Dienstag, 14. Januar 2025

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      Al regresar a la sala con una bandeja, la tetera y dos tazas medianas con la marca

Winterling, Aspasia conversaba con mi tîo, mas esta vez no llevaba puesta su trans-

parente  bata sino un albornoz, allende  que cubrîa su cabello con una toalla del mis-

mo  color que êste. Como mi tîo  habîale barruntado sobre la compra del felino, que

asimismo que pûsole el ônoma Lah, ella sacô a puesto, a colocaciôn alguna de las es-

cenas de la quinta parte donde las travesuras del felino acarreâronle risa, mas que re-

sultâbale un tanto insôlito la atingencia de êste con el ratôn en la casa del cazador, y

sobre todo en la nocturna cuando el ratôn salîa en busca de su pedazo de queso, mo-

mento propicio/tempestivo para que diera comienzo el lûdico entre ambos. Respec-

to  a lo  increîble de la relaciôn entre los dos, cuântas veces no le he dilucidado que

precisamente  lo inaudito en mi novelôn juega un papel conspicuo, amên de que co-

mo una forma de dirimir esquemas de comportamientos rompe con un patrôn de en-

cuadramiento o de negaciôn de otras posibilidades. 

---Kosmos, y por quê solamente dos tazas? 

---Aspasia, porque tû estabas en la ducha cuando yo fui a preparar el tê.

---No empiecen a discutir por una cosa insignificante.

---Escuchaste lo que acaba de amplificar mi tîo?

---Sî, Kosmos, sî!! Deja, voy en busca de la taza.

       Mi tîo, y por su mor ingente por las formas circulares, antes de llenar la taza la

observô como si mirase quê sê yo quê cosa. Cuando cansôse de mirarla la puso so-

bre  la mesa, pensando yo que clararîa el porquê de su mirar, porque no solamente

su amor enorme por tales formas es la razôn definitiva del, digamos, y con un lige-

ro pincelamiento, extatismo de sus retinas, pero pasô que empezô a hablar del cepi-

llo de fibra de carbono que comprô en la feria hace ya un tiempo, y que jamâs pasa-

rîale por su testa utilizarlo para otra cosa, como verbi gratia para quitarle el polvo a

la taza. Con este decir, y de facto un poco fuera de lo normal, lo que no traduce que

quisiera dar a entender que estâbase volviendo loco, no pude eludir pensar en un in-

veterado aforismo del que decîase a sî mismo "yo no soy un hombre, soy dinamita",

o sea, Nietzsche, mas como no era el momento ideal para hablar de mâxima o sen-

tencia breves, por el motivo de que pudiera causar pejiguera, ni tan siquiera calaña

dejê de lo que estaba pensando con una verba metafôrica, de jaez sustitutivo.

---Espero que no se molesten por tomar el tê en un vaso.

---No hace nada, Aspasia, que esto no es una ceremonia donde todo debe ser como

es.

---Señor tîo, me encanta su flexibilidad, que acâ su sobrino es bastante austero con

ciertas cosas.

---Austero yo? Vaya injusticia! Tremenda!

---Sî, Kosmos!! Austero y bien.

---Aspasia, y por lo que dijiste de la quinta parte, no quisieras acariciar a mi gato?

---Si usted me lo permite con gusto lo harîa. Cuândo puedo pasar por su apartamen-

to?

---Cuando quieras o tengas tiempo.

---Ah, estâ bien. Ya pasarê.

---Kosmos, sabes con quiên me encontrê?

---Por causalidad o por cita?

---Por la primera imposible, porque no pensê en nada al respecto; por la segunda, me-

nos aûn, porque no soy de llamar o mandar telegramas.

---Y entonces, con quiên?

---Con el general Francisco Sotolongo Almendrades.

---Interesante! Y de quê hablaron?

---Sobre lo que mâs le preocupa de momento.

---O sea, sobre el diario, no?

---Correcto!! Sobre eso. Me dijo que estaba dispuesto a pagar cualquier precio con tal

de tener ese diario en su poder, pero que como êl es un general no puede comprârselo

a la policîa.

---Câspita!! Si precisamente por lo que es la compra pudiera quedar en mutismo.

---Kosmos, que lo conozco de hace tiempo, y te digo que êl no va a hacer eso.

---Seguro que lo conoces?

---Claro que sî! Cômo no?

---Pues entonces deberâ esperar a que aparezca la chica, a la ûnica que puede comprâr-

selo, digo, si es que estâ dispuesta a venderlo.

---Y por quê solamente a ella?

---Porque le pertenece el diario, el que en este caso funciona como herencia, porque 

fue su madre quien lo escribiô.

---Herencia un diario? Primera vez que lo oigo.

---Igual que yo, mas asî es.

---Kosmos, quê hiciste con el pomo de mermelada que estaba en el refrigerador?

