Dienstag, 26. November 2024

113.

       Y tan pronto como los oîdos de Metôn ya no podîan estar al alcance de una inte-

rrogaciôn, Cratino  pregûntame si no estaba interesado en saber quê fue (realmente)

lo  que preguntô Aristofôn de mî, respondiêndole que dâbame igual por no acarrear

resonancia al tratarse seguro de una pregunta habitual/comûn/tempestiva, como ver-

bi gratia: Estâ bien Kosmos? Cômo le va? Quê hace? A pesar de ser mi buen amigo,

Cratino, y aun siendo un lector de ôrdago, aûn no ha aprendido a sostener con firme-

za  el timôn de su propia barca, o a ser el capîtan de êsta exento de una sensibilidad

encumbrada por los no tan cercanos a un conocimiento de categorîa mayor, de lim-

pieza  total  de lo que sobra, estâ de mâs y rimbomba por un esquema establecido y

apodîctico, y  el que por  lo mismo entra a ludicar un rol peyorativo para el que dis-   

fruta  lo favorable  a partir de su separaciôn del nûcleo costumbrista, que asimismo

sin cambio por beneficiar o a la falacia o a la engañifa.

---Kosmos, me parece que debes leer esta nota de Aspasia, que no desdeñarla.

---Cratino, dice lo siguiente: Kosmos, querido mîo, llego mâs tarde, y debido a que

me encuentro con Esmeralda y Juliette. Besos, tu piel de hoy.

---Besos, tu piel de hoy. Como que Aspasia se convirtiô en poetisa?

---Cratino, de vez en cuando ella tiene sus lumbramientos, erupciôn de su magîn.

---Erupciôn de su magîn. Estrellada de ti cândida pincelada!

---Cratino, abro la puerta y pasa.

             Media hora despuês regresa Caspar con lo que pedîle de favor que fuera a

comprar: la botella de ron, A raîz de dârmela dejôme saber que costô quince pesos,

y como le di veinte, porque como yo solamente tomo vino rojo desconozco el pre-

cio  de esta bebida, entregôme un billete de cinco pesos dobladito a la mitad, cala-

ña  de que no es una  criatura estafadora y algo que valoro muchitanto, y como tal

en  êl puedo  confiar. Empero al ser Cratino quien necesitaba echarle unas goticas

de  ron al tê de tisana sobre el pucho le di la botella, y seguido dîjele que ocupâra-

se êl mismo de preparar la infusiôn. Mientras que cumplîa con lo anterior, Caspar

barrûntame de que Cristina, la que mejor se inclina cuando es propicia la ocasiôn,

segûn yo, tratôlo  de una manera tan dulce que pudiera compararla con su mismî-

sima progenitora, con la diferencia estêtica de que Cristina se ve un poquitîn mâs

senil por las arrugas que salen a relucir en su semblante. En realidad yo jamâs vi

a Cristina, porque  nunca he  penetrado en su negocio, empero sî varias veces he

observado esa bombilla incandescente lumbrando su ônoma, por lo que a mi ma-

nera  de pensar y ornamentar las  pinceladas dîjele una a Caspar que nadita tiene

que  ver con la susodicha Cristina. Por la razôn de que êl no quiso saber quê qui-

se decir yo con la pincelada dicha no fue menester la pertinente/correspondiente/

adecuada dilucidaciôn, continuando la conversa entre ambos sobre el tema de la

transmisiôn a distancia, y motivo por el cual hîzome esta pregunta:

---Kosmos, y dônde estâ el libro que dijiste me prestabas?

---En mi estudio. Voy a buscarlo.

