Al penetrar en el cuarto, a las siete de la mañana, costôme trabajo creer lo que mis
ôculos veîan: que Aspasia dormîa completamente arropada. Su posiciôn era de bruces y
al parecer estuvo leyendo la quinta parte de mi novelôn, la que estaba, nada mâs y nada
menos, apabullada por su pecho. Al no poder hacer nada por sacarla de aquî, porque de
halarla para apoderarme de ella pudiera ser el motivo de su despertar, me quitê la ropa lo
mâs cuidadosamente posible y, con destacada parsimonia, dejê caer mi cuerpo en la ca-
ma. Durante un tiempo, y en el que no fîjeme por no ser de mi gusto mirar los minutos
pasar o estar al tanto de las manecillas del reloj, mis ôculos no cerrâbanse, creyendo yo
que menos que ser la razôn la sûmula de copas debîase mâs bien a una preocupaciôn in-
cesante: la de si Cratino pudo subir sin tropezar o irse de lado la escalera del edîculo en
el karakorum, ya que de haber pasado una de estas dos cosas recibir ayuda serîa imposi-
ble, por quê?, porque en este edificio pequeño no vive nadie. Como dormir aunque fue-
sen par de horas êrame menester dejê de prestarle servicio a esta preocupaciôn, que a la
postre y al cabo nada es tan malo como pudiera ser, siendo entonces que empecê a sen-
tir un cansancio en mis ôculos, calaña de que ya podîa entrar en el mundillo de Morfi,
la deidad encargada de transformar/cambiar/pastichar todo lo que antôjasele, pero suce-
de deplorablemente una cosa: Aspasia da un salto en la cama, vîrase boca arriba y pre-
gûntame quê tal habîa estado la fiesta del general.
--Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Ora que ya podîa quedarme dor-
mido tû me haces esta pregunta?
---Kosmos, y cômo tû crees que podîa saberlo? Vaya, ni que fuera adivina. Y por quê
no podîas dormir?
---Por una preocupaciôn.
---Cuâl?
---Te dilucido lo siguiente: al estar Cratino pasadito de copas concomitêle hasta la mis-
mîsima puerta de su edîculo, que como sabes estâ encima del karakorum...
---Y cuâl es la preocupaciôn si lo acompañaste hasta allî?
---Si me interrumpes no puedes saber el motivo de la preocupaciôn.
---Y cuâl es?
---Que por estar pasadito de aquêllas o podîa dar un tropezôn o perder el ponderamein-
to, y, entonces, quiên vendrîa en su ayuda si allî no vive nadie?
---Kosmos, quieres que te diga quê creo, quê me parece?
---Amplifîcalo!!
---Que demasiada fantasîa te estâ causando pre-ocupaciôn. A ver, te dejo dormir un rato,
y mâs tarde me respondes la pregunta que te hice sobre la fiesta. Estâ bien?
---Êsa es la res, Aspasia!! Estâ asî, no de otra manera, no diferente, ni desigual (a) ni dis-
tinto (de) ni fuera de lugar (por).
---No, si te digo a ti (que) lo que tû sabes que te dirîa, pero mejor no te lo digo, asî que
duêrmete, que nos vemos mâs tarde.
---Estâ bien, Aspasia, es-tâ (pros tô têlos)-bi-en!
Dos horas y media despuês regresê a la realidad del mundo nuestro, la de las es-
cenificaciones o la que sustenta a los roles histriônicos, y en la que por lo mismo man-
tiene vigencia una res conspicua: la aceptaciôn/valoraciôn/ consideraciôn de una criatu-
ra mâs por lo que pinta que por lo que indeleble es de acuerdo a la naturaleza de su ser,
pintar que facilita la apariencia que a su vez gira, da vueltas dentro de un circulus vitio-
sos. A pesar de la cantidad de comida que entrô por mi boca en la fiesta entrâronme ga-
nas de ir a la cocina para echarle un vistazo al refrigerador, ya que Aspasia guarda todo
lo que sobra en êste, jamâs bota nada aunque quede en un plato una cucharada de algûn
alimento pasado por el fuego la nocturna anterior, la de ayer. Como para luego es tarde,
como el dicho dice, me levantê de la cama, me cubrî el cuerpo con una sâbana de la cin-
tura hacia abajo y arrumbê mis pasos hacia la cocina, sucediendo que con este yendo ol-
vidê lo que estaba pensando sobre la vigencia de una res conspicua. Empero al llegar a
la cocina, cômo olvidar que lo que no entra por los ojos no penetra por otra parte? Y di-
lucido para que entiêndaseme. Al llegar a cocina, Aspasia sacâbale filo a un cuchillo de
hoja grande con un afilador de mesa, y con el objetivo de picar en partes un pollo des-
congelado. Al poner la hoja del cuchillo en medio del afilador el mismo movimiento de
hacia delante hacia detrâs engendraba otro movimiento que tuve que mirar sobre el pu-
cho: el de sus especiosos senos protegidos solamente por la tela de la bata transparente,
la ûnica que tiene Aspasia que de facto encântale. Como con esta observaciôn penetrô
por mis ôculos un aliciente mayûsculo, cômo no pensar entonces en pasar a la dadora
acciôn con la cual mi fantasîa tendrîa un desarrollo, la posibilidad tempestiva de ser uti-
lizada en su cien por ciento?
---Kosmos, ya sê lo que me estâs mirando, pero de momento te digo algo: olvîdate de
tu fantasîa, que cada cosa en su momento. Sabes a quiên me recuerdas, y un personaje
de tu novelôn?
---Uno de mi novelôn embrollado en este tema de la fantasîa?
---Asî mismo!!
