Donnerstag, 13. März 2025

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        Al pasar por el negocio de Cristina (la que mejor se inclina cuando es propicia la

ocasiôn) quêdeme un poco atônito por lo que vi: mi tîo comprando dos botellas de vi-

no, razôn por la cual fueme urgente saber desde cuândo el ingerîa la dadorîa de Baco.

Tan pronto como Cristina me vio dîjome que no pensara mal de ella por lo que yo ha-

bîa  visto en la fiesta, agregando  que ella estaba completamente segura de su femini-

dad, por lo que pensar en la posibilidad de su participaciôn en los dos bandos serîa un

error de la criatura que por su testa pasara el susodicho pensar. Indubitablemente  que 

su verba no es cierta, porque no sôlo por lo que vi, sino que asimismo por el lûdico de 

manos que tuvo con Matilde Ronco Espinoza, el acto juguetôn es la prueba de su gus-

to por las hembras, de su querer gozar sensualidades que benefician, que son gratas a

los sentidos. Pudiera comprender que su verba funciona como protecciôn, tal vez por

ser la primera vez que ve a mi tîo, o que si no como manipulaciôn con la cual intenta-

rîa  persuadirme a mî, mas en realidad dame igual que haga con su cuerpo lo que me-

jor parêzcale. Seguido a pagar las dos botellas, mi tîo despîdese de Cristina, mas an-

tes de salir êl y yo del negocio, ella pide de favor el cierre de la puerta.

      Eran ya las cinco y media de la mañana. El cielo mantenîase cubierto, tapado por

la grisalla. El lloviznôn, al parecer, no querîa caer, mas del brazo derecho de mi tîo un

paraguas colgaba, motivo por el cual la bolsa con las dos botellas agarrâbala con la iz-

quierda mano, lo que traduce que el lado izquierdo pesaba mâs que el derecho, empe-

aun  asî êl mantenîa el  equilibrio. Seguido  a caminar unos pocos metros êl pregûnta-

me  de cuâl fiesta tratâbase, respondiêndole  yo al canto que la hecha por el cumplea-

ños de Esmeralda. Esta respuesta diole pâbulo de que hiciêrame la segunda pregunta:

---Kosmos, y entonces estuvo presente el general, no?

---Êsa es la res!! 

---Y cômo estâ mi viejo compinche?

---Cuando te cuenta no podrâs dudar de que estâ como êl quiere estar.

---No sê por quê sospecho que esa Cristina.... En fin, espero que me cuentes, pero en

quê momento, cuândo?

----El kairos llegarâ. Y dime tû: desde cuândo ingieres la dadorîa de Baco? Ya dejaste

de tomar tê?

----No! Quê preguntas?! Sigo con el tê, pero como empecê a tener problemas para dor-

mir comencê a beber vino, remedio mejor que cualesquier pastillitas.

----Câspita! Cômo yo no saber eso? Te debo preguntar algo.

----Quê?

----Conoces algûn cerrajero?

----Tû preguntândome eso?

----Escucha. Metôn tiene problemas con la cerradura de su caja fuerte, por lo que me

pidiô que te preguntara lo que te preguntê.

----Tendrîa que buscar entre las no sê cuântas tarjetas de presentaciôn que tengo, toda

una colecciôn de êstas. Pero por quê Metôn te pidiô que me preguntaras?

---Eso no lo sê. 

---Ni que el mundo de la cerradura fuera el mîo. Pero estâ bien, ya buscarê y te digo.

---Age!

---Y quê vas a hacer ahora?

---Quê tû crees que yo (ora) a esta hora harîa?

---Irte a la cama, no?

---Y si lo sabes por quê preguntas?

---Ya sê, por tu novelôn, que lo que se sabe no se pregunta, pero...

---Mas nada, tîo, mas nada!!

---Vaya afirmaciôn brutal, torpe,,,,pesada. 

---Y el tuyo, cuâl es tu prôximo hacer? Te dejo saber que no lo sê. Por quê. Porque

tû improvisas.

---Bueno, tû repites; yo, improviso. Te respondo: escucharê mûsica clâsica.

---Pues sabes quê? 

---Quê?

---Escûchala!! Y yo a dormir, cômo Endimiôn?

---Como quiên es el sîmil que tû nombraste. Te aviso cuando sepa lo del cerrajero.

---Espero tu aviso, es-pe-rô-lo!  

          Al penetrar en mi apartamento no hice otra cosa, como la primera, que sentar-

me en el sofâ y prender un cigarro. Cuando terminê de fumarlo abrî un poco la puer-

ta del balcôn, porque si no quiên aguanta el responso de Aspasia por el olor de lo ya

convertido en pavesa,  y al canto quitême el calzado y acostême a dormir en el sofâ.

En lo que dormîame, mis ôculos cerrâbanse para entrar en la dimensiôn de la deidad

de los sueños, comenzô a caer un vigoroso lloviznôn, empero a pesar de su adjetivo

no levantême para cerrar la puerta. Cuatro horas y media despuês despiêrtame Aspa-

sia, y un tanto molesta pregûntame:

---Kosmos, por quê no cerraste la puerta del balcôn?

