Dienstag, 28. November 2023

El mundo despuês de los mundos (12)

          Exento tanto de duda como de sospecha [que todo tiene un motivo, un

porquê, una razôn o una causa], Aristarco no pudo eludir la atracciôn que no

apellîdase fatal del aroma del humulus lupulus, allende que el primero de no-

sotros que sintiô en su nariz la fragancia de la planta y de acercarse a êsta, lo

que es mâs revelante para ampular un ocasional anâlisis que la cuestiôn espe-

cîfica y en lo atinente a su neutralidad. En realidad serîa un anâlisis que ser-

virîame para mantener el bullir de un conocimiento complejo, de uno con su

incunabula en algûn periodo arcaico mas que en la actualidad expuesto cuasi

totalmente al desdên de los catedrâticos, porque al creer cosas que a ellos les

conviene lo que resûltales preponderante es otra cosa muy disîmil y al servi-

cio de una planificaciôn imperativa, 

---Kosmos, en quê tû estâs pensando?

         De yo responderle a Cratino el bullir de un conocimiento complejo de-

jarîa de ser solamente para mî, lo que justifica el hecho de mentirle con estas

palabras:

----Cratino, yo no estoy pensando, sino viendo cômo Aristarco acercâse a la

planta, disminuye la distancia que lo separa de ella.

----Verdad, kosmos, verdad? Estâ bien.

----Câspita Cratino!! Cômo tû crees que mentirîate a ti, mi senil compinche

del pre?

----Precisamente por eso me pudieras hacer creer que no me mientes.

----Cratino, yo sê que eres un gran lector.

----Kosmos, que el excurso, como estrategia, engendra un corte en el pensa-

miento del interlocutor.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Quê libro êstas le-

yendo?

----No en singular sino en plural: varios de Nietzsche!

----No digo yo cômo no vas a sacar a puesto un conocimiento mayor.

----Dejen el diâlogo y escuchen lo que estâ diciendo Aristarco--pide Aspa-

sia.

        Con la escucha pudimos oîr lo siguiente: esta planta me toca, me abra-

za, me aprieta como tentâculos de pulpo, motivo por el cual pudiêrase pen-

sar  que alguna  fantasîa estaba pasando por la testa de Aristarco, que si no

que el efecto de la dadorîa de Baco estaba en pleno desarrollo, dominando

al bebedor con mîmesis cupidosas.

---Y eso que ya estaba mejor del mareo---dice Cratino.

---El mareo es solamente el principio del efecto.

        Totalmente yo de acuerdo con lo que ha dicho Aspasia.

---El mareo es lo primero; despuês, la fiesta.

---Ah, Kosmos, fiesta es una palabrita muy de tu gusto---dice Aspasia.

---No existe otra mâs adecuada para justificar la jovialidad desmedida del

hombre.

---Por eso es que al hombre le gusta la fiesta?---pregunta Cratino.

---Cratino, yo preguntarîa otra cosa---dice Aspasia.

---Cuâl serîa la pregunta?

---Por eso es que el hombre tiene juego por estar en la fiesta?

---Pero, Aspasia, esta pregunta limita, porque un juego no es sôlo posible 

con fiesta.

            A continuaciôn de estas palabras somos testigos visuales de cômo

Aristarco quîtase la ropa y tîrase encima del lûpulo, motivo por el cual dî-

ceme Aspasia:

---Kosmos, o por fantasîa o por efecto de la dadorîa de Baco, pero lo cier-

to es que Aristarco goza en este momento que pudiera ser o sui generis o

irrepetible.

---Aspasia, ya escuchamos lo que êl dijo hace no mucho, no?

---Que la planta lo tocaba, lo abrazaba y apretaba como tentâculos de pul-

po.

---Êsa es la res, esa!!

---Insôlito lo que puede hacer o la fantasia o un efecto---dice Cratino.

---Tal vez es un juego que no es sôlo posible con fiesta.

---Aspasia, estâs repitiendo mis palabras, cômo no reconocerlas?

---Cratino, en este mundo no existen cosas insôlitas, si acaso no las cono-

cemos, nos quedan lejos de nuestro saber.

---Yo no estoy de acuerdo con que no existan, pero sabes quê? 

---Quê Cratino, quê?

---Que no estoy para discutir contigo, que lo tuyo es el chelo y no otra co-

sa.

       Yo entonces intervengo para que no formârase lo desagradable en una

nocturna tan agradable, con especioso plenilunio y hasta con aullido de lo-

bo.

---A ver, a ver, a ver, dêjense de morallas los dos, que si estamos aquî es

para no pasarla mal, para divertirnos o para llegar al culmen de algo.

----Kosmos, para llegar al culmen de algo? Quê tû quieres decir con eso?

Al culmen de quê?

---Aspasia, deja que la cosa penetre, hûndase en el orificio y llegue pro-

fundo. 

----Que entonces brincaremos como el salto de un sapo en una hoja de

malanga. Quê tû crees, Kosmos?

----Câspita Cratino!! Vaya pregunta: tremenda!!

----Y dônde estâ Aristarco, dônde?---pregunta Aspasia.

----No puede estar muy lejos porque estâ desnudo. Vamos a buscarlo. Y

kosmos, me prestas tu linterna?

----Quê, vas al frente del batallôn?

----Del batallôn? Verdad, Kosmos, verdad, si sôlo somos tres?

----Aspasia, se nota que no conoces a Kosmos---dice Cratino.

----Mira, no te voy a responder, asî que busquemos a Aristarco.


















































 











Samstag, 25. November 2023

El mundo despuês de los mundos (11)

      Una hora despuês, y seguido a vaciar la tercera botella, nos acostamos

los cuatro boca arriba, posiciôn horizontal ideal para contemplar las estre-

llas. El lobo no aullô mâs durante este tiempo, empero aun asî Aspasia de

vez en cuando recordâbanos que no deberîamos quedarnos dormidos, que

tuviêramos  bajo control el deseo de cerrar los ôculos, que a la postre y al

cabo las imagos eyectadas por Morfeo no duran mucho y, como tal, son y

de jaez efîmeras. Estas palabras diêronle pâbulo a Cratino para hacerle es-

ta pregunta:

---Aspasia, y que no duren mucho quiere decir que no puedan ser recorda-

dadas?

---Tu pregunta revela la importancia que le das al recuerdo, no? 

---Y recordar no es volver a vivir?

---Aristarco, y a sufrir tambiên, ademâs que por algo que ya no puede ser 

cambiado---dice Aspasia.

---Aspasia, no se trata de importancia sino de otra cosa.

---A ver, cuâl, Cratino, dime la cosa otra cuâl es.

---Es igual, no tiene importancia esa cosa.

---Ustedes no sienten un aroma agradable?---pregunta Aristarco.

---Kosmos, Aristarco estâ como el mago hiperôsmico de tu novela.

        Yo recuêrdole a Cratino que Manes de Nicôpolis padecîa de un tras-

torno caracterizado por la exagerada capacidad de percibir olores, una di-

ferencia  mayûscula con el aroma que siente Aristarco, y proveniente del

humulus lupulus, amên que cercano.

 ---Entonces, Kosmos, tû lo sientes tambiên?

----Êsa es la res, Aristarco, êsa!!

----Yo lo estoy empezando a sentir ahora.

----Cômo que ahora, Cratino, si tu limpiaste tu zapato con las hojas de la

planta?

----Aspasia, si lo siento ahora no es que no lo sentî antes?

----Pues saben quê? Parece que tengo la nariz tupida---dice Aspasia.

----Prueba tu nariz acercândote a la planta---dice Cratino.

----Acercarme a la planta? Quê va!! De aquî no me muevo.

----Lo dices por el lobo, Aspasia?

----Por eso, Aristarco, por êl mismo. Y si estâ escondido detrâs de la plan-

ta?

----Contra, Aspasia, sin tomar vino estâs paranoica.

----Piensa tû lo que quieras, pero de aquî no me voy.

----Kosmos, ese mago hiperôsmico no fue el primer propietario de la ta-

berna de la ciudad del ocio, si mal no recuerdo?

----Correcto, Cratino, mas cuando fue su propietario aûn desconocîa su

trastorno; lo descubre mâs tarde, descubrimiento que fue la razôn de que

êl vendiêrale la taberna al copero, el segundo propietario del local.

----De lo que leî de tu novela hay dos propietarios mâs: Anaxîmetro de

Apolonia y Sarambo.

----Sî!! Pero Sarambo no es exactamente un propietario, sino que mâs

bien alguien que alquilôle la taberna al copero.

----La ciudad del ocio! Verdad que hay una ciudad asî?

----Aristarco, Apragôpolis quiere decir la ciudad del ocio.

----Gracias, Cratino, por informarme.

----Me gusta eso de la ciudad del ocio---dice Aspasia.

----Lo semejante se atrae!!---afirma Cratino.

----Lo semejante? Cratino, que no soy ociosa, asî que semejanza ningu-

na, y deja el garbo que tû ni tan siquiera me conoces.

