Samstag, 20. Juli 2024

86 (La fiesta del general)

       

(de las ocho a las nueve de la noche)

       Cômo (siendo) la fiesta de un general no empezarîa a la hora prevista? A las ocho de

la noche estaban las cincuenta criaturas que fueron invitadas, mas Cratino y yo llegamos

a las siete y media, lo que es calaña concreta de que no somos militares para cumplir con

una austera/estricta disciplina de horario. Que descollasen sobre la ingente mesa en el jar-

dîn de la casa una sûmula de alimentos y de bebidas de todo tipo no serîa de extrañar, por-

que cômo podrîa ser posible que en la fiesta de un general hubiera escasez de algo. Obser-

vando esta opulencia de lo primero que acordême, y que a su vez como parangôn funcio-

na, fue de los  âgapes que su majestad Dido hacîa en palacio, aunque con la notable/ inde-

leble  diferencia entre lo que cômese/bêbese en la actualidad y lo que ingerîase en invete-

rados  tiempos de guirnaldas o coronas, de fulgor mayestâtico, de coruscancia del curul o

de la silla del trono. En lo que embadurnaba el cristal de mi primerîsima copa, lo que co-

mo  tal es un deîctico de estar indefenso, porque si en una mano (la derecha) tengo la co-

pa; en la otra (la izquierda) la botella, cômo voy a protegerme de algo que acopas suceda,

pase, siento que me dan unos golpecitos en el hombro derecho, razôn por la cual doy me-

dia vuelta, amên que de la misma manera que cuando estuve en la academia militar como

cadete, mas como el giro fue raudo la copa fue a parar a dos metros de distancia, empero

como  ya estaba frente a frente a la criatura que con una de sus manos diome los golpeci-

tos susodichos no fueme trabajoso lograr un estado de jovialidad. Y entonces dîgole:

---Y tû de nuevo delante de mî, Esmeralda. Quê tal de resonancias? Cômo te va con Cas-

par?

---Si tû supieras, Kosmos, que me va de maravillas, no estarîas celoso?

---Câspita!! Celoso yo? Pero de maravillas no es mucho por no ser garante de una conti-

nuidad, sino mâs bien de una satisfacciôn de acuerdo a la fruiciôn que proporciônase.

---Kosmos, vas a empezar con tu verba filosôfica?

---Empezar si nunca termina? Y dônde estâ Caspar?

---Trabajando en el restaurante de las langostas, por lo que no creo que venga a la fiesta.

---Y despuês que termine de trabajar quê?

---No! Y sabes por quê? Porque estâ cansado, que son unas cuantas horas de pie. Y dime:

quê te parece la mesa?

---Que de agregarle algo mâs pudiêranse partir sus patas.

---Quê exagerado! No exageres. Ya estâs enterado de que es una mesa de madera de abe-

dul?

---Beth, el ârbol relacionado a menudo con un cambio y una renovaciôn; uno de los vein-

te ârboles primigenios que conforman el ogham; los celtas utilizaban su madera para puri-

ficar sus casas y lugares sagrados.

---Ya sê que tu conocimiento es bastante amplio.

---Y dônde estâ tu padre, el general?

---No lo sê, no puede estar muy lejos. Y con quiên viniste?

---Con Cratino.

---Y dônde estâ?

---Segûn dîjome, necesitaba miccionar.

---Y Aspasia?

---Quedôse en casa con Juliette y Sista, que anoche estuvimos hasta las mil y quinietas

en la plaza de la catedral barroca.

           Aquî interrûmpese el intercambio de verba y por la razôn siguiente: por las dos 

plantas de hierbaluisa traîdas por dos chicas, de las cuatro que el general contratô para

que ocupâranse del trabajo de servicio, y con el têlos de ponerlas como ornamentaciôn

en cada una de las puntas de la mesa. Al regresar Cratino, Esmeralda salûdalo como si

fuese  un año que no  veîalo, y seguido dîcele que que lâstima que Juliette no viniese a

la fiesta, pero que podîa comprender que si estaba cansada diêrale a su cuerpo el nece-

sario solaz. Asimismo pîdele que salûdela de su parte, allende que dîgale que la llama-

râ  mañana o pasado mañana y con el objetivo de saber cuândo podîa encontrarse con 

ella para  dar una  vuelta por la ciudad. A raîz de estas palabras nos deja saber que co-

mo conocîa a cuasi la mitad de las criaturas presentes [empero por ser amistades de su

padre que no amigos/gas de ella] deberîa cumplir con el cometido de saludarlas, razôn 

por la cual tenîa que dejarnos para ponerse en funciôn de esta tarea de jaez protocolar.

---Al avîo, Esmeralda, al avîo!! 

---Eso, Kosmos, eso. De todas maneras estamos aquî, asî que vernos no serâ imposi-

ble. Espero  que la pasen bien, y tengan cuidado con esas cuatro chicas que contratô

mi padre que son super inteligentes. Bueno, los dejo.

        Cratino quêdase mirando las plantas como si mirase no sê quê cosa, mas como

la  hierbaluisa es una  de las tres plantas (el trêbol de cuatro hojas y el jazmîn de Ara-

bia  son las otras dos) que  sale a puesto, a colocaciôn en mi novelôn, pregûntame al 

terminar con su contemplaciôn:

---Quê tû crees, Kosmos, le gustarâ al general el olor a limôn?

---Es posible, Cratino, puede ser. Ya le preguntarê cuando sea el momento oportuno

y a êl, in casu, como la persona adecuada, y no me mires asî que ora nada tiene que

ver la medida justa.

--Kosmos, sabes una cosa? Esa chica que puso la hierbaluisa en la punta derecha de

la mesa ingente la conozco, mas no recuerdo de dônde.

---Cratino, la nemôsine puêdese refrescar con tan sôlo hacer la tempestiva pregunta.

        De facto no hizo falta que Cratino fuera a preguntarle, porque en el preciso mo-

mento que iba a hacerlo la chica dirigiôse a nosotros.

---Cratino, cuânto tiempo sin verte, no te acuerdas de mî?

---Si supieras que acâbole de decir a mi amigo que te conocîa de alguna parte, pero

que no la recordaba...

---Disculpa que te interrumpa, pero mi nombre es Anabel y anduve mucho con la

que fue novia tuya hace siete años, o sea, Arder Porseñas.

---Verdad que sî. Cômo estâs, quê es de tu vida?

---Tal vez suena un poco increîble, pero la realidad es que en siete años para mî no

han cambiao muchas las cosas, por no decirte que la monotonîa es la misma. Pero

tû estâs igualito. Quê haces para mantenerte igual?

---Si de hacer se trata lo ûnico que hago es leer.

---Cômo olvidar que decîame Arder que eras un excelente lector, muy fiel a los li-

bros. Me hubiera gustado tener el hâbito de la lectura, pero...

----No tienes tiempo por el trabajo, no?

---No no, no es por eso, sino porque no tengo paciencia para leer mâs de dos hojas,

me aburro râpido o me quedo dormida.

---Y dime, Anabel: de dônde tû conoces al general?

---A êl no lo conozco, sino a su hija Esmeralda, la que me llamô para preguntarme

si querîa ganarme un poco de dinero trabajando en esta fiesta de su padre.

---Entonces Esmeralda conoce a las otras tres chicas?

---Eso no lo sê, Cratino, y si quieres saberlo pregûntale a Esmeralda. Y de dônde tû

conoces a Esmeralda, que no hace mucho hablabas con ella.

