Segûn Metôn, la idea de construir el museo la tuvo un ricachôn interesado en la
historia antigua, amên que un coleccionista que tiene en su casa mâs obras de arte que
muebles, y el que cuando entrô en contacto con la autoridad encargada de dar el benê-
placito oficial de construcciôn enterôse de que si êl tuvo la idea que se ocupara perso-
nalmente de realizarla, y que de ser asî solamente tenîa que pagar el precio del terreno.
Una semana despuês pagô el costo, mas quedô informado que mientras que durase el
trabajo de excavaciôn, aun perteneciêndole ya el terreno a êl, no podîa ni hacer nada
en êste como tampoco estar al tanto del trabajo de los arqueôlogos con el fin de saber
cuândo terminaban con su laboro. Al pasar un mes recibe la llamada de una criatura
desconocida, la que allende de comunicarle que sabîa lo de la compra del terreno pre-
gûntale que si querîa conocer un grupo de criaturas con dinero que deseaban aportar
peculio para la construcciôn del museo, y debido a que asimismo eran coleccionistas.
Veinticuatro horas despuês encuêntrase con el grupo en el restaurante de las langostas,
dicîêndole uno de los integrantes de êste que la persona desconocida que lo llamô ha-
bîa sucumbido, mas que la causa del fenecimiento aûn no sabîase, agregando que to-
dos estaban tristes, porque esta persona era integrante del grupo, e impresionados, ya
que no esperaban su muerte, que se fuera de este mundo sin padecer alguna enferme-
dad. En fin , y para llegar mâs râpido al final, porque de facto lo que pasô en el res-
taurante no es significativo, dice Metôn a continuaciôn de pedir otra taza de cafê, al
grupo se uniô el ricachôn, el que ya no tiene que pagar solo la construcciôn del mu-
seo.
---Y usted, Metôn, cômo conociô al grupo?
---Por uno de sus integrantes que fue cliente de mi banco.
---Como que usted ocupa la plaza de la persona desconocida que feneciô.
---Asî es, Kosmos, asî!!
---Metôn, ya que del tema no hemos hablado, estâ usted interesado en el arte, en la
historia inveterada?
---Kosmos, sinceramente en lo que sî estoy interesado es el porciento que recibirê, al
igual que todos los integrantes del grupo, mensualmente, el que se sacarâ de las entra-
das al museo, la que no va a ser barata.
---Metôn, estâ usted seguro de que ese porciento serâ/estâ seguro?
---No entiendo tu pregunta, Kosmos.
---Mire usted, escuche esto. En esta ciudad puêdense contar con los dedos los que inte-
resados estân en un museo. Ahora bien, y si son pocos, cômo podrîa ser posible pagar
un porciento a todos los integrantes del grupo? De dônde lo van a sacar si las entradas
son pocas?
---Kosmos, aûn faltan dos años para que comience la construcciôn, o sea, que es muy
temprano para preocuparme por eso, asî que ya verê que hago en el caso de que dificûl-
tese, por lo que acabas de decir, el pago del porciento. Te olvidaste del lema: todo en su
momento?
---Câspita!! Cômo olvidar un lema tan celebêrrimo y corto?
---Con lo que acabas de decir me recordaste a Aristofôn.
---Aristofôn? No me vaya a decir usted que trâtase del amigo del difunto padre de Cra-
tino.
---Eso no lo sê, Komos, mas sî estoy enterado de que tiene una cabaña en el bosque de
los liberales.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Hablamos de la misma persona.
Y de dônde lo conoce, Metôn?
---Fue cliente de mi banco, y el que me puso en contacto con el grupo por ser un inte-
grante de êste, como ya te dije.
---Disculpe usted, Metôn, mas sôlo dîjome lo del cliente, mas no el ônoma. Le comuni-
co que Cratino y yo estuvimos en su apartamento, y por lo mismo no me pareciô alguien
con dinero.
