Sobre el pucho por lo que comunîcale el capitân orcivo, y por lo que
habîa quedado con Atabân y Flacius Ilyricus, Pandolfo Colunnecio barrûn-
tale a êstos de la llegada de su hijo a la corte de su majestad Dido, y en la
que celebrâbase un banquete caracterizado por la a fanegadas tanto de vino
como de comida, y en el que participaban cuasi toda la familia de la reina y
los compinches mâs cercanos a êsta, amên que los contertulios de la celebê-
rrima instituciôn: la Kosmona. Asimismo dêjale saber a los presentes oyen-
tes de que Dolfopân traîa con êl a un tal Evandro de Atella, un antiguo ami-
go de uno de los bructeros que ya forma parte de este sistema, y quien supo
por êste quiên me disparô la flecha el dîa de mi primera y ûltima cena en el
palacio.
Pero como al parecer lo anterior dicho engendrô una rauda resonancia
cia, el bructero susodicho presêntase como un disciplinado guerrero, saluda
a Pandolfo Colunnecio como si aûn estuviera preparado para el combate, a
pesar de ya carecer de las armas pertinentes mas que no olvidadas, y sin di-
laciôn dice:
----Mi fiel y senil amigo Evandro de Atella, el oriundo de la ciudad de las
danzas, y como tal excelente bailador; con êl pasê muy buenos momentos,
y sobre todo en la zona de Omonia.
----La zona de Omonia!! La conozco tan bien que pudiera recorrerla con
los ojos cerrados; en ella conocî a la que ya sê que es la madre de mi hijo
Dolfopân: Florentina: la carrusiana mâs bella, despuês de la presente por
aquî Circe, que trabaja en uno de los lupanares famosîsimos de esta zona
descollante---dice Pandolfo Colunnecio.
----Desconocîa que usted tenîa un hijo, Paldolfo---dice el bructero.
----Y yo tambiên no lo sabîa. Me fui del primer sistema a causa de un fle-
chazo del cazador ignorando completamente que Florentina habîa parido,
que yo la embaracê.
----Pandolfo, pero no acaba (de)cir usted que conociô a la que ya sabe y
que es la madre de su hijo?
----Asî es!! Pero lo supe aquî, y no hace mucho.
----Puêdese creer porque aquî todo es posible. Pero lo que no entiendo es
una cosa. Quê pretende llevando consigo su hijo a Evandro, el que nada y
tiene que ver con la tribu? Solamente por saber, porque yo le dije, de que
fue el cazador quiên le tirô la flecha a usted?
----La pretensiôn no la sê porque no me la revelô el capitân orcivo.
----No cree usted que sea por cuestiôn de venganza?
----Ya dije no hace mucho que no creo que trâtese de eso.
----Pero si usted ni conociô a su hijo...
----Quê usted quiere decir con eso?
----Que al desconocerlo cômo puede conocer el modus operantis que sue-
le utilizar su hijo en dependencia del caso.
----La venganza, como tal, no es un modus operantis.
----Ah no? Y quê es, entonces? Mire que usted nos enseño, como bructeros,
quê es un modus operantis.
----Usted estâ confundiendo las cosas para tener razôn.
----Ex-jefe y subordinado, que entrar en discusiôn no tiene sentido ya donde
estamos, que mâs bien es relevante estar en paz---dice Atabân.
----Ya luchamos bastante, asimimismo que discutimos, por lo que ya es me-
nester conversar como entidades apacibles---considera Flacius Ilyricus.
----Respecto a lo manso yo tengo mis dudas---dice el bructero.
----De nada sirve que las tenga, mas si quiere tenerlas têngalas, que otra co-
sa pudiera decirle, que usted como que no desea ser manso.
----Ser manso es ser justo, ademâs---suelta Flacius Ilyricus.
----Quiên dijo eso, Flacius?---pregunta el bructero.
----Un cartel que cuelga en la entrada de la Kosmona.
----Y cômo usted lo sabe si jamâs fue contertulio?
----Porque me lo dijo Vercingetôrix, un senecto luchador que yo conocî.
----Concretamente lo que dice el cartel es lo siguiente: los justos son man-
sos.
----Y usted, Pandolfo, por quiên lo supo?---indaga Flacius Ilyricus.
----Porque yo pasê por la Kosmona antes de llegar con la tribu a palacio. El
cartel es tan grande que puede leerse a distancia.
----Pero saben ustedes lo viejîsima que es es frase, la que no pertenece y a
ninguno de los contertulios?
----Y de quiên es, Atabân?---pregunta el bructero.
----No recuerdo el nombre del artîfice que la escribiô.
----Artîfice? No sabîa que le gustaban a usted los libros, Atabân.
----No por hermanos sabemos todo de nosotros
----Verdad, es cierto.
----Y ustedes creen que, tomando en cuenta eso de que aquî todo es posible,
de que si hablamos con Casandra para hacer un banquete diga que sî, no se
oponga?---pregunta el bructero.
----Te dejamos que le preguntes tû: de acuerdo?---pregunta Flacius Ilyricus.
----No hay problema, le pregunto.
----Y quê hacemos ahora?----pregunta Pandolfo Colunnecio.
----Hacer?---pregunta Atabân.
----Sî!!
----Pues nada, que ya estamos en el vacîo, en la nada.
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