---La conocî porque es buena amiga de Aspasia, la novia de este que estâ aquî, a mi

lado, y el que se llama Kosmos.

---Un placer conocerte, Kosmos.

---Gracîas, Anabel! Asimismo para mî un deleite.

---Me ha dado mucha alegrîa volverte a ver, Cratino, pero debo seguir con mi traba-

jo. A lo mejor mâs tarde podemos conversar un poco mâs.

---Entiendo, Anabel. Entonces hasta mâs tarde.

        Cinco minutos despuês viene Esmeralda, la que dîcele a Cratino que tuviera cui-

dado con lo que hacîa, ya que de cogerlo en algo con Anabel se lo dirîa a Juliette.

---Esmeralda, sôlo conversaba con Anabel porque fue compañera de andanza de Ar-

der Porseñas hace siete años. Tû no crees, ademâs, que la que deberîa decirme eso es

Juliette y no tû?

---Tienes razôn, pero Juliette no estâ aquî y ella es mi amiga, asî que...

---Esmeralda, dêjamelo a mî, que yo ocûpome de que no pierda el control, de eludir

que un impulso domînelo a causa de la redondez de las formas.

---Verdad, Kosmos, verdad? Mira que te conozco de arriba a abajo. Si ya sê, riête, pe-

ro ten cuidado tû tambiên que Aspasia asimismo es mi amiga.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Es tu amiga y, sin embargo, tû

me tiraste piedrecitas a la ventana en plena madrugada para que bajara a encontrarme

contigo? Es tu amiga para lo que te conviene. Ora que estâs con Caspar se te olvidan

ciertas cosas pasadas entre tû y yo.

---Kosmos, no estoy para discutir contigo, asî que me voy.

---Age, Esmeralda, age!!

        La llegada de Dasid acarreô aplausos y debido a la vestimenta irlandesa que cu-

brîa su cuerpo. Concomitâbalo Matilde Roco Espinoza con un vestido pimpante y de

color azul, su color preferido. El general los recibiô como si fuesen dos criaturas rele-

vantes, y no sê si con el objetivo de demostrar, de hacer notable, de acentuar el vero-

sîmil que a pesar de tener un alto grado militar era capaz de ofrecerle reconocimiento 

mayor a un chofer y a una viuda ama de casa con crecida frustraciôn. Sea como fuere

si que estoy consciente de que Francis no es fâcil de calcular, ya que al tener dominio

de una sûmula de variantes con las que pudiera sobre el pucho granjearse el cariño y

el respeto de sus amistades o conocidos matematizar una sola lînea de conducta serîa

cuasi imposible, una tarea que sofoca (sofocante), una observaciôn de horas con ôcu-

los de Argos. Seguido a sentarse Dasid en la ûltima silla de la parte izquierda de la in-

gente mesa, y tan pegado a la hierbaluisa que el olor a limôn refrescarîa su nariz irlan-

desa muy que de cerca, el general espera, para sentarse êl, que Matilde Ronco Espino-

za acomode su tafanario en la silla al lado de la de Dasid. 



 









































 




 


























          

       






 









  








  



 































 


Freitag, 19. Juli 2024

85 (cont)

        El capitân orcivo, el ûnico pasajero que estaba en el bus y al que Cratino no podîa

ver ni oîr, estaba  sentado en la parte trasera y sobre sus piernas tenîa un pequeño navîo 

que señalaba con el dedo îndice de la mano izquierda, a su vez que decîame que deberîa

hacer  otro viaje en el camarote con la numeral siete donde las novedades incesantes me

resultarîan  interesantes. Su mîmesis sub specie aeterni ocasionôme el espeluznamiento

de las partes de mi cuerpo mâs velludas, porque son dos cosas muy diferentes las que de

inmediato amplifico: la primera, que haya tenido con êl atingencia dentro de mi novelôn;

la segunda, que têngala ora fuera de êste. Como personaje (y narrador) que fui cada vez

que  êl albriciâbame sobre el segundo sistema servîame como un superavit para enrique-

cer  lo que proveniente de mi magîn garantizaba la mantenciôn de los cuatro movimien-

tos, los  que a su vez eran garantes de que el lûdico general no perdiera su sustento, que

tampoco su aliciente  para que todos los personajes tuvieran la posibilidad de un rol, de

esa actuaciôn en una escena caracterizada por una retahîla de conceptos, ambages, fun-

damentaciones, descomposiciones, alteraciones, consideraciones, policromîa verbal, es-

pejismos, etc. Pregûntome entonces: esta forma de eyectar una figura bajo el aspecto de

lo eterno no pudiera ser obra de Melpômene para que lo histriônico de facto siga funcio-

nando, aun estando yo en el mundo despuês de los mundos?

---Kosmos, se pudiera saber el motivo de que tu mirada estê concentrada en la parte tra-

sera del bus?

---Amigo mîo crêeme esta res: como de lo que no sâbese es mejor callar, no te dirîa al-

go que tu desconoces para no causarte que muêvase tu lengua y en funciôn de inferir,

porque precisamente por no conocer lo que escuchas amplificarâs conjeturas.

---Si tû lo dices, cômo no creerte? Pero dime una cosa: por quê de dîa este bus estâ tan

atiborrado de cuerpos que hasta una fêmina puede ser violada simbôlicamente; de no-

che tan vacîo que lo que impera es la soledad, y como tal, simbôlicamente, no hay vio-

laciôn ninguna?

---Câspita!! Cratino, una pregunta como êsta tiene una dilucidaciôn larga: la deseas es-

char?

---Pues claro que sî. A ver, cuâl es la explicaciôn que no es corta?









    


Donnerstag, 18. Juli 2024

85

         A pesar de no decirse siempre, y debido a una forma de no revelaciôn ceñida a un

plan de laboro bien pensado, las mâs conspicuas ideas, ocurrencias, sûmulas y otras da-

dorîas  salîan en la Kosmona a puesto, a colocaciôn en la nocturna, importando no mu-

cho  que no estuviesen presentes en la instituciôn todos los contertulios. Clarîsimamen-

te  que por impedirlo  el techo la luz  de la hermana de Febo no llegaba directamente al

colectivo, mas solamente con su imperio era (es) suficiente para tener inspiraciôn. 

--Kosmos, pero segûn lo que he leîdo de tu novelôn, esos contertulios como que vivîan

en la Kosmona.

---Cratino, concretamente la representaciôn de ellos mâs tenîa que ver con una presen-

cia constante en la instituciôn que con un subrayamiento de que por lo que podîan pagar

alquilaban casas en Bedriaco, lo que hasta cierto punto rompe con la idea de un vivir con/

para la filosofîa.

---Kosmos, pero romper con una idea en tu novelôn, porque en los tiempos antiguos los

filôsofos tenîan hasta criados/esclavos.

---Câspita Cratino!!, no hablamos de mi novelôn?

---Sî, Kosmos, hablamos de êl, pero en el caso, verbi gratia, de Asonis, Temîganes y Pe

rrasiestes: no vivîan en la casa, cerca del barrio de las Carinas, que perteneciô a uno de

los dos moros que secuestraron a tu hija (la campesina) en el estrecho de España, y pa-

dre de Xabier, el grumete redomado?

---Aquî te refieres a lo de la vivienda que no a lo de tener esclavos/criados. Cratino, no

has leîdo el novelôn completo. 

---Eso es cierto, Kosmos. 

