Mittwoch, 25. September 2024

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       No mucho despuês de que Aspasia cerrara la puerta y largârase a la catedral barro-

ca para tocar el chelo tuve que arrumbar mis pasos a la cocina, y no para hacer otra co-

sa  que una que êrame menester: tomar un poco de leche frîa por la acidez que empecê

a tener, y la que  creo debida a la ensalada frîa que  ingerî en lo que Aspasia terminaba 

de picar en pollo con el cuchillo cuya hoja coruscaba como la (mismîsima) estrella [de 

la constelaciônde Tauro y la] mâs  brillante de  las Plêyades, o sea, la onomada Alciôn.

En cuanto comencê a sentirme mejor, exento de esa pejiguera sobre todo en el gaznate, 

algo  asî como una  sensaciôn de quemadura ingrata, diome por limpiar el cristal de un

cuadro con la fotografîa ampliada de una sûmula de vegetales que ya hace unos cuan-

tos años hice con una câmara de rollo que de facto yo no cambiarîa por una digital. Al

descolgar el cuadro dime cuenta de que la pared estaba marcada por los bordes de êste,

lo  que no sorprêndeme , porque cômo no ser asî con la cantidad de tiempo que el cua-

dro cuelga de la misma pared? Como no podîa hacer las dos cosas a la misma vez me

ocupê primero de la limpieza del cristal, trabajo que llevôme cuasi quince minutos por

la razôn siguiente: el embadurnamiento de la grasa al que ûnîase la pegada nicotina, y

motivo  por el cual cada papel que pasâbale quedaba impregando de un color amarillo 

oscuro. Terminada con esta limpieza cogî una esponja, la que por acabarla de sacar del

paquete indubitablemente acicalarîa bien, y a raîz de echarle un poco de detergente em-

pecê  con el laboro de  quitar la marca. Interesantemente, y por consecuencia de la pin-

tura  de la pared  quitada con la  esponja, que no solamente la marca, se fue formando

como una especie de imago que recordôme a la de un pâjaro marino fabuloso surgido

de  la metamorfosis de las hijas del gigante Alcionero muerto por Atenea, y el que co-

mo nombre tiene el mismo que el de la estrella susodicha: Alciôn. Y entonces pregûn-

tome: como  que  entre astro (logîa) y mito (logîa) no ha sido ûnico/tempestivo/dador 

este momento? Volviendo a poner en cuadro en su lugar ostensiblemente que la pintu-

ra quitada no se verîa, porque si de buscar riña (argôn en el griego inveterado) trâtase,

Aspasia  desearîa  tenerla por la mînima cosa, aun del apartamento siendo el propieta-

rio yo. Y en fin, y teniendo muy bien claro que cuando hay un empellôn de ganas hay

la  posibilidad  de continuar haciendo cosas, dediquême a la tarea de aderezar las par-

tes del pollo. 

       Ni las formas mâs antiguas de sazonar los alimentos ni las recetas mâs modernas

de  cocina servirîanle a  Aspasia de mucho, porque de facto ella cree/estâ convencida 

que  su conocimento  en adobar la carne cruda es mâs que suficiente, lo que significa

que no lo cambiarîa por otro, aun reforzado por la experiencia o adquirido no sôlo por

una  constancia de lecturas sino que asimismo por una incesante y de años labor en la

cocina. Por otras cosas pudiera ser, existirîa la posibilidad de que ella no sacara a relu-

cir un tremendo orgullo; mas en este caso, el de la suficiencia mâxima y la seguridad

absoluta a partir del crecimiento de una ilusiôn que jamâs serîa eliminada--ya dirîame

Nietzsche lo siguiente: las ilusiones son ciertamente placeres costosos, pero mâs cos-

toso  aûn es la destrucciôn de ellas---que ella sea tolerante, y al escuchar que dîcenle

que su adobo pudiera mejorarlo aprendiendo de otras fuentes, es cuasi imposible. En-

tonces que prevalezca la altivez es un indeleble posible [...]. Y a mî me da igual, mas

como el anâlisis, la reflexiôn o el pensar sobre/en algo son tres imprescindibles com-

ponentes de mi maquinaria mental tengo la necesidad, [que no crêase que imperiosa/

deîctica/compulsiva], de  aunque sea breve amplificar un discurso, lo que no traduce

que  por su poca duraciôn carezca de una sûmula noumênica. Con esta perîstasis flu-

yente, cômo no acordarme del cocinero de Irlanda? Claramente que ni por parangôn 

ludicante compararîame con êl; mas bien lo recuerdo (precisamente) por no ser exac-

ta/justamente un erastes de sazonar pollos, algo que yo puedo entender porque êstos

nada  tienen que ver con la cultura celta, y como tal ni tan siquiera son desplumados

por cuestiones de entretenimiento/diversiôn, mas como era responsable de la alimen-

taciôn de la corte de vez en cuando sazonaba uno, mas que de forma tan especial que 

los comensales de palacio no podîan eludir chuparse los dedos. Y hablando de dedos

los mîos estân embadurnados de mantequilla. Por quê? Porque las partes del pollo se

cocinarân en el horno, que como bien saben/dominan los que cocinan el aceite no do-

ra como la mantequilla, allende que como resultado tanto el sabor como la coloridad

son disîmiles. Ajo, perejil, rosmarîn, sal y un chorrito de vino blanco faltan por echar-

le a las partes, mas como no es nada difîcil, y como tal no acicateante, en un perique-

te es algo que puedo hacer sin anâlisis, reflexiôn, pensar.

           Acopas un estrêpito metâlico proveniente de la calle es el motivo de que asôme-

me al balcôn. Como jamâs habîa sido testigo visual de lo que estaba observando, de lo

que penetraba por mis ôculos, como reacciôn tuve una de asombro: una ingente mani-

festaciôn debido a la carencia del agua, y en la que la minorîa de los participantes por-

taban carteles; la mayorîa, una baqueta con la que golpeaban con vigor a una lata. Con

el  têlos de saber si algûn conocido formaba parte de esta protesta, de esta descollante/

ruidosa novedad, oculê con atenciôn el paso de la manifestaciôn con mis queridos pris-

mâticos. [Este mirar desde la  altura me recordô la academia militar, y sobre todo esos

dîas de guardia en las atalayas, las que eran cuatro y desde donde observâbase con pris-

mâticos, empero  con otro propôsito: el de detectar alguna anomalîa fuera de la acade-

mia]. Como los  cristales delanteros estaban un poco sucios la observaciôn no era cien

por ciento nîtida, lo que no quiere decir que ver la caracterizaciôn de unos cuantos ros-

tros fuera imposible. Non plus ultra (aproximadamente) de veinte minutos comenzaron

a dolerme los codos por tenerlos apoyados en la baranda de hierro, razôn por la cual tu-

ve la necesidad de hacer una breve pausa para estirar los brazos. Al coger de nuevo los

prismâticos veo cuasi al final de la manifestaciôn a Matilde Ronco Espinoza, la que lle-

vando un cartel intentaba con algo de trabajo salir del colectivo humano que protestaba.

Siguiêndola con los prismâticos veo que despuês de lograr su objetivo suelta el cartel y 

parâse  al lado de una chica con patas largas, la que al parecer no tenîa espejo en su ca-

sa porque mirâbase cômo quedâbale el abrigo en el cristal de una tienda judia. A conti-

nuaciôn  de coger êsta la cartera y colgârsela en el hombro derecho, lo que yo entendî

como  el final de la contemplaciôn en el cristal, aparece Sista y pregûntale algo, empe-

ro  desde la posiciôn opuesta a la que tenîa Matilde, siendo entonces que sucede lo in-

creîble/inesperado: Matilde mete su mano izquierda en la cartera de la chica, algo que

hizo  con una tremenda pericia, y sobre el pucho incorpôrase de nuevo a la manifesta-

ciôn, pero  sin el cartel. Cômo, yo ora  testigo visual, allende que con prismâticos, de  

un hurto, de un robo? Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Como a la

postre y al cabo hay cosas que simple y llanamente suceden, tienen lugar, acaecen, es-

capan  de nuestro control, lo que traduce que no puêdense eludir, hacerse uno una que

otra  pregunta no sirve de mucho, empero como la costumbre es cuasi la madre de to-

das  las cosas esta cosa de hacerme preguntas en una Pi constante debido a la costum-

bre. Y en fin, que regresê a la cocina para meter en el refrigerador las partes del pollo

ya aderezadas por mis propias manos aûn con restos de mantequilla. 



    



   




  










  



 







 











 

Samstag, 21. September 2024

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           Segûn Metôn, la idea de construir el museo la tuvo un ricachôn interesado en la

historia antigua, amên que un coleccionista que tiene en su casa mâs obras de arte que

muebles, y el que cuando  entrô en contacto con la autoridad encargada de dar el benê-

placito  oficial de construcciôn enterôse de que si êl tuvo la idea que se ocupara perso-

nalmente de realizarla, y que de ser asî solamente tenîa que pagar el precio del terreno.

