Seguido a pedir la segunda taza y de endulcorar el cafê con un cuadradito de azû-
car, Irene pide la cuenta, ya que segûn ella no podîa quedarse mâs tiempo debido a la
gestiôn que tenîa que hacer, allende de ser una de jaez relevante, motivo por el cual
Cratino y yo nos miramos con algo de asombro, porque quê casualidad que esta for-
ma de decir me voy justificada de manera creîble/posible sale a puesto, a colocaciôn
nada mâs y nada menos despuês de tocar Cratino el tema de los progenitores. Con el
fin de eludir la tempestiva verba por la cual Irene pudiera saber que resultâbanos sor-
presivo lo que habîa dicho es que tanto Cratino como yo quedamos en mutismo, y sô-
lo movimos la lengua para darle las gracias por la invitaciôn a tomar cafê.
Diez minutos despuês, y esperando la luz verde para cruzar la avenida Clasinte-
paria, para frente a nosotros el auto del general. Sobre el pucho el general baja la ven-
tanilla y dîcenos, con la voz un poco tomada, que nos llevaba dando igual el lugar al
que fuêramos, que como habîase cogido el dîa libre, lo que significaba que estaba to-
talmente exento de la obligaciôn/responsabilidad en la academia, tenîa mâs que tiem-
po suficiente para pasear con el medio de transporte. A raîz de esta verba penetramos
en el auto, y sî Cratino siêntase en el asiento delantero al lado de Dasid; yo, en el tra-
sero, al lado del general. Como el general no podîa hablar muy alto pîdeme que acêr-
queme un poco mâs a êl, algo que hice en un periquete. Al comenzar con su verba lo
que primero dîceme es que el dîa siguiente de la fiesta del cumpleaños de su hija em-
pezô a sentirme mal, por lo que tuvo que ir al hospital a ver a su mêdico, y el que se-
guido al examen correspondiente dejôle saber que lo que tenîa era un simple resfria-
do y, como tal, no deberîa ni preocuparse ni pensar lo indebido, empero que eso sî, y
para recuperar su salud, y aunque no gustârale, era importante que cumpliera a caba-
lidad con la toma del medicamento pertinente que recetarîale; lo segundo, razôn por
la cual Cratino mîrome como queriêndome decir quê le vas a responder, fue la pre-
gunta de si podîamos visitar a Irene para resolver [de una y por todas] la cuestiôn del
diario. Ostensiblemente no podîale decir que Irene cuasi acabâbame de decir que le
venderîa el diario a Matilde Ronco Espinoza, y no por temor a su reacciôn, sino mâs
bien para no acarrearle un perjuicio, un desasosiego o una pejiguera. Pensândolo dos
veces, para que mi decir fuese convincente, respôndole que Irene habîame informado
sobre su estado pusilânime, y por el que no querîa contacto social con nadie, una vi-
sita, un encuentro acopas, un diâlogo que pule para sacarle brillo al orgullo indefecti-
ble.
---Entonces, Kosmos, me harîas el favor de avisarme cuando ella estê en condiciones
de hablar?
---Claramente que sî! Cômo no?
---Bien! Pero recuerda que quedaste conmigo en que me acompañarîas, porque como
ella no me conoce puede ser o que la acose el miedo o se ponga nerviosa, y con estos
dos estados, como tû sabes, se dificultarîa la negociaciôn.
---Negociaciôn, general?
---Ella me da el diario y de mi parte recibe el peculio. Pero es igual, Kosmos, que lo
mâs importante es que vêndame el diario, que no una palabra que ocupa espacio, que
si no una que se escucha pudiendo ser el motivo de una pregunta.
----Usted discûlpeme, general, mas yo que soy un erastes de la palabra no estoy muy
de acuerdo con lo que usted acaba de decir.
----Es un derecho estar de acuerdo o no. Algo mâs que decir al respecto?
----No, general! En lo atinente a lo anterior no hay mâs verba.
----Y dime: hasta quê hora te quedaste en la fiesta de mi hija?
----Cuasi hasta el cantar del gallo encima de la verja.
----Entiendo por esta frase muy de ti, tuya, que te quedaste hasta casi el amanecer.
----Êsa es la res, general! Usted entendiô bien, exacta/justamente lo que saquê a
puesto, a colocaciôn como (una) pincelada.
----Y quê barrûntame usted sobre las damas înclitas?
