Dienstag, 22. April 2025

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       Debiôse la repeticiôn afirmativa de uno de mis epîmones favoritos, o sea, por el

oro de las retamas y la pûrpura de los brezos, a la resonancia dejada por el senil ôno-

ma  del esposo de Helade. Los grandes lectores que conocen de historia bien que sa-

ben/dominan/estân informados de que este ônoma fue el de un tiranicida, el que con-

juntamente  con Harmonio acabô con Hiparco, mas que no con Hipias que hizo ven-

ganza----tanto Hiparco como Hipias son hijos de Pisîstrato, y como tal heredaron de

de êste el poder absoluto sobre Atenas ejercido desde el año 527 hasta el 514 a.C---,

terminando este saca espadas y el uso de la êgida con la muerte de Harmonio por la

guardia  de Hipias. En lo atinente a Aristogitôn, el compinche de Harmonio, fue lle-

vado  a prisiôn y ejecutado a continuaciôn de recibir tortura. Entonces, cômo pudie-

ra  faltar el sonido vibrante al penetrar por mis oîdos el nombre del cônyuge de He-

lade? Un ônoma asî (Aristogitôn), allende, deja fardo y activa la nemôsine, dos ele-

mentos conspicuos que le dan [por extensiôn] luminaria a una novela, o a lo percu-

tivo  no-velado  melodîa y ritmo. Tal  cual en suma que brevemente retrograda cen-

tralizando un tiempo que de concesiôn actual se fuga, como que entretûvome tanto

que  me olvidê de las agujas de un clâsico reloj, mas como Aspasia me escribiô pa-

ra saber dônde estaba, con una pregunta que no es original, cômo pudiera eludir el

raudo saber de la hora que era revelada por el sistema que apellîdase digital?

         Al penetrar en mi apartamento Aspasia tomaba una taza de cafê sentada en el

sofâ. Despuês  de darme un beso apellidado por mî superficial, o sea, que no es uno

estremecedor por la razôn siguiente: por la de mojar solamente los labios, contôme 

que nuestro vecino, el modisto Feliciano, hizo una bulla tremenda exactamente a las

dos de la madrugada, mas referîase ella con esta bulla al alzamiento de su voz debi-

do a que Arcel querîa ludicar con el trineo dentro de la casa portando en una de sus

manos una matraca china. En vez de esta verba darme risa, activarme la risotada, lo

que provocôme fue el pensar en la hora justa en que tuvo lugar este suceso, que los

que saben ciertas y determinadas cosas sabrân el porquê de tal pensar. Sî maravillô-

me  que dijêrame Aspasia el tiempo que durô la cosa: tres minutos y cuarenta y cin-

co  segundos. Por quê? Porque hasta el Tîen de hoy ella nunca se interesô en medir

el  tiempo de nada, empero como dijo el oscuro de Êfeso, y que ya he repetido una

sûmula de veces, lo ûnico que perdura es el cambio. Una lôgica interrogativa pasô-

me por la testa: cômo es posible que Aspasia escuchara la bulla si normalmente en

cuanto  ella cae en la cama, pone su testa encima de la almohada quêdase coralina-

mente dormida? 

---Kosmos, en que estâs pensando?

---Aspasia, mâs apremiante para mî que revelarte mi pensar es saber cômo fue que

oîste la bulla en un horario que....

----Kosmos, ya sê, ya sê el terminar de tu pregunta, pero sabes el porquê de no po-

derme dormir? Porque estaba preocupada por ti y me latîa el corazôn fuertemente.

----Câspita!! Verdad? Y desde cuândo la susodicha pre-ocupaciôn? Que de facto ya

estâs acostumbrada a mi ritmo nocturno.

----Cierto que acostumbrada estoy, pero que lo estê no significa que siempre pueda

estar tranquila cuando no te veo frente a mî, cuando consciente estoy de que no es-

tâs  durmiendo en el sofâ, cuando la luz de tu estudio estâ apagada y me traicionas

con tus libros y acicatiantes lecturas.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Cuando te traiciono con mis

libros y acicateantes lecturas.

----Por quê te asombras?

----A-sombrado no estoy; al contrario, reconozco que una buena expresiôn, o mejor

dicho, que una pimpante verba saliô de tu boca.

----Ah sî? Y acaso cuando tu dices uno de tus epîmones favoritos....

----No, Aspasia, no, no siempre lo saco a puesto, a colocaciôn por asombro; algunas

veces lo amplifico con un fin especîfico; otras con el propôsito de honorizar a un in-

terlocutor/ra.

----Honorizar? No es una palabra demasiado grande?

----Aspasia, desde cuândo la palabra tiene un tamaño?

----Cômo? No hay palabras cortas y largas? 

----Claro que las hay, mas no en este sentido es que refiêrome a tamaño.

       De sûbito cambia Aspasia, sin que trâtese concreta/especîficamente de un excur-

so, el rumbo de la conversa, cruza las piernas, para sentirse mâs cômoda encima del

sofâ, y posiciona la taza de cafê en medio de êstas. Comienza a hablar sobre las plan-

tas  que en mi novelôn alcanzaron gran altura despuês de ser sembradas en palacio y

cuidadas por las manos de Rubria, y que no son otras que las siguientes: la hierbalui-

sa, el  jazmîn de Arabia y el trêbol de cuatro hojas. Segûn ella, este sacar a puesto, a

colocaciôn estas plantas debîase al recuerdo de una vecina que trabajaba diariamente

en su jardîn, y la que veîa desde la ventana de su cuarto, hasta que un dîa tuvo la opor-

tunidad de conocerla, y a partir de este momento entraron en atingencia, relaciôn que

con el tiempo creciô hasta el punto de considerarla su segunda progenitora. Mas cla-

ra  Aspasia que su vecina no tenîa las plantas susodichas, pero que sî cuasi como Ru-

bia la misma dedicaciôn/perseverencia/constancia en este tipo de trabajo, el que indu-

dablemente es garante de un resultado beneficioso que, como tal, enorgullece, es mo-

tivo de jovialidad.

---Pero sabes quê, Kosmos? Que la vecina sucumbiô de una alergia por causa de una

espina de una planta tosigosa, y nada mâs y nada menos que en el mismîsimo jardîn.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Y a cuântas edades llegabas

en aquel entonces?

---A diez mâs seis.

---Aspasia, y cômo fue posible que la vecina pinchârase con esa espina?

