Y suena el timbre de la puerta en el mismîsimo momento en que yo de-
cîale a Cratino que no es solamente una cosa la que el ojo puede ver, y que
como tal ni el tedio existirîa ni el deseo de terminar con la observaciôn.
---De acuerdo, Kosmos, pero vas tû o voy yo a abrir la puerta, que ya sabe-
mos quiên es?
Sin dilaciôn respôndole que yo tomarîame el trabajo de arrumbar mis
pasos hacia la puerta y harîame responsable del acto de asir fuertemente la
manigueta para hundirla hacia abajo.
---Contra, Kosmos, y acaso se puede hundir hacia arriba?
A la vez que abrîa la puerta le respondo a Cratino:
--La profundidad puede cambiar de posiciôn en dependencia del agente que
mira, o de la paralaje.
---Demasiado filosôfico para mî--dice Cratino.
---De cuâl agente tû hablas, Kosmos?---pregunta Aspasia.
---Del que no sale de su niebla para no cambiar un fenômeno!
---Cômo?
---Olvîdate de la dilucidaciôn y dime: por quê no pudiste tocar el chelo?
---Porque en la plaza habîa una manifestaciôn,
---Quê? Y desde cuândo estâ permitido hacer manifestaciôn?
---Y a mî me preguntas eso, Cratino?
---Y por quê no?
---Porque lo mîo es la mûsica. Quê tengo que ver yo con protestas? Nada!
---Y quê leîase en los carteles, algûn hierôglifo?
---Kosmos, yo no sê lo que es eso, asî que no me repitas la palabrita.
---Despuês, mâs tarde escrîbote el significado en un papelito.
---Y hablando de papelitos, quê son esos dos que estân encima de la mesa?
---Cratino, te doy el beneplâcito para que respondas tû.
---Gracias, Kosmos, por êl! Aspasia, en el papelito de la derecha escribî ir-
me; en el de izquierda, quedarme.
---Harîa falta que te hiciera la pregunta?
---Al recibir Kosmos tu mensaje, yo le preguntê si deberîa irme o quedarme,
y êl me respondiô: como quieras! Entonces se me ocurriô lo de los papelitos,
y con el juego de los ojos vendados.
---El juego de los ojos vendados! Este juego me recuerda un novio que tuve.
---Y por quê te recuerdas de êl?
---Porque le encantaba este juego.
---Y por quê le encantaba, Aspasia?
---Porque con los ojos vendados disfrutaba mâs el toque de mis manos,
---Repâmpanos!!, que la res es [la que tiene que ver algo con] la fantasîa, que
si no el imaginario, el que es dador de placer.
---Asî es, Kosmos, la cosa va por este camino, ademâs que tiene que ver mu-
cho.
---Pero Aspasia, si tû participabas en ese juego...
---Cratino, no quieras saber mâs de lo que ya contê.
---Y quê contaste, Aspasia? De contar nada, sôlo revelaste o dejaste saber al-
go: el disfrute mâs de êl con el toque de tus manos!
---Pues no quieras saber mâs de lo que dejê saber o revelê.
---Ahora sî que hablaste bien, que dijiste lo justo.
---Bueno, ya lo escuchaste.
---Mis orejas son grandes, como las del lobo.
---Y adônde se habrâ ido el lobo que nos siguiô?
---Una pregunta muy oportuna!
---Claro, Cratino, asî es: oportuna!!
---Quê tû crees, Kosmos?
---Cratino, queda seguro de una rerum: si es que quiere volver a aparecer apa-
recerâ.
---Kosmos, me puedo duchar?
---Aspasia, toda el agua tuya!
---Mejor asî, me mojo mejor!!
---Môjate, Aspasia, mô-ja-te!!
Media hora despuês sale del baño Aspasia, mas asimismo vuelve a so-
nar el timbre de la puerta.
---Kosmos, no serâ Aristarco?
---Cratino, y acaso sabe Aristarco dônde yo vivo?
---Yo se lo dije, y antes de abandonar la cabaña.
Al abrir la puerta quedême sorprendido porque no era Aristarco sino
Helade y Efîaltes.
---Kosmos, en tu semblante hay un asombro, pero te dejo saber que segui-
mos a Aspasia hasta la mismîsima puerta de entrada de este edificio, donde
ademâs nos encontramos con un mâsculo que compra nuestros productos y
con quien nos pusimos a conversar. Sabes, y como nosotras estamos seguras
de que en el interior de tu habitâculo pueden suceder cosas relacionadas con
la fecundaciôn, te regalamos esta bolsa llena de los productos que vendemos.
Con estas palabras de Helade mi asombro multiplicôse. Hasta cierto pun-
to esta señora me recuerda a la difunta signora Simaeta, y el punto en lo ati-
nente a saber ciertas cosas especîficas que no son del conocimiento de todo
el mundo, y por lo mismo que alêgrome, salto [...] suspiro. Ostensiblemente
esta dâdiva merece dar las gracias dobles, mas cuando iba a darlas pônese a
la zaga de mî Aspasia y amplifica lo siguiente:
---Hay que reconocer que ustedes son muy buenas siguiendo, porque ni me
di cuenta que me seguîan.
---Muchacha, eso se aprende con los años, como si fuese un oficio----suelta
Efîaltes.
A continuaciôn yo doy las gracias dobles, y seguido pregûntole a ellas si
tenîan tiempo para tomarse una taza de cafê.
--Te lo agradecemos, Kosmos, pero tenemos que seguir con la venta en otro
lugar, ya que en la catedral barroca no podemos por lo que estâ sucediendo
allî---dice Helade que pregûntale a Aspasia: quê te pareciô la protesta?
---"Humana, demasiado humana", pero le confieso a usted que lo mîo es la
mûsica, tocar el chelo, y el que no pude tocar hoy por eso de la protesta.
---Ya podrâs tocarlo mañana, que la protesta no es la fiesta de la Delia.
Maravîllome, entonces, con este querer decir de Helade, y el que tradu-
ce una duraciôn: un mes, o sea, que Helade lo que justamente querîa decir es
que la protesta no duraba nada en parangôn con la susodicha fiesta.
---La fiesta de la Delia?
---Kosmos, te encargas tû de la explicaciôn?---pregunta Helade.
---Êsa es la res, Helade, yo se la doy.
---Bien!! Entonces nos vamos, que ya cumplimos con el cometido de seguir
a Aspasia para saber dônde tû vivîas, Kosmos, y para entregarte la bolsa, ade-
mâs que no nos podemos quedar por la razôn que dije.
Al cerrar yo la puerta, y a raîz del tempestivo despido, dîceme Aspasia:
---Kosmos, que son mujeres raras, estân fuera de lo comûn [...] parecen bru-
jas.
---Aspasia, brujas en estos tiempos?---pregunta Cratino.
---Tû, que eres un gran lector, me haces esa pregunta?
---Por ser eso te la hago.
---Cratino, ya hiciste el cafê?
---Claro que sî!!, lo que ya no debe estar tan caliente, lo que no quiere decir
que no fuerte.
---Eso!! Una cosa nada tiene que ver con la otra. Me sirves una taza?
---Por supuesto, naturalmente. Cômo no si no me dijiste por favor?
---Y para quê decir: por favor, si por supuesto, naturalmente me la vas y a
servir, me la servirâs?
---Ya sê que no eres fâcil. Voy por la taza y regreso con ella lo mâs râpido
que pueda.
---Kosmos, cuando me traiga Cratino la taza, leerê la cuarta parte de tu no-
vela.
---Age, Aspasia, age!! Toda tuya la parte cuarta!
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