La pericia engendra o propicia la diferencia del cômo se muestra aun
siendo la materia la misma, amplificaba Kosmos al insistir el cocinero de
Irlanda en que la habilidad ni crea ni provoca desemejanza en la forma de
enseñar componentes naturales, sino que mâs bien es el mecanismo justo
para revelar un conocimiento de jaez seductivo que sôlo funciona en mo-
mentos especîficos o en situaciones concretas de contemplaciôn o de cu-
riosidad del otro; ademâs que uno [...] que de vez en cuando acude a lo y
sôrdido para hacer sobresalir con mâs pudiencia tanto el color como y la
forma de los componentes susodichos.
----No quisiera entrar en liza ni tampoco tener prisa para eyectar la con-
veniente y repetida risa---dice Kosmos.
---Yo no sê quê te contô Argos de la pericia de Arete, pero sabes una co-
sa?
----De cuâl trâtase?, aunque seguro que plausible.
----Pues ya no te la digo para no tener que justificarla, y quien la justifi-
caciôn evita, y sobre todo contigo...
----Cautê con lo pôstumo a decir que los tres zarcillos protêgenme de y
la verba mâs brusca---advierte Kosmos a la vez que tôcalos.
----Ya sê que fui yo quien te los dio, no me lo recuerdes.
----Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!!, que buena ne-
môsine que usted tiene, cocinero.
----Otra de las tuyas: la continua o incesante mofanada!!
----Como que es dejante de resonancia lo que acaba de amplificar.
----Y de quê te sirve la resonancia?
----Que es garante de la vibraciôn que mantiene sonante lo que usted ha
dicho.
----Como si tî ya no lo supieras. Kosmos, que te conozco de atrâs.
----Interferencias en el sistema sin perjudicar el cogito!!
----Interferencias en el sistema, es eso posible, Kosmos?----fisga Arete
abrazando al cocinero.
----Olvida la pregunta, y quêdate mejor cerca de tu carne, la que respon-
de por instinto y deja la mâs clara de las respuestas.
----Y por quê te has demorado tanto en venir?---pregunta el cocinero de
Irlanda.
----Demorado, verdad? Dime, Kosmos: por quê tu madre tiene una espa-
da?
----Una espada? No sabîa que tenîa una.
----Kosmos, es la espada de Pandolfo Colunnecio, la que el cibiosactes
debe bruñir---deja saber Argos.
----Câspita!! Y por quê lo del bruñimiento?
----Porque segûn tu madre el metal brilloso es mâs seductivo.
----Y cuândo escuchaste eso?
----Hace cuestiones de minutos, de poquitîsimo tiempo. Me preguntô tu
madre si los bructeros aceptan regalos.
----Y no los rechazan, Argos?
----Le respondî que los regalos lo consideran como una compra.
----Una compra?---pregunta el cocinero de Irlanda.
----En el sentido de sentirse comprados por quien regala---responde Argos.
----Ah, eso. Ya entendî.
----Espada, bructeros y compra, no entiendo nada---dice Arete.
----Es que la tribu germânica estâ por llegar, algo que ustedes no sabîan y
por estar en el gozo---dice Kosmos.
----Y cômo tû lo sabes, Kosmos?
----Porque se lo dijo Argos----responde el cocinero de Irlanda.
----Quê chismoso que es Argos!!---afirma Arete oculando a êste.
----No perder la ataraxia, la que engendra verborrea circunspecta.
----Cômo, kosmos, cômo?---pregunta Arete.
----Chismoso? Por quê me consideras asî, Arete?---fisga Argos.
----Y por quê no siendo la consideraciôn mâs justa?
----Permîteseme amplificar quê es una consideraciôn?
----Kosmos, yo sê lo que es, asî que no amplifiques, como dices tû, nada,
que no estamos en la Kosmona---dice Arete.
----Mondo lirondo que con la pesadez no me conformo!!
----Pues te vas ha tener que conformar, porque yo jamâs participarîa en tu
semântico jueguito.
----Disculpen que rompa lo que parece ser un enfrentamiento entre dos..
----Mas quê, Argos, amplifîquelo!!---pide Kosmos.