---Porque confiaba en la calidad de los guantes que protegîan sus manos, pero resul-

tô que la espina era mâs fuerte que la calidad.

---Y tenîa familia o vivîa sola?

---Tuvo un esposo que sucumbiô tres años antes, pero con êl jamâs hablê porque no

me caîa bien.

---Y por quê no?

---Porque cada vez que me veîa me miraba de arriba a abajo con ojos deseosos.

---Câspita!! Un pervertido mâs en este orbe, en esta circularidad terrestre.

---Y nunca le dijiste a tus progenitores, o a tu vecina, que te miraba asî?

---No, Kosmos, no, nunca ni a êsta ni a aquêllos le dije.

---Y cuâl es el motivo de este no decir?

---Ven acâ, Kosmos, quê es esto, un interrogatorio?

---Una curiosidad de mi parte para enriquecer mi conocimiento.

---Una curiosidad de tu parte para....Pues sabes quê, no lo enriquezcas, que me po-

nes nerviosa con tus preguntas. Mejor haz otra cosa.

----Cuâl, verbi gratia?

----Por ejemplo nada, que no es un ejemplo y es una sola cosa: llenarme de nuevo

la taza de cafê.

----Sâcote la taza yo de entre las piernas cruzadas o te la sacas tû?

----Me la saco yo, que sê mejor que tû cômo sacârmela. Mira, aquî la tienes.

----Câspita!! Tiene temperatura volcânica.

----Cômo no va a tenerla estando donde estaba?!

----Afirmaciôn e interrogaciôn ûnense! Voy a cumplir a cabalidad tu pedido.

----Igual si a cabalidad o no, pero cumple con êl.

----Age para mî mismo, age! Ve de inmediato a la cocina. Êsa es la res!

        Y vaya jolgorio para mis ôculos al regresar de la cocina con la taza llena de ca-

fê. Por quê? Porque Aspasia habîase quitado la vata transparente, y estaba de bruces 

acostada en el sofâ. Quê si no, entonces, que el crecimiento de un deseo diamantino?

Ella no dijo nada, pero de mâs estarîa la verba, serîa innecesaria, ya que para este ti-

po de fiesta hay un lenguaje internacional mudo, una transmisiôn de lo que quiêrese

sin palabra alguna, un dejar saber ostensible exento de pronunciaciôn. Oscuro o con

sombra no queda que por ella conocerme domina/conoce/no olvida lo que mâs es da-

dor de deleite de acuerdo a mis preferencias, o a la medida de una forma concreta de

satisfacciôn  sin cortapisa posible, sin lîmite ni frontera, sin ajustamiento de una nor-

ma  de lo que estâ bien o mal, sin el prurito de llegar a lo coralino solamente hacien-

do  posible lo repetido por experiencia, por la aplicaciôn de un mêtodo funcional/efi-

caz. En fin, que es el color de la piel el que de momento descollarîa en la escena, en

la funciôn que eyecta para dos una oportunidad întima donde el rol gratificante de la 

cercanîa su relevancia ludica.   



  





























            




















    




 



 




Freitag, 18. April 2025

148

        Debiôse la verba de Esmeralda, y en lo atinente a lo fecundativo, a las raîces de

pamporcino  que portaba en su mochila el  cônyuge de Helade, con el que entramos

en conversaciôn despuês de decirnos una senil injuria. Impepinable que el tema refe-

rente  a la fecundaciôn sea de sumo interês para cualquier fêmina, aunque claramen-

te  que no expuesto por todas de la misma manera, o sea, que diferente por cada una

de  ellas debido a la facundia que têngase, la que es menester para enriquecer la dis-

cursiva  expresiva. No dirîa a ultranza que la facilidad de palabras con la que cuenta

Esmeralda  llega a un  porciento elevadîsimo, empero de lo que sî estoy convencido

es de que no es tan bajo, y como tal proporciônale a su verba el enrequecimiento su-

sodicho. Mas eso sî, y porque esta misma verba pudiera transformarse o en un pode-

roso  aliciente o en el empellôn inesperado, que a su vez ideal para acercar la posibi-

lidad cupidosa que tiene en lontananza su morada fija, sobre el pucho tuve que pedir-

le  a ella que de momento dejara de amplificar su verba, aun sabiendo que pedîrselo

pudiera ser la causa de que utilizara el recurso de invocar con el fin exclusivo de sa-

car un beneficio, ya que citar algo como apoyo --hasta cierto punto yo soy el culpa-

ble de esto por darle a conocer el recurso-- acarrea que el interlocutor tenga dudas o 

inseguridad, de lo que sale que el provecho es posible, que si no  la ganancia o ven-

taja  con las que [eso de punto a la raya y que  continûe la letra  entra en funciôn y] 

triunfa  el que  quiere  seguir hablando, el que no desea quedar en mutismo porque 

aûn fâltale muchitanto por decir. De tal guisa este invocar no sucediô. Por quê? Por-

que como ya estâbamos cuasi frente por frente  a la puerta de su nueva  casa la letra

a continuaciôn del punto que pone Ende a la raya pudiera despertar a su novio Cas-

par, ya  que por ser una criatura que no  duerme coralinamente el tambor de la pala-

bra sacarîalo de la cama, como a Endimiôn el conjunto silâbico de una indômita co-

torra?

       Ora bien, y por la forma con la que traspasô el umbral de la puerta Esmeralda:

no  de frente sino  de soslayo, y debido a  que en vez de par en par abriô la puerta 

solamente un poco, fue  que vînome el  recuerdo de su majestad Dido, porque mâs 

de una vez fui testigo  visual de que entraba en la corte de la misma manera, con la 

diferencia  de que era imposible  darse un trastazo en la testa con el marco superior 

de la puerta de palacio por ser êsta triplemente mâs grande, que asimismo mâs difî-

cil  de empujar por su peso, Este sacar a puesto, a colocaciôn umbral y puerta, quê

otra cosa no pudiêrame activar que mi pudiente magîn? Penetrar/hundirse en el ca-

si perfecto cuadrado de una morada, dando igual la manera con la que hâgase, ten-

ga lugar una acciôn inseparable del movimiento, lo que traduce que no es una ape-

llidada inmôvil, siempre fue para mî [algo asî como] la forma mâs directa de cono-

cer la intimidad de una construcciôn, que asimismo el misterio que le pertenece li-

mitado por las medidas de cada uno de sus partes, por la sûmula de sus componen-

tes que, prefabricados o no, le dan tanto estêtica como carâcter, o sea, una aparien-

