Freitag, 28. März 2025

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       Seguido a pedir la segunda taza y de endulcorar el cafê con un cuadradito de azû-

car, Irene pide la cuenta, ya que segûn ella no podîa quedarse mâs tiempo debido a la

gestiôn  que tenîa  que hacer, allende de ser una de jaez relevante, motivo por el cual

Cratino y yo nos  miramos con  algo de asombro, porque quê casualidad que esta for-

ma de decir me voy justificada de manera creîble/posible sale a puesto, a colocaciôn

nada mâs y nada menos despuês de tocar Cratino el tema de los progenitores. Con el

fin de eludir la tempestiva verba por la cual Irene pudiera saber que resultâbanos sor-

presivo lo que habîa dicho es que tanto Cratino como yo quedamos en mutismo, y sô-

lo movimos la lengua para darle las gracias por la invitaciôn a tomar cafê.

        Diez minutos despuês, y esperando la luz verde para cruzar la avenida Clasinte-

paria, para frente a nosotros el auto del general. Sobre el pucho el general baja la ven-

tanilla y dîcenos, con la voz un poco tomada, que nos llevaba dando igual el lugar al

que fuêramos, que como habîase cogido el dîa libre, lo que significaba que estaba to-

talmente exento de la obligaciôn/responsabilidad en la academia, tenîa mâs que tiem-

po suficiente para pasear con el medio de transporte. A raîz de esta verba penetramos

en el auto, y sî Cratino siêntase en el asiento delantero al lado de Dasid; yo, en el tra-

sero, al lado del general. Como el general no podîa hablar muy alto pîdeme que acêr-

queme un poco mâs a êl, algo que hice en un periquete. Al comenzar con su verba lo

que primero dîceme es que el dîa siguiente de la fiesta del cumpleaños de su hija em-

pezô a sentirme mal, por lo que tuvo que ir al hospital a ver a su mêdico, y el que se-

guido  al examen correspondiente dejôle saber que lo que tenîa era un simple resfria-

do y, como tal, no deberîa ni preocuparse ni pensar lo indebido, empero que eso sî, y

para recuperar su salud, y aunque no gustârale, era importante que cumpliera a caba-

lidad con la toma del medicamento pertinente que recetarîale; lo segundo, razôn por

la  cual Cratino mîrome como queriêndome decir quê le vas a responder, fue la pre-

gunta de si podîamos visitar a Irene para resolver [de una y por todas] la cuestiôn del

diario. Ostensiblemente  no podîale decir que Irene cuasi acabâbame de decir que le

venderîa el diario a Matilde Ronco Espinoza, y no por temor a su reacciôn, sino mâs

bien para no acarrearle un perjuicio, un desasosiego o una pejiguera. Pensândolo dos

veces, para que mi decir fuese convincente, respôndole que Irene habîame informado

sobre  su estado pusilânime, y por el que no querîa contacto social con nadie, una vi-

sita, un encuentro acopas, un diâlogo que pule para sacarle brillo al orgullo indefecti-

ble. 

---Entonces, Kosmos, me harîas el favor de avisarme cuando ella estê en condiciones

de hablar?

---Claramente que sî! Cômo no?

---Bien! Pero recuerda que quedaste conmigo en que me acompañarîas, porque como

ella no me conoce puede ser o que la acose el miedo o se ponga nerviosa, y con estos

dos estados, como tû sabes, se dificultarîa la negociaciôn.

---Negociaciôn, general?

---Ella me da el diario y de mi parte recibe el peculio. Pero es igual, Kosmos, que lo

mâs importante es que vêndame el diario, que no una palabra que ocupa espacio, que

si no una que se escucha pudiendo ser el motivo de una pregunta.

----Usted discûlpeme, general, mas yo que soy un erastes de la palabra no estoy muy

de acuerdo con lo que usted acaba de decir.

----Es un derecho estar de acuerdo o no. Algo mâs que decir al respecto?

----No, general! En lo atinente a lo anterior no hay mâs verba.

----Y dime: hasta quê hora te quedaste en la fiesta de mi hija?

----Cuasi hasta el cantar del gallo encima de la verja.

----Entiendo por esta frase muy de ti, tuya, que te quedaste hasta casi el amanecer.

----Êsa es la res, general! Usted  entendiô bien, exacta/justamente  lo que  saquê a 

puesto, a colocaciôn como (una) pincelada.

----Y quê barrûntame usted sobre las damas înclitas?

----Înclitas, Kosmos? De ilustre no tienen nada. Terminamos en mi casa, y disfrutan-

do de la buena bebida y de una mûsica estimulante. Despuês de viejo me he converti-

do en un mujeriego. Vaya cosas de la vida!

----Cosas de la vida o cosas de usted?

----Las dos, Kosmos, las dos cosas. Por una parte lo que viene de afuera; por la otra,

lo que sale de adentro.

----Lo que viene de afuera y lo que sale de adentro. 

----Sî, kosmos, sî, pero por quê lo repetiste.

----Porque me encantô. 

         Acopas interrumpe Dasid la dialogizaciôn, porque segûn êl lo mejor que pudie-

ra hacer el general por el bienestar de sus cuerdas vocales era una y simple cosa: de-

jar de hablar por unos minutos. Sin oposiciôn el general queda en mutismo, y con el

fin de refrescar su gaznate bebe un poco de agua. Entonces Dasid apodêrase de la pa-

labra, y  con êsta dêjanos  saber que cuando quitôle el calzado a la amiga de Patricia,

la fêmina que estuvo con el general, llamôle la atenciôn ver restos de tierra en la sue-

la del zapato derecho, razôn por la cual hîzole la tempestiva pregunta, respondiêndo-

le ella que como tuvo que caminar una pequeña distancia en el jardîn antes de llegar

a la mesa donde estaban el general y êl no era de extrañar tales restos, respuesta que

segûn êl era incierta, porque de facto la tierra no era del mismo color que la del suso-

dicho jardin, sino mâs bien uno de un terreno con mâs humedad. Este detalle sorpre-

diôme, porque jamâs Dasid revelôme que tenîa un conocimiento como êste, y con el

cual la diferenciaciôn de tierras podîa ser posible. A continuaciôn Cratino pide la pa-

labra, y mirando a Dasid dîcele inteligiblemente:

----Chofer Dasid, puedo decirle con seguridad de dônde es esa tierra.

----Verdad, Cratino? Y de dônde?

----Del bosque de los liberales.

----Y cômo lo sabes?

----Porque vi con mis prismâticos a esas dos fêminar pasear por el bosque.

---Y cômo sabes que son ellas si tû no estabas en la fiesta?

----Porque Kosmos me dijo cômo estaban arropadas.

----Pero paseando en el bosque de los liberales? Paseando es la palabra correcta?

----No hay otra palabra para definir lo que vi.

---Disculpen que penetre en la fluencia verbal.

---Kosmos, si penetras o es para decir o para preguntar algo, no?

---Êsa es la res, Dasid.

---Y entonces quê vas a decir o preguntar?

---Preguntar.

---Quê?

---De dônde ustedes conocen a esas dos fêminas?

---Perdôn, general, pero debo hacerle una pregunta.

---Por quê perdôn, Dasid?

---Porque le dije que era mejor que dejara de hablar, y si le hago la pregunta va a

tener que mover su lengua, y si la mueve dejarâ de estar en silencio.

---Y ya no pasaron los minutos? A ver, cuâl es la pregunta?

---Si puedo responderle a Kosmos lo que me preguntô.

---Claramente que sî! Respôndele!!

---Kosmos, conocimos a esas fêminas en una actividad cultural en la academia.

---Usted refiêrese a la actividad de los viernes?

---Vaya, quê bien que te acuerdas! A esa misma, Kosmos, êsa es la que es. Pero te

digo algo mâs: gracias a Juliana fue que las conocimos, ella fue quien nos la presen-

tô.

----Quê usted quiere dejar transparente con este decir, que no fueron ustedes los que

lanzâronse al desafîo, mejor dicho, a la conquista de ellas?

---Kosmos, solamente te informo para que sepas. Y te digo mâs: son esas dos fêmi-

nas las progenitoras de dos cadetes del edificio de tropas terrestes.

---Câspita!! El edificio por el que yo pasê. Cômo olvidarlo? Parêceme, Dasid, que

aquî hay pezuña en jaula.

---Quê quieres decir con esta metâfora?

---Usted acaba de decir que fue Juliana quien se las presentô, no?

---Sî! Y?

---Que si se las presentô o las conoce o son amigas de ella.

---Las conoce. No olvides que Juliana es la secretaria del general. Y quê mas?

---Que si las conoce, y Juliana estaba con el general en la fiesta, por quê fue que

estâ se fue del jolgorio antes de que ellas llegaran? Que ya empiezo a dudar que ha-

ya sido por motivo de eludir el general una discusiôn o un conflicto entre Cristina y

Matilde Roco Espinoza.

----Kosmos!

----Diga usted, general.

----Juliana concretamente se fue por esta razôn: por ser testigo visual del mensaje

que me mandô Patricia para preguntarme cômo estaba y quê hacîa.

