Mi tîo empezôme a traer a esta înclita catedral barroca siendo yo aûn
un mancebo. Si al principio de penetrar en êsta erizâbaseme la piel, con el
tiempo fuêronme gustando dos cosas: la humedad y la sombra, las que has-
ta hoy son dos cosas que para mî tienen gran relevancia. Al dejarle saber a
mi tîo de êstas resultôle contradictorio que la humedad me gustara, ya que
no podîase dilucidar cômo gustarme algo que engendrâbame el estornudo
que no era breve, a lo que yo le respodî: primero te digo que, por ser un lô-
gico principio, la contradicciôn existe; segundo, que si de estornudar trâta-
se yo estornudo con gusto. Solvento completo, ya que mâs nunca hablôme
mâs del asunto. Impepinable que aquellos tiempos eran otros; eran mâs pa-
ra ensalzarlos que para criticarlos, aun siendo la crîtica de estar bien hecha
un factor decisivo para la mejora de algo, para disfrutarlos que para igno-
rarlos, para escribirlos que para tachonarlos, etc.. Recuerdo, como si estu-
viese viêndola, a la signora Simaeta, una maestra de una materia invetera-
da que cuasi siempre vestîase de rojo, y la que el dîa que yo cumplîa seis
años acercôseme para decirme lo siguiente: Tu mirada eyecta una ingente
fantasîa, asî que no la desaproveches y desarrôllala. Ostensiblemente que
en aquel momento yo entendî lo que un papagayo de filosofîa, motivo por
cual preguntêle a mi tîo el significado de las susodichas palabras. Respôn-
deme êl que no hiciêrale caso a la signora, ya que segûn cuêntase o dîcese
estaba cuasi loca. Tales palabrejas de mi tî no me convencieron, mas pasa-
ba una cosa: cômo rebatirlas yo por medio de una refutaciôn si carecîa de
la preparaciôn adecuada? Con esta pregunta la palabra "preparaciôn" dejô
en mî tanta resonancia que el caso que empecêle a hacer trajo como conse-
cuencia que yo quisiera aprender, lo que realmente fue la incunabula de mi
mor por los libros. Un año despuês, y despuês del dîa de yo cumplir siete
años, vuelve a mî Simaeta, mas esta vez pregûntame:
---Cômo va el desarrollo de tu fantasîa?
---Ya tengo algo de conocimiento sobre quê es la fantasîa y cômo se pue-
de utilizar para rechazar las palabras de los mayores,
---Muy bien!! Sigue, sigue, no pares de conocer. Y cômo te llamas?
---Kosmos, signora, ni mombre es Kosmos.
---Vaya nombre que tienes! Persevera, Kosmos, persevera, que sôlo asî se
llega lejos.
Nueve meses despuês sucumbe la signora Simaeta, la que fue sepulta-
da en el cementerio del Cerâmico, y a pesar del decir o del contar de que
estaba cuasi loca su tumba siempre estaba llena de flores. Quê, una contra-
dicciôn? Este cementerio onômase asî debido a que Hipodamô, su diseña-
dor, antes de tener este oficio fue un conocidîsimo maestro de cerâmica y
como tal con el que todos los interesados en este arte querîan aprender y
recibir sus clases, aun no teniendo êstas un precio môdico. Hipodamô fue
el ûltimo cônyuge de la signora Simaeta, por lo que no es de extrañar que
la tumba de êsta descolle por su diseño y belleza, motivo por la cual todos
los que la contemplan la consideran una obra sui gêneris. Ay, ay, ayayai, y
quê tiempos aquellos!! Repâmpanos!!, que no trâtase del envero caracte-
rîstico de las uvas al comenzar a madurar.
Saliendo de esta reminiscencia que forma parte de aquellos tiempos
para ponerme en funciôn de contemplar la realidad actual, soy testigo vi-
sual de la presencia de dos vendedoras en la puerta de entrada de la cate-
dral barroca, vendiendo la mâs joven tortas de ajonjolî y jugo de ciruela
de la clase crataegonon, y la mâs senecta jugo de malva y raîces de pam-
porcino. Y entonces, porque no puede quedar en mutismo, amplifique en
voz alta la siguiente pregunta:
---Quê, es imprescindible el nacimiento de mâsculos?
---Ya no funciona el albayalde en las mejillas, como tampoco el uso del
pastiche de algas marinas con lengua de buey------dice la vendedora mâs
senecta.
----Y por quê no, dilucide usted?----vuelvo a preguntar mirando cômo se
apretaba las manos ella.
----Porque el espejo estallarîa en pedazos, o sea, fragmentarîase Maya en
un periquete.
----Esta catedral barroca aûn mantiene su dadorîa a pesar de la diferencia
de los tiempos, su enigma, su misterio [....] su potencial crîptico.
----Tû tienes que saber para decir una cosa asî, no?
----Sabiendo sê que no tengo ventaja frente al ignorante.
----Me revelas de dônde tû saliste, porque la forma de hablar tuya no es y
muy comûn que digamos?
----Salî por donde mismo usted: por la canasta de las deidades.
----Por dônde? No entiendo.
----Mejor que no dilucîdele, que en mutismo ha tenido que ser porque en
estrêpito el nacimiento de mâsculos engûrrase.
----Contigo se puede poco.
----Êsa es la res, êsa!!
----Y dime: compras algo?
----Lo que usted vende no lo necesito, que no hâcenme falta remedios.
----Se nota que conocimiento tienes. Y ella y êl son tus amigos?
----Sî!! Ella onômase Aspasia; êl, Cratino.
----Muy bien, dos nombres mâs que conozco. Mi nombre es Helade; el de
ella, Efialtes. Que tengan buena noche!!
----Gracias muchitantas, Helade!! Ustedes tambiên, y êxito de venta, allen-
de.
----Y tu nombre cuâl es?
----Kosmos!
----Gracias, Kosmos, gracias!!
Mas al parecer, y por mirarme con cierta extrañeza sin eyectar en su
semblante el adecuado mohîn, a Helade eso de êxito en la venta sonâbale
disparatado, lo que no concretamente quiera decir que imposible, pero co-
mo yo tan sôlo estaba interesado en penetrar en la catedral barroca êrame
mâs beneficioso empujar la pesada puerta que hacer una pregunta tempes-
tiva.
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