Una semana  despuês pagô el costo, mas quedô informado que mientras que durase el

trabajo  de excavaciôn, aun  perteneciêndole ya el terreno a êl, no podîa ni hacer nada

en êste como tampoco estar al tanto del trabajo de los arqueôlogos con el fin de saber

cuândo  terminaban con su  laboro. Al pasar un mes recibe la llamada de una criatura

desconocida, la que allende de comunicarle que sabîa lo de la compra del terreno pre-

gûntale  que si querîa conocer  un grupo de criaturas con dinero que deseaban aportar

peculio para la construcciôn del museo, y debido a que asimismo eran coleccionistas.

Veinticuatro horas despuês encuêntrase con el grupo en el restaurante de las langostas,

dicîêndole  uno de los integrantes de êste que la persona desconocida que lo llamô ha-

bîa sucumbido, mas que la causa del fenecimiento aûn no sabîase, agregando que to-

dos estaban tristes, porque esta persona era integrante del grupo, e impresionados, ya

que no esperaban su muerte, que se fuera de este mundo sin padecer alguna enferme-

dad. En fin , y para  llegar mâs  râpido al final, porque de facto lo que pasô en el res-

taurante  no es significativo, dice Metôn a continuaciôn de pedir otra taza de cafê, al

grupo  se uniô el ricachôn, el que ya no tiene que pagar solo la construcciôn del mu-

seo.

---Y usted, Metôn, cômo conociô al grupo?

---Por uno de sus integrantes que fue cliente de mi banco.

---Como que usted ocupa la plaza de la persona desconocida que feneciô.

---Asî es, Kosmos, asî!!

---Metôn, ya que del tema no hemos hablado, estâ usted interesado en el arte, en la

historia inveterada?

---Kosmos, sinceramente en lo que sî estoy interesado es el porciento que recibirê, al

igual que todos los integrantes del grupo, mensualmente, el que se sacarâ de las entra-

das al museo, la que no va a ser barata.

---Metôn, estâ usted seguro de que ese porciento serâ/estâ seguro?

---No entiendo tu pregunta, Kosmos.

---Mire usted, escuche esto. En esta ciudad puêdense contar con los dedos los que inte-

resados estân en un museo. Ahora bien, y si son pocos, cômo podrîa ser posible pagar

un porciento a todos los integrantes del grupo? De dônde lo van a sacar si las entradas

son pocas? 

---Kosmos, aûn faltan dos años para que comience la construcciôn, o sea, que es muy

temprano para preocuparme por eso, asî que ya verê que hago en el caso de que dificûl-

tese, por lo que acabas de decir, el pago del porciento. Te olvidaste del lema: todo en su

momento?

---Câspita!! Cômo olvidar un lema tan celebêrrimo y corto?

---Con lo que acabas de decir me recordaste a Aristofôn.

---Aristofôn? No me vaya a decir usted que trâtase del amigo del difunto padre de Cra-

tino.

---Eso no lo sê, Komos, mas sî estoy enterado de que tiene una cabaña en el bosque de

los liberales.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Hablamos de la misma persona.

Y de dônde lo conoce, Metôn?

---Fue cliente de mi banco, y el que me puso en contacto con el grupo por ser un inte-

grante de êste, como ya te dije.

---Disculpe usted, Metôn, mas sôlo dîjome lo del cliente, mas no el ônoma. Le comuni-

co que Cratino y yo estuvimos en su apartamento, y por lo mismo no me pareciô alguien

con dinero.

---Kosmos, êl tiene dos apartamentos, y por lo que has dicho estuviste en el mâs sencillo.

---Otra sorpresa! Aristofôn o es un personaje misterioso o es una criatura con una insôli-

ta historia. Sabe usted que hîzose pasar por muerto?

---Sî, lo sê, mas no con lujo de detalles. Tambiên algo sê de su relaciôn con su querida

Metrique, una holandesa neurôtica.

---Vaya cîrculo en el que nos encontramos! Figura sîmbôlica en mi novelôn, de ahî que

la mesa de la Kosmona fuera redonda. Mas dîgame, Metôn: por quê usted me dijo que

con lo que dije recordêle a Aristofôn?

---Porque mâs de una vez le oî decir, lo que con un cambio de palabra, que cômo olvi-

dar un lema tan celebêrrimo y breve? Mas lo decîa por otra causa.

---Tambiên sabe usted que Aristofôn es amante de las calabazas?

---Me entero ahora, Kosmos.

---Quiere usted mâs cafê, Metôn?

---No Aspasia, no!! Ya estâ bueno de êl, es suficiente con las tres tazas tomadas. Y ya

me  tengo que ir, que aunque me sobre el tiempo no quiere decir que no tenga que ha-

cer cosas, por ejemplo, seguir vaciando cajas.

---Nunca me he mudado, pero imagino que lleva por un tiempo trabajo.

---Asî es, Aspasia, asî es.

---Si necesita ayuda, Metôn, simple y llanamente dîgâmelo.

---Te lo agradezco, Kosmos, pero no es necesaria. Gracias!!

---De nada, Metôn, de nada!! Entonces hasta la prôxima.

---Gracias por la invitaciôn a tomar cafê. Nos veremos en otra ocasiôn. Espero que ha-

ya pronto agua.

---El primordial, por antonomasia elemento de Tales.

---Cômo, Kosmos, cômo?

---No hâgame caso, Metôn, mejor es que vâyase.

---Tû y tus cosas!! De acuerdo! Me voy.

        Y en cuanto se fue Metôn, Aspasia quîtase la toalla, sale al balcôn y la pone en la

 tendedera, mas en lo que lo hacîa, y como sabîa que yo la estaba mirando con fijeza y

profundidad, que le contemplarîa su natural candidez exenta del solapamiento de la te-

la, o sea, a toda flor, inclîna su tronco un poco hacia delante con el fin de engendrarme  

un estado apellidado alterado, mas a la postre y al cabo un estado que yo sê que de mo-

mento  no va a aprovechar, porque  de hacer buen uso de êl no funcionarîa su sadismo,

el  que en realidad ora funciona menos que una forma de provocar o de seducir de jaez

femenino. Para  eludir que ella supiera que yo estaba consciente de la cosa en-sî, de lo

que intenta dominar/imperar sin palabra alguna, escenifiquê una reacciôn que aparenta-

ba ser la correspondiente, la indefectible en un instante como êste de aferrarse ella con

soltura a su forma de tomar el mando, de querer flagelarme con un castigo que indubi-

tablemente conoce  una criatura francesa con un tîtulo nobilario (marquês), representa-

ciôn con algo de cercanîa a proyecciones inextricables en mi novelôn de un personaje

difuso  mas que por su rol dejô bien desarrollado lo atinente a su histrionismo. Al can-

to  mirôme Aspasia no como una criatura ceporra, mas no con la basta inteligencia co-

mo para detectar mi escenificaciôn, empero sorprendiôme que dijêrame esto:

---Kosmos, ahora no estoy para cosas superfluas, asî que me visto para ir a tocar mi

instrumento a la catedral barroca. Nos vemos mâs tarde. Ah, y si tienes ganas, puedes

aderezar las partes del pollo?

---Si cuando regreses estân aderezadas es que tuve ganas.

---Estâ bien, Kosmos, estâ bien.




 



  





               




 











 













  










 





 

