La pericia de Cratino aplâudosela por decirme lo siguiente a raîz de yo contarle lo
de Isabela: Kosmos, de todas maneras ella es una estudiante de medicina y, como tal,
cômo no va a (interesarle) estar interesada en el cuerpo humano? Ostensiblemente que
salirme con esta habilidad no significa otra cosa que êsta: la de no tener que reconocer/
aceptar que la susodicha estudiante cometiô un acto de felonîa. Mas por quê? Por el lla-
no y sencillo motivo de haber idolatrado tanto a Isabela, que adorarla aun sabiendo que
traiciona serîa para su cogitations algo tan plûmbeo de aguantar, como la piedra en los
hombros de Sisyphos ( hijo de Aiolos y rey de Korinth).
---Kosmos, tan tarde y con esta Luna, amplificando sobre mitologîa?
---Cratino, y acaso sacar a puesto, a colocaciôn conocimiento tiene un horario y depen-
de de un astro?
---Cierto!! Ni tiene un horario ni un astro. Kosmos, ya que tû lo conoces mejor que yo,
cuâl serîa la reacciôn del mûsico Forligen de enterarse de lo que pasô?
---Câspita Cratino!! Yo solamente lo conozco del barrio, mas tengo que reconocer que
su paciencia es bastante buena.
---Lo dices por la deuda que tuviste con êl y que gracias a mî le pudiste pagar?
---Êsa es la res, Cratino. Sabes una cosa? Por mî no enterarîase Forligen de lo Isabela.
---Y cômo tû puedes estar seguro que sôlo tû la viste en ese jueguito amoroso?
---Cratino, de estarlo no puedo, empero sî que puêdote asegurar algo: que en el lugar
donde representâbase la escena con alta temperatura no estâ al alcance de los ôculos.
---Bueno, ya veremos. Y respôndeme otra pregunta: Y si ella te vio a ti sin darte cuenta
tû?
---Eso es posible, pero de ser asî entonces ella quiso que la siguiera mirando, porque de
haberme visto, aun sin darme cuenta, tû no crees que, y precisamente porque conozco a
Forligen, hubiêrase por lo menos cambiado de lugar?
---Y sî tû que...
--Cratino, quê es esto, una pesquisa policîaca o el mismîsimo mêtodo inventado por Sô-
crates?
---Kosmos, es la ûltima pregunta.
---Seguro que la ûltima? A ver, si yo quê?
---Si tû que viste a esa criatura que gozaba del cuerpo de Isabela, la puedes reconocer
entre las personas que estân al alcance de nuestros ojos?
---Cratino, al alcance de quê si no para poderlas mirar? Te respondo una cosa: no interê-
same reconocerla. De quê me sirve el reconocimiento?
---Sôlo por saber, estar informado o para tener una idea, conocer de quiên se trata.
---En realidad no le vi el semblante.
---Cômo, no pudiste decirlo antes?
---Te dije que sôlo vi sus manos gruesas.
--- Me pasa que al estar pasado de copas se me olvida lo que dijiste.
---Eso parece, es garante de un olvido, de la pêrdida de la nemôsine. Y adônde se fue Es-
meralda?
---No me lo dijo, sôlo se fue, Tû crees que pueda, en este cuadrante, perderse?
---De perderse en este cuadrante, que conoce mâs que bien por ser el de su casa, serîa el
culmen de un proceso aûn no conocido.
---El culmen de un proceso aûn no conocido! Estâ bien, Kosmos, estâ bien.
---Cratino, creo que el momento de la conquista ha llegado; no lo desaproveches que
jamâs dos momentos han sido iguales, repîtense de la misma manera.
---Se puede saber de cuâl conquista se trata?
---Mira quiên estâ allî solita fumândose un cigarro y sentada con las piernas cruzadas?
---Ah sî, Anabel, pero si acaso irîa a hablar con ella, mas nada de conquista, que inte-
rês no tengo de ser conquistador.
---Câspita!! Escucha esto que dijo Nietzsche: no hay mayor mentira que la que el hom-
bre dîcese a sî mismo.
---Te voy a demostrar que no me digo a mî mismo ninguna mentira.
---Demuêstramelo!! Age!!