---Aspasia, quiên fue quien durmiô en el sofâ?

---Claro que tû, pero mira la cantidad de agua que ha entrado. Sabes quê? Vas a se-

car tû.

---Câspita!! Vaya trabajo difîcil! Mas dime una cosa: tiene que ser ora mismo?

---Eso me da igual, pero de que secas secas tû.

---Côgelo con calma, que es solamente agua. 

---Se nota que tû no eres el que limpia. 

---Ya te vas a tocar el chelo en la catedral barroca?

---No sê aûn si lo puedo tocar, depende de cômo siga el tiempo, ya que si llueve de

nuevo no vale la pena que lo toque porque no pasa nadie y, como tal, no gano nada.

---Y entonces quê, te quedas o te vas?

---Me parece mejor ir primero a comprar par de cosas que necesito, y si llueve otra

vez regreso.

---Par de cosas? Cuâles son?

---Ya las verâs si regreso por lo que te dije, o mâs tarde si es que no regreso.

---A la postre y al cabo, y si antes o despuês, la cosa es que las verê.

---Hasta la mâs mînima cosa tû la dices con ritmo. Entonces me voy, y ya estâ pre-

parado el cafê.

---Quê si no preparar la amante del cafê? 

---Eso, Kosmos, eso. 

           Simultâneamente a la salida de Aspasia por la mismîsima puerta, Cratino me

llama, y pregûntame si podîamos encontrarnos en el lugar donde despuês de treinta

años  nos  volvimos a ver. El porquê de que precisamente en este lugar no lo pasê a

pregunta, pero sî que dîjele que como deberîa cumplir con el cometido de poner en

el trapeador la colcha para secar el piso en cuanto terminara con esta tarea llamâba-

lo  para saber la hora del encuentro. Finalizada la llamada levantême del sofâ, y sin

ponerme  el calzado fui a la cocina para ingerir cafê, y esta vez con muchitanta azû-

car como elixir contra el alcohol. En lo que echaba el cafê en la taza observo que en

el  fregadero estaba la caja vacîa del utensilio que utilizan las fêminas para saber si

estân  embarazadas o no. Êsta pudiera ser la causa de que Aspasia estuviese moles-

ta, porque  conociêndola  como la conozco en el caso de haber quedado preñada tu- 

viera un motivo mâs que bastîsimo para preocuparse, o para tener un estado anîmi-

co que en nada beneficiarîala. No harîa falta llegar a una conclusiôn, sino mâs bien

entender su forma de pensar o de comportarse a partir de lo que ha dicho en mâs de

una ocasiôn: que no quiere ser progenitora por la responsabilidad que hay que tener

para  toda la vida, de lo que sale su rechazo a traer una criatura al orbe, a este mun-

do--que  sea el  mejor (entre los mundos [que en mutismo quieren ser] posibles, ya

hace tiempo que es vela de la barca de Leibniz)---con sus estrellas y planetas.

        Cincuenta minutos despuês llamê a Cratino, mas como el objetivo de la llama-

da era solamente para saber a quê hora nos encontrarîamos la conversa entre ambos

fue  corta. Quedamos en vernos a las dos, empero como aûn faltaba una hora y me-

dia tenîa tiempo suficiente para buscar el utensilio que utilizô Aspasia para saber si

estaba preñada o no, siendo el porquê de decir el verbo buscar el siguiente: porque

hallar  cualesquier cosas de  tamaño minûsculo en mi apartamento no es nada fâcil,

mas antes de empezar la bûsqueda pasô por mi mente esta interrogativa: Y si Aspa-

sîa escondiô el utensilio en su cartera, lo dejô caer en êsta para que yo no encontrâ-

ralo, no serîa mejor no buscarlo y quedarme ocioso? Con esta pregunta, y en lo ati-

nente al adjetivo que proviene del sustantivo otium, cômo no acordarme de los epi-

cûreos? Para  êstos el otium ludica un relevante rol por estar correlacionado con la

naturaleza del antropo y, por (lo) tanto, tiene un vînculo  con un estado natural que 

de vivir de acuerdo con êl el hombre vivirîa con eudemonîa, algo que varias veces 

refutô  un pragmâtico moralista e înclito estoico, allende de que por un tiempo [de 

un periodo imperial romano] condenado al exilio. Si me preguntaran cômo me me-

to y salgo de mis propios embrollos totalmente incôlume del embate verbal carece-

rîa  de la respuesta absoluta, mas de lo que sî estoy seguro es de que no es relativo 

mis enredos y lîos tener, lo que traduce que al tenerlos atiborro mi pensar de dado-

rîas indefectibles aun siendo mînimas o pequeñas. Y quê? Punto a la raya y que la

letra continûe? No! Mejor de la letra olvîdome ora, y ocûpome de buscar el susodi-

cho utensilio. 


 







  



            






















  



 



 
























 





 



 

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