Mittwoch, 18. September 2024

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        Al penetrar en mi estudio, y darme cuenta de que la segunda gaveta de la mesa es-

taba abierta, en quê otra cosa pudiera pensar si no que en êsta: que Aspasia estuvo bus-

cando algo, allende que con tiempo mâs que suficiente por yo haber estado fuera de mi

apartamento unas cuantas horas. Si jamâs le he vedado que entre en mi estudio cuando

no estoy presente, sî que mâs que bien sabe que no me gusta que haga lo que hizo, por-

que  con mis cosas  de trabajo sî que soy bastante austero, ya que no solamente en êsta 

sino  que asimismo  en las otras gavetas lo que hay de informaciôn, de apuntes, de no-

tas, de tachonazos y escrituras nuevas, verbi gratia, es tan relevante para mî que por lo

mismo  pudiera ser el motivo de entrar (inexorablemente) en liza verbal hasta dejar al 

interlocutor sin mâs nada que decir, o en un estado tan confuso/perplejo que hasta ten-

drîa duda en estirar el brazo para halar hacia sî una simple gaveta. Empero a pesar de

lo que digo, de lo acabado de amplificar, de dejar saber, la bûsqueda hîzola cuidadosa/

sensatamente, porque  todo estaba como yo lo habîa dejado, lo que significa que, por

lo menos en lo que respecta al respeto por el orden, tuvo en cuenta no cambiar la colo-

caciôn organizada de una sûmula de notas en hojas con formato A4. Rêstame esperar

que acâbase de duchar, que salga del baño sin embadurnamiento, o sea, con su cuerpo

impoluto, para entonces preguntarle quê fue lo que buscô, aun no quedândome dudas

que  no puede ser otra res que una que tiene que ver con la quinta parte de mi ingente

novelôn. Cinco minutos despuês de sentarme, y con el propôsito de leer de nuevo va-

rias  ideas que dejê  escritas en pedacitos de papel, una  costumbre tan senecta que de

olvidarme de ella sentirîa que fâltame algo, Aspasia llâmame para que hiciêrale el fa-

vor de llevarle la toalla que estaba en la pequeña tendedera en el balcôn y tan senecta

como mi costumbre. En lo que trasladâbame de mi estudio al balcôn y de êste al baño

hîceme la siguiente pregunta a la que le di mâs de una respuesta: Y si Aspasia tiene la

cortina pasada, y la descorre en el preciso momento en que abro la puerta, quê podrîa

hacer  para compensar una acciôn humana, demasiado humana? Mas deplorablemen-

te  sucediô lo que no habîa pensado: que por haber tanto vapor adentro no se veîa na-

da, razôn por la cual tuve que preguntarle Aspasia en cuâl parte del baño estaba.

---Kosmos, deja de exagerar que no es para tanto. Estoy aquî, a la zaga de la cortina.

       Seguido a darle la toalla salî lo mâs raudo que pude [por no poder soportar el mu-

chitanto calor] y dejê la puerta abierta, y sin dilaciôn arrumbê mis pasos a mi querido

estudio. Cinco minutos despuês viene Aspasia tapada solamente con la toalla, siendo

entonces que mis ôculos [como que] perdiêronse al con-templar su figura esta vez cu-

bierta  de los senos hasta la  mitad de los muslos. Sus pies desnudos recordâronme al

canto  los de Podacres (el  progenitor de Casandra y con su corte en el segundo siste-

ma [o en el otro sistema]), motivo por el cual tuve que observarlos con la misma fije-

za de mirada con la que mirê su mîmesis, lo que trajo, como consecuencia, que dijera

dos veces el Peân y seguido Iê Paiôn.

---Kosmos, respôndeme estas dos preguntas: Por quê me miras asî mis pies y quê es

eso del Peân y Iê Paiôn?

---Aspasia, asî  te los miro  porque son  tan buenos como los de Podacres (de buenos 

pies), como llamôse Prîamo al principio, y el Peân era un himno de victoria dedicado

a Apolo en el que repetîase este grito ritual: Iê Paiôn, allende que esta ûltima palabra 

era un epîteto de Febo cuya forma coincidîa con el gentilicio peonio, en griego Paiôn.

---Sabes quê? Entre alguna de las cosas que querîa saber, y que aparecen en la quinta

parte de tu novelôn, motivo por el cual busquê anoche en la segunda gaveta de tu me-

sa, lo que sê que no te agrada pero ya lo hice, esto que me acabas de responder es una

de ellas.

---Câspita!! Que ya estaba por preguntarte el porquê de tu bûsqueda. Y cuales son las

otras cosas que quieres saber?

---Mira, ahî debajo de esos libros a la izquierda de la mesa escribî una lista, y las co-

rrespondientes pâginas donde leî lo que me interesa conocer.

---A ver, que la oculo.

---Puedes cambiar de palabrita, que oculo me suena vulgar?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Vulgar? Vaya sonar que suê-

nate no bien! Entonces tenemos cuatro cosas: la primera, el porquê de que Rubria me

espere en el cuarto con la estatuilla del fauno entre las piernas (pâg, 1077); la segunda, 

quê significa mi frase: verborrea de culto por la palabra hierâtica (pâg, 1082); la terce-

ra, quê  es urbis actas (pâg, 1084); la cuarta, a quiên le digo estas dos frases: para que

salga  el agua de la fuente  tiene que haber un orificio y a menos brinco mâs duraciôn

del bastidor (pâg, 1085). Mirîfico, Aspasia, que gûstame que quieras saber, mas deseo

preguntarte algo: tû crees que sea posible hacer un poco de cafê antes de yo responder-

te?

---Vaya conexiôn!! Estaba por decirte que me agradarîa oîr las respuestas bebiendo ca-

fê, ya que como estuve picando el pollo aûn no lo he tomado.

---Mondo lirondo que nos ligamos hondo!! Age en plural!! A la cocina!!

          Insôlitamente resultôme lo que estaba pasando: que al abrir el grifo Aspasia no

habîa agua. Como conozco lo suficiente Aspasia, cômo no va a ser mejor para ella la

falta de agua ora que no cuando metiôse en la ducha? Quiên la hubiera aguantado de

haber pasado esto? Nunca habîa estado con una criatura que llegara a tener un estado

de  iracundia de larga duraciôn en el caso de que no pudiera mojar su cuerpo. Por su-

puesto que no fue difîcil hallar el elixir contra esta inesperada carencia: coger el agua

de una de las cuatro botellas plâsticas guardadas en el refrigerador. Mas en lo que As-

pasia encargâbase de hacerlo, ocûrreseme algo que no dîjele a ella, y no tanto porque

fuese a poner molesta, sino mâs bien porque no es (que digamos) amante de una joco-

sidad  durante las tres primeras horas de la mañana: para que salga el agua de la fuen-

te tiene que haber un orificio, mas en el caso curso la pila tiene un orificio mas no sa-

le el agua, o dicho de otra manera: de que sirve el orificio si no hay agua?

---Kosmos, se puede saber en quê estâs pensando?

---Pensando, dices? Quê va!! Empiezo a pensar despuês que tomo cafê. Êsa es la res!

---Y quê tû crees que pueda estar pasando, porque nunca ha faltado el agua?

---Câspita, Aspasia!! Cômo voy a saberlo? Ni que fuera plomero yo como para tener

atingencia con las tuberîas.

        Acopas suena el timbre de la puerta, no siendo otro el visitante que Metôn.

---Kosmos, disculpa que toque tan temprano, pero te debo informar de una cosa. La

falta de agua dêbese a la rotura de una tuberîa central, y en una parte de êsta que pre-

cisamente estâ en la zona donde se hace la excavaciôn.

---Aspasia, oîste la noticia?

---Sî, Kosmos, sî!! Y tan claramente como si estuviese en la puerta.

---Gracias muchitantas, Metôn!! Y le dijeron a usted cuândo la reparan?

---Kosmos, tû sabes que esta pregunta, en esta ciudad, nadie te la responderâ con pre-

siciôn/ exactitud, asî que hacerla serîa perder el tiempo, que si no haciêndola dirimirîa

las ilusiones que alguien se hizo de que posiblemte, y con el cambio de los tiempos, la

situaciôn al no ser la misma...

---No siga, Metôn, que ya sê cômo va a terminar su discurso breve. Y dîgame usted: le

gustarîa tomarse un cafê con nosotros? Tiene tiempo usted para despositar por un tiem-

po su tafanario en una se las sillas que nuestra cocina?

---Kosmos, tû sabes que lo que me sobra es tiempo. Cômo no le sobrarîa a un pensiona-

do? 

---Entiendo, Matôn, entiendo. Mas antes de tomârselo adelântole lo siguiente: el cafê es-

tâ preparado con agua frîa, porque al no haber agua en el grifo...

---Kosmos, que no pierdes la costumbre de sacarle a todo provecho para llenar tu discur-

so. Te diste cuenta de que me dijiste Matôn?

---Un cambio de letra es tan perjudicial como el cambio de una mujer. 

---Contra, Kosmos, contra!! Bueno, no te preguntarê por quê?

---Disculpe usted, Metôn, dis-cûl-pe-me, que no fue mi intenciôn convertirlo en un cri-

minal. Pase usted, Metôn, pase, que parado asî tan recto analôgase con la verticalidad

del general.

---Ah, el general. Sabes que anoche hizo una tremendîsima fiesta?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Cômo no saberlo si yo estuve

allî con mi buen amigo Cratino?

---Verdad que estuvieron en esa fiesta? Vaya privilegio!!

---Metôn, y usted cômo supo que la hizo?

---Kosmos, tû crees que de una fiesta como êsa no se hable en toda la ciudad?

---Metôn, aquî su taza de cafê.

---Gracias, Aspasia, gracias!!

---No lo creo, Metôn, imposible de creer.

---Kosmos, serîa una tontera preguntarte cômo de buena estuvo la fiesta, pero te lo

pregunto.

---Y ya que preguntômelo respôndole: tan buena quedô que regresê a las siete de la

mañana.