cia y una condiciôn, a pesar  de que êstas todo el mundo no las puede ver a no ser

que exista la posibilidad de penetrar/hundirse en el susodicho casi perfecto cuadra-

do. Entonces quê, yo las puedo ver? Una mofa para mî, conmigo mismo, êsa es la

res! Y en fin, que de seguir serviciando a mi imaginaciôn jamâs terminarîa mi dis-

cursiva, me preparê para dar la media vuelta y regresar a mi apartamento, mas en

lo que observaba mis pies para convencerme de que no habîa olvidado cômo girar

perfectamente, como lo aprendî en la academia, escucho la voz de Caspar que pre-

gûntale  a Esmeralda el porquê de haber salido y no haberle dicho nada. A raîz de

esta pregunta miro la ventana semiabierta del cuarto, y sobre el pucho oigo la res-

puesta  de Esmeralda: Caspar, porque soy tan libre como el viento a pesar de que

estemos  juntos, seamos  una pareja y sudemos a la misma vez cuando se encuen-

tran  nuestros cuerpos. Entonces, y sin ya tener en cuenta la perfecciôn de lo que

aprendî en la academia, arrumbê mis pasos hacia donde deberîa ir, no fuera a ser

que Caspar sacara su testa por la semiabierta ventana y viêrame parado como un

mameluco  haciendo  guardia, o como el culpable con semblante de la felonîa de

Esmeralda, o del  posible de la traiciôn de êsta, aun no siendo Caspar una criatu-

ra que empolla celos, pero  que sî que tiene sus momentos o de inseguridad o de

dudas, de avizorar lo que quiere sin necesidad de vigilancia.

        Y yendo hacia mi apartamento encuêntrome con Helade y con Efîaltes, me-

jor dicho, ellas encuêntranse conmigo, y cada una portando sus productos exclu-

sivos. Sin formularle la pertinente pregunta, Helade dêjame saber que jamâs em-

piezan a trabajar a las siete de la mañana, mas que hoy deberîan comenzar a ven-

der sus productos a esta hora por razones especiales, empero sin decirme cuâles

eran las susodichas razones. Seguido a echarme un vistazo de arriba a abajo me

dice  que lo sentîa, mas que no me habîa dicho que estaba casada porque no era

una  mujer de estar  revelando su estatus y, como tal, casi nadie sabîa, con la ex-

cepciôn  de Efîaltes, que tenîa un esposo. Con esta verba, cômo no saber que su

cônyuge  informôla de que habîa hablado conmigo en presencia de Esmeralda?

Pero como mi estrategia consiste en hacerme el cenutrio con el fin de enterarme

por  el propio interlocutor/ra de algo concreto, de algo que ya sê mas que desea-

rîa  escuchar por la misma persona que conmigo conversa, que entra en diâlogo

o en comunicaciôn, hîcele esta breve pregunta:

---Helade, y desde cuândo estâ usted casada con êl, con el que nadie conoce co-

mo cônyuge suyo?

---Kosmos, desde hace cuarenta y dos años. Sabes, no parece tener la edad que

tiene; cualquiera que lo ve pudiera equivocarse.

---Y cômo se ve? Cuâl imago eyecta?

---Kosmos, eso tû lo sabes porque ya lo viste, y por lo mismo fue que te dije que

lo sentîa, porque de no haber sido posible que lo conocieras nunca te hubiera di-

cho que estaba casada, y ya sabes el porquê.

---Êsa es la res, Helade! Mas sabe usted que resultôme crîptico? Que dijera que

como su ônoma ni usted lo pronunciaba que dijêrale señor.

---Kosmos, es que como se llama Aristogitôn, tû crees que tuviese ganas de decir-

lo?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Aristogitôn! Este ônoma

viene de atrâs, de la alcheringa helênica.

---Eso no lo sê, Kosmos, no lo sê. Disculpa que corte aquî la conversaciôn, pero

ya debemos irnos. Ah, antes que lo olvide, êl me dijo que le habîas caîdo bien.

Bueno, nos vamos. Que tengas un buen dîa.

----Muchitantas gracias!! Lo mismitico para ustedes.
















 




 



 





nes especiales deberîan estar mâs temprano en la catedral barroca



 

 

  








 

        






   


Montag, 14. April 2025

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      Como hay cosas que pasan que no tienen atingencia ni con la casualidad ni con la

causalidad, sino que mâs bien suceden por una cuestiôn de la subrutina, tuvimos que

bajarnos del bus por un problemilla mecânico, y muchîsimo antes de la ûltima parada

que estâ en el arrabal. Por el motivo de la frialdad que empezô a sentir Esmeralda en

el cuello fue que soltôse el cabello, y a continuaciôn pûsose la liga roja en la muñeca

de la mano derecha, mas como la liga al ser alcanzada por la luz de los faroles de un

medio  de transporte iluminâbase tuvo que cubrirla con la manga de la chaqueta. Cla-

ramente que por no interesarme no hîcele la tempestiva pregunta para saber el porquê

de eludir que iluminârase la liga, aunque sî la mirê con destacada fijeza para que ella 

supiera que yo no estaba ajeno a este pequeño detalle. Cuando dejê de mirarla agarrô-

me la mano izquierda, y sin dilaciôn hâceme esta pregunta:

---Kosmos, y quê hacemos ahora?

---Câspita, Esmeralda!! Quê si no que regresar a nuestras moradas,

---Pero, me acompañas hasta la puerta de la mîa?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Conociêndome como me co-

noces me haces esta pregunta?

---Entonces me acompañas, no?

---Êsa es la res, Esmeralda! Te concomito hasta allî.

         La liga roja fue el solvento contra una injuria senil, mas como el que nos insul-

tô  no dejô calaña de un conocimiento basto, y precisamente por insultarnos, serîa al

ñudo explicarle el porquê de que la liga fuese la soluciôn de una cuestiôn. Tratâbase

de una criatura entrada en años, amên que un tanto endeble por la sûmula de kilôme-

tros que habîa camino, todo un desafîo que no pudo eludir por haberse enterado de la

rotura del bus, pero sin clarar cômo [fue que] supo del problema mecânico del medio

de transporte nocturno. Esmeralda, y con la intenciôn de saber la razôn de la injuria,

hâcele la pregunta adecuada, respondiendo êl que como en la actualidad la juventud

hace  lo que le venga en ganas, carece de respeto, y dondequiera se entrega a un jue-

go amoroso sin tener en cuenta la moral de los ciudadanos mâs seniles, no pudo tole-

rar vernos a nosotros caminar por el arcên demostrando con soltura el placer de nues-

tras manos y la furia de nuestras bocas. Sobre el pucho Esmeralda sonrîe, y con la in-

tenciôn de destacar una realidad indeleble dice lo siguiente:

---Los tiempos cambian, y con êstos las generaciones.