---Cratino, parêceme que te viene a buscar Juliette.

---Voy hacia ella, asî la distancia que tiene que vencer es mâs corta.

---Aunque sea de pocos metros. Age, Cratino, age!!

         Y en lo que Cratino va, vienen Aspasia y Sista.

---Vengo a decirte, Kosmos, que Sista duerme conmigo en mi cuarto, asî que te toca el

sofâ.

---Por el oro de las retamas y la pûrpurade los brezos!! Ni que fuera la primera vez que

duermo en êl. Y quê pâsale a Sista?

---Que te responda ella?

---Kosmos, de pasarme no me pasa nada.

---Sista, deplorale que no te pase nada.

---Kosmos, te entendî, mas no te respondo, que tû sabes que te conozco.

---Y quê, ya se van?

---Ya nos vamos, Kosmos.

---Vâyanse y que pâsenla bien.

---Kosmos, que te conozco tan bien como Sista.

---Tû crees, Aspasia? Adiôs a las dos.

---Espêrenme, que me voy con ustedes.

---Cômo Juliette? Te fajaste con Cratino?

---Nada de fajazôn, Aspasia. Sencillamente hago lo que me da la gana, lo que deseo

hacer.

---Ah, estâ bien. Entonces dormimos las tres juntas.

---Sista, y cuândo se fueron tu madre y ese chofer?

---Juliette, se acaban de ir.

---No me di cuenta, hablaba con Cratino. Nos vamos entonces?

          Al quedarme con Cratino dîgole lo siguiente:

---La realidad en este momento, en este instante que es eternidad, es una sola: dejâron-

nos solos.

---Y quê podemos hacer, Kosmos?

---Dar una vuelta por la ciudad en el bus.

---De acuerdo! Dêmosla!























 









 


 

Dienstag, 16. Juli 2024

84

        Media hora despuês asômbrase Sista por ver en un costado de la plaza a su madre

Matilde Ronco Espinoza con el chofer del general. Al preguntarle yo si no era normal

que dos criaturas que tienen atingencia cupidosa se besen y se toquen en busca de pla-

cer, del beneficio indefectible o la fruiciôn imprescindible, ella respôndeme que clara-

mente  no es algo anormal, mas que por cuestiôn de horario jamâs su progenitora sale

de la casa tan tarde en la noche. Teniendo en cuenta que segûn las reuniones y encuen-

tros del general fuera de la academia militar es que Dasid puede tener un tiempo de la-

boro  como chofer o mâs  corto o mâs largo, cômo entonces no serîa posible que haya

acabado  de manejar ayer en la nocturna tarde, y  seguido a acicalarse y cambiarse de

ropa pasô a buscar a Matilde?

---Pudiera haber sido eso, Kosmos, pero aun asî me resulta raro por lo que te dije.

---Sabes entonces quê puedes hacer, Sista? Ir a preguntarle a tu madre , y asî se te qui-

tarâ el asombro.

---Es lo que hago ahora mismo, Kosmos.

       El mûsico Forligen ubîcase al lado mîo, y en lo que miraba cômo Sista arrumba-

ba sus pasos hacia el costado de la plaza, pregûntame si tambiên îbase.

---No, no se va, sino que fue a preguntarle a su madre algo que ella quiere saber.

---Su madre? Y dônde estâ, kosmos?

---Mira hacia allâ. Ves aquella señora con un vestido azul? Êsa es su progenitora.

---Ah, pero veo a tal señora mas no distingo el color del vestido.

---Si no lo dintingues no importa, que ya sabes que es azul. Parêceme que pudiera

ser posible que el elefante azul se lo haya dadivado a Sista su madre.

---Un elefante azul? De quê hablas, Kosmos?

---De uno que cuelga del llavero de Sista con la llave de la puerta del apartamento de

Aristarco.

---Y cômo tû sabes eso?

---Forligen, porque Sista me lo dijo. Cômo si no sabrîalo?

---O sea, Kosmos, que si la madre lleva puesto un vestido azul es porque le gusta este

color, y si le gusta...

---Câspita Forligen!! No te dejê terminar, mas aun asî el anâlisis que haz hecho no es-

tâ mal. Tû no crees que Isabela estâ cansada? Mîrala, bosteza.

---En realidad, Kosmos, no estâ acostumbrada a la vida nocturna como nosotros. 

---Pues amigo mîo llêvala a tu apartamento para que descanse.

---Sî, Kosmos, me parece que es lo mejor. Nos vemos otro dîa.

---Êsa es la res, Forligen. 

         Cinco minutos despuês viene Sista con su progenitora y con Dasid, por lo que re-

sûltame interesante una cosa: que la sûmula de criaturas llegaba a siete.

---Kosmos, en quê estâs pensado, que te conozco?

---Aspasia, respôndeme esto: al irse Forligen, Isabela y Aristarco, cuântas criaturas que-

daron?

---Cinco, Kosmos, cinco. Y?

---Y si a cinco sumâmosle dos? 

---Quê es esto, Kosmos, uno de tus jueguitos?

---Responde y no preguntes.

---Siete, Kosmos, siete. Ah, ya caî. El siete, tu numeral favorita.

          Dêjame saber Dasid que la fiesta del general comenzarîa a las ocho de la noche;

Matilde, que habîase vuelto a encontrar por casualidad con Teôfilo, el de la razôn gana-

da, mas que al mirarlo ya no parecîale la misma persona. Si a aquêl le di las muchitan-

tas gracias por la informaciôn, allende que dîjele que Yelas barruntôme de que la fecha

de  la susodicha fiesta habîala cambiado el general, el que llamarîalo para decirle cuân-

do harîala; a êsta dejêle bien claro dicho un fundamento bâsico que no pierde vigencia

como  tampoco relevancia: el gancho atrapante de lo imantativo pierde pudiencia des-

puês de dirimir el enlace venusiano.  

---Kosmos, ya sê por habêrmelo contado Sista, de tu vehemencia por la palabra, pero

carezco de la preparaciôn adecuada para entender ese fundamento bâsico.

---Puêdoselo explicar despuês, mâs tarde, Matilde.

---Mâs tarde de lo que ya es?

---Matilde, lo que acabo de decir nada tiene que ver con el tiempo sino con...

---Deja, Kosmos, que ocûpome de explicarle a mi madre quê tû quieres decir con eso

que dijiste.

---Sista, muchitantas gracias!!

          Mas Sista lo sabe porque Aspasia revelôselo, mas êsta y Cratino lo saben mejor 

por conocerlo directamente de mi novelôn, razôn por la cual ambos mirâronme a con-

tinuaciôn de yo darle las muchitantas gracias a Sista. Empero pensândolo con parsimo-

nia, y con mi mêtodo escrutativo de preguntas que al parecer o son banales o provoca-

tivas, preguntarîale  a êsta para saber  concretamente una cosa: si justamente entendiô

lo que Aspasia revelôle. Entregado a la tarea de construcciôn de la pregunta, Dasid se

pone delante de mî y dîceme:

---Kosmos, como sê que el general es amante de los trovadores, tuve una idea que me

parece le va a gustar.

---Amplifique la idea, Dasid, amplifîquela!

---Como sorpresa para su fiesta la presencia en êsta de un mûsico que toque la guitarra.

Tû conoces alguno?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Acâbase de ir uno que estaba y

aquî con nosotros, allende que vive en el mismo barrio que yo. Usted no lo vio, estaba

acompañado por su novia?

