Freitag, 18. April 2025

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        Debiôse la verba de Esmeralda, y en lo atinente a lo fecundativo, a las raîces de

pamporcino  que portaba en su mochila el  cônyuge de Helade, con el que entramos

en conversaciôn despuês de decirnos una senil injuria. Impepinable que el tema refe-

rente  a la fecundaciôn sea de sumo interês para cualquier fêmina, aunque claramen-

te  que no expuesto por todas de la misma manera, o sea, que diferente por cada una

de  ellas debido a la facundia que têngase, la que es menester para enriquecer la dis-

cursiva  expresiva. No dirîa a ultranza que la facilidad de palabras con la que cuenta

Esmeralda  llega a un  porciento elevadîsimo, empero de lo que sî estoy convencido

es de que no es tan bajo, y como tal proporciônale a su verba el enrequecimiento su-

sodicho. Mas eso sî, y porque esta misma verba pudiera transformarse o en un pode-

roso  aliciente o en el empellôn inesperado, que a su vez ideal para acercar la posibi-

lidad cupidosa que tiene en lontananza su morada fija, sobre el pucho tuve que pedir-

le  a ella que de momento dejara de amplificar su verba, aun sabiendo que pedîrselo

pudiera ser la causa de que utilizara el recurso de invocar con el fin exclusivo de sa-

car un beneficio, ya que citar algo como apoyo --hasta cierto punto yo soy el culpa-

ble de esto por darle a conocer el recurso-- acarrea que el interlocutor tenga dudas o 

inseguridad, de lo que sale que el provecho es posible, que si no  la ganancia o ven-

taja  con las que [eso de punto a la raya y que  continûe la letra  entra en funciôn y] 

triunfa  el que  quiere  seguir hablando, el que no desea quedar en mutismo porque 

aûn fâltale muchitanto por decir. De tal guisa este invocar no sucediô. Por quê? Por-

que como ya estâbamos cuasi frente por frente  a la puerta de su nueva  casa la letra

a continuaciôn del punto que pone Ende a la raya pudiera despertar a su novio Cas-

par, ya  que por ser una criatura que no  duerme coralinamente el tambor de la pala-

bra sacarîalo de la cama, como a Endimiôn el conjunto silâbico de una indômita co-

torra?

       Ora bien, y por la forma con la que traspasô el umbral de la puerta Esmeralda:

no  de frente sino  de soslayo, y debido a  que en vez de par en par abriô la puerta 

solamente un poco, fue  que vînome el  recuerdo de su majestad Dido, porque mâs 

de una vez fui testigo  visual de que entraba en la corte de la misma manera, con la 

diferencia  de que era imposible  darse un trastazo en la testa con el marco superior 

de la puerta de palacio por ser êsta triplemente mâs grande, que asimismo mâs difî-

cil  de empujar por su peso, Este sacar a puesto, a colocaciôn umbral y puerta, quê

otra cosa no pudiêrame activar que mi pudiente magîn? Penetrar/hundirse en el ca-

si perfecto cuadrado de una morada, dando igual la manera con la que hâgase, ten-

ga lugar una acciôn inseparable del movimiento, lo que traduce que no es una ape-

llidada inmôvil, siempre fue para mî [algo asî como] la forma mâs directa de cono-

cer la intimidad de una construcciôn, que asimismo el misterio que le pertenece li-

mitado por las medidas de cada uno de sus partes, por la sûmula de sus componen-

tes que, prefabricados o no, le dan tanto estêtica como carâcter, o sea, una aparien-

cia y una condiciôn, a pesar  de que êstas todo el mundo no las puede ver a no ser

que exista la posibilidad de penetrar/hundirse en el susodicho casi perfecto cuadra-

do. Entonces quê, yo las puedo ver? Una mofa para mî, conmigo mismo, êsa es la

res! Y en fin, que de seguir serviciando a mi imaginaciôn jamâs terminarîa mi dis-

