Montag, 9. September 2024

92 (de la una a las dos)

         Al no estar al tanto, y por el lûdico verbal entre Cratino y yo fuera totalmente am-

bos  de un ponderamiento  beneficioso, del cambio de posiciôn de las vendedoras inse-

parables, como llâmolas yo, es que êstas acopas ubicâronse delante de nosotros al mar-

car la una las agujas del reloj. Tan erectos tenîan sus troncos que parecîan dos astas en-

cajadas en la tierra, motivo por el cual dîjome Cratino (con cierta y necesaria sorna) de

que bien que podîan servir para estar frente del lugar donde los ciento ocho jueces cele-

braban  sus reuniones, algo que ostensiblemente sacô de mi novelôn. A raîz de saludar-

las correctamente y de preguntarles cômo la estaban pasando en la fiesta, Helade, y sin

eufemismo alguno, pîdeme de favor que dejara la hipocresîa, que bien que sabîa que y

nosotros eludimos entrar en contacto con ellas al mirarnos con destacada fijeza. Segui-

do clara que si querîan hablar con nosotros era para informarnos de algo que estaba su-

cediendo a la zaga del telôn, y algo que saben porque amên de vender sus productos se

relacionan  con una arcaica/senecta/senil materia que tiene que ver con un mundillo de 

trasfondo, atingencia  de la que entêrome ora. Con el fin (la finalidad) de que no diêra- 

se lugar a la duda explicita lo siguiente: lo que estaba sucediendo a la zaga del telôn no

es exactamente el hecho que pudiera perjudicar/beneficiar, sino lo que derîvase de êste,

derivado que al pasar activa ciertos vînculos que hacen posible una funciôn conspicua.

         Y hablando de êsta llega el general, el que a pesar de lo tarde que era mantenîa su

porte y aspecto (intachables) como si estuviese en la academia. Despuês de echarle una

miradita  a las  vendedoras inseparables mîrame a mî y me guiña el ojo izquierdo, y sin

dilaciôn comienza su discurso diciendo que êstas habîan reparado muchas causas daña-

das y ayudado a los hombres con un problemas significativo, y que por lo mismo/como 

tal habîan contribuido a que la esposa/querida/amante de estos hombres no sintiêrase o

desilusionada o frustrada, porque reforzar la  fecundaciôn de aquêllos dirime un proce-

so con el cual pudieran alcanzar reciedumbre estados oponentes a la jovialidad. 

---General, se puede saber el porquê de guiñar el ojo?

--- Helade, de querer saber el porquê es porque cree/sospecha usted de que quise poner

a Kosmos al tanto de algo, anticiparle que mis palabras no eran tan sinceras como eran

eran escuchadas, o que funcionarîan como una lisonja con la intenciôn de granjearme  

el aprecio/respeto de ustedes?

---General, se olvidô de que usted fue uno de esos hombres al que nosotros ayudamos?

---No entiendo esta pregunta de usted, Helade? Por quê? Porque me resulta intempesti-

va. Pero igual, que las cosas que me resultan intempestivas fuera de lo militar no son y

tan relevantes. Y es mâs, le respondo su pregunta: No lo he olvidado. Cômo olvidarlo?

---General, es que para entender la pregunta hecha por Helade tendrîamos nosotras que

regresar al pasado con el propôsito de aclarar ciertas cosas que en aquel entonces eran

significantes, pero como esto requiere de una gran cantidad de palabras no creo que en

este momento sea posible por lo tarde que es y porque hemos bebido mâs de lo normal.

---Puedo entenderla perfectamente, Efîaltes, que ya no tenemos veinte años y como tal

la resistencia no es la misma y el cansancio llega mâs râpido. Pero dîganme: la han pa-

sado bien?

--De maravilla, general, que una fiesta como êsta no se da todos los dîas en esta ciudad. 

---Gracias por reconocerlo y tenerlo en cuenta, Helade, pero debo decirles que le falta,

para acabarse, poco a la fiesta, lo que no es debido a un beneplâcito de la autoridad sino

a mi propio deseo de que llegase sôlo hasta una hora determinada.

---Y hasta cuâl hora, general?

---Hasta las dos, Helade, hasta las dos de la madrugada.

---General, le dejo saber que hasta las dos no llegamos, y si aûn estamos aquî es porque

nos  apremiaba hablar con Kosmos, informarle  sobre algo que intentamos comunicarle

mâs temprano, pero no fue posible porque êl eludiô entrar en contacto con nosotras, al-

go que bien sabemos.

---Entiendo que si ya Kosmos lo sabe como que ustedes se van, no?

---Asî es, general, asî es!!

---Pues regresan a casa por el camino correcto y sin perder de vista la superficie que pi-

san.

---Adiôs general, y gracias por la invitaciôn a su fiesta.

---De nada, Helade, de nada, que fue un placer volverlas a ver.

