Dienstag, 30. April 2024

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       No mucho despuês de la conversa breve que en el balcôn tuve con Aspasia regresê

a la sala. Los presentes en mi apartamento fuêronse a las cuatro de la madrugada. Aspa-

sia, y por estar un poco ebria, pasada de copas (piripi), penetrô en el cuarto sin cerrar la

puerta, calaña de que lo que êrale prioritario no era otra cosa que acostarse a dormir. Al

carecer  de sueño me dediquê a llevar a la cocina las botellas vacîas, las copas, la cafe-

tera y las tazas. Como por ethos no es de mi agrado al levantarse ir a la cocina y emba-

durnarme las manos con el detergente amarillo [de marca Handy por tratarse de un pro-

ducto  proveniente de Deutschland] que chupa  la esponja que limpia los utensilios, so-

bre  el pucho abrî el grifo y pûseme a fregar las copas y las tazas. Esta actividad no me

llevarîa muchitamto tiempo, ya que de facto son cinco tanto las copas como las cândi-

das  tazas asimismo del paîs que tuvo un muro en una de sus ciudades. Por lo que aca-

bo de decir terminê con lo que estaba haciendo quince minutos despuês, mas como de

sueño nada posicionê mi tafanario en la silla de mi estudio, prendî un cigarro y agarrê

el  libro del artîfice Henri Bergson con la siguiente titularia:  La risa. Ensayo sobre la 

significaciôn de lo cômico. Leo, entre  otras cosas, y sobre la comicidad: es un miste-

rio  que yêrguese en impertinente desafîo a la especulaciôn filosôfica. A pesar de con-

tener  un enfoque circunspecto, en quê otra rerum no entrarîa yo que en risa? Tal vez

pocos lo crean, lo den por insôlito, o por una falacia con el fin de perpetuar mi predis-

posiciôn por ella, mas lo real es que fue con la risa ( o que gracias a êsta) que comen-

cê  a tener  sueño, siendo entonces que dejê el liber encima de la mesa de mi estudio 

y me fui al cuarto, y sin pensarlo dos veces cerrê la puerta.

         A las ocho y media de la mañana ya  estaba despierto, mas antes de preparar el

cafê fui a mi estudio con el propôsito de buscar en la enciclopedia de los sueños quê

significaba  caminar por tûneles. En la pâgina 469, y como sîntesis, leo lo siguiente:

transitar en onîricos por tûneles es caminar por los vericuetos de la mente, los que y

conducen a disîmiles apartados de la propia vida. Significa la posibilidad de alterna-

tivas  de haber puertas en el trayecto, pero el soñante deberîa tener el valor de abrir-

las, pues  pudieran asimismo  conducir a la confusiôn definitiva. Esta sîntesis gustô-

me  tanto que  la escribî en una hoja con formato A4 que puse en la pared sostenida

.por  una tachuela verde, mi color por antonomasia favorito. Seguido a poner la en-

ciclopedia  en el  librero fui a la cocina. Despuês de poner la cafetera en la hornilla

abrî  el refrigerador para coger el pomo con mermelada de frambuesa  [made in mi

tîo porque es êl el que la hace], mas al estar êste a la zaga de una masa cârnica que

Aspasia sacô del congelador --por el aspecto que tenîa pudiera decir que aproxima-

damente estaba descongelândose desde seis o siete horas---, cômo no pensar yo en

el deseo de caerle a mordidas de tener la costumbre de ingerir carne cruda (omofa-

gia)?  En lo atinente a su color rojo es mejor que no amplifique nada, que quede en

mutismo, que no le dê movimiento a mi lengua para revelar lo que por analogîa de

color atiza, imanta, activa el magîn de donde salen mis queridas pinceladas. Termi-

nado  el proceso, o sea, el de  calentarse el agua que sube al embudo donde estâ el 

polvo de las simientes del cafeto que pasarâ por el filtro antes de quedar como be-

bida  hecha por infusiôn en el deposito superior de la cafetera, cojo una de las cin-

co tazas que lavê y llênola de cafê hasta la mitad, y en un plato mediano dejo caer

dos tostadas que comerîa con la mermelada susodicha----que amên ingiêranse con

mantequilla mâs bien responde a la cuestiôn del sabor que a otra cosa; dirîan algu-

nos que tiene que ver con la costumbre, empero yo tengo mis dudas, porque de un

sabor  ser producto de  êsta menos que de una preferencia tanto el titubeo como la

vacilaciôn  no deberîan faltar. Finalizado mi desayuno dêjole escrito a Aspasia, en

un papelito, que irîa a casa del difunto zapatero Cliôn para coger los libros que me 

interesaban, mas asimismo que el cafê ya estaba hecho, y que como tal sôlo debe-

rîa calentarlo, a pesar de saber que a ella gûstale tomârselo acabado de hacer, mas 

que  algunas veces es posible la excepciôn por cuestiones de  holgazanerîa o pere-

za, o por  carecer de un estado magnânimo con el cual todo puede hacerse sin nin-

gûn tipo de impedimento, traba o molestia.

       Como la puerta de mi edificio es del cristal, y antes de abrirla, vi que Cratino

levantaba su mano derecha para hundir el dedo îndice en el botôn que hace sonar

el timbre, mas como no quise interrumpir esta acciôn hacedera esperê a que la hi-

ciera. A raîz  de realizarla abro raudo la puerta, siendo entonces cuando pregûnta-

me: 

---Kosmos, cômo fue posible que dos cosas sucedieran al mismo tiempo?

---Cratino, porque yo estaba detrâs de la puerta cuando alzabas la mano para to-

car el timbre.

---Quê, que estabas detrâs de la puerta? Y cômo no te vi?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos! Cômo lo puedo saber yo

si el que no me vio fuiste tû? Ni que yo tuviera puesto el sombrero de Zequeira.

---O el Orci Galea

---Repâmpanos Cratino!! Te acabas de recordar del capacete de Plutôn.

---Bueno, tû sabes que, aunque no todo, leî tu novelôn. Dime: adônde vas?

---A casa del difunto zapatero Cliôn.

---Ah, por los libros, no?

---De marras, Cratino, de-ma-rras!!

---Puedo ir contigo?

---Ostensiblemente que sî!

          Despuês de  caminar cien  metros Cratino recuêrdame que por ser el quinto

dîa de la semana habîa feria, y seguido pregûntame si yo querîa ir una vez que aca-

bara  de hacer lo que interesâbame. Al parecerme muchitanto mejor ir primero a la

feria, porque de ser la sûmula de libros alta tendrîamos los dos que ir de un lugar a

otro con un peso en nuestas manos, respondîle que el orden de los factores no alte-

ra el producto, y como tal la cuestiôn de los libros podîa dejarse para mâs tarde. Al

reconocer que yo tuve en cuenta lo que no êl, lo que nada tiene que ver con la cosa

de que por estar enamorado por su testa