----O sea, por motivos de celosîa.

----No exactamente celosîa, sino que se molestô por no haberle dicho antes que Pa-

tricia tenîa mi nûmero.

----General, usted acaba de decir que Juliana fue testigo visual del mensaje que.....

----Kosmos, cuando Patricia enviô el mensaje mi telêfono estaba encima de la me-

sa.

----General, y si Patricia enviô el mensaje para saber cômo usted estaba y quê ha-

cîa, cômo es posible que haya venido a la fiesta concomitada por su amiga?

----Porque le dije que podîa venir, y si con su amiga mejor, que de todas maneras

Dasid y yo estâbamos solos.

----Dicho con otra verba: usted hizo la invitaciôn.

----Asî es, Kosmos, y algo que hice que le molestô a Esmeralda, y la entiendo per-

fectamente porque el cumpleaños era el de ella, aunque sinceramente te digo que

no pensê que se enfadara conmigo por la invitaciôn, sino que mâs bien, por curio-

sidad, preguntârame quiênes eran las dos fêminas.

----General, y êsta fue la razôn de que usted y Dasid fuêranse del jolgorio justa- 

mente a las tres de la madrugada?

----No no, no fue por eso, sino mâs bien porque las fêminas querîan estar solas

con nosotros. Ya te dijo Aspasia que la dejamos justamente frente a la puerta del

edificio?

----No me lo dijo, mas me lo ha dicho usted.

----Y dime, Kosmos: adônde es que ustedes van, o tenîan pensado ir, porque no

por gusto estaban parados en el semâsforo para cruzar la avenida Clasinteparia?

----En realidad a ninguna parte, y si estâbamos allî fue porque nos tomamos Cra-

tino y yo un cafê en el cafê La ilusiôn.

----Para nosotros êse es el mejor cafê que existe en esta ciudad. Entonces, ya que 

no  tienen plan  alguno, que les parece una invitaciôn para cenar en el restaurante 

de las langostas?

----Para mî es la cena perfecta. Y para tî, Cratino?

----Kosmos, no serîa perfecta para mî, pero no me desagrada.

----Perfecto, muchachos, perfecto!! Dasid, ya sabes hacîa dônde poner en direcciôn

el auto.

----Sî, general, lo acabo de saber porque no soy sordo, pero...

----Pero quê, Dasid, quê pero?

----Quê aûn son las cinco y media de la tarde, y la cena es a partir de las siete.

----Verdad que sî! No tuve en cuenta que aûn es temprano. Hagâmos entonces lo si-

guiente: vamos a mi casa, disfrutamos de un aperitivo y despuês vamos al restauran-

te. Dasid....

----Sî, general, sî, a su casa.

          Al llegar a un paso de peatones Dasid detiene el auto, yo miro hacia el frente y

veo cruzando la cebra a Irene y a Sista, mas como el general conoce a Sista, por verla

una  vez en la estaciôn de policîa, no pudo creer lo que por sus ôculos penetraba: que

Sista  dierâle un beso en los labios a Irene y agarrârala por la cintura. Êste fue el moti-

vo  de  que dijera sin tapujo lo siguiente: la juventud de hoy estâ perdida, decir como

tal que deja calaña de una moral intempestiva en el mundo de hoy, allende que de pre-

juicio, mas como cada cual es responsable de lo que piensa, tiene en cuenta, clasifica

o valora, claramente que yo no sacarîa a puesto, a colocaciôn refutaciôn alguna, pero

pregûntame el general:

---Kosmos, tû que conoces a Sista, que estuviste un tiempo con ella, sabîas que parti-

cipaba en los dos bandos? 

----Siêndole sincero, general, sûpelo no hace mucho, enterême hace poco.

----Y sabes quiên es la otra chica?

----No, general, primera vez que la veo.

        Y entonces Cratino mîrame como queriêndome decir lo que indubitablemente sê:

Kosmos, has dicho una gran mentira, mas sabiendo el porquê de haberla dicho.












 
































































 








 















  




  





 



 






Montag, 24. März 2025

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       Y en cuanto se fue Feliciano quedême pensando cômo fue posible que jorobârase

el  pie derecho en la  zona donde excâbase si precisamente estâ cerrada al paso de los

ciudadanos, allende que puêdese leer en unos carteles en varios puntos del terreno es-

tas  letras: vedado al acceso por la anomalîa del suelo y la sûmula de huecos. Venido/

proveniente de lenguas con poca facundia hâblase de un custodio nocturno que no le

pagan mal por hacer el trabajo de vigilancia desde las doce de la noche hasta las seis

de la mañana; sin embargo, que yo sî que ando por la ciudad cuando impera el mutis-

mo y la lumbre de la luna, jamâs  he visto ni tan siquiera una garita encendida, o que

si no  un punto de  control iluminado con un senecto bombillôn con esa luz amarilla

nada favorable/saludable para leer, sea ya una biografîa que un texto relevante en las/ 

de las analectas de un celebêrrimo artîfice, verbi gratia.

---Kosmos, sabes quê me parece extraño? Que dijera el modisto Feliciano que se joro-

bô el pie en un lugar que no se puede pasar.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Cratino, en esto mismo pen-

saba.

----Quê tû crees de su decir?

----Analizando la res detenida/parsimônicamente, no es posible por lo que a ti parê-

cete extraño y por lo que yo pensaba, que a la postre y al cabo es lo mismo, pero a su

vez es posible, porque ni tû ni yo seguîmosle el paso a Feliciano como para saber por

dônde pasa o adônde va. Mâs nada puêdote decir. Por quê? Porque no lo conozco.

----Resumiendo: que tanto puede ser verdad como mentira.

----Un buen resumen, que aunque breve, corto, de poca extensiôn muy justo.

----Kosmos, aquella chica, con el abrigo de piel carmelita, nos mira con cierta fijeza.

La conoces?

----Câspita! No hace mucho que la conocî.

----Ah sî? Y quiên es?

----Cratino, es la hija de Feliciano, Irene.

----Y por quê no le dijiste a Feliciano, cuando te dijo que tenîa una hija no conocida,

que tû la conociste hace poco?

----Tû sabes que cuando yo no digo algo razôn tengo para quedar en mutismo. Hagâ-

mos una cosa: quêdate tû aquî, y yo voy a ver quê quiere, porque su constante mirar

hacia acâ no es por gusto.

----De acuerdo. Te espero aquî.

       Al canto de observar que dirigîame hacia el lugar donde ella estaba, Irene cruza

un pequeño puente de madera de no muy senecta construcciôn dentro de la parte del

parque destinada a la diversiôn de mancebos, mas como imperaba el mutismo podîa

escucharse claramente el resonar de los tacones de su calzado con un tiempo ponde-

rado, razôn por la cual comparêlos con un metrônomo y, a raîz de esto, comenzâron-

me a pasar algunas melodîas de jaez clâsico. Lo primero que clârame estando frente

a mî es que su presencia en el parque no estaba programada, y que si habîa llegado a

parar a aquî mâs debîase a su desubicaciôn que a otra cosa, algo que pude compren-

der, porque el apartamento de Lurpak [alquilado por ella por tres meses] estâ en una

parte de la ciudad que de no conocerse bien cualquiera pudiera perder la orientaciôn.

Siendo asî la res queda indubitable la casualidad, que el haber dado con nosotros no

fue el resultado ni de un pensamiento ni de una atingencia a un nivel totalmente muy

lejano de la conciencia o de la voliciôn, perîstasis que encântame empero que ora no

sâcola a puesto, a colocaciôn, a fluencia en funciôn de disfrutar un beneficio. 

--Kosmos, como que te has quedado pensando en algo. Espero que no te haya moles-

tado lo que te dije.

---Ninguna pejiguera, Irene, ni nada parecido, sino que por la costumbre de analizar,

de tener en cuenta ciertas y determinadas cosas hûndome en la mar de las formacio-

nes semânticas. Y dime: dônde estâ el anillo de plata con la serpiente?

---Quê buen observador! Kosmos, me lo quitê para limpiarlo ayer y se me olvidô de

nuevo ponêrmelo en el dedo anular.

---Y cada quê tiempo lo limpias?

---Por año una sola vez. Kosmos, ya sabes que estoy de nuevo con Sista?

---Acabo de saberlo, Irene. Y, cômo es la situaciôn de la segunda parte?

---No igual que la primera vez, pero que por segunda no estâ mal. 

---Suntuoso, Irene. Y dime: por quê nos mirabas, a mi amigo y a mî con algo de fije-

za?

---En realidad miraba hacia el lugar donde estaban porque al verte se me dio algo en

lo que habîa pensado.

---Amplifica el algo, am-pli-fî-ca-lo!

---Que en cuanto te viera te dirîa que estaba dispuesta a vender el diario, pero no al

general sino a Matilde.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Le venderâs el diario a ella,

a quien te lo robô?

---Kosmos, es que no deseo que Sista siêntase mal, y mucho menos ahora que esta-

mos de nuevo juntas. Espero que alguien como tû entiendas.

---A la que no entiendo es a Sista, porque dijôme al telêfono que no le dirîa a su ma-

dre que...