---Câspita!! Y serîa quiên?
---El cocinero de Irlanda, el que cuando Meli entraba en la cocina de palacio hacia todo
lo posible para transmitir su fantasîa.
---Mas estâs hablando de algo al revês, invertido.
---Sî, ya sê, pero el asunto en fluencia no es diferente, sôlo cambian las identidades que
despiertan un deseo, la fruiciôn almacenada, etc.
---Entonces, Aspasia, tu intenciôn era sacarle filo al cuchillo con el fin de despertar mi
fantasîa?
---Claro que no! Cômo podîa saber que tû vendrîas a la cocina en este momento? No era
cierto que estabas durmiendo?
---Lo era, mas ya no lo es, porque estoy aquî. No serîa lo siguiente: que tû me sentiste
llegar y como tal te pusiste a afilar el cuchillo, porque sabîas que los senos se te moverîan?
---Vaya fantasîa!!
---En fin, Aspasia, quê restos hay en el refrigerador, que estoy famêlico?
---Tû mismo puedes saberlo abriendo el refrigerador, y espero que no cojas un resfriado,
porque de la cintura para arriba estâs desnudo.
---Aspasia, de la cintura para arriba no estâ la parte del cuerpo que lastimosamente se pu-
diera afectar por un cambio de temperatura.
---Y menos mal!! Si no, quê tristeza para mî!
---Tristeza y tienes en cuenta que todo en su momento, que no el ora de este momento de
jaez funcional porque pudieras evitar una futura tristeza?
---No me acabas de decir que estâs famêlico?
---Sî!! Pero no quiere decir que pudiera olvidarme de estarlo en el caso de estar allî, en la
parte de tu cuerpo que muêvese a la vez que afilas el cuchillo.
---Me dejas terminar de picar el pollo?
---Lo que significa que me permitirâs que desarrolle mi fantasîa?
---Claro, Kosmos, entendiste bien.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Quiên te entiende?
Una hora despuês tuve que ocuparme de reparar una de las cuatro patas de la me-
sa de la cocina, la que aflojôse debido al peso de nuestros cuerpos. En cuanto terminê de
cumplir con esta actividad respondîle a Aspasia la pregunta que hîzome en el cuarto y en
lo atinente a la fiesta, resultândole interesante lo del museo a construir a continuaciôn de
concluir el trabajo de excavaciôn, pero asimismo que Anabel hubiêrase acercado a Crati-
no para recordarle que en el pasado andô junta un tiempo con Arder Porseñas. A raîz de
preguntarle el porquê de que este acercamiento resultârale asî, ella dîjome que tal refres-
camiento de la memoria o era la justificaciôn para entrar en verba con Cratino o la posi-
bilidad de lograr lo que en el pasado no pudo obtener, y precisamente por su atingencia
temporal con Arder Porseñas. Con estas palabras estuve en desacuerdo, porque de facto
Anabel no dio calaña de algo no tenido hace ya siete años, y si le hablô de eso a Cratino
fue porque êste no acordâbase de ella, mas para eludir que Aspasia pensara que yo esta-
ba defendiendo/protegiendo a mi buen compinche no comentê nada respecto a mi no es-
tar de acuerdo. Siguiô la conversa con una ligerîsima opiniôn sobre dos cosas: la prime-
ra, sobre la revisiôn de mi novelôn que harîa en pocas horas el editor Lavinia; la segun-
da, sobre el conflicto verbal entre Isabela y Forligen causante del rompimiento de la re-
laciôn cupidosa, razôn por la cual aquêlla pidiôme que hablara con êste, como ya sâbe-
se, mas como ingerîa un poco de ensalada frîa concentraba mis retinas en este sustento,
lo que traduce que no miraba a Aspasia, una de las cosas (por antonomasia) que câusa-
le tremendîsima pejiguera, porque no soporta que no mîrenla ni aun cuando deja saber
una opiniôn ligerîsima, No esperaba su estar de jeta mas sucediô, lo que diole pâbulo
de hacer un drama con el têlos de escenificar para que yo tuviese que mirarla, y enton-
ces pregûntame:
---Kosmos, y desde cuândo esa Isabela te conoce tan bien como para pedirte que tû ha-
bles con Forligen, porque quien sî te conoce del barrio es êste? Aunque puede ser que
exista una razôn que desconozco y por la cual ella te lo pidio.
Ostensiblemente que no podîa decirle cuâl era la razôn: la de haberla visto cuasi
desnuda haciendo el amor con una criatura desconocida en el preciso momento en que
yo miccionaba, mas que sî que Isabela tenîa la razôn al pedirme que hablara con Forli-
gen, porque al conocerlo de tiempo del barrio hablarîa con êl alguien en el que confîa,
o con el que tiene basta confianza como para escuchar una verba que cuêlase por los
pasillos de la intimidad sin acarrear perjuicios/pernicio.
---Asî que por aquî viene la cosa, Kosmos, porque se conocen de años del barrio Forli-
gen y tû. Y cômo lo sabe Isabela?
---Câspita Aspasia!! Porque dîjoselo Forligen, no yo.
---Seguro que fue êl quien se lo dijo? No me estâs mintiendo?
---Aspasia, escenificas celosîa para que mis ôculos te miren?
---Kosmos, mâs que celosa, curiosa, porque quiero saber, y eso es todo.
---Puedo terminar de comerme la ensalada frîa, que ya te mirê?
---Sî, Kosmos, puedes terminar. Y quê te parece, estâ buena?
---Tan buena como tû!
---Cômo, si no estoy frîa?
---Vas a seguir con el drama?
---Me voy a la ducha, que estoy embadurnada.
---Age, Aspasia, age!!
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