Montag, 6. November 2023

(2) El mundo despuês de los mundos (6)

         Mi tîo empezôme a traer a esta înclita catedral barroca siendo yo aûn

un  mancebo. Si al principio de penetrar en êsta erizâbaseme la piel, con el

tiempo fuêronme gustando dos cosas: la humedad y la sombra, las que has-

ta hoy son dos cosas que para mî tienen gran relevancia. Al dejarle saber a

mi tîo de êstas resultôle contradictorio que la humedad me gustara, ya que

no  podîase dilucidar cômo gustarme algo que engendrâbame el estornudo

que no era breve, a lo que yo le respodî: primero te digo que, por ser un lô-

gico principio, la contradicciôn existe; segundo, que si de estornudar trâta-

se yo estornudo con gusto. Solvento completo, ya que mâs nunca hablôme

mâs del asunto. Impepinable que aquellos tiempos eran otros; eran mâs pa-

ra ensalzarlos que para criticarlos, aun siendo la crîtica de estar bien hecha

un  factor decisivo para la mejora de algo, para disfrutarlos que para igno-

rarlos, para  escribirlos que para tachonarlos, etc.. Recuerdo, como si estu-

viese viêndola, a la signora Simaeta, una maestra de una materia invetera-

da  que cuasi  siempre vestîase de rojo, y la que el dîa que yo cumplîa seis

años acercôseme para decirme lo siguiente: Tu mirada eyecta una ingente

fantasîa, asî  que no la desaproveches y desarrôllala. Ostensiblemente que

en aquel momento yo entendî lo que un papagayo de filosofîa, motivo por

cual preguntêle a mi tîo el significado de las susodichas palabras. Respôn-

deme êl que no hiciêrale caso a la signora, ya que segûn cuêntase o dîcese

estaba cuasi loca. Tales palabrejas de mi tî no me convencieron, mas pasa-

ba  una cosa: cômo rebatirlas yo por medio de una refutaciôn si carecîa de

la preparaciôn adecuada? Con esta pregunta la palabra "preparaciôn" dejô

en mî tanta resonancia que el caso que empecêle a hacer trajo como conse-

cuencia que yo quisiera aprender, lo que realmente fue la incunabula de mi

mor  por los libros. Un año despuês, y despuês del dîa de yo cumplir siete

años, vuelve  a mî Simaeta, mas esta vez pregûntame: 

---Cômo va el desarrollo de tu fantasîa? 

---Ya tengo algo de conocimiento sobre quê es la fantasîa y cômo se pue-

de utilizar para rechazar las palabras de los mayores,

---Muy bien!! Sigue, sigue, no pares de conocer. Y cômo te llamas?

---Kosmos, signora, ni mombre es Kosmos.

---Vaya nombre que tienes! Persevera, Kosmos, persevera, que sôlo asî se

llega lejos.

       Nueve meses despuês sucumbe la signora Simaeta, la que fue sepulta-

da  en el  cementerio del Cerâmico, y a pesar del decir o del contar de que 

estaba cuasi loca su tumba siempre estaba llena de flores. Quê, una contra-

dicciôn? Este  cementerio onômase asî debido a que Hipodamô, su diseña-

dor, antes  de tener este  oficio fue un conocidîsimo maestro de cerâmica y

como  tal con el  que todos los  interesados en este arte querîan aprender y

recibir sus clases, aun no teniendo êstas un precio môdico. Hipodamô fue

el  ûltimo cônyuge de la signora Simaeta, por lo que no es de extrañar que

la tumba de êsta descolle por su diseño y belleza, motivo por la cual todos

los que la contemplan la consideran una obra sui gêneris. Ay, ay, ayayai, y

quê  tiempos aquellos!! Repâmpanos!!, que no  trâtase del envero caracte-

rîstico de las uvas al comenzar a madurar.

        Saliendo de esta reminiscencia que forma parte de aquellos tiempos

para ponerme en funciôn de contemplar la realidad actual, soy testigo vi-

sual  de la presencia de dos vendedoras en la puerta de entrada de la cate-

dral barroca, vendiendo la mâs joven  tortas de ajonjolî y jugo de ciruela

de  la clase crataegonon, y la mâs senecta jugo de malva y raîces de pam-

porcino. Y entonces, porque no puede quedar en mutismo, amplifique en

voz alta la siguiente pregunta:

---Quê, es imprescindible el nacimiento de mâsculos?

---Ya no funciona el albayalde en las mejillas, como tampoco el uso del

pastiche de algas marinas con lengua de buey------dice la vendedora mâs

senecta.

----Y por quê no, dilucide usted?----vuelvo a preguntar mirando cômo se

apretaba las manos ella.

----Porque el espejo estallarîa en pedazos, o sea, fragmentarîase Maya en

un periquete.

----Esta catedral barroca aûn mantiene su dadorîa a pesar de la diferencia

de los tiempos, su enigma, su misterio [....]  su potencial crîptico.

----Tû tienes que saber para decir una cosa asî, no?

----Sabiendo sê que no tengo ventaja frente al ignorante.

----Me revelas de dônde tû saliste, porque la forma de hablar tuya no es y

muy comûn que digamos?

----Salî por donde mismo usted: por la canasta de las deidades.

----Por dônde? No entiendo.

----Mejor que no dilucîdele, que en mutismo ha tenido que ser porque en

estrêpito el nacimiento de mâsculos engûrrase.

----Contigo se puede poco.

----Êsa es la res, êsa!!

----Y dime: compras algo?

----Lo que usted vende no lo necesito, que no hâcenme falta remedios.

----Se nota que conocimiento tienes. Y ella y êl son tus amigos?

----Sî!! Ella onômase Aspasia; êl, Cratino.

----Muy bien, dos nombres mâs que conozco. Mi nombre es Helade; el de

ella, Efialtes. Que tengan buena noche!!

----Gracias muchitantas, Helade!! Ustedes tambiên, y êxito de venta, allen-

de.

----Y tu nombre cuâl es?

----Kosmos!

----Gracias, Kosmos, gracias!!

          Mas al parecer, y por mirarme con cierta extrañeza sin eyectar en su

semblante  el adecuado mohîn, a Helade eso de êxito  en la venta sonâbale

disparatado, lo  que no concretamente quiera decir que imposible, pero co-

mo  yo tan sôlo  estaba interesado en penetrar en la catedral barroca êrame

mâs  beneficioso empujar la pesada puerta que hacer una pregunta tempes-

tiva. 


 




















 










        



  






  




 

 



 


 


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