Media hora despuês asômbrase Sista por ver en un costado de la plaza a su madre
Matilde Ronco Espinoza con el chofer del general. Al preguntarle yo si no era normal
que dos criaturas que tienen atingencia cupidosa se besen y se toquen en busca de pla-
cer, del beneficio indefectible o la fruiciôn imprescindible, ella respôndeme que clara-
mente no es algo anormal, mas que por cuestiôn de horario jamâs su progenitora sale
de la casa tan tarde en la noche. Teniendo en cuenta que segûn las reuniones y encuen-
tros del general fuera de la academia militar es que Dasid puede tener un tiempo de la-
boro como chofer o mâs corto o mâs largo, cômo entonces no serîa posible que haya
acabado de manejar ayer en la nocturna tarde, y seguido a acicalarse y cambiarse de
ropa pasô a buscar a Matilde?
---Pudiera haber sido eso, Kosmos, pero aun asî me resulta raro por lo que te dije.
---Sabes entonces quê puedes hacer, Sista? Ir a preguntarle a tu madre , y asî se te qui-
tarâ el asombro.
---Es lo que hago ahora mismo, Kosmos.
El mûsico Forligen ubîcase al lado mîo, y en lo que miraba cômo Sista arrumba-
ba sus pasos hacia el costado de la plaza, pregûntame si tambiên îbase.
---No, no se va, sino que fue a preguntarle a su madre algo que ella quiere saber.
---Su madre? Y dônde estâ, kosmos?
---Mira hacia allâ. Ves aquella señora con un vestido azul? Êsa es su progenitora.
---Ah, pero veo a tal señora mas no distingo el color del vestido.
---Si no lo dintingues no importa, que ya sabes que es azul. Parêceme que pudiera
ser posible que el elefante azul se lo haya dadivado a Sista su madre.
---Un elefante azul? De quê hablas, Kosmos?
---De uno que cuelga del llavero de Sista con la llave de la puerta del apartamento de
Aristarco.
---Y cômo tû sabes eso?
---Forligen, porque Sista me lo dijo. Cômo si no sabrîalo?
---O sea, Kosmos, que si la madre lleva puesto un vestido azul es porque le gusta este
color, y si le gusta...
---Câspita Forligen!! No te dejê terminar, mas aun asî el anâlisis que haz hecho no es-
tâ mal. Tû no crees que Isabela estâ cansada? Mîrala, bosteza.
---En realidad, Kosmos, no estâ acostumbrada a la vida nocturna como nosotros.
---Pues amigo mîo llêvala a tu apartamento para que descanse.
---Sî, Kosmos, me parece que es lo mejor. Nos vemos otro dîa.
---Êsa es la res, Forligen.
Cinco minutos despuês viene Sista con su progenitora y con Dasid, por lo que re-
sûltame interesante una cosa: que la sûmula de criaturas llegaba a siete.
---Kosmos, en quê estâs pensado, que te conozco?
---Aspasia, respôndeme esto: al irse Forligen, Isabela y Aristarco, cuântas criaturas que-
daron?
---Cinco, Kosmos, cinco. Y?
---Y si a cinco sumâmosle dos?
---Quê es esto, Kosmos, uno de tus jueguitos?
---Responde y no preguntes.
---Siete, Kosmos, siete. Ah, ya caî. El siete, tu numeral favorita.
Dêjame saber Dasid que la fiesta del general comenzarîa a las ocho de la noche;
Matilde, que habîase vuelto a encontrar por casualidad con Teôfilo, el de la razôn gana-
da, mas que al mirarlo ya no parecîale la misma persona. Si a aquêl le di las muchitan-
tas gracias por la informaciôn, allende que dîjele que Yelas barruntôme de que la fecha
de la susodicha fiesta habîala cambiado el general, el que llamarîalo para decirle cuân-
do harîala; a êsta dejêle bien claro dicho un fundamento bâsico que no pierde vigencia
como tampoco relevancia: el gancho atrapante de lo imantativo pierde pudiencia des-
puês de dirimir el enlace venusiano.