---Ay!! Me recuerdas mis tiempos de juventud, mis andanzas de madrugada.

---Lo mismitico dirîale a mi hijo cuando yo estê senil.

---Kosmos, y desde cuândo tû quieres tener hijos?

---Aspasia, por quê interrumpes, te metes, interpolas una pregunta en medio de dos

que dialogan?

---Quê antipâtico, pesado e insoportable!

---Gracias muchitantas por la sûmula de adjetivos!

---Kosmos, aprovecho la oportunidad para decirte que formarê parte del grupillo de

gente con peculio encargado de financiar la construcciôn del museo.

---Del museo que se harâ encima de la zona donde actualmente excâvase?

---Asî mismo, Kosmos! Y quiên te lo dijo?

---El mismîsimo Francisco Sotolongo Almendrades, en persona y con su propia len-

gua.

---Otro privilegio, Kosmos, porque ese general no se abre asî con todo el mundo. Y cô-

mo lo supo êl?

---Porque conoce al arquitecto con la tarea de ocuparse de hacer el plano de constru-

cciôn.

---Pensândolo bien, cômo un general no va a conocer a mucha gente?, mas que desgra-

ciadamente, el otro semblante de la moneda, no muchas gente conoce a un general.

---Êsa es la res, Metôn!! Quiere mâs cafê?

---Sî!! Otra taza, por favor.

---Metôn, y por quê serâ el susodicho grupillo el que harâ el financiamiento y no la ciu

dad?

---Kosmos, tienes tiempo para oîr la respuesta?

---Câspita, Metôn!! Aunque no estê pensionado el tiempo sôbrame. Amplifique la res-

puesta, amplifîquela!!



































 
























  









 



 



se Prîamo al principio  











 




  

         






      


 

Sonntag, 15. September 2024

93

         Al penetrar en el cuarto, a las siete de la mañana, costôme trabajo creer lo que mis

ôculos veîan: que Aspasia dormîa completamente arropada. Su posiciôn era de bruces y

al parecer estuvo leyendo la quinta parte de mi novelôn, la que estaba, nada mâs y nada

menos, apabullada por su pecho. Al no poder hacer nada por sacarla de aquî, porque de

halarla para apoderarme de ella pudiera ser el motivo de su despertar, me quitê la ropa lo

mâs cuidadosamente posible y, con destacada parsimonia, dejê caer mi cuerpo en la ca-

ma. Durante un tiempo, y en el que no fîjeme por no ser de mi gusto mirar los minutos

pasar o estar al tanto de las manecillas del reloj, mis ôculos no cerrâbanse, creyendo yo

que menos que ser la razôn la sûmula de copas debîase mâs bien a una preocupaciôn in-

cesante: la de si Cratino pudo subir sin tropezar o irse de lado la escalera del edîculo en

el karakorum, ya que de haber pasado una de estas dos cosas recibir ayuda serîa imposi-

ble, por quê?, porque en este edificio pequeño no vive nadie. Como dormir aunque fue-

sen par de horas êrame menester dejê de prestarle servicio a esta preocupaciôn, que a la

postre y al cabo nada es tan malo como pudiera ser, siendo entonces que empecê a sen-

tir  un cansancio en mis ôculos, calaña de que ya podîa entrar en el mundillo de Morfi,

la deidad encargada de transformar/cambiar/pastichar todo lo que antôjasele, pero suce- 

de deplorablemente una cosa: Aspasia da un salto en la cama, vîrase boca arriba y pre-

gûntame quê tal habîa estado la fiesta del general.

--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Ora que ya podîa quedarme dor-

mido tû me haces esta pregunta?

---Kosmos, y cômo tû crees que podîa saberlo? Vaya, ni que fuera adivina. Y por quê 

no podîas dormir?

---Por una preocupaciôn.

---Cuâl?

---Te dilucido lo siguiente: al estar Cratino pasadito de copas concomitêle hasta la mis-

mîsima puerta de su edîculo, que como sabes estâ encima del karakorum...

---Y cuâl es la preocupaciôn si lo acompañaste hasta allî?

---Si me interrumpes no puedes saber el motivo de la preocupaciôn.

---Y cuâl es?

---Que por estar pasadito de aquêllas o podîa dar un tropezôn o perder el ponderamein-

to, y, entonces, quiên vendrîa en su ayuda si allî no vive nadie?

---Kosmos, quieres que te diga quê creo, quê me parece?

---Amplifîcalo!!

---Que demasiada fantasîa te estâ causando pre-ocupaciôn. A ver, te dejo dormir un rato,

y mâs tarde me respondes la pregunta que te hice sobre la fiesta. Estâ bien?

---Êsa es la res, Aspasia!! Estâ asî, no de otra manera, no diferente, ni desigual (a) ni dis-

tinto (de) ni fuera de lugar (por).

---No, si te digo a ti (que) lo que tû sabes que te dirîa, pero mejor no te lo digo, asî que

duêrmete, que nos vemos mâs tarde.

---Estâ bien, Aspasia, es-tâ (pros tô têlos)-bi-en! 

          Dos horas y media despuês regresê a la realidad del mundo nuestro, la de las es-

cenificaciones o la que sustenta a los roles histriônicos, y en la que por lo mismo man-

tiene vigencia una res conspicua: la aceptaciôn/valoraciôn/ consideraciôn de una criatu-

ra mâs por lo que pinta que por lo que indeleble es de acuerdo a la naturaleza de su ser,

pintar que facilita la apariencia que a su vez gira, da vueltas dentro de un circulus vitio-

sos. A pesar de la cantidad de comida que entrô por mi boca en la fiesta entrâronme ga-

nas de ir a la cocina para echarle un vistazo al refrigerador, ya que Aspasia guarda todo

lo que sobra en êste, jamâs bota nada aunque quede en un plato una cucharada de algûn

alimento pasado por el fuego la nocturna anterior, la de ayer. Como para luego es tarde,

como el dicho dice, me levantê de la cama, me cubrî el cuerpo con una sâbana de la cin-

tura hacia abajo y arrumbê mis pasos hacia la cocina, sucediendo que con este yendo ol-

vidê  lo que estaba pensando sobre la vigencia de una res conspicua. Empero al llegar a

la cocina, cômo olvidar que lo que no entra por los ojos no penetra por otra parte? Y di-

lucido para que entiêndaseme. Al llegar a cocina, Aspasia sacâbale filo a un cuchillo de

hoja  grande con un afilador de mesa, y con el objetivo de picar en partes un pollo des-

congelado. Al poner la hoja del cuchillo en medio del afilador el mismo movimiento de

hacia  delante hacia detrâs engendraba otro movimiento que tuve que mirar sobre el pu-

cho: el de sus especiosos senos protegidos solamente por la tela de la bata transparente,

la  ûnica que tiene Aspasia que de facto encântale. Como con esta observaciôn penetrô

por  mis ôculos un aliciente  mayûsculo, cômo no pensar entonces en pasar a la dadora

acciôn con la cual mi fantasîa tendrîa un desarrollo, la posibilidad tempestiva de ser uti-

lizada en su cien por ciento?    

---Kosmos, ya sê lo que me estâs mirando, pero de momento te digo algo: olvîdate de

tu fantasîa, que cada cosa en su momento. Sabes a quiên me recuerdas, y un personaje

de tu novelôn?

---Uno de mi novelôn embrollado en este tema de la fantasîa?

---Asî mismo!!

---Câspita!! Y serîa quiên?

---El cocinero de Irlanda, el que cuando Meli entraba en la cocina de palacio hacia todo

lo posible para transmitir su fantasîa.

---Mas estâs hablando de algo al revês, invertido. 

---Sî, ya sê, pero el asunto en fluencia no es diferente, sôlo cambian las identidades que

despiertan un deseo, la fruiciôn almacenada, etc.

---Entonces, Aspasia, tu intenciôn era sacarle filo al cuchillo con el fin de despertar mi

fantasîa?

---Claro que no! Cômo podîa saber que tû vendrîas a la cocina en este momento? No era

cierto que estabas durmiendo?

---Lo era, mas ya no lo es, porque estoy aquî. No serîa lo siguiente: que tû me sentiste

llegar y como tal te pusiste a afilar el cuchillo, porque sabîas que los senos se te moverîan?

---Vaya fantasîa!! 

---En fin, Aspasia, quê restos hay en el refrigerador, que estoy famêlico?

---Tû mismo puedes saberlo abriendo el refrigerador, y espero que no cojas un resfriado,

porque de la cintura para arriba estâs desnudo.

---Aspasia, de la cintura para arriba no estâ la parte del cuerpo que lastimosamente se pu-

diera afectar por un cambio de temperatura.

---Y menos mal!! Si no, quê tristeza para mî!

---Tristeza y tienes en cuenta que todo en su momento, que no el ora de este momento de

jaez funcional porque pudieras evitar una futura tristeza?

