A la primera nada; a la segunda, tampoco, mas a la tercera vuelta vuêlvese el bus
a iluminar y en el espacio eyêctase esta imago: Aspasia haciêndose el tatuaje de una
mariposa en el pubis, mas quien hacîaselo era el difunto zapatero Cliôn. Primeramen-
te tendrîa que decir que esta concatenaciôn de un sujeto que aûn estâ en el primer sis-
tema (Aspasia) con otro en el segundo (el zapatero Cliôn) mâs bien tiene que ver con
un reflejo de mi propia creatividad que con algûn acto mâgico de jaez tempestivo, pe-
ro que claramente exento yo, en este momento, de la selecciôn del personal adecuado
para la representaciôn, o de la persona justa que tendrîa un rol que en puesto, en colo-
caciôn ornarîa un tanto la escena con su presencia y caracterizaciôn. Lo relevante de
esta imago no es la mariposa en el pubis ni el zapatero que cambiô de oficio, empero
que sî a lo que remite: a un suceso que por imposible ni espeluzna ni deja resonancia,
ni cautiva ni trasciende, lo que traduce que como lo que es solamente sirve o para en-
tretener o para bifurcar el sentido que tiênese, de acuerdo a un conocimiento, de la ra-
lentizaciôn o del modismo que prefiêrense a todo trance para entender un mundo ex-
puesto a la deformaciôn o al invento, al imperativo con sorna o a la inferencia repasa-
da.
Estas ûltimas valoraciones salieron a relucir en La cazuela de Vitelio, mas dichas
de otra manera y de acuerdo al potencial expresivo de los contertulios con destacada
facundia; claramente que tuvieron muchitantas veces el correspondiente desarrollo, y
el indefectible uso en cada ocasiôn en que era menester enriquecer una perîstasis con
versiones de una repetida situaciôn circunstancial que abogada tanto el estilo como el
incremento de una fuerza pluralista a partir de un regio conocimiento, lo que denomi-
nâbase en la Kosmona conditio sine qua non.
Al dejar de caminar de atrâs hacia adelante y viceversa vuêlvese a apagar la luz,
lo que significa que de momento no pasarîa mâs nada. Por este motivo regreso a sen-
tarme en el asiento trasero, empero sin poner la cabeza de Esmeralda encima de mis
piernas. Al acordarme del anillo lo sacô del bolsillo del pantalôn y empiezo a tocarlo,
e inmediatamente despiêrtase Esmeralda y dîceme lo siguiente:
---Kosmos, acabo de soñar que el diario se quemaba, o mejor dicho, que quemâbase
porque una mano lo tirô en el fuego.
---Câspita!! Y de quiên era la mano, de un mâsculo o de una fêmina?
---Eso no lo sê, porque a la mano la cubrîa un guante.
---Allende de la mano con (el) guante, el diario y el fuego que mâs viste?
---Mâs nada porque estaba oscuro. Por quê la pregunta?
---Escucha, Esmeralda. Cuando, verbi gratia, entras en casa de alguien, observas lo
que estâ al alcance de la vista, y a partir de lo que se ve pudiêrase tener una idea de
los gustos y preferencias de la persona que vive en ella.
----Kosmos, escuchê, pero no entiendo.
----Los sueños son la casa del hombre, con la diferencia de que el pastiche de cosas
que hay impide con exactitud sacar una conclusiôn determinada, pero aun asî no es
imposible una identificaciôn de acuerdo a la mezcla, y con esta identificaciôn....
----Deja, deja, no sigas, que me parece que entendî. Y quê haces con el anillo?
----Quê tû crees que pueda hacer? Tocarlo. Sabes que resûltame interesante? Que al
comenzar a tocarlo abriste los ojos tû para decirme lo del sueño.
----Y por quê te resulta interesante, o que tiene de eso?
----Esmeralda, no es la misma criatura la propietaria del diario y del anillo?
----Sî que es la misma, y?
----Dêjote a ti la conclusiôn, asî que piensa.
----No comprendo esta cosa: Si Irene te dijo que venderîale el diario a Matilde Ronco
Espinoza, cômo es posible que este diario aparezca en un sueño....
----Antes que sigas informôte que lo que viste en el sueño es una imago simbôlica, lo
que traduce que no necesariamente tiene que ser real esa imago destructiva. Te ha pa-
sado por la testa el porquê de que hayas sido tû la que soñaste con eso?
---No he tenido tiempo de que me pase, porque me acabo de despertar y estoy hablan-
do contigo.
----Suntuosa tu verba! Un maravilloso decir!
----Si tû lo dices...
----Y acaso lo dijiste tû? No! Acâbolo de decir yo! Entonces, no fui yo quiên dîjolo?
----Contra, Kosmos, contra!! No perdonas! No se te escapa una para sacarle el ade-
cuado provecho, o lo que te beneficia.
----Êsa es la res!!
----Y pasô algo cuando dormîa?
----No solamente dormîas, sino que allende roncabas. Abre oîdos, que dîgote lo que
sucediô, pero previo a la amplificaciôn meto de nuevo el anillo en el bolsillo.
----Menos mal, que me provocaste nerviosismo con ese toca toca.
Al terminar de contarle lo de la imago eyectante del tatuaje de la mariposa que
hacîale el difunto zapatero Cliôn a Aspasia, Esmeralda no supô quê decir al respec-
to, porque segûn ella cômo podîa ser posible que el zapatero Cliôn, allende de muer-
to, apareciera en la imago como un tatuista, lo que amplificado con otra verba serîa
lo siguiente: cômo podîa ser posible que alguien que sucumbiô saliera a ocupar pues-
to, colocaciôn dentro de una imagen con el oficio cambiado? No habrîa que ser nece-
sariamente un especialista en una determinada materia para tener en cuenta/no pasar
por alto que su forma de medir lo que estâ mâs allâ (meta) del alcance de la concien-
cia es de jaez racionalista, îndole como tal que no encaja en el mundo donde exacta-
mente la transformaciôn, el cambio o el viraje son (por antonomasia) una constante
fundamental, aunque asimismo imprescindible para un campo (de energîa) energêti-
co que nada tiene que ver con la naturaleza, con el hontanar del que emergen/ brotan
y salen las primordiales e ideales estructuras de formaciôn/organizaciôn ludicantes
de un relevante rol, que de facto en el asunto que fluye (el de la mîmesis) no existe
el desarrollo interpretativo con importancia, sino que mâs bien un crecimiento exen-
to de valor o significado. Estarîa de acuerdo con el que dîjerame una res que menti-
ra no es: que yo mismo fui quien diole pâbulo a Esmeralda de que sintiêrase fuera
de juego, y entonces que no supiera quê decir, porque fui yo precisamente quien dî-
jole que abriera oîdos por esta pregunta que hîzome: Y pasô algo mientras dormîa?
Empero como el decir ya saliô por mi boca, ora tengo que buscar la pertinente ver-
ba con la cual ella pueda entender que con racionalizaciôn escapan de la compren-
siôn cosas que nada tienen que ver ni con la lôgica ni con el sentido, y mucho me-
nos con el deseo de enlazar dos componentes de un sistema que indubitablemente
se aislan por el nivel en que estân y por lo que les toca.
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