cursiva, me preparê para dar la media vuelta y regresar a mi apartamento, mas en

lo que observaba mis pies para convencerme de que no habîa olvidado cômo girar

perfectamente, como lo aprendî en la academia, escucho la voz de Caspar que pre-

gûntale  a Esmeralda el porquê de haber salido y no haberle dicho nada. A raîz de

esta pregunta miro la ventana semiabierta del cuarto, y sobre el pucho oigo la res-

puesta  de Esmeralda: Caspar, porque soy tan libre como el viento a pesar de que

estemos  juntos, seamos  una pareja y sudemos a la misma vez cuando se encuen-

tran  nuestros cuerpos. Entonces, y sin ya tener en cuenta la perfecciôn de lo que

aprendî en la academia, arrumbê mis pasos hacia donde deberîa ir, no fuera a ser

que Caspar sacara su testa por la semiabierta ventana y viêrame parado como un

mameluco  haciendo  guardia, o como el culpable con semblante de la felonîa de

Esmeralda, o del  posible de la traiciôn de êsta, aun no siendo Caspar una criatu-

ra que empolla celos, pero  que sî que tiene sus momentos o de inseguridad o de

dudas, de avizorar lo que quiere sin necesidad de vigilancia.

        Y yendo hacia mi apartamento encuêntrome con Helade y con Efîaltes, me-

jor dicho, ellas encuêntranse conmigo, y cada una portando sus productos exclu-

sivos. Sin formularle la pertinente pregunta, Helade dêjame saber que jamâs em-

piezan a trabajar a las siete de la mañana, mas que hoy deberîan comenzar a ven-

der sus productos a esta hora por razones especiales, empero sin decirme cuâles

eran las susodichas razones. Seguido a echarme un vistazo de arriba a abajo me

dice  que lo sentîa, mas que no me habîa dicho que estaba casada porque no era

una  mujer de estar  revelando su estatus y, como tal, casi nadie sabîa, con la ex-

cepciôn  de Efîaltes, que tenîa un esposo. Con esta verba, cômo no saber que su

cônyuge  informôla de que habîa hablado conmigo en presencia de Esmeralda?

Pero como mi estrategia consiste en hacerme el cenutrio con el fin de enterarme

por  el propio interlocutor/ra de algo concreto, de algo que ya sê mas que desea-

rîa  escuchar por la misma persona que conmigo conversa, que entra en diâlogo

o en comunicaciôn, hîcele esta breve pregunta:

---Helade, y desde cuândo estâ usted casada con êl, con el que nadie conoce co-

mo cônyuge suyo?

---Kosmos, desde hace cuarenta y dos años. Sabes, no parece tener la edad que

tiene; cualquiera que lo ve pudiera equivocarse.

---Y cômo se ve? Cuâl imago eyecta?

---Kosmos, eso tû lo sabes porque ya lo viste, y por lo mismo fue que te dije que

lo sentîa, porque de no haber sido posible que lo conocieras nunca te hubiera di-

cho que estaba casada, y ya sabes el porquê.

---Êsa es la res, Helade! Mas sabe usted que resultôme crîptico? Que dijera que

como su ônoma ni usted lo pronunciaba que dijêrale señor.

---Kosmos, es que como se llama Aristogitôn, tû crees que tuviese ganas de decir-

lo?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Aristogitôn! Este ônoma

viene de atrâs, de la alcheringa helênica.

---Eso no lo sê, Kosmos, no lo sê. Disculpa que corte aquî la conversaciôn, pero

ya debemos irnos. Ah, antes que lo olvide, êl me dijo que le habîas caîdo bien.

Bueno, nos vamos. Que tengas un buen dîa.

----Muchitantas gracias!! Lo mismitico para ustedes.
















 




 



 





nes especiales deberîan estar mâs temprano en la catedral barroca



 

 

  








 

        






   


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