---No me acabas de decir que estâs famêlico?

---Sî!! Pero no quiere decir que pudiera olvidarme de estarlo en el caso de estar allî, en la  

parte de tu cuerpo que muêvese a la vez que afilas el cuchillo.

---Me dejas terminar de picar el pollo?

---Lo que significa que me permitirâs que desarrolle mi fantasîa?

---Claro, Kosmos, entendiste bien.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Quiên te entiende?

           Una hora despuês tuve que ocuparme de reparar una de las cuatro patas de la me-

sa de la cocina, la que aflojôse debido al peso de nuestros cuerpos. En cuanto terminê de

cumplir con esta actividad respondîle a Aspasia la pregunta que hîzome en el cuarto y en

lo atinente a la fiesta, resultândole interesante lo del museo a construir a continuaciôn de

concluir el trabajo de excavaciôn, pero asimismo que Anabel hubiêrase acercado a Crati-

no para recordarle que en el pasado andô junta un tiempo con Arder Porseñas. A raîz de

preguntarle el porquê de que este acercamiento resultârale asî, ella dîjome que tal refres-

camiento de la memoria o era la justificaciôn para entrar en verba con Cratino o la posi-

bilidad  de lograr lo que en el pasado no pudo obtener, y precisamente por su atingencia

temporal con Arder Porseñas. Con estas palabras estuve en desacuerdo, porque de facto

Anabel no dio calaña de algo no tenido hace ya siete años, y si le hablô de eso a Cratino

fue porque êste no acordâbase de ella, mas para eludir que Aspasia pensara que yo esta-

ba defendiendo/protegiendo a mi buen compinche no comentê nada respecto a mi no es-

tar de acuerdo. Siguiô la conversa con una ligerîsima opiniôn sobre dos cosas: la prime-

 ra, sobre la revisiôn de mi novelôn que harîa en pocas horas el editor Lavinia; la segun-

da, sobre el conflicto verbal entre Isabela y Forligen causante del rompimiento de la re-

laciôn  cupidosa, razôn por la cual aquêlla pidiôme que hablara con êste, como ya sâbe-

se, mas como ingerîa un poco de ensalada frîa concentraba mis retinas en este sustento,

lo  que traduce que no miraba a Aspasia, una de las cosas (por antonomasia) que câusa-

le tremendîsima pejiguera, porque no soporta que no mîrenla ni aun cuando deja saber

una  opiniôn ligerîsima, No  esperaba su estar de jeta mas sucediô, lo que diole pâbulo

de  hacer un drama con el têlos de escenificar para que yo tuviese que mirarla, y enton-

ces pregûntame:

---Kosmos, y desde cuândo esa Isabela te conoce tan bien como para pedirte que tû ha-

bles con Forligen, porque quien sî te conoce del barrio es êste? Aunque puede ser que

exista una razôn que desconozco y por la cual ella te lo pidio.

        Ostensiblemente que no podîa decirle cuâl era la razôn: la de haberla visto cuasi

desnuda haciendo el amor con una criatura desconocida en el preciso momento en que

yo miccionaba, mas que sî que Isabela tenîa la razôn al pedirme que hablara con Forli-

gen, porque al conocerlo de tiempo del barrio hablarîa con êl alguien en el que confîa,

o  con el que tiene basta confianza como para escuchar una verba que cuêlase por los

pasillos de la intimidad sin acarrear perjuicios/pernicio.

---Asî que por aquî viene la cosa, Kosmos, porque se conocen de años del barrio Forli-

gen y tû. Y cômo lo sabe Isabela?

---Câspita Aspasia!! Porque dîjoselo Forligen, no yo.

---Seguro que fue êl quien se lo dijo? No me estâs mintiendo?

---Aspasia, escenificas celosîa para que mis ôculos te miren?

---Kosmos, mâs que celosa, curiosa, porque quiero saber, y eso es todo.

---Puedo terminar de comerme la ensalada frîa, que ya te mirê?

---Sî, Kosmos, puedes terminar. Y quê te parece, estâ buena?

---Tan buena como tû!

---Cômo, si no estoy frîa?

---Vas a seguir con el drama?

---Me voy a la ducha, que estoy embadurnada.

---Age, Aspasia, age!!











  



  




  




 



  


























 







 

 




   





















    

Montag, 9. September 2024

92 (de la una a las dos)

         Al no estar al tanto, y por el lûdico verbal entre Cratino y yo fuera totalmente am-

bos  de un ponderamiento  beneficioso, del cambio de posiciôn de las vendedoras inse-

parables, como llâmolas yo, es que êstas acopas ubicâronse delante de nosotros al mar-

car la una las agujas del reloj. Tan erectos tenîan sus troncos que parecîan dos astas en-

cajadas en la tierra, motivo por el cual dîjome Cratino (con cierta y necesaria sorna) de

que bien que podîan servir para estar frente del lugar donde los ciento ocho jueces cele-

braban  sus reuniones, algo que ostensiblemente sacô de mi novelôn. A raîz de saludar-

las correctamente y de preguntarles cômo la estaban pasando en la fiesta, Helade, y sin

eufemismo alguno, pîdeme de favor que dejara la hipocresîa, que bien que sabîa que y

nosotros eludimos entrar en contacto con ellas al mirarnos con destacada fijeza. Segui-

do clara que si querîan hablar con nosotros era para informarnos de algo que estaba su-

cediendo a la zaga del telôn, y algo que saben porque amên de vender sus productos se

relacionan  con una arcaica/senecta/senil materia que tiene que ver con un mundillo de 

trasfondo, atingencia  de la que entêrome ora. Con el fin (la finalidad) de que no diêra- 

se lugar a la duda explicita lo siguiente: lo que estaba sucediendo a la zaga del telôn no

es exactamente el hecho que pudiera perjudicar/beneficiar, sino lo que derîvase de êste,

derivado que al pasar activa ciertos vînculos que hacen posible una funciôn conspicua.

         Y hablando de êsta llega el general, el que a pesar de lo tarde que era mantenîa su

porte y aspecto (intachables) como si estuviese en la academia. Despuês de echarle una

miradita  a las  vendedoras inseparables mîrame a mî y me guiña el ojo izquierdo, y sin

dilaciôn comienza su discurso diciendo que êstas habîan reparado muchas causas daña-

das y ayudado a los hombres con un problemas significativo, y que por lo mismo/como 

tal habîan contribuido a que la esposa/querida/amante de estos hombres no sintiêrase o

desilusionada o frustrada, porque reforzar la  fecundaciôn de aquêllos dirime un proce-

so con el cual pudieran alcanzar reciedumbre estados oponentes a la jovialidad. 

---General, se puede saber el porquê de guiñar el ojo?

--- Helade, de querer saber el porquê es porque cree/sospecha usted de que quise poner

a Kosmos al tanto de algo, anticiparle que mis palabras no eran tan sinceras como eran

eran escuchadas, o que funcionarîan como una lisonja con la intenciôn de granjearme  

el aprecio/respeto de ustedes?

---General, se olvidô de que usted fue uno de esos hombres al que nosotros ayudamos?

---No entiendo esta pregunta de usted, Helade? Por quê? Porque me resulta intempesti-

va. Pero igual, que las cosas que me resultan intempestivas fuera de lo militar no son y

tan relevantes. Y es mâs, le respondo su pregunta: No lo he olvidado. Cômo olvidarlo?

---General, es que para entender la pregunta hecha por Helade tendrîamos nosotras que

regresar al pasado con el propôsito de aclarar ciertas cosas que en aquel entonces eran

significantes, pero como esto requiere de una gran cantidad de palabras no creo que en

este momento sea posible por lo tarde que es y porque hemos bebido mâs de lo normal.

---Puedo entenderla perfectamente, Efîaltes, que ya no tenemos veinte años y como tal

la resistencia no es la misma y el cansancio llega mâs râpido. Pero dîganme: la han pa-

sado bien?

--De maravilla, general, que una fiesta como êsta no se da todos los dîas en esta ciudad. 

---Gracias por reconocerlo y tenerlo en cuenta, Helade, pero debo decirles que le falta,

para acabarse, poco a la fiesta, lo que no es debido a un beneplâcito de la autoridad sino

a mi propio deseo de que llegase sôlo hasta una hora determinada.

---Y hasta cuâl hora, general?

---Hasta las dos, Helade, hasta las dos de la madrugada.

---General, le dejo saber que hasta las dos no llegamos, y si aûn estamos aquî es porque

nos  apremiaba hablar con Kosmos, informarle  sobre algo que intentamos comunicarle

mâs temprano, pero no fue posible porque êl eludiô entrar en contacto con nosotras, al-

go que bien sabemos.

---Entiendo que si ya Kosmos lo sabe como que ustedes se van, no?