----Kosmos, en realidad Sista aûn no ha dicho a Matilde que estâ de nuevo conmigo,

por lo que esto de la venta del diario a ella sôlo lo sabemos nosotras.

----Y ya pensaste en el precio?

----En eso estamos Sista y yo, pensando el cuânto de acuerdo al mâs o menos capital

que tiene Matilde, segûn Sista. Ya sê que esto te lo podîa haber dicho antes por telê-

fono, porque tû me diste tu nûmero, pero....

----Mas nada, Irene, es igual, me da lo mismo por telêfono que en persona.

----Y tienen ustedes algo quê hacer?

----Cuâl es el porquê de la pregunta, Irene?

----Porque de no tener nada que hacer los puedo invitar a tomar algo.

----Tû gastando peculio cuando êste hâcete falta?

----Bueno, es cierto, pero el precio de tres cafês no me afecta mucho.

----Entonces ven conmigo para presentarte a mi amigo, y a continuaciôn nos vamos

a tomar cafê.

          Al cafê con el ônoma La ilusiôn, y situado en una de las avenidas mâs relevan-

tes de la  ciudad llamada Clasinteparia, nombre derivado del alarife que la construyô,

iban en otros tiempos los mâs descollantes escritores y poetas tanto de la ciudad como 

de otras provincias, aunque segûn los de la generaciôn de aquel entonces asimismo vi-

sitado era por una sûmula de desempleados que dâbanse el lujo de perder el poco aho-

rro que tenîan con tal de disfrutar, pasarla bien en un ambiente del todo disîmil al que

de  tedio sobresale en  cafês a los que son asiduos criaturas con traje y corbata. Amên

de por sentirme en un espacio con el que tengo una atingencia, tambiên encântame es-

te  cafê por la cantidad de cuadros de diferentes tamaños que cuelgan de casi todas las

paredes  eyectando  la imago de los escritores y poetas susodichos. Cratino dêjame sa-

ber que nunca estuvo en  este cafê, empero que sî conocîa el nombre, porque su difun-

to progenitor Teôfilo, el de la razôn perdida, cuando quedôse sin laboro, algo deplora-

ble  que sucediô dos años antes de sucumbir, diole por cada dîa a las siete de la noche

venir  aquî para ingerir no solamente cafê sino tambiên un trozo de panetela de choco-

late, su preferida, mas Irene ni sabîa de su existencia; sin embargo, lo que diome pâbu-

lo de curiosidad, dijo inteligiblemente que parecîale como estar en un lugar conocido,

aunque sin sacar a puesto, a colocaciôn el porquê de su parecer. Como solvento contra

la  masa verbal indagativa, y con el têlos de inquirir en busca de una respuesta, en vez

de una interrogativa expuse la forma con la que pasarîa desapercibida una pudiente in-

tenciôn, no ya para a todo trance profundizar en lo posible, sino para extraer con sorna

una resonancia causal, porque de causa y efecto nadie queda exento, aun desconocien-

do este dual aspectivo rara/especialmente asimilado con un simple aprehender.

----Kosmos, recuerdo que me dijiste que tenîa algo de filôsofa, pero te digo ahora que

estoy como que perdida con lo que acabas de decir.

----Irene, esto que has dicho es una buena señal, porque precisamente, y entre otras co-

sas, quien tenga mor por la sabidurîa le es menester perderse, por quê?, porque extra-

viarse ensêñale a cômo hacer el esfuerzo para comprender.

----Esto podrâ ser cierto desde un punto de vista teôrico, pero te puedo asegurar que en

mi caso eso de hacer un esfuerzo estâ muy lejos de mî, nada tiene que ver conmigo.

----Irene, tendrîamos que profundizar, llegar a los corales con el fin de desarrollar una

perîstasis que tiene que ver con tu verba.

----No creo que este sea el justo momento ni el lugar adecuado para hacer tal cosa.

----Kosmos, totalmente de acuerdo con ella.

----Gracias, Cratino, gracias!!

----Dos contra uno! Entonces gana la mayorîa sin sufragio alguno. Pero dime, Irene:

cômo fue que enterôse la autoridad del hurto del diario? Hasta donde yo sê tû no hicis-

te la denuncia.

----Kosmos, eso no lo sê, lo ignoro. Lo que si te puedo decir es que no mucho despuês

de enterarme por Sista del arresto de Matilde y de ella recibî la llamada de la que ya te

hablê.

----Por la cual hiciste creer que habîas desaparecido.

----Asî mismo, Kosmos, asî mismo. Gracias a Diopeites fue que pude quedar un poco

mâs tranquila despuês de esa llamada.

----Espera, que no entiendo. Tû me dijiste que Diopeites te dio la luz al dejarte saber

lo del apartamento que alquilaba Lurpak, no?

----Sî, eso te dije, pero en realidad la verdad es que seguido a la llamada fui a la cate-

dral barroca a hablar con êl con la intenciôn de escuchar sus palabras, las que siempre

me han ayudado a calmarme al tener un problema o mala conciencia por algo, que si

no un motivo por el cual se debilita mi estado de ânimo, pero pasô que a continuaciôn

de sus palabras dîjome que si lo deseaba podîame quedar en una pequeña estancia en

la  parte derecha de la  catedral que êl tiene reservada para casos especiales y todo el

tiempo que fuera necesario.

----Irene, y cômo se entiende que si te dijo que podîas quedarte todo el tiempo que...

----Cratino, que ya sê lo que vas a preguntar, por lo que la respuesta es la siguiente:

no me quedê en esa pequeña estancia por su frialdad, ademâs de que un poco hûme-

da, algo fatal para mi garganta, de la que siempre he padecido.

----Ahora sî que entendî.  

----Irene, y si vuelves a recibir la misma llamada.

----Eso es imposible, Kosmos, porque me comprê un nuevo telêfono y con otro nû-

mero.

----Irene, y si el que te llamô conoce tu semblante, te ha visto en algûn lugar?

----Contra, Cratino, que me pones nerviosa. 

----In casu la soluciôn es una peluca.

----Me causas la risa, Kosmos, me has dado ganas de reîrme. No, no creo que sea pa-

ra tanto, para cambiar por la calle mi identificaciôn, para dejar de ser la que realmen-

te soy cuando camino.












 




 






 














  



 


 



























 




 




 




 






 







Freitag, 21. März 2025

140

        La continuaciôn de la verba se fue por otro camino que nada tenîa que ver con

la fiesta, mas al llegar a su punto floreciente, es decir, al alcanzar esa mostraciôn co-

lorida  con la cual  pudiera desarrollarse con algo de especiosidad, veo pasar por de-

lante de nosotros al modisto Feliciano caminando a trancas y barrancas. Al percatar-

se de nuestra presencia acêrcase un poco, por lo que pensê yo que preguntarîanos al-

go, pero quedê con la boca abierta cuando dejôme saber que el dîa que el tiro el bus-

to por la ventana habîame visto en el balcôn de mi apartamento. En lo que pasâbase-

me el asombro, porque con la oscuridad de la nocturna no sê cômo pûdome ver, pro-

nuncia mi ônoma acentuando la ûltima o, y sin dilaciôn comunîcame que nada tenîa

êl de adivino, ya que si sabîa mi nombre era porque su hijo, Arsel, dijôselo. Seguido 

a mi pertinente claraciôn de que no llamâbame Kosmôs sino Kosmos, êl râpidamen-

te  saca a puesto, a colocaciôn  la palabra disculpa, pero como un acento no es sufi-

ciente  motivo, no es ese  dar pâbulo basto para mencionar la susodicha palabra, so-

bre el pucho dîjele que no era menester, reaccionando êl con un fruncir el ceño que

hasta a mî  mismo asustô. Por su hijo asimismo supo que yo conocîa al pensionado

banquero  Metôn, y que  por esto a lo  mejor yo ya sabîa, estaba enterado de que êl 

fue cliente de su banco, empero como caracterîzame la sensatez dîjele que en lo ati-

nente  a sus clientes Metôn nunca hablôme de ellos; al contrario, que sobre esta res

guarda un paradigmâtico mutismo. A raîz de esta verba mirôme un poco desconfia-

do, mas de no haberme creîdo (ya) es su problema.

---Kosmos, pero si tû conoces a Metôn quiere decir  o que le caes bien o que te to-

ma por su hijo, porque al relacionarme con êl, como cliente de su banco, pude no-

tar este aspecto de su personalidad, por lo que teniendo en cuenta esto êl tiene ple-

na  confianza en ti; y si la  tiene, algo mâs que suficiente para mî para pensar mâs

de una cosa, creo que tû no eres un cualquiera, uno al tanto de ciertos beneficios.

----Muchitantas gracias por su verba! Pero adônde usted quiere llegar?

----A  decirte que el busto que lancê por la ventana era de una hembra con la que

tuve relaciôn.

----Y por quê usted tirô a la hembra por la ventana, que diga, el busto?

----Porque  me cansê de mirar la imagen cortada de la madre de una hija que con

ella tuve que jamâs he conocido.

