Seguido a la afinación de los dos instrumentos (el chelo y la guitarra) empieza a can-
tar Forligen algo dicho por él que [no sê cuândo o en quê momento] musicalizó: del co-
mentario positivo a raîz de un determinado suceso. En nuestro barrio Strawinsky no es él
solamente famoso por su talento para componer, sino asimismo por su ingente virtuosis-
mo que deja a cualquiera con la boca abierta, por lo que no es de extrañar que varios tra-
bajos musicales de su propiedad hayan tenido un tremendísimo éxito, empero que deplo-
rable que el peculio recibido no correspondiera con su fama. Digo, ademâs, que es un
mûsico que [canta, y no un cantante] encântale la lectura, lo que favorêcele por ser algo
que le da un amplio vocabulario que tambiên un conocimiento con el cual es posible la
riqueza/complejidad de sus textos ( metaforizados) plûmbeos y largos, característica no
muy comûn en tiempos actuales que lo que õyese es mâs estrêpito que otra res. Resultó-
me pejiguerosa la deuda que con êl tuve, que de no ser por Cratino aûn la tuviera, dura-
ble una sûmula de meses, pero como a la postre y al cabo hay cosas que (necesaria/ ine-
ludiblemente) pasan es mejor mantener una actitud estoica aun no siendo êsta el solven-
to/elixir definitivos contra ninguna molestia; que la ideal para desdeñar algo sî que parê-
ceme la justa: el vuelo de moscas y abejas indômitas.
Diome pâbulo de risa que algunos turistas pasaran y dejaran caer monedas dentro
del estuche abierto de la guitarra que estaba en el piso y a la siniestra (lado de los malos
augurios) de Forligen, quien al verme reîr hîzome un guiño que yo captê inmediatamen-
te, que de todas maneras nuncan estân de mâs unas monedas cuasi regaladas o ganadas
sin hacer mucho esfuerzo. Reîme porque la intenciôn de Forligen no era la de ganarse
las susodichas monedas, ya que mâs bien lo del estuche abierto tenîa que ver realmen-
te con su costumbre de no cerrar êste y ponerlo en posiciôn vertical, allende que dândo-
le igual/lo mismo si a la derecha o a la izquierda de donde estuviese sentado. Media ho-
ra despuês, y a continuaciôn de saber cuânto habîa ganado, dîceme que podîa comprar-
se un juego de cuerdas nuevas, empero en el caso de que hubiesen en la tienda de mûsi-
ca, mas que si no no quêdabale otra cosa por hacer que seguir estirando las cuerdas vie-
jas hasta que por senectud se partieran.
---Forligen, y no existe la posibilidad de comprârselas a alguien que las venda?
---La posibilidad, Kosmos, sî existe, pero sabes quê pasa? Que ademâs de costar mâs
son de muy mala calidad.
---O sea, que no es, in casu, que lo barato sale caro sino que lo costoso sale efîmero, ya
que de que sean de muy mala calidad su duraciôn no es muy larga.
---Asî es, Kosmos, asî es.
Empero en lo que reîame fui testigo visual de dos cosas: la primera, de cômo al mi-
rar la linterna de la catedral barroca Aristarco cumplîa con esta actividad: poniendo de
soslayo su cabeza hacia la izquierda; la segunda, de que Sista pregûntale algo y êl quê-
dasele mirando como si la pregunta o estuviese mal formulada o hubiêrale acarreado la
tempestiva molestia. De tal guisa, y non plus ultra de unos segundos, Aristarco la abra-
zô y la mirô de una forma disîmil, totalmente tan diferente que hasta a mî mismo diome
alegrîa, porque cômo no saber que a Sista, mi mor del pasado, encântale que la mirada
que mîrala estê del toda exenta de engorro, o por extensiôn transparente, o sea, libre de
un obstâculo que no impîdale a las retinas que la miran que ella pueda penetrar por ês-
tas con facilidad. Que no podrîa continuar sino esta pregunta que pondrîa punto final a
estas palabras mîas: lo que no entra por los ojos entra por otra parte? Y si de parte trâ-
tase, Cratino, y por la izquierda, dîceme lo siguiente:
---Kosmos, escuchê eso de que en este caso no es que lo barato salga caro sino que lo
costoso [...]. A quê dêbese tu decir?
---Câspita Cratino!! Por quê me preguntas a la izquierda y no a la derecha de mî?
---Precisamente porque sê que tû sabes que la izquierda es el lado de....
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Lo que dîjele a Forligen fue de-
bido a lo que dejôme saber de las cuerdas.
---Espero que sean las cuerdas de la guitarra, porque contigo no siempre se sabe...
---Deja, Cratino, deja, que no hace falta que termines para saber de tu completo decir.
---Y, entonces, me respondes?
---Sî, Cratino, sî, son las cuerdas de la guitarra.
---Quê tû crees de nuestro amigo mûsico, el que no deja de mirar a Isabela como si un
diamante egipcio fuese?
---Que de tanto mirarla va a tener que tocarla como si tocara a este diamante.
---Necesariamante, Kosmos?
---Cratino!! Te haces el cenutrio o me provocas? Tû no estâs viendo el cuerpo que tiene
esa muchacha, allende de penetrar por los ôculos de Forligen.
---No, y menos mal que los ôculos de êl son grandes, porque si no un tamaño, como el
de ella, encontrarîa dificultad para eso.
---Para eso.
---Kosmos, ora el que se rîe soy yo, que tus ocurrencias no son inmensurables.
---Y punto a la raya y que continûe la letra!
---Conmigo en esta eternidad no, que parece que Aristarco quiere preguntarte algo.
---En este instante. De cuâl artîfice acordâmosnos al sustituir la palabra eternidad por
instante?
---De uno barroco, de ese complejo/magno que justicia metafôrica hace.
---Êsa es la res, Cratino!!
---Bueno, te dejo con Aristarco.
---Age, Cratino, age!!
La pregunta que hizôme Aristarco tenîa que ver con el dîa que el tratô de lanzarse
al vacîo desde la linterna de la catedral barroca, y la que ocurriôsele al contemplar êsta
de abajo hacia arriba, y que si no hubiese sido por Aspasia, Cratino y yo êl ya estuviera
en el otro mundo. Respecto a que ya estuviera sin la intervenciôn de nosotros en el se-
gundo sistema requiere un breve anâlisis, porque de facto antes de que llegâramos a la
linterna êl hacîa rato que estaba en ella y, sin embargo, no decidîase a tirarse, o sea, que
la negaciôn a realizar un acto mortal, o el conflicto conciencial entre el SI y el NO era la
especîfica causa del no-suicidio, asî que entonces no es que sin la intervenciôn de noso-
tros êl ya estuviese en el otro lado, sino que mâs bien no lo estâ por êl mîsmo, porque
que en realidad êl no querîa sucumbir que sî llamar la atenciôn, la repetida/tîpica cala-
ña que dejan los que no estân absolutamente convencidos de abandonar/salir/dejar/ irse
del primer sistema.
---Kosmos, tû no sabes lo que es tener tuberculosis.
---Ostensible que no lo sê, Aristarco, mas a pesar de tenerla el querer sucumbir no era
cierto, el tema al que referîame y no al de una enfermedad, o sea, que son dos distintas
rerum. Puedo entender la defensa cuando desvêlanse verdades; y esta defensa tiene su
razôn: autoprotecciôn!
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