Despuês de la cena, y exactamente a las once de la nocturna, Aspasia pregûntame
si tenîa ganas de ludicar el juego de damas. Al ser uno de mis juegos preferidos, y pre-
cisamente por ser el que es, sin dilaciôn respondîle que sî, mas que previo a empezar a
jugarlo deberîa echarme en el semblante un poco de agua frîa y a continuaciôn prender
un cigarro, ya que si no mis ôculos cerrarîanse porque normalmente a esta hora ya estu-
viera disfrutando de mi acostumbrado breve solaz, por lo que dîjome que en lo que yo
iba al baño a mojarme la jeta, ella ocuparîase de ir en busca del tablero con las fichas
que estaba en el cuarto. Pasados cinco minutos, y al yo regresar a la sala, ya ella habîa
puesto el tablero en el piso y ponîa en cada cuadrado las fichas, que claramente serîan
las rojas con las que jugarîa: cuâles si no al ser el juego de damas? Flagrantemente no
podîa faltarme el pensar de que este juego tiene su complejidad, porque es uno que de
facto obliga a un mâsculo a no perder de vista ni a la mâs sencilla jugada, ya que aun
siendo de este jaez pudiera representar o un beneficio o una ventaja para la hembra.
Media hora despuês de haber empezado a ludicar llâmame Sista, y para decirme
que habîase despertado debido a un onîrico que tuvo, y en el que Irene y yo dialogâba-
mos con ella, razôn por la cual pregûntame que cômo era posible este intercambio ver-
bal si yo no conocîa a Irene. Verdaderamente es una (que) buenîsima pregunta, empe-
ro la res es la siguiente: dîgole la verdad o utilizo mi pericia expresiva con el têlos de
engendrar el embrollo semântico? Mas pensândolo bien, y râpido, porque responder
con dilaciôn pudiera levantar sospecha, mejor era informarle sobre la conversa que tu-
ve con Irene y donde estaba actualmente viviendo. A raîz de saberlo tuvo como un li-
gero ataque emotivo, porque no podîa creer que el hacer creer Irene que habîa desapa-
recido mâs tenîa que ver con esa llamada de un mâsculo desconocido que por lo del
diario, mas que a su vez por la esperanza de que Irene la perdonara, que a la postre y
al cabo ella no fue quien introdujo la mano en la cartera, sino que solamente partici-
pô en el hurto para facilitarle a su madre que robara el diario. A continuaciôn me da
las gracias, allende que dêjame saber que no le dirîa nada a su madre Matilde, que y
por lo que sucediô ya sabe lo que cuesta traicionar a una persona amada: tener un pe-
so en la conciencia. Con esta verba termina la llamada, siendo entonces que Aspasîa
pregûntame:
---Y tû crees que hiciste lo correcto con decirle la verdad?
---Indubitable, Aspasia, in-du-bi-ta-ble!! Y sabes por quê? Porque Irene es la fêmina
que Sista ama, y el mor, sacado de convenciones sociales, o sea, de manipulaciones
convenientes, es una ingente potencia.
---O sea, que cuando existe el amor existe el perdôn?
---Aspasia, no trâtase exactamente de perdôn, ya que hay algo mâs que perdôn cuan-
do existe el mor.
---Por ejemplo quê?
---Tolerancia, comprensiôn, capacidad para seguir llevando, defendiendo una causa
determinada, subrayando un atractivo que de faltar causarîa tremendîsimo vacîo.
---Tus palabras son bonitas, cômo no sentirme enamorada?
---Sentirte, o estar enamorada?
---Y cuando se estâ asî no se siente el amor?
---Una descollante perîstasis!!
---Que sobresale tambiên con este juego de damas, no?
---No la habîa calculado desde ese punto de vista, empero empiezo a mesurarla con
cierta parsimonia.
Mas en cuanto comencê a medir con esta forma no râpida, cômo pudiera ser im-
posible el despertar de mi magîn? Como consecuencia de lo anterior amplifiquê es-
ta declamaciôn que sin analizarla quien la escuche resultarîale difîcil de entender: la
complejidad de una sencilla jugada. Previo a sacar una ficha del cuadrado donde es-
tâ para ponerla en otro hay que concentrar las retinas para dar con la jugada mâs se-
gura entre las posibles en el tablero, empero estas posibles a su vez pudieran resultar
dudosas, porque no sôlo el ojo observante tiene en cuenta el desplazamiento, el tras-
lado, sino que asimismo que el movimiento aûn no hecho pudiera ser descubierto en
cuestiones de segundos, por lo que serîa menester pensar que las jugadas susodichas
quedarîan bloqueadas por el movimiento de las fichas contrarias, y asî entonces no
estarîase seguro de que tales jugadas sean seguras.
---Kosmos, y cômo podrîa ser descubierto el movimiento aûn no hecho?
---Por el ojo que mira, Aspasia.
---Pero el ojo que mira no mira sôlo a las fichas?
---No, Aspasia, no sôlo a las fichas, sino que asimismo a los ojos del que las mueve,
y êste para dar con esas jugadas seguras primero tiene que mirarlas: entendiste?
---Creo que sî! Y por lo mismo, y para que no me ganes, dejô de mirar tales jugadas.
---Câspita, Aspasia! Y cômo tû crees que yo voy a perder si tû no las miras? Sin mi-
rarlas no me podrîas ganar.
---Tû crees? Y si miro a tus ojos no sabrîa de tus jugadas seguras?
---Aplausos, Aspasia, a-plau-sos!! Tû sabes que yo logro cuasi todo lo que propôn-
gome.
---Sî ya sê, pero no olvides que este es un juego de damas.
---Cômo olvidarlo, sî, y como ya dije, es uno de mis preferidos?
---Por ser el juego que es!
---Êsa es la res!!
---Pero a pesar del que es, sabes quê?
---Amplifîcalo, Aspasia, amplifica el quê?
---Que ya se me cierran los ojos.
---Entonces no continûas con el juego de damas?
---No!! Me voy a dormir.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Seguimos, mañana, con el
juego de damas?
---En realidad es un juego que nunca termina, o que es siempre posible.
---Te capto, Aspasia, te capto! Cômo no captarte siendo tû una dama?
---Kosmos, que no hay punto a la raya para que continûe la letra.
---Ora la risa me es menester!
---Quê si no? Riête, y buena nocturna, como dices tû. Y dime: puedes hacerme un
favor?
---Que salga sobre el pucho por tu boca el favor que es.
---Que calientes un poco de leche y me la traigas al cuarto.
---En un vaso o en una taza?
---Igual en quê, ya que lo que importa es que no estê frîa.
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