        Empero a pesar de haber dicho que las imagos de Morfeo no duran

mucho, lo que traduce que son efîmeras, Aspasia contôme un onîrico te-

nido con un mêdico que pinchôle las nalgas suavemente con la punta de 

una  aguja. Cuando yo le preguntê si reprimiôse alguna, igual por el mo-

tivo que fuese, el deseo de encontrar deleite con una aguja, ella contôme

que una vez su progenitor la sorprendiô en el baño con un utensilio hora-

dante, y que  a partir de ese dîa pagôle a un cerrajero para que pusiera en

la puerta de su consulta tres cerrojos, extrema seguridad que impidiôle el

acceso a la susodicha consulta, y como tal tuvo que olvidarse de las agu-

jas  que robâbase, y aunque en la farmacîa vendîanse agujas sôlo podîan

comprarse con receta mêdica. Seguido a su contar hîzome la pregunta si-

guiente:

---Tû crees, Kosmos, que yo estê mal de la cabeza, y que necesito una 

ayuda profesional, o sea, la de un psicôlogo?

---Yo no creo que trâtese ni de bien ni de mal, sino mâs bien de la frui-

ciôn que cada cual necesita a partir de las exigencias del sî mismo, que

si no de acuerdo con la propia naturaleza, la esencia que pide y manda.

---Me gusta hablar contigo porque sabes, dominas ciertas cosas que les

quedan muy ajenas a otras personas.

---Es cuestiôn de repasos, estudios, monografîas concretas sobre un te-

ma determinado.

---Kosmos, y en tu novela...

--- Me vas a preguntar si hay algûn personaje que encuentre placer de

la forma parecida a la tuya?

---Sî Kosmos, eso te iba a preguntar.

---No. En mi novela la satisfacciôn, el deseo y la fruiciôn de algunos

personajes son totalmente diferentes. Verbi gratia, Rubria tiene una es-

tatuilla de un fauno que mêtese entre las piernas.

---Eso de la estatuilla en cuâl parte de la novela esta?

---En la cuarta.

---Y esa estatuilla no funciona como un sîmbolo del amor?

---Êsa es la res, Aspasia, esa!!

---De cuâl sîmbolo del amor ustedes hablan?---pregunta Cratino.

---Cratino, êsta es una conversa entre Kosmos y yo, asî que no metas

o quieras saber lo que no te importa.

---Quê pesada que eres, pesadîsima!!

---Cratino, soy como soy, no puedo ser de otra manera.

              Al levantarse Aristarco del suelo tan raudamente, pensê yo que

le dirîa a Aspasia algo, que agregarîa otro adjetivo, uno mâs, mas a con-

tinuaciôn de estirarse el pantalôn, de quitarse las hierbas a êste pegadas    

dêjanos saber lo que iba a hacer: acercarse al lûpulo. Y entonces pregûn-

tame Aspasia:

---Kosmos, tû no crees que Aristarco sea neutral?

---Aspasia, yo esperarîa un poco mâs para decir de la parte que êsta, por-

que cuasi que acabo de conocerlo.

----Pura sensatez, que yo no puedo con ella.

----Sî!! Ya he notado que eres muy emotiva, que la emociôn te bambolea

como si fuese un pudiente soplo.

---O sea, Kosmos, que la emociôn no es compatible con la sensatez, no?

---Aplausos, Cratino, a--plau-sos!!

           Y dice Aristarco separado de nosotros dos metros:

---Si mis progenitores me hubiesen llamado Agatarco hubiese excitado 

la emociôn que hay en Aspasia.

----Tû entiendes eso , kosmos?

---Aspasia, es que precisamente Agatarco, con sus obras maestras, exci-

taba todas las emociones.

---Ah!!, exclamô todo el teatro---dice Cratino que pregûntame: Kosmos,

o todo el mundo es un escenario o el escenario en el que estamos no es

para todo el mundo?

----Te capto, Cratino, aunque deje la pregunta sin respuesta, y no vendo

mi theoricon.















 










  



 









 






 









































Sonntag, 19. November 2023

El mundo despuês de los mundos (10)

        En lo que Cratino hacîa la menester selecciôn de las botellas baratas

que comprarîa de vino, Aristarco pregûntame si yo era un escritor conoci-

do.

--Câspita!! Conocido yo? Aristarco, que ni tan siquiera me "conozco a mî

mismo".

        Esta respuesta resultôle tan poco comûn que se me quedô mirando, y

con una pudiencia que mis ôculos no pudieron soportar, razôn por la cual

tuve que mirar hacia otra parte para darle a mis retinas el indefectible esti-

mulante. 

---Cômo que no te conoces a ti mismo, eso es posible, Kosmos?

        Esta pregunta es la prueba de que con Aristarco no podîase entrar en

lûdico, aunque asimismo es la revelancia de que no conocîa el imperativo

del templo de Delfos ( gnothi sauton), y mâs inveterado que el mismîsimo

templo. Aspasia, que no pudo guardar silencio, y vaya quiên a saber si por

cuestiones compulsivas o no, que si no porque no tuvo en cuenta la senten-

cia senecta est res magna tacere, dîcele a Aristarco:

---Lo dicho por Kosmos de que no se conoce a sî mismo es como una alu-

siôn al "conôcete a ti mismo", un imperativo.

---Aspasia, y por quê debo conocer tal imperativo; ademâs, lo que ya es el

colmo, conocerme padeciendo de tuberculosis?

---El colmo no es, pero si tû quieres valorarlo o considerarlo asî es cosa tu-

ya.

         Yo pude comprender mejor lo dicho por Aristarco, por lo mismo que

en lo atinente a lo que estâ en fluencia verbal no dije ni tan siquiera una pa-

labra corta. Sigue la cosa con la salida de Cratino con seis botellas de vino

y con la mantenciôn del ponderamiento a raîz de un ligero resbalôn que dio

al pisar cropolitos de can.

---Quê susto nos diste, y hasta pensê que te irîas de espalda--dice Aspasia.

---No exageres, Aspasia, que no es para tanto.

---Ja!! Eso tû lo dices porque tan râpido ocurriô el inclinarte hacia detrâs

que no pudiste verlo.

---Bueno, en fin, que aquî estân las botellas.

---Pero tenemos un problema---dice Aristarco.

---Problema, cuâl?---pregunta Cratino.

---Cômo sacar el corcho de las botellas?

         Al preguntarme Aspasia: Kosmos, no tendrâs dentro de tu bolsa un

abridor?, yo sobre el pucho metî la mano derecha en el bolso y respondî:

Aquî estâ el solvento contra el problema que no existe.

---Entonces, nos vamos al bosque de los liberales?---pregunta Aspasia.

---Y si nos sigue el lûpulo?---fisga Aristarco.

---Igual! Pero recuerden, como dijo Kosmos, no mirar hacia atrâs---dice

Cratino.

        Impepinable que Cratino no podîa êl solo llevar las seis botellas de

vino, por lo que entonces nos repartimos la sûmula de la siguiente forma:

Aspasia cogiô una; Aristarco otra, y Cratino y yo dos, empero como Aris-

tarco  preguntô si podîa abrir la botella que êl llevaba, que por el fuertîsi-

mo deseo que tenîa de ingerir la dadorîa de Baco no podîa esperar llegar

al bosque de los liberales, Cratino dîjome que le diera el abridor y segui-

damente dêjale saber a Aristarco: 

----De tomarte la botella completa no nos digas despuês a nosotros que

te demos vino de la botella que nos pertenece, asî que ya estâs avisado.

----Cratino, de que sea el deseo fuertîsimo no quiere decir que me la to-

me toda, claro que no.

----Pero, ademâs, Cratino, el bosque no estâ tan lejos como para que le

dê tiempo a tomârsela completa, a no ser que por costumbre se la empi-

ne como si fuese un pomo de agua---dice Aspasia.

----Gracias por la defensa, Aspasia, pero esa costumbre no la tengo.

----Kosmos, y ese mâsculo que viene hacia nosotros con gabân y som-

brero no es tu tîo?---pregunta Cratino a su vez que señalando.

        De yo quedar impresionado al ver a mi tîo no fue por verlo en la

calle tan tarde, sino que mâs bien por calentar su cuerpo con un gabân

y su testa con un sombrero, que ni lo uno ni lo otro jamâs habîa usado,

 a no ser que sî cuando viajaba al extranjero, pero en tal caso nunca me

lo dijo. Y en lo atinente al decir dîceme ora:

----Ya sê que te resulta raro observarme con gabân y sombrero, pero te

confieso una cosa: yo no me conocî a mî mismo al verme en el espejo.

----Y de nuevo el conocerse a sî mismo?---pregunta Aristarco.

----Quê quiere decir tu amigo con eso de de nuevo conocerse a sî mis-

mo, Kosmos?

----Porque no hace mucho amplificôse sobre el gnothi sauton, el inve-

terado imperativo.  Mi nuevo amigo se onoma Aristarco, el tîsico que 

no hace mucho querîa tirarse de la linterna de la catedral barroca.

---Que no hace mucho quiere decir que cuando yo hablê contigo en la

catedral?

----Êsa es la res, êsa!!

----Pero muchacho, actualmente nadie sucumbre por tuberculosis, o por

lo menos es muy raro un caso asî con la medicaciôn que hay, pero tû de

la linterna querîas tirarte?

----Asî es, señor, asî como lo acaba de decir Kosmos.

----Señor, y usted tiene tanto frîo como para llevar gabân y sombrero.

----No, muchacha, no es por el frio sino mâs bien por un cambio de ima-

go. Mira, Kosmos, ya comprê las tagarnas.