---Asî es, general, asî es!!

---Pues regresan a casa por el camino correcto y sin perder de vista la superficie que pi-

san.

---Adiôs general, y gracias por la invitaciôn a su fiesta.

---De nada, Helade, de nada, que fue un placer volverlas a ver.

         A raîz de estas palabras yo tuve que aguntar la risa. Por quê? Porque el general me

volviô a mirar y a guiñar el mismo ôculo. Pero a la vez que la aguantaba preguntême lo 

siguiente: cômo es posible que el general, y delante de Cratino y yo, haya respondido la

pregunta  de Helade de si  habîa olvidado que uno de los hombres al que ellas ayudaron

fue a êl? Yelas me habîa dicho que en lo atinente a este tema no deberîa hablar con el ge-

neral por ser de jaez delicado (lo que traduce que moralmente ludica un rol tremendîsi-

mo?); sin embargo, que es lo que mâs llâmame la atenciôn, ampula mi pensamiento, por-

quê el general fue tan sincero que no lo necesariamente astuto como para darle un vuel-

co  a lo preguntado con el têlos de salirse de lo que querîa saber Helade? O serâ que sô-

lo es listo cuando estâ en la academia, donde ejerce su oficio y tiene que dar edictos?

---Kosmos, no sê por quê me parece que te ibas a reîr.

---General, parêcele no, iba a reîrme, por las dos veces que usted guiñôme el ôculo mis-

mo.

---Una tercera no hay, porque no es necesario. Ya me puedo imaginar sobre quê tuvo que

ver lo dicho por Helade.

---Y muy cierto, general, no se equivocô, no tuvo fallo. Mas sabe usted una cosa?, no sa-

bîa que las dos dominaban esa materia inveterada, o mejor dicho, esa arcaica/senecta/se-

nil materia.

---Eso no lo saben muchos, Kosmos, y si te lo dijo es porque quiso que tû lo supieras. Y

sabes por quê lo quiso, no?

---Aûn no lo sê, mas no dîgamelo, que pensando hallarê el porquê.

---Como quieras. Kosmos, tengo para decirte algo que te va a agradar/encantar/gustar.

---Amplifique, general, amplifîquelo!!

---Que despuês que saquen todo lo que hay sepultado, y que como te dijo Yelas pertene-

ce al patrimonio histôrico romano, construirân un museo en la zona donde realizânse las

excavaciones, 

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Mas general, cômo usted lo sa-

be?

---Kosmos, porque el arquitecto encargado de hacer el plano del museo es un viejo ami-

go mîo, y con el que me encontrê no hace mucho. En el museo estarân todas las piezas

que  puedan recuperarse  estên completas o sôlo  en partes. No te sentirîas en el museo

como si estuvieras dentro de tu novelôn?

--Es posible, general, es posible. Y dîjole el arquitecto cuânto tiempo necesîtase para la

construcciôn del museo?

---El calcula un año y medio, mas siempre y cuando el plan de trabajo diario fluya co-

mo serâ previsto, y no hayan problemas de demora o de retraso de los componentes im-

prescindibles para la susodicha construcciôn.

---General, y ya lo sabe Yelas?

---Sî, ya lo sabe, no hace mucho que le dije.

---Câspita!!

---Por quê câspita?

---Porque la vivienda de Yelas tendrâ la sombra del museo.

---Y el que trabaja bajo el Sol por ser sepulturero, porque hasta donde sê de noche êl 

no entierra/sepulta a nadie.

---Nadie, tan ingente, no puede ser sepultado!!

---Alguien carente de un conocimiento mîtico no te entenderîa; pensarîa que dices cosas

(locas) por decirlas, o para llenar espacio.

---Ignoraba que usted tiene este conocimiento, general.

---Kosmos, lo que no lo tengo tan amplio como tû; llega, se limita a lo que me enseñaron

en la escuela.

---O sea, que es un conocimiento bâsico.

---Y bâsico no ya es suficiente para un militar, el que precisamente nada tiene que ver con 

la mitologîa?

---Usted discûlpeme, general, mas depende del militar que sea y del afân/interês que ten-

ga de saber. 

---No, kosmos, estâ bien, que tus palabras son ciertas, asî que no hace falta que te discul-

pes.

---General, yo creo que usted es bastante tolerante, por lo menos conmigo.

---Asî es , Kosmos, no te equivocas. Dime: te acuerdas que tienes que ir a la oficina del

editor lavinia a la una de la tarde de pasado mañana?

---Exactivizo, general: por la hora que es ya no es pasado mañana sino mañana.

---Verdad que sî, que êl te lo dijo ayer.

---Sî, claro que me acuerdo. Por quê la pregunta?

---Porque querîa pedirte que me informaras de lo que te dirâ de tu novelôn.

---Age para mî mismo!! Le informarê, general, êsa es la res!

---Muy bien, gracias!! Y ahora debo ocuparme de despedir a los invitados, que cuasi son

las dos de la madrugada.

---Al avîo, general, al avîo!!

























 


 





 



  

  



   














 










  

         






        









 


       

Dienstag, 3. September 2024

91 ( de las doce a la una)

        La pericia de Cratino aplâudosela por decirme lo siguiente a raîz de yo contarle lo 

de  Isabela: Kosmos, de todas  maneras ella es una  estudiante de medicina y, como tal, 

cômo no va a (interesarle) estar interesada en el cuerpo humano? Ostensiblemente que 

salirme con esta habilidad no significa otra cosa que êsta: la de no tener que reconocer/

aceptar que la susodicha estudiante cometiô un acto de felonîa. Mas por quê? Por el lla-

no y sencillo motivo de haber idolatrado tanto a Isabela, que adorarla aun sabiendo que

traiciona  serîa para su cogitations algo tan plûmbeo de aguantar, como la piedra en los

hombros  de Sisyphos ( hijo de Aiolos y rey de Korinth). 

---Kosmos, tan tarde y con esta Luna, amplificando sobre mitologîa?  

---Cratino, y acaso sacar a puesto, a colocaciôn conocimiento tiene un horario y depen-

de de un astro?

---Cierto!! Ni tiene un horario ni un astro. Kosmos, ya que tû lo conoces mejor que yo,

cuâl serîa la reacciôn del mûsico Forligen de enterarse de lo que pasô?

---Câspita Cratino!! Yo solamente lo conozco del barrio, mas tengo que reconocer que

su paciencia es bastante buena.

---Lo dices por la deuda que tuviste con êl y que gracias a mî le pudiste pagar?

---Êsa es la res, Cratino. Sabes una cosa? Por mî no enterarîase Forligen de lo Isabela.

---Y cômo tû puedes estar seguro que sôlo tû la viste en ese jueguito amoroso?

---Cratino, de estarlo no puedo, empero sî que puêdote asegurar algo: que en el lugar

donde representâbase la escena con alta temperatura no estâ al alcance de los ôculos.

---Bueno, ya veremos. Y respôndeme otra pregunta: Y si ella te vio a ti sin darte cuenta

tû?

---Eso es posible, pero de ser asî entonces ella quiso que la siguiera mirando, porque de

haberme visto, aun sin darme cuenta, tû no crees que, y precisamente porque conozco a

Forligen, hubiêrase por lo menos cambiado de lugar?

---Y sî tû que...

--Cratino, quê es esto, una pesquisa policîaca o el mismîsimo mêtodo inventado por Sô-

crates?

---Kosmos, es la ûltima pregunta.

---Seguro que la ûltima? A ver, si yo quê?

---Si tû que viste a esa criatura que gozaba del cuerpo de Isabela, la puedes reconocer

entre las personas que estân al alcance de nuestros ojos?

---Cratino, al alcance de quê si no para poderlas mirar? Te respondo una cosa: no interê-

same reconocerla. De quê me sirve el reconocimiento?

---Sôlo por saber, estar informado o para tener una idea, conocer de quiên se trata.

---En realidad no le vi el semblante.

---Cômo, no pudiste decirlo antes?

---Te dije que sôlo vi sus manos gruesas.

--- Me pasa que al estar pasado de copas se me olvida lo que dijiste.

---Eso parece, es garante de un olvido, de la pêrdida de la nemôsine. Y adônde se fue Es-

meralda?

---No me lo dijo, sôlo se fue, Tû crees que pueda, en este cuadrante, perderse?

---De perderse en este cuadrante, que conoce mâs que bien por ser el de su casa, serîa el

culmen de un proceso aûn no conocido.

---El culmen de un proceso aûn no conocido! Estâ bien, Kosmos, estâ bien.  

---Cratino, creo que el momento de la conquista ha llegado; no lo desaproveches que 

jamâs dos momentos han sido iguales, repîtense de la misma manera.

---Se puede saber de cuâl conquista se trata?

---Mira quiên estâ allî solita fumândose un cigarro y sentada con las piernas cruzadas?