      Con esta revelaciôn dime cuenta de que Metôn no estaba del todo bien informa-

do, porque dîjome que Feliciano no sabîa que tenîa un retoño con la criada que tuvo

la difunta esposa del general, la progenitora de Esmeralda. Pensando que pudiêrase

complicar la cosa de decirle que yo sabîa donde estaba Irene, su hija, allende de que

con este barrunte quedarîa Metôn como un Ascâlafo, o sea, como un informante-de-

nunciante, no pensêlo dos veces para hacer el siguiente excurso:

----Sabe usted, hace años que vivimos en el mismo barrio (Strawinsky) y, sin embar-

go, no nos conocîamos, y lo mâs deplorable: somos vecinos lejanos.

----En realidad, Kosmos, hace años que no salgo a la calle, solamente abandono mi

vivienda cuando me hace falta algo en concreto, o cuando mi hijo tiene necesidad de

alguna  medicina, ademâs  de que con el trabajo de modisto no me puedo dar el lujo 

de perder el tiempo en banalidades sociales, una realidad que no puedo pasar por al-

to.

---Si lo capto bien, me ha querido decir usted que el oficio que realiza estâ recarga-

do de encargos, que los pedidos de elaboraciôn son muchitantos?

---Kosmos, es que en esta ciudad el precio de la ropa es cada vez mâs alto, y sobre

todo las mujeres me piden que les haga vestidos, los que claramente les vendo bara-

tos.

---La dadora competencia, señor!

---Kosmos, de no ser inteligente o experimentado, cômo lograr hacer un capital?

---Entiêndolo perfectamente!

---Y tû a quê te dedicas?

---Al ocio!

---Cômo que al ocio? Y cômo puedes vivir con êl?

---Siempre hay una soluciôn, crêame. Nada es tan malo como pudiera ser.

---Como que suena filosôfico, no?

----Por antonomasia êsa es mi materia.

---Que no encaja mucho con el tiempo actual, pero si lo dices....

---Yo sê lo que dîgole, señor, sê de la materia que es la mîa. Y dîgame: por quê us-

ted camina con dificultad?

----Kosmos, porque al pasar por la zona donde se estâ excavando me jorobê el pie

derecho.

----Entonces tuvo usted la necesidad de salir?

----Asî es Kosmos, porque mi hijo, Arsel cogiô un resfriado por causa de la ûltima 

nevada y tuve que ir a la farmacia.

----Câspita!! Cuando me encontrê con êl en la escalera de mi edificio parecîa estar

sano.

----Es igual, la cuestiôn es que ya estâ mejor. Pero sabes quê, Kosmos?

----Amplifique, el quê, amplifiquelo!!

----Que ahora quien necesita algo de la farmacia soy yo por el dolor que tengo en

el pie.

----Señor, y si usted lo desea, yo puedo ir a la farmacia y comprarle lo que hâcele

falta, que desde aquî hasta el lugar al que usted va la distancia no es corta, y con el

dolor que usted tiene parêceme que...

---No no no, de ninguna manera, que a pesar del dolor puedo caminar, pero muchas

gracias.

----Desêole entonces rauda mejorîa.

----De nuevo las muchas gracias, Kosmos, y disculpa por haber interrumpido la con-

versa con tu amigo.

----No hace nada, señor, que la conversa entre nosotros puede siempre continuar. Mi

amigo onômase Cratino.

----No! Verdad? Cratino, el hijo del difunto Teôfilo, el de la razôn perdida?

----El mismo, señor. Y usted conociô a mi padre?

----Te digo, Cratino, que Dinora, la fanâtica de la aurora, como le decîan, de vez en

cuando pedîame que hiciêrale algûn que otro vestido, pero como tu padre era el que

pagaba por esta razôn nos conocimos. 

----Me agrada saberlo, pero debo decirle que mi padre jamâs mencionô su nombre.

----Motivo alguno tendrîa para no decirlo, algo muy de êl, pero de todas maneras es-

to no cambia nada, o mejor dicho, no cambia el pasado. 

----De quien sî que supe, por revelar su nombre, fue de Aristofôn.

----Ah, Aristofôn, el buen amigo de tu padre. Precisamente tu padre pagâbame en la

cabaña que tenîa Aristofôn en el bosque de los liberales, pero nunca le preguntê por

quê siempre aquî y no en otro lugar.

----Y conociô usted a Aristofôn?

----Sôlo oî varias veces a tu padre decir su nombre, que asimismo el de Metrique, la

querida de Aristofôn. Vaya cosas las de la vida: acabo de conocer a mi vecino en per-

sona, y al hijo de Teôfilo, un  conocido  de los viejos  tiempos. En fin, muchachones,

les deseo lo mejor y que tengan un buen dîa.

----A usted tambiên, y que le pase lo mâs pronto posible el dolor.

----Gracias, Cratino, gracias!!

----Y nosotros en cualquier momento nos vemos por estar cerca. 

----Eso espero, Kosmos, eso! Y adiôs, que me urge el medicamento contra el dolor.

      







 




 



 




















 



 
















 





  

Dienstag, 18. März 2025

139

       A las dos de la tarde encuêntrome con Cratino en el mismo lugar donde nos volvi-

 mos  a ver despuês de  pasar treinta años de terminar el preuniversitario: en el parque

donde  hay un banco protegido por el tronco de un sauce, mas sin que esta vez eyecta-

ra  êste su llanto verdoso, sino que mâs bien una patêtica aridez por ser invierno. Fijê-

me que la madera del banco habîa perdido un poco el color, aunque asimismo que sus

patas  estaban oxidadas, lo  que traduce una sola cosa: el descuido o la indiferencia de

quien  fuese  responsable de mantener su buen estado, lo que de facto ni extrâñame ni 

sorprêndeme  ni resonancia  dêjame: pudiera estar en la inopia como para desconocer

lo que pasa en esta ciudad? Como el objetivo de nuestro encuentro nada tenîa que ver

ni con la querella ni con la crîtica dejê de observar el banco, y sin dilaciôn pregûntele

a  Cratino quê pasaba, porque  al escuchar su voz cuando llamôme convencido quedê 

de la necesidad que êl tenîa de decirme algo.

---Kosmos, te acuerdas de las pastillas de las que hace tiempo te hablê?

---Te refieres a las que no sabîas si eran o no anticonceptivas?

---A esas mismas, Kosmos.

---Por lo que me voy imaginando son las que toma Juliette?

---Asî es, Kosmos, pude saber que eran para eludir el embarazo.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Cratino, y que las tome es tan

preocupante como para que tengas la jeta como la tienes?

---Kosmos, y cômo tener otra que no sea la que me pertence? Cômo la tengo?

---Te explico despuês, mâs tarde. Sabes quê, Cratino?

---Quê, Kosmos, quê? Que vas a empezar con tu jueguito?

---Que descubrî una cosa.

---Cuâl?

---La caja vacîa del utensilio que utilizan las fêminas para saber si estân embaraza-

das o no.

---Cômo? Y no te habîa dicho nada Aspasia?

---Ni tan siquiera una alusiôn.

---Y el utensilio quê?

---Que lo busquê por todo el apartamento y no encontrêlo.

---No me queda otra cosa por pensar que Aspasia o lo escondiô o lo lleva consigo.

Pero no entiendo una cosa: por quê Aspasia no te dijo nada?

---Cratino, porque de embarazo ella no quiere saber nada; lo rechaza al cien por cien-

to.

---Puedo entenderlo, pero te pudiera haber dicho que...

---Cratino, sabes quê? Que me da igual.

---Kosmos, eso no es cierto, porque de darte igual no hubieras buscado el utensilio.

---Lo busquê por la razôn siguiente: por la de hacer algo en el tiempo que tenîa.

---Cômo?

---Escucha. Cuando terminê de secar el piso aûn quedaba una hora y media para que

fuesen las dos de la tarde.

---Kosmos, que no te conosco del dîa anterior al de ayer.

---Y por quê no dijiste de anteayer?

---Tû haciêndome esta pregunta? Un erastes del decir desigual al del decir habitual?

---Un erastes del decir [...], aplausos, Cratino, a-plau-sos!! Cratino, dijiste que no en-

tendîas una cosa: el porquê de que Aspasia no dijêrame nada, empero ora pregûntote

a ti: por quê no dîjote Juliette que las pastillas eran contra el embarazo?

---No tengo respuesta, Kosmos. Por quê? Porque no la sê.

---Y si la supieras, me la dirîas?

---Claramente que sî. Por quê no decîrtela?

---Eso solamente lo sabes tû.

---En fin, kosmos, me cuentas un poco sobre la fiesta de cumpleaños de Esmeralda?

---Age, Kosmos, age!! Escucha. Empiezo por decirte que Anabel te manda saludos.

---Interesante!! Bueno, a ver, suelta la lengua.