          Encontrarlo no fue cosa fâcil, porque por la sûmula ingente de libros que

tengo, amên que sin la debida organizaciôn, el hallazgo tôrnase difîcil, lo que e

implica una paciencia tremenda, mas como êsta es una virtud que (digamos) ca-

racterîzame pudiera estar horas con esta actividad de bûsqueda y rescate. Segui-

do  a quitarle el polvo se lo doy, pero quedême maravillado con lo primero que

hizo: ponerlo frente a su nariz y oliscarlo, algo que solamente hacen o los inve-

terados bibliotecarios o los lectores mâs descollantes por su perseverancia en la

lectura  un tiempo determinado cada dîa, aunque pudiera suceder de que olerlo

responda a un impulso inconsciente, mas esto serîa un caso muy especial, y co-

mo  tal analizarlo significarîa sacar a puesto, a colocaciôn una materia que des-

conoce, que no  domina êl, por lo que serîa mejor no entrar en ella porque ni a

trancas y barrancas pudiera comprenderla. En fin, que dejêlo en su fruiciôn de

olerlo, pero en lo que era testigo visual de su goce llega Aspasia y amplifica lo

siguiente:

---Anulado mi encuentro con Esmeralda y Juliette, pero el almuerzo estâ asegu-

rado con estas dos pizzas.

       Al percatarse de la presencia de Cratino y de Caspar tiene en cuenta que el

tamaño de las pizzas no da suficientemente para satisfacer el estado famêlico de

cuatro bocas, mas al yo dejarle saber inteligiblemente de que no son cuatro sino

sôlo tres las bocas a ingerir, porque Cratino por su pejiguera estomacal no come-

rîa nada, ella queda convencida de que dos pizzas sî que pudieran saciar el esta-

do hambriento de tres criaturas; aunque, como una pre-cauciôn--un cautê nunca

estâ de mâs, es necesario y elude un cambio en el programa---, los trozos no de-

berîan ser muy grandes, lo que traduce que la precisiôn en el corte no puede pa-

sar  de una medida concreta/especîfica/justa.

---Kosmos, mejor asî, ya que no tienes que ponerte en funciôn de cocinero.

---Tû sabes, Cratino, que tal funciôn no desagrâdame.

---Pero kosmos, y si deseas cocinar, dejamos las pizzas para mâs tarde.

---Câspita, Aspasia!! No!! Ingerimos las pizzas ora.

---Ah, estâ bien. 

---Y dime: por quê lo de la anulaciôn del encuentro con Esmeralda y Juliette?

---Porque me escribiô Juliette que Esmeralda le mandô un mensaje diciêndole que

que tenîa un poco de fiebre y le dolîa el gaznate debido a un resfriado, 

---Y por quê escribiôle a Juliette y no a ti?

---Kosmos, quê sê yo. Dame acâ el cuchillo. 

---Aquî estâ. Cuidado con la punta.

---Y cômo cogiô el resfriado Esmeralda? La vi por la mañana y estaba saludable.

          Pero ostensible que Caspar no sabe que cuando encontrême con Esmeralda

bien temprano en la mañana ella no tenîa bien cubierto el pecho, y con la frialdad

que  habîa traîa puesta una blusita de tela finita y sus pêtalos exentos de la prenda

de vestir interior que los levanta, lo que pudiera ser el motivo de que refriârase.

---Kosmos, gracias por el libro! Te acabo de mandar la foto que me dijiste le tirara

a la chica.

---Verdad? Y de cuâl chica de trata, Caspar?

---Kosmos, dile tû.

---Aspasia, ya sê que me conoces, mas no es lo que tû piensas. Te quedarâs con

la boca abierta cuando dîgate quiên es.

---Dîmelo!

---La novia de Sista, a la que Matilde robôle el diario e hija de la difunta criada

que tuvo la fenecida madre de Esmeralda, y la que segûn Sista habîa desapareci-

do.

---Sista? Y no estaba detenida junto con su madre?

---Estaba. Me encontrê con ella hoy en la mañana; mejor dicho, ella encontrôse

conmigo cuando salî de comprar las legumbres y hortalizas.

---Y por quê no me lo habîas dicho?

---Aspasia, deja la funciôn histriônica-dramatizada, que tû sabes que cuando regre-

sê de hacer las compras ya te habîas ido, y ora es que te vuelvo a ver.

---Sî es cierto, pero dime: de no haber tenido lugar este diâlogo, que abriôse debi-

do a que dijo Caspar lo de la foto, me lo hubieras dicho?