----Fuera una patêtica noticia que no las compraras aun saliendo a tiempo

al quiosco que hoy cerraba mâs temprano.

----Quê decir de tu buena memoria? Y adônde ustedes van con esas bote-

llas de vino?

----Señor, al bosque de los liberales---responde Aspasia.

----No es de extrañar que los siga un lobo; yo lo veo y estâ detrâs de us-

tedes.

----Señor, Kosmos nos dijo que no mirâsemos hacia atrâs.

----Bien dicho, muchacha, bien dicho.

----Señor, no quiere venir usted con nosotros?---pregunta Cratino.

----Yo? Quê va!! Nada tengo que ver con ese bosque, ni tan siquiera lo he

soñado. Asî que regreso a mi casa a oir mûsica clâsica.

----Buena escucha, señor!!

----Gracias muchacha!!

          Antes de que fuêrase mi tîo, yo le preguntê por quê no me dijo que

dîjole a Diopeites lo de mi novela.

----Kosmos, y tan relevante que te lo dijera? Mâs importante no es que te

dijera lo de la esquela de tu padre?

----Mondo lirondo que eso a mî no llêgame a fondo.

----Ah, una de tus pinceladas repetida en la novela. Estâ bien. Si es asî es

como es; o mejor dicho, como tû quieras que sea. En fin, retorno a la cua-

dratura de mi vivienda, y dale al zapatero Cliôn saludos de mi parte cuan-

do lo veas mañana.

----Serân dados sin dilaciôn o exigüidad de nemôsine alguna.

           Quince minutos despuês impônese frente a nuestras retinas la maci-

za estructura del Karakorum. Cratino, y debido a una fuerte emociôn, seña-

la hacia arriba y sin dilaciôn afirma:

---Este edîculo donde yo vivo por parangôn no tiene comparaciôn con otro!

---Espero que jamâs, por equivocaciôn o por cuestiôn de secreta planifica-

ciôn, le disparen los cañones de la academia militar---dice Aspasia.

---Quê dices, Aspasia, eso no es posible.

---Ojalâ tû tengas razôn y sea imposible.

---Yo no pudiera vivir encima de un macizo montañoso, si ya de hecho no

me gustan las casas con dos pisos---dice Aristarco.

---Quê, pavor por la altura?---fisga Aristarco.

           Sobre el pucho yo captê la intenciôn de Cratino: dejar que Aristarco

fuera êl mismo testigo de su contradicciôn.

---Asî es, Cratino, No es otra cosa que pavor.

---Y entonces, Aristarco, cômo es posible que hayas subido a la linterna, a

una altura que es tres veces mayor que la de una casa de dos pisos?

---Quê? Y tû crees que la muerte serîa segura si me tiro del segundo piso

de una casa?

---Êsa es como la pregunta tîpica de los que no quieren perder la razôn, de

los que a todo trance siempre quieren ganar.

----Y quê es eso que se ve, esos dos puntos blancos que brillan allâ arriba?

----De quê tû hablas, Aspasia?---pregunta Cratino.

----Mira, mira hacîa allî---responde Aspasia y señala.

----Ni tengo idea de lo que pueda ser eso.

----Pues yo si sê quê pudiera ser---dice Aristarco.

----Ah sî? Quê?

----Los ojos del lobo alcanzados por la luz de la luna. 

----Quê tû crees, Kosmos?---pregunta Aspasia

----Que pueden ser tales ôculos, mas para mayor seguridad yo espero su

aullido, y mâs con este plenilunio.

----Y cuândo tû crees que se pueda escuchar?

----Sigamos caminando, que ya lo escucharemos.



           Al bosque de los liberales llegamos despuês de caminar unos apro-

ximadamente doscientos metros. El plenilunio alumbraba al bosque como

si fuese una ingente linterna, iluminaciôn del astro que revelarîa la presen-

cia en una rama del estrîgido de Minerva, presencia que me resultaba sun-

tuosa por los beneficios que reporta, lo que no quiere decir que si no estu-

viese el bûho posado pudiese llegar a tener un estado taciturno, o si acaso

alguna transformaciôn de la conducta que trajera como consecuencia per-

niciosa el enervamiento de la facultad de pensar con soltura regalada. Se-

guido a decir Aristarco de que êrale menester sentarse unos minutos debi-

do a un mareo por haberse cuasi tomado la botella completa, Aspasia pre-

gunta si por las narices de nosotros no penetraba un olor desagradable, y

entonces pregûntole a Cratino:

---No serâ que en uno de tus dos zapatos hay restos de cropolitos de can?

         A raîz de mi pregunta, Cratino quîtase el calzado, mira las suelas y

responde:

---La suela de goma del zapato izquierdo estâ embadurnada de mierda.

---Pues lîmpiala de una vez---dice Aspasia.

         De tal guisa, porque limpidar la suela con el vino de una de las cin-

co botellas que aûn no estaban abiertas a ninguno de nosotros hubiêrase-

le  ocurrido, Cratino descubre una planta con hojas suficientemente gran-

des como para utilizarlas en lo que tenîa que hacer, momento tempestivo

para  yo dejar saber que el ônoma de la planta era humulus lupulos, aun- 

que mâs conocida por lûpulo.

---Primera vez que escucho ese nombre, que veo la planta--dice Aspasia.

          Yo dilucido de que trâtase de una planta trepadora, que sus flores

llâmanse conos y que en la mitologîa celta asôciase con el lobo, empero

agrego que no es habitual que crezca en un bosque.

---Y por quê no lo es, Kosmos?---fisga Aristarco.

---Porque en el bosque hay cuasi siempre sombra, y esta planta necesita

mucha luz.

----La planta no es fea, pero sabes, Kosmos, quê es lo que no me gusta?

Que asôciese con el lobo.

---Aspasia, ya dije que la asocia la mitologîa celta, asî que no te pongas

nerviosa ni tengas miedo, que no quiere decir que el lobo, por la planta,

venga.

         Pero insôlitamente, y seguido a lo que dije, oyôse el aullido del lo-

bo.

---Quê, Kosmos, es el aullido una casualidad?---pregunta Aspasia.

---No tengo respuesta, Aspasia, que ni yo mismo puedo creerlo.

---Y de dônde viene el aullido?---pregunta Cratino.

---Igual, Cratino, que de todas maneras quê podemos hacer con saber de

dônde viene---dice Aspasia que agrega: lo que sî podemos hacer es estar

con los ojos bien abiertos, asi que me parece que no es conveniente el vi-

no.

----Me parece que exageras, Aspasia, porque hasta ahora lo ûnico que el

lobo ha hecho es seguirnos, no?

----Eso es cierto, Cratino, pero por si acaso no quisiera quedarme dormi-

da.

----Entonces sabes quê? Dame acâ tu botella que me la tomo todita.

----Mira, aquî estâ. Agârrala!!

----Y, Cratino, ya estâ limpia la suela?---pregunta Aristarco.

----Ya lo estâ. Y a tî, se te pasô el mareo?

----Ya no es tanto, asî que puedo seguir caminando.

----Seguir? Y por quê no nos quedamos aquî?---pregunta Aspasia.

----Para mî es igual.

----Yo digo lo mismo---dice Cratino.

----Y tû, Kosmos, quê dices?

----Donde quêdanse tres quêdanse cuatro.

----Muy bien!! Entonces nos quedamos aquî.



































































 


















 


 



      















 



















               










































 




  




 







  
























 






Dienstag, 14. November 2023

El mundo despuês de los mundos (9)

           A continuaciôn de posicionarme frente a Diopeites, Cratino reclâmale

a êste la devoluciôn de su calzado.

---Mira, aquî estân, y aprieta bien los cordones para que no vuelvan a salirse

de los pies.

        Presêntole a Diopeites no solamente a Cratino, sino asimismo a Aspasia

y a Aristarco, mas tambiên dîgole dônde conocî a cada cual, agregando la en-

fermedad que padecîa Aristarco.

----Lamento, Aristarco, lo de la tuberculosis, pero si en algo te puedo ayudar

aquî estoy---dice Diopeites.

----Gracias, Diopeites, gracias!!

----Diopeites, y usted no ha oîdo un chelo sonar?---pregunta Aspasia.

----Claro que sî!! Cômo no oîrlo si resuena en toda la catedral. 

----Y sabe usted quiên lo toca?

----Eso sî que no lo sê. Quiên?

----Yo, Diopeites, yo soy la que lo toca.

----Pues lo tocas muy bien. Das concierto como solista o tocas en alguna or-

questa?

----Aûn estudio, razôn por la cual cuando lo toco en la parte derecha de la

catedral pongo un sombrero para recibir propina.

----Y ese dinero es suficiente para pagar tu estudio?

----Una parte la pago yo; la otra, mis padres.

----Cômo han cambiado los tiempos!! Y tû, Aristarco, a quê te dedicas?

----Me dediquê a pensar cômo suicidarme, por lo mismo que subî a la lin-

terna.

----Cômo, quê tê has dicho?

----Asî fue, Diopeites, estuve a punto de lanzarme al vacîo, pero Aspasia 

me lo impidiô.

----Aspasia, y cômo supiste que Aristarco estaba en la linterna?

----Fue casualidad, Diopeites, porque si yo subî a la linterna fue para en-

treneterme, y algo que hice cuando Kosmos hablaba con su tîo y Cratino

contemplaba una columna como si fuera que sê yo quê.

