Dos hora antes, y por la razôn concreta de ambos carecer de sueño,
Ateriana y Kôs entraron en el cuarto del cibiosactes. No hacîa mucho que
Kôs habîale echado un vistazo a la habitaciôn de êste, por lo que de extra-
ñar no era que supiese de las dîsimiles antiguallas que la ornamentaban y
de los tres baûles que ocupaban espacio, que llenaban êste posicionados
uno al lado del otro y por orden de tamaño. Êstos, sobre todo, fueron y el
motivo por el cual êl ya habîa empezado a maquinar la idea de algûn dîa
abrirlos con el têlos de escrutar las posibles cosas metidas en sus capaci-
dades, lo que a su vez resultarîa de gran entretenimiento en el caso de no
estar cerrados, aunque si de tener que buscarse la llave serîa tambiên una
tempestiva diversiôn en el momento oportuno y con la compañîa adecua-
da. Previo a la abertura de los baûles, y algo por cierto sensato para clara-
mente eludir el no ser cogidos in fraganti, Ateriana ocûpase de cerrar por
dentro la puerta. A continuaciôn intentan abrir la tapa del bâul mâs grande
de los tres, mas como pesaba tanto fue imposible, ademâs de ser la ûnica
que no tenîa candado largo. Tal imposibilidad causô el desinterês por este
bâul, por lo que entonces ambos ocûpanse de la actividad de buscar la lla-
ve de los otros dos baûles, del mediano y del pequeño. A su vez que hacî-
anlo, y si Kôs por una parte de la habitaciôn; por la otra, Ateriana, a pesar
de no ser tan grande el cuarto, olîan el humillo proveniente de un incienso
relajante, y el que utilizaba el cibiosactes para quedarse dormido. Como y
consecuencia de lo anterior empezaron ambos a sentirse con sueño, al que
entregâronse sin resistencia alguna, sin negatividad por capricho trece mi-
nutos despuês. Y en fin, que fue dador de lo que carecîan los dos unos pa-
lillos erigidos.
Al despertarse los durmientes, y sin saber el tiempo que habîan dor-
mido, lo primero que hace Ateriana es quitar el cerrojo de la puerta, a lo
que sigue el decir de Kôs de que ya no tenîa ganas de continuar con la y
bûsqueda de la llave, algo con lo que estuvo totalmente de acuerdo aquê-
lla. Mas en lo que ambos arreglaban la cama no pudieron eludir el susto
que les dio el cazador, y debido a que êste abriô la puerta y penetrô sûbi-
to en el cuarto, ademâs que amplicando las siguientes palabras:
---Salgan lo mâs râpido posible de aquî, que el cibiosactes no demorarâ
mucho en entrar por la ventana con la ayuda de la escalera.
---Cazador, no hicimos nada malo, pero yo pasê el cerrojo y por culpa de
ese incienso nos entrô sueño. Y cômo usted sabîa que estâbamos aquî?
----No lo sabîa, Ateriana, sôlo esperaba a que el cibiosactes abriera y la
puerta, porque en eso quedamos.
----Y el cibiosactes sospecha algo?
----Ni se lo imagina. Mas sî se dio cuenta de que estaba la puerta cerrada
por dentro.
----Y por quê fue en busca de la escalera?
----Deja de hacer preguntas, Ateriana, y acâbanse de ir los dos de aquî.
----Me da a Lah, cazador, me lo sigue prestando?
----Sî!! Pero cârgalo con cuidado, que se quedô dormido.
----Cazador, y le dirâ usted al cibiosactes que estâbamos aquî adentro?
----No, Kôs, no dirê nada.
----Y quê le dirâ de la puerta?
----Ya verê que invento. Pero acâbense de ir, vâyanse!!
----Vâmonos, Kôs, vâmonos!!---afirma Ateriana.
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