Dienstag, 14. November 2023

El mundo despuês de los mundos (9)

           A continuaciôn de posicionarme frente a Diopeites, Cratino reclâmale

a êste la devoluciôn de su calzado.

---Mira, aquî estân, y aprieta bien los cordones para que no vuelvan a salirse

de los pies.

        Presêntole a Diopeites no solamente a Cratino, sino asimismo a Aspasia

y a Aristarco, mas tambiên dîgole dônde conocî a cada cual, agregando la en-

fermedad que padecîa Aristarco.

----Lamento, Aristarco, lo de la tuberculosis, pero si en algo te puedo ayudar

aquî estoy---dice Diopeites.

----Gracias, Diopeites, gracias!!

----Diopeites, y usted no ha oîdo un chelo sonar?---pregunta Aspasia.

----Claro que sî!! Cômo no oîrlo si resuena en toda la catedral. 

----Y sabe usted quiên lo toca?

----Eso sî que no lo sê. Quiên?

----Yo, Diopeites, yo soy la que lo toca.

----Pues lo tocas muy bien. Das concierto como solista o tocas en alguna or-

questa?

----Aûn estudio, razôn por la cual cuando lo toco en la parte derecha de la

catedral pongo un sombrero para recibir propina.

----Y ese dinero es suficiente para pagar tu estudio?

----Una parte la pago yo; la otra, mis padres.

----Cômo han cambiado los tiempos!! Y tû, Aristarco, a quê te dedicas?

----Me dediquê a pensar cômo suicidarme, por lo mismo que subî a la lin-

terna.

----Cômo, quê tê has dicho?

----Asî fue, Diopeites, estuve a punto de lanzarme al vacîo, pero Aspasia 

me lo impidiô.

----Aspasia, y cômo supiste que Aristarco estaba en la linterna?

----Fue casualidad, Diopeites, porque si yo subî a la linterna fue para en-

treneterme, y algo que hice cuando Kosmos hablaba con su tîo y Cratino

contemplaba una columna como si fuera que sê yo quê.

----Por lo que entiendo que estabas aburrida, no?

----Asî mismo, Diopeites, asî mismo.

----Aristarco, y tû no tienes un tratamiento mêdico?

----Lo tuve, Diopeites, pero ya los medicamentos no funcionan.

----Ya le dije a Aristarco que si querîa hablaba con mi padre---dice Aspa-

sia.

----Y tu padre es mêdico, Aspasia?

----No!! Êl es psicôlogo.

----Y desde cuândo la tuberculosis se cura con la psicologîa?

----Claro que no se cura con ella, pero un buen estado mental es un buen

solvento contra cualesquier enfermedades, segûn/como dice mi padre.

----Y quê tû piensas hacer, Aristarco?

----Diopeites, ya le dije a Aspasia que la llamaba para decirle si me deci-

dî o no hacer una terapia, y mire, aquî tengo su nûmero apuntado.

----Que no se te olvide que si te puedo ayudar...

----Diopeites, soy un tîsico no alguien que perdiô la memoria.

----Bueno, ya sabes. Y en fin, que ya es hora de cerrar la catedral barroca,

asî que les deseo una buena noche.

         Mas como no podîa irme sin saber una cosa, y solamente por curio-

sidad, pregûntole a Diopeites que êl creî de la esquela escrita por mi pro-

genitor.

----Kosmos, lo de la esquela que me dio tu tîo es algo muy especial, algo

asî porque no es frecuente que suceda que un arrepentimiento sea revela-

do o dado a conocer por medio de la letra, y nada mâs y nada menos que

despuês de treinta y cinco años. No sê, Kosmos, quê decir al respecto.

---Pero lo de los treinta y cinco años es culpa de mi tîo no de su hermano.

---Aun asî, Kosmos, mi trabajo como sacerdote estâ centrado en una sola

cosa. Por cierto, y algo que me gustarîa me respondieras, tiene que ver al-

go el flamen de tu novela conmigo?