----Por lo que entiendo que estabas aburrida, no?

----Asî mismo, Diopeites, asî mismo.

----Aristarco, y tû no tienes un tratamiento mêdico?

----Lo tuve, Diopeites, pero ya los medicamentos no funcionan.

----Ya le dije a Aristarco que si querîa hablaba con mi padre---dice Aspa-

sia.

----Y tu padre es mêdico, Aspasia?

----No!! Êl es psicôlogo.

----Y desde cuândo la tuberculosis se cura con la psicologîa?

----Claro que no se cura con ella, pero un buen estado mental es un buen

solvento contra cualesquier enfermedades, segûn/como dice mi padre.

----Y quê tû piensas hacer, Aristarco?

----Diopeites, ya le dije a Aspasia que la llamaba para decirle si me deci-

dî o no hacer una terapia, y mire, aquî tengo su nûmero apuntado.

----Que no se te olvide que si te puedo ayudar...

----Diopeites, soy un tîsico no alguien que perdiô la memoria.

----Bueno, ya sabes. Y en fin, que ya es hora de cerrar la catedral barroca,

asî que les deseo una buena noche.

         Mas como no podîa irme sin saber una cosa, y solamente por curio-

sidad, pregûntole a Diopeites que êl creî de la esquela escrita por mi pro-

genitor.

----Kosmos, lo de la esquela que me dio tu tîo es algo muy especial, algo

asî porque no es frecuente que suceda que un arrepentimiento sea revela-

do o dado a conocer por medio de la letra, y nada mâs y nada menos que

despuês de treinta y cinco años. No sê, Kosmos, quê decir al respecto.

---Pero lo de los treinta y cinco años es culpa de mi tîo no de su hermano.

---Aun asî, Kosmos, mi trabajo como sacerdote estâ centrado en una sola

cosa. Por cierto, y algo que me gustarîa me respondieras, tiene que ver al-

go el flamen de tu novela conmigo?

---Y cômo usted sabe que yo escribî una?

---Porque me lo dijo tu tîo en la conversa reciente.

---No dîjome mi tîo que dîjole a usted lo de la novela, sôlo lo de la esque-

la.

---Bueno, me respondes la pregunta?

---No Diopeites, nada que ver con usted. El flamen de la novela lo saquê

del libro de Suetonio "La vida de los doce cêsares". Mas dîgame usted y

ora, Diopeites: quê hîzole creer que tenîa que ver usted con el flamen de

La cazuela de Vitelio?

---Por lo que me dijo tu tîo de que te traîa a la plaza de la catedral desde

que eras un mancebo, y alguien que escribe, y por su fantasîa puede tener

un aliciente para darle vida a un personaje.

---Eso es cierto, Diopeites, mas vuêlvole a decir que nada tiene que ver y

con usted.

---Estâ bien, Kosmos, y gracias por la respuesta.

---De nada, Diopeites! Y que tenga una buena nocturna usted tambiên.

---Gracias de nuevo, Kosmos, gracias!!

          Non plus ultra de cinco minutos de salir de la catedral, y lo que fue

a su vez la razôn de yo quedarme perplejo, porque no esperaba de su par-

te que dejara saber a una desconocida algo de jaez sumamente întimo, le

revela Cratino a Helade que la sûmula de años que no tenîa novia llegaba

a siete, lo que es lo mismo a decir que su ûltima relaciôn cupidosa fue ha-

ce siete años, por lo que entonces Helade mira a Efialtes y sin dilaciôn dî-

cele:

---Esta criatura, cuando vuelva a tener una mujer, va a tener que comprar-

te las tortas de ajonjolî.

---No sê si para entonces estarê aûn vendiêndolas aquî, pero de estar se las

vendo.

         Con la intenciôn de que no dijera mâs nada sobre un tema que pudie-

ra al canto convertirse en polêmica, yo pellizquê a Cratino en su brazo de-

recho, y  seguido a su decir: contra Kosmos, que eso duele, le di un halôn

por el mismo brazo. 

----Kosmos, si no quieren hablar mâs con nosotras simplemente dîganlo.

         La intervenciôn de Aspasia fue el solvento contra la metâfora que yo

iba a soltar.

----Helade, no se trata de no querer hablar, sino de mâs bien que por la pla-

nificaciôn que tenemos para esta noche aûn nos quedan cosas por hacer.

----La planificaciôn que tienen para esta noche. Estâ bien, entiendo. Pues

que disfruten de las cosas que por planificaciôn aûn les quedan por hacer.

----Muchas gracias!!

         Indubitable que Helade no creyô lo dicho por Aspasia, mas yo tuve

que dejarle saber a êsta que una mentira como la acabada de decir era me-

ritoria de un tintineo de copas dando igual tanto el lugar como el vino que

fuese. 

---Kosmos, y si en vez de un tintineo de copas fuese uno de botellas y en

el bosque de los liberales?---pregunta Aspasia.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! De mi parte total-

mente de acuerdo.

---De la mîa tambiên---dice Cratino.

---Pero un tintineo de botellas no es igual que uno de copas, no?

---Claramente que hay una gran diferencia, Aristarco, pero no es mâs rele-

vante el vino que el sonido por el choque de un cristal con otro?

---Tienes razôn, no habîa pensado en eso---dice Aristarco que pregûntale a

Aspasia: y por quê en ese bosque y no en otro?

---Aristarco, y si estâs interesado en saberlo, cuando estês allî lo sabrâs.

---Y por quê deberîa estar interesado?

---Contra, Aristarco, si no quieres ir simplemente dilo---suelta Cratino.

---Muy bien dicho, Cratino---dice Aspasia.

---Estâ bien, no pregunto mâs y voy con ustedes.

---Perfecto!! Pero debo decir algo.

---Quê, Aspasia, quê?---pregunta Cratino.

---Que se me quedô el monedero dentro del maletîn que dejê en el aparta-

mento de Kosmos.

---Yo tengo suficiente peculio, 

---Yo tampoco tengo dinero encima, total para quê si me pensaba suicidar?

---Aristarco, no oîste lo que acabê de decir?

---Que tenîas suficiente peculio.

---Ah, entonces? Y dime, Kosmos, sabes de algûn lugar cercano donde se

puedan comprar botellas de vino baratas?

---Câspita Cratino!! Tienes realmente suficiente peculio?

---Suficiente para comprar mâs de una botella pero no cara.

---Pues vamos por aquî recto hasta el final, despuês a la derecha y despuês

a la izquierda.

         Por la hora que era y la temperatura que habîa solamente las vendedo-

ras  Helade y Efialtes, las que recogîan sus cosas para regresar a casa, eran

las  ûnicas criaturas humanas cercanas a la vista. La redondez con un ampo

conspicuo del plenilunio podîa contemplarse sin ôbice de ningûn tipo al es- 

tar  el firmamento del todo despejado, lo que es lo mismo a decir que al no

estar  solapado por grisallas la candidez de la hermana de Apolo podîa divi-

sarse exenta de algûn obstâculo. Entre la separaciôn de un adoquîn con otro

habîanse acumulado los restos de una materia de construcciôn que el viento

llevôse; proveniente de la reparaciôn de la fachada de un edificio no tan le-

jano nadie podîa verla con sus propios ôculos, empero que yo sî con la ayu-

da  de la luz de una  pequeña linterna que llevo siempre en mi bolso, la que

no saco de êste desde que la comprê. Seguido a Cratino hacerme la pregun-

ta: Kosmos, quê  tû estâs  mirando con esa linterna?, Aspasia tôcame por la 

espalda y dîceme: el lobo, kosmos, el lobo estâ echado en el mismo medio

de la plaza. Al canto no hice otra cosa que apagar la pequeña linterna, allen-

de que asimismo comunicarle a mis concomitantes de que trataran tanto de

eludir  un movimiento brusco como de comerse las uñas, que aunque el lo-

boo  estê  acostumbrado a la civilizaciôn no quiere decir que haya perdido

del todo su naturaleza de cânido salvaje.

---Y quê hacemos ahora, Kosmos?---pregunta Aspasia.

---Caminar normal y mantener la calma.

---Y si nos vuelve a seguir?

---Dejarlo que nos sigua y no mirar hacia atrâs.

---Kosmos, y tû alguna vez tuviste un animal como êse?----fisga Aristarco.

---Aristarco, êl quiso tener un can que nunca tuvo---responde Cratino que y

agrega: êsa es la razôn por la que en su novela La cazuela de Vitelio aparez-

ca un can llamado Incitato. 

           Yo pedî mutismo  cuando estâbamos cerca del lobo, mas no con pa-

labras sino poniêndome el dedo îndice frente a los labios. Como habîa leîdo

Aspasia a un psicoanalîtico de nombre y fama internacionales, y para el que

todo lo que estuviese erecto tenîa por simbologîa atingencia con el falo, que

mirara con fijeza el îndice parado ni causôme asombro ni diome pâbulo pa-

mâs  tarde preguntarle sobre el porquê de su mirada, que como yo repetî en

mi novelôn; lo que sâbese no se pregunta. Y en fin, que al pasar por el lado

izquierdo al lobo se nos quedô mirando sin dar calaña de protecciôn o de

defensa alguna, y  cuando llegamos al local para comprar las botellas de vi-

no nos dimos cuenta de que habîase detenido a unos aproximadamente tres 

metros de êste. Y entonces dice Cratino:

----Espêrenme aquî, que yo entro para hacer la compra. 