----Pero me parece que Dido quedô conforme con el bruñimiento de la es-
pada, porque la mira de arriba a abajo proyectando una sonrisa.
----Quê, Argos, una interferencia para disminuir la fuerza de un posible en-
frentamiento?---indaga Arete.
----Ya dejê saber que me disculpaba, acabo de hacerlo, no?
----Que quede ontensible que el enfrentamiento nada tiene que ver conmi-
go; no encaja en mi estilo ni forma parte de materia alguna con repeticiôn
en la kosmona---destaca Kosmos.
----Discûlpenme un momentico, que debo pinchar la masa del ciervo para
saber si ya estâ lista para ser comida.
----Para ser comida!! Cocinero, que la precisiôn es relevante, para ser de-
positada en un plato o para ser masa para los dientes?
---Kosmos, mi trabajo es cocinar, y, en este caso, controlar que la carne no
estê cruda, asî que lo de la precisiôn te lo dejo a ti: de acuerdo?
----Hasta cierto punto y de consuno con fundamentaciones establecidas.
----Eso!!
----Y risas de Kosmos.
----Espera, que voy contigo, te acompaño para que no vayas solito----dice
Arete.
---Compañîa de la carne!! Vaya privilegio el mîo!!---afirma el cocinero de
Irlanda.
----Cautê con la carne que con el tiempo êchase a perder!!
----Envidioso, Kosmos, envidioso!!---afirma Arete.
----Y retorno de la risa de Kosmos.
----Quê opinas, consideras, comentas de Arete, Kosmos?---pregunta Argos.
----Que no es basta perîstasis para ornamentar un discurso.
----Y no pudiera ser suficiente para uno, del que tanto tû como yo sabemos?
----Vamos a ver la espada, Argos, concomîtame usted?
----Sî!! Vamos.
A la postre y al cabo ni la misma reina sabîa lo que diole pâbulo de ob-
servar la espada de Pandolfo Colunnecio, la que despedîa una lumbre como
la de las siete hijas de Atlas y de Plêyone, aunque efîmeramente haya pensa-
do que el motivo pudiera ser lo que amplificô ella misma cuasi recientemen-
te: el metal brilloso es mâs seductivo. Empero en lo que mirâbala sujetâbala
por su alongada asa como si êsta en vez de un mango fuese otra cosa de mâs
relevancia, que si no con mâs significancia a raîz de un parangôn exento de
lo que onômase pusilanimidad, lo que entonces traduce que la comparaciôn
libre de lo que opônose a un estado que mutila lo magnânimo es ora la tem-
pestiva o adecuada, la que encaja y la mayor; pudiera ser lo fâctico que con-
duce a un aliciente que despierta lo jovial que ni con refutaciôn queda trans-
ferido al espacio de otro momento con asimismo razones para un sîmil pro-
picio, aun no teniendo lugar ni el arte de la retôrica ni la arenga sostenida de
un forâneo orador que proyecta algûn mohîn enfrente de la multitud. Empe-
ro de tener que soltar el mango y dirimir lo que hacîa, lo que hacedero cele-
brarîa hasta el mismîsimo Jûpiter, sôlo Dido aceptarîa sin querella de algûn
tipo en el caso de que la verba (calculada o improvisada) a la que deberîa y
enfrentarse tuviera buena medida, repeticiôn y peso, lo que no es de casua-
lidad ninguna como tampoco de extrañar que por acercarse Kosmos no vaci-
lara la reina en bajar la brillosa espada y dejarla sobre la mesa.
Mas en lo que Dido entraba en verba con Kosmos y de que Argos es-
cuchara las palabras utilizadas exento de la necesidad de refutaciôn, Vercin-
getôrix acêrcase a la espada con el têlos de echarle un vistazo. En lo que ha-
cîalo recordôse de la însula de Âvalon, y de la mano vestida con una cândi-
da seda saliendo de la superficie del agua, la que agarra la espada y seguido
se hunde. Queda ostensible, entonces, que no trâtase de otra espada que la y
mîtica Excâlibur, la forjada por Merlin [ y clavada en una roca] al fenecer Uther
Pendrago, rey y padre de Arturo.
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