Deja resonancia en Aspasia la novela dentro de la novela, o sea, "El bu-
llicio en el silencio", allende de considerar interesante y atractivo al persona-
je Sabinski. La consideraciôn resûltame mirîfica, aunque asimismo conviêne-
me muchitanto aun siendo muy temprano para que ella descubra quiên es Sa-
binsqui. Indubitable, entonces, que el sucumbimiento del guacamayo polîcro-
mo, el suceso con el que comienza la cuarta parte, y debido a la considerable
sûmula que ingiriô êste de arilos de tejo, nada importôle, aunque sî quiso sa-
ber quiên era Konfuza y el porquê de que este ônoma en vez de con C empe-
zara con K. Seguido a mi amplificaciôn de la identidad y la razôn del cambio
de letra, Aspasia escribe en su muslo izquierdo la numeral 777, incluso igno-
rando que en su piel habîa escrito la numeral que definî "la de suprema luz",
ya que al tener tres siete llegaba a ser de grado alto. Ostensible que no faltô
la tempestiva pregunta de por quê los tres siete, la que yo respondî sin demo-
ra alguna:
---Aspasia, porque es el viaje de Sabinsqui a la ciudad del ocio en el camaro-
te del navîo con la numeral siete, el sêptimo dîa y con la partida de la embar-
caciôn a las siete de la noche.
--Bien que lo pensaste, Kosmos, otro exquisito paradigma de tu vehemencia
por la matemâtica.
---Exactivizar, Aspasia, e-xac-ti-vi-zar.
---No entiendo, kosmos, quê quieres decir?
---De mi vehemencia por la matemâtica celta.
---Ah eso. Estâ bien, y para la prôxima tratarê de exactivizar.
Al continuar con la lectura Aspasia y llegar a la pâgina 860, donde
sale a puesto, a colocaciôn el primer monôlogo de Sabinsqui, su boca aber-
turôse tanto que con una primera vista podîase tener no solamente una idea
de lo que en ella caberîa sin problema alguno, de lo que entrarîa fâcilmente,
sino que asimismo tendrîase un entusiasmo por saber que su dentadura per-
fecta y poderosa triturarîa cualesquier sustentos en cuestiones de segundos,
y no ya decir que por su limpieza y candidez descollantes darîale pâbulo a
un fantasioso a pensar en [....] Y en fin, câllome, lo que no quiere decir que
deje de haber bullicio en el silencio.
---Quê, Kosmos, te agrada mi boca?
---Aspasia, agrâdame tu asombro por el monôlogo de Sabinsqui.
---Kosmos, me voy o me quedo? Vuelvo a preguntar, y esta vez nada de pa-
pelitos--dice Cratino.
---Cratino, templanza con las preguntas, que todo tiene su tiempo.
---Templanza? Estâ bien. Templanza!!
Un rato despuês pregûntame Cratino que si podîa calentar agua pa-
ra hacer una infusiôn de raîces de pamporcino, a lo que respondîle que nun-
ca yo habîa tomado la susodicha infusiôn, y que como tal que la hiciera pa-
ra êl.
--Sî, Cratino, sî!! Yo tampoco la he tomado, mas me gusta probar cosas nue-
vas---dice Aspasia.
---Perfecto!! Entonces me pongo en funciôn de lo hacedero.
En lo que estaba Cratino en la cocina, Aspasia quiere saber mâs so-
bre el conjuro que el alquimista Epîdea de Acopios dîjole a Kosmithôs que
no deberîa repetirse en voz alta fuera de la zona propicia.
---Aspasia, en lo atinente a carmina vel possunt deducere lunam, lo mâs re-
levante lo puedes leer, êsta ahî escrito en la pâgina 863.
---Kosmos, entonces es sôlo eso, de que no se debe de decir fuera de la zona
propicia debido a su caracterîstica de influjo sobre la naturaleza, y de engen-
drar cierta desviaciôn de las estrictas y rîgidas reglas de su ser y de su curso?
---Êsa es la res, Aspasia, êsa!! Mas dîgote que la palabra escrita no es engen-
drar sino acarrear, que hay una gran diferencia entre crear y ocasionar.
---Contra, Kosmos, que si de palabras se trata...
---Câspita Aspasia!!, que ya sê cômo continûa la verba.
--Aspasia, que Kosmos es el guardiân de la verba, por eso quien se meta con
ella se mete con êl---grita Cratino desde la cocina
---Pero Kosmos, quê bien que sale en tu defensa Cratino, no?
---No siempre Aspasia, mas de vez en cuando como que parêceme que forma
parte de prytanes.