---Kosmos, êl tiene dos apartamentos, y por lo que has dicho estuviste en el mâs sencillo.
---Otra sorpresa! Aristofôn o es un personaje misterioso o es una criatura con una insôli-
ta historia. Sabe usted que hîzose pasar por muerto?
---Sî, lo sê, mas no con lujo de detalles. Tambiên algo sê de su relaciôn con su querida
Metrique, una holandesa neurôtica.
---Vaya cîrculo en el que nos encontramos! Figura sîmbôlica en mi novelôn, de ahî que
la mesa de la Kosmona fuera redonda. Mas dîgame, Metôn: por quê usted me dijo que
con lo que dije recordêle a Aristofôn?
---Porque mâs de una vez le oî decir, lo que con un cambio de palabra, que cômo olvi-
dar un lema tan celebêrrimo y breve? Mas lo decîa por otra causa.
---Tambiên sabe usted que Aristofôn es amante de las calabazas?
---Me entero ahora, Kosmos.
---Quiere usted mâs cafê, Metôn?
---No Aspasia, no!! Ya estâ bueno de êl, es suficiente con las tres tazas tomadas. Y ya
me tengo que ir, que aunque me sobre el tiempo no quiere decir que no tenga que ha-
cer cosas, por ejemplo, seguir vaciando cajas.
---Nunca me he mudado, pero imagino que lleva por un tiempo trabajo.
---Asî es, Aspasia, asî es.
---Si necesita ayuda, Metôn, simple y llanamente dîgâmelo.
---Te lo agradezco, Kosmos, pero no es necesaria. Gracias!!
---De nada, Metôn, de nada!! Entonces hasta la prôxima.
---Gracias por la invitaciôn a tomar cafê. Nos veremos en otra ocasiôn. Espero que ha-
ya pronto agua.
---El primordial, por antonomasia elemento de Tales.
---Cômo, Kosmos, cômo?
---No hâgame caso, Metôn, mejor es que vâyase.
---Tû y tus cosas!! De acuerdo! Me voy.
Y en cuanto se fue Metôn, Aspasia quîtase la toalla, sale al balcôn y la pone en la
tendedera, mas en lo que lo hacîa, y como sabîa que yo la estaba mirando con fijeza y
profundidad, que le contemplarîa su natural candidez exenta del solapamiento de la te-
la, o sea, a toda flor, inclîna su tronco un poco hacia delante con el fin de engendrarme
un estado apellidado alterado, mas a la postre y al cabo un estado que yo sê que de mo-
mento no va a aprovechar, porque de hacer buen uso de êl no funcionarîa su sadismo,
el que en realidad ora funciona menos que una forma de provocar o de seducir de jaez
femenino. Para eludir que ella supiera que yo estaba consciente de la cosa en-sî, de lo
que intenta dominar/imperar sin palabra alguna, escenifiquê una reacciôn que aparenta-
ba ser la correspondiente, la indefectible en un instante como êste de aferrarse ella con
soltura a su forma de tomar el mando, de querer flagelarme con un castigo que indubi-
tablemente conoce una criatura francesa con un tîtulo nobilario (marquês), representa-
ciôn con algo de cercanîa a proyecciones inextricables en mi novelôn de un personaje
difuso mas que por su rol dejô bien desarrollado lo atinente a su histrionismo. Al can-
to mirôme Aspasia no como una criatura ceporra, mas no con la basta inteligencia co-
mo para detectar mi escenificaciôn, empero sorprendiôme que dijêrame esto:
---Kosmos, ahora no estoy para cosas superfluas, asî que me visto para ir a tocar mi
instrumento a la catedral barroca. Nos vemos mâs tarde. Ah, y si tienes ganas, puedes
aderezar las partes del pollo?
---Si cuando regreses estân aderezadas es que tuve ganas.
---Estâ bien, Kosmos, estâ bien.
Keine Kommentare:
Kommentar veröffentlichen