       Pensê que seguido a contarle los detalles, que de ôrdago pudieran ayudarlo a lle- 

gar  a una conclusiôn que si no a inferir con soltura, Cratino dejarîa calaña de una ri-

queza verbal teniendo en cuenta o aquêlla o êsta posibilidad de escoger una vîa con-

creta de explayamiento, empero confieso que desilusionême al decirme simplemente

que  Juliana llamô a Juliette para pedirle una reconciliaciôn, peticiôn que de facto re-

chazada  fue por caracterizarse êsta por un coralino rescoldo. Pero si algo resultôme

interesante  fue lo siguiente: que Juliana hiciera la llamada unos  pocos minutos des-

puês de haberse ido del jolgorio, lo que posiblemente es vestigio o de su frustraciôn 

o de su desasosiego, dos estados acarreantes de una determinada/especîfica conduc-

ta que de acuerdo al sujeto que têngala es que puêdese adjetivizar.

---Entonces, Kosmos, tû crees que la razôn de que la progenitora de Juliette se haya

ido  de la fiesta es por la de estos estados, que no por la intervenciôn del general pa-

ra evitar una discusiôn o riña entre Matilde Ronco Espinoza y Cristina?

---Cratino, la susodicha intervenciôn pudo desencadenar una ringlera de pensamien-

tos cortos, y con êstos Juliana pudo sentirse afectada o no tan apreciada...

---Y celosa?

---Tambiên, no queda descartada la celosîa, mas sabes quê? El elixir para êsta es râ-

pido un buen trato, aunque asimismo una sûmula de besos con profundidad y dura-

ciôn, algo que pasô por alto el general mâs atento a la fruiciôn, al divertimiento, al

echa en la copa la dadorîa de Baco que a lo dador que a una fêmina acicata. Por es-

ta breve discursiva es que dije que era posiblemente un vestigio de la frustraciôn o

del  desasosiego de Juliana. Es un gran paquete, amigo mîo, y donde cabe una sig-

nificante materia de jaez vigoroso. 

---Pudiera clasificar de endeble el estado de Juliana, de lo que sale que con la inten-

ciôn de buscar un ponderamiento le fue necesario llamar a su hija.

---Êsa es la res, Cratino, que asimismo por lo dêbil/flojo de un estado busca el hom-

bre una salida, una compensaciôn....un solvento; pero eso sî, aunque no se piense o

valôrese  como pernicioso, antes de caer en el vacîo negro del que sî costarîa traba-

jo salir.

        Sorprêndeme Cratino con su decir de que las dos damas que llegaron a la una

de la madrugada al jolgorio êl las vio con sus prismâticos, y desde su apartamento

en el edificio encima del macizo montañoso (karakorum), en el bosque de los libe-

rales, y  con la misma  vestimenta que yo dîjele que tenîan en la fiesta cuando con-

têle los detalles de êsta. Ostensiblemente que pareciôle raro que estuviesen tan pim-

pantes en un lugar donde descolla la pura naturaleza, y como tal ningûn ôculo mâs-

culo podîa contemplarlas, estarîa allî para educir despuês del debido/adecuado/per-

tinente/tempestivo anâlisis  que por la forma con la que arropâbanse no podîan ser

dos  fêminas que  vivîan en la pobreza, Esta observaciôn tiene su riqueza, empero

habrîa que agregar un dato que a mî parêceme relevante para la comprensiôn:

----Cratino, no deberîas pasar por alto la cuestiôn de la apariencia que es indefecti-

ble por la costumbre, la madre de cuasi todos los vicios, lo que traduce que aun en

un bosque no pudiera faltar, igual si mirada o no; es mâs, existe la apariencia obje-

tiva y la subjetiva: aquêlla caracterîzase por la intenciôn, o sea, que eyêctase con un

fin concreto; êsta por un propôsito no tan definido, pero no exenta de una demostra-

ciôn que favorece al orgullo.

----De esto me entero ahora, kosmos, no lo sabîa.

----Câspita!! No todo puêdese saber. Asimismo a mî quêdanme cosas por aprender.

Y dime: mâs o menos a quê hora fue que las viste?

----Antes que anocheciera.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!

----Por quê repites tu epîmone casi favorito?

----Cratino, porque cômo verlas con la nocturna.

----Ah, eso,,,sî, tienes razôn. Mâs o menos antes de las seis. Y quê significa saber

esto?

---Que si llegaron al jolgorio a la una de la madrugada llevaban tiempo con la mis-

ma ropa puesta.

----Y?

----Y nada, Cratino, que es sôlo un anâlisis

----Quê si no contigo?

----Lo que sâbese pregûntase?

----No, Kosmos, no se pregunta. Y de dônde tû crees que las conoce el general?

----Cratino, si Esmeralda no lo sabe, cômo crees que sêpalo yo?

----Tû te llevas bien con el general, no?

----De acuerdo, mas no por esto tendrîa que contarme todo acerca de su vida priva-

da. Sabes quê? Que goce mientras pueda, que entre en fruiciôn antes que el....

----Deja, deja, te entendî. Y quê dijo Esmeralda?

----Quê va a decir si ella no las conoce.

----No es una buena razôn para decir algo? De conocerlas ya sabrîa, y sabiendo lo

que pudiera saber quê dirîa de lo que sabe?

----Captândote taxativamente, puêdese decir algo de lo que no sâbese? Dîcese de

lo que sâbese.

----En fin, Kosmos, que lo conviertes/transformas todo con un fin exclusivo: sa-

car provecho.

----Tû precisamente sabes que êse no es el têlos.

----Un brinco de sapo en la hoja de malanga! Quê me dices de Anabel, baila bien?

----Normal, nada conspicuo como para suspirar. Eso sî, pêgase como una babosa.

----Y esto no es un buen motivo para suspirar?

----Pudiera ser, mas no suspirê. Cômo crees que caerîa tan fâcil en la trampa de la

babosada?

----En la trampa? Tû crees que pêgose intencionalmente?

----Cratino, quiên es el que quiere ora sacar provecho?

----Kosmos, y quê ganarîa en sacarlo?

----Extraer informaciôn de la masa expositiva, ya que de acuerdo a lo que dîgate po-

drîas saber mâs de Anabel, la que yo sê que gûstate.

----Digamos que me cae bien, pero de esto a que me guste hay una distancia tremen-

da.

----El tramo ampulado es una ilusiôn tuya. De facto caer bien acorta la distancia, en-

tonces tremenda no puede ser, porque cômo puede ser algo tremendo de tener reduci-

da su dimensiôn?

----Cômo? Regresas a la Kosmona, a la mesa redonda de los contertulios?

----Cratino, la localidad de mi novelôn es mi testa. Cômo regresar adônde no me he

ido?

----Ya! Que no te puedes quitarte la cabeza.

----Mâs o menos êsa es la res.









































 



 




 





 









 





  








 



 





















   

Donnerstag, 13. März 2025

138

        Al pasar por el negocio de Cristina (la que mejor se inclina cuando es propicia la

ocasiôn) quêdeme un poco atônito por lo que vi: mi tîo comprando dos botellas de vi-

no, razôn por la cual fueme urgente saber desde cuândo el ingerîa la dadorîa de Baco.

Tan pronto como Cristina me vio dîjome que no pensara mal de ella por lo que yo ha-

bîa  visto en la fiesta, agregando  que ella estaba completamente segura de su femini-

dad, por lo que pensar en la posibilidad de su participaciôn en los dos bandos serîa un

error de la criatura que por su testa pasara el susodicho pensar. Indubitablemente  que 

su verba no es cierta, porque no sôlo por lo que vi, sino que asimismo por el lûdico de 

manos que tuvo con Matilde Ronco Espinoza, el acto juguetôn es la prueba de su gus-

to por las hembras, de su querer gozar sensualidades que benefician, que son gratas a

los sentidos. Pudiera comprender que su verba funciona como protecciôn, tal vez por

ser la primera vez que ve a mi tîo, o que si no como manipulaciôn con la cual intenta-

rîa  persuadirme a mî, mas en realidad dame igual que haga con su cuerpo lo que me-

jor parêzcale. Seguido a pagar las dos botellas, mi tîo despîdese de Cristina, mas an-

tes de salir êl y yo del negocio, ella pide de favor el cierre de la puerta.

      Eran ya las cinco y media de la mañana. El cielo mantenîase cubierto, tapado por

la grisalla. El lloviznôn, al parecer, no querîa caer, mas del brazo derecho de mi tîo un

paraguas colgaba, motivo por el cual la bolsa con las dos botellas agarrâbala con la iz-

quierda mano, lo que traduce que el lado izquierdo pesaba mâs que el derecho, empe-

aun  asî êl mantenîa el  equilibrio. Seguido  a caminar unos pocos metros êl pregûnta-

me  de cuâl fiesta tratâbase, respondiêndole  yo al canto que la hecha por el cumplea-

ños de Esmeralda. Esta respuesta diole pâbulo de que hiciêrame la segunda pregunta:

---Kosmos, y entonces estuvo presente el general, no?

---Êsa es la res!! 

---Y cômo estâ mi viejo compinche?

---Cuando te cuenta no podrâs dudar de que estâ como êl quiere estar.

---No sê por quê sospecho que esa Cristina.... En fin, espero que me cuentes, pero en

quê momento, cuândo?

----El kairos llegarâ. Y dime tû: desde cuândo ingieres la dadorîa de Baco? Ya dejaste

de tomar tê?

