Tendrîa que decir que no fue por su fantasîa que Aspasia pasârame la rodaja de re-
molacha por mis labios, sino que mâs bien la idea/ocurrencia de que tal cosa funciona-
ra como preludio era mîa, y la que conociô al leer un texto que escribî hace ya algunos
años referente a que el embadurnamiento de esta planta era una cosa que previa a otra
con mâs desarrollo y potencia era dadora de un atizamiento elemental. En realidad ella
no sabe que yo sê que lo leyô, y que sûpelo por un error que cometiô: cuando terminô
de leerlo lo metiô en la carpeta donde estân los escritos poêticos que no en la que estân
los en prosa, un fallo que a mî sorprendiôme porque ella es muy cuidadosa en lo atinen-
te a esta cuestiôn. Regresando a la rodaja de remolacha, y de lo que dime cuenta cuan-
do terminô la colisiôn de una piel con otra y nos bajamos de la mesa, no sê en quê mo-
mento rodô hasta caer dentro de la caja de cartôn que enviôme por correo el editor La-
vinia y soportando el peso de mi novelôn. Aspasia, e interesada en recuperarla, sin di-
laciôn inclînase para cogerla, mas como aûn su corpus estaba a toda flor, quê otra par-
te de êste no pudiera descollar diamantina, y como tal indefectible para mis ôculos?
--Kosmos, siento que tus retinas en mî penetran, que hûndense como estaca.
--Câspita!! Y acaso te inclinaste sôlo para recuperar la rodaja de remolacha?
--Quê bien sabe de seducciones fêminas un hombre como tû!
--Êsa es la res, Aspasia! Con la experiencia y la observaciôn he adquirido tal saber.
--Sabes quê, Kosmos? Que tiene ahora esta rodaja mejor sabor que la que ingerî antes
en la cocina.
--Si tû lo dices, que eres la que la comes.
--Y aûn no estas hambriento?
---Ora famêlico no, mas sî deseo tengo de llevarme algo a la boca, pero no sê quê.
---Bueno, en el refrigerador hay comida de sobra. Me voy a duchar.
---En cuanto termine de leer el librito paso por la cocina.
---Como quieras.
Media hora despuês volvî a poner el librito en el lugar que correspôndele en
el librero, en el espacio que pertenêcele que de facto no es muy ancho. A continuaciôn
fui a la cocina, abrî el refrigerador, y entre la variedad de sustentos que habîa el pomo
con mermelada de frambuesa fue mi preferido, empero al sentarme en la mesa y quitar-
le la tapa el olor a descomposiciôn que penetrô por mi nariz fue tan fuerte que no que-
dôme mâs nada por hacer que volverle a poner la tapa, envolverlo con un papel de alu-
minio, tirarlo en la basura y hundirlo entre los desechos, porque si Aspasia ve un pomo
de cristal dentro del latôn que no es para este tipo de envase respônsame como si yo un
mancebo fuese. Siêndome menester lavarme la mano derecha y el brazo hasta el codo,
porque como la basura desde hacîa dos dîas no habîase botado no quise desafîar a nin-
guna bacteria, abrî el grifo y con el chorro saliente de êste mojê estas dos partes del en-
tramado humano untadas de jabôn durante el tiempo de diez segundos. En lo que aga-
rraba un paño para secarlas suena el timbre de la puerta, pero ignorando del todo quiên
pudiera ser el que con un dedo tocaba el botôn. Al demorarme un poco en ir a abrir la
puerta unos puñetazos en la madera de êsta comenzaron a sonar como disparos de ca-
ñôn en la academia, a los que siguieron esta revelaciôn y por la que pude saber de cuâl
criatura tratâbase: Kosmos, soy yo, tu tîo. Abre de una vez.
---Por quê te demoraste tanto, estabas ocupado? Estabas leyendo? Que yo sê, Kosmos,
que cuando estâs en tu estudio el mundo te importa lo que a un pitirre la fîsica....
---Cuântica. Desde que me robaste esta frase mîa la repites como un guacamayo.
---Sî, pero no uno polîcromo como el de tu novelôn. Mira lo que te traje.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! La mermelada de frambuesa!
---Se puede saber el porquê de decir uno de tus epîmones favoritos?
---Porque acabo de botar el ûltimo pomo de cristal que me diste el mes pasado.
---Cômo que lo botaste?
---Lo botê porque la mermelada no olîa bien.
---Tû sabes lo que a mî me parece?
---Amplifîcalo!!
---Que ese refrigerador que tienes no enfrîa bien por viejo, y como tal se te echan a per-
der las cosas en poco tiempo. Tû sabes cuânto me dura a mî un pomo de esta mermela-
da?
---Câspita! Ya sê que mi refrigerador pertenece a la alcheringa, mas no creo que enfrîe
mal, porque quê casualidad que lo ûnico que echôse a perder fue la mermelada que no
otro de los sustentos que estân dentro del mismo refrigerador.
---No lo entiendo tampco. Igual! Aquî tienes la mermelada, y casi acabada de hacer. Y
Aspasia no estâ, o estâ tocando el chelo en la catedral barroca?
---Estâ duchândose. Te molesta que coma la mermelada con los dedos?
---Cômo olvidar tu hâbito?
---Êsa es la res!
---Si supieras lo que me pasô.
---Que te pase a ti algo es una significativa novedad. Quê?
---Que algûn vecino de mi edificio llamô a la policîa porque escuchaba altîsimo a Ro-
ssini, y especîficamente su composiciôn La Gazza Ladra, la que me encanta por ser ca-
si una marcha.
---Espero que este compositor estê dentro de los discos de compraste a bajo precio en
la feria, no?
---Asî es, Kosmos. Y sabes de quê me sirve la caja plâstica que tû viste que carguê con
la sûmula de discos el ûltimo viernes en la feria?
---Êsa puede tener varias utilidades.
---Como guarida para un gato. No me extraña que repitas el mismo epîmone.
---Risas!! Te compraste un felino? Y eso?
---Me parece que despuês de senecto me ha dado por hacer cosas que nunca hice.
---Te parece?
---Y discûlpame por haberle puesto el mismo nombre que el gato de tu novelôn.
---Al contrario, honor que me haces al ponerle como ônoma Lah.
---Verdad que te hago un honor? Fantâstico!!
---Mas si debo preguntarte una cosa: quê tienes que ver tû con la Luna? Cuâl es tu
atingencia con ella?
---Me debîas preguntar una o dos cosas? Kosmos, que ver no mucho, lo que no quie-
re decir que me desagrade. De hecho cuando en la madrugada escucho mûsica clâsi-
ca, y la Luna lumbra, la observo con placer.
---De facto despuês de viejo has cambiado bastante.
---Eso me parece, como te dije con otras palabras.
---Y regresando a lo de la policîa, te pusieron una multa?
---No! Por ser la primera me la dejaron pasar los dos agentes presentes en mi aparta-
mento.
---Fue tu dîa de suerte, porque aquî, en esta ciudad, la policîa no perdona. Deseas to-
mar tê?
---Tû sabes que es mi bebida favorita.
---Pues voy a prepararla.
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