.

---De tal madera tal trozo de êsta, no?

---Cômo, que yo soy exagerada, verdad?

----Discûlpenme unos minutos, que voy al cuarto a dejar el frutero con las y

manzanas dentro, las que llevarê a mi boca mâs tarde, despuês---dice Kosmos.

---Seguro que vas al cuarto por lo que acabas (de)cir?

---Y despuês dices que no exageras---responde Kosmos y riendo.

---Y dime, Jancia, a quê se debe tu regreso a Bedriaco?---pregunta Dido.

---Es que me enterê de que Dolfopân Colunnecio viene a palacio por cuestio-

nes de averiguar si dice o no la verdad un amigo de uno de los bructeros que

formô parte de la tribu bajo el mando de su padre, y de paso quiero conocer a

Dolfopân...

---Espera, espera. De cuâl verdad se trata?

---De si el cazador disparô la flecha a Pandolfo por motivos de defensa o por

algûn tipo de venganza.

---Por ninguna de las dos cosas, sino mâs bien por cuestiôn de fidelidad hacia

mî. Y tal amigo tû lo viste?

---No, no lo vi, pero viene con êl Dolfopân. Estuve a punto de ver a la tribu

germânica pasar por el frente de la casa, mas desviô su ruta.

---Jancia, y por quê quieres conocer a Dolfopân?---pregunta Sunev.

---Disculpa, Sunev, mas es algo muy personal, muy de mî, de mis adentros.

---Al parecer le gusta a esa nueva formaciôn de la tribu salirse del camino y

meterse por otro---dice Dido que dêjale saber a Jancia: supe por tu diario de

que Pandolfo te regalô un diamante.

----De verdad? Y yo creî que lo habîa perdido. Dido, y dônde estân mis ami-

gas Nausica, Crotonia y Lucila?

----Aûn no participan en el âgape, estarân en su cuarto.

----Me deja usted ir a verlas?

----Naturalmente!! 

----Gracias, Dido, una y mil gracias!!


           Diez minutos despuês, y arrumbando sus pasos por un pasillo angos-

to por el que llegâbase al cuarto de las âcraticas, Jancia percâtase de que Kos-

mos estaba escuchando algo parado frente a la puerta del cuarto de su esposa,

habitaciôn de dormir que estaba muy cerca de las de aquêllas, lo que traduce,

entonces, que la distancia entre una y la otra ostensiblemente es corta o de y

pocos metros. Mas queriendo saber ella misma quê escuchaba Kosmos, algo

nada nuevo en su forma de ser; o mejor dicho, algo que forma parte indeleble

de su interês expiativo en ocasiones concretas o en situaciones especîficas de

comunicaciôn o proyecciôn humanas-----habrîa que recordar del caso de Pri-

xeletes en el baño de la kosmona mirado por êsta con prismâticos---, con de-

terminada  pericia acêrcase a Kosmos, y una vez a medio metro a la zaga de

êl muy claramente oye lo que decîale Rubria a Nausica:

----Si tu estatuilla es la del înclito de Îtaca; la mîa es la de un fauno.

      Y de sopetôn Kosmos vîrase al sentir un ligero ruido detrâs de êl y dîcele

a Jancia:

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que si ya no supiera

que habîas llegado te hubiese creîdo un fantasma de los mâs silenciosos que

deja pasar el ectoplasma,

---Ectoplasma? De quê hablas?

---Olvîdalo!! Me voy a mi cuarto.

---Al tuyo? Y acaso no es êste?

---Rubria y yo dormimos separados, no roncamos juntos.

---Cosa de ustedes que ya son mayorcitos.

---Êsa es la res, êsa!!












 







































199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...