A continuaciôn de posicionarme frente a Diopeites, Cratino reclâmale
a êste la devoluciôn de su calzado.
---Mira, aquî estân, y aprieta bien los cordones para que no vuelvan a salirse
de los pies.
Presêntole a Diopeites no solamente a Cratino, sino asimismo a Aspasia
y a Aristarco, mas tambiên dîgole dônde conocî a cada cual, agregando la en-
fermedad que padecîa Aristarco.
----Lamento, Aristarco, lo de la tuberculosis, pero si en algo te puedo ayudar
aquî estoy---dice Diopeites.
----Gracias, Diopeites, gracias!!
----Diopeites, y usted no ha oîdo un chelo sonar?---pregunta Aspasia.
----Claro que sî!! Cômo no oîrlo si resuena en toda la catedral.
----Y sabe usted quiên lo toca?
----Eso sî que no lo sê. Quiên?
----Yo, Diopeites, yo soy la que lo toca.
----Pues lo tocas muy bien. Das concierto como solista o tocas en alguna or-
questa?
----Aûn estudio, razôn por la cual cuando lo toco en la parte derecha de la
catedral pongo un sombrero para recibir propina.
----Y ese dinero es suficiente para pagar tu estudio?
----Una parte la pago yo; la otra, mis padres.
----Cômo han cambiado los tiempos!! Y tû, Aristarco, a quê te dedicas?
----Me dediquê a pensar cômo suicidarme, por lo mismo que subî a la lin-
terna.
----Cômo, quê tê has dicho?
----Asî fue, Diopeites, estuve a punto de lanzarme al vacîo, pero Aspasia
me lo impidiô.
----Aspasia, y cômo supiste que Aristarco estaba en la linterna?
----Fue casualidad, Diopeites, porque si yo subî a la linterna fue para en-
treneterme, y algo que hice cuando Kosmos hablaba con su tîo y Cratino
contemplaba una columna como si fuera que sê yo quê.
----Por lo que entiendo que estabas aburrida, no?
----Asî mismo, Diopeites, asî mismo.
----Aristarco, y tû no tienes un tratamiento mêdico?
----Lo tuve, Diopeites, pero ya los medicamentos no funcionan.
----Ya le dije a Aristarco que si querîa hablaba con mi padre---dice Aspa-
sia.
----Y tu padre es mêdico, Aspasia?
----No!! Êl es psicôlogo.
----Y desde cuândo la tuberculosis se cura con la psicologîa?
----Claro que no se cura con ella, pero un buen estado mental es un buen
solvento contra cualesquier enfermedades, segûn/como dice mi padre.
----Y quê tû piensas hacer, Aristarco?
----Diopeites, ya le dije a Aspasia que la llamaba para decirle si me deci-
dî o no hacer una terapia, y mire, aquî tengo su nûmero apuntado.
----Que no se te olvide que si te puedo ayudar...
----Diopeites, soy un tîsico no alguien que perdiô la memoria.
----Bueno, ya sabes. Y en fin, que ya es hora de cerrar la catedral barroca,
asî que les deseo una buena noche.
Mas como no podîa irme sin saber una cosa, y solamente por curio-
sidad, pregûntole a Diopeites que êl creî de la esquela escrita por mi pro-
genitor.
----Kosmos, lo de la esquela que me dio tu tîo es algo muy especial, algo
asî porque no es frecuente que suceda que un arrepentimiento sea revela-
do o dado a conocer por medio de la letra, y nada mâs y nada menos que
despuês de treinta y cinco años. No sê, Kosmos, quê decir al respecto.
---Pero lo de los treinta y cinco años es culpa de mi tîo no de su hermano.
---Aun asî, Kosmos, mi trabajo como sacerdote estâ centrado en una sola
cosa. Por cierto, y algo que me gustarîa me respondieras, tiene que ver al-
go el flamen de tu novela conmigo?
---Y cômo usted sabe que yo escribî una?
---Porque me lo dijo tu tîo en la conversa reciente.
---No dîjome mi tîo que dîjole a usted lo de la novela, sôlo lo de la esque-
la.
---Bueno, me respondes la pregunta?
---No Diopeites, nada que ver con usted. El flamen de la novela lo saquê
del libro de Suetonio "La vida de los doce cêsares". Mas dîgame usted y
ora, Diopeites: quê hîzole creer que tenîa que ver usted con el flamen de
La cazuela de Vitelio?
---Por lo que me dijo tu tîo de que te traîa a la plaza de la catedral desde
que eras un mancebo, y alguien que escribe, y por su fantasîa puede tener
un aliciente para darle vida a un personaje.
---Eso es cierto, Diopeites, mas vuêlvole a decir que nada tiene que ver y
con usted.
---Estâ bien, Kosmos, y gracias por la respuesta.
---De nada, Diopeites! Y que tenga una buena nocturna usted tambiên.
---Gracias de nuevo, Kosmos, gracias!!
Non plus ultra de cinco minutos de salir de la catedral, y lo que fue
a su vez la razôn de yo quedarme perplejo, porque no esperaba de su par-
te que dejara saber a una desconocida algo de jaez sumamente întimo, le
revela Cratino a Helade que la sûmula de años que no tenîa novia llegaba
a siete, lo que es lo mismo a decir que su ûltima relaciôn cupidosa fue ha-
ce siete años, por lo que entonces Helade mira a Efialtes y sin dilaciôn dî-
cele:
---Esta criatura, cuando vuelva a tener una mujer, va a tener que comprar-
te las tortas de ajonjolî.
---No sê si para entonces estarê aûn vendiêndolas aquî, pero de estar se las
vendo.
