una caja de cartôn sellada con mi direcciôn y mi ônoma, mas sin tener la mînima idea
de lo que pudiese haber dentro, porque ûltimamente no habîa hecho por correo pedido
de ningûn tipo. Como por ethôs no abro ninguna caja, igual sea su peso y tamaño, fue-
ra de mi estudio, allende de fumarme un cigarro al hacer esta actividad, la cogî y subî
a mi apartamento, empero en lo que subîa encuentrôme de nuevo con Metôn que dîce-
me:
---Kosmos, le abrî la puerta del edificio a la criatura que trajo la caja, y chofer de un
vehîculo de color amarillo.
---Câspita Metôn!! Y por quê usted abriô la puerta si la caja es para mî?
---Porque sonô el timbre de mi apartamento.
---Metôn, y usted âbrele la puerta a cualquiera solamente por esta razôn?
---Claro que no, Kosmos. Despuês de sonar el timbre observê por la ventana, y cuan-
do vi que se trataba de un medio de transporte del correo fue que...
---Confiar esta bien, mas controlar es mejor. Y quê tiempo hace de eso?
---Una hora y media mâs o menos, y precisamente cuando escribîa lo que me hace
falta comprar.
---Cômo? De nuevo usted va de compra?
---Es que a pesar de escribir lo necesario cuando regreso me doy cuenta de que no lo
comprê todo.
---Capto, Metôn, capto!!
---Y tû de dônde vienes, de un paseo? Sî, que sê que te encanta la nieve.
---En realidad el paseo no fue completo, mas aun asî disfrutê la salidita afuera. Ydî-
game, Metôn: usted conoce a Lurpak? Tal vez pudo haber sido cliente de su banco.
---No, no lo fue ni lo conozco, que sî Aristofôn por ser de êl un compinche senecto.
---Êsa es la res, que asimismo senectos amigos de Aristofôn, Valflora y Tartare.
---Correcto!! Y por quê me preguntaste?
---Porque encontrême con êl en el cementerio del Cerâmico, y enterême de que co-
nociô a Simaeta tan bien como los dedos de sus manos.
---En el cementerio del Cerâmico?
---Metôn, porque atravesando el cementerio côrtase camino.
---Ah, por eso, por esta razôn. Bueno, Kosmos, debo ahora ir de compras, que no
quiero que me coja tarde. Que disfrutes el regalito que hay dentro de la caja y hasta
la prôxima.
---Metôn, que en realidad no sê lo que es, mas muchitantas gracias. Cuîdese al cami-
nar. eluda los resbalones, la torcedura de un tobillo.
---Gracias, Kosmos, gracias por tu preocupaciôn! Pondrê atenciôn.
---Êsa es la res!!
Un minuto y medio despuês lleguê a mi apartamento, mas como la puerta esta-
ba abierta no tuve que poner la caja en el piso para sacar la llave del bolsillo derecho
de mi pantalôn. Como êrame mâs relevante saber de una vez por todas lo que habîa
dentro de la caja que el porquê de que la puerta no estuviese cerrada, algo que jamâs
habîa sucedido mâs que no imposible de que pudiera [algûn dîa] pasar, arrumbê mis
pasos a mi estudio. A continuaciôn de poner la caja en el mismîsimo centro de la me-
sa rompî con una tijera el Scotch klebeband, y sin dilaciôn abrî la caja, siendo lo pri-
mero que mis ôculos ven una hoja formato A4 que tenîa escrito con letras mayûscu-
las lo siguiente: Kosmos, ya le echê un vistazo a tu novelôn, pero tenemos que con-
versar sobre êl. Cuando puedas llâmame para hacer una cita, y asî con seguridad fi-
jar tanto el dîa como la hora de nuestro prôximo encuentro. Espero que no estês mo-
lesto por no haberte llamado para decirte que te enviaba tu obra por correo. Saludos,
Lavinia. No quedândome otra cosa sobre el pucho que hacer que volver a poner ca-
da parte del novelôn en la caja de zapato correspondiente pusê la caja en el piso, pe-
ro como olvidôseme prender un cigarro previo a abrir la caja sin dilaciôn saquê de
mi bolsa la caja de cigarros y la fosforera. Non plus ultra de unos segundos de estar
fumando aparece Aspasia, me da un cenicero y dîceme:
---Kosmos, si me hubieras dicho que esperabas este envîo te harîa hecho el favor de
traêrtelo a casa, que precisamente hoy pasê frente por frente del correo.
---Muy humano, demasiado humano de tu parte, Aspasia, mas sabes quê? No lo es-
peraba. Mira, lee esto.
---Ah, el editor Lavinia. Sabes quê me llama la atenciôn?
---Amplifîca lo que llâmatela, amplifîcalo!!
---Que haya escrito el editor pocas letras en una hoja formato A4, aun siendo ma-
yûsculas.
---Câspita! Y por quê llâmate la atenciôn?
---Kosmos, porque me la llama. Y punto! Se acabô!!
---Vaya velocidad de pesadez que te impulsa!! Si tû supieras con quiên encontrême
hoy.
---Ah sî? Te encontraste con alguien o se encontrô contigo?
---Por una cuestiôn de la subrutina nos encontramos.
---Kosmos, con quiên?
---Con Irene!
---Irene?
---El ônoma de la chica a la que hurtô el diario Matilde Ronco Espinoza.
---No me digas, verdad? A ver, cuêntame.
---Dêjame terminar de meter las partes del novelôn en las cajas de zapato.