---Y cômo usted sabe que yo escribî una?

---Porque me lo dijo tu tîo en la conversa reciente.

---No dîjome mi tîo que dîjole a usted lo de la novela, sôlo lo de la esque-

la.

---Bueno, me respondes la pregunta?

---No Diopeites, nada que ver con usted. El flamen de la novela lo saquê

del libro de Suetonio "La vida de los doce cêsares". Mas dîgame usted y

ora, Diopeites: quê hîzole creer que tenîa que ver usted con el flamen de

La cazuela de Vitelio?

---Por lo que me dijo tu tîo de que te traîa a la plaza de la catedral desde

que eras un mancebo, y alguien que escribe, y por su fantasîa puede tener

un aliciente para darle vida a un personaje.

---Eso es cierto, Diopeites, mas vuêlvole a decir que nada tiene que ver y

con usted.

---Estâ bien, Kosmos, y gracias por la respuesta.

---De nada, Diopeites! Y que tenga una buena nocturna usted tambiên.

---Gracias de nuevo, Kosmos, gracias!!

          Non plus ultra de cinco minutos de salir de la catedral, y lo que fue

a su vez la razôn de yo quedarme perplejo, porque no esperaba de su par-

te que dejara saber a una desconocida algo de jaez sumamente întimo, le

revela Cratino a Helade que la sûmula de años que no tenîa novia llegaba

a siete, lo que es lo mismo a decir que su ûltima relaciôn cupidosa fue ha-

ce siete años, por lo que entonces Helade mira a Efialtes y sin dilaciôn dî-

cele:

---Esta criatura, cuando vuelva a tener una mujer, va a tener que comprar-

te las tortas de ajonjolî.

---No sê si para entonces estarê aûn vendiêndolas aquî, pero de estar se las

vendo.

         Con la intenciôn de que no dijera mâs nada sobre un tema que pudie-

ra al canto convertirse en polêmica, yo pellizquê a Cratino en su brazo de-

recho, y  seguido a su decir: contra Kosmos, que eso duele, le di un halôn

por el mismo brazo. 

----Kosmos, si no quieren hablar mâs con nosotras simplemente dîganlo.

         La intervenciôn de Aspasia fue el solvento contra la metâfora que yo

iba a soltar.

----Helade, no se trata de no querer hablar, sino de mâs bien que por la pla-

nificaciôn que tenemos para esta noche aûn nos quedan cosas por hacer.

----La planificaciôn que tienen para esta noche. Estâ bien, entiendo. Pues

que disfruten de las cosas que por planificaciôn aûn les quedan por hacer.

----Muchas gracias!!

         Indubitable que Helade no creyô lo dicho por Aspasia, mas yo tuve

que dejarle saber a êsta que una mentira como la acabada de decir era me-

ritoria de un tintineo de copas dando igual tanto el lugar como el vino que

fuese. 

---Kosmos, y si en vez de un tintineo de copas fuese uno de botellas y en

el bosque de los liberales?---pregunta Aspasia.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! De mi parte total-

mente de acuerdo.

---De la mîa tambiên---dice Cratino.

---Pero un tintineo de botellas no es igual que uno de copas, no?

---Claramente que hay una gran diferencia, Aristarco, pero no es mâs rele-

vante el vino que el sonido por el choque de un cristal con otro?

---Tienes razôn, no habîa pensado en eso---dice Aristarco que pregûntale a

Aspasia: y por quê en ese bosque y no en otro?

---Aristarco, y si estâs interesado en saberlo, cuando estês allî lo sabrâs.

---Y por quê deberîa estar interesado?

---Contra, Aristarco, si no quieres ir simplemente dilo---suelta Cratino.

---Muy bien dicho, Cratino---dice Aspasia.

---Estâ bien, no pregunto mâs y voy con ustedes.

---Perfecto!! Pero debo decir algo.