---Parte de quiên, Kosmos?
---Prytanes es una; que diga, que ya sabes que exactivizar, fue una especie de
tribunal de derecho.
---No le doy al balôn con el pie.
---Encântanme los virajes, las transformaciones, algo que no es exactamente
creativo mas crea algo.
---Kosmos, y cômo te empezaste a sentir como futuro abuelo?
---Estâs en la pâgina 858, no?
---Asî es!! La esposa de Kosmithôs estâ embarazada, y la campesina tambiên.
---Aspasia, si como uno no me sentîa, cômo sentirme como abuelo futuro do-
ble?
---Doble porque tanto tu hijo como tu hija tendrîan hijos?
---Êsa es la res!!
---Entonces, Kosmos, no empezaste a sentir nada, no?
---Aspasia, en la 862 yo amplifico sobre el artesano, sobre el constructor y
responsable de la idea de la creaciôn, in casu la de la novela, de ahî que no
sea tanto sentir algo como disfrutar con lo que se crea.
---Bueno, entonces la cosa es el gozar.
---Allende que gozar por mentirme a mî mismo creando algo que para mî
es imposible.
---Quê, gozas siendo mentiroso?
Y entonces llega Cratino con una cazuela mediana mâs caliente que
el mismîsimo Vesubio, pônela sobre la mesa pequeña de madera de la sala
y va en busca de dos tazas.
--Cratino, trae tres tazas, que como Kosmos mira la cazuela me parece que
cambiô de idea---dice Aspasia cuasi gritando.
Y no equivocôse Aspasia, mas previo a que decidiêrame a llevarme
la taza a los labios tuve que pensar varias veces la ûnica y posible conse-
cuencia que traerîa la infusiôn de raîces de Cyclamen balearicum, empero
sin revelar mi pensar ni aquêlla ni a Cratino.
---No te parece Aspasia que la infusiôn necesita mâs azûcar?
---Cratino, para mî estâ bien asî.
---Y tû, kosmos, quê amplificas sobre el edulcoramiento, es basto para tu
lengua o no?
---Por favor, camarero, una cucharadita mâs de azûcar.
---Camarero! Quê, risas?
---Aspasia, nada de risas que a mî no me da gracia---dice Cratino.
---Deberîas relajarte que te noto muy tenso.
---Kosmos, tû me ves tenso?
Sin dudas ni sospechas, sin un coralino anâlisis para hallar la causa
de algo, la problemâtica entre Aspasia y Cratino tiene que ver mâs con una
cuestiôn de falta de control del impulso emotivo que con el hecho concreto
de enfrentarse como el perro y el gato con el fin de demostrar quiên de los
dos puede mâs, quiên de ellos lleva ventaja sobre el otro al encontrar la ma-
nera expresiva que parêceles la adecuada en el momento de la efîmera dis-
cusiôn.
---Quê, Kosmos, la pregunta que te hice es tan difîcil?
---Disculpa la dilaciôn de la respuesta, Cratino, mas para los dos va dirigi-
do esto: ataraxia, ataraxia y siempre ataraxia!!
---Cômo, la que engendra verborrea circunspecta?
---No, Cratino, no!! In casu no es para que engendre tal verborrea sino el
estado con el cual todo puede sonar afuera sin acarrear adentro desequili-
brio alguno.
---Entonces, y si entendî bien, no ve ves tenso sino desequilibrado?
---No entendiste mal, Cratino, no!
---Kosmos, y hablando de desequilibrio, quê me dices de Dido cuando vio
a su padre Bole sentado al lado de ella en los pulvinares?
---Aspasia, este desequilibrio no es el mismo; mâs tiene que ver con lo re-
velado por Kosmithôs que por una carencia de control. Estâs en la pâgina
868, no?
---Asî es, estoy en êsa.
---Kosmos, y quê fue lo revelado por Kosmithôs?
---Cratino, el conjuro, la invocaciôn mâgica.
---Entonces, Kosmos, Dido dijo en voz alta el conjuro en los pulvinares?
---Ya dejê saber, Aspasia, quê pasarîa de decirse fuera de la zona propi-
cia.
---Entonces fue la causa del desequilibrio?
---Êsa es la res, êsa!!
---Kosmos, y quê tipo de desequilibrio es êste?---fisga Cratino.
---Por extensiôn energêtico.
---Ah! Quiên quiere mâs infusiôn?
---Vuêlveme a llenar la taza, Cratino---pide Aspasia.
---Camarero, yo no quiero mâs infusiôn, que fue basto con una taza.
---Mejor, asî no tengo mâs trabajo--dice Cratino.
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