----No! Quê preguntas?! Sigo con el tê, pero como empecê a tener problemas para dor-

mir comencê a beber vino, remedio mejor que cualesquier pastillitas.

----Câspita! Cômo yo no saber eso? Te debo preguntar algo.

----Quê?

----Conoces algûn cerrajero?

----Tû preguntândome eso?

----Escucha. Metôn tiene problemas con la cerradura de su caja fuerte, por lo que me

pidiô que te preguntara lo que te preguntê.

----Tendrîa que buscar entre las no sê cuântas tarjetas de presentaciôn que tengo, toda

una colecciôn de êstas. Pero por quê Metôn te pidiô que me preguntaras?

---Eso no lo sê. 

---Ni que el mundo de la cerradura fuera el mîo. Pero estâ bien, ya buscarê y te digo.

---Age!

---Y quê vas a hacer ahora?

---Quê tû crees que yo (ora) a esta hora harîa?

---Irte a la cama, no?

---Y si lo sabes por quê preguntas?

---Ya sê, por tu novelôn, que lo que se sabe no se pregunta, pero...

---Mas nada, tîo, mas nada!!

---Vaya afirmaciôn brutal, torpe,,,,pesada. 

---Y el tuyo, cuâl es tu prôximo hacer? Te dejo saber que no lo sê. Por quê. Porque

tû improvisas.

---Bueno, tû repites; yo, improviso. Te respondo: escucharê mûsica clâsica.

---Pues sabes quê? 

---Quê?

---Escûchala!! Y yo a dormir, cômo Endimiôn?

---Como quiên es el sîmil que tû nombraste. Te aviso cuando sepa lo del cerrajero.

---Espero tu aviso, es-pe-rô-lo!  

          Al penetrar en mi apartamento no hice otra cosa, como la primera, que sentar-

me en el sofâ y prender un cigarro. Cuando terminê de fumarlo abrî un poco la puer-

ta del balcôn, porque si no quiên aguanta el responso de Aspasia por el olor de lo ya

convertido en pavesa,  y al canto quitême el calzado y acostême a dormir en el sofâ.

En lo que dormîame, mis ôculos cerrâbanse para entrar en la dimensiôn de la deidad

de los sueños, comenzô a caer un vigoroso lloviznôn, empero a pesar de su adjetivo

no levantême para cerrar la puerta. Cuatro horas y media despuês despiêrtame Aspa-

sia, y un tanto molesta pregûntame:

---Kosmos, por quê no cerraste la puerta del balcôn?

---Aspasia, quiên fue quien durmiô en el sofâ?

---Claro que tû, pero mira la cantidad de agua que ha entrado. Sabes quê? Vas a se-

car tû.

---Câspita!! Vaya trabajo difîcil! Mas dime una cosa: tiene que ser ora mismo?

---Eso me da igual, pero de que secas secas tû.

---Côgelo con calma, que es solamente agua. 

---Se nota que tû no eres el que limpia. 

---Ya te vas a tocar el chelo en la catedral barroca?

---No sê aûn si lo puedo tocar, depende de cômo siga el tiempo, ya que si llueve de

nuevo no vale la pena que lo toque porque no pasa nadie y, como tal, no gano nada.

---Y entonces quê, te quedas o te vas?

---Me parece mejor ir primero a comprar par de cosas que necesito, y si llueve otra

vez regreso.

---Par de cosas? Cuâles son?

---Ya las verâs si regreso por lo que te dije, o mâs tarde si es que no regreso.

---A la postre y al cabo, y si antes o despuês, la cosa es que las verê.

---Hasta la mâs mînima cosa tû la dices con ritmo. Entonces me voy, y ya estâ pre-

parado el cafê.

---Quê si no preparar la amante del cafê? 

---Eso, Kosmos, eso. 

           Simultâneamente a la salida de Aspasia por la mismîsima puerta, Cratino me

llama, y pregûntame si podîamos encontrarnos en el lugar donde despuês de treinta

años  nos  volvimos a ver. El porquê de que precisamente en este lugar no lo pasê a

pregunta, pero sî que dîjele que como deberîa cumplir con el cometido de poner en

el trapeador la colcha para secar el piso en cuanto terminara con esta tarea llamâba-

lo  para saber la hora del encuentro. Finalizada la llamada levantême del sofâ, y sin

ponerme  el calzado fui a la cocina para ingerir cafê, y esta vez con muchitanta azû-

car como elixir contra el alcohol. En lo que echaba el cafê en la taza observo que en

el  fregadero estaba la caja vacîa del utensilio que utilizan las fêminas para saber si

estân  embarazadas o no. Êsta pudiera ser la causa de que Aspasia estuviese moles-

ta, porque  conociêndola  como la conozco en el caso de haber quedado preñada tu- 

viera un motivo mâs que bastîsimo para preocuparse, o para tener un estado anîmi-

co que en nada beneficiarîala. No harîa falta llegar a una conclusiôn, sino mâs bien

entender su forma de pensar o de comportarse a partir de lo que ha dicho en mâs de

una ocasiôn: que no quiere ser progenitora por la responsabilidad que hay que tener

para  toda la vida, de lo que sale su rechazo a traer una criatura al orbe, a este mun-

do--que  sea el  mejor (entre los mundos [que en mutismo quieren ser] posibles, ya

hace tiempo que es vela de la barca de Leibniz)---con sus estrellas y planetas.

        Cincuenta minutos despuês llamê a Cratino, mas como el objetivo de la llama-

da era solamente para saber a quê hora nos encontrarîamos la conversa entre ambos

fue  corta. Quedamos en vernos a las dos, empero como aûn faltaba una hora y me-

dia tenîa tiempo suficiente para buscar el utensilio que utilizô Aspasia para saber si

estaba preñada o no, siendo el porquê de decir el verbo buscar el siguiente: porque

hallar  cualesquier cosas de  tamaño minûsculo en mi apartamento no es nada fâcil,

mas antes de empezar la bûsqueda pasô por mi mente esta interrogativa: Y si Aspa-

sîa escondiô el utensilio en su cartera, lo dejô caer en êsta para que yo no encontrâ-

ralo, no serîa mejor no buscarlo y quedarme ocioso? Con esta pregunta, y en lo ati-

nente al adjetivo que proviene del sustantivo otium, cômo no acordarme de los epi-

cûreos? Para  êstos el otium ludica un relevante rol por estar correlacionado con la

naturaleza del antropo y, por (lo) tanto, tiene un vînculo  con un estado natural que 

de vivir de acuerdo con êl el hombre vivirîa con eudemonîa, algo que varias veces 

refutô  un pragmâtico moralista e înclito estoico, allende de que por un tiempo [de 

un periodo imperial romano] condenado al exilio. Si me preguntaran cômo me me-

to y salgo de mis propios embrollos totalmente incôlume del embate verbal carece-

rîa  de la respuesta absoluta, mas de lo que sî estoy seguro es de que no es relativo 

mis enredos y lîos tener, lo que traduce que al tenerlos atiborro mi pensar de dado-

rîas indefectibles aun siendo mînimas o pequeñas. Y quê? Punto a la raya y que la

letra continûe? No! Mejor de la letra olvîdome ora, y ocûpome de buscar el susodi-

cho utensilio. 


 







  



            






















  



 



 
























 





 



 

Montag, 10. März 2025

137

        Maravillôme que Anabel, y algo que sucediô despuês de que ella tomârase la pri-

mara copa de vino de la ûltima botella, disculpârase por la forma en que habîame mi-

rado. Clârame  que lo primero que hizo al entrar en la cocina, algo que de hecho (por

imposible no quedaba) ya habîalo imaginado, fue preguntarle a Esmeralda sobre cier-

tas cosas que yo digo, que expreso un tanto desagradable, empero que al enterarse por

aquêlla, y por la respuesta dada, de que no es que sean un tanto poco placenteras, sino

que mâs bien tienen relaciôn con un mundo verbal muy tîpico mîo, allende de que con

un jolgorio semântico con una riqueza de significados e inventivas particulares, raudo

pudo entender lo que (hasta el momento) desconocîa: que yo con lo fâcil cuasi que na-

da tengo que ver. Por este motivo levantô la copa, quedôseme mirando, y dijo con tre-

meda jovialidad que no podîa faltar un brindis.   

        Hecho êste, Caspar se levantô con el fin de poner una mûsica mâs acorde con el

momento, o sea, mâs con un vînculo engendrante de correspondencia, de acercamien-

to somâtico, etc. Como yo sê que esto pudiera resultar pernicioso, o tener su pertinen-

te  consecuencia, no celebrê con muchitanto entusiasmo esta idea acopas, pero como

Caspar  pidiôme que no  quedârame sentado, que aprovechara la ocasiôn (ideal) para 

bailar con Anabel, pûseme en posiciôn vertical y saquê a bailar a êsta. La cercanîa de

su  cuerpo recordôme un lejano suceso: la bofetada que diêronme debido a la soltura

de  mis manos, ligero golpetazo en el semblante con el que aprendî a no hacer lo que

otros con mâs experiencia recomiendan realizar solamente para ellos divertirse, tener

un motivo de risa, la confirmaciôn absoluta de que saliêronse con las suyas, una y de

las  tantas formas de  autodominio que aun no ha perdido su vigencia, a pesar de que

en la actualidad el conocimiento que posêese sobre ciertas cosas es muy disîmil al de

otras êpocas, algo que marca/subraya/acentûa una diferencia.