         Mas si algo fue blanco para mis ôculos fueron las raîces de pamporcino que so-

bresalîan  de la mochila que colgaba del hombro izquierdo de la criatura, por lo que 

raudo acordême de Helade, por ser ella quien las vende, motivo por el cual no podîa 

dejar de hacer esta pregunta:

----Señor, estuvo usted hoy en la catedral barroca?

----Y a quê se debe esta pregunta?

----A las raîces de pamporcino que usted porta en su mochila, y que sôlo cômpranse

en la susodicha catedral.

----Me dices tu nombre?

----Kosmos, señor, Kosmos!!

----Kosmos, se nota que eres buen observador, y te respondo que no, que no estuve 

en la catedral, y que si las llevo en mi mochila es  debido a que mi esposa me pidiô

que se las llevara a una persona masculina que las necesita. 

----Su esposa? No serâ êsta Helade?

----Cômo? Cômo sabes su nombre? Sî! Ella misma es.

----Porque solamente ella las vende en la catedral.

----Exactamente!! Te informo que precisamente por lo que mi esposa me pidiô es que

deberîa coger el bus nocturno, que si no jamâs salgo de casa a esta hora, pero las co-

sas que pasan: el bus se rompiô. Entonces, Kosmos, sabes que Efîaltes tambiên vende

sus productos en el mismo lugar, no?

----Êsa es la res! Sî que lo sê! Espero no encontrarme con el esposa de Efîaltes.

----No no, ella no tiene ni esposo ni amante, que tampoco ninguna otra categorîa de re-

laciôn con la cual compartir; mas exactamente es una solitaria cuando no tiene la com-

pañîa de mi esposa.

----Y cuândo no la tiene, porque hasta el momento las he visto juntas y en disîmiles ho-

rarios?

----Verdad? No me digas. Y, Kosmos, cômo se llama tu novia?

----Onômase Esmeralda, mas no es mi novia.

----Cômo que no? Cômo no lo es si la vi....

----Señor, en realidad tenemos una profunda amistad, y por lo mismo nos tocamos y 

besamos, nada mâs.

----Nada mâs!? Y quê mâs van a tener si lo tienen todo? 

----Señor, usted no encaja en el tiempo de hoy, algo que quedô clarîsimo con su res-

puesta dada.

----Y cuâl es su ônoma, señor?

----Kosmos, ni nombre no es importante; ni tan siquiera mi esposa lo pronuncia, asî

que puedes seguir diciêndome señor.

----De acuerdo, señor, de acuerdo!

----Bueno, Esmeralda y Kosmos, lamento lo de la injuria dicha, pero tuve que decir-

la. Tal vez nos veamos en otro momento, que debo llegar puntual para entregar las

raîces. Adiôs!!

---Al avîo, señor, al avîo!!








 
































 




 



  

Donnerstag, 10. April 2025

146

       A la primera nada; a la segunda, tampoco, mas a la tercera vuelta vuêlvese el bus 

a  iluminar y en el espacio eyêctase esta imago: Aspasia haciêndose el tatuaje de una

mariposa en el pubis, mas quien hacîaselo era el difunto zapatero Cliôn. Primeramen-

te  tendrîa que decir que esta concatenaciôn de un sujeto que aûn estâ en el primer sis-

tema (Aspasia) con otro en el segundo (el zapatero Cliôn) mâs bien tiene que ver con

un reflejo de mi propia creatividad que con algûn acto mâgico de jaez tempestivo, pe-

ro que claramente exento yo, en este momento, de la selecciôn del personal adecuado 

para la representaciôn, o de la persona justa que tendrîa un rol que en puesto, en colo-

caciôn  ornarîa un tanto la escena con su presencia y caracterizaciôn. Lo relevante de

esta imago no es la mariposa en el pubis ni el zapatero que cambiô de oficio, empero

que sî a lo que remite: a un suceso que por imposible ni espeluzna ni deja resonancia,

ni  cautiva ni trasciende, lo que traduce que como lo que es solamente sirve o para en-

tretener o para bifurcar el sentido que tiênese, de acuerdo a un conocimiento, de la ra-

lentizaciôn  o del modismo que prefiêrense a todo trance para entender un mundo ex-

puesto a la deformaciôn o al invento, al imperativo con sorna o a la inferencia repasa-

da. 

       Estas ûltimas valoraciones salieron a relucir en La cazuela de Vitelio, mas dichas

de  otra manera y de acuerdo al potencial expresivo de los contertulios con destacada

facundia; claramente que tuvieron muchitantas veces el correspondiente desarrollo, y

el indefectible uso en cada ocasiôn en que era menester enriquecer una perîstasis con

versiones de una repetida situaciôn circunstancial que abogada tanto el estilo como el

incremento de una fuerza pluralista a partir de un regio conocimiento, lo que denomi-

nâbase en la Kosmona conditio sine qua non.

         Al dejar de caminar de atrâs hacia adelante y viceversa vuêlvese a apagar la luz,

lo que significa que de momento no pasarîa mâs nada. Por este motivo regreso a sen-

tarme  en el asiento trasero, empero sin poner la cabeza de Esmeralda encima de mis 

piernas. Al acordarme del anillo lo sacô del bolsillo del pantalôn y empiezo a tocarlo,

e inmediatamente despiêrtase Esmeralda y dîceme lo siguiente:

---Kosmos, acabo de soñar que el diario se quemaba, o mejor dicho, que quemâbase

porque una mano lo tirô en el fuego.

---Câspita!! Y de quiên era la mano, de un mâsculo o de una fêmina?

---Eso no lo sê, porque a la mano la cubrîa un guante.

---Allende de la mano con (el) guante, el diario y el fuego que mâs viste?

---Mâs nada porque estaba oscuro. Por quê la pregunta?

---Escucha, Esmeralda. Cuando, verbi gratia, entras en casa de alguien, observas lo

que estâ al alcance de la vista, y a partir de lo que se ve pudiêrase tener una idea de

los gustos y preferencias de la persona que vive en ella.

----Kosmos, escuchê, pero no entiendo.

