Como hay cosas que pasan que no tienen atingencia ni con la casualidad ni con la
causalidad, sino que mâs bien suceden por una cuestiôn de la subrutina, tuvimos que
bajarnos del bus por un problemilla mecânico, y muchîsimo antes de la ûltima parada
que estâ en el arrabal. Por el motivo de la frialdad que empezô a sentir Esmeralda en
el cuello fue que soltôse el cabello, y a continuaciôn pûsose la liga roja en la muñeca
de la mano derecha, mas como la liga al ser alcanzada por la luz de los faroles de un
medio de transporte iluminâbase tuvo que cubrirla con la manga de la chaqueta. Cla-
ramente que por no interesarme no hîcele la tempestiva pregunta para saber el porquê
de eludir que iluminârase la liga, aunque sî la mirê con destacada fijeza para que ella
supiera que yo no estaba ajeno a este pequeño detalle. Cuando dejê de mirarla agarrô-
me la mano izquierda, y sin dilaciôn hâceme esta pregunta:
---Kosmos, y quê hacemos ahora?
---Câspita, Esmeralda!! Quê si no que regresar a nuestras moradas,
---Pero, me acompañas hasta la puerta de la mîa?
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Conociêndome como me co-
noces me haces esta pregunta?
---Entonces me acompañas, no?
---Êsa es la res, Esmeralda! Te concomito hasta allî.
La liga roja fue el solvento contra una injuria senil, mas como el que nos insul-
tô no dejô calaña de un conocimiento basto, y precisamente por insultarnos, serîa al
ñudo explicarle el porquê de que la liga fuese la soluciôn de una cuestiôn. Tratâbase
de una criatura entrada en años, amên que un tanto endeble por la sûmula de kilôme-
tros que habîa camino, todo un desafîo que no pudo eludir por haberse enterado de la
rotura del bus, pero sin clarar cômo [fue que] supo del problema mecânico del medio
de transporte nocturno. Esmeralda, y con la intenciôn de saber la razôn de la injuria,
hâcele la pregunta adecuada, respondiendo êl que como en la actualidad la juventud
hace lo que le venga en ganas, carece de respeto, y dondequiera se entrega a un jue-
go amoroso sin tener en cuenta la moral de los ciudadanos mâs seniles, no pudo tole-
rar vernos a nosotros caminar por el arcên demostrando con soltura el placer de nues-
tras manos y la furia de nuestras bocas. Sobre el pucho Esmeralda sonrîe, y con la in-
tenciôn de destacar una realidad indeleble dice lo siguiente:
---Los tiempos cambian, y con êstos las generaciones.
Mas si algo fue blanco para mis ôculos fueron las raîces de pamporcino que so-
bresalîan de la mochila que colgaba del hombro izquierdo de la criatura, por lo que
raudo acordême de Helade, por ser ella quien las vende, motivo por el cual no podîa
dejar de hacer esta pregunta:
----Señor, estuvo usted hoy en la catedral barroca?
----Y a quê se debe esta pregunta?
----A las raîces de pamporcino que usted porta en su mochila, y que sôlo cômpranse
en la susodicha catedral.
----Me dices tu nombre?
----Kosmos, señor, Kosmos!!
----Kosmos, se nota que eres buen observador, y te respondo que no, que no estuve
en la catedral, y que si las llevo en mi mochila es debido a que mi esposa me pidiô
que se las llevara a una persona masculina que las necesita.
----Su esposa? No serâ êsta Helade?
----Cômo? Cômo sabes su nombre? Sî! Ella misma es.
----Porque solamente ella las vende en la catedral.
----Exactamente!! Te informo que precisamente por lo que mi esposa me pidiô es que
deberîa coger el bus nocturno, que si no jamâs salgo de casa a esta hora, pero las co-
sas que pasan: el bus se rompiô. Entonces, Kosmos, sabes que Efîaltes tambiên vende
sus productos en el mismo lugar, no?
----Êsa es la res! Sî que lo sê! Espero no encontrarme con el esposa de Efîaltes.
----No no, ella no tiene ni esposo ni amante, que tampoco ninguna otra categorîa de re-
laciôn con la cual compartir; mas exactamente es una solitaria cuando no tiene la com-
pañîa de mi esposa.
----Y cuândo no la tiene, porque hasta el momento las he visto juntas y en disîmiles ho-
rarios?
----Verdad? No me digas. Y, Kosmos, cômo se llama tu novia?
----Onômase Esmeralda, mas no es mi novia.
----Cômo que no? Cômo no lo es si la vi....
----Señor, en realidad tenemos una profunda amistad, y por lo mismo nos tocamos y
besamos, nada mâs.
----Nada mâs!? Y quê mâs van a tener si lo tienen todo?
----Señor, usted no encaja en el tiempo de hoy, algo que quedô clarîsimo con su res-
puesta dada.
----Y cuâl es su ônoma, señor?
----Kosmos, ni nombre no es importante; ni tan siquiera mi esposa lo pronuncia, asî
que puedes seguir diciêndome señor.
----De acuerdo, señor, de acuerdo!
----Bueno, Esmeralda y Kosmos, lamento lo de la injuria dicha, pero tuve que decir-
la. Tal vez nos veamos en otro momento, que debo llegar puntual para entregar las
raîces. Adiôs!!
---Al avîo, señor, al avîo!!
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