Donnerstag, 11. Juli 2024

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       Seguido a la afinación de los dos instrumentos (el chelo y la guitarra) empieza a can-

tar  Forligen algo  dicho por él que [no sê cuândo o en quê momento] musicalizó: del co-

mentario positivo a raîz de un determinado suceso. En nuestro barrio Strawinsky no es él

solamente  famoso por su talento para componer, sino asimismo por su ingente virtuosis-

mo que deja a cualquiera con la boca abierta, por lo que no es de extrañar que varios tra-

bajos musicales de su propiedad hayan tenido un tremendísimo éxito, empero que deplo-

rable  que el peculio  recibido no  correspondiera con su fama. Digo, ademâs, que es un 

mûsico que [canta, y no un cantante] encântale la lectura, lo que favorêcele por ser algo 

que  le da un amplio  vocabulario que tambiên un conocimiento con el cual es posible la 

riqueza/complejidad de sus  textos ( metaforizados) plûmbeos y largos, característica no

muy comûn en tiempos actuales que lo que õyese es mâs estrêpito que otra res. Resultó-

me  pejiguerosa la deuda que con êl tuve, que de no ser por Cratino aûn la tuviera, dura-

ble una sûmula de meses, pero como a la postre y al cabo hay cosas que (necesaria/ ine-

ludiblemente) pasan es mejor mantener una actitud estoica aun no siendo êsta el solven-

to/elixir definitivos contra ninguna molestia; que la ideal para desdeñar algo sî que parê-

ceme la justa: el vuelo de moscas y abejas indômitas. 

         Diome pâbulo de risa que algunos turistas pasaran y dejaran caer monedas dentro

del estuche abierto de la guitarra que estaba en el piso y a la siniestra (lado de los malos

augurios) de Forligen, quien al verme reîr hîzome un guiño que yo captê inmediatamen-

te, que  de todas maneras nuncan estân de mâs unas monedas cuasi regaladas o ganadas

sin  hacer mucho esfuerzo. Reîme  porque la intenciôn de Forligen no era la de ganarse

las  susodichas  monedas, ya que mâs  bien lo del estuche abierto tenîa que ver realmen-

te con su costumbre de no cerrar êste y ponerlo en posiciôn vertical, allende que dândo-

le igual/lo mismo  si a la derecha o a la izquierda de donde estuviese sentado. Media ho-

ra  despuês, y a continuaciôn de saber cuânto habîa ganado, dîceme que podîa comprar-

se un juego de cuerdas nuevas, empero en el caso de que hubiesen en la tienda de mûsi-

ca, mas que si no no quêdabale otra cosa por hacer que seguir estirando las cuerdas vie-

jas hasta que por senectud se partieran.

---Forligen, y no existe la posibilidad de comprârselas a alguien que las venda?

---La posibilidad, Kosmos, sî existe, pero sabes quê pasa? Que ademâs de costar mâs

son de muy mala calidad.

---O sea, que no es, in casu, que lo barato sale caro sino que lo costoso sale efîmero, ya

que de que sean de muy mala calidad su duraciôn no es muy larga.

---Asî es, Kosmos, asî es. 

       Empero en lo que reîame fui testigo visual de dos cosas: la primera, de cômo al mi-

rar  la linterna de la  catedral barroca Aristarco cumplîa con esta actividad: poniendo de 

soslayo su  cabeza hacia la izquierda; la segunda, de que Sista pregûntale algo y êl quê-

dasele mirando como si la pregunta o estuviese mal formulada o hubiêrale acarreado la

tempestiva  molestia. De tal guisa, y non plus ultra de unos segundos, Aristarco la abra-

zô y la mirô de una forma disîmil, totalmente tan diferente que hasta a mî mismo diome

alegrîa, porque  cômo no saber que a Sista, mi mor del pasado, encântale que la mirada

que mîrala estê del toda exenta de engorro, o por extensiôn transparente, o sea, libre de

un  obstâculo que no  impîdale a las retinas que la miran que ella pueda penetrar por ês-

tas con facilidad. Que no podrîa continuar sino esta pregunta que pondrîa punto final a

estas  palabras mîas: lo que no entra por los ojos entra por otra parte? Y si de parte trâ-

tase, Cratino, y por la izquierda, dîceme lo siguiente:

---Kosmos, escuchê eso de que en este caso no es que lo barato salga caro sino que lo

costoso [...]. A quê dêbese tu decir?

---Câspita Cratino!! Por quê me preguntas a la izquierda y no a la derecha de mî?

---Precisamente porque sê que tû sabes que la izquierda es el lado de....

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Lo que dîjele a Forligen fue de-

bido a lo que dejôme saber de las cuerdas.

---Espero que sean las cuerdas de la guitarra, porque contigo no siempre se sabe...

---Deja, Cratino, deja, que no hace falta que termines para saber de tu completo decir. 

---Y, entonces, me respondes?

---Sî, Cratino, sî, son las cuerdas de la guitarra.

---Quê tû crees de nuestro amigo mûsico, el que no deja de mirar a Isabela como si un

diamante egipcio fuese?

---Que de tanto mirarla va a tener que tocarla como si tocara a este diamante.

---Necesariamante, Kosmos?

---Cratino!! Te haces el cenutrio o me provocas? Tû no estâs viendo el cuerpo que tiene

esa muchacha, allende de penetrar por los ôculos de Forligen.

---No, y menos mal que los ôculos de êl son grandes, porque si no un tamaño, como el

de ella, encontrarîa dificultad para eso.

---Para eso.

---Kosmos, ora el que se rîe soy yo, que tus ocurrencias no son inmensurables.

---Y punto a la raya y que continûe la letra!

---Conmigo en esta eternidad no, que parece que Aristarco quiere preguntarte algo.

---En este instante. De cuâl artîfice acordâmosnos al sustituir la palabra eternidad por

instante?

---De uno barroco, de ese complejo/magno que justicia metafôrica hace.

---Êsa es la res, Cratino!!

---Bueno, te dejo con Aristarco.

---Age, Cratino, age!!

        La pregunta que hizôme Aristarco tenîa que ver con el dîa que el tratô de lanzarse

al vacîo desde la linterna de la catedral barroca, y la que ocurriôsele al contemplar êsta

de abajo hacia arriba, y que si no hubiese sido por Aspasia, Cratino y yo êl ya estuviera

en  el otro mundo. Respecto a que ya estuviera sin la intervenciôn de nosotros en el se-

gundo sistema requiere un breve anâlisis, porque de facto antes de que llegâramos a la

linterna êl hacîa rato que estaba en ella y, sin embargo, no decidîase a tirarse, o sea, que

la negaciôn a realizar un acto mortal, o el conflicto conciencial entre el SI y el NO era la 

especîfica  causa del no-suicidio, asî que entonces no es que sin la intervenciôn de noso-

tros  êl ya estuviese  en el otro lado, sino que mâs bien no lo estâ por êl mîsmo, porque

que  en realidad êl no  querîa sucumbir que sî llamar la atenciôn, la repetida/tîpica cala-

ña que dejan los que no estân absolutamente convencidos de abandonar/salir/dejar/ irse

del primer sistema.

---Kosmos, tû no sabes lo que es tener tuberculosis.

---Ostensible que no lo sê, Aristarco, mas a pesar de tenerla el querer sucumbir no era

cierto, el tema al que referîame y no al de una enfermedad, o sea, que son dos distintas

rerum. Puedo entender la defensa cuando desvêlanse verdades; y esta defensa tiene su

razôn: autoprotecciôn!





   






 














 

 



  





 



   



 






 




 


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