 



 



 


















 











 

 



 




 
















 










 



























 























   

Freitag, 10. November 2023

El mundo despuês de los mundos (8).

       La peticiôn de ayuda que repetîa Aspasia cuasi gritando nos dio pâbulo 

a Cratino y a mî de por uno de los arcos ventanales del tambor de la cûpula

sacar la testa, momento en que nos dimos cuenta de que la peticiôn de Aspa-

sia venîa de la linterna, mas como en medio de estos dos componentes esta-

ba la semiesfera ni ella nos veîa a nosotros ni nosotros a ella. Râpidos como

un tiro de flecha ascendimos por los peldaños de una escalera angosta con y

forma de espiral. Al llegar a la linterna, Aspasia sostenîa con sus dos manos

a  una criatura que querîa tirarse, a la que yo al preguntarle la razôn de que-

rerse suicidar respondiô lo siguiente: porque no quiero vivir con el basilo de

Koch, por lo que dîjele a Cratino: Mycobacterium tuberculosis. Frente a es-

ta situaciôn ponîasenos la res difîcil, porque si acaso para poder persuadir a

la persona que quiere matarse hay que contar con una jerga especializada y

con una actitud que transmita calma.

 ---Kosmos, pero tû sabes algo de psicologîa, no?

      Mi respuesta a Cratino fue que sî, mas que yo nunca habîa pasado de lo

teôrico a lo empîrico, empero que podîa intentarlo.

----Hagan algo ustedes, que ya no puedo mâs---dice Aspasia.

        Entonces Cratino de un salto, como el de un pentatleta en una compe-

tencia olîmpica, cae encima de la criatura y la tumba al suelo. Sigue la cosa

que  Aspasia viene  hacia mî y me abraza temblando, y Cratino levanta a la

criatura  del suelo, la escinde de la pequeña arqueada ventana y la sienta en 

la escalera. Un rato despuês la criatura deja saber que la tuberculosis por un

tiempo fuele mejor con un tratamiento, pero que ya era imposible con medi-

camentos recuperar la salud, segûn palabras del mêdico en la ûltima consul-

ta, y el que allende preguntôle si êrale menester una ayuda psicolôgica, res-

pondiendo êl que no, que de todas maneras la enfermedad lo matarîa. Aspa-

sia, y ya sin temblor, y como tal sosegada para apoderarse de la verba, dîce-

le  a la criatura que su  progenitor es psicôlogo, que puede hablar en cuanto

entre  por la puerta de la casa, siempre y cuando no estê exhausto por haber

tenido una jornada intensa y quiera por lo mismo irse a la cama, dejarse co-

ger inconscientemente por un sueño.

---Dejarse coger inconscientemente por un sueño?

---Sî Cratino, es lo que acabo de decir.

---No he dicho aûn mi nombre. Me llamo Aristarco.

        Y entonces no pude eludir, escuchado su ônoma, de amplificar en voz

alta lo siguiente: no despreciar a la costurera cuando nârrese la parâbola de

Aristarco.

---Cuâl es tu nombre?---pregûntame Aristarco.

---Mi ônoma es Kosmos.

---Kosmos, no entiendo lo que dijiste.

---Es que Aristarco, en la Grecia inveterada, fue un ônoma muy del gusto y

del padre de la mayêutica.

---Sigo sin entender.

        Cratino me mira como queriêndome decir: no aprietes mucho la tuerca

que este tornillo es plâstico.

----En fin, Aristarco, quieres que hable con mi padre o no?

----Cômo te llamas tû?

----Aspasia.

----Hâgamos una cosa, Aspasia. Dame tu nûmero de telêfono, y si me decido

o no te lo dejo saber. Estâ bien?

----Sî, estâ bien, Aristarco, aunque tambiên me puedes encontrar en la parte

derecha de esta catedral, donde todos los dîas toco el chelo.

----Perfecto!! Saben una cosa? Con ustedes me siento mejor.

----Somos medicina para un tîsico!!---afirma Cratino.

----Y el tuyo cuâl es?---pregunta Aristarco.

----Mi nombre?

----Si!!

----Cratino.

----Bueno, Cratino, me hace bien la medicina, no?

----Por supuesto!!

----Y quê hacemos ahora?---pregunta Aspasia.

----Mirar las estrellas, el oscuro firmamento---responde Cratino.

           No fue otra cosa la que pensê al mirar hacia arriba que la que tie-

ne que ver directamente conmigo: Aldebarân, estrella de primera magni-

tud y las mâs brillante de la constelaciôn de Tauro, empero para hacer la

prueba  de conocimiento, la indefectible, dije que veîa en el firmamento

a  una de las siete hijas de Atlas y de Plêyone danzando desnuda frente a

Jûpiter. 

---Kosmos, que conozco tu pericia, tû te estâs refiriendo a las Plêyades,

las transformadas por Zeus en estrellas---dice Cratino.

---Diez puntos, Cratino!!, no por gusto eres un buen lector.

---Plêyades sôlo conocîa una, el cûmulo de estrellas de la constelaciôn de

Tauro y las principales son visibles a primera vista.

---Otros diez puntos para ti tambiên, Aspasia.

---Pues yo ignorante total. Pleyadês? Primera vez en mi vida que oîgo tal

nombre---dice Aristarco.

---Nunca es tarde si te quedan los oîdos sanos.

---Kosmos, cambiaste la frase, no?

---Cambiar es mi destino, mi fin mi meta, mifinmimeta!!

---Mifinmimeta??

---Aristarco, deja el arco aunque no tenga flechas.

---Difîcil entenderte, Kosmos.

---Vaya quê cosa has descubierto---dice Cratino.

          Como yo no puedo quedar en mutismo siempre y cuando haya algo

que puêdale sacar provecho, iba a empezar a decir que des-cubierto no se-

ria  la palabra correcta sino mâs bien considerado, porque la cosa, de des-

cubrise, quedarîa plena y total al alcance de los ojos, y no creo que yo sea

la cosa que Aristarco ve completamente, mas al tener en cuenta que no da-

rîa una explicaciôn sencilla por no haber igualdad de condiciones, me olvi-

dê de lo que empezarîa a decir, me quedê en silencio.

---Quê, Kosmos, te tragaste tû mismo tu decir?--pregunta Aspasia que agre-

ga: sî, porque notê un impulso en tu boca que de repente paraste.

---No tenîa relevancia por ser algo super pensado.

---Kosmos, y entonces para ti tiene importancia un algo someramente pen-

sado?---indaga Aristarco.

---Eso depende del jaez de ese algo, Aristarco, de la îndole que sea.

---Kosmos, y de quê jaez era el algo super pensado?---pregunta Cratino.

---Parecemos agujas de reloj.

---Y por quê parecemos eso?

---Porque damos vueltas, giramos en derredor del mismo eje en medio de

un cîrculo.

---O sea, que el algo super pensado y el pensado someramente estân en el

mismo cîrculo?

---Êsa es la res, Cratino, êsa!!

---La circularidad es uno de los temas dentro de la novela. No es por eso

que la mesa de la Kosmona es redonda?

---Mâs o menos, Cratino, mâs o menos. Tibio!! En el cîrculo comienzo y

final confluyen es un mismo punto.

---Cômo, Kosmos, cômo?---fisga Aristarco.

---Del punto que sâlese es al punto que regrêsase.

---Eso no es para mi cabeza, es un tanto complicado.

---Tanto es una cantidad, no un impedimento.

---Quê me quieres decir, que el que quiere puede a pesar de la cabeza que

tenga?

---Una pregunta que tiene mâs de una respuesta.

---Kosmos, y aûn sigues viendo a la que danzaba desnuda frente a Jûpiter?

---Câspita Aspasia!! Como que parêceme que entre el desnudo y tû hay una

atingencia, un vînculo [...] una relaciôn poco secreta.

---Kosmos, seguimos mirando las estrellas?

---Age en plural, age con parecidos ojos!!

           Al darse cuenta Cratino de que por una de las arqueadas ventanas se

podîa ver en lontananza el Karakorum, y como tal el edîculo donde êl vive,

deja de contemplar las estrellas y el firmamento, se quita los zapatos y siên-

tase en la arqueada ventana con los pies al vacîo.

---Quê, Cratino, ahora el que desea suicidarse eres tû?---pregunta Aristarco.

---Nada de eso, Aristarco, que jamâs una idea como êsa me ha pasado por la

testa. Sôlo miro el edîculo donde vivo encima del Karakorum.

---Y si vives ahî no estâs cansado de mirarlo?

---Es que no es lo mismo mirarlo de cerca que de lejos. De lejos la perspec-

tiva cambia y los detalles se ocultan.

---Eh? Tienes que ver tû algo con la pintura? Acaso eres pintor o dibujante

de folletines?

---Yo solamente soy un gran lector, Aristarco, leo de cuatro a seis horas ca-

da dîa.

----De cuatro a seis horas? Imagînate, yo intentê una vez ponerme a leer, y

si lleguê a la media hora fue mucho.

----Claro que por parangôn la diferencia es notable. Y dime, Aristarco, por

quê no vuelves a intentarlo?, ademâs de que puede servirte como terapia.