       Una hora despuês Anabel nos deja saber que îbase, preguntândome a mî si la po-

dîa concomitar hasta la puerta de su casa, que por ser exactamente las cinco de la ma-

ñana el bus nocturno ya no pasaba, y como tal no querîa caminar sola y corriendo el

riesgo de que alguna criatura ebria metîêrase con ella para decirle algo desagradable.

Como a mî aûn quedâbame tiempo para estar despierto, como el bûho de Minerva en

cualesquier ramas, respondîle que sî, que tendrîa mi compañîa hasta que llegase a su

destino, mas que como precauciôn caminarîamos por la parte de la ciudad mâs distan-

te de la zona donde los amantes del alcohol reûnense como hormigas, empero lo que

a su vez significa que necesîtase mâs tiempo por ser la distancia a caminar mâs larga,

teniendo  en cuenta ella la tranquilidad que siêntese al saberse que por donde uno va

estâ  libre de la presencia de borrachos atrevidos, por lo que vale la pena caminar un

poco  mâs con tal de eludirlos, de no enfrentarlos, de ni tan siquiera prestarles la fos-

forera  para que prendan un cigarro. Llamôme la atenciôn que mencionara un encen-

dedor alguien que no fuma, a no ser que como yo sî [...]. Y en fin, que salimos por la

puerta [de la nueva vivienda de Esmeralda y Caspar] a las cinco y diez minutos des-

puês de despedirse de aquêlla y de êste con besos y abrazos.

        Ya habîa cesado de llover, pero el cielo no estaba despejado---la grisalla que lo

cubrîa pudiera ser la causa de un prôximo lloviznôn----, y los charcos multiplicâban-

se  como gotas ingentes sobre la superficie de calles y aceras. La humedad descolla-

ba y la comunicaciôn entre pâjaros invisibles, porque cômo se van a ver si estân me-

tidos entre los ârboles, resonaba como matraca china. Los trabajadores de las jorna-

das que comienzan a las seis arrumbaban sus pasos hacia el lugar de labor. Los cus-

todios nocturnos retornaban a su vivienda. El medio de transporte que carga con el

peso de la sûmula de periôdicos parâbase en los kioscos donde êstos son vendidos,

establecimientos muchitantos en esta ciudad. Alguna que otra carrusiana no perdîa 

la esperanza de cobrar su repetido precio, lo que dêbesele pagar por vender sus for-

mas. De la panaderîa de la calle Oslo salîa el fresco olor del pan en el horno. Lato-

nes  de basura que oîanse  rodar para  vaciarlos. Un felino que maullâbala a su pro-

pia  sombra eyectada en un  muro. Un sin techo en descando durmiendo en un ban-

co cubriêndose el cuerpo con las cajas provenientes de la firma Electrolux. La grûa

que  llevâbase un carro por estar parqueado en una zona donde habîa un cartel que

estaba vedado el estacionamiento. Una flaca que corrîa al lado de su can oriundo de

Deutschland. Los placartes de un cantante famoso que pegaba en los postes de luz

un señor que fumaba una inveterada cachimba. El portero asiâtico Li que despedîa-

se  de los que salîan de la  discoteca a punto de cerrar. El adulterous que asperjaba

los  labios de su querida con una saliva adusta, mas como si fuese este rozamiento

el ûltimo que dâbale. Un globo rojito encajado/metido, hundido en uno de los pin-

chos de una reja colorada como si fuese un preservativo. Un judio en bicicleta. La

cola  de taxis con choferes  con sueño. La carcajada de un psiquiâtrico que miraba

una mîmesis que apellîdase de escaparate. La impune detenciôn de....

---Kosmos, disculpa la interrupciôn, la que es debida a que como ya estamos casi

en la puerta de mi edificio mi deseo por decîrtelo no podîa postergarse. Fue grato

placer tener tu compañîa. Gracias!! No quieres subir a conocer mi apartamento?

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! No, Anabel, no!! Crêeme.

que con la carga que tengo de la dadorîa de Baco es mejor que aquî abajo quêde-

me.

----Como quieras. Adiôs, y espero que puedas dormir bien.

----Yo asimismo dîgote lo mismo. Adiôs, Anabel, adiôs!!
















  





 











  






    

Samstag, 8. März 2025

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         Como Anabel no conôceme lo suficiente para entender que mis ûltimas palabras

mâs tienen que ver con lo provocativo que con lo despectivo o peyorativo era de espe-

rarse que mirârame con mala jeta, pero como tal vez dejarâselas saber a Esmeralda en

la  cocina êsta clararîale  sobre la forma  tîpica con la que yo ludico, y por lo tanto, lo 

mucho y una buena cantidad pudiera entender con quê estân relacionadas, aun dejan-

do Esmeralda en algûn momento calaña de estupefacciôn al escuchar lo dicho por mî, 

mas como estâ al corriente de mis marranadas verbales con un sentido instigador/ ex-

citante/sugerente serîale mâs fâcil dar una dilucidaciôn. [La cuestiôn especîfica de re-

mover la conciencia del interlocutor con una masa lingüîstica (corta o larga) pocamen-

te circunspecta, lo que no traduce que por ser de este jaez fâltele seriedad, tuvo un 

tremendo arraigamiento en los cîrculos mâs ilustres de juglares con amplitud de pers-

pectivas, aunque  asimismo con un sentido humorîstico que sobrepasaba el nivel de la 

risa habitual de una êpoca regida por las ambiciones y vituperios de Vaughan].

     Despuês de volver a embadurnar el cristal (de Murano) de mi copa con la dadorîa 

de Baco, Caspar pregûntame el motivo por el cual Anabel mirôme no con buen sem-

blante, mas antes de responderle quise saber cômo êl sabîa que mirôme asî.

---Kosmos, como ya son pocos los presentes en la fiesta, y como tal hay mâs espacio

para ser testigo visual de algo determinado....

----No hace falta que sigas, Caspar, que ya sê cômo lo supiste. 

----Y la respuesta a mi pregunta quê?

----En lo atinente a ella, Anabel mirôme con mala jeta porque yo dîjele unas palabras

que indubitablemente no entendiô bien, o las interpretô dândoles otro sentido.

----Y cuâles son esas palabras?

----No tienen relevancia, Caspar, y, como tal, ya el viento llevôselas.

----Kosmos, viento aquî dentro de la casa?

----Câspita Caspar!! No debes entender taxativamente.

----Sabes que me dijo Esmeralda?

----Amplifica su decir, am-pli-fî-ca-lo!

----Que Anabel le preguntô el porquê de que Cratino no estuviese en la fiesta.

----Como que no bastôle con la respuesta de Esmeralda.

----Y cômo tû sabes que respondiô la pregunta?

----Caspar, no serâ que la dadorîa de Baco acarrêate pejigueras mentales?

----Pejigueras mentales? Ya, estâ bien. Y entonces dime: Por quê eso de que no

bastôle con [...]?

----Caspar, porque la misma pregunta me la hizo a mî.

----Tal vez no quedô satisfecha Anabel con lo que le dijo Esmeralda.

----Lo repito?

----Lo de las pejigueras mentales?

----Êsa es la res!!

----Pasemos a la no duda: a Anabel le gusta Cratino.

----Mas Cratino no es fâcil; quien no conôcelo puede equivocarse sacando conclu-

siones sobre êl; a pesar de ser un buen lector no siempre su conocimiento aplica.

----E importa tanto que no lo use o que no lo emplee?

----No trâtase de importancia, sino de buena memoria.

----Entonces, kosmos, si se le olvida su conocimiento cômo va a aplicarlo?

----Repâmpanos!! Ora sî que das calaña de tu concentraciôn.

----Cômo, que me dijiste algo con la intensiôn de saber de mi concentraciôn?

----Sôlo para comprobar el porciento al que llegaban tus pejigueras mentales.

----Y dale con esas pejigueras, con tales mentales.

----No estâ mal este ritmo, Caspar: y dale con esas pejigueras, con tales mentales.

----Si lo dices tû, alguien que sabe de ritmos, cômo pensar que lo dices para com-

probar algo?

----Interesante!!

----Y por quê?

----Porque vas entrando en el juego.

----No me doy cuenta!

----Te das cuenta del porquê el juego es maravilloso?

----Y si me doy cuenta de êl, dejarîa de ser maravilloso?

----Esta pregunta la formularîa de otra manera.

----Cômo?

----Caspar, crêeme, el cômo te lo digo en otro momento.

----Como que esto se parece a te explico despuês, mâs tarde, no?

----Caspar, me has dado motivo de risa.

----Un motivo que estâ en ti, que no teja, que no te abandona.

----Ciertîsimo, Caspar, ci-er-tî-si-mo!!