---Kosmos, es que mi mirada estaba tan concentrada en Matilde que sôlo tenîa ojos pa-

ra ella. Entonces puedes hablar con ese mûsico? 

---Ostensible que sî, Dasid. Y quê dîgole respecto al peculio que ganarîa?

---Que estâ garantizado y que le pago lo que pida. Cuânto tû crees que pida por hora?

---Eso no lo sê, Dasid, lo desconozco.

---Bueno, cuando lo sepas puedes llamarse e informarme? Tienes en tu bolsa papel y

lâpiz para escribirte mi nûmero?

---Câspita!!, que ambos nunca faltan dentro de ella. Mire, aquî tiênelos.

---Listo, aquî estâ. Me puedes llamar antes de las seis de la tarde para tener la seguri-

dad de que el mûsico o viene o no?

---No se preocupe, Dasid, lo llamo antes de las seis. Y ora discûlpeme, que debo pre-

guntarle algo a la hija de Matilde.

---No hay problema, Kosmos. Espero tu llamada.

          Fîjome entonces que Sista y Matilde habîanse separado un poco de nosotros y

hablaban tan pegada una a la otra que no quedôme duda que sostenîan una conversa

de  jaez privado, que  si no de otra îndole mas impepinable que era una en la que no

podîamos participar, lo que diome pâbulo de decirme a mî mismo que harîale la pre-

gunta a Sista en otra ocasiôn, en otro kairos, y en el caso de que acordârame, porque

a la postre y al cabo una como la que querîa hacerle [banal o provocativa con una in-

tenciôn] pudiera ser que olvidâraseme precisamente por carecer de relevancia. 

---Kosmos, tû que conociste bien a Sista por la relaciôn de dos años que tuviste con

ella, quê me dices de lo que estamos viendo, siendo testigos visuales?

---Cratino, que sencillamente ella habla con su madre de/sobre algo que no desea que

nosotros lo sepamos. 

---Pero de/sobre algo que de pronto apareciô?

---Y cômo yo puedo saber eso? Si de pronto o demorado ludica algûn rol?

---Ludicar algûn rol? La resonancia de tu novelôn influye en tu pensar para pensar en

un juego histriônico?

---El mundo, no mi novelôn, como voluntad y representaciôn.

---Contra, el inveterado Schopen!! El alcanzable difîcil!

---Cratino, todo tiene un motivo, una razôn de ser, etc.

---Eso es tan cierto como que Apolo alumbra.

---O que Diana inspira, la que tenemos arriba. La ves?

---Entonces tenemos inspiraciôn por estar lumbrados por ella?

---Para mî queda indubitable.















 















  















  





























   

Donnerstag, 11. Juli 2024

83

       Seguido a la afinación de los dos instrumentos (el chelo y la guitarra) empieza a can-

tar  Forligen algo  dicho por él que [no sê cuândo o en quê momento] musicalizó: del co-

mentario positivo a raîz de un determinado suceso. En nuestro barrio Strawinsky no es él

solamente  famoso por su talento para componer, sino asimismo por su ingente virtuosis-

mo que deja a cualquiera con la boca abierta, por lo que no es de extrañar que varios tra-

bajos musicales de su propiedad hayan tenido un tremendísimo éxito, empero que deplo-

rable  que el peculio  recibido no  correspondiera con su fama. Digo, ademâs, que es un 

mûsico que [canta, y no un cantante] encântale la lectura, lo que favorêcele por ser algo 

que  le da un amplio  vocabulario que tambiên un conocimiento con el cual es posible la 

riqueza/complejidad de sus  textos ( metaforizados) plûmbeos y largos, característica no

muy comûn en tiempos actuales que lo que õyese es mâs estrêpito que otra res. Resultó-

me  pejiguerosa la deuda que con êl tuve, que de no ser por Cratino aûn la tuviera, dura-

ble una sûmula de meses, pero como a la postre y al cabo hay cosas que (necesaria/ ine-

ludiblemente) pasan es mejor mantener una actitud estoica aun no siendo êsta el solven-

to/elixir definitivos contra ninguna molestia; que la ideal para desdeñar algo sî que parê-

ceme la justa: el vuelo de moscas y abejas indômitas. 

         Diome pâbulo de risa que algunos turistas pasaran y dejaran caer monedas dentro

del estuche abierto de la guitarra que estaba en el piso y a la siniestra (lado de los malos

augurios) de Forligen, quien al verme reîr hîzome un guiño que yo captê inmediatamen-

te, que  de todas maneras nuncan estân de mâs unas monedas cuasi regaladas o ganadas

sin  hacer mucho esfuerzo. Reîme  porque la intenciôn de Forligen no era la de ganarse

las  susodichas  monedas, ya que mâs  bien lo del estuche abierto tenîa que ver realmen-

te con su costumbre de no cerrar êste y ponerlo en posiciôn vertical, allende que dândo-

le igual/lo mismo  si a la derecha o a la izquierda de donde estuviese sentado. Media ho-

ra  despuês, y a continuaciôn de saber cuânto habîa ganado, dîceme que podîa comprar-

se un juego de cuerdas nuevas, empero en el caso de que hubiesen en la tienda de mûsi-

ca, mas que si no no quêdabale otra cosa por hacer que seguir estirando las cuerdas vie-

jas hasta que por senectud se partieran.

---Forligen, y no existe la posibilidad de comprârselas a alguien que las venda?

---La posibilidad, Kosmos, sî existe, pero sabes quê pasa? Que ademâs de costar mâs

son de muy mala calidad.

---O sea, que no es, in casu, que lo barato sale caro sino que lo costoso sale efîmero, ya

que de que sean de muy mala calidad su duraciôn no es muy larga.

---Asî es, Kosmos, asî es. 

       Empero en lo que reîame fui testigo visual de dos cosas: la primera, de cômo al mi-

rar  la linterna de la  catedral barroca Aristarco cumplîa con esta actividad: poniendo de 

soslayo su  cabeza hacia la izquierda; la segunda, de que Sista pregûntale algo y êl quê-

dasele mirando como si la pregunta o estuviese mal formulada o hubiêrale acarreado la

tempestiva  molestia. De tal guisa, y non plus ultra de unos segundos, Aristarco la abra-

zô y la mirô de una forma disîmil, totalmente tan diferente que hasta a mî mismo diome

alegrîa, porque  cômo no saber que a Sista, mi mor del pasado, encântale que la mirada

que mîrala estê del toda exenta de engorro, o por extensiôn transparente, o sea, libre de

un  obstâculo que no  impîdale a las retinas que la miran que ella pueda penetrar por ês-

tas con facilidad. Que no podrîa continuar sino esta pregunta que pondrîa punto final a

estas  palabras mîas: lo que no entra por los ojos entra por otra parte? Y si de parte trâ-

tase, Cratino, y por la izquierda, dîceme lo siguiente:

---Kosmos, escuchê eso de que en este caso no es que lo barato salga caro sino que lo

costoso [...]. A quê dêbese tu decir?

---Câspita Cratino!! Por quê me preguntas a la izquierda y no a la derecha de mî?

---Precisamente porque sê que tû sabes que la izquierda es el lado de....

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Lo que dîjele a Forligen fue de-

bido a lo que dejôme saber de las cuerdas.

---Espero que sean las cuerdas de la guitarra, porque contigo no siempre se sabe...

---Deja, Cratino, deja, que no hace falta que termines para saber de tu completo decir. 

---Y, entonces, me respondes?