----Los sueños son la casa del hombre, con la diferencia de que el pastiche de cosas

que hay impide con exactitud sacar una conclusiôn determinada, pero aun asî no es

imposible  una identificaciôn de acuerdo a la mezcla, y con esta identificaciôn....

----Deja, deja, no sigas, que me parece que entendî. Y quê haces con el anillo?

----Quê tû crees que pueda hacer? Tocarlo. Sabes que resûltame interesante? Que al

comenzar a tocarlo abriste los ojos tû para decirme lo del sueño.

----Y por quê te resulta interesante, o que tiene de eso?

----Esmeralda, no es la misma criatura la propietaria del diario y del anillo?

----Sî que es la misma, y?

----Dêjote a ti la conclusiôn, asî que piensa.

----No comprendo esta cosa: Si Irene te dijo que venderîale el diario a Matilde Ronco

Espinoza, cômo es posible que este diario aparezca en un sueño....

----Antes que sigas informôte que lo que viste en el sueño es una imago simbôlica, lo

que traduce que no necesariamente tiene que ser real esa imago destructiva. Te ha pa-

sado por la testa el porquê de que hayas sido tû la que soñaste con eso?

---No he tenido tiempo de que me pase, porque me acabo de despertar y estoy hablan-

do contigo.

----Suntuosa tu verba! Un maravilloso decir!

----Si tû lo dices...

----Y acaso lo dijiste tû? No! Acâbolo de decir yo! Entonces, no fui yo quiên dîjolo?

----Contra, Kosmos, contra!! No perdonas! No se te escapa una para sacarle el ade-

cuado provecho, o lo que te beneficia.

----Êsa es la res!!

----Y pasô algo cuando dormîa?

----No solamente dormîas, sino que allende roncabas. Abre oîdos, que dîgote lo que

sucediô, pero previo a la amplificaciôn meto de nuevo el anillo en el bolsillo.

----Menos mal, que me provocaste nerviosismo con ese toca toca.

        Al terminar de contarle lo de la imago eyectante del tatuaje de la mariposa que

hacîale  el difunto zapatero Cliôn a Aspasia, Esmeralda no supô quê decir al respec-

to, porque segûn ella cômo podîa ser posible que el zapatero Cliôn, allende de muer-

to, apareciera  en la imago como un tatuista, lo que amplificado con otra verba serîa

lo siguiente: cômo podîa ser posible que alguien que sucumbiô saliera a ocupar pues-

to, colocaciôn dentro de una imagen con el oficio cambiado? No habrîa que ser nece-

sariamente un especialista en una determinada materia para tener en cuenta/no pasar

por alto que su forma de medir lo que estâ mâs allâ (meta) del alcance de la concien-

cia es de jaez racionalista, îndole como tal que no encaja en el mundo donde exacta-

mente  la transformaciôn, el cambio o el viraje son (por antonomasia) una constante

fundamental, aunque  asimismo imprescindible para un campo (de energîa) energêti-

co que nada tiene que ver con la naturaleza, con el hontanar del que emergen/ brotan

y salen  las primordiales e ideales  estructuras de formaciôn/organizaciôn ludicantes

de  un relevante rol, que de facto  en el asunto que fluye (el de la mîmesis) no existe

el desarrollo interpretativo con importancia, sino que mâs bien un crecimiento exen-

to de valor o significado. Estarîa de acuerdo con el que dîjerame una res que menti-

ra  no es: que yo mismo fui  quien diole pâbulo a Esmeralda de que sintiêrase fuera

de juego, y entonces que no supiera quê decir, porque fui yo precisamente quien dî-

jole  que abriera oîdos por esta pregunta que hîzome: Y pasô algo mientras dormîa?

Empero  como el decir ya saliô por mi boca, ora tengo que buscar la pertinente ver-

ba  con la cual ella pueda entender que con racionalizaciôn escapan de la compren-

siôn  cosas que  nada tienen que ver ni con la lôgica ni con el sentido, y mucho me-

nos  con el deseo de enlazar dos componentes de un sistema que indubitablemente

se aislan por el nivel en que estân y por lo que les toca. 

 




  


















 













 













  

Dienstag, 8. April 2025

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      Evidentemente que quien pintô el bus o tiene un conocimiento especîfico o es eras-

tes de los contrastes, mas por quê têngolo en cuenta, por lo siguiente: porque si por fue-

ra estaba pintado de negro; por dentro, de blanco, empero si por una cosa o por la otra

el viaje serîa igual que siempre, o sea parando en las mismas paradas, aunque nadie se

monte, y con su misma trayectoria/ruta. Eso sî, no descarto/paso por alto la posibilidad 

de que por ser precisamente estos dos colores dentro del bus tenga sitio/posiciôn/ pues-

to lo que no en un medio de transporte pintado con otros colores. Claramente que Esme-

ralda creyô que lo que acabo de decir mâs tenîa que ver con lo mâgico o con lo supersti-

cioso que realmente con algo natural que pudieran entender los que piensan/reflexionan/

meditan, verba dejante de la calaña que su saber no es muy amplio, o sea, reducido a la

magnitud mâs comûn/habitual de comprender someramente, lo que a su vez traduce la

falta/escasez/carencia  de la debida  sapiencia con la que puêdese llegar a las profundi-

dades, a los corales, un decir mîo y muchitanto repetido. 

---Bueno, Kosmos, y de todas maneras, como la ûltima vez que nos montamos en este

bus, quien puede ver ciertas cosas eres tû, asî que quê tiene que ver el saber amplio si

mi sensibilidad no es igual a la tuya?

---Esmeralda, parêceme que estâs tocando otro tema, que indubitablemente es relevan-

te  para la observaciôn. Puedo entender que te defiendas, una de las formas tîpicas de

cambiar/transformar/virar el tortillôn con un fin concreto: ocultar la ignorancia, empe-

ro no me trates de persuadir con....

----Con nada, Kosmos, de cuâl persuasiôn tû hablas? Sabes quê puedes hacer mejor

en vez de decirme cosas que te mantienen el orgullo por lo que sabes?

----Verbi gratia, quê? Am-pli-fî-ca-lo!!

----Nada de eso, que no es por ejemplo nada, sino por beneficio todo.

----Mueves tu lengua o no?

----Abrâzame, Kosmos, abrâzame!!