Con la intenciôn de que no dijera mâs nada sobre un tema que pudie-
ra al canto convertirse en polêmica, yo pellizquê a Cratino en su brazo de-
recho, y seguido a su decir: contra Kosmos, que eso duele, le di un halôn
por el mismo brazo.
----Kosmos, si no quieren hablar mâs con nosotras simplemente dîganlo.
La intervenciôn de Aspasia fue el solvento contra la metâfora que yo
iba a soltar.
----Helade, no se trata de no querer hablar, sino de mâs bien que por la pla-
nificaciôn que tenemos para esta noche aûn nos quedan cosas por hacer.
----La planificaciôn que tienen para esta noche. Estâ bien, entiendo. Pues
que disfruten de las cosas que por planificaciôn aûn les quedan por hacer.
----Muchas gracias!!
Indubitable que Helade no creyô lo dicho por Aspasia, mas yo tuve
que dejarle saber a êsta que una mentira como la acabada de decir era me-
ritoria de un tintineo de copas dando igual tanto el lugar como el vino que
fuese.
---Kosmos, y si en vez de un tintineo de copas fuese uno de botellas y en
el bosque de los liberales?---pregunta Aspasia.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! De mi parte total-
mente de acuerdo.
---De la mîa tambiên---dice Cratino.
---Pero un tintineo de botellas no es igual que uno de copas, no?
---Claramente que hay una gran diferencia, Aristarco, pero no es mâs rele-
vante el vino que el sonido por el choque de un cristal con otro?
---Tienes razôn, no habîa pensado en eso---dice Aristarco que pregûntale a
Aspasia: y por quê en ese bosque y no en otro?
---Aristarco, y si estâs interesado en saberlo, cuando estês allî lo sabrâs.
---Y por quê deberîa estar interesado?
---Contra, Aristarco, si no quieres ir simplemente dilo---suelta Cratino.
---Muy bien dicho, Cratino---dice Aspasia.
---Estâ bien, no pregunto mâs y voy con ustedes.
---Perfecto!! Pero debo decir algo.
---Quê, Aspasia, quê?---pregunta Cratino.
---Que se me quedô el monedero dentro del maletîn que dejê en el aparta-
mento de Kosmos.
---Yo tengo suficiente peculio,
---Yo tampoco tengo dinero encima, total para quê si me pensaba suicidar?
---Aristarco, no oîste lo que acabê de decir?
---Que tenîas suficiente peculio.
---Ah, entonces? Y dime, Kosmos, sabes de algûn lugar cercano donde se
puedan comprar botellas de vino baratas?
---Câspita Cratino!! Tienes realmente suficiente peculio?
---Suficiente para comprar mâs de una botella pero no cara.
---Pues vamos por aquî recto hasta el final, despuês a la derecha y despuês
a la izquierda.
Por la hora que era y la temperatura que habîa solamente las vendedo-
ras Helade y Efialtes, las que recogîan sus cosas para regresar a casa, eran
las ûnicas criaturas humanas cercanas a la vista. La redondez con un ampo
conspicuo del plenilunio podîa contemplarse sin ôbice de ningûn tipo al es-
tar el firmamento del todo despejado, lo que es lo mismo a decir que al no
estar solapado por grisallas la candidez de la hermana de Apolo podîa divi-
sarse exenta de algûn obstâculo. Entre la separaciôn de un adoquîn con otro
habîanse acumulado los restos de una materia de construcciôn que el viento
llevôse; proveniente de la reparaciôn de la fachada de un edificio no tan le-
jano nadie podîa verla con sus propios ôculos, empero que yo sî con la ayu-
da de la luz de una pequeña linterna que llevo siempre en mi bolso, la que
no saco de êste desde que la comprê. Seguido a Cratino hacerme la pregun-
ta: Kosmos, quê tû estâs mirando con esa linterna?, Aspasia tôcame por la
espalda y dîceme: el lobo, kosmos, el lobo estâ echado en el mismo medio
de la plaza. Al canto no hice otra cosa que apagar la pequeña linterna, allen-
de que asimismo comunicarle a mis concomitantes de que trataran tanto de
eludir un movimiento brusco como de comerse las uñas, que aunque el lo-
boo estê acostumbrado a la civilizaciôn no quiere decir que haya perdido
del todo su naturaleza de cânido salvaje.
---Y quê hacemos ahora, Kosmos?---pregunta Aspasia.
---Caminar normal y mantener la calma.
---Y si nos vuelve a seguir?
---Dejarlo que nos sigua y no mirar hacia atrâs.
---Kosmos, y tû alguna vez tuviste un animal como êse?----fisga Aristarco.
---Aristarco, êl quiso tener un can que nunca tuvo---responde Cratino que y
agrega: êsa es la razôn por la que en su novela La cazuela de Vitelio aparez-
ca un can llamado Incitato.
Yo pedî mutismo cuando estâbamos cerca del lobo, mas no con pa-
labras sino poniêndome el dedo îndice frente a los labios. Como habîa leîdo
Aspasia a un psicoanalîtico de nombre y fama internacionales, y para el que
todo lo que estuviese erecto tenîa por simbologîa atingencia con el falo, que
mirara con fijeza el îndice parado ni causôme asombro ni diome pâbulo pa-
mâs tarde preguntarle sobre el porquê de su mirada, que como yo repetî en
mi novelôn; lo que sâbese no se pregunta. Y en fin, que al pasar por el lado
izquierdo al lobo se nos quedô mirando sin dar calaña de protecciôn o de
defensa alguna, y cuando llegamos al local para comprar las botellas de vi-
no nos dimos cuenta de que habîase detenido a unos aproximadamente tres
metros de êste. Y entonces dice Cratino:
----Espêrenme aquî, que yo entro para hacer la compra.
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