----Cratino, si me costaba concentrarme cuando estaba saludable, cômo tû

crees que ahora, que estoy enfermo, pueda tener concentraciôn?

----Intêntalo, Aristarco, que con intentar no se pierde nada.

----Eso es muy cierto, tienes razôn-----dice Aspasia que le dice a Aristarco:

Hace doce años que yo tuve un problema. Seguido a unas cuantas consultas

con una psicôloga, por cierto muy buena amiga de mi padre, y del la que êl

dice que jamâs fue su amante, cosa que yo sê que es mentira porque mâs de

una vez lo escuchê hablando por telêfono con ella para fechar el correspon-

diente encuentro, pude superar el problema, pero intentar volver a tocar mi

instrumento me parecîa imposible, hasta que un dîa mi madre me dijo taxa-

tivamente estas palabras: no vas a perder nada con tratar de empezar de nue-

vo a tocar el chelo, asî que intêntalo, que en este mundo imposible son muy

pocas cosas.

----De acuerdo, Aspasia, pero el problema que tuviste fue debido a una en-

fermedad, o consecuencia de êsta?

         Estas palabras de Aristarco, que mâs bien son por cuestiones defensi-

vas que por dejar calaña de capricho o de testarudez, no pueden estar sepa-

radas de un estado depresivo claramente engendrado no por la enfermedad

como tal, sino mâs bien por el convencimiento de que por êsta no sobrevi-

râ, que  si no por la intrepretaciôn o la conclusiôn que êl mismo ha sacado

a  partir de sentirse un infestado por el Mycobacterim tuberculosis ( basilo

de Koch). Por tal susodicho estado no serîa de mi parte sensato insistir en

que  êl intentara  volver a leer, insistencia con la que yo sî que perderîa in-

dubitable algo: el tiempo, empero para que no sintiêrase sin apoyo, del to-

do pesimista por la pregunta que hizo, dîjele breve lo siguiente:

---Hay problemas mayores y menores, y toda enfermedad es un problema

mayor.

---Kosmos, con quiên tû estas, con los griegos o con los troyanos?---fisga

Aspasia.

---Y por quê necesariamente tendrîa que ser una cuestiôn de bandos?

---Cratino, puedo entender que por ser buen compinche de Kosmos lo pro-

tejas, pero...

----Pero nada, Aspasia, que creo que cada tiene derecho a dar su opiniôn.

y kosmos dio la suya, no?

      Y acopas la siguiente pregunta del sacerdote Diopeites dirîme el inter-

cambio de verba: quiên estâ allâ arriba en la literna y es dueño de estos za-

patos? Al darle verecundia a Cratino responder que eran los suyos, yo res-

pondo por êl sacando el tronco por la arqueada ventana:

---Diopeites, yo soy el que asomôme mas no son mîo los zapatos, sino de

mi compinche Cratino.

---Kosmos, y quê hacen ustedes dos en la linterna a estas horas de la noche?

---En realidad no somos dos sino cuatro.

---Cômo que cuatro? Bajen inmediatamente, que faltan unos minutos para

el cierre de la catedral barroca.

---Descendemos sûbito, Diopeites, vamos abajo.

        Bajando por la escalera angosta con forma de espiral, y justa y exacta-

mente en el peldaño cuareta y tres, una sûmula de trocitos de papel es el mo-

tivo por el cual yo dejara de bajar y me agachara para recogerlos. Resultôme

interesante  que la sûmula  estuviera nada mâs y nada menos que en este pel-

daño, lo que me dio pâbulo a su vez de pensar en la Cazuela, en la que mûlti-

ples veces saque a puesto, a colocaciôn la dadorîa celta en lo atinente a la re-

levancia  de las numerales que sumadas dan igual a un nûmero concreto que

significa algo. Para ponerle la tapa al pomo la suma de estos dos nûmeros es

igual a siete (4+3), nûmero que como ya sâbese tuvo un rol y resonancia tre-

mendîsimos  en el novelôn. Como unas castañuelas mi risa no podîa ser pos-

tergada; y tan estrepitosa, ademâs que soltada en una escalera con diseño en

curva, que Cratino pregûntame desde doce peldaños mâs abajo cuâl era tem-

pestivamente la causa de ella. Te digo despuês, mâs tarde, mi respuesta favo-

rita, aunque asimismo repetida en en el novelôn.

   



 




















 



  



 














 


























 















 

 





























































    

Mittwoch, 8. November 2023

El mundo despuês de los mundos (7)

       A continuaciôn de traspasar el umbral de la puerta, de volver a sentir la

fruiciôn de siempre por lo humectante y por la sombra, observê que Diopei-

tes, el sacerdote de la catedral barroca, conversaba con mi tîo. Yo no podîa

creer lo que estaba atisbando, lo que traduce que resultâbame insôlito, a no

ser que mi tîo hâyase convertido en un creyente de la nocturna a la mañana

sin  barruntarme al  respecto por razones que yo capto y conozco, pero que 

aun asî padezco de incertidumbre, resbâlame la duda. Aspasia y Cratino se

me quedaron mirando al ver que yo miraba con fijeza a aquêllos, solamen-

te a dos criaturas cuando dentro de la catedral la sûmula de personas apelli-

dâbase  grande, cantidad que de facto no pudiera ser mînûscula por ser na-

da mâs y nada menos que las nueve de la noche, hora que por antonomasia

y por ethos atibôrrase la senecta construcciôn. Con el propôsito o el fin de

eludir  la pregunta inadecuada, la que no exactiviza o concreta, yo entrêgo-

me a la tarea de explicar someramente el porquê del miramiento con fijeza

mîo.

---Pero, kosmos, a las catedrales no sôlo entran creyentes, y tal vez tu tîo

habla con el sacerdote no de teologîa sino de otra cosa---dîceme Cratino a

raîz de terminada mi explicaciôn.

---Sî, kosmos, estoy de acuerdo con Cratino. Pero dime: no serâ que tu tîo

y el sacerdote se conocen de otra parte, de algûn barrio o de una esquina de

esta ciudad?---dice y pregunta Aspasia.

---Que yo sepa hasta el Apolo de hoy mi tîo no conoce a Diopeites.

---Ah, se llama Diopeites el sacerdote. Kosmos, en el tiempo que yo llevo

tocando el chelo en la parte derecha de la catedral jamâs escuchê ese nom-

bre---dice Aspasia.

---Ni que el nombre de un sacerdote sea amplificado por bocinas para que

lo oîgan las gentes que estân afuera---dice Cratino.

        A mî encantôme lo acabado de decir por Cratino por considerarlo un

decir con fiesta, con juego, y que como tal recordôme el lûdico expresivo

de  la Kosmona, razôn de yo amplificar lo siguiente: la ataraxia engendra

verborrea circunspecta.

---Kosmos, otro de tus epîmones destacados en la Cazuela.

---Este epîmone no lo he leîdo aûn---dice Aspasia que pregunta: Kosmos,

y en quê parte aparece por vez primera?

---Si no me acuerdo mal, en la tercera.

---Tû acordândote mal? ---pregunta Cratino con jeta de asombro.

---Câspita Cratino!! Olvidôsete que son 1174 pâginas?

---Pues sî, que un nûmero tan grande no es fâcil de recordar.

---Cratino, y quê tiene que ver la grandeza con la memoria?

---Que quê tiene que ver, Aspasia, mucho.

---Mucho? A ver, explica.

---Êse es un gran problema.

---Problema, y por quê?

---Porque sê que es asî mas no lo puedo explicar.

---Cômo que no puedes? Cratino, se explica con palabras. Quê, tû no las

tienes?

---No es que no las tenga, sino que me cuesta hallar las precisas, las jus-

tas o exactas.

          Exactivizar es otra de las aportaciones semânticas mîas, por lo que

dêjole saber a Cratino burlonamente, y con la intenciôn de probar conoci-

miento:

---Exactivizar es tan relevante como coger una regla y medir lo inconmen-

surable.

---Contra, Kosmos, que no soy un contertulio de la instituciôn. Cômo puê-

dese medir lo que no se puede?

---Kosmos, sabes quê? Que la cazuela te ha dejado una gran resonancia.

---Aspasia, resonancia es una de mis palabras conspicuas; una que de ôr-

dago suena en la novela como matraca china.

---Kosmos, exactivizar?---pregunta Cratino que pregunta: esta palabra

aparece en la quinta parte de la novela, si bien recuerdo, no?

---Êsa es la res, Cratino, êsa!!

---Kosmos, y cômo se te ocurriô la palabra?---pregunta Aspasia.

---Pensando en lo exacto y en lo activo.

            Acopas un chiflido dirime el diâlogo en curso, y dîceme Cratino:

---Kosmos, tu tîo te estâ llamando.

        Lo primero que sale por la boca de mi tîo es el motivo de su presen-

cia en la catedral barroca: la esquela escrita por su hermano Tircano Cila-

tino que deberîa entregar a Diopeites por haber escrito en ella su arrepen-

timiento por todo lo que hîzole a la signora Lacrusea, pesar por lo que es-

taba mal hecho que a mî pareciôme "humano, demasiado humano", pero

que ya no tenîa ningûn sentido por ser ya demasiado tarde.

----Quê, despuês de treinta y cinco años es que tû le das la esquela a Dio-

peites?---pregunto yo.