---Quê, Aspasia, quê?---pregunta Cratino.

---Que se me quedô el monedero dentro del maletîn que dejê en el aparta-

mento de Kosmos.

---Yo tengo suficiente peculio, 

---Yo tampoco tengo dinero encima, total para quê si me pensaba suicidar?

---Aristarco, no oîste lo que acabê de decir?

---Que tenîas suficiente peculio.

---Ah, entonces? Y dime, Kosmos, sabes de algûn lugar cercano donde se

puedan comprar botellas de vino baratas?

---Câspita Cratino!! Tienes realmente suficiente peculio?

---Suficiente para comprar mâs de una botella pero no cara.

---Pues vamos por aquî recto hasta el final, despuês a la derecha y despuês

a la izquierda.

         Por la hora que era y la temperatura que habîa solamente las vendedo-

ras  Helade y Efialtes, las que recogîan sus cosas para regresar a casa, eran

las  ûnicas criaturas humanas cercanas a la vista. La redondez con un ampo

conspicuo del plenilunio podîa contemplarse sin ôbice de ningûn tipo al es- 

tar  el firmamento del todo despejado, lo que es lo mismo a decir que al no

estar  solapado por grisallas la candidez de la hermana de Apolo podîa divi-

sarse exenta de algûn obstâculo. Entre la separaciôn de un adoquîn con otro

habîanse acumulado los restos de una materia de construcciôn que el viento

llevôse; proveniente de la reparaciôn de la fachada de un edificio no tan le-

jano nadie podîa verla con sus propios ôculos, empero que yo sî con la ayu-

da  de la luz de una  pequeña linterna que llevo siempre en mi bolso, la que

no saco de êste desde que la comprê. Seguido a Cratino hacerme la pregun-

ta: Kosmos, quê  tû estâs  mirando con esa linterna?, Aspasia tôcame por la 

espalda y dîceme: el lobo, kosmos, el lobo estâ echado en el mismo medio

de la plaza. Al canto no hice otra cosa que apagar la pequeña linterna, allen-

de que asimismo comunicarle a mis concomitantes de que trataran tanto de

eludir  un movimiento brusco como de comerse las uñas, que aunque el lo-

boo  estê  acostumbrado a la civilizaciôn no quiere decir que haya perdido

del todo su naturaleza de cânido salvaje.

---Y quê hacemos ahora, Kosmos?---pregunta Aspasia.

---Caminar normal y mantener la calma.

---Y si nos vuelve a seguir?

---Dejarlo que nos sigua y no mirar hacia atrâs.

---Kosmos, y tû alguna vez tuviste un animal como êse?----fisga Aristarco.

---Aristarco, êl quiso tener un can que nunca tuvo---responde Cratino que y

agrega: êsa es la razôn por la que en su novela La cazuela de Vitelio aparez-

ca un can llamado Incitato. 

           Yo pedî mutismo  cuando estâbamos cerca del lobo, mas no con pa-

labras sino poniêndome el dedo îndice frente a los labios. Como habîa leîdo

Aspasia a un psicoanalîtico de nombre y fama internacionales, y para el que

todo lo que estuviese erecto tenîa por simbologîa atingencia con el falo, que

mirara con fijeza el îndice parado ni causôme asombro ni diome pâbulo pa-

mâs  tarde preguntarle sobre el porquê de su mirada, que como yo repetî en

mi novelôn; lo que sâbese no se pregunta. Y en fin, que al pasar por el lado

izquierdo al lobo se nos quedô mirando sin dar calaña de protecciôn o de

defensa alguna, y  cuando llegamos al local para comprar las botellas de vi-

no nos dimos cuenta de que habîase detenido a unos aproximadamente tres 

metros de êste. Y entonces dice Cratino:

----Espêrenme aquî, que yo entro para hacer la compra. 



 



 



 


















 











 

 



 




 
















 










 



























 























   

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