---Claramente que sî. Y es mâs, dîgote mâs: me tomê un cafê con ella en el restau-

rante de las langostas, y aquî Caspar es testigo de que...

---Vaya testigo que tienes! No quiero saber mâs nada, Kosmos, nada mâs.

---En realidad no hay mâs, porque ella se fue a trabajar. Ya puêdese empezar a co-

mer?

---Sî, Kosmos, ya puêdese.

---Kosmos, y por quê le dijiste a Caspar que le tirara una foto a la chica?

---Cratino, porque quedôseme el môvil aquî en el apartamento.

---No me extraña tu pericia para responder ciertas preguntas.

---Aspasia, pericia ninguna, que de verdad quedôseme aquî.

---Ok, se te quedô, bien. Pero respôndeme: cuâl es tu interês en tener su foto, una

de ella.

---Aspasia, êsa no fue la intenciôn de mi pregunta.

---Cratino, câllate la boca, que no te preguntê a ti.

---Aspasia, sabes quê? Piensa lo que te dê la gana, que a la postre y al cabo es tu

[piel de hoy, como me dijiste, inocente] pensar, que sôlo puedo ser yo dueño de 

mis actos que no de los tuyos, asî que continûo ingiriendo pizza.

---Kosmos, disculpa este mal momento que fue creado por mi culpa.

---No tienes que disculparte, Caspar. Tranquilo, que la calma es fundamental. Y

dime, Cratino: aliviôsete un poco el malestar, la pejiguera estomacal?

---Sî, kosmos, un poco mejor. Gracias!! Y para demostrârtelo, pâsame un pedazo

de pizza, que me queda lejos la caja.

---Sin dilaciôn alguna!! Côgelo, aquî estâ. 

        Lo que sî no esperaba de Cratino era que fuese capaz de armar tremendîsimo

alboroto  por una parte del pedazo de pizza que al partirse escindiôse de êste y ca-

yôle en el pantalôn.

---No me miren asî, que las mâculas de grasa no las soporto.

---Cratino, mas es facilîsimo: un poco de agua, detergente y te quedarâ el pantalôn

impoluto, que no nuevo porque es imposible.

---Kosmos, como que me estâs fastidiando, no? Claro que es imposible.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Conociêndome como me

conoces me haces una pregunta intempestiva?

---Saben ustedes cuântas horas dura la feria?

---Caspar, hasta las cinco. Quê, te hace falta comprar alguna antigualla?

---No es para mî, Kosmos, sino para Esmeralda, porque como mañana es su cum-

pleaño quisiera regalarle algo antiguo, 

---Algo, mas no sabes quê, no?

---Exacto, Kosmos, no lo sê. Por quê la pregunta?

---Porque ya cuasi que son las tres de la tarde, y como la sûmula de antigüedades 

es tremenda, y tû no sabes quê a dadivar, es mejor que vayas a la feria lo mâs râ-

pido posible, y asî tienes dos horas para seleccionar con calma, exento de estrês

por el horario.

---Creo que tienes razôn.  

---Ahora me acordê de una cosa.

---De cuâl Cratino? Amplifîcala!!

---De que Juliette me hablô de que le gustarîa poner en el cuarto, y a cada lado de

la cama, dos candelabros de piso.

---Como los que habîan en el baûl que venderîanse en el Estrecho de España y en

donde el leñador de Britania encerrô a la campesina?

---Cômo, Kosmos, comô?

---Caspar, Kosmos habla de su novelôn, o mejor dicho, de una escena de êste.

---Ah. Gracias, Cratino, por tu explicaciôn. Entonces vienes conmigo a la feria?

---Sî sî, voy contigo. Y tû quê, Kosmos, vienes o no?

---Pêgome al cortejo minûsculo!!

---O sea, minûsculo porque no es el de Baco, no?

---Êsa es la res, Cratino!

---Y a mî no me pregunten, que me quedo.

---Aspasia, no me vayas a decir que estâs enfadada.

---Kosmos, lo que te dirîa es que estoy cansada, por lo que necesito dormir algo,

un poco.

---Entonces a la feria. Age en plural.




















 



 







 




















  
















 




 




  






 




  


















  

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