----Kosmos, es que esta esquela la encontrê ayer en el fondo de una caja

de cartôn que me acordê que estaba en el desvân.

----Te acordaste, y por quê?

----Por el final inesperado de tu novela, por ese encuentro de mi hermano

con la signora Lacrusea en el templo de Jano Quirino.

----Pero ese final no habla de ninguna esquela.

----Ya sê, Kosmos, ya sê, pero en fin, que fui al desvân, abrî la caja y ha-

llê la esquela, la que estaba metida en un sobre y afuera decîa que deberîa

dârsela a Diopeites.

----Y quê de dijo Diopeites al respecto? Quê puede hacer êl con el pesar

por algo hecho incorrectamente?

----No me dijo nada, sôlo me agradeciô la entrega.

----Y cômo es que tû tienes esa caja de cartôn?

----Porque Tircano me dijo, y no mucho antes de fallecer, si mal no recuer-

do tres dîas antes, que esa caja estaba repleta de fotografîas, y que si algûn

dîa le pasaba algo que me quedara con ella.

----Y tû no tuvieste en treinta y cinco años la curiosidad o el deseo de ver

tales fotografîas?

----Kosmos, a mi los recuerdos no me gustan. Muchos dicen que recordar

el volver a vivir, pero yo dirîa: recordar es volver a sufrir, aunque no tan y

fuerte sino de forma ligera.

----Yo no entiendo, entonces, cômo si no te gustan ayer tu fuiste por la ca-

ja.

----Ni yo tampoco, pero.....

----Sabes lo que me parece?

----Respecto a lo que parece una contradicciôn de mi parte?

----No, no a eso, sino a lo de la esquela.

----Quê te parece?

----Que Tircano Cilatino de alguna manera olîase su final trâgico con la

signora Lacrusea, y como ya te habîa dicho que si pâsabale algo te queda-

ras con la caja, metiô la esquela en êsta confiado en que tû verîas las fotos

y de paso la encontrarîas.

----Pero no entiendo por quê yo deberîa dârsela a Diopeites cuando perso-

nalmente, êl mismo hubiera podido hacerlo, y aun suponiendo que en per-

sona resultarîale verecundioso, existe el correo, no?

----Yo tampoco lo entiendo, pero asî la rerum.

----Y quiênes son las criaturas que te acompañan?

----El mâsculo es Cratino, un buen compinche mîo del pre; la fêmina, As-

pasia, la que toca el chelo en el lado derecho de esta catedral.

----Nunca me hablaste del mâsculo.

----Ayer en la mañan nos volvimos a encontrar despuês de treinta años.

----Impresionante!! Y a la fêmina, dônde la conociste?

----Vive al lado de la zapaterîa de Cliôn, y me la encontrê, mejor dicho,

ella se encontrô conmigo despuês de bajarse de un bus atiborrado de gen-

tes, y seguido a barruntarme que Cliôn no sentîase bien entramos en ver-

ba y bañôse en mi apartamento.

----Nada nuevo tu rapidez con la seducciôn.

----In casu no es eso, sino que estâ interesada en leer toda la novela; de

facto ya leyô las dos primeras partes, y resume mirificamente.

----Por esta vez voy a creerte. 

----Sabes que me preguntô el zapatero Cliôn?

----No acabas de decir que estaba cerrada la zapaterîa?

----Asî es, mas antes de llegar aquî, hace dos horas  mâs o menos, estaba

sentado afuera de su casa.

----Y entonces, quê te preguntô?

----Que si aûn seguîa creyendo que el fuego de alquitrân puede tener tan-

ta eficacia como la ejecuciôn de Fidias en la extirpaciôn de la langosta.

----Ah, pero eso es como una expresiôn antigua.

----Mas bien un decir inveterado, por lo que la respuesta fue innecesaria.

Tambiên me preguntô por ti.

----Hace rato que no paso por la zapateria. Bueno, ahora te dejo, que debo

comprar mis tagarnas. Que tengan buena noche ustedes, los tres.

----Al avîo!! Y asimismo buena nocturna, y no te quedes dormido en la ba-

ja poltrona otomana oyendo a jota ese Bach.

----Tû y tus ocurrencias son incompatibles!! Me voy, que cierra hoy mâs

temprano el kiosco.

        En cuanto mio tîo sale de la catedral barroca, yo arrumbo sûbito mis

pasos adonde estaba Cratino. Al ponerme al lado de êl tuve que tocarle el

hombro izquierdo, porque tan embelesado estaba contemplando una espe-

ciosa columna que ni habîase dado cuenta de mi presencia.

---Vaya susto que me has dado, kosmos, vaya, quê susto!!

---Câspita Cratino!!, que no pensê que te pudiera asustar con una cosa ni-

mia, que si no cosiata.

---Y entonces, quê me informas? Quê querîa tu tîo?

---Que mi tîo no hablaba de teologîa con Diopeites sino de otra cosa.

---Ves?, lo mismo que te habîa dicho, Y se puede saber cuâl?

---La res es la siguiente: mi padre, Tircano Cilatino, escribiô una esquela

que metiô en un sobre que dejô caer en una caja de cartôn donde habîan

fotografîas. Esta caja la tenîa mi tîo en el desvân, y ayer, despuês de trein-

ta y cinco años, se acordô que la tenîa. Al abrirla ve que en el sobre esta-

ba escrito que êl deberîase dârsela a Diopeites, lo que facto cuasi que aca-

bô de hacer.

----Y cômo se acordô despuês de pasar tanto tiempo?

----Segûn acâbame de revelar mi tîo por el final de la novela.

----No entiendo mucho.

----Yo tampoco, mas asî la res.

----Y quê se lee, o estâ escrito en la esquela?

----El arrepentimiento por todo lo que hîzole a mi madre la signora Lacru-

sea.

----Y de quê sirve ese arrepentimiento despuês de treinta y cinco años?

----Êsa es la res!! Una buena y justa pregunta. No sê de quê. Mas en fin...

Y dônde estâ Aspasia?

----Me dijo que nos esperaba en la cûpula. Kosmos, yo sê que te gustan

las alturas. Quê me dices de esto: quien sube a las alturas se riê de las ac-

titudes trâgicas, y por siguiente que te gustan para reîrte de tales actitudes.

----Te digo que es una frase que aparece mâs de una vez en la novela.

----No se me ha olvidado que siempre te fascinô leer a Nietzsche.

----El que no es un hombre sino dinamita. Nos vamos a la cûpula, Crati-

no?

----De acuerdo! Vamos!



  

















  















































 



















































 

  

Montag, 6. November 2023

(2) El mundo despuês de los mundos (6)

         Mi tîo empezôme a traer a esta înclita catedral barroca siendo yo aûn

un  mancebo. Si al principio de penetrar en êsta erizâbaseme la piel, con el

tiempo fuêronme gustando dos cosas: la humedad y la sombra, las que has-

ta hoy son dos cosas que para mî tienen gran relevancia. Al dejarle saber a

mi tîo de êstas resultôle contradictorio que la humedad me gustara, ya que

no  podîase dilucidar cômo gustarme algo que engendrâbame el estornudo

que no era breve, a lo que yo le respodî: primero te digo que, por ser un lô-

gico principio, la contradicciôn existe; segundo, que si de estornudar trâta-

se yo estornudo con gusto. Solvento completo, ya que mâs nunca hablôme

mâs del asunto. Impepinable que aquellos tiempos eran otros; eran mâs pa-

ra ensalzarlos que para criticarlos, aun siendo la crîtica de estar bien hecha

un  factor decisivo para la mejora de algo, para disfrutarlos que para igno-

rarlos, para  escribirlos que para tachonarlos, etc.. Recuerdo, como si estu-

viese viêndola, a la signora Simaeta, una maestra de una materia invetera-

da  que cuasi  siempre vestîase de rojo, y la que el dîa que yo cumplîa seis

años acercôseme para decirme lo siguiente: Tu mirada eyecta una ingente

fantasîa, asî  que no la desaproveches y desarrôllala. Ostensiblemente que

en aquel momento yo entendî lo que un papagayo de filosofîa, motivo por

cual preguntêle a mi tîo el significado de las susodichas palabras. Respôn-

deme êl que no hiciêrale caso a la signora, ya que segûn cuêntase o dîcese

estaba cuasi loca. Tales palabrejas de mi tî no me convencieron, mas pasa-

ba  una cosa: cômo rebatirlas yo por medio de una refutaciôn si carecîa de

la preparaciôn adecuada? Con esta pregunta la palabra "preparaciôn" dejô

en mî tanta resonancia que el caso que empecêle a hacer trajo como conse-

cuencia que yo quisiera aprender, lo que realmente fue la incunabula de mi

mor  por los libros. Un año despuês, y despuês del dîa de yo cumplir siete

años, vuelve  a mî Simaeta, mas esta vez pregûntame: 

---Cômo va el desarrollo de tu fantasîa? 

---Ya tengo algo de conocimiento sobre quê es la fantasîa y cômo se pue-

de utilizar para rechazar las palabras de los mayores,

---Muy bien!! Sigue, sigue, no pares de conocer. Y cômo te llamas?

---Kosmos, signora, ni mombre es Kosmos.

---Vaya nombre que tienes! Persevera, Kosmos, persevera, que sôlo asî se

llega lejos.