---Kosmos, ya sê por habêrmelo contado Sista, de tu vehemencia por la palabra, pero
carezco de la preparaciôn adecuada para entender ese fundamento bâsico.
---Puêdoselo explicar despuês, mâs tarde, Matilde.
---Mâs tarde de lo que ya es?
---Matilde, lo que acabo de decir nada tiene que ver con el tiempo sino con...
---Deja, Kosmos, que ocûpome de explicarle a mi madre quê tû quieres decir con eso
que dijiste.
---Sista, muchitantas gracias!!
Mas Sista lo sabe porque Aspasia revelôselo, mas êsta y Cratino lo saben mejor
por conocerlo directamente de mi novelôn, razôn por la cual ambos mirâronme a con-
tinuaciôn de yo darle las muchitantas gracias a Sista. Empero pensândolo con parsimo-
nia, y con mi mêtodo escrutativo de preguntas que al parecer o son banales o provoca-
tivas, preguntarîale a êsta para saber concretamente una cosa: si justamente entendiô
lo que Aspasia revelôle. Entregado a la tarea de construcciôn de la pregunta, Dasid se
pone delante de mî y dîceme:
---Kosmos, como sê que el general es amante de los trovadores, tuve una idea que me
parece le va a gustar.
---Amplifique la idea, Dasid, amplifîquela!
---Como sorpresa para su fiesta la presencia en êsta de un mûsico que toque la guitarra.
Tû conoces alguno?
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Acâbase de ir uno que estaba y
aquî con nosotros, allende que vive en el mismo barrio que yo. Usted no lo vio, estaba
acompañado por su novia?
---Kosmos, es que mi mirada estaba tan concentrada en Matilde que sôlo tenîa ojos pa-
ra ella. Entonces puedes hablar con ese mûsico?
---Ostensible que sî, Dasid. Y quê dîgole respecto al peculio que ganarîa?
---Que estâ garantizado y que le pago lo que pida. Cuânto tû crees que pida por hora?
---Eso no lo sê, Dasid, lo desconozco.
---Bueno, cuando lo sepas puedes llamarse e informarme? Tienes en tu bolsa papel y
lâpiz para escribirte mi nûmero?
---Câspita!!, que ambos nunca faltan dentro de ella. Mire, aquî tiênelos.
---Listo, aquî estâ. Me puedes llamar antes de las seis de la tarde para tener la seguri-
dad de que el mûsico o viene o no?
---No se preocupe, Dasid, lo llamo antes de las seis. Y ora discûlpeme, que debo pre-
guntarle algo a la hija de Matilde.
---No hay problema, Kosmos. Espero tu llamada.
Fîjome entonces que Sista y Matilde habîanse separado un poco de nosotros y
hablaban tan pegada una a la otra que no quedôme duda que sostenîan una conversa
de jaez privado, que si no de otra îndole mas impepinable que era una en la que no
podîamos participar, lo que diome pâbulo de decirme a mî mismo que harîale la pre-
gunta a Sista en otra ocasiôn, en otro kairos, y en el caso de que acordârame, porque
a la postre y al cabo una como la que querîa hacerle [banal o provocativa con una in-
tenciôn] pudiera ser que olvidâraseme precisamente por carecer de relevancia.
---Kosmos, tû que conociste bien a Sista por la relaciôn de dos años que tuviste con
ella, quê me dices de lo que estamos viendo, siendo testigos visuales?
---Cratino, que sencillamente ella habla con su madre de/sobre algo que no desea que
nosotros lo sepamos.
---Pero de/sobre algo que de pronto apareciô?
---Y cômo yo puedo saber eso? Si de pronto o demorado ludica algûn rol?
---Ludicar algûn rol? La resonancia de tu novelôn influye en tu pensar para pensar en
un juego histriônico?
---El mundo, no mi novelôn, como voluntad y representaciôn.
---Contra, el inveterado Schopen!! El alcanzable difîcil!
---Cratino, todo tiene un motivo, una razôn de ser, etc.
---Eso es tan cierto como que Apolo alumbra.
---O que Diana inspira, la que tenemos arriba. La ves?
---Entonces tenemos inspiraciôn por estar lumbrados por ella?
---Para mî queda indubitable.
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