Ni miembros alterados ni visualizaciôn infinita por la representaciôn
mental de una mîmesis concreta, mas el caso es que los contertulios Temî-
gânes, Asonis y Perrasiestes quedaron extâticos al observar de cerca a Jan-
cia, la que despuês de hablar con sus amigas âcraticas regresô contentona
al âgape, que si no con una jovialidad descollante proyectada en su joven
semblante. Si de tener en cuenta que la candidez para los contertulios ja-
mâs es despreciada como perîstasis fundamental para ensalzar la pureza,
aunque ora no sea tema sino mâs bien una atracciôn con la que beneficio-
samente estimularîan a sus ojos, el ampo de la piel de Jancia no quedô y
fuera de la observaciôn, y el que por analogîa tenîa semejanza con el del
argent blanc, segûn Temîganes de Alejandrîa, similitud que exagerada re-
sultôle a Asonis, Mas en lo que Jancia era observada, lo que sabîa empe-
ro hizôse la tonta, Evandro de Atella viene y le dice a êsta:
---Dolfopân no estâ en desacuerdo en que lo quieras conocer, por lo que
me mandô a buscarte, algo que no cumplo como un edicto, que quede y
claro.
---Y cômo êl sabîa que yo querîa conocerlo?
---Eso no lo sê Jancia, lo ignoro del todo. Vienes o no?
---Sî sî!! Vamos.
----Y dime Jancia: quiênes son los que te estân mirando hace rato?
----Señor, yo soy Temîganes de Alejandrîa.
----Yo Perrasiestes.
----Asonis es mi nombre.
----Gracias por la presentaciôn gratuita!! Me llamo Evandro de Atella. En-
cantado de conocerlos.
----Encantado, seguro?---pregunta Temîganes de Alejandrîa.
----Vamos, Evandro, que si usted le responde va a tener conversaciôn por
largo rato, Los contertulios no paran de hablar---deja saber Jancia.
----En la Kosmona sî; aquî, no---dice Asonis.
----Y risa de Temîganes y de Perrasiestes.
Unos minutos despuês, y parada frente a Dolfopân Colunnecio, des-
pertôsele una fantasîa a Jancia de jaez lujuriosa: que abrazaba a êste y en-
caramâbasele encima cruzando las piernas en su cintura, facultad de ima-
ginar que dirîmese a raîz de aquêl hacer la siguiente pregunta:
----Cuâl es la justa y especîfica razôn por la que quieres conocerme?
----Porque usted se parece muchîsimo a su padre, del cual me enamorê a
primera vista, aunque êl tambiên de mî, por eso me regalô un diamante.
----Que mi padre te regalo eso, y de dônde lo sacô?, porque segûn mi ma-
dre, Florentina, êl no tenîa mucho dinero.
----Eso no lo sê, Dolfopân, lo ignoro del todo. Pero es tan importante para
usted saber de dônde lo sacô?
----No!! Importante no, sino sôlo por saberlo. Y aûn tienes el diamante?
----No!! Lo vendî y con el dinero que me dieron ayudo a pagar el alquiler
a Sarambo.
----Sarambo, el de la taberna de la ciudad del ocio?
----Sî! Y usted lo conoce?
----Sôlo lo vi en la taberna. Y el contrato de la casa estâ a nombre de êl?
----No!! La casa es de Sunev, a la que le pertenece por herencia. Y antes
de que pregunte, Sunev es la novia de Kosmithôs, el nieto de la reina e
hijo de Kosmos.
----Bueno, en realidad yo no estoy interesado en saber quiên es ni Sunev
ni kosmithôs, mas sî en que me hables un poco de ti.
----Mi nombre ya usted lo sabe. Soy una âcratica que vino para Bedriaco
al desaparecer la însula de Ahpros a causa de unas olas ingentes; y vine,
ademâs, nadando con mis amîgas desde allî hasta aquî. Estuve un tiempo
viviendo con êstas aquî en palacio, y actualmente resido en la ciudad del
ocio....
----Disculpa que te interrumpa, mas en esa isla no era donde habîan sola-
mente fêminas que andaban desnudas?
----La misma, y la desnudez se debe a que todo el año hacîa un calor tre-
mendo, el que como tal con ropas era insoportable.
----Y el agua que rodeaba a la însula no resultaba algo de alivio?
----No era lo suficientemente frîa como para dejar alivio alguno.
----Y el viento quê?
----Venîa de Âfrica la mayorîa de las veces, y como tal no embrisaba be-
neficiosamente el cuerpo.
----En realidad yo no estuve jamâs en esa însula, aunque sî varîas veces
escuchê hablar de ella. Pero, Jancia, y se quedaban desnudas las fêminas
al llegar a la însula visitantes masculinos?
----Sî Dolfopân, eso no era un problema para nosotras, que de todas ma-
neras quê hombre no ha visto a una mujer desnuda.
----SÎ ya sê, mas aun asî...
----Nada de aun asî, nada de eso, que nosotras vivîamos sin moral de nin-
gûn tipo, sin convenciones a partir de un reglamento social. Sabe usted lo
que es la acracia?
----No!! Quê es?
----Lo que estâ en desacuerdo con la autoridad.
----Encaja, por lo que me cuentas, esa palabrita en esa locaciôn insular.
----En la que fue locaciôn.
----Sî, eso! Y dime, Jancia: no deseas tomar un vasito de vino mezclado?
----De acuerdo!! Pero sôlo medio vaso, que lo que de verdad bebemos no-
sotras las âcraticas es un licor que se llama alquermes.
----Estâ bien, sôlo medio vaso. Mira, aquî estâ. Y por quê brindamos?
----Por el inicio de nuestra amistad.
----Pues brindemos por eso!!
Mas en lo que êstos brindaban, y no ya tan cerca, Temîganes de Ale-
jandrîa dîcele a Perrasiestes y a Asonis:
----Como que Jancia cuasi que empieza bien a desarrollar su objetivo.
----O que su objetivo bien que a desarrollarse empieza---dice Asonis.
----Estân diciendo lo mismo pero de manera diferente.
----Sabes quê, Perrasiestes, me parece que la instituciôn ya estâ arraigada
en nosotros---dice Temîganes de Alejandrîa.
----Te parece, Temîganes? Yo estoy seguro.
----Eso de estar seguro o no a mî no me convence mucho.
----Y de que no te convenza mucho estâs seguro o te parece?
----Perrasiestes, cômo si no me convence me va a parecer o seguro es-
tar?
----A mî sî que me parece que debemos tambiên brindar, que si no termina-
remos como en la Kosmona: sacando lascas y ajustando beneficios.
----Pero nosotros sî que con el vaso completo---suelta Asonis.
----Ven acâ, y quê tiene que ver ahora eso?
----Temîganes, que yo sê lo que digo y su porquê.
----Brindamos entonces?---pregunta Perrasiestes de Mocarês.
----Hagâmoslo!!---afirma Asonis.
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