Montag, 17. April 2023

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           Entrando en verba con Dido, Dolfopân Colunnecio dejaba saber que

el bosque cercano a Albula tenîa analogîa con el bosque teutônico, con la y

diferencia de que a êste acudîan los sacerdotes con tûnica azul o manto de

Efod, pectoral  racional, tûnica de lino blanco y mitra para bendecir las ce-

remonias en funciôn de lo hiêratico, aunque asimismo a las almas de cual-

quier guerrero que perdiese la vida dentro del lugar caracterizado tanto por

la sûmula de ârboles como por la opulencia de vegetaciôn, y previo a ser y

puestos sobre una construcciôn de madera que arrastraba la fluencia del rîo

Lippe, y la que a su vez era atravesada por la punta de una flecha encendi-

da con el elemento que a la deidades hurtô Prometeo.

----Sî Dolfopân, que conozco, no tan bien como usted, la presencia de los

sacerdotes en el susodicho bosque, y por habêrmelo revelado mi padre Bo-

le en los tiempos de su majestad Vologeso. Pero sabe usted una cosa? En

Albula se realiza la lustratio, la ceremonia de purificaciôn, mas que no ne-

cesariamente con la presencia del flamen que tenemos aquî en Bedriaco y

que habita en el templo de Jano Quirino; despuês se lo presento.

----Desconocîa que en Albula hacîase la lustratio.

----Sî, pero no se hace con todo el mundo, sôlo con los familiares. Dirîase

mejor que es una ceremonia familiar de purificaciôn, por lo que la ûltima

vez que la hice fue cuando sucumbiô mi madre Lolia Paulina.

----Y cuândo feneciô su madre?

----Hace ya bastante tiempo. Y mire, Dolfopân, esta espada pertenece a su

padre Pandolfo, que como usted debe ya saber, muriô aquî en palacio, moti-

vo por el cual se la doy para que tenga usted un recuerdo de êl.

----Estâ como nueva. Gracias Dido, gracias!!

----Es que acaba de ser bruñida, por eso brilla su metal. Y dîgame Dolfopân:

quiên es el señor que usted trae como reo?

----No, exactamente no es un reo, y su nombre es Evandro de Atella.

----Evandro de Atella?

----Sî!! Por quê pregunta usted?

----Porque segûn me contô el lictor hace ya un evo, es el mismo nombre de

la persona con la que se encontrô en la zona de Omonia con uniforme de y

soldado, y al que calificô de una persona confusa.

----En realidad, Dido, y hasta donde sê, Evandro nunca fue soldado, ni con-

fuso ni claro, aunque sî amigo de un bructero bajo el mando de mi padre.

----No creo que haya dos personas con el mismo nombre, pero igual, que y

para mî carece de relevancia. Y entonces, por quê lo trae usted?

----Porque segûn êl, que le dijo su amigo el bructero, el cazador fue quien

disparô la flecha a mi padre, por lo que yo querîa comprobar si es verdad o

no que dice.

----Dice la verdad, mas sepa usted que el cazador lanzô la flecha porque su

padre me amenazô con esta espada, me puso su punta en la garganta.

----Pero por quê precisamente el cazador, cuando en este palacio sobran los

soldados bâtaros?

----Porque en el preciso momento del suceso el cazador fue testigo visual

de êste, por lo que para defenderme colocô la flecha y soltô la cuerda del

arco. No harîa usted lo mismo en el caso de que su rey estuviese en perni-

cio?

----Nosotros somos una tribu, no tenemos representante mayestâtico.

----Ah no, y quê me dice de Arminio?

----A ver, Dido le explico. Cuando nosotros formamos parte de una alianza

con los queruscos, marsos, catos, sicambrios y caucos Arminio era un lider,

el que derrotô el general romano Publio Quintilio Varo.

----Cambio entonces la pregunta: no hubiere defendido a Arminio de estar y

amenazado por algûn tipo de arma?

----Dido, debo responder a su pregunta?

----De no quererlo no estâ obligado.

----Entonces no quiero.

----De acuerdo, Dolfopân, no hace nada.

----Y de quiên es esa enorme estatua?

----De un Kuros helênico.

----Y quiên la hizo?