---Lo botê, porque la mermelada no olîa bien. Y cômo supiste que no estaba allî?

---Porque cuando cogî este vaso abrî el refrigerador para tomar un poco de agua. Es-

pero que no lo hayas botado en el latôn de la basura.

---Ostensiblemente que no. Lo echê en la bolsa de papel donde estân los envases de

cristal.

---Muy bien! Estâs aprendiendo.

---Y eso que no tienes puesta la bata transparente?

---Kosmos, se nota que no has entrado/estado en el baño desde que llegaste.

---No hace falta que me digas dônde estâ la bata.

---Tû y tus marranadas verbales incesantes. 

---Quê si no? Êsa es la res!

---Discûlpenme un momento, que como ya tengo el cabello casi seco me voy al ba-

ño a peinarlo.

      Y en cuanto Aspasia se fue adonde iba, mi tîo acercôse a mî para decirme lo si-

guiente: que no sôlo el general habîale dejado saber lo que de momento mâs preo-

cûpale, sino que asimismo tuvo un encuentro secreto con Matilde Ronco Espinoza,

y que la razôn de decirlo ahora era porque Aspasia no estaba presente. A raîz de es-

tas  palabras comenzô a hablar tan bajito que yo tuve que pedirle que subiera un po-

co el tono de voz, que a pesar de que Aspasia tuviera mirîficos oîdos era imposible

que  enterârase de algo, siendo entonces que sintiêndose mâs seguro pega su espal-

da al respaldar de la silla, cruza las piernas y amplifîca que, y segûn lo que contôle

Francis con lujo de detalles, Matilde lo llamô el miêrcoles de la semana pasada jus-

tamente a las ocho y media de la noche, o sea, media hora despuês que êl llega a su

casa, mas ignorando del todo cômo fue que ella supo no solamente su nûmero de te-

lêfono sino que tambiên que a esa hora êl ya estaba en casa. El objetivo concreto de

la  llamada era el de  encontrarse con êl esa misma noche en los arrabales de la ciu-

dad  dos horas despuês, empero  que no para tener una conversa sobre el diario que 

sî una mâs întima. Claramente que el general vacilô, pero como la curiosidad de sa-

ber verdaderamente quê querîa lograr Matilde con esta conversa era mâs fuerte que

el estar indeciso de si ir o no a verla estuvo de acuerdo con el encuentro. Y adelanto

la cinta, que ya tengo la lengua seca.

---Môjatela con un sorbo de tê.

---Me puedes alcanzar la taza, que me queda un poco lejos?

---Aquî la tienes.

           Bueno, continûo. La cosa sigue con el asombro del general por la puntuali-

dad  de Matilde en el  lugar previsto: a las diez y media ya estaba allî presente, sin

embargo êl, que es general, llegô tres minutos despuês, lo que fue el motivo de que

padeciera  de una verecundia tremenda, mas como Matilde dijôle que era mâs rele-

vante el encuentro que su retraso, êl comenzô a sentirse mejor, con menos vergüen-

za. Al canto de Matilde dejarle la humedad de sus labios en el cachete derecho em-

pieza a hablar de los momentos mâs felices que tuvieron en el pasado, y los que co-

mo  tal para ella son  inolvidables, estân presentes en su pensar, por lo que no êrale

de extrañar que en mâs de un onîrico aparecieran charreteras doradas con grados de

un oficial de alto rango, aunque asimismo uniformes militares y una sûmula de con-

decoraciones  insertadas en êstos, de galardones y medallas significativos, una sim-

bôlica  forma de premiar hazañas y desafîos, la actitud de fidelidad, o sea, el no de-

sertar  ni tan siquiera por una  cuestiôn de salud, de alguna enfermedad que impida

el  avance, el yendo a misiones en lontananza donde el lodo embadurna a las botas

y las fumbinas disparan lo que es garante de muerte. 

     Pero como llega Aspasia, y con su cabello ya seco y recogido, mî tîo me da unos

golpecitos en el hombro como queriêdome decir que seguirîame contando otro dîa,

motivo por el cual pregunta Aspasia:

---Y sobre quê ustedes hablaban?

---Nada de relevancia, Aspasia.

---Seguro, Kosmos, seguro? Bueno, espero que no me engañen. Queda tê en la tete-

ra?

---Sî sî, Aspasia, creo que da para llenar tu vaso.

---Y usted no desea mâs?

---No no! Ademâs, que ya me voy, que estoy un poco cansado.

---De verdad que se va? No le gustarîa cenar con nosotros?

---Te lo agradezco, Aspasia, pero mâs aprêmiame descansar que comer. Acepto la in-

vitaciôn otro dîa.

---Estâ bien! Entonces que descanse usted bien.

---Gracias, Aspasia, gracias!!



 






 



    




 



































 


 



 











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