Cinco minutos despuês, y en lo que observaba cômo Cratino ponîase en funciôn
de la demostraciôn, soy testigo visual de otra cosa: del conflicto verbal entre Forligen
e Isabela, y el que diome pâbulo de pensar que tal vez era debido o a que Forligen ente-
rôse de la felonîa de Isabela o a que êsta le revelô la traiciôn cometida por cuestiones de
conciencia. Sea como fuere, el caso es que despuês de que Forligen la cogiô por los bra-
zos y la agitô, ella quitôse el calzado y saliô corriendo hacia mî. Sobre el pucho me abra-
zô llorando, y me pidiô de favor que hablara con Forligen, ya que como êl dîjole que yo
era su mejor amigo del barrio tal vez mis palabras podrîan convencerlo de que volviera
con ella, serîan el solvento contra una situaciôn creada por ella misma, allende que agre-
ga que si ella permitiô que la mirara cuando yo estaba miccionando es porque quiso dar-
me la oportunidad de satisfacer mi deseo de contemplarla, que muy bien que sabîa que
tal anhelo yo lo tenîa y del que diose cuenta por la forma en que la mirê desde el primer
momento en que la conocî. Y verdad no le faltaba, empero por sensatez no dîjele: punto
a la raya y que continûe la letra, y con el fin de que fluyera la verba tempestiva, ya que
de entrar a profundizar en busca de corales en un momento que no era el adecuado por
la situaciôn creada por ella misma, por lo que estaba pasando, la consecuencia serîa in-
dubitablemente mâs resonante que la mismîsima causa. Asî entonces dîjele que no preo-
cupârase, que el favor que pidiôme harîaselo con gusto cuando Forligen estuviese sose-
gado, porque al ñudo serîan mis palabras padeciendo êl un estado acarreado por la dado-
rîa de Baco, amên que doblemente alterado por el reciente conflicto verbal. Al notarla
un poco mâs calmada dîjele que sentârase, y en cuanto lo hizo cruzô las piernas, siendo
la posiciôn propicia para ponerle los zapatos y de paso fijar mis retinas en aquêllas, ex-
tensiones que como columnas sostienen a un cuerpo delgado. A continuaciôn le di mi
copa, y en lo que embadurnâbase sus labios le pasê la mano por su cabello rizado, moti-
vo por el cual êsta quedô impregnada de un olor agradable, y por lo mismo/y a fortiori
oliscarlo repetidamente valîa la pena. Despuês de un par de minutos de mirarme sin pes-
tañar dîceme muy cerca de mi oreja derecha:
---Kosmos, hasta que durê el olor me vas a recordar, me vas a tener muy cerca de tu na-
riz, Gracias por lo que vas a hacer y me voy de la fiesta, que en realidad no tengo ganas
de quedarme.
---Isabela, yo asimismo te doy las gracias por lo que tû sabes, que sabrâs por un tiempo
mâs largo que el que va a durar el olor de tu cabello rizado en mi mano. Y si ora pregûn-
tame Forligen quê respôndole?
---Lo mismo que te acabo de decir, pero no creo que êl venga a preguntarte.
---Y dime Isabela: no quieres que te concomite hasta la puerta de tu casa?
---Muy caballeroso de tu parte, Kosmos, pero no, porque si ya hubo fuego es mejor no
seguir atizando flamas.
---Flamas!! Quê bien! Nôtase que tienes conocimiento de ciertas palabras que contadas
gente usan. Y sî, tienes razôn, es sensato no avivar mâs el fuego. Entonces hasta la prô-
xima vez que nos veamos, aunque si estâs de acuerdo puedo darte mi nûmero de telêfo-
no.
---Dîmelo, que me lo aprendo de memoria.
---Dîgotelo pegadito al oîdo, para que un pneuma no llêveselo.
---Ah, estâ bien.
Mas en lo que decîaselo llega Cratino y con soltura pregûntame:
---Kosmos, al parecer eres tû quien firma un pactum fornicationis con la tinta de la len-
gua.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Cratino, ni que la oreja derecha
de ella fuera un papel.
---No hay duda de que ustedes se entienden muy bien , no?
---Asî es, Isabela, y hace años que muy bien nos entendemos.
