(de las ocho a las nueve de la noche)
Cômo (siendo) la fiesta de un general no empezarîa a la hora prevista? A las ocho de
la noche estaban las cincuenta criaturas que fueron invitadas, mas Cratino y yo llegamos
a las siete y media, lo que es calaña concreta de que no somos militares para cumplir con
una austera/estricta disciplina de horario. Que descollasen sobre la ingente mesa en el jar-
dîn de la casa una sûmula de alimentos y de bebidas de todo tipo no serîa de extrañar, por-
que cômo podrîa ser posible que en la fiesta de un general hubiera escasez de algo. Obser-
vando esta opulencia de lo primero que acordême, y que a su vez como parangôn funcio-
na, fue de los âgapes que su majestad Dido hacîa en palacio, aunque con la notable/ inde-
leble diferencia entre lo que cômese/bêbese en la actualidad y lo que ingerîase en invete-
rados tiempos de guirnaldas o coronas, de fulgor mayestâtico, de coruscancia del curul o
de la silla del trono. En lo que embadurnaba el cristal de mi primerîsima copa, lo que co-
mo tal es un deîctico de estar indefenso, porque si en una mano (la derecha) tengo la co-
pa; en la otra (la izquierda) la botella, cômo voy a protegerme de algo que acopas suceda,
pase, siento que me dan unos golpecitos en el hombro derecho, razôn por la cual doy me-
dia vuelta, amên que de la misma manera que cuando estuve en la academia militar como
cadete, mas como el giro fue raudo la copa fue a parar a dos metros de distancia, empero
como ya estaba frente a frente a la criatura que con una de sus manos diome los golpeci-
tos susodichos no fueme trabajoso lograr un estado de jovialidad. Y entonces dîgole:
---Y tû de nuevo delante de mî, Esmeralda. Quê tal de resonancias? Cômo te va con Cas-
par?
---Si tû supieras, Kosmos, que me va de maravillas, no estarîas celoso?
---Câspita!! Celoso yo? Pero de maravillas no es mucho por no ser garante de una conti-
nuidad, sino mâs bien de una satisfacciôn de acuerdo a la fruiciôn que proporciônase.
---Kosmos, vas a empezar con tu verba filosôfica?
---Empezar si nunca termina? Y dônde estâ Caspar?
---Trabajando en el restaurante de las langostas, por lo que no creo que venga a la fiesta.
---Y despuês que termine de trabajar quê?
---No! Y sabes por quê? Porque estâ cansado, que son unas cuantas horas de pie. Y dime:
quê te parece la mesa?
---Que de agregarle algo mâs pudiêranse partir sus patas.
---Quê exagerado! No exageres. Ya estâs enterado de que es una mesa de madera de abe-
dul?
---Beth, el ârbol relacionado a menudo con un cambio y una renovaciôn; uno de los vein-
te ârboles primigenios que conforman el ogham; los celtas utilizaban su madera para puri-
ficar sus casas y lugares sagrados.
---Ya sê que tu conocimiento es bastante amplio.
---Y dônde estâ tu padre, el general?
---No lo sê, no puede estar muy lejos. Y con quiên viniste?
---Con Cratino.
---Y dônde estâ?
---Segûn dîjome, necesitaba miccionar.
---Y Aspasia?
---Quedôse en casa con Juliette y Sista, que anoche estuvimos hasta las mil y quinietas
en la plaza de la catedral barroca.
Aquî interrûmpese el intercambio de verba y por la razôn siguiente: por las dos
plantas de hierbaluisa traîdas por dos chicas, de las cuatro que el general contratô para
que ocupâranse del trabajo de servicio, y con el têlos de ponerlas como ornamentaciôn
en cada una de las puntas de la mesa. Al regresar Cratino, Esmeralda salûdalo como si
fuese un año que no veîalo, y seguido dîcele que que lâstima que Juliette no viniese a
la fiesta, pero que podîa comprender que si estaba cansada diêrale a su cuerpo el nece-
sario solaz. Asimismo pîdele que salûdela de su parte, allende que dîgale que la llama-
râ mañana o pasado mañana y con el objetivo de saber cuândo podîa encontrarse con
ella para dar una vuelta por la ciudad. A raîz de estas palabras nos deja saber que co-
mo conocîa a cuasi la mitad de las criaturas presentes [empero por ser amistades de su
padre que no amigos/gas de ella] deberîa cumplir con el cometido de saludarlas, razôn
por la cual tenîa que dejarnos para ponerse en funciôn de esta tarea de jaez protocolar.
---Al avîo, Esmeralda, al avîo!!
---Eso, Kosmos, eso. De todas maneras estamos aquî, asî que vernos no serâ imposi-
ble. Espero que la pasen bien, y tengan cuidado con esas cuatro chicas que contratô
mi padre que son super inteligentes. Bueno, los dejo.
Cratino quêdase mirando las plantas como si mirase no sê quê cosa, mas como
la hierbaluisa es una de las tres plantas (el trêbol de cuatro hojas y el jazmîn de Ara-
bia son las otras dos) que sale a puesto, a colocaciôn en mi novelôn, pregûntame al
terminar con su contemplaciôn:
---Quê tû crees, Kosmos, le gustarâ al general el olor a limôn?