----Înclitas, Kosmos? De ilustre no tienen nada. Terminamos en mi casa, y disfrutan-
do de la buena bebida y de una mûsica estimulante. Despuês de viejo me he converti-
do en un mujeriego. Vaya cosas de la vida!
----Cosas de la vida o cosas de usted?
----Las dos, Kosmos, las dos cosas. Por una parte lo que viene de afuera; por la otra,
lo que sale de adentro.
----Lo que viene de afuera y lo que sale de adentro.
----Sî, kosmos, sî, pero por quê lo repetiste.
----Porque me encantô.
Acopas interrumpe Dasid la dialogizaciôn, porque segûn êl lo mejor que pudie-
ra hacer el general por el bienestar de sus cuerdas vocales era una y simple cosa: de-
jar de hablar por unos minutos. Sin oposiciôn el general queda en mutismo, y con el
fin de refrescar su gaznate bebe un poco de agua. Entonces Dasid apodêrase de la pa-
labra, y con êsta dêjanos saber que cuando quitôle el calzado a la amiga de Patricia,
la fêmina que estuvo con el general, llamôle la atenciôn ver restos de tierra en la sue-
la del zapato derecho, razôn por la cual hîzole la tempestiva pregunta, respondiêndo-
le ella que como tuvo que caminar una pequeña distancia en el jardîn antes de llegar
a la mesa donde estaban el general y êl no era de extrañar tales restos, respuesta que
segûn êl era incierta, porque de facto la tierra no era del mismo color que la del suso-
dicho jardin, sino mâs bien uno de un terreno con mâs humedad. Este detalle sorpre-
diôme, porque jamâs Dasid revelôme que tenîa un conocimiento como êste, y con el
cual la diferenciaciôn de tierras podîa ser posible. A continuaciôn Cratino pide la pa-
labra, y mirando a Dasid dîcele inteligiblemente:
----Chofer Dasid, puedo decirle con seguridad de dônde es esa tierra.
----Verdad, Cratino? Y de dônde?
----Del bosque de los liberales.
----Y cômo lo sabes?
----Porque vi con mis prismâticos a esas dos fêminar pasear por el bosque.
---Y cômo sabes que son ellas si tû no estabas en la fiesta?
----Porque Kosmos me dijo cômo estaban arropadas.
----Pero paseando en el bosque de los liberales? Paseando es la palabra correcta?
----No hay otra palabra para definir lo que vi.
---Disculpen que penetre en la fluencia verbal.
---Kosmos, si penetras o es para decir o para preguntar algo, no?
---Êsa es la res, Dasid.
---Y entonces quê vas a decir o preguntar?
---Preguntar.
---Quê?
---De dônde ustedes conocen a esas dos fêminas?
---Perdôn, general, pero debo hacerle una pregunta.
---Por quê perdôn, Dasid?
---Porque le dije que era mejor que dejara de hablar, y si le hago la pregunta va a
tener que mover su lengua, y si la mueve dejarâ de estar en silencio.
---Y ya no pasaron los minutos? A ver, cuâl es la pregunta?
---Si puedo responderle a Kosmos lo que me preguntô.
---Claramente que sî! Respôndele!!
---Kosmos, conocimos a esas fêminas en una actividad cultural en la academia.
---Usted refiêrese a la actividad de los viernes?
---Vaya, quê bien que te acuerdas! A esa misma, Kosmos, êsa es la que es. Pero te
digo algo mâs: gracias a Juliana fue que las conocimos, ella fue quien nos la presen-
tô.
----Quê usted quiere dejar transparente con este decir, que no fueron ustedes los que
lanzâronse al desafîo, mejor dicho, a la conquista de ellas?
---Kosmos, solamente te informo para que sepas. Y te digo mâs: son esas dos fêmi-
nas las progenitoras de dos cadetes del edificio de tropas terrestes.
---Câspita!! El edificio por el que yo pasê. Cômo olvidarlo? Parêceme, Dasid, que
aquî hay pezuña en jaula.
---Quê quieres decir con esta metâfora?
---Usted acaba de decir que fue Juliana quien se las presentô, no?
---Sî! Y?
---Que si se las presentô o las conoce o son amigas de ella.
---Las conoce. No olvides que Juliana es la secretaria del general. Y quê mas?
