Debiôse la verba de Esmeralda, y en lo atinente a lo fecundativo, a las raîces de
pamporcino que portaba en su mochila el cônyuge de Helade, con el que entramos
en conversaciôn despuês de decirnos una senil injuria. Impepinable que el tema refe-
rente a la fecundaciôn sea de sumo interês para cualquier fêmina, aunque claramen-
te que no expuesto por todas de la misma manera, o sea, que diferente por cada una
de ellas debido a la facundia que têngase, la que es menester para enriquecer la dis-
cursiva expresiva. No dirîa a ultranza que la facilidad de palabras con la que cuenta
Esmeralda llega a un porciento elevadîsimo, empero de lo que sî estoy convencido
es de que no es tan bajo, y como tal proporciônale a su verba el enrequecimiento su-
sodicho. Mas eso sî, y porque esta misma verba pudiera transformarse o en un pode-
roso aliciente o en el empellôn inesperado, que a su vez ideal para acercar la posibi-
lidad cupidosa que tiene en lontananza su morada fija, sobre el pucho tuve que pedir-
le a ella que de momento dejara de amplificar su verba, aun sabiendo que pedîrselo
pudiera ser la causa de que utilizara el recurso de invocar con el fin exclusivo de sa-
car un beneficio, ya que citar algo como apoyo --hasta cierto punto yo soy el culpa-
ble de esto por darle a conocer el recurso-- acarrea que el interlocutor tenga dudas o
inseguridad, de lo que sale que el provecho es posible, que si no la ganancia o ven-
taja con las que [eso de punto a la raya y que continûe la letra entra en funciôn y]
triunfa el que quiere seguir hablando, el que no desea quedar en mutismo porque
aûn fâltale muchitanto por decir. De tal guisa este invocar no sucediô. Por quê? Por-
que como ya estâbamos cuasi frente por frente a la puerta de su nueva casa la letra
a continuaciôn del punto que pone Ende a la raya pudiera despertar a su novio Cas-
par, ya que por ser una criatura que no duerme coralinamente el tambor de la pala-
bra sacarîalo de la cama, como a Endimiôn el conjunto silâbico de una indômita co-
torra?
Ora bien, y por la forma con la que traspasô el umbral de la puerta Esmeralda:
no de frente sino de soslayo, y debido a que en vez de par en par abriô la puerta
solamente un poco, fue que vînome el recuerdo de su majestad Dido, porque mâs
de una vez fui testigo visual de que entraba en la corte de la misma manera, con la
diferencia de que era imposible darse un trastazo en la testa con el marco superior
de la puerta de palacio por ser êsta triplemente mâs grande, que asimismo mâs difî-
cil de empujar por su peso, Este sacar a puesto, a colocaciôn umbral y puerta, quê
otra cosa no pudiêrame activar que mi pudiente magîn? Penetrar/hundirse en el ca-
si perfecto cuadrado de una morada, dando igual la manera con la que hâgase, ten-
ga lugar una acciôn inseparable del movimiento, lo que traduce que no es una ape-
llidada inmôvil, siempre fue para mî [algo asî como] la forma mâs directa de cono-
cer la intimidad de una construcciôn, que asimismo el misterio que le pertenece li-
mitado por las medidas de cada uno de sus partes, por la sûmula de sus componen-
tes que, prefabricados o no, le dan tanto estêtica como carâcter, o sea, una aparien-
cia y una condiciôn, a pesar de que êstas todo el mundo no las puede ver a no ser
que exista la posibilidad de penetrar/hundirse en el susodicho casi perfecto cuadra-
do. Entonces quê, yo las puedo ver? Una mofa para mî, conmigo mismo, êsa es la
res! Y en fin, que de seguir serviciando a mi imaginaciôn jamâs terminarîa mi dis-
cursiva, me preparê para dar la media vuelta y regresar a mi apartamento, mas en
lo que observaba mis pies para convencerme de que no habîa olvidado cômo girar
perfectamente, como lo aprendî en la academia, escucho la voz de Caspar que pre-
gûntale a Esmeralda el porquê de haber salido y no haberle dicho nada. A raîz de
esta pregunta miro la ventana semiabierta del cuarto, y sobre el pucho oigo la res-
puesta de Esmeralda: Caspar, porque soy tan libre como el viento a pesar de que
estemos juntos, seamos una pareja y sudemos a la misma vez cuando se encuen-
tran nuestros cuerpos. Entonces, y sin ya tener en cuenta la perfecciôn de lo que
aprendî en la academia, arrumbê mis pasos hacia donde deberîa ir, no fuera a ser
que Caspar sacara su testa por la semiabierta ventana y viêrame parado como un
mameluco haciendo guardia, o como el culpable con semblante de la felonîa de
Esmeralda, o del posible de la traiciôn de êsta, aun no siendo Caspar una criatu-
ra que empolla celos, pero que sî que tiene sus momentos o de inseguridad o de
dudas, de avizorar lo que quiere sin necesidad de vigilancia.
Y yendo hacia mi apartamento encuêntrome con Helade y con Efîaltes, me-
jor dicho, ellas encuêntranse conmigo, y cada una portando sus productos exclu-
sivos. Sin formularle la pertinente pregunta, Helade dêjame saber que jamâs em-
piezan a trabajar a las siete de la mañana, mas que hoy deberîan comenzar a ven-
der sus productos a esta hora por razones especiales, empero sin decirme cuâles
eran las susodichas razones. Seguido a echarme un vistazo de arriba a abajo me
dice que lo sentîa, mas que no me habîa dicho que estaba casada porque no era
una mujer de estar revelando su estatus y, como tal, casi nadie sabîa, con la ex-
cepciôn de Efîaltes, que tenîa un esposo. Con esta verba, cômo no saber que su
cônyuge informôla de que habîa hablado conmigo en presencia de Esmeralda?
Pero como mi estrategia consiste en hacerme el cenutrio con el fin de enterarme
por el propio interlocutor/ra de algo concreto, de algo que ya sê mas que desea-
rîa escuchar por la misma persona que conmigo conversa, que entra en diâlogo
o en comunicaciôn, hîcele esta breve pregunta:
---Helade, y desde cuândo estâ usted casada con êl, con el que nadie conoce co-
mo cônyuge suyo?
---Kosmos, desde hace cuarenta y dos años. Sabes, no parece tener la edad que
tiene; cualquiera que lo ve pudiera equivocarse.
---Y cômo se ve? Cuâl imago eyecta?
---Kosmos, eso tû lo sabes porque ya lo viste, y por lo mismo fue que te dije que
lo sentîa, porque de no haber sido posible que lo conocieras nunca te hubiera di-
cho que estaba casada, y ya sabes el porquê.
---Êsa es la res, Helade! Mas sabe usted que resultôme crîptico? Que dijera que
como su ônoma ni usted lo pronunciaba que dijêrale señor.
---Kosmos, es que como se llama Aristogitôn, tû crees que tuviese ganas de decir-
lo?
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Aristogitôn! Este ônoma
viene de atrâs, de la alcheringa helênica.
---Eso no lo sê, Kosmos, no lo sê. Disculpa que corte aquî la conversaciôn, pero
ya debemos irnos. Ah, antes que lo olvide, êl me dijo que le habîas caîdo bien.
Bueno, nos vamos. Que tengas un buen dîa.
----Muchitantas gracias!! Lo mismitico para ustedes.
nes especiales deberîan estar mâs temprano en la catedral barroca
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