Y en cuanto se fue Feliciano quedême pensando cômo fue posible que jorobârase
el pie derecho en la zona donde excâbase si precisamente estâ cerrada al paso de los
ciudadanos, allende que puêdese leer en unos carteles en varios puntos del terreno es-
tas letras: vedado al acceso por la anomalîa del suelo y la sûmula de huecos. Venido/
proveniente de lenguas con poca facundia hâblase de un custodio nocturno que no le
pagan mal por hacer el trabajo de vigilancia desde las doce de la noche hasta las seis
de la mañana; sin embargo, que yo sî que ando por la ciudad cuando impera el mutis-
mo y la lumbre de la luna, jamâs he visto ni tan siquiera una garita encendida, o que
si no un punto de control iluminado con un senecto bombillôn con esa luz amarilla
nada favorable/saludable para leer, sea ya una biografîa que un texto relevante en las/
de las analectas de un celebêrrimo artîfice, verbi gratia.
---Kosmos, sabes quê me parece extraño? Que dijera el modisto Feliciano que se joro-
bô el pie en un lugar que no se puede pasar.
----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Cratino, en esto mismo pen-
saba.
----Quê tû crees de su decir?
----Analizando la res detenida/parsimônicamente, no es posible por lo que a ti parê-
cete extraño y por lo que yo pensaba, que a la postre y al cabo es lo mismo, pero a su
vez es posible, porque ni tû ni yo seguîmosle el paso a Feliciano como para saber por
dônde pasa o adônde va. Mâs nada puêdote decir. Por quê? Porque no lo conozco.
----Resumiendo: que tanto puede ser verdad como mentira.
----Un buen resumen, que aunque breve, corto, de poca extensiôn muy justo.
----Kosmos, aquella chica, con el abrigo de piel carmelita, nos mira con cierta fijeza.
La conoces?
----Câspita! No hace mucho que la conocî.
----Ah sî? Y quiên es?
----Cratino, es la hija de Feliciano, Irene.
----Y por quê no le dijiste a Feliciano, cuando te dijo que tenîa una hija no conocida,
que tû la conociste hace poco?
----Tû sabes que cuando yo no digo algo razôn tengo para quedar en mutismo. Hagâ-
mos una cosa: quêdate tû aquî, y yo voy a ver quê quiere, porque su constante mirar
hacia acâ no es por gusto.
----De acuerdo. Te espero aquî.
Al canto de observar que dirigîame hacia el lugar donde ella estaba, Irene cruza
un pequeño puente de madera de no muy senecta construcciôn dentro de la parte del
parque destinada a la diversiôn de mancebos, mas como imperaba el mutismo podîa
escucharse claramente el resonar de los tacones de su calzado con un tiempo ponde-
rado, razôn por la cual comparêlos con un metrônomo y, a raîz de esto, comenzâron-
me a pasar algunas melodîas de jaez clâsico. Lo primero que clârame estando frente
a mî es que su presencia en el parque no estaba programada, y que si habîa llegado a
parar a aquî mâs debîase a su desubicaciôn que a otra cosa, algo que pude compren-
der, porque el apartamento de Lurpak [alquilado por ella por tres meses] estâ en una
parte de la ciudad que de no conocerse bien cualquiera pudiera perder la orientaciôn.
Siendo asî la res queda indubitable la casualidad, que el haber dado con nosotros no
fue el resultado ni de un pensamiento ni de una atingencia a un nivel totalmente muy
lejano de la conciencia o de la voliciôn, perîstasis que encântame empero que ora no
sâcola a puesto, a colocaciôn, a fluencia en funciôn de disfrutar un beneficio.
--Kosmos, como que te has quedado pensando en algo. Espero que no te haya moles-
tado lo que te dije.
---Ninguna pejiguera, Irene, ni nada parecido, sino que por la costumbre de analizar,
de tener en cuenta ciertas y determinadas cosas hûndome en la mar de las formacio-
nes semânticas. Y dime: dônde estâ el anillo de plata con la serpiente?
---Quê buen observador! Kosmos, me lo quitê para limpiarlo ayer y se me olvidô de
nuevo ponêrmelo en el dedo anular.
---Y cada quê tiempo lo limpias?
---Por año una sola vez. Kosmos, ya sabes que estoy de nuevo con Sista?
---Acabo de saberlo, Irene. Y, cômo es la situaciôn de la segunda parte?
---No igual que la primera vez, pero que por segunda no estâ mal.
---Suntuoso, Irene. Y dime: por quê nos mirabas, a mi amigo y a mî con algo de fije-
za?
---En realidad miraba hacia el lugar donde estaban porque al verte se me dio algo en
lo que habîa pensado.
---Amplifica el algo, am-pli-fî-ca-lo!
---Que en cuanto te viera te dirîa que estaba dispuesta a vender el diario, pero no al
general sino a Matilde.
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Le venderâs el diario a ella,
a quien te lo robô?
---Kosmos, es que no deseo que Sista siêntase mal, y mucho menos ahora que esta-
mos de nuevo juntas. Espero que alguien como tû entiendas.
---A la que no entiendo es a Sista, porque dijôme al telêfono que no le dirîa a su ma-
dre que...
----Kosmos, en realidad Sista aûn no ha dicho a Matilde que estâ de nuevo conmigo,
por lo que esto de la venta del diario a ella sôlo lo sabemos nosotras.
----Y ya pensaste en el precio?
----En eso estamos Sista y yo, pensando el cuânto de acuerdo al mâs o menos capital
que tiene Matilde, segûn Sista. Ya sê que esto te lo podîa haber dicho antes por telê-
fono, porque tû me diste tu nûmero, pero....
----Mas nada, Irene, es igual, me da lo mismo por telêfono que en persona.