---Es posible, Cratino, puede ser. Ya le preguntarê cuando sea el momento oportuno
y a êl, in casu, como la persona adecuada, y no me mires asî que ora nada tiene que
ver la medida justa.
--Kosmos, sabes una cosa? Esa chica que puso la hierbaluisa en la punta derecha de
la mesa ingente la conozco, mas no recuerdo de dônde.
---Cratino, la nemôsine puêdese refrescar con tan sôlo hacer la tempestiva pregunta.
De facto no hizo falta que Cratino fuera a preguntarle, porque en el preciso mo-
mento que iba a hacerlo la chica dirigiôse a nosotros.
---Cratino, cuânto tiempo sin verte, no te acuerdas de mî?
---Si supieras que acâbole de decir a mi amigo que te conocîa de alguna parte, pero
que no la recordaba...
---Disculpa que te interrumpa, pero mi nombre es Anabel y anduve mucho con la
que fue novia tuya hace siete años, o sea, Arder Porseñas.
---Verdad que sî. Cômo estâs, quê es de tu vida?
---Tal vez suena un poco increîble, pero la realidad es que en siete años para mî no
han cambiao muchas las cosas, por no decirte que la monotonîa es la misma. Pero
tû estâs igualito. Quê haces para mantenerte igual?
---Si de hacer se trata lo ûnico que hago es leer.
---Cômo olvidar que decîame Arder que eras un excelente lector, muy fiel a los li-
bros. Me hubiera gustado tener el hâbito de la lectura, pero...
----No tienes tiempo por el trabajo, no?
---No no, no es por eso, sino porque no tengo paciencia para leer mâs de dos hojas,
me aburro râpido o me quedo dormida.
---Y dime, Anabel: de dônde tû conoces al general?
---A êl no lo conozco, sino a su hija Esmeralda, la que me llamô para preguntarme
si querîa ganarme un poco de dinero trabajando en esta fiesta de su padre.
---Entonces Esmeralda conoce a las otras tres chicas?
---Eso no lo sê, Cratino, y si quieres saberlo pregûntale a Esmeralda. Y de dônde tû
conoces a Esmeralda, que no hace mucho hablabas con ella.
---La conocî porque es buena amiga de Aspasia, la novia de este que estâ aquî, a mi
lado, y el que se llama Kosmos.
---Un placer conocerte, Kosmos.
---Gracîas, Anabel! Asimismo para mî un deleite.
---Me ha dado mucha alegrîa volverte a ver, Cratino, pero debo seguir con mi traba-
jo. A lo mejor mâs tarde podemos conversar un poco mâs.
---Entiendo, Anabel. Entonces hasta mâs tarde.
Cinco minutos despuês viene Esmeralda, la que dîcele a Cratino que tuviera cui-
dado con lo que hacîa, ya que de cogerlo en algo con Anabel se lo dirîa a Juliette.
---Esmeralda, sôlo conversaba con Anabel porque fue compañera de andanza de Ar-
der Porseñas hace siete años. Tû no crees, ademâs, que la que deberîa decirme eso es
Juliette y no tû?
---Tienes razôn, pero Juliette no estâ aquî y ella es mi amiga, asî que...
---Esmeralda, dêjamelo a mî, que yo ocûpome de que no pierda el control, de eludir
que un impulso domînelo a causa de la redondez de las formas.
---Verdad, Kosmos, verdad? Mira que te conozco de arriba a abajo. Si ya sê, riête, pe-
ro ten cuidado tû tambiên que Aspasia asimismo es mi amiga.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Es tu amiga y, sin embargo, tû
me tiraste piedrecitas a la ventana en plena madrugada para que bajara a encontrarme
contigo? Es tu amiga para lo que te conviene. Ora que estâs con Caspar se te olvidan
ciertas cosas pasadas entre tû y yo.
---Kosmos, no estoy para discutir contigo, asî que me voy.
---Age, Esmeralda, age!!
La llegada de Dasid acarreô aplausos y debido a la vestimenta irlandesa que cu-
brîa su cuerpo. Concomitâbalo Matilde Roco Espinoza con un vestido pimpante y de
color azul, su color preferido. El general los recibiô como si fuesen dos criaturas rele-
vantes, y no sê si con el objetivo de demostrar, de hacer notable, de acentuar el vero-
sîmil que a pesar de tener un alto grado militar era capaz de ofrecerle reconocimiento
mayor a un chofer y a una viuda ama de casa con crecida frustraciôn. Sea como fuere
si que estoy consciente de que Francis no es fâcil de calcular, ya que al tener dominio
de una sûmula de variantes con las que pudiera sobre el pucho granjearse el cariño y
el respeto de sus amistades o conocidos matematizar una sola lînea de conducta serîa
cuasi imposible, una tarea que sofoca (sofocante), una observaciôn de horas con ôcu-
los de Argos. Seguido a sentarse Dasid en la ûltima silla de la parte izquierda de la in-
gente mesa, y tan pegado a la hierbaluisa que el olor a limôn refrescarîa su nariz irlan-
desa muy que de cerca, el general espera, para sentarse êl, que Matilde Ronco Espino-
za acomode su tafanario en la silla al lado de la de Dasid.