          Sin dilaciôn, entonces, hice lo que pidiôme, mas resultôme interesante la jovia-

lidad que reflejôse en su semblante, porque por experiencia sê que primeramente fun-

ciona un proceso de asimilaciôn întima, y despuês, como resultado, es que aparece el

efecto, por lo que lo raudo de su estado vînome seductivo/atractivo. Con el paso justo

de diez minutos este estado dirimiôse, cual razôn no es otra que el hallazgo de mi mi-

rada de una prenda de valor: el anillo de plata con la serpiente grabada encima del se-

gundo asiento de la parte derecha del bus, y el que pertence a Irene.

----Kosmos, y quê importancia tiene ese anillo para ti, a no ser que quieras venderlo?

----Câspita!! La exclusiva relevancia es por ser algo extra-ordinario, algo que sôlo su-

cede en este bus. Ora te das cuenta, tienes la comprobaciôn de lo que hablamos?

----Sî! Pero sabes quê? Que  extraño que lo pueda ver. Y dime: cômo tû sabes que la

propietaria es Irene?

----Porque se lo vi puesto en el dedo anular, mas la res no quêdase aquî.

----Quê mâs hay? Cuenta!

----Que hace no mucho encontrême con ella, en el banco del parque protegido por la

sombra de un sauce, y me dijo que no lo llevaba puesto porque sacôselo del dedo pa-

ra limpiarlo.

----No entiendo.

----Quê no entiendes?

----Cômo es posible que se lo viste puesto y a su vez que se lo quitô para limpiarlo?

----Porque cuando lo llevaba puesto no fue cuando encontrême con ella en el susodi-

cho banco del parque, sino en otra ocasiôn que nos vimos por primera vez.

----Ah sî? Y cuândo fue êsa?

----Y para quê quieres saberlo, de quê sîrvete?

----De nada, de quê me va a servir? Sôlo fue una pregunta. Pero igual, no hace nada

si no  me respondes. Espero que no hayas pensado que me irîa de lengua con mi pa-

dre, que eso del diario a mî no me interesa, es su problema.

----Esmeralda, el general ya sabe de Irene, y quedê con êl en concomitarlo, porque

me lo pidiô, cuando fuera a verla. Mas ora te revelo algo, pero si me prometes que

no  se lo dirâs al general, y no por nada malo sino mâs bien para eludir que se desi-

lusione.

----Kosmos, como te acabo de decir: êse es su problema, asi que lo de la promesa

estâ de mâs. De quê se trata?

----De que cuando encontrême con Irene en el banco del parque me dijo lo siguien-

te: que estaba dispuesta a vender el diario, mas no al general sino a Matilde Ronco 

Espinoza.

----Acabo de entender el porquê de que dijiste de que no dijêrale nada a mi padre

para eludirle una desilusiôn, porque verdaderamente el estâ muy ilusionado con el

apoderamiento del diario. Pero, Kosmos, cômo es posible que el anillo estê aquî en

el bus que no puesto en el dedo de Irene?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! La pregunta clave! Y cômo

voy a saberlo, Esmeralda?

        Acopas ilumînase mâs el bus, y en cada asiento puêdese leer lo que realmente

sucediô doce horas antes, o sea, a las dos de la tarde: 

      Aprovechando que Irene habîase quitado el anillo del dedo anular, el señor Pal-

jiôn entrô en el apartamento de Lurpak, donde actualmente reside aquêlla, a la que 

siguiô  mâs de una vez para planificar el robo de la prenda. Calculado el momento

ideal, y  por ideal quiere  decir el momento en que ella no estaba presente, penetrô

en la vivienda y robô el anillo, mas para dejar centro de atenciôn dejô escrito en un

papel que el ladrôn del anillo no era otro que el que habîala llamado para pedirle el

doble de lo que ella pagaba por la informaciôn referente al robo del diario visto por

alguna persona, o sea, la que serîa un testigo visual del hurto de Matilde Roco Espi-

noza  el dîa de la manifestaciôn, agregando en la parte inferior del papel que de in-

formar a la autoridad periclitarîa la vida de Irene. Una hora despuês, a las tres de la

tarde, Paljîôn cogiô el bus, el que a esa hora estâ tan atiborrado de personas que en

su interior cualesquier cosas de estas tres pueden suceder: sexo, violencia o lengua-

je  de adultos. Como al parecer no se dio cuenta de que tenîa un agujero el bolsillo

de la mochila donde dejô caer el anillo....

        Hasta aquî llega lo que podîase leer, mas no harîan falta mâs letras, porque fla-  

grantemente entiêndese el porquê de que el anillo estê encima del asiento.

--Entonces, kosmos, esto no tiene nada de extra-ornidario como dijiste, simplemen-

te se trata de algo ordinario en sociedades paupêrrimas. Y quê piensas hacer con el

anillo?

---Repâmpanos!! No pregûntote: y quê tû crees?, porque de facto tu pregunta deja 

calaña de que no lo crees, ya que de creerlo quê sentido tendrîa la pregunta. Esme-

ralda, devolverle el anillo a Irene. Êsa es la res!

---Ah!! Pero ahora ten cuidado tû, y antes de meter el anillo en uno de los bolsillos

de tu pantalôn, asegûrate de que ninguno tenga un hueco.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Volverîase a salir lo que ya

saliôse.

       Como sê que ninguno de mis pantalones tienen rotos los bolsillos dejê caer el

anillo en el bolsillo derecho. Seguido a esto la luz del bus volviô a su normalidad,

y Esmeralda dîjome que para su mejor comodidad se acostarîa en el ûltimo asiento

del bus que no tiene divisiôn, posiciôn horizontal que a mî no conviêneme porque

seguro que quêdome dormido, razôn por la cual dejêle saber que para mî la susodi-

cha  posiciôn de  momento no beneficiarîame en nada, y entonces que sentarîame 

normal, mas que si querîalo podîa poner su testa encima de mis piernas, algo que 

hizo  despuês de  recogerse el  cabello con una liga roja. Pasados quince minutos 

comenzô a roncar, lo que significa que su onîrico era profundo, y por lo tanto po-

dîa [sin temor a equivocarme] quitar su testa de encima de mis piernas sin que de

sûbito despertârase, y con el têlos de yo caminar de atrâs hacia delante y vicever-

sa, y durante el tiempo que ella no tuviera los ôculos abiertos, 







  



  


















 
























 






       

