Despuês de un rato de buscar a Aristarco, y por la parte este del bosque
de los liberales, allende que la parte mâs cercana al rîo, lo encontramos bai-
lando desnudo y tomândose una de las dos botellas que quedaba de vino. A
continuaciôn de dejarlo de atisbar con fijeza, de terminar de observar cômo
movîa todas las partes de su cuerpo, Aspasia dice lo siguiente:
----Aristarco pudiera formar parte del sêquito de Baco, y como tal partici-
par en la bacanal sin ningûn tipo de cortapisa.
----Ah, una desenfrenada fiesta---dice Cratino que agrega: pero lo increîble
es que no hace mucho querîa suidarse y ahora baila.
----Me parece, Cratino, que bailar es como un buen solvento contra la idea
de quitarse la vida.
---Sî, Aspasia , tienes razôn, pero de quê vale el buen solvento si sôlo es po-
sible durante el tiempo que dura el efecto del vino?
---Cratino, y no pudiera Aristarco empezar a partir de hoy a tomar vino to-
dos los dîas hasta que la idea del suicidio desaparezca por completo?
---De poder pudiera, pero aun asî a lo mejor no le da por bailar...
---Y de darle por lo que sea no pudiera ser tambiên un remedio? Malo fue-
ra que no le diera por nada, que no hiciera algo, que estuviese ocioso.
Aspasia estaba clara, mas yo pienso que allende de hacer algo asimis-
mo es necesaria y relevante una ayuda profesional, y entonces dîgole a ella:
----Espero que Aristarco tambiên dêjese atender por tu padre.
----Ya quedammos, Kosmos, en que me llamarîa.
----Espêrenme aquî, que voy a buscar la ropa de Aristarco---dice Cratino.
----Age, Aristarco, age!!
----Conozco ese age, kosmos. Voy por la ropa.
Quince minutos despuês regresa Cratino y barrunta lo siguiente:
----La ropa de Aristarco la destrozô el lobo.
----Cômo que la destrozô el lobo?---pregunta Aspasia.
----Diez metros antes de llegar al lugar donde estaba la ropa fui testigo
visual de lo que acabo de noticiar.
----Y desde cuândo un lobo se interesa por la ropa de alguien?
----Serâ por el olor, creo.
----Quê cosa la de ese lobo, nos sigue y no nos ataca, mas sin embargo
destroza ropa.
----Cômo que el lobo destrozô mi ropa? Y ahora quê me pongo, que a
esta hora no hay ninguna tienda abierta?
----Ya encontraremos alguna soluciôn, Aristarco, no te preocupes--dice
Cratino.
Aristarco recuêrdase de las palabras de Diopeites: si necesitas mi
ayuda aquî estoy para brindârtela, mas yo sûbito dêjele saber que jamâs
êste abrîa la puerta de la catedral barroca en plena madrugada. Seguido
Cratino acuêrdase de la cabaña abandonada que era propiedad de Aristo-
fôn, un suntuoso amigo de su padre y amante de la cacerîa con rifle, y el
que fue atacado por un jabalî salvaje, lo que fue la causa de su muerte.
---Y dônde estâ la cabaña, Cratino, muy lejos de aquî?
---Hay que caminar un poco, mâs o menos quince minutos, hacia el oes-
te.
---Pero, Cratino, tû sabes exactamente dônde estâ?---pregunta Aspasia.
---Claro que sî!!
---Entonces quê esperamos?---pregunta Aristarco.
---Esperar? Nada. Vamos!!
Yendo hacia la cabaña, Cratino nos informa que en êsta su padre
y Aristofôn encontrâbanse cuasi todos los fines de semana con el objeti-
vo concreto de salir de cacerîa, y de vez en cuando traîan a sus queridas
con las que pasaban unas horas de placer inolvidables. Êstas, ademâs, se
ocupaban de cocinar y de mantener limpia la cabaña, a pesar de haberles
dicho mâs de una vez Aristofôn que la limpieza no era necesaria por no
ser êsta su vivienda oficial y, como tal, que estuviese sucia dâbale igual,
le importaba un pito que brillase el parkett. Pero esta indiferencia no po-
dîa padecerla Metrique, un destacadîsimo paradigma de fêmina neurôti-
ca, querida de Aristofôn y nacida en Holanda, razôn por la cual mâs de
una vez entrô en liza semântica con êl, amên de decirle en voz alta que
si ella tuviese que prescindir de los utensilios para limpiar el parkett co-
mo que sentirîa que algo faltâbale, lo que a su vez acarrearîale un cons-
picuo malestar que enervarîa su energîa fîsica.
---Pero, Cratino, nacida en Holanda con un nombre como êse?
---Y acaso, Aspasia, el nombre no se puede cambiar?
---Ah, entonces se lo cambiô, no?
---Asî es!! Pero no me preguntes cuâl es el original, porque no lo sê.
---Cratino, y cômo se llamaba la querida de tu padre?---fisga Aristarco.
---Dinora, la fanâtica de la aurora.
Y entonces amplifico yo:
---Con la aurora canta el gallo y acicata el rocîo!
---Kosmos, el de las plumas pintadas que sale a relucir no sê cuântas ve-
ces en tu novela?
---Câspita!! Tal cual encima de la verja y con el pico abierto.
---Por este gallo es que es fanâtica de la aurora Dinora?
---Aspasia, eso es una intrepretaciôn tuya o una muy de ti ocurrencia.
---Cratino, y el nombre de tu padre?---pregunta Aristarco.
---Teôfilo, el de la razôn perdida, segûn decîanle.
---Y acaso existîa otro Teôfilo en el mismo barrio o en las cercanîas?
---En los arrabales. Teôfilo, el de la razôn ganada.
---Entonces pudiêrase decir que por el rocîo es que es Dinora...
---Aspasia, es igual por lo que sea fanâtica---dice Cratino que dice se-
ñalando: miren, ahî estâ la cabaña.
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