Como ya yo me habîa sentado en ella no hacîa mucho rato, Helade no
tuvo de ocuparse de quitarle el polvo a la ûnica banqueta que habîa en la za-
paterîa de Cliôn, empero yo no pude quedarme en mutismo y entonces dîje-
le:
---Gracias a mi tafanario el asiento sin resplado estâ libre de polvo.
---A tu tafanario, Kosmos? Estâ bien! Le agradezco a êl que la banqueta no
estê embadurnada de partîculas de tierra---dice Helade que pregûntale sûbi-
to a Efîaltes: puedes quedarte parada hasta que venga el zapatero Cliôn?
---Claro, Helade, no hay problema, no se preocupe.
A raîz de estas palabras yo continûe con el trabajo de pegamento sen-
tado en el piso. Al soltar Helade la mochila que traîa con ella, y de tamaño
mediano, yo la mirê con cierta sorna. Al no estar del todo cerrada pude ob-
servar que sobresalian unas raîces de pamporcino, lo que diome pâbulo de
pensar o de que era un encargo del zapatero Cliôn o de que las venderîa en
la entrada de la catedral barroca. Ostensible que esperarîa el momento ade-
cuado de la revelaciôn por una de las tres bocas, que alguna de êstas dejara
saber concreta y especîficamente si era una peticiôn del zapatero o lo otro
que pensê. Mas si algo por inesperado pudiera ser basto como para placen-
teramente entrar en polêmica es lo que acopas dîceme Cliôn:
--Kosmos, que Agis nada tiene que ver contigo, que no es de ti la cuestiôn
de hacerte el ciego.
--Câpita Cliôn, que denuncia usted como Ascâlafo.
--No, Kosmos, no, te digo que no. Mira, aquî estâ el zapato con la suela pe-
gada y con mâs cola que la debida, mas aun asî no olvides lo que te dije.
---Sobre la senilidad del calzado?
---Eso, Kosmos, eso!!--afirma Cliôn que dîcele a Helade y a Efîaltes: bien-
venidas a mi zapaterîa y disculpen la demora.
---No hace nada, Cliôn, que no hemos esperado mucho--dice Helade.
---Y, me trajeron el pedido?
---Sî, Cliôn!! Mire, aquî estâ, dentro de la mochila--responde Helade seña-
lando.
---Perfecto!! Y cuânto a pagar?
---Lo mismo de siempre, ni mâs ni menos.
--Estupendo!!--afirma Cliôn que pregûntale a Kosmos: y pega bien el pega-
mento?
---Fîjese usted si es mirîfico que hasta pêganseme los dedos.
---No esperaba que fuese mirîfico con el tiempo que lleva en la tercera gave-
ta.
---No es un milagro sino que mâs bien un buen producto.
---Eso serâ! Y tenga usted, Helade, abra la mano donde caerân las monedas.
---Usted como siempre râpido pagando.
---Lo que engendra confianza, no?
---Asî es Cliôn, tiene usted razôn. Bueno, y ahora nos vamos, que nos lla-
ma la catedral barroca.
---Entiendo, Helade, entiendo. Que tengan buen dîa y buena venta.
---Gracias, Cliôn, gracias!! Y hasta el prôximo encargo.
---Adiôs Kosmos!! Y esperamos verte de nuevo en la catedral barroca.
A continuaciôn haberle dicho a Efîaltes que a la catedral barroca yo
regresaba cuasi siempre, y de darle la mano para despedirme de ella, seguî
con mi trabajo de reconstrucciôn. Cliôn dejôme saber que esperara un rato
para ponerme el zapato, ya que al estar la suela acabada de pegar era mejor
dejar secar la cola. Empero si en lo atinente a lo anterior no dije mâs nada
sî que fueme menester saber de dônde conocîa el zapatero Cliôn a las dos
fêminas que acabâronse de ir, lo que fue concreta y especificamente la ra-
zôn de esta pregunta que hîcele, que no podîa faltar como tampoco eludir:
---Pudiêrase saber de dônde usted conoce a Helade y a Efîaltes?
---Son clientes, Kosmos, aunque hoy no hayan venido con ningûn zapato
roto.
---Câspita Cliôn!!, que con esta respuesta tengo otra pregunta.
---El esposo de Jantipa hoy tiene la mayêutica en su punto pinacular. Haz
la pregunta, Kosmos. A ver, cuâl es?
---Para quê usted quiere las raîces de pamporcino?
---Para venderlas, Kosmos. No te parece una dâdiva de Fortuna la posibi-
lidad de comprarlas baratas y de venderlas caras?
---Completamente de acuerdo, sin refutaciôn alguna, empero venderlas?
A quiên?
---Otra pregunta, Kosmos?
---Si prefiere quedarse en mutismo yo ni pierdo ni gano porque nada que
ver tengo con el comercio a la zaga del telôn.
---Contigo no tengo problemas, ya que sabes guardar mutismo como una
tumba. Se las vendo a los mâsculos que tienen problemas de fecundidad
por tener êsta endeble.
---No tengo mâs preguntas, Cliôn, ninguna mâs.
---Estâ bien, Kosmos, pero dime: cuâl es el porquê del asombro que de
repente ha aparecido en tu semblante?
---Lea usted mismo lo que estâ escrito en esta hoja de papel que acabo
de reconstruir.
Sî; quedô extâtico, quedô como si las letras fuesen especiosidad
femenina, lo que no traduce que Cliôn supiese de quê tratâbase lo que
tenîa frente a sus ôculos.
---Kosmos, estas letras tienen como un poder de atracciôn tremendo.
Dônde tû encontraste esos papelitos que terminaste de pegar?
---Cliôn, los papelitos me los encontrê en el peldaño cuarenta y tres de
la escalera con forma de espiral de la catedral barroca, la que permite
el ascenso a la linterna de êsta.
---Y quê es esta frase, significa algo, Kosmos?
---No es una frase, sino una fôrmula inveterada.
---Y por quê el asombro en tu semblante por esta fôrmula?
---Porque es la misma fôrmula que estaba escrita en el papel doblado
en cuatro que me encontrê enterrado en la maceta con flores en la tum-
ba de Simaeta en el cementerio del Cerâmico.
---Tu relaciôn con el segundo sistema queda clarîsima ya desde tu no-
vela, no?
---Contôle a usted mi tîo sobre esta atingencia?
---No con detalles, pero aun sin êstos puêdese saber de la susodicha
relaciôn. Sabes que me parece, Kosmos? Que se pone de manifiesto o
mantiene su vigencia lo que tû mismo escribiste mâs de una vez en tu
novela.
---Amplifique usted quê, Cliôn, amplifîquelo!!
---Que sôlo lo difîcil es estimulante!!
---Cliôn, confiêsole que esta frase tiene una sempiterna resonancia.
---Pues disfrûtala, gôzala [....] aprovêchala. Lamentablemente ahora no
puedo seguir hablando contigo, pero como un soldado del cuarto regi-
miento y en otro dîa con marcha pasa por aquî, o si lo prefieres por mi
casa, y volveremos a entrar en diâlogo.
---Êsa es la res, Cliôn, êsa!! Cuando salga del cuartel, y con toque de
cornamusa, arrumbarê mis pasos o hacia aquî o hacia allâ.
---Buenîsimo, Kosmos, buenîsimo!! Y te prometo cambiar la puerta y
con el capital que con parsimonia hago con de la venta de las raîces de
pamporcino.
---Lo que debe agradecerle a los que tienen la fecundidad endeble, por-
que sin ellos, cômo podrîa hacer usted tal capital?
---Eso, Kosmos, eso mismo!!
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