Sonntag, 9. April 2023

1119, 60.

       A continuaciôn del saludo correspondiente y de mojarse los labios con 

un vaso de vino, a pesar de que por ethôs su conspicua bebida es el alquer-

mes, Jancia estira sus brazos para depositar en las manos de Kosmos la dâ-

diva enviada por Sarambo, la que a saber no es otra que un frutero de made-

ra de Junco. Y entonces sin dilaciôn pregunta Sunev:

---Quê, Sarambo regala algo que a êl no le pertenece sino a mî?

---No Sunev. Êste es uno que comprô Sarambo igualito al tuyo.

---Jancia, y por quê Sarambo le regala el frutero a Kosmos?---fisga Dido.

---Kosmos, puedes responder tû la pregunta?---pregunta Jancia.

---Antes de responder quisiera amplificar que Sarambo al parecer tiene una

suntuosa nemôsine, porque ya hace muchitanto de mi ûltima estancia en la

ciudad del ocio, y de que êl fuera testigo ocular de mi contemplaciôn inelu-

dible del frutero...

---Ineludible has dicho, y por quê asî?---indaga Dido.

---Por recordarme al bardo Taliesin.

---Ya puedo saber lo que vas a decir, Kosmos---interrumpe Vercingetôrix.

---Quiên mejor que usted para no desconocerlo?

---Al bardo Taliesin?---pregunta Sunev.

---Escuchen, aberturen bien los oîdos. Segûn una leyenda celta, el bardo su-

sodicho fue encontrado flotando en una cesta de Junco cuando era pequeño.

---Pero, Kosmos, este frutero no es una cesta y una cesta no es un frutero.

---Câspita!! Y acaso, Sunev, tanto êsta como aquêl no tienen la misma made-

ra?

---Ah, entonces no es por cuestiôn de recipientes.

---Que yo sepa no he amplificado esa palabra. Pero saben una rerum?

---Cuâl?---pregunta Dido.

---Que en este recipiente que sostengo con mis manos echarê las manzanas

que metîme en los bolsillos, que si no el pantalôn se me va a caer como si

descendiera por mis piernas como una pompa de jabôn.

---Quê exageredo que eres! Te encanta exagerar [...] engrandecer por tu ma-

gîn---acentûa Dido.

---De tal madera tal trozo de êsta, no?

---Cômo, que yo soy exagerada, verdad?

----Discûlpenme unos minutos, que voy al cuarto a dejar el frutero con las y

manzanas dentro, las que llevarê a mi boca mâs tarde, despuês---dice Kosmos.

---Seguro que vas al cuarto por lo que acabas (de)cir?

---Y despuês dices que no exageras---responde Kosmos y riendo.

---Y dime, Jancia, a quê se debe tu regreso a Bedriaco?---pregunta Dido.

---Es que me enterê de que Dolfopân Colunnecio viene a palacio por cuestio-

nes de averiguar si dice o no la verdad un amigo de uno de los bructeros que

formô parte de la tribu bajo el mando de su padre, y de paso quiero conocer a

Dolfopân...

---Espera, espera. De cuâl verdad se trata?

---De si el cazador disparô la flecha a Pandolfo por motivos de defensa o por

algûn tipo de venganza.

---Por ninguna de las dos cosas, sino mâs bien por cuestiôn de fidelidad hacia

mî. Y tal amigo tû lo viste?

---No, no lo vi, pero viene con êl Dolfopân. Estuve a punto de ver a la tribu

germânica pasar por el frente de la casa, mas desviô su ruta.

---Jancia, y por quê quieres conocer a Dolfopân?---pregunta Sunev.

---Disculpa, Sunev, mas es algo muy personal, muy de mî, de mis adentros.

---Al parecer le gusta a esa nueva formaciôn de la tribu salirse del camino y

meterse por otro---dice Dido que dêjale saber a Jancia: supe por tu diario de

que Pandolfo te regalô un diamante.

----De verdad? Y yo creî que lo habîa perdido. Dido, y dônde estân mis ami-

gas Nausica, Crotonia y Lucila?

----Aûn no participan en el âgape, estarân en su cuarto.

----Me deja usted ir a verlas?

----Naturalmente!! 

----Gracias, Dido, una y mil gracias!!


           Diez minutos despuês, y arrumbando sus pasos por un pasillo angos-

to por el que llegâbase al cuarto de las âcraticas, Jancia percâtase de que Kos-

mos estaba escuchando algo parado frente a la puerta del cuarto de su esposa,

habitaciôn de dormir que estaba muy cerca de las de aquêllas, lo que traduce,

entonces, que la distancia entre una y la otra ostensiblemente es corta o de y

pocos metros. Mas queriendo saber ella misma quê escuchaba Kosmos, algo

nada nuevo en su forma de ser; o mejor dicho, algo que forma parte indeleble

de su interês expiativo en ocasiones concretas o en situaciones especîficas de

comunicaciôn o proyecciôn humanas-----habrîa que recordar del caso de Pri-

xeletes en el baño de la kosmona mirado por êsta con prismâticos---, con de-

terminada  pericia acêrcase a Kosmos, y una vez a medio metro a la zaga de

êl muy claramente oye lo que decîale Rubria a Nausica:

----Si tu estatuilla es la del înclito de Îtaca; la mîa es la de un fauno.

      Y de sopetôn Kosmos vîrase al sentir un ligero ruido detrâs de êl y dîcele

a Jancia:

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que si ya no supiera

que habîas llegado te hubiese creîdo un fantasma de los mâs silenciosos que

deja pasar el ectoplasma,

---Ectoplasma? De quê hablas?

---Olvîdalo!! Me voy a mi cuarto.

---Al tuyo? Y acaso no es êste?

---Rubria y yo dormimos separados, no roncamos juntos.

---Cosa de ustedes que ya son mayorcitos.

---Êsa es la res, êsa!!












 







































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