Dienstag, 1. April 2025

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(veinticuatro horas despuês)         


         Con lo que sobrô del aperitivo en casa del general y con la media langosta dejada 

por Dasid en el restaurante  de las langostas, Aspasia y yo hicimos un pastiche que nos

quedô  exquisito, allende que basto para llenarnos la barriga. Lo acompañamos con un

botellôn de la dadorîa de Baco que dadivôme el general de entre los tantos que êl tiene

en el sôtano de su casa, y para su conservaciôn protegidos por una temperatura que de

acuerdo a (o en dependencia de) la uva que provengan oscila entre los grados catorce y

quince. Onômolo  botellôn no por mi ethos de los aumentativos, sino por tener mâs de

la  cantidad que cabe en una botella normal, lo que ostensiblemente influye en su peso,

algo que mâs que bien saben los erastes de esta bebida, los gustosos de dormir con una

apacibilidad dadora de un onîrico magistral. Ora bien, un deîptico que no dêbese tacho-

nar/tapar/esconder/solapar, que sea un botellôn no traduce que durê demasiado tiempo 

abierto de tratarse especîficamente de una criatura que ingiere a fanegadas vino, o que 

a diario tômaselo como si fuese agua, no concretamente para limpidar los riñones sino

mâs  bien para embadurnar la lengua con esa rojez que apellîdase olîmpica. De tal gui-

sa, porque quedarîa la balanza descompensada y el futuro preponderando sobre un so-

lo lado, tanto Aspasia como yo somos el paradigma sempiterno de amantes de esta be-

bida, mediando  la diferencia que ella jamâs la tomarîa en horario de almuerzo, lo que

dêbese  justamente a lo que trae como consecuencia: un dormir que ella desprecia/ re-

chaza cuando impera el mediodîa. Salvo a este horario, a su excepciôn nos igualamos

en su consumo, en dejar que desbârrese por la garganta como un magno afrodisîaco.

        En el futuro serê el guardiân de un gran tesoro; mas ora lo soy de uno que tengo

frente  a mis ôculos cuasi semidesnudo: el corpus de Aspasia, y el que resultâme mâs

atrayente por la candidez que caracterîzale, blancura que como tal/por parangôn com-

paro con la de un copo de nieve. Esta verba dêbese al tempestivo momento a continua-

ciôn  de terminar de comer lo que comîamos (el pastiche), y Aspasia ocuparse de asir

la esponja para fregar, mas como yo estaba sentado encima de la mesa a la zaga de su

tamaño tanto el paisaje de su medida como la especiosidad circular del segundo sem-

blante  incitâronme  raudamente, y  entonces, cômo no tener en cuenta/pasar por alto 

que delante de mî hay algo de gran valor que debo proteger y defender? Mas Aspasia

no estaba ajena a lo que estaba sucediendo, sobreviniendo detrâs de ella, ya que a tra-

vês  del cristal  de la puerta de un estante encima del fregadero reflejâbase la cosa en

sî, o sea, el ver de mi mirada viêndola. Entonces, y sabiendo que mi ver la veîa, y en-

seguida de terminar con lo que hacîa, cambiô la posiciôn, razôn por la cual el tesoro

fue mâs brillante, adjetivo que remite a un desprendimiento de luz que no llega a ob-  

nubilar, pero que sî [con su pudiencia inevitable como que] hechiza. Partiendo de es-

ta base todo lo que cautiva ya tiene su vigorosidad/reciedumbre, empero de añadir [a

esto  que denomino  potencia] el efecto  de un afrodisîaco (la dadorîa de Baco), cuâl

sustancia (ousîa) no cae en la zalargarda cupidosa? Igual el mêtodo o el proceder, la

celeridad o no de la mano, la experiencia o la pericia, el atizar no faltarîa que tampo-

co  el debido acto. Ni un borrego (vervex) quedarîa inmôvil en este mundillo invete-

rado, el ofreciente  de ôrdago de la sonrisa breve y de la motilidad [sin el color de o

so  capa de  que pudieran  justificar], que con soltura/sin cortapisa revela lo que por

una cuestiôn conminante asemêjase en su amplificaciôn homofônica.

          De tal guisa las paredes de mi apartamento son bastante gruesas, lo que dêbe-

se  a la senectud del edificio, y como tal es un paradigma de construcciôn incompa-

rable con los edificios actuales; por lo tanto, lo que de facto nos favorece, cualquier

tipo  de sonido  cuasi que ni lo escucha el vecino, lo que significa que la amplifica-

ciôn homofônica no darîa pâbulo a ningûn inquilino de tocar la puerta para hacer la

pertinente reclamaciôn. El ûnico lugar de mi apartamento donde sî que hay que te-

ner cuidado es la cocina, ya que el suelo de êsta no es tan grueso como las paredes,

mas  aun asî no serîa un gran problema, porque si el apartamento de arriba es el de

Metôn; el de abajo, y desde que Metôn lo dejô, estâ desocupado, y entonces sin na-

die que lo limpie y quîtele el polvo.

          












  


  




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