No al canto de haberse tomado la leche caliente quedôse dormida Aspasia. A pesar
de haberme dicho que cerrâbanseles los ôculos quitôse el albornoz, acostôse de bruces
en la cama con las piernas un poco abiertas, puso la almohada frente a su jeta y encima
de êsta posicionô el liber de Gabriel-Honorê Riqueti, conde de Mirebeau, y con esta ti-
tularia que desprende chispas: Erotika biblion. No es de extrañar que un libro como es-
te sea despreciado por ella, de facto desde que estâ en mi biblioteca lo ha leîdo ya ni sê
cuântas veces, mas cuasi siempre de la misma manera: de atrâs hacia delante. Segûn su
respuesta a mi pregunta de que por quê de esta forma, porque su mor por los finales co-
mo que le despierta una emociôn que de faltarle sentirîase menos acicateada, lo que tra-
duce que careciendo del porciento de êsta no disfrutarîa de la misma manera esta obri-
lla con 202 pâginas que embelêsele, que asimismo que erîzala y estremêcela. Seguido
a esta verba pidiôme que apagara la luz y que no quedârame en el cuarto mirândola le-
yendo, porque como ya habîamos tenido colisiôn corporal no estaba para volver a me-
terse bajo el chorro de la ducha para dejar su piel sin restos de sudor. Conociêndola co-
mo la conozco, cômo no saber que cuando ella pide una res como êsta estâ pidiendo la
cosa que es?, que claro que nadita tiene que ver con la cosa en sî. Y en fin, que sin de
momento nada mâs que decir cumplî a cabalidad con el cometido de respetar su peti-
ciôn tempestiva, y entonces, sobre el pucho, apaguê la luz, y a lo mejor por un reflejo
condicionado cerrê la puerta?
Con el objetivo de sentir cômo penetraba el aire frîo por mi nariz salî al balcôn.
Despuês de acomodar mi tafanario en una de las dos sillas, las que jamâs han estado
en ninguna otra parte de mi apartamento, como ya dije una vez, prendî un cabo de ci-
garro que saquê del ingente cenicero oscuro que regalôme mi tîo hace ya una sûmula
de años y por mi cumpleaños. Faltando un minutos para que marcaran las agujas del
reloj las dos de la madrugada, una hora que en mi novelôn ludicô un rol relevante, de
repente el cabo apâgase, mas lo interesante en lo que sigue: al acercarle la flama mi-
nûscula del encendedor no encendiô, lo que diome pâbulo de pensar que estaba suce-
diendo algo crîptico, razôn por la cual esperarîa a que fuesen las dos y cinco para si
acaso prender un cigarro completo, porque como cada acontecer enigmâtico tiene su
tiempo de duraciôn en vano serîa intentar darle fuego al papel mientras estê en pleno
desarrollo el susodicho acontecer. En lo que pasaba este tiempo y disfrutaba del en-
friamiento de mi nariz resultôme interesante lo que observê en el edificio de al lado
al estar una ventana totalmente abierta: un señor quitâbale el polvo, con un plumero
corto, a un busto fêmino difîcil de reconocer por tener la cabeza bastante deteriorara.
Hubiera sido beneficioso utilizar mis prismâticos, mas como no estaban en el balcôn
no quise buscarlos por toda la casa, que vaya a saber sôlo Aspasia dônde los dejô, los
puso, a pesar de ya haberle dicho un burujôn de veces que no los cambiara de lugar.
Al ser ya las dos y siete minutos pôngome vertical para ir a mi estudio a coger la ca-
ja de cigarros, mas al estar cerca de la puerta del balcôn un estrêpito es la especîfica
causa de mi curiosidad, por lo que en vez de ir adonde iba entregême a la tarea de sa-
ciar êsta. Como el estrêpito provenîa del edificio de al lado sôlo tuve que pegarme a
la baranda y atisbar, siendo entonces cuando supe el porquê de êl: porque el señor
que limpiaba el busto lo tirô por la ventana, por lo que lleguê a la conclusiôn de que
no podîa ser uno/el de una deidad, a no ser que este señor fuera ateo o pragmâtico y,
como tal, que el busto sea de êsta sôlo tuvo la importancia finita que êl le quiso dar.
Fuera como fuese me es igual, mas lo que sî no dâbame lo mismo era olvidar que de-
berîa ir a buscar la cajetilla de cigarros a mi estudio para en vez de un cabo fumarme
un cigarrillo completo, algo que hice en seguida. Pero vaya/quê sorpresa que al re-
greso al balcôn Aspasia estaba sentada en la misma silla y con las piernas puestas so-
bre la baranda, allende que solamente cubriendo su cuerpo con una colcha lo basta-
mente larga como para tapar su medida completa de un metro con cincuenta y ocho
centîmetros.
---Ya sê, Kosmos, que mi presencia a esta hora en el balcôn no es habitual, pero sa-
bes que fue ese ruido fuerte?
---Asômate al balcôn y mira hacia la izquierda.
---Quê? Que tengo que abandonar esta comodidad para hacer eso? No! Con que tû
me lo digas me basta.
---Aspasia, un busto que tirô por la ventana un señor del edificio de al lado.
---Por cuâl ventana?
---Por esa que ora estâ cerrada y con una cortina con los signos del zodîaco.
---Ah, entonces estaba abierta?
---Câspita, Aspasia! Y acaso puêdese lanzar un busto por la ventana estando êsta ce-
rrada?
---Parece mentira que hayas caîdo en la trampa. Y de quiên era el busto?
---Sôlo sê que era un busto fêmino, mas de quiên lo ignoro, porque el semblante esta-
ba deteriorado.
---Y cômo sabes que estaba el rostro asî, acaso miraste con los prismâticos?
---Mirê con mis ôculos. Y hablando de los prismâticos, dônde estân?
---En el baño, Kosmos, en el baño.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Y por quê allî, si ya me has es-
cuchado decirte que...
---Es que sabes quê? Que como me rasurê el pubis me lo mire con los prismâticos.
---Cômo que con los prismâticos?
---Kosmos, si te parece cosa de locos, cômo es posible entonces que, aun pareciêndo-
te, en la quinta parte de tu novelôn hay una escena en que se utilizan los prismâticos
para mirar una corta distancia?
---Una corta sî, mas no el pubis rasurado.
---Kosmos, es mi cosa, no la tuya.
---Quê no es la mîa si precisamente de mi novelôn sacaste esta cosa?
---Saquê la idea, no esta cosa como tal, porque como acabas de decir, la cosa en tu no-
velôn era la de mirar una corta distancia.
---Como que pegôsete el jueguito.
---Y acaso no tengo cerca la fuente contagiosa?
---Êsa es la res, Aspasia!
---Y respecto a ese señor del edificio de al lado, sabes quiên es? No te parece un poco
arrebatado que tire un busto por la ventana?
---Como esa ventana jamâs la he visto abierta, primera vez que lo veo. Y de parecerme,
quê te pudiera decir? Que este mundo, a pesar de ser el mejor de todos....
---Deja deja, que lo que sigue es un discurso para el que no estoy a esta hora. Regreso
al cuarto. No vienes conmigo?
---En cuanto termine de fumarme un cigarro completo.
---De acuerdo. Te espero.
---Me esperas para que te mire con los prismâticos el.....?
---Si lo quieres hacer no me opongo.
---Como que ya estâ es la consecuencia de leer al conde de Mirebeau: el despertar de
la fantasîa.
---Solamente te dije una cosa: te espero.
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