---Que si las conoce, y Juliana estaba con el general en la fiesta, por quê fue que
estâ se fue del jolgorio antes de que ellas llegaran? Que ya empiezo a dudar que ha-
ya sido por motivo de eludir el general una discusiôn o un conflicto entre Cristina y
Matilde Roco Espinoza.
----Kosmos!
----Diga usted, general.
----Juliana concretamente se fue por esta razôn: por ser testigo visual del mensaje
que me mandô Patricia para preguntarme cômo estaba y quê hacîa.
----O sea, por motivos de celosîa.
----No exactamente celosîa, sino que se molestô por no haberle dicho antes que Pa-
tricia tenîa mi nûmero.
----General, usted acaba de decir que Juliana fue testigo visual del mensaje que.....
----Kosmos, cuando Patricia enviô el mensaje mi telêfono estaba encima de la me-
sa.
----General, y si Patricia enviô el mensaje para saber cômo usted estaba y quê ha-
cîa, cômo es posible que haya venido a la fiesta concomitada por su amiga?
----Porque le dije que podîa venir, y si con su amiga mejor, que de todas maneras
Dasid y yo estâbamos solos.
----Dicho con otra verba: usted hizo la invitaciôn.
----Asî es, Kosmos, y algo que hice que le molestô a Esmeralda, y la entiendo per-
fectamente porque el cumpleaños era el de ella, aunque sinceramente te digo que
no pensê que se enfadara conmigo por la invitaciôn, sino que mâs bien, por curio-
sidad, preguntârame quiênes eran las dos fêminas.
----General, y êsta fue la razôn de que usted y Dasid fuêranse del jolgorio justa-
mente a las tres de la madrugada?
----No no, no fue por eso, sino mâs bien porque las fêminas querîan estar solas
con nosotros. Ya te dijo Aspasia que la dejamos justamente frente a la puerta del
edificio?
----No me lo dijo, mas me lo ha dicho usted.
----Y dime, Kosmos: adônde es que ustedes van, o tenîan pensado ir, porque no
por gusto estaban parados en el semâsforo para cruzar la avenida Clasinteparia?
----En realidad a ninguna parte, y si estâbamos allî fue porque nos tomamos Cra-
tino y yo un cafê en el cafê La ilusiôn.
----Para nosotros êse es el mejor cafê que existe en esta ciudad. Entonces, ya que
no tienen plan alguno, que les parece una invitaciôn para cenar en el restaurante
de las langostas?
----Para mî es la cena perfecta. Y para tî, Cratino?
----Kosmos, no serîa perfecta para mî, pero no me desagrada.
----Perfecto, muchachos, perfecto!! Dasid, ya sabes hacîa dônde poner en direcciôn
el auto.
----Sî, general, lo acabo de saber porque no soy sordo, pero...
----Pero quê, Dasid, quê pero?
----Quê aûn son las cinco y media de la tarde, y la cena es a partir de las siete.
----Verdad que sî! No tuve en cuenta que aûn es temprano. Hagâmos entonces lo si-
guiente: vamos a mi casa, disfrutamos de un aperitivo y despuês vamos al restauran-
te. Dasid....
----Sî, general, sî, a su casa.
Al llegar a un paso de peatones Dasid detiene el auto, yo miro hacia el frente y
veo cruzando la cebra a Irene y a Sista, mas como el general conoce a Sista, por verla
una vez en la estaciôn de policîa, no pudo creer lo que por sus ôculos penetraba: que
Sista dierâle un beso en los labios a Irene y agarrârala por la cintura. Êste fue el moti-
vo de que dijera sin tapujo lo siguiente: la juventud de hoy estâ perdida, decir como
tal que deja calaña de una moral intempestiva en el mundo de hoy, allende que de pre-
juicio, mas como cada cual es responsable de lo que piensa, tiene en cuenta, clasifica
o valora, claramente que yo no sacarîa a puesto, a colocaciôn refutaciôn alguna, pero
pregûntame el general:
---Kosmos, tû que conoces a Sista, que estuviste un tiempo con ella, sabîas que parti-
cipaba en los dos bandos?
----Siêndole sincero, general, sûpelo no hace mucho, enterême hace poco.
----Y sabes quiên es la otra chica?
----No, general, primera vez que la veo.
Y entonces Cratino mîrame como queriêndome decir lo que indubitablemente sê:
Kosmos, has dicho una gran mentira, mas sabiendo el porquê de haberla dicho.