----Y tienen ustedes algo quê hacer?
----Cuâl es el porquê de la pregunta, Irene?
----Porque de no tener nada que hacer los puedo invitar a tomar algo.
----Tû gastando peculio cuando êste hâcete falta?
----Bueno, es cierto, pero el precio de tres cafês no me afecta mucho.
----Entonces ven conmigo para presentarte a mi amigo, y a continuaciôn nos vamos
a tomar cafê.
Al cafê con el ônoma La ilusiôn, y situado en una de las avenidas mâs relevan-
tes de la ciudad llamada Clasinteparia, nombre derivado del alarife que la construyô,
iban en otros tiempos los mâs descollantes escritores y poetas tanto de la ciudad como
de otras provincias, aunque segûn los de la generaciôn de aquel entonces asimismo vi-
sitado era por una sûmula de desempleados que dâbanse el lujo de perder el poco aho-
rro que tenîan con tal de disfrutar, pasarla bien en un ambiente del todo disîmil al que
de tedio sobresale en cafês a los que son asiduos criaturas con traje y corbata. Amên
de por sentirme en un espacio con el que tengo una atingencia, tambiên encântame es-
te cafê por la cantidad de cuadros de diferentes tamaños que cuelgan de casi todas las
paredes eyectando la imago de los escritores y poetas susodichos. Cratino dêjame sa-
ber que nunca estuvo en este cafê, empero que sî conocîa el nombre, porque su difun-
to progenitor Teôfilo, el de la razôn perdida, cuando quedôse sin laboro, algo deplora-
ble que sucediô dos años antes de sucumbir, diole por cada dîa a las siete de la noche
venir aquî para ingerir no solamente cafê sino tambiên un trozo de panetela de choco-
late, su preferida, mas Irene ni sabîa de su existencia; sin embargo, lo que diome pâbu-
lo de curiosidad, dijo inteligiblemente que parecîale como estar en un lugar conocido,
aunque sin sacar a puesto, a colocaciôn el porquê de su parecer. Como solvento contra
la masa verbal indagativa, y con el têlos de inquirir en busca de una respuesta, en vez
de una interrogativa expuse la forma con la que pasarîa desapercibida una pudiente in-
tenciôn, no ya para a todo trance profundizar en lo posible, sino para extraer con sorna
una resonancia causal, porque de causa y efecto nadie queda exento, aun desconocien-
do este dual aspectivo rara/especialmente asimilado con un simple aprehender.
----Kosmos, recuerdo que me dijiste que tenîa algo de filôsofa, pero te digo ahora que
estoy como que perdida con lo que acabas de decir.
----Irene, esto que has dicho es una buena señal, porque precisamente, y entre otras co-
sas, quien tenga mor por la sabidurîa le es menester perderse, por quê?, porque extra-
viarse ensêñale a cômo hacer el esfuerzo para comprender.
----Esto podrâ ser cierto desde un punto de vista teôrico, pero te puedo asegurar que en
mi caso eso de hacer un esfuerzo estâ muy lejos de mî, nada tiene que ver conmigo.
----Irene, tendrîamos que profundizar, llegar a los corales con el fin de desarrollar una
perîstasis que tiene que ver con tu verba.
----No creo que este sea el justo momento ni el lugar adecuado para hacer tal cosa.
----Kosmos, totalmente de acuerdo con ella.
----Gracias, Cratino, gracias!!
----Dos contra uno! Entonces gana la mayorîa sin sufragio alguno. Pero dime, Irene:
cômo fue que enterôse la autoridad del hurto del diario? Hasta donde yo sê tû no hicis-
te la denuncia.
----Kosmos, eso no lo sê, lo ignoro. Lo que si te puedo decir es que no mucho despuês
de enterarme por Sista del arresto de Matilde y de ella recibî la llamada de la que ya te
hablê.
----Por la cual hiciste creer que habîas desaparecido.
----Asî mismo, Kosmos, asî mismo. Gracias a Diopeites fue que pude quedar un poco
mâs tranquila despuês de esa llamada.
----Espera, que no entiendo. Tû me dijiste que Diopeites te dio la luz al dejarte saber
lo del apartamento que alquilaba Lurpak, no?
----Sî, eso te dije, pero en realidad la verdad es que seguido a la llamada fui a la cate-
dral barroca a hablar con êl con la intenciôn de escuchar sus palabras, las que siempre
me han ayudado a calmarme al tener un problema o mala conciencia por algo, que si
no un motivo por el cual se debilita mi estado de ânimo, pero pasô que a continuaciôn
de sus palabras dîjome que si lo deseaba podîame quedar en una pequeña estancia en
la parte derecha de la catedral que êl tiene reservada para casos especiales y todo el
tiempo que fuera necesario.
----Irene, y cômo se entiende que si te dijo que podîas quedarte todo el tiempo que...
----Cratino, que ya sê lo que vas a preguntar, por lo que la respuesta es la siguiente:
no me quedê en esa pequeña estancia por su frialdad, ademâs de que un poco hûme-
da, algo fatal para mi garganta, de la que siempre he padecido.
----Ahora sî que entendî.
----Irene, y si vuelves a recibir la misma llamada.
----Eso es imposible, Kosmos, porque me comprê un nuevo telêfono y con otro nû-
mero.
----Irene, y si el que te llamô conoce tu semblante, te ha visto en algûn lugar?
----Contra, Cratino, que me pones nerviosa.
----In casu la soluciôn es una peluca.
----Me causas la risa, Kosmos, me has dado ganas de reîrme. No, no creo que sea pa-
ra tanto, para cambiar por la calle mi identificaciôn, para dejar de ser la que realmen-
te soy cuando camino.
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