Samstag, 5. April 2025

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         Pasada la amplificaciôn homofônica entre paredes gruesas, las que tiene mi edi-

ficio por haberse construido en los viejos tiempos, salî al balcôn a fumarme un Savu-

ke. Echando  el humo hacia  arriba, y mirando cômo êste ascendîa hasta desaparecer

en el espacio nocturno, diviso la presencia de Alciôn lumbrando con pimpancia y vi-

gor  la constelaciôn a la que pertenece mi sîmbolo zodiacal: la taurina, mas como en

esta constelaciôn reposa con magno solaz la deidad por antonomasia olîmpica, amên

que con su toro con el que raptô a Europa, activôse sûbitamente mi magîn y encontrê

deleite  con esta mîmesis proyectada: la del fabuloso pâjaro marino (Alciôn), matado

por Atenea, mas alcanzado por la luz de la susodicha estrella, o sea, que dentro de la

misma  constelaciôn, y como resultado/producto de la  fantasîa, podîan participar en 

el  lûdico  sempiterno de las  esencias ocultas dos dadorîas mitolôgicas. Esta riqueza

compositiva sirviôme como aliciente para empezar a idear  la estructura de unos ver-

sos con los que pudiera volar sin necesidad de alas, empero (sin olvidar) teniendo en 

cuenta  que con êstas no serîa beneficioso pegarme al sol, ya que si por un lado gûs-

tame la altura; por el otro, el que mâs duele, no me agradan los trastazos.

---Kosmos, se puede saber quê miras en el cielo?

---De verdad que quieres saberlo, Aspasia? Despuês no me digas que te acarreo fas-

tidio de testa.

---Por lo que me acabas de decir no me cabe duda de que estâs en una de tus inven-

tivas complejas.

---Repâmpanos!! Nôtase que me desconoces.

---Vas a empezar con tus mofas?

---Me acabas de recordar!

---Ya! Quê si no? Rîete! Vine para decirte que me voy con la almohada, asî que 

cuando penetres en el cuarto, digo, si no es que duermes en el sofâ, trata de hacer el 

menor bullicio.

---Cômo? Bullicio yo que soy silencioso?

---Sabes quê? Me voy, que no estoy ahora para tus marranadas semânticas.

          Despuês de hundirme en su boca, como un pez que da un salto y sumêrgese de

nuevo  en la mar en busca de la profundidad, Aspasia mordiôse los labios, besôme el

pecho y se fue a la cama, mas en lo que caminaba en direcciôn al cuarto concentrê mi

mirada en el movimiento de sus caderas, movimiento como tal que nada cambiarîa de

observarlo desde una posiciôn diferente, motivo por el cual tuve que volver a mirar el

cielo nocturno, porque de encenderse otra vez la flama lujuriosa terminarîa como Sar-

danâpalo (Asurbanipal) sirviendo gratuitamente a las deidades que iguâlanse en el mo-

mento justo en el que hay que cumplir con la satisfacciôn impostergable. Deplorable-

mente, y debido al regreso de la grisalla, era imposible contemplar nîtidamente al bri-

llantîsimo Alciôn, quedândome  no otra cosa por hacer que penetrar en mi estudio pa-

ra ponerme a leer, mas acopas una piedra choca contra una de las dos sillas que siem-

pre  estân en el balcôn, amên que envuelta con una hoja formato A4. Al canto asomê-

me  al balcôn con el objetivo de saber quiên la habîa lanzado/tirado, siendo el hallaz-

go  de la mano catapulta negativo, por lo que entonces fui a mi estudio con la piedra

y la hoja. Seguido  a acomodar mi tafanario en la cômoda silla pongo la piedra en la

parte izquierda de la mesa, y despuês de quitarle a la hoja el engurramiento que tenîa

leo  lo siguiente: Kosmos, te espero a las dos en la parada del bus. Un beso adelanta-

do, Esmeralda, Y en fin, que la torta quiere merengue.

        Como soy una criatura de inviolable puntualidad, de ni un minuto menos ni de

uno mâs estar presente en el lugar indicado, a las dos estuve en la parada del bus, pe-

ro Esmeralda llegô veintidos minutos despuês. Lo primero que dîjome al verme fue

que la disculpara por venir atrasada, lo que debiôse a que Caspar aûn no habîase dor-

mido, y tuvo que esperar el momento oportuno para salir de la casa, lo que claramen-

te  traduce que ella no quiso decirle a êl que se encontrarîa conmigo a la hora susodi-

cha, lo que es lo mismo a decir que ella, por sensatez, escondiô su felonîa. Con el tê-

los de no fastidiar el encuentro con una facundia de jaez perforante, que fluye con ta-

ladramiento  en funciôn de analizar que entiende ella por mor, mi verba entrô a ludi-

car un rol artificioso con el cual gânase la voliciôn de una persona y, de esta manera,

uno, como consecuencia, sale incôlume del embate de una pericia que como paradig-

ma sobreviene o de tachonamiento o de ocultamiento de una realidad que no en cien

por ciento disfrûtase a cabalidad. Empero segûn Esmeralda, la que allende de con fi-

jeza ocularme agarrôme la mano derecha, como si êsta fuera un diamante que ningu-

na cuchilla pudiera rayar, mi forma de ser, de consuno a un fundamento que a ella le

place, le interesa, resûltale  imantativa, que asimismo sedûcela como si perteneciera

a la de un raptor que enmascârase con la intenciôn de engendrar un misterio impolu-

to que encantarîale  desafiar, aun sabiendo que los desafîos no carecen de ese efecto

que pudiera hacer periclitar la magnanimidad y la paciencia, la afinidad de las cerca-

nîas  y la de-gustaciôn de las formas naturales, por tan sôlo poner un breve/corto/re-

ducido ejemplo de lo que pudiese tanto decaer como declinar.  

----Kosmos, como no encontrê una piedra mâs chiquita fue que....

----No tienes que dilucidarme, Esmeralda, no es menester. Pero dime: por quê te fuis-

te despuês de lanzarla, porque me asomê al balcôn y no te vi?

----Porque le dije a Caspar que salîa un momento a respirar aire fresco, salida que no

durarîa mâs de diez minutos.

----Mâs o menos êse es el tiempo que necesîtase para caminar desde tu nueva vivien-

da hasta aquî, pero de aquî....

----Sî! Ya sê que vas a tener en cuenta que despuês de aquî son otros diez minutos pa-

ra regresar a casa, y entonces la suma sobrepasa la cantidad de minutos que le dije a

Caspar que durarîa la salida.

----Êsa es la res!! Entonces, y siendo veinte, no te preguntô Caspar por quê demoras-

te diez minutos en llegar?