---Ah sî, Anabel, pero si acaso irîa a hablar con ella, mas nada de conquista, que inte-

rês no tengo de ser conquistador.

---Câspita!! Escucha esto que dijo Nietzsche: no hay mayor mentira que la que el hom-

bre dîcese a sî mismo.

---Te voy a demostrar que no me digo a mî mismo ninguna mentira.

---Demuêstramelo!! Age!!

           Cinco minutos despuês, y en lo que observaba cômo Cratino ponîase en funciôn

de  la demostraciôn, soy  testigo visual de otra cosa: del conflicto verbal entre Forligen 

e Isabela, y el que diome pâbulo de pensar que tal vez era debido o a que Forligen ente-

rôse de la felonîa de Isabela o a que êsta le revelô la traiciôn cometida por cuestiones de

conciencia. Sea como fuere, el caso es que despuês de que Forligen la cogiô por los bra-

zos y la agitô, ella quitôse el calzado y saliô corriendo hacia mî. Sobre el pucho me abra-

zô llorando, y me pidiô de favor que hablara con Forligen, ya que como êl dîjole que yo

era  su mejor amigo del barrio tal vez mis palabras podrîan convencerlo de que volviera

con ella, serîan el solvento contra una situaciôn creada por ella misma, allende que agre-

ga que si ella permitiô que la mirara cuando yo estaba miccionando es porque quiso dar-

me  la oportunidad  de satisfacer mi deseo de contemplarla, que muy bien que sabîa que

tal anhelo yo lo tenîa y del que diose cuenta por la forma en que la mirê desde el primer

momento en que la conocî. Y verdad no le faltaba, empero por sensatez no dîjele: punto 

a  la raya y que continûe la letra, y con el fin de que fluyera la verba tempestiva, ya que

de  entrar a profundizar en busca de corales en un momento que no era el adecuado por

la  situaciôn  creada por ella misma, por lo que estaba pasando, la consecuencia serîa in-

dubitablemente mâs resonante que la mismîsima causa. Asî entonces dîjele que no preo-

cupârase, que el favor que pidiôme harîaselo con gusto cuando Forligen estuviese sose-

gado, porque al ñudo serîan mis palabras padeciendo êl un estado acarreado por la dado-

rîa  de Baco, amên que doblemente  alterado por el reciente conflicto verbal. Al notarla

un poco mâs calmada dîjele que sentârase, y en cuanto lo hizo cruzô las piernas, siendo

la  posiciôn propicia para ponerle los zapatos y de paso fijar mis retinas en aquêllas, ex-

tensiones  que como  columnas sostienen  a un cuerpo delgado. A continuaciôn le di mi 

copa, y en lo que embadurnâbase sus labios le pasê la mano por su cabello rizado, moti-

vo  por el cual êsta quedô impregnada de un olor agradable, y por lo mismo/y a fortiori 

oliscarlo repetidamente valîa la pena. Despuês de un par de minutos de mirarme sin pes-

tañar dîceme muy cerca de mi oreja derecha:

---Kosmos, hasta que durê el olor me vas a recordar, me vas a tener muy cerca de tu na-

riz, Gracias por lo que vas a hacer y me voy de la fiesta, que en realidad no tengo ganas

de quedarme.

---Isabela, yo asimismo te doy las gracias por lo que tû sabes, que sabrâs por un tiempo

mâs largo que el que va a durar el olor de tu cabello rizado en mi mano. Y si ora pregûn-

tame Forligen quê respôndole?

---Lo mismo que te acabo de decir, pero no creo que êl venga a preguntarte. 

---Y dime Isabela: no quieres que te concomite hasta la puerta de tu casa?

---Muy caballeroso de tu parte, Kosmos, pero no, porque si ya hubo fuego es mejor no

seguir atizando flamas.

---Flamas!! Quê bien! Nôtase que tienes conocimiento de ciertas palabras que contadas

gente usan. Y sî, tienes razôn, es sensato no avivar mâs el fuego. Entonces hasta la prô-

xima vez que nos veamos, aunque si estâs de acuerdo puedo darte mi nûmero de telêfo-

no.

---Dîmelo, que me lo aprendo de memoria.

---Dîgotelo pegadito al oîdo, para que un pneuma no llêveselo.

---Ah, estâ bien. 

          Mas en lo que decîaselo llega Cratino y con soltura pregûntame:

---Kosmos, al parecer eres tû quien firma un pactum fornicationis con la tinta de la len-

gua.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Cratino, ni que la oreja derecha

de ella fuera un papel.

---No hay duda de que ustedes se entienden muy bien , no?

---Asî es, Isabela, y hace años que muy bien nos entendemos.

---Cratino, y quê firmas tû con esa chica que hablabas?

---Con Anabel no firmo nada, sôlo entraba en diâlogo amistoso con ella.

---En diâlogo amistoso? Ah, estâ bien. Bueno, me despido de los dos, que ya me voy.

        Al irse Isabela, pregûntame sin dilaciôn Cratino:

---Kosmos, se puede saber quê le decîas al oîdo a Isabela?

---Mi nûmero te telêfono.

---Y por quê se lo decîas al oîdo?

---Porque ella me dijo que se lo aprendîa de memoria.

---Y no se lo puede aprender de memoria si no se lo dices tan pegado al oîdo?

---Câspita Cratino!! Tû continuaste tomando?

---Y por quê tû me preguntas eso?

---Te respondo despuês, mâs tarde, en otro instante de un horario avanzado.

---Eso es nuevo, no? 

---No!! Lo que sôlo una vez lo dije y no lo repetî mâs (nunca)

---Kosmos, claramente que si no lo repetiste una sola vez lo dijiste, y dônde, en vivo

o en tu novelôn?

---Porque si dîgolo dos veces es repeticiôn?

---Mâs de una ya se repite! Aquî nada tiene que ver la tercera con la vencida, aunque re-

peticiôn sea, de êsta se trate.

---Creo, Cratino, que los dos continuamos tomando. Lo dije en vivo.

---Respuesta con atraso, atrasada!! En vivo. Y frente a mî?

---De haberlo dicho frente a tî, por quê me preguntaste si era nuevo?

---Kosmos, y no se me puede olvidar?

---El olvido es siempre posible; es parte del antropo.

---Del antropo! Vaya dos de êstos con tremenda marranada verbal ebria!!

---Ebria o de ebrios?

---De beodos que aûn pueden sostenerse!

---Un cambio de palabra no es respuesta a una pregunta!

---Kosmos, y no serîa mejor dejar de utilizar palabras, porque asî no se pregunta?

---Cratino, y las palabras sôlo utilizânse para preguntar?

---Êsta sî que es una que muy buena pregunta, y nada mâs y nada menos que hecha fal-

tando un minuto para la una.

---Sabes una cosa, Cratino? Que si llegamos al nûmero uno, cômo no tener en cuenta 

que como el nûmero que es primero de los nûmeros?

---Kosmos, adônde quieres llegar? A una cantidad basta de palabras para hacerme una

pregunta?

---No!! Quiero llegar a lo siguiente: si trâtase del primer nûmero, y como tal sîguenle 

otros, y en general este seguimiento es una especie de orden; o mejor dicho, de organi-

zaciôn que permite una sumatoria funcional con la cual obtiênese un resultado que a la

vez puede sumarse con el fin de llegar a otro resultado....

---Para, Kosmos, para!!

---Conclusiono, Cratino. El uno es lo primero, y si pregûntote: quê fue lo que dijiste y

como uno en este discurso de pâgina, quê responderîas?

---Kosmos, y tanto embrollo para hacerme esta pregunta?

---Cratino , me interrumpiste, o sea, que como tal no me dejaste llegar al final que era

mâs fâcil.

---Bueno, ya ni me acuerdo de lo que dije como lo primero.

---Refrêscote la nemôsine: que cômo a Isabela no interesarîale el cuerpo humano sien-

do una estudiante de medicina.

---Y por quê regresas a ella, a lo que dije?

---Porque yo sê que tû la adoras bastante, tanto.

---Quê me quieres decir, que estoy celoso, y por eso te preguntê quê le decîas al oîdo?

---Has entendido muy bien lo que quîsete decir.

---Kosmos, aunque a los dos nos guste ella, cômo crees que estarîa celoso si tû eres mi

buen compinche de los años y de la verba?

---Dejêmoslo ahî, Cratino, 

---Dejêmoslo, Kosmos. 

---Te cuento algo.

---Quê?

---Que Isabela supo que yo la miraba cuando miccionê.

---Tû ves? Y tû que creîas (creîste) que...

---Ya sê, Cratino, ya sê, mas a la postre y al cabo con mirarla no pasô mucho.

---Sôlo un momento de placer?

---Êsa es la res, Cratino, êsa!!