---De acuerdo! Espero.
Y en cuanto terminê dejêle saber todo lo que sabîa, que a la postre y al cabo
no era muchitanto para estar hablando largo tiempo, creyendo Aspasia, o mejor di-
cho, considerando que eso de que Irene haya hecho creer que habîa desaparecido
por el motivo de que no podîa pagar no era otra cosa que pura mentira, razôn por la
cual yo preguntêle cuâl podrîa ser, entonces, el têlos especîfico de no ser conmigo
sincera, respondiêndome ella que tal vez porque como yo estaba bastante informa-
do sobre el asunto que supiera mâs de lo que sabîa a Irene no le convenîa, o que a
lo mejor teatralizô el rol de vîctima con la intenciôn de despertarme un sentimien-
to de compasiôn, y, con êste, sacarme algo de dinero a mî.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Aspasia, sacarme dinero a
mî?
---Kosmos, ella no te conoce, y como tal ignora/desconoce que tû vives al diario,
con el gasto exacto de cada dîa, ni mâs ni menos para que te alcance un mes. Sabes
quê otra cosa me resulta un poco extraña, a pesar de tu haberme dicho lo que me di-
jiste?
---Cuâl es esa res, Aspasia? Amplificala!
---Que te haya llevado al apartamento que alquilô aun desconociêndote.
---Câspita, Aspasia!! Tû lo que estâs es celosa.
---Kosmos, que yo sê de la pata que cojea tu mesa.
---Ya te dije que solamente hablamos y nos tomamos dos copas, no pasô mâs nada.
---Eso de que no solamente cerrô la puerta, sino que ademâs con llave, como que re-
vela una...
---Vas a seguir con la sospecha, Aspasia? Y por cierto, hablando de puerta, por quê
la de este apartamento estaba abierta?
---Cômo que abierta? La cerrê cuando entrê, a no ser que no la haya cerrado bien, y
la abriô una corriente de aire.
---Una corriente de aire?
Y precisamente una corriente de aire, al estar abierta la puerta del balcôn y la
ventana de la cocina, fue la causante del espeluznamiento que tuvo Aspasia, y el que
segûn ella el mejor solvento contra êl era cruzando los brazos, menos que momentâ-
neamente que yo frotârale êstos con mis calientes manos, lo que râpidamente diome
pâbulo de pensar que la resonancia de un rescoldo fue la razôn de que ella prefiriera
autocalentarse con sus cândidos brazos. Conociêndola como la conozco, cômo no sa-
ber que ni aun una tempestiva verba funcionarîa como elixir? Entonces quedê en mu-
tismo y fui a cerrar la puerta del balcôn. Cuando regresê a mi estudio ella dîjome que
tenîa ganas de ingerir remolacha, y que por tal deseo îbase a la cocina, y de paso ce-
rraba la ventana, considerando yo que con este hacer quedaba ponderada la participa-
ciôn de ambos en un acto sin peticiôn y gratuito, con soltura, o sea, exento de una vo-
liciôn. Empero antes de irse pregûntome que si yo asimismo querîa comer remolacha,
respondiêndole que no por no estar aûn famêlico, y que por lo mismo pondrîame so-
bre el pucho a leer, ya que cuando estoy hambriento cuêstame concentrarse en la lec-
tura.
Como encima de mi mesa habîan unos cuantos libros lo primero que deberîa ha-
cer, previo a empezar con la lectura, era echarle un vistazo a todos para despuês deci-
dirme por cuâl empezar, mas al recordarme de que la semana pasada no habîa termi-
nado de leer un librito escrito por un escritor de Varsovia ( Krzysztof Makowski, doc-
tor en ciencias histôricas y magister en arqueologîa mediterrânea) sin dilaciôn comen-
cê por êste. A continuaciôn de volver a leer lo ûltimo que subrayê en la pâgina 61 con
un plumôn verde como que trasladême al ambiente acadêmico de la Kosmona: el inte-
rês por integrar conocimientos y darles sentido no es exclusivo de un conjunto de dis-
ciplinas especîficas, sino que mâs bien trâtase de una inquietud fundamental del hom-
bre. En lo atinente a esta inquietud no entiêndase como desasosiego sino como el de-
seo de saber/conocer (tener el dominio sobre/de) algo, o sea, como curiosidad intelec-
tual, la que era, precisamente, la que formaba parte del lûdico de la fiesta de los con-
tertulios de la instituciôn en/de Bedriaco. Como de costumbre tengo, que no es basto
para mî alongar una lînea (subrayar) con el color determinado de un plumôn, la de es-
cribir en un blog lo que resûltame interesante, agarrê el bolîgrafo con mi mano dere-
cha, empero pasô que cuando comencê a escribir Aspasia posicionôse a la zaga de mî
y pasôme una rodaja de remolacha por los labios. Seguido a sonreîr efîmeramente dî-
ceme lo siguiente:
---Kosmos, espero que no te pongas bravo, pero si tû embadurnabas esa hoja blanca
del blog con la tinta del bolîgrafo; yo, y con la rodaja de remolacha que mancha, em-
badurnarte de rojo tus labios quise.
--Câspita, Aspasîa! Embadurnarte de rojo tus labios quise. Quê, te convertiste en poe-
tisa?
---Kosmos, verdaderamente tû crees que se trata de poesîa?
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! No hace mucho que no quisis-
te que te calentara los brazos con mis febriles manos, y ora como que deseas hundirte
en la mar del mor?
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