       Nueve meses despuês sucumbe la signora Simaeta, la que fue sepulta-

da  en el  cementerio del Cerâmico, y a pesar del decir o del contar de que 

estaba cuasi loca su tumba siempre estaba llena de flores. Quê, una contra-

dicciôn? Este  cementerio onômase asî debido a que Hipodamô, su diseña-

dor, antes  de tener este  oficio fue un conocidîsimo maestro de cerâmica y

como  tal con el  que todos los  interesados en este arte querîan aprender y

recibir sus clases, aun no teniendo êstas un precio môdico. Hipodamô fue

el  ûltimo cônyuge de la signora Simaeta, por lo que no es de extrañar que

la tumba de êsta descolle por su diseño y belleza, motivo por la cual todos

los que la contemplan la consideran una obra sui gêneris. Ay, ay, ayayai, y

quê  tiempos aquellos!! Repâmpanos!!, que no  trâtase del envero caracte-

rîstico de las uvas al comenzar a madurar.

        Saliendo de esta reminiscencia que forma parte de aquellos tiempos

para ponerme en funciôn de contemplar la realidad actual, soy testigo vi-

sual  de la presencia de dos vendedoras en la puerta de entrada de la cate-

dral barroca, vendiendo la mâs joven  tortas de ajonjolî y jugo de ciruela

de  la clase crataegonon, y la mâs senecta jugo de malva y raîces de pam-

porcino. Y entonces, porque no puede quedar en mutismo, amplifique en

voz alta la siguiente pregunta:

---Quê, es imprescindible el nacimiento de mâsculos?

---Ya no funciona el albayalde en las mejillas, como tampoco el uso del

pastiche de algas marinas con lengua de buey------dice la vendedora mâs

senecta.

----Y por quê no, dilucide usted?----vuelvo a preguntar mirando cômo se

apretaba las manos ella.

----Porque el espejo estallarîa en pedazos, o sea, fragmentarîase Maya en

un periquete.

----Esta catedral barroca aûn mantiene su dadorîa a pesar de la diferencia

de los tiempos, su enigma, su misterio [....]  su potencial crîptico.

----Tû tienes que saber para decir una cosa asî, no?

----Sabiendo sê que no tengo ventaja frente al ignorante.

----Me revelas de dônde tû saliste, porque la forma de hablar tuya no es y

muy comûn que digamos?

----Salî por donde mismo usted: por la canasta de las deidades.

----Por dônde? No entiendo.

----Mejor que no dilucîdele, que en mutismo ha tenido que ser porque en

estrêpito el nacimiento de mâsculos engûrrase.

----Contigo se puede poco.

----Êsa es la res, êsa!!

----Y dime: compras algo?

----Lo que usted vende no lo necesito, que no hâcenme falta remedios.

----Se nota que conocimiento tienes. Y ella y êl son tus amigos?

----Sî!! Ella onômase Aspasia; êl, Cratino.

----Muy bien, dos nombres mâs que conozco. Mi nombre es Helade; el de

ella, Efialtes. Que tengan buena noche!!

----Gracias muchitantas, Helade!! Ustedes tambiên, y êxito de venta, allen-

de.

----Y tu nombre cuâl es?

----Kosmos!

----Gracias, Kosmos, gracias!!

          Mas al parecer, y por mirarme con cierta extrañeza sin eyectar en su

semblante  el adecuado mohîn, a Helade eso de êxito  en la venta sonâbale

disparatado, lo  que no concretamente quiera decir que imposible, pero co-

mo  yo tan sôlo  estaba interesado en penetrar en la catedral barroca êrame

mâs  beneficioso empujar la pesada puerta que hacer una pregunta tempes-

tiva. 


 




















 










        



  






  




 

 



 


 


Mittwoch, 1. November 2023

El mundo despuês de los mundos (5)

        Verdaderamente Aspasia caminaba bonito. En lo atinente al movimiento

de sus caderas como que analogâbase al seductivo que yo imaginê de Rubria,

imaginar que costôme caro porque yo mismo me enamorê de êl, me dejê atra-

par por su cadencia cuasi perfecta, por lo que a ultranza pensê que lo que hay

en mî de musicalidad tiene la basta potencia como para engendrar un atrapan-

te ritmo. Algunas veces de tambor; otras, de orquesta, este ritmo asimismo ha

sido garante en cualesquiera situaciones, escenas o representaciones del perti-

nente solvento contra los roles que aun endebles pretenden convencer de que

tienen lo menester como para salir incôlumes del embrollo en que se han me-

tido, del  enredo  verborrêico que, como vorâgine famêlica, los absorbe, cosa

como tal que no es otra que la desafiante por antonomasia sin grasa o sustan-

cia resbalante.    

--Kosmos, si te mantienes detrâs de mî caminando no serê responsable de tu

dolor de cabeza, sino que lo serâs tû mismo por no ir delante.

        Y acaso con esta verba Aspasia precisamente no saca a relucir que estâ

consciente de que yo contemplo sus caderas; sin embargo, que es lo tîpico o

lo repetido de las fêminas en situaciones en que saben que no son ignoradas,

no  hace nada para eludir el enfoque de mis retinas, no intenta ponerse al la-

do mîo o caminar a la zaga de mî. Con otras palabras: ella bien que sabe que

causa atracciôn, mas que para ocultar su responsabilidad arma una estructura

verbal con el fin de no hacer tan patente su moral obligaciôn; imantar al mâs-

culo con una cadencia que sofôcalo. Mas en fin, para quê entrar en filosôfica

liza  con una hembra que con tapujos, circunloquios y ambages intentarîa es-

capar  de lo mismo que hace, produce y desarrolla? Y muchitanto para mî: a

cuâl testa refiêrese? Aspasia astuta, que no p... 

       Como lo que de momento sôlo querîa Aspasia era causar un efîmero ati-

zamiento, que si no provocarme para despuês sacar a puesto, a colocaciôn la

verba tempestiva con la que podîa demostrar su capacidad de ser lista, yo no

dîjele nada, pero para no darle la posibilidad de pensar de que si quedâbame

en mutismo era por causa de lo que dîjome, le preguntê a Cratino a quê dedî-

câbase  actualmente, quê hacîa para tener peculio, que sin êste no solamente

la vida harîase mâs difîcil sino que asimismo mâs pesada por lo incesante de

las preocupaciones.

---Kosmos, de momento no me hace falta trabajar, y no porque el dinero de

mis padres pasô a mi cuenta. A cuâl personaje de tu novela me parezco?

---Câspita Cratino!! a Sabinsqui.

---Tal vez ahora te des cuenta del porquê te dije que ese Sabinsqui me resul-

taba conocido...

---Espera, espera. No me le estês dando un vuelco a lo que dijiste, que tû no

me lo dijiste por esto sino que mâs bien porque te resultaba el de un mûsico.

---Correcto!! Pero  ademâs me resulta conocido porque tanto êl como yo re-

bimimos una herencia. Pega, no?

---Cratino, parêceme que lo estâs forzando para que quepa. 

---Kosmos, ese Sabinsqui no era el que tenîa un pavo real?--fisga Aspasia.

---El pavo real era del Vetturino Solger, Aspasia. Sabinsqui, antes de ser el 

personaje  principal de "El silencio en el mutismo", la novela dentro de la 

novela, apareciô en un onîrico mîo junto con Solger y el pavo real.

---No recuerdo en cuâl parte estâ ese onîrico, Kosmos---dice Cratino.

---En la segunda.

           Mas si algo dirime la fluencia de la dialogizaciôn es el decir de As-

pasia un tanto estupefacta:

---Increîble, increîble, nos sigue un lobo.

            Yo entonces dîjele que era el mismo lobo que vi dirigirse a la escul-

tura de Le Penseur; que como tal no era como los demâs, lo que no traduce

que no haya que tener cuidado, y que lo que mejor podîamos hacer era con-

tinuar caminando sin dejar calaña de temor alguna, que a la postre y al cabo

si êl quiere amistarse se va a acercar, y hasta pudiera ser que dêjese pasar la

mano, algo que ostensiblemente necesita su tiempo.

---Kosmos, no serâ un lobo civilizado?---pregunta Cratino.

---En todo caso, Cratino, un lobo acostumbrado a la civilizaciôn. 

---Sabes, Kosmos? Me siento como un personaje del segundo sistema.

---Aspasia, a tales personajes no los persigue un lobo.

---Cômo que no? 

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Vamos hacia delan-

te que falta poco para llegar a la catedral barroca.

---Que para detrâs el cangrejo!!---afirma Cratino.

---El que ludica con la imago môvil de la eternidad, segûn Aristôcles.

---Kosmos quê quiere decir eso?

---Aspasia, el pasado, el presente y el futuro son tiempo y êste es esa imago.

---Por lo que entiendo que el cangrejo, al moverse tambiên hacia detrâs, se

mueve hacia el pasado, no?

---Aplausos, Aspasia, aplausos!! Pero asimismo hacia el futuro del pasado.

---Kosmos, esto sî que estâ complejo.

---Escucha. El hoy quê es de veinte años atrâs?

---El presente!

---Y el presente quê serâ mañana?

---Pasado por ser ayer.

---Y si a este pasado sûmansele veinte años mâs, êstos no son el futuro de

este pasado?

 ---Regio, estupendo [...] bravîsimo!!

---Vaya, quê cabeza la tuya, Kosmos, tremenda!!



 
















 











199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...