A continuaciôn del saludo correspondiente y de mojarse los labios con
un vaso de vino, a pesar de que por ethôs su conspicua bebida es el alquer-
mes, Jancia estira sus brazos para depositar en las manos de Kosmos la dâ-
diva enviada por Sarambo, la que a saber no es otra que un frutero de made-
ra de Junco. Y entonces sin dilaciôn pregunta Sunev:
---Quê, Sarambo regala algo que a êl no le pertenece sino a mî?
---No Sunev. Êste es uno que comprô Sarambo igualito al tuyo.
---Jancia, y por quê Sarambo le regala el frutero a Kosmos?---fisga Dido.
---Kosmos, puedes responder tû la pregunta?---pregunta Jancia.
---Antes de responder quisiera amplificar que Sarambo al parecer tiene una
suntuosa nemôsine, porque ya hace muchitanto de mi ûltima estancia en la
ciudad del ocio, y de que êl fuera testigo ocular de mi contemplaciôn inelu-
dible del frutero...
---Ineludible has dicho, y por quê asî?---indaga Dido.
---Por recordarme al bardo Taliesin.
---Ya puedo saber lo que vas a decir, Kosmos---interrumpe Vercingetôrix.
---Quiên mejor que usted para no desconocerlo?
---Al bardo Taliesin?---pregunta Sunev.
---Escuchen, aberturen bien los oîdos. Segûn una leyenda celta, el bardo su-
sodicho fue encontrado flotando en una cesta de Junco cuando era pequeño.
---Pero, Kosmos, este frutero no es una cesta y una cesta no es un frutero.
---Câspita!! Y acaso, Sunev, tanto êsta como aquêl no tienen la misma made-
ra?
---Ah, entonces no es por cuestiôn de recipientes.
---Que yo sepa no he amplificado esa palabra. Pero saben una rerum?
---Cuâl?---pregunta Dido.
---Que en este recipiente que sostengo con mis manos echarê las manzanas
que metîme en los bolsillos, que si no el pantalôn se me va a caer como si
descendiera por mis piernas como una pompa de jabôn.
---Quê exageredo que eres! Te encanta exagerar [...] engrandecer por tu ma-
gîn---acentûa Dido.
---De tal madera tal trozo de êsta, no?
---Cômo, que yo soy exagerada, verdad?
----Discûlpenme unos minutos, que voy al cuarto a dejar el frutero con las y
manzanas dentro, las que llevarê a mi boca mâs tarde, despuês---dice Kosmos.
---Seguro que vas al cuarto por lo que acabas (de)cir?
---Y despuês dices que no exageras---responde Kosmos y riendo.
---Y dime, Jancia, a quê se debe tu regreso a Bedriaco?---pregunta Dido.
---Es que me enterê de que Dolfopân Colunnecio viene a palacio por cuestio-
nes de averiguar si dice o no la verdad un amigo de uno de los bructeros que
formô parte de la tribu bajo el mando de su padre, y de paso quiero conocer a
Dolfopân...
---Espera, espera. De cuâl verdad se trata?
---De si el cazador disparô la flecha a Pandolfo por motivos de defensa o por
algûn tipo de venganza.
---Por ninguna de las dos cosas, sino mâs bien por cuestiôn de fidelidad hacia
mî. Y tal amigo tû lo viste?
---No, no lo vi, pero viene con êl Dolfopân. Estuve a punto de ver a la tribu
germânica pasar por el frente de la casa, mas desviô su ruta.
---Jancia, y por quê quieres conocer a Dolfopân?---pregunta Sunev.
---Disculpa, Sunev, mas es algo muy personal, muy de mî, de mis adentros.
---Al parecer le gusta a esa nueva formaciôn de la tribu salirse del camino y
meterse por otro---dice Dido que dêjale saber a Jancia: supe por tu diario de
que Pandolfo te regalô un diamante.
----De verdad? Y yo creî que lo habîa perdido. Dido, y dônde estân mis ami-
gas Nausica, Crotonia y Lucila?
----Aûn no participan en el âgape, estarân en su cuarto.
----Me deja usted ir a verlas?
----Naturalmente!!
----Gracias, Dido, una y mil gracias!!
Diez minutos despuês, y arrumbando sus pasos por un pasillo angos-
to por el que llegâbase al cuarto de las âcraticas, Jancia percâtase de que Kos-
mos estaba escuchando algo parado frente a la puerta del cuarto de su esposa,
habitaciôn de dormir que estaba muy cerca de las de aquêllas, lo que traduce,
entonces, que la distancia entre una y la otra ostensiblemente es corta o de y
pocos metros. Mas queriendo saber ella misma quê escuchaba Kosmos, algo
nada nuevo en su forma de ser; o mejor dicho, algo que forma parte indeleble
de su interês expiativo en ocasiones concretas o en situaciones especîficas de
comunicaciôn o proyecciôn humanas-----habrîa que recordar del caso de Pri-
xeletes en el baño de la kosmona mirado por êsta con prismâticos---, con de-
terminada pericia acêrcase a Kosmos, y una vez a medio metro a la zaga de
êl muy claramente oye lo que decîale Rubria a Nausica:
----Si tu estatuilla es la del înclito de Îtaca; la mîa es la de un fauno.
Y de sopetôn Kosmos vîrase al sentir un ligero ruido detrâs de êl y dîcele
a Jancia:
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que si ya no supiera
que habîas llegado te hubiese creîdo un fantasma de los mâs silenciosos que
deja pasar el ectoplasma,
---Ectoplasma? De quê hablas?
---Olvîdalo!! Me voy a mi cuarto.
---Al tuyo? Y acaso no es êste?
---Rubria y yo dormimos separados, no roncamos juntos.
---Cosa de ustedes que ya son mayorcitos.
---Êsa es la res, êsa!!
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