---Sî, Cratino, sî, son las cuerdas de la guitarra.

---Quê tû crees de nuestro amigo mûsico, el que no deja de mirar a Isabela como si un

diamante egipcio fuese?

---Que de tanto mirarla va a tener que tocarla como si tocara a este diamante.

---Necesariamante, Kosmos?

---Cratino!! Te haces el cenutrio o me provocas? Tû no estâs viendo el cuerpo que tiene

esa muchacha, allende de penetrar por los ôculos de Forligen.

---No, y menos mal que los ôculos de êl son grandes, porque si no un tamaño, como el

de ella, encontrarîa dificultad para eso.

---Para eso.

---Kosmos, ora el que se rîe soy yo, que tus ocurrencias no son inmensurables.

---Y punto a la raya y que continûe la letra!

---Conmigo en esta eternidad no, que parece que Aristarco quiere preguntarte algo.

---En este instante. De cuâl artîfice acordâmosnos al sustituir la palabra eternidad por

instante?

---De uno barroco, de ese complejo/magno que justicia metafôrica hace.

---Êsa es la res, Cratino!!

---Bueno, te dejo con Aristarco.

---Age, Cratino, age!!

        La pregunta que hizôme Aristarco tenîa que ver con el dîa que el tratô de lanzarse

al vacîo desde la linterna de la catedral barroca, y la que ocurriôsele al contemplar êsta

de abajo hacia arriba, y que si no hubiese sido por Aspasia, Cratino y yo êl ya estuviera

en  el otro mundo. Respecto a que ya estuviera sin la intervenciôn de nosotros en el se-

gundo sistema requiere un breve anâlisis, porque de facto antes de que llegâramos a la

linterna êl hacîa rato que estaba en ella y, sin embargo, no decidîase a tirarse, o sea, que

la negaciôn a realizar un acto mortal, o el conflicto conciencial entre el SI y el NO era la 

especîfica  causa del no-suicidio, asî que entonces no es que sin la intervenciôn de noso-

tros  êl ya estuviese  en el otro lado, sino que mâs bien no lo estâ por êl mîsmo, porque

que  en realidad êl no  querîa sucumbir que sî llamar la atenciôn, la repetida/tîpica cala-

ña que dejan los que no estân absolutamente convencidos de abandonar/salir/dejar/ irse

del primer sistema.

---Kosmos, tû no sabes lo que es tener tuberculosis.

---Ostensible que no lo sê, Aristarco, mas a pesar de tenerla el querer sucumbir no era

cierto, el tema al que referîame y no al de una enfermedad, o sea, que son dos distintas

rerum. Puedo entender la defensa cuando desvêlanse verdades; y esta defensa tiene su

razôn: autoprotecciôn!





   






 














 

 



  





 



   



 






 




 


Dienstag, 9. Juli 2024

82

       Por la razôn de que Forligen grita mi ônoma es que nos detuvimos ciento cincunta

metros antes de llegar a la plaza de la catedral barroca. Allende de traer consigo su gui-

tarra  estaba concomitado  por una  chica un poco mâs grande que êl, delgada y con un

cuerpo tan bien formado que no cansarîame de mirarla. Al darse cuenta Aspasia que ob-

servâbala sin pestañar peñîzcame en el brazo derecho, mas como ya sus pellizcos no me

duelen, porque  me ha pellizcado tanto que ya mi piel estâ acostumbrada, no fue ningu-

na mi reacciôn. Despuês de presentarnos a la chica, y llamada Isabela, barrûntanos For-

ligen  de que desde  hacîa una hora era su novia, pero tambiên que la conociô en el bar

nocturno, agregando que en cuanto la vio tanto que empezô a latir su corazôn vigorosa-

mente  por mâs de siete minutos, motivo por el cual dîjeme a mî mismo: un disparo de

ôrdago  de flecha. Seguido a preguntarnos adônde îbamos o de dônde venîamos, Aspa-

sîa  respôndele que nos dirigîamos a la plaza de la catedral barroca, ademâs que dîcele

que si no tenîa algo que hacer, y si lo deseaba, podîa unirse con su novia al grupo.

---Vaya, quê casualidad, Aspasia, que nosotros tambiên pensamos ir al mismo lugar.

---Perfecto, Forligen, entonces hacia allî. Te acuerdas de Cratino y de Juliette, no?

---Por supuesto. Por quê preguntas?

---Porque posiblemente tambiên vengan. 

---Por lo que crecerâ el grupo y la sûmula de parejas. Ya saben que Esmeralda estâ con

un camarero llamado Caspar?

---Sî sî, ya lo sabemos. Y cômo tû lo sabes, por quiên te enteraste?

---Aspasia, cuântas cosas no saben los faranduleros de esta ciudad amantes de la noche,

de la corrida nocturna, del comentario positivo a raîz de un determinado suceso?

---Del comentario positivo a raîz de un determinado suceso! Una diamantina amplifica-

ciôn, Forligen, y por la misma a-plau-sos.

---Bueno, Kosmos, te agradezco el reconocimiento, que sê que eres un hombre de letras,

pero me parece que no hay que exagerar

--Si le llamas exagerar a una valoraciôn cômo llamarîas a lo contrario, o sea, a la no-va-

loraciôn?

---Kosmos, tû crees que con la cantidad de tragos que he tomado puedo responder esta

pregunta?

---Pues no parece que estâs ebrîo.

---Por fuera no, pero por dentro sî, y por lo mismo no se ve, nota.

---Isabela, y tu eres bastante calladita, no?

---No no, Aspasia, es que me gusta escuchar.

---Muy bien, Isabela, muy bien.

          Al llegar a la plaza de la catedral barroca ya estaban en êsta Cratino y Juliette.

Ambos eyectaban una jovialidad en el semblante, y como resultado, ostensible estâ,

de la fruiciôn cupidosa que tuvieron en nuestro cuarto, del pegarse cuerpo con cuer-

po como dos criaturas enamoradas que con soltura entrêganse al movimiento y al so-

focamiento. En lo que los dos saludan a Forligen, Aspasia acêrcaseme y dîceme que

ni  tan siquiera habîan  estado en el cuarto una hora, por lo que resultâbale difîcil de 

creer que el culmen que alcanzaron sea uno verdaderamente bueno, porque al que y

llegâse tan râpido mâs es debido a un deseo tremendo de...que realmente por un tra-

bajo lento de paulatinamente ocasionar en el cuerpo una erupciôn satisfactoria. Con

esta verba tiene algo de razôn, mas le dije que no olvidara que ni Cratino ni Juliette

cuentan con una basta experiencia en esta materia, y como tal carecen del menester

conocimiento para saber de lo que ella estâ hablando.

---Kosmos, de quê ustedes estân hablando?

---Nada relevante, Cratino, de una res entre nos que no queremos hacer pûblica.

---Ah eso, estâ bien.

---Aspasia, se me quedô la cajita de mûsica en el apartamento, asî que otro dîa paso

a buscarla.

---No hay problema, Juliette, te la cuidarê del polvo como si fuese la mîa.

---La que te regalê?

---Sî!!, la que me regalaste.

 (cinco minutos antes, cuando Cratino y Juliette saludan a Forligen)

----Quê, Forligen, darâs un concierto con tu guitarra?

----Nada de concierto, Cratino, que acabo de tocar en el bar nocturno.

----Y cômo te lleva la vida?

----Nada especial, lo mismo de cuasi siempre: dormir de dîa y tocar de noche.