 













 










  












































   

   
















 



   



       









 













 







    



Sonntag, 1. September 2024

90 (cont de las once a las doce),

         

         Cinco minutos despuês preguntôse Cratino, que cômo era posible que una esqui-

na iluminada por una antorcha hiciera imposible que las inseparables vendedoras acer-

câranse a nosotros para entrar en verba o que fuera la causa del rompimiento de un in-

tercambio verbal? Si una pregunta como êsta no es fâcil de responder estando uno to-

talmente  exento de algûn estimulante, cômo pretende êl hallar la respuesta en el esta-

do  que estâ debido a la dadorîa de Baco? Por este basto impedimento yo dîjele sobre

el pucho que era muchitanto mejor tachonar su pregunta que volvêrsela a hacer, decir

que no significa que la olvidara definitivamente, sino mâs bien que hiciêrasela en otro

momento que estuviera libre del acicateante dionisîaco. De tal guisa hîzome caso, pe-

ro como lo notê un poquito taciturno, y segûn êl debido a un recuerdo que râpido tuvo 

de un dîa que Arder Porseñas dîjole que formaba tremendo embrollo verbal al pasarse 

con la cantidad de vino, decir con el que nunca estuvo de acuerdo pero que por sensa-

tez  jamâs lo refutô, yo comencê a hablarle de una escena de mi novelôn que desarrô-

llase en  Albula, y en la que bailan el cordax la bailarina pelirroja (Corônide) y Klona-

riôn, allende que luminadas por la lumbre de cuatro antorchas.

--Ah, esa escena, Kosmos, la que ademâs vio Kosmithôs escondido. Aquî no fue cuan-

do Klonariôn le regala a Corônide el kekrifalo?

--Êsa es la res, Cratino. Recuerdas la escena bien.

--Pero dime, sincêrate: por quê me hablaste de una escena en la que estas dos bailan

una danza lasciva?

--Amigo mîo, para sacarte un poco del recuerdo raudo que tuviste, para trasladarte a

algo menos melancôlico, con menos tristeza.

--Contra, Kosmos, que cuântas escenas no hay en tu novelôn con las que puedes lo-

grar el mismo objetivo; sin embargo, que por resultarme lo quiditario no puedo pasar-

lo por alto, me hablas de una con la susodicha danza? No serâ que esta antorcha que 

alumbra esta esquina te recordô las cuatro en Albula? Toda una cuestiôn de relaciona-

lismo. Lo esencial no puedo desdeñarlo y, como tal, mi pregunta.

--Cratino, digamos que un anâlisis estupendo, que pudiera ser uno de contertulio de la 

Kosmona.

--No me desagradan los hipotêticos. 

--Mas sabes quê no es hipotêtico?

--Quê?

--La que viênese hacia nosotros. Mira hacia allâ.

--Esmeralda!! Pero, Kosmos, la que viênese?

--Cratino, utilizo una forma de decir que no corresponde a la nuestra.

--Si es una forma de decir forânea no te pregunto mâs al respecto. Y para quê tû crees 

que viênese?

--La palabra clara porque con ella pregûntase.

--Entiendo, kosmos, entiendo!

         Pero ninguna pregunta hizo falta, porque a continuaciôn de estar delante de noso-

tros Esmeralda nos dejo saber que su presencia era debido a dos cosas: la primera, dis-

culparse conmigo, porque en realidad que yo hâyale preguntado a Yelas si conocîa a su

progenitora no era un motivo para que ella me tratara mal; la segunda, que ya habîa en-

contrado una vivienda y que por lo mismo estaba contentîsima, sentîa una tremenda jo-

vialidad, y cômo  no si al fin podîa  vivir con Caspar sin tener que soportar el mal sem-

blante de su padre cada vez que veîa a êste, allende de las desagradables cosas que de-

cîale cuando sentâbase a comer con nosotros.

---Esmeralda, acepto la disculpa mas es innecesaria, que tû me conoces y sabes que en-

tenderte puedo siempre.

---Ya sê, Kosmos, mas aun asî no me sentî bien despuês de lo que te dije, ademâs de y

que por dicho imposible de olvidar y al recordarlo dâbame tristeza.

---Câspita Esmeralda!!, que no es para tanto, para exagerar, para entrar en drama.

---Bueno, Kosmos, no puedo ser de otra manera, aunque no me hayas dicho que soy la

que tû dices.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Sabes que con lo que acabas de

decir, y de ponerle por quê delante, serîa la pregunta, en ûltima instancia, de alguien pa-

deciente de histeria?

---No me digas, verdad? Y cuâl serîa la pregunta concreta?

---La siguiente: por quê soy la que dices que soy?

---Me entero ahora. Quê si no de ti que sabes un montôn de cosas?

---Y en lo atinente a la vivienda, Esmeralda, dônde estâ?

---Detrâs de la catedral barroca, a una cuadra.

---Vaya!! Que seguro que se oye el chelo de Aspasia.

---Verdad, Cratino? Se nota que ya estâs pasado de copas.

---Pasado, Esmeralda? No, quê va!! Cômo crees que me pase?

---Que te pase que estâs pasado, es algo que no te pudiera pasar?

---Aplausos, Esmeralda, a-plau-sos!! Suntuosa pregunta!

---Gracias, Kosmos!!, que yo sê que sabes reconocer.

---Guatacôn, alcahueta, servidor por interês!!

---Cratino, deberîas regresar al redil.

---Kosmos, que a ti te encanta exactivizar, volver, no regresar.

---Tiene razôn Esmeralda, estâs pasado de copas, y por lo mismo caîste en mi zala-

garda de prueba de memoria.

---Ah pillîn, bellaco, pîcaro, rufiân y, para terminar, oportunista!! Te aprovechas de

que estoy pasado para ponerme a prueba.

---Câspita!! Acabas de delatarte: estar pasado te puede pasar.

---Me rîo, kosmos, me rîo.

---Y se puede saber el porquê de que ustedes estên en esta esquina alumbrada por la

antorcha?

---Esmeralda, una pregunta que merece una tremenda explicaciôn.

---Una tremenda explicaciôn, Kosmos? Pues sabes quê? Siendo una de las tuyas no

la quiero oîr.

---Pudiêrame reîr, mas como otra res tiene mâs necesidad de salir le doy prioridad.

---Y de cuâl res se trata?

---Esmeralda, de la de miccionar. 

---Necesitas ayuda?

---No te pasa lo mismo que a Cratino?

---Que no te dê verecundia decirlo, Esmeralda, que es algo que puede pasar.

---De quê verecundia tû hablas, Cratino. Sabes lo que tienes que hacer? No tomar mâs.

Y, Kosmos, no estoy pasada de copas, y lo que te dije fue jugando, asî que acaba de irte

a mear. Sabes dônde estâ el baño?

---El baño, con la cantidad de hierba que hay aquî, de verdor que pudiera beneficiar con

un chorrito proveniente de mis riñones?

---Kosmos, acabarâs de sacarte el miembro donde decidas orinar? Y que mi padre no te

vea, que detesta que meen en la hierba.

---Allâ voy, por quê me llamas? Age para mî mismo, age!!

           Desde el lugar donde miccionaba pude observar cômo Isabela dejâbase subir el

vestido por las manos gruesas de una criatura masculina mâs pequeña que ella. Al que-

dar  libre su cuerpo  hasta mâs arriba de la cintura, las manos sofocadas comenzaron a 

apretar las masas redondas  semicubiertas por una prenda interior que metîase entre ês-

tas y de rojizo color. Despuês de este calentamiento, y el que yo considero un preludio

a la obra del mor, Isabela quiso que su piel quedara libre de lo que de facto impedîa la

proyecciôn  natural de sus  medidas y formas, de lo que propicia otra forma de deleite

asimismo grata, mas con la diferencia de que la temperatura a sentir no es la misma ni

el color a disfrutar un pudiente acicate que indubitable es garante de la beneficiosa po-

tencia que invita a volar, que elêvase como un cohete que penetra en el firmamento en

busca  de lo especioso que enriquece a una ôrbita con ornamentos o parafernalia, inde-

fectible acercamiento de una atracciôn funcional y de un vector que hace posible/ plau-

sible sûmulas con fundamento, con significancia que darîanse postîn por una cuestiôn

lôgica/intempestiva  de ponderar el orgullo que su desarrollo no ralentiza. Isabela con

su  naturaleza, que nada  con la alharaca tiene que ver, tendrîa que justificar su inevita-

ble/concuspicente  prodecer? Actuar en el  escenario que apellîdase del mundo mâs le

da significancia que un motivo para creer que interêsale la felonîa, la reacciôn de For-

ligen, si es que por alguien entêrase que desnuda fue disfrutada por manos desconoci-

das.


  




  


   




 




























   







  







 












   



         

 

199

         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...