----Es una dâdiva enviada desde la ciudad del ocio, y por la misma perso-

na que se encontrô con Evandro de Atella en la zona de Omonia.

----O sea, el lictor.

----Sî Dolfopân, êl mismo.

----Es curioso que en la ciudad del ocio haya un lictor.

----Curioso, y por quê?

----No me haga caso, Dido, pensaba en voz alta.

----Estâ bien!! 

----Dido, y todas estas delicias fueron hechas aquî en la corte?

----Y por un cocinero oriundo de Irlanda. No desea usted probarlas?

----En realidad no estoy muy famêlico, pero sî probarê algunas.

----Pues sîrvase usted, Dolfopân, sîrvase!!

     

           Simultâneamente, y dentro de palacio, el cazador encuêntrase con

el cibiosactes, y en el preciso momento en que êste iba a su cuarto con el

fin de descansar unos minutos en su querida poltrona alejandrina, empero

como sabîa que podîa quedarse sobre el pucho dormido de no tener inter-

cambio de verba con alguien, mas que una sin demasiada complejidad, lo

que esto serîa un mirîfico motivo para que sus ôculos cerrâranseles, pidiô-

le (a)quêl que concomitâralo a su dormitorio. Mas de algo suceder, y pre-

vio a la llegada a la puerta de la habitaciôn del cibiosactes, no fue otra co-

sa  que êsta: el gato Lah corrîa en varias direcciones hasta que finalmente

dejô de hacerlo al posicionarse al lado de la pierna derecha del cazador.

---Ah, mire usted, cazador, hacia unas horas que no lo veîa, que no entra-

ba en la cocina para perseguir al ratôn blanco.

---Cibiosactes, es que seguro estaba asustado por el mal rato que pasô en

los hombros de la estatua del Kuros-----dice el cazador cargando a Lah y

pregunta: opônese usted a que lleve a Lah a su cuarto?

---No hay problema, cazador, que yo soy alejandrino.


       Pero de pasar otra cosa, y cuando el cibiosactes agarrô la manija de

la puerta, fue que êsta no se abrîa; como si tuviese pasado el cerrojo pa-

recîa, algo tanto insôlito como imposible porque de facto êste ni aun en 

la nocturna pasâbase. Tal situaciôn crîptica despertô en su mente la idea

supersticiosa de que los responsables de este enigma eran los lares capi-

les  en funciôn de marranada, algo que no nada tiene que ver definitiva-

mente con êstos por mâs bien ocuparse de la protecciôn pertinente de y

todo el palacio, mas como êl no creîa en ellos por ser alejandrino hacîa

un  viraje de rol, una  transformaciôn representativa que traerîa como y

consecuencia la posibilidad de amplificarle al cazador de que en la se-

de mayestâtica tienen lugar jugarretas inframundanas que pasan de vez

en cuando.

----Jugarretas inframundanas que pasan de vez en cuando? 

----SÎ, cazador, eso!! Sabe usted de aquella voz que escuchô el eunuco

Posides en el salôn de los cristales donde estaban los helechos gigantes

de Lolia Paulina?

----Sî, lo sê! Mas eso no es una jugarreta sino mâs bien una manifesta-

ciôn sonora sin articulaciôn. Pero, cibiosactes, los lares capitales impi-

den que pase algo mâs, no?

----Ni me los mencione que no son de mi agrado, que soy alejandrino.

----Entonces usted sî cree en la captaciôn de los gatos, no?

----En eso sî, cômo no?

----Pues entonces no me parece que lo de la puerta tenga que ver con

cosas del inframundo, porque Lah no da calaña de inquietud. Pero ci-

biosactes, no cree usted que lo de la puerta tenga una soluciôn râpida?

----Cuâl?

----Darle si no una tres patadas y listo.

----Quê va!! De ninguna manera rompo mi puerta.

----No romperâ la puerta sôlo el cerrojo.

----Se me ocurre algo mejor, cazador.

----Que serîa..

----Buscar la escalera que utilizô Argos y entrar por la ventana.

----Y êsta estâ abierta?

----Yo nunca cierro ni puerta ni ventana, cazador.

----Entonces vaya por la escalera, que yo me quedo aquî con Lah.

----Êsta bien, espêreme aquî, frente a la puerta.






















 



 









































 










 

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