----Dormir de dîa, bueno, lo mismo que hago.

 ---Ah Forligen, quê sorpresa encontrarte aquî! Y quiên es ella?

----Juliette, mi reciente novia, y se llama Isabela.

---Mucho gusto Isabela, un placer conocerte. Pero tû no vas mucho al bar nocturno, o

es que sî y nunca te he visto?

---Hoy fue la primera vez que entrê en ese bar, del que una amiga me hablô y con la

que me encontrarîa allî, mas me llamô y me dijo que no podîa venir porque sentîase

mal por su periodo.

---Puedo entender, Isabela. Cômo no entender eso? Y quê haces?

---Estudio medicina, estoy en el quinto año.

---Interesante!! 

---Por quê? 

---Porque mucho tiempo pensê en hacerme doctora, pero por cosas de la vida no pude

serlo.

---Quê lâstima! Y a quê te dedicas?

---De momento no hago nada.

---Y tiene pensado hacer algo, porque de algo tienes que vivir, no?

---Mis padres me mantienen. No, no sê quê hacer. 

---Disculpen que las interrumpa, pero Juliette mira hacia allâ.

---Kosmos y Aspasia que nos miran y se hablan al oîdo.

---Pues vamos a indagar quê pasa.

---Y por quê tû crees que pasa algo? 

---Porque lo que hacen no es normal.

---De acuerdo, vamos a averiguar, pero preguntas tû.

        Interesado en saber el porquê de que Isabela preguntârale a Juliette si pasaba al-

go o no, porque de facto era intempestiva una pregunta como êsta, pregûntole a Julie-

tte la razôn por la que se la hizo, siendo Cratino el que responde lo siguiente:

---Kosmos, es que como pensê que pasaba algo al verlos a ustedes hablândose al oîdo

y mirândonos, le dije a Juliette, que conversaba con Isabela, que vendrîamos a indagar.

---Câspita Cratino!! Verdad que lo pensaste? Insôlito!! Tû, precisamente tû, y nadie mâs

que tû, que hâyalo pensado.

---Bueno, indeleble lo que pensê, Kosmos.

---Me parece, Cratino, que estâs paranoico.

---Aspasia, vas a empezar a decirme barbaridades?

---Quê les parece si saco la guitarra y hacemos una descarguita?

---Forligen, que ha ocurrîdosete algo genial.

---Algo genial, Kosmos? 

---Forligen, no le hagas mucho caso a Kosmos, que le encanta provocar. En lo que sa-

cas del estuche la guitarra voy en busca del chelo.

---Doblemente genial!!

---Kosmos, no te voy a hacer caso. Esperen, que vuelvo enseguida.

---Al avîo, Aspasia, al avîo!! Age!!



 




  


















     













  

























 

Freitag, 5. Juli 2024

81

        Rumbo a la plaza de la catedral barroca, y por atisbar el Tien con tremenda joviali-

dad debido [al descollamiento y] al fulgor sin parangôn de mi Aldebarân querida, amên

que asimismo por su magnitud que al apellîdase primera no dejarîa de idolatrarla ni aun

teniendo frente a mi vista un ampo perteneciente a la piel mâs seductiva, Aspasia apriê-

tame mi mano derecha y seguido pregûntame si pasaba por mi mente el recuerdo del as-

trôlogo  Sula, porque de vez en cuando hago ciertas y determinadas cosas de acuerdo a

acordarme  de personajes y escenas  de mi novelôn, lo que es totalmente verdad, empe-

ro  respondîle que estâ vez mâs bien tratâbase del sobresalir de mi adorada estrella que

de reminiscencia alguna. A raîz de escuchar estas palabras sobre el pucho mira el cielo,

mas  como la sûmula de  estrellas era bastante grande pregûntame cuâl era la que men-

cionê. Seguido  a que el  îndice de mi mano izquierda, y en funciôn deîctica, con preci-

siôn la señala, ella no podîa creer que a pesar de estar tan lejana su brillo con potencia

llegara  a los ôculos, por lo que tuve que dilucidarle brevemente no sôlo sobre la cons-

telaciôn de Tauro, sino que asimismo en lo atinente a quiên impera ( y de tal guisa) en

ella: el magno del Olimpo y trepado en el toro que posibilitô un secuestro, 

---Interesante, Kosmos, esta parte de tu discurso mîtica, pero sabes quê? Eso de que no

dejarîas de idolatrar a tu estrella ni aun teniendo frente a tus ojos el ampo mâs seducti-

vo es difîcil de creer.

---Câspita, Aspasia, que por lo que acabas de amplificar dejas calaña de que me cono-

ces no en un cien por ciento.

---Kosmos, no me hace falta un cien por ciento para saber de ti.

---Disculpen que me meta, pero Kosmos, se te olvidô lo que hacîas el dîa en que me co-

nociste?

---Dilo, Sista, dilo. Quê hacîa?

---Precisamente contemplaba la misma estrella, pero cuando me vio pasar, y con uno de 

los cuatro vestidos que tengo apretados al cuerpo, dejô de adorarla a ella para idolatrar-

me a mî.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!

---Eso, Kosmos, pero este epîmone tuyo no cambia ni tu forma de ser y ni de reaccionar 

a raîz de pasarte por delante una seductiva piel.

---Eso lo tengo clarîsimo, Sista, por eso fue que dije que era difîcil de creer.

---Aspasia, no es que sea difîcil de creer, sino que es imposible, porque para Kosmos la

piel  es la estrella mâs brillante, asî que no venga con cuentos, que sî de conocerlo trâta-

se sî que lo conocî cien por ciento.

---Kosmos, que te cayeron encima dos fêminas.

---Aristarco, y eso no es un privilegio?

---Quê si no que tu gusto por cambiar sentidos, o transformar lo que te dicen.

---Aspasia, y de quê sîrveme la pericia si no la utilizo? 

---Una buena pregunta.

---Aristarco, una buena pregunta, y acabas de ser vîctima de la pericia de êl?

---Cômo, Aspasia, cômo que vîctima?

---Recuerda lo que le dijsite y lo que te preguntô êl.

---No se me ha olvidado, pero por eso soy vîctima de su pericia?

         Seguido a este intercambio verbal hubo un cambio de posiciôn: Sista pûsose al

lado de Aspasia; Aristarco al lado mîo. Asî  continuamos rumbo a la plaza de la cate-

dral barroca, mas si Aristarco, por tenerla delante, no aprovechô el Kairos para obser-

var alguna parte trasera del cuerpo de su novia, yo sî que no perdî la ocasiôn y mis re-

tinas concentrê en el cabello de Aspasia, al que faltâbale nada mâs y nada menos que

un  centîmetro para llegar a su especiosa/fina cintura. Sin muchitanto buscar en el al-

macên  de mi nemôsine, sin hacer  un gran esfuerzo para hallar en êste alguna mîme-

sis  pincelada, recordême de  una que saliô a puesto, a colocaciôn en mi novelôn que

indubitablemente encantôme: cabello cayente  como vertical cascada. Empero como

ya sê que una cosa sigue a la otra, como una cadena que alôngase por la sûmula y de

sus  eslabones, acordême del dîa en que el cabello de Aspasio metiôse entre mis pier-

nas al poner ella su testa encima de mi vientre: estâbamos los dos horizontalmente y

sobre la alfombra del cuarto mas en posiciones  disîmiles, y si yo fumaba un cigarro;

ella, que cuando antôjasele algo nadie puede eludirlo, ingerîa pedacitos de pan emba-

durnados de mayonesa, razôn por la cual  sus labios al besar resbalaban, lo que serîa

anâlogo a decir que carecîan de fijeza. Y hablando de fijeza pasa una cosa: como es-

taba tan metido en mi inmôvil cîrculo reminiscente no me percatê de que Sista, y con

un pequeño espejo, estaba al tanto de cômo yo miraba el cabello de Aspasia, lo moti-

vante de que breve/resumido dijêrame:

---Kosmos, mi cabello es cuasi tan largo como el de ella, aunque la diferencia sea la

del color.