---Cratino, y quê firmas tû con esa chica que hablabas?
---Con Anabel no firmo nada, sôlo entraba en diâlogo amistoso con ella.
---En diâlogo amistoso? Ah, estâ bien. Bueno, me despido de los dos, que ya me voy.
Al irse Isabela, pregûntame sin dilaciôn Cratino:
---Kosmos, se puede saber quê le decîas al oîdo a Isabela?
---Mi nûmero te telêfono.
---Y por quê se lo decîas al oîdo?
---Porque ella me dijo que se lo aprendîa de memoria.
---Y no se lo puede aprender de memoria si no se lo dices tan pegado al oîdo?
---Câspita Cratino!! Tû continuaste tomando?
---Y por quê tû me preguntas eso?
---Te respondo despuês, mâs tarde, en otro instante de un horario avanzado.
---Eso es nuevo, no?
---No!! Lo que sôlo una vez lo dije y no lo repetî mâs (nunca)
---Kosmos, claramente que si no lo repetiste una sola vez lo dijiste, y dônde, en vivo
o en tu novelôn?
---Porque si dîgolo dos veces es repeticiôn?
---Mâs de una ya se repite! Aquî nada tiene que ver la tercera con la vencida, aunque re-
peticiôn sea, de êsta se trate.
---Creo, Cratino, que los dos continuamos tomando. Lo dije en vivo.
---Respuesta con atraso, atrasada!! En vivo. Y frente a mî?
---De haberlo dicho frente a tî, por quê me preguntaste si era nuevo?
---Kosmos, y no se me puede olvidar?
---El olvido es siempre posible; es parte del antropo.
---Del antropo! Vaya dos de êstos con tremenda marranada verbal ebria!!
---Ebria o de ebrios?
---De beodos que aûn pueden sostenerse!
---Un cambio de palabra no es respuesta a una pregunta!
---Kosmos, y no serîa mejor dejar de utilizar palabras, porque asî no se pregunta?
---Cratino, y las palabras sôlo utilizânse para preguntar?
---Êsta sî que es una que muy buena pregunta, y nada mâs y nada menos que hecha fal-
tando un minuto para la una.
---Sabes una cosa, Cratino? Que si llegamos al nûmero uno, cômo no tener en cuenta
que como el nûmero que es primero de los nûmeros?
---Kosmos, adônde quieres llegar? A una cantidad basta de palabras para hacerme una
pregunta?
---No!! Quiero llegar a lo siguiente: si trâtase del primer nûmero, y como tal sîguenle
otros, y en general este seguimiento es una especie de orden; o mejor dicho, de organi-
zaciôn que permite una sumatoria funcional con la cual obtiênese un resultado que a la
vez puede sumarse con el fin de llegar a otro resultado....
---Para, Kosmos, para!!
---Conclusiono, Cratino. El uno es lo primero, y si pregûntote: quê fue lo que dijiste y
como uno en este discurso de pâgina, quê responderîas?
---Kosmos, y tanto embrollo para hacerme esta pregunta?
---Cratino , me interrumpiste, o sea, que como tal no me dejaste llegar al final que era
mâs fâcil.
---Bueno, ya ni me acuerdo de lo que dije como lo primero.
---Refrêscote la nemôsine: que cômo a Isabela no interesarîale el cuerpo humano sien-
do una estudiante de medicina.
---Y por quê regresas a ella, a lo que dije?
---Porque yo sê que tû la adoras bastante, tanto.
---Quê me quieres decir, que estoy celoso, y por eso te preguntê quê le decîas al oîdo?
---Has entendido muy bien lo que quîsete decir.
---Kosmos, aunque a los dos nos guste ella, cômo crees que estarîa celoso si tû eres mi
buen compinche de los años y de la verba?
---Dejêmoslo ahî, Cratino,
---Dejêmoslo, Kosmos.
---Te cuento algo.
---Quê?
---Que Isabela supo que yo la miraba cuando miccionê.
---Tû ves? Y tû que creîas (creîste) que...
---Ya sê, Cratino, ya sê, mas a la postre y al cabo con mirarla no pasô mucho.
---Sôlo un momento de placer?
---Êsa es la res, Cratino, êsa!!
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