         A raîz de estas palabras yo tuve que aguntar la risa. Por quê? Porque el general me

volviô a mirar y a guiñar el mismo ôculo. Pero a la vez que la aguantaba preguntême lo 

siguiente: cômo es posible que el general, y delante de Cratino y yo, haya respondido la

pregunta  de Helade de si  habîa olvidado que uno de los hombres al que ellas ayudaron

fue a êl? Yelas me habîa dicho que en lo atinente a este tema no deberîa hablar con el ge-

neral por ser de jaez delicado (lo que traduce que moralmente ludica un rol tremendîsi-

mo?); sin embargo, que es lo que mâs llâmame la atenciôn, ampula mi pensamiento, por-

quê el general fue tan sincero que no lo necesariamente astuto como para darle un vuel-

co  a lo preguntado con el têlos de salirse de lo que querîa saber Helade? O serâ que sô-

lo es listo cuando estâ en la academia, donde ejerce su oficio y tiene que dar edictos?

---Kosmos, no sê por quê me parece que te ibas a reîr.

---General, parêcele no, iba a reîrme, por las dos veces que usted guiñôme el ôculo mis-

mo.

---Una tercera no hay, porque no es necesario. Ya me puedo imaginar sobre quê tuvo que

ver lo dicho por Helade.

---Y muy cierto, general, no se equivocô, no tuvo fallo. Mas sabe usted una cosa?, no sa-

bîa que las dos dominaban esa materia inveterada, o mejor dicho, esa arcaica/senecta/se-

nil materia.

---Eso no lo saben muchos, Kosmos, y si te lo dijo es porque quiso que tû lo supieras. Y

sabes por quê lo quiso, no?

---Aûn no lo sê, mas no dîgamelo, que pensando hallarê el porquê.

---Como quieras. Kosmos, tengo para decirte algo que te va a agradar/encantar/gustar.

---Amplifique, general, amplifîquelo!!

---Que despuês que saquen todo lo que hay sepultado, y que como te dijo Yelas pertene-

ce al patrimonio histôrico romano, construirân un museo en la zona donde realizânse las

excavaciones, 

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Mas general, cômo usted lo sa-

be?

---Kosmos, porque el arquitecto encargado de hacer el plano del museo es un viejo ami-

go mîo, y con el que me encontrê no hace mucho. En el museo estarân todas las piezas

que  puedan recuperarse  estên completas o sôlo  en partes. No te sentirîas en el museo

como si estuvieras dentro de tu novelôn?

--Es posible, general, es posible. Y dîjole el arquitecto cuânto tiempo necesîtase para la

construcciôn del museo?

---El calcula un año y medio, mas siempre y cuando el plan de trabajo diario fluya co-

mo serâ previsto, y no hayan problemas de demora o de retraso de los componentes im-

prescindibles para la susodicha construcciôn.

---General, y ya lo sabe Yelas?

---Sî, ya lo sabe, no hace mucho que le dije.

---Câspita!!

---Por quê câspita?

---Porque la vivienda de Yelas tendrâ la sombra del museo.

---Y el que trabaja bajo el Sol por ser sepulturero, porque hasta donde sê de noche êl 

no entierra/sepulta a nadie.

---Nadie, tan ingente, no puede ser sepultado!!

---Alguien carente de un conocimiento mîtico no te entenderîa; pensarîa que dices cosas

(locas) por decirlas, o para llenar espacio.

---Ignoraba que usted tiene este conocimiento, general.

---Kosmos, lo que no lo tengo tan amplio como tû; llega, se limita a lo que me enseñaron

en la escuela.

---O sea, que es un conocimiento bâsico.

---Y bâsico no ya es suficiente para un militar, el que precisamente nada tiene que ver con 

la mitologîa?

---Usted discûlpeme, general, mas depende del militar que sea y del afân/interês que ten-

ga de saber. 

---No, kosmos, estâ bien, que tus palabras son ciertas, asî que no hace falta que te discul-

pes.

---General, yo creo que usted es bastante tolerante, por lo menos conmigo.

---Asî es , Kosmos, no te equivocas. Dime: te acuerdas que tienes que ir a la oficina del

editor lavinia a la una de la tarde de pasado mañana?

---Exactivizo, general: por la hora que es ya no es pasado mañana sino mañana.

---Verdad que sî, que êl te lo dijo ayer.

---Sî, claro que me acuerdo. Por quê la pregunta?

---Porque querîa pedirte que me informaras de lo que te dirâ de tu novelôn.

---Age para mî mismo!! Le informarê, general, êsa es la res!

---Muy bien, gracias!! Y ahora debo ocuparme de despedir a los invitados, que cuasi son

las dos de la madrugada.

---Al avîo, general, al avîo!!

























 


 





 



  

  



   














 










  

         






        









 


       

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