           Marcando las agujas del reloj las cinco de la mañana todos los invitados a la 

fiesta se habîan ido, con la excepciôn de Anabel y yo que nos sentamos en la alfom-

bra concomitados por Esmeralda y Caspar. Sobre el pucho de informar Caspar que

solamente quedaba una botella de la dadorîa de Baco, yo voluntariamente ofrecîme

para abrirla, mas como el abridor estaba en la cocina tuve que arrumbar mis pasos a

êsta. Al regresar con el abridor, y como si agarrara con mi mano derecha un diaman-

tino  utensilio, porque para lo que ûsase su valor es altîsimo, dêjame saber Esmeral-

da que tuviera cuidado al hundirlo en el corcho, ya que al ser un tanto senecto su me-

canismo  no funcionaba bien, o sea, y con otra verba, que su mecanismo defectuoso

estaba. Teniendo en cuenta lo anterior pensê en una cosa: si rômpese al abridor cômo

quedar exento de culpabilidad, por lo que entonces, y sin vacilaciôn, le di el abridor a

Esmeralda. Llamôme la atenciôn que para sacar el corcho ella pusiêrase la botella na-

da  mâs y nada  menos que entre sus piernas, momento ideal, instante inolvidable co-

mo  aliciente inesperado  para darle rumbo a un pensar por el camino que conduce a

una bifurcaciôn con la cual benefîciase mi fantasîa tremendamente empollada por la

flama de mi ipsum, llama con una reciedumbre que no tendrîa que analizar/examinar

porque  de facto no es  otra que la quemante que afogara desde mi mismîsimo llegar

al mundo, mi nacimiento.  




 















































                





Dienstag, 4. März 2025

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         Referîase el general con eso de que tenîa que ocuparse de las invitadas no exac-

tamente en el sentido de una atenciôn dentro del ambiente festivo, sino mâs bien con

el de asumir  una responsabilidad al montarlas  en su automôvil y estar mâs cerca de 

ellas dentro  de un espacio limitado, aunque segûn Dasid, que vino para dejarme sa-

ber lo anterior  que asimismo  para despedirse, êl asumirîa la misma responsabilidad 

seguido a  detener el vehîculo en un lugar determinado, lo que traduce que mientras

que estuviese manejando su concentraciôn pondrîala en el timôn, mas que a pesar de

esto, y en el caso de que alguna de las dos fêminas quisiera acicatearlo, êl no pondrîa

reparos de ningûn tipo. Como a buen entendedor con pocas palabras bastan, yo sola-

mente  le deseê una buena fruiciôn, y seguido pedîle que no manejara a gran veloci-

dad, que  la reacciôn no es la misma cuando hay alcohol en la sangre, aun no siendo

el nivel de êste tan alto venido de la dadorîa de Baco.

---Kosmos, te agradezco tus palabras, pero no te preocupes, que no es la primera vez

que conduzco bajo el efecto de la misma dadorîa. Nos veremos en otro instante, o si

lo prefieres en otro momento. Adiôs, y hasta la prôxima.

        Mas como Aspasia habîase pasado un poco de copas, yo preguntêle a Dasid si

podîa hacerme el favor de llevarla a casa, respondiêndome êl que como el general se

sentarîa en el asiento trasero del automôvil con las dos fêminas estaba libre el asien-

to delantero de la derecha, y como tal en êl podîa sentarse cômodamente Aspasia, y

debido a que como en êl siêntase normalmente el general el espacio para estirar las

piernas  es mâs que basto para ella. A continuaciôn de esta verba le di las muchitan-

tas gracias, y justamente a las tres de la madrugada Dasid arrancô el auto.

      Viendo cômo desaparecîa el automôvil a travês del cristal de una ventana, cômo

alejâbase  de la casa con poquitîsima velocidad, reflêjase en el cristal la mîmesis de

una persona desconocida. En lo atinente a los reflejos, cômo olvidar el espejo de dos

caras que habîa en el camarote del navîo [de mi novelôn] con la numeral siete,  em-

pero con la diferencia de que en êste las criaturas (fenecidas) que reflejâbanse eran 

conocidas. A la postre y al cabo la cuestiôn  no es aquî el reconocimiento o no de la 

identidad como tal, sino relevante el hecho de todo el posible movimiento que hay a 

la  zaga o de un razonamiento o de la  conciencia, por lo que estarîa de mâs para mî 

inferir sobre aquello que pasa/sucede/acontece mâs allâ (metha) de una captaciôn o 

del  entendimiento. Claramente que pudiera adornarlo  con mis pinceladas, pero ya 

esta es otra cosa, allende que construidas/elaboradas con  la ayuda de un recurso re-

tôrico: la metâfora, como saben los mâs cercanos que han  echâdole un vistazo a la 

C. de Vitelio. 

---Kosmos, que tû estâs mirando en ese cristal?

---Forligen, lo que estâ afuera de la casa. Quê otra res puêdese ver a travês del cris-

tal?

---Pero lo que ya miraste de allâ afuera lo miras con algo de fijeza.

---Forligen, siempre hay que volver a mirar lo mirado para sacar los detalles.

---Ah, eso. Y dônde estâ Aspasia?

---Se fue porque estaba un poco mareada.

---Y tû la dejaste irse sola estando asî?

---Dasid hîzome el favor de llevarla a casa en el automôvil del general.

---Vaya privilegio!! Sabes quê? Me voy tambiên, porque mañana temprano tengo 

una grabaciôn.

---Mañana o en breve? Ya son las tres y media de la madrugada.

---Ya las tres y media? Adiôs!! 

---Adiôs, Forligen adiôs!! Y que no se te olvide lo de la incorporaciôn.

---No no!! La seguirê trabajando en casa, como te dije. Me despido de Esmeralda y

me voy.

---Age, Forligen, age!!

          A continuaciôn de este corto intercambio verbal con Forligen vuelvo a mirar

el cristal, mas ya la mîmesis habîa desaparecido, quedando solamente por observar

en êste las gotas de agua que resbalaban en êl, algo que percibir que de momento no

interesâbame, mas como mis ôculos menesteran (cuasi siempre) si no algo atractivo

para  echarle una miradita alguna que otra cosa que despierte en un periquete mi cu-

riosidad, quê no mejor para apreciar que el cuadro con la pintura del gallo? Estando

frente a êste escucho una voz conocida que dice algo que hîzome recordar una y de

mis tantas pinceladas sacadas a puesto, a colocaciôn en mi novelôn: Kosmos, el ga-

llo  este parece que no canta subido en el vallado, por lo que cômo, entonces, dejar

de dar media vuelta para ser testigo visual de la criatura que dîjolo.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Vaya, quê sorpresa, Anabel!

Y cuândo tû llegaste, que mira que estoy aquî desde las siete de la nocturna?

---Kosmos, lleguê a las ocho y media, pero como Esmeralda me pidiô que la ayuda-

ra con el trabajo de la cocina es ahora que pude salir de êsta. Tienes una idea de la

cantidad de cosas que hay que lavar, secar, etc, en una fiesta con treinta personas?

---La idea têngola, mas nunca he puêstola en prâctica.

---Quê otra de tus respuestas para que mueras de la risa? Y eso que Cratino no estâ

aquî? 

---Anabel, no estâ presente porque quedôse en su casa con Juliette, su novia.

---Pero, Juliette no es una de las mejores amigas de Esmeralda? 

---Disculpa que no te pueda decir mâs nada. Si acaso que te explique Esmeralda.

---Tan misterioso el asunto?

---No es misterioso, sino mâs bien algo entre Esmeralda y Juliette.

---En realidad no tengo esa confianza con Esmeralda como para que me lo explique.

---Câspita!! Por eso dijete que sî acaso que [...]

---Bueno, estâ bien. Y dime, Kosmos: quê tiene ese cuadro, no es simplemente un ga-

llo?

---Si tû supieras lo que el gallo significa...

---Quê significa, Kosmos, quê?

---Acêrcate, que te lo digo al oîdo.

---No, verdad que eso significa? 

---Êsa es la res, Anabel! Eso mismitico significa.

---Ahora entiendo perfectamente el porquê de que lo miraras. Sabes quê? Me resul-

tas un poco resbaloso.

---Resbaloso yo? Quê tû quieres decir con resbaloso?

---No te hagas, que tû de tonto no tienes nada.

---Mondo lirondo que toco fondo!

---Quê?

---Una pincelada poiêsica! Mira, Anabel, Esmeralda te llama para que regreses a la 

cocina.

---Dale de mi parte saludo a Cratino.

---Dalo por hecho, que si no tiembla mi pecho.

---Tal vez nos vemos mâs tarde.

---Mâs tarde? En todo caso mâs temprano, porque ya cuasi que son las cuatro.

---Te dejo, que Esmeralda me paga por el trabajo en la cocina.

---Nunca de mâs el beneficiante peculio.

---Contigo se puede difîcil.

---Cômo? No serîa correcto: contigo se puede? Difîcil!

---Sî! Pero como me estoy yendo no tengo tiempo para signos de puntuaciôn.

---Entonces vete, y no hables. Quêdate en mutismo.






















 











 











 




 

 













       




 

 




       









 




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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...