(veinticuatro horas despuês)
Con lo que sobrô del aperitivo en casa del general y con la media langosta dejada
por Dasid en el restaurante de las langostas, Aspasia y yo hicimos un pastiche que nos
quedô exquisito, allende que basto para llenarnos la barriga. Lo acompañamos con un
botellôn de la dadorîa de Baco que dadivôme el general de entre los tantos que êl tiene
en el sôtano de su casa, y para su conservaciôn protegidos por una temperatura que de
acuerdo a (o en dependencia de) la uva que provengan oscila entre los grados catorce y
quince. Onômolo botellôn no por mi ethos de los aumentativos, sino por tener mâs de
la cantidad que cabe en una botella normal, lo que ostensiblemente influye en su peso,
algo que mâs que bien saben los erastes de esta bebida, los gustosos de dormir con una
apacibilidad dadora de un onîrico magistral. Ora bien, un deîptico que no dêbese tacho-
nar/tapar/esconder/solapar, que sea un botellôn no traduce que durê demasiado tiempo
abierto de tratarse especîficamente de una criatura que ingiere a fanegadas vino, o que
a diario tômaselo como si fuese agua, no concretamente para limpidar los riñones sino
mâs bien para embadurnar la lengua con esa rojez que apellîdase olîmpica. De tal gui-
sa, porque quedarîa la balanza descompensada y el futuro preponderando sobre un so-
lo lado, tanto Aspasia como yo somos el paradigma sempiterno de amantes de esta be-
bida, mediando la diferencia que ella jamâs la tomarîa en horario de almuerzo, lo que
dêbese justamente a lo que trae como consecuencia: un dormir que ella desprecia/ re-
chaza cuando impera el mediodîa. Salvo a este horario, a su excepciôn nos igualamos
en su consumo, en dejar que desbârrese por la garganta como un magno afrodisîaco.
En el futuro serê el guardiân de un gran tesoro; mas ora lo soy de uno que tengo
frente a mis ôculos cuasi semidesnudo: el corpus de Aspasia, y el que resultâme mâs
atrayente por la candidez que caracterîzale, blancura que como tal/por parangôn com-
paro con la de un copo de nieve. Esta verba dêbese al tempestivo momento a continua-
ciôn de terminar de comer lo que comîamos (el pastiche), y Aspasia ocuparse de asir
la esponja para fregar, mas como yo estaba sentado encima de la mesa a la zaga de su
tamaño tanto el paisaje de su medida como la especiosidad circular del segundo sem-
blante incitâronme raudamente, y entonces, cômo no tener en cuenta/pasar por alto
que delante de mî hay algo de gran valor que debo proteger y defender? Mas Aspasia
no estaba ajena a lo que estaba sucediendo, sobreviniendo detrâs de ella, ya que a tra-
vês del cristal de la puerta de un estante encima del fregadero reflejâbase la cosa en
sî, o sea, el ver de mi mirada viêndola. Entonces, y sabiendo que mi ver la veîa, y en-
seguida de terminar con lo que hacîa, cambiô la posiciôn, razôn por la cual el tesoro
fue mâs brillante, adjetivo que remite a un desprendimiento de luz que no llega a ob-
nubilar, pero que sî [con su pudiencia inevitable como que] hechiza. Partiendo de es-
ta base todo lo que cautiva ya tiene su vigorosidad/reciedumbre, empero de añadir [a
esto que denomino potencia] el efecto de un afrodisîaco (la dadorîa de Baco), cuâl
sustancia (ousîa) no cae en la zalargarda cupidosa? Igual el mêtodo o el proceder, la
celeridad o no de la mano, la experiencia o la pericia, el atizar no faltarîa que tampo-
co el debido acto. Ni un borrego (vervex) quedarîa inmôvil en este mundillo invete-
rado, el ofreciente de ôrdago de la sonrisa breve y de la motilidad [sin el color de o
so capa de que pudieran justificar], que con soltura/sin cortapisa revela lo que por
una cuestiôn conminante asemêjase en su amplificaciôn homofônica.
De tal guisa las paredes de mi apartamento son bastante gruesas, lo que dêbe-
se a la senectud del edificio, y como tal es un paradigma de construcciôn incompa-
rable con los edificios actuales; por lo tanto, lo que de facto nos favorece, cualquier
tipo de sonido cuasi que ni lo escucha el vecino, lo que significa que la amplifica-
ciôn homofônica no darîa pâbulo a ningûn inquilino de tocar la puerta para hacer la
pertinente reclamaciôn. El ûnico lugar de mi apartamento donde sî que hay que te-
ner cuidado es la cocina, ya que el suelo de êsta no es tan grueso como las paredes,
mas aun asî no serîa un gran problema, porque si el apartamento de arriba es el de
Metôn; el de abajo, y desde que Metôn lo dejô, estâ desocupado, y entonces sin na-
die que lo limpie y quîtele el polvo.
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