----No! Cuando lleguê ya êl estaba tirado en la cama; pero, como te dije, no se durmiô

tan râpido como cuasi siempre, que asimismo te dije que êsta fue la razôn de que....

----Llegaras retrasada a esta parada.

----Asî mismo, kosmos, asî mismo!!

----Esmeralda, mas por quê quieres subir al bus nuevamente?

----Sabes, me resulta imposible encontrar las palabras para responder tu pregunta. No

sê, Kosmos, es algo asî como una sensaciôn, o mejor dicho, algo que me impulsa a ha-

cerlo, pero algo con fuerza que casi me domina.

----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Interesante!

----Espero que te acuerdes de nuestro ûltimo viaje.

----Cômo crees que pudiera olvidarlo?

----Ah, mira, viene el bus, y tan puntual como tû.

----Lo veo con los ôculos que miro, mas sabes por quê lo pintaron de negro?

----Cômo voy a saberlo, Kosmos, cômo? 

----Por algûn comentario, alguna palabra escapada, algûn rumorearse en el bar noctur-

no, verbi gratia.

----En el bar nocturno? Quê va!!Ahî jamâs se escucharîa algo como lo que, por ejem-

plo, has dicho. Bueno, nos montamos?

---Age en plural, Esmeralda, age!! Que nunca fue beneficioso lo que dêjase para des-

puês.

----Este agregado es nuevo, no?

----Êsa es la res!





























 










 







  

 







 








 






 






 

Dienstag, 1. April 2025

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(veinticuatro horas despuês)         


         Con lo que sobrô del aperitivo en casa del general y con la media langosta dejada 

por Dasid en el restaurante  de las langostas, Aspasia y yo hicimos un pastiche que nos

quedô  exquisito, allende que basto para llenarnos la barriga. Lo acompañamos con un

botellôn de la dadorîa de Baco que dadivôme el general de entre los tantos que êl tiene

en el sôtano de su casa, y para su conservaciôn protegidos por una temperatura que de

acuerdo a (o en dependencia de) la uva que provengan oscila entre los grados catorce y

quince. Onômolo  botellôn no por mi ethos de los aumentativos, sino por tener mâs de

la  cantidad que cabe en una botella normal, lo que ostensiblemente influye en su peso,

algo que mâs que bien saben los erastes de esta bebida, los gustosos de dormir con una

apacibilidad dadora de un onîrico magistral. Ora bien, un deîptico que no dêbese tacho-

nar/tapar/esconder/solapar, que sea un botellôn no traduce que durê demasiado tiempo 

abierto de tratarse especîficamente de una criatura que ingiere a fanegadas vino, o que 

a diario tômaselo como si fuese agua, no concretamente para limpidar los riñones sino

mâs  bien para embadurnar la lengua con esa rojez que apellîdase olîmpica. De tal gui-

sa, porque quedarîa la balanza descompensada y el futuro preponderando sobre un so-

lo lado, tanto Aspasia como yo somos el paradigma sempiterno de amantes de esta be-

bida, mediando  la diferencia que ella jamâs la tomarîa en horario de almuerzo, lo que

dêbese  justamente a lo que trae como consecuencia: un dormir que ella desprecia/ re-

chaza cuando impera el mediodîa. Salvo a este horario, a su excepciôn nos igualamos

en su consumo, en dejar que desbârrese por la garganta como un magno afrodisîaco.

        En el futuro serê el guardiân de un gran tesoro; mas ora lo soy de uno que tengo

frente  a mis ôculos cuasi semidesnudo: el corpus de Aspasia, y el que resultâme mâs

atrayente por la candidez que caracterîzale, blancura que como tal/por parangôn com-

paro con la de un copo de nieve. Esta verba dêbese al tempestivo momento a continua-

ciôn  de terminar de comer lo que comîamos (el pastiche), y Aspasia ocuparse de asir

la esponja para fregar, mas como yo estaba sentado encima de la mesa a la zaga de su

tamaño tanto el paisaje de su medida como la especiosidad circular del segundo sem-

blante  incitâronme  raudamente, y  entonces, cômo no tener en cuenta/pasar por alto 

que delante de mî hay algo de gran valor que debo proteger y defender? Mas Aspasia

no estaba ajena a lo que estaba sucediendo, sobreviniendo detrâs de ella, ya que a tra-

vês  del cristal  de la puerta de un estante encima del fregadero reflejâbase la cosa en

sî, o sea, el ver de mi mirada viêndola. Entonces, y sabiendo que mi ver la veîa, y en-

seguida de terminar con lo que hacîa, cambiô la posiciôn, razôn por la cual el tesoro

fue mâs brillante, adjetivo que remite a un desprendimiento de luz que no llega a ob-  

nubilar, pero que sî [con su pudiencia inevitable como que] hechiza. Partiendo de es-

ta base todo lo que cautiva ya tiene su vigorosidad/reciedumbre, empero de añadir [a

esto  que denomino  potencia] el efecto  de un afrodisîaco (la dadorîa de Baco), cuâl

sustancia (ousîa) no cae en la zalargarda cupidosa? Igual el mêtodo o el proceder, la

celeridad o no de la mano, la experiencia o la pericia, el atizar no faltarîa que tampo-

co  el debido acto. Ni un borrego (vervex) quedarîa inmôvil en este mundillo invete-

rado, el ofreciente  de ôrdago de la sonrisa breve y de la motilidad [sin el color de o

so  capa de  que pudieran  justificar], que con soltura/sin cortapisa revela lo que por

una cuestiôn conminante asemêjase en su amplificaciôn homofônica.

          De tal guisa las paredes de mi apartamento son bastante gruesas, lo que dêbe-

se  a la senectud del edificio, y como tal es un paradigma de construcciôn incompa-

rable con los edificios actuales; por lo tanto, lo que de facto nos favorece, cualquier

tipo  de sonido  cuasi que ni lo escucha el vecino, lo que significa que la amplifica-

ciôn homofônica no darîa pâbulo a ningûn inquilino de tocar la puerta para hacer la

pertinente reclamaciôn. El ûnico lugar de mi apartamento donde sî que hay que te-

ner cuidado es la cocina, ya que el suelo de êsta no es tan grueso como las paredes,

mas  aun asî no serîa un gran problema, porque si el apartamento de arriba es el de

Metôn; el de abajo, y desde que Metôn lo dejô, estâ desocupado, y entonces sin na-

die que lo limpie y quîtele el polvo.

          












  


  




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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...