      Sobre el pucho Aspasia vîrase, viene hacia mî, abrâzame y me da un beso tan pro-

fundo que tuve que controlar una emociôn salvaje, con garra o con dientes horadantes,

mas como Sista otra cosa no podîa hacer que desviar su celosîa para no tener un corto

conflicto con Aspasia, guarda el espejo en su bolsa y pregûntale a Aristarco:

---Por quê no me miraste el cabello como se lo mirô Kosmos a Aspasia?

---Y por quê tû con el espejo estabas mirando lo que no tenîas que mirar?

       Pero ninguna de las dos preguntas fueron respondidas, por lo que hacer una terce-

ra pregunta serîa en vano, porque si la verba no fluye es señal de que los que preguntan

no  estân dispuestos a  participar en el jueguito del dale que te dirê y te dirê lo que mâs

acêrcase a lo que (quieres) quiêrese escuchar. Esto por un lado; por el otro, que ya ni sê

cuântas  veces lo he dicho que asimismo ignoro cuâl es la cantidad que fâltame para no

decirlo mâs, aun resultândome extraño que puêdame escindir del mecanismo funcional

que  es garante de la  repeticiôn, lo que sâbese no pregûntase, y por lo mismo tanto Sis-

ta como Aristarco saben lo que preguntaron. 

      Como el mutismo fue posible a continuaciôn de las dos preguntas, Aspasia, y con el

objetivo especîfico de dirimirle el poder de impedirle a la palabra que salga o a defender

o a provocar, a dejar un aliciente o un gayo estîmulo, verbi gratia, apodêrase de la verba

y empieza a  hablar de los tiempos que siendo niña jugaba con su muñeca onomada Tris-

temestre, un nombre que sacô de un libro de cuentos infantiles mas que era el de un pa-

yaso, pero como el color de la  vestimenta de êste era el mismo que el de la mûneca fue

la  razôn de habêrselo  puesto. De enfatizar la cuestiôn de que su progenitor le permitîa

jugar  con la muñeca hasta bien entrada la  noche pudiera ser una forma de dejarnos sa-

ber  que êl con ella era  sumamente tolerante  menos que austero, empero que ignoraba

del todo que algunas veces, simûltaneamente al tiempo de su juego, la pareja que vivîa

en la casa de al lado encendîa la luz del cuarto para entrar en relaciôn întima, encuentro

de  cuerpos que en aquel entonces ella no entendîa mas que le fue despertando la curio-

sidad, motivo por el cual comprô unos prismâticos con las monedas que guardaba en la

alcancîa y que dâbales su padre todas las semanas. Despuês de un año de mirar con los

prismâticos apuntô en una hoja todas las posiciones que vio en la cama, aunque asimis-

mo otras cosas que les sirvieron diez años despuês para enseñarle a su primer novio cô-

mo hacerla feliz, cômo garantizarle un disfrute profunda y lentamente, etc. Deplorable-

mente, dice ella, la  relaciôn no durô mucho, mas aun asî los dos meses que estuvieron

juntos fueron suntuosos e inolvidables. 

  











 


   



 











 






 




       





























 



    

Mittwoch, 3. Juli 2024

80

       Diez minutos despuês, y ya tan sofocada que no podîa dejar para mâs tarde despo-

jarse de sus ropas para sentir en su interior la pudiencia viril de Cratino, Juliette le pre-

gunta Aspasia si podîa por una hora utilizar el cuarto, respondiêndola êsta que sî, ade-

mâs de agregar que si una hora no era suficiente podîa quedarse mâs tiempo, que real-

mente  ni ella ni yo acostâbamos tan temprano, y por lo mismo no tendrîa ni que apu-

rarse  ni tampoco pensar que nos estarîa causando una molestia. A continuaciôn Julie-

tte  le da las gracias, dos besos en el semblante y sin dilaciôn se va al cuarto abrazada

por Cratino.

       Por mi testa pasô decirle a Cratino que chocara las cinco por haber dado lo mejor

de  sî que acarreô en Juliette un atizamiento febril, mas despuês de detectar una rojez

en su semblante, y debido a la pena que sintiô por escuchar lo que Juliette dîjole a As-

pasia sin tapujos de ningûn tipo, allende de oîrlo nosotros tan claramente -----si por lo

menos  hubiera sido dicho de una manera mâs disfrazada tal vez la verecundia no fue-

se posible-----por sensatez no dîjeselo, no saliô de mi boca, quedôse estancado en mi

gaznate.

       Aunque Sista diose cuenta de la forma con la que Cratino se manifiesta al ser mi-

rado por los demâs en el instante que saltan las burbujas del amor, no tuvo razôn al de-

cir que su problema no era otro que la timidez. Yo que lo conozco lo bastamente desde

hace una sûmula de años pudiera decir que lo que pâsale a êl es mâs bien algo de îndo-

le  moral debido a la educaciôn austera recibida, o la severidad de una enseñanza dada

por  sus progenitores (fallecidos) caracterizados  por un intolerancia  frente a las cosas

que salîanse de un conjunto de normas, de un baremo estricto: habrîa que recordar que

todo  lo que responde a un reglamento es escrito por los hombres para el beneficio del

conjunto, de lo general, que no para lo individual, lo ôntico.  

---Kosmos, y tû sabes algo de la muerte de sus padres?

---No, Aristarco, jamâs de eso hemos hablado desde que nos encontramos despuês de

treinta años de terminar el pre-universitario.

---Entonces quê tû crees, que si hasta ahora no han tenido una conversa al respecto no

la tendrân nunca?

---Eso tampoco lo sê, aunque no lo doy como imposible.

---No serâ, Kosmos, que como tû no le has contado a êl del fenecimiento de tus padres

(es que) êl no te a contado a ti de...

---Aspasia, este jueguito de tira y corre a la zaga de la pelota no lo desprecio, mas êse

no es el motivo concretamente.

---Ah no, y entonces cuâl es?

---Câspita!!, que simplemente no me lo ha contado, o no lo ha querido. Porque seamos

buenos amigos necesariamente tiene que amplificar sobre eso?

---Bueno, Kosmos, para eso son los amigos, entre otras cosas, no?

---Teôretico, sî, Sista, empero en la realidad pueden suceder otras cosas.

---Quê tiempo hace del encuentro de ustedes despuês de esa cantidad de años?

---Siete meses. Cuâl es el porquê de la pregunta?

---Por nada, porque se me ocurriô la pregunta.

---Yo mâs creo en resonancias que en ocurrencias, mas como no deseo entrar en liza...

---Kosmos, de creer cree en lo que te dê la gana.

---Mondo lirondo que me dispararon a fondo!!

---Kosmos, que tû me conoces. Sî, ya sê, riête, pero te digo que ya tu risa ni me provo-

ca ni me afecta.

---Me parece que Cratino se quedarâ sordo.

---Aristarco, lo dices por los gritos de Juliette?

---Por eso mismo, Aspasia.

---No puêdesele pedir que baje el volumen?

---Quê dices, Kosmos? Dêjala que grite, lo que significa que estâ gozando.

---Verdad, Aspasia, que eso es lo que significa? Vaya perogrullada!

---Ah, hacîa tiempo que no soltabas esta palabrita que sê que te encanta; en tu novelôn

la dices un montôn de veces.

---Êsa es la res!!

---Sin duda que le encanta, Aspasia, que ya ni sê la cantidad de veces que la escuchê 

en dos años.

---Sista, pobres oîdos tuyos.

---La costumbre, Aspasia, uno se acostumbra.

---Kosmos, quê me dirîas de la costumbre?

---Aspasia, ya sabes que lo que sâbese no pregûntase.

---Ya lo sê, pero aun asî pregunto.

---Pues no respondo porque sabes lo que dirîa.

---Quê les parece si salimos a dar una vuelta a la plaza de la catedral barroca?

---Ahora mismo, Aspasia?

---Y cuândo, Sista?

---Y Cratino y Juliette quê?

---Escribo una nota que nos fuimos a la plaza.

---Ya, no pensê en eso.

---Voy en busca de mi bolso que estâ en el estudio.

---Entonces, Kosmos, te esperamos en la puerta del edificio.

---Aspasia, allî estarê lo mâs rapidito que pueda.
































 



 
















 





Montag, 1. Juli 2024

79

         La conversa continuô con la pregunta que hîzole Aspasia a Juliette de si ya sabîa

de la relaciôn de Esmeralda con Caspar, no siendo la respuesta otra que sî, que ya esta-

ba entereda, mas que por lo que brevemente saliô de la boca de Esmeralda, y respecto

a  lo que  piensa el general de Caspar, ella no cree que ambos pueden por mucho tiem-

po  convivir en la misma casa, por lo que entonces solamente una cosa le quedarîa por 

hacer a Esmeralda: irse a vivir al apartamento de Caspar.

---Juliette, me sorprende, que tanto tû como yo la conocemos bien, que Esmeralda se

vaya de la casa por tan sôlo lo que piensa el general de su novio.

---Me parece, Aspasia, que la imagen que tienes de Esmeralda es la de hace ya bastan-

te tiempo, de aquella muchacha que le importaba un bledo el pensar de su progenitor,

y como tal ni le hacîa caso, pero te digo que nuestra amiga, en la actualidad, ya no es

la misma, a cambiado tremendamente... mucho.

--- Es posible que sea asî, Juliette, que en realidad tu andas mâs con ella que yo, pero

aun asî un carâcter no cambia ni con el tiempo, o dicho de otra manera, el tiempo no

transforma el carâcter.

---Rectîfîcote: no es que lo hayas dicho de otra manera, sino al revês.

---Kosmos, si no quieres que te lance al semblante estos restos minûsculos de panete-

la que estân en mi plato, dêjate de hacer el chistoso, me oîste? Eso, rîete que mejor y

que llorar.

---Contra, Aspasia, que Kosmos te fastidia.

---Cratino, que te tengo mâs cerca.

---Pero, Aspasia, lo que harîa Esmeralda no es prueba de que le gusta ese chico?

---Espero que sea asî, Sista.

---Esperas?

---Sî, porque como acaba de decir Juliette que Esmeralda a cambiado mucho, pudiera

ser la prueba de otra cosa.

---El beneplâcito pido para amplificar algo.

---A ver, Kosmos, quê vas a decir?

---Que la diferencia entre la casa de un general y el apartamento de un camarero es in-

gente.

---Esperaba de ti una amplificaciôn mâs compleja, y como tal menos evidente.

---Cômo? A acaso pudiera ser indubitable lo que dîcese complejo, si precisamente por-

que no es fâcil cômo va a ser indudable? Lo complejo no conduce a la duda?

---Vaya, Kosmos, quê pregunta!!

---Êsa es la res, Aristarco, êsa!!

---Juliette, y quê fue lo que te dijo Esmeralda de lo que piensa el general de Caspar?

---Cratino, eso no lo puedo revelar porque Esmeralda me dijo que no se lo dijera a na-

die, por lo que le dije que no se preocupara, que guardarîa silencio.

---Eso me gusta, Juliette, por quê? Porque eres un chica en la que se puede confiar.

---Gracias, Sista, muchas gracias!! No te equivocas.

---Equivocarse es relevante para llegar a la sofîa.

---Kosmos, que no estamos en la Kosmona, o sea, que no somos contertulios.

---Aspasia, y solamente en la Kosmona pudiêrase hablar de algo que es evidente?

---Claro que no, pero esa costumbre tuya de hacerte el sabiondo con tus acentuaciones

pedagôgicas, de academia, algunas veces me molesta.

---Mas molêstale a los demâs, a los otros?

---Juliette, puedes darle de nuevo cuerda a la cajita de mûsica?

---Claro, Aspasia, que no es nada complejo.

         En lo que escuchâbamos de nuevo la melodîa de la cajita de mûsica, Juliette pre-

gûntale  a Cratino que si  êl sabîa de la presencia de Arder Porseñas en el apartamento

de Metôn, pregunta  que sobre el pucho  pûsolo a pensar, porque de decir que no sola-

mente sî lo sabîa sino que ademâs estuvo en mi apartamento y dialogô con ella, la des-

carga  verbal que tendrîa  que soportar, en el caso de que Juliette no pusiera fin a la re-

laciôn, no  serîa corta, pero como êl sabe que quien dilaciona en responder puede aca-

rrear o una duda o una sospecha, pensô râpidamente y responde lo siguiente:

---No, Juliette, de eso no sê nada, pero ahora te pregunto: por quê tendrîa que saberlo?

---Porque quê casualidad que la que fue novia tuya viene a parar al apartamento que 

estâ encima del apartamento de tu amigo Kosmos, al que visitas constantemente.

---Juliette, Arder vino a este edificio por el trabajo que hace, porque es decoradora de

interiores, sôlo por eso. Te estâs imaginando cosas.

          A pesar de Juliette ser su buena amiga, Aspasia no podîa revelarle que Cratino

conversô en mi apartamento con Arder Porseñas, y no tanto por proteger a Cratino y

ser cômplice de su mentira, sino mâs bien porque ella estuvo presente cuando la con-

versaciôn sucediô. Êsta es la razôn por la que Aspasîa mîrame abriendo sus ojos, co-

mo  reconociendo que participaba de un engaño del cual no podîa escapar, borrar de

su mente, transformarlo en una hoja que con facilidad llevarîase el viento. De tal gui-

sa Juliette no diose cuenta de cômo mirâbame Aspasia, lo que eludiô que aquêlla in-

teresârase en saber el porquê de la susodicha abertura de ôculos, y como tal hiciêrale 

a êsta la indefectible y tempestiva pregunta.

      Creyendo la verba de Cratino, Juliette cambia la posiciôn y siêntase a horcajadas

en las piernas de êste, siendo entonces cuando Cratino mîrame a mî, mirada que en-

tiendo perfectamente por saber que êl, y mâs cuando trâtase de una situaciôn de jaez

întima, no gûstale que los otros obsêrvenlo besando, mojar con sus labios los labios

de una querida boca [igual sea su tamaño y lo seductivo que caracterîzale] que com-

parte su hâlito. 









 



  




 



  


















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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...