(una hora despuês)
Enfatizaba el didâscalos filôsofico, mas seguido a una breve perîstasis
de la que valiôse Kosmos para ampular su discurso improvisado, que lo que
sâbese bien no necesita ninguna ornamentaciôn, la que mejor encaja en otras
cosas mâs dependientes del magîn porque tienen un rol en el escenario y del
mundo de jaez decorativo, lo que dilucida el hecho de un cambio de posiciôn
o de lugar a partir de lo que la imaginaciôn produce y en funciôn de un movi-
miento que crêese fundamental, mas que en realidad de lo que trâtase es y de
una ilusiôn que la conciencia temperaturiza y el ipsum permite, dos elemen-
tos o componentes que de facto no pueden separarse, lo que traduce que asî,
como tal son compatibles.
Kosmos, encantado con las anteriores palabras, revelaba que su perîs-
tasis respondîa mâs bien a una cuestiôn minoritaria, lo que significa que si
acaso un "sin embargo" no pasaba de ser un mecanismo de reducciôn, que
si no de apocamiento en funciôn de lo noumênico, el que asimismo queda
disminuido al separarse de una expresiôn o de un decir con muchitanta mâs
amplitud, o con mas rimbombancia, mas no en el caso de salir a relucir y al
raso sino que mâs bien o entre columnas o entre paredes concretamente eri-
gidas para un fin determinado, por lo que no es de extrañar que pudieran te-
ner rajaduras por las que la verba saldrîa hasta llegar al oîdo de un controla-
dor bien pagado, y por lo mismo comprado por la nequicia de un sistema y
que apellîdase despôtico por mor de la sûmula compulsiva de caprichos si-
mulados, de rescoldos y espejismos por extensiôn repetidos, aun sacada la
cuenta de que los tiempos no son los mismos como tampoco parecidas las
formas de hurguetear las tendencias de un colectivo, que por supuesto y en
puesto ornamenta por lo impuesto o lo vedado.
Empero Vercingetôrix, que por cuestiones especîficas no saca a puesto
to, a colocaciôn la fundamentaciôn propicia con la que pudieran los interlo-
cutores entender el porquê de su preferencia por el "lo sê bien", deja saber
que cuando êl estuvo al mando de los guerreros mâs salvajes y siempre dis-
puestos a dar un paso al frente, aunque asimismo los mâs convencidos y de
que el honor no necesita ningûn tipo de recompensa, engatusamiento com-
prometido y premio, porque al esperar estas cosas los combatientes en vez
de luchar por una causa justa entran en liza por un interês o un determina-
do beneficio, que si no por el privilegio que causa un darse postîn, jugaba
un tremendîsimo rol el aspecto cognitivo, y no sôlo del cômo lograr el de-
bilitamiento de los luchadores oponentes al causarles raudas bajas, sino y
que tambiên haciêndoles creer que la sûmula de guerreros era mucho mâs
grande que la real, algo que trae como consecuencia un despliegue de las
huestes, y al que sigue una exhibiciôn provechosa de los medios estratêgi-
cos, algo relevante allende que funcional, ya que a partir de la muestra se
conoce lo menester para hacer el plan de ataque; si por la izquierda o por
la derecha en el caso de que los lanzadores de flecha estên en el centro; si
por el medio, si êstos estân en ambas partes susodichas, lo que en realidad
sucede contadas veces.
---Câspita Vercingetôrix!!, que usted ha terminado su discurso, y con su
culminaciôn ha llegado la tribu germânica---dice Kosmos.
---Vaya causalidad!! Aparecieron los guerreros, los bructeros!!
---Pero no hemos terminado con la polêmica en curso---dice el didâscalos
filosôfico.
---Punto a la raya y que continûe la letra?
---Kosmos, que ya esperaba tal pregunta.
---Entonces, seguimos?---pregunta Vercingetôrix.
---Despuês del recibimiento, para que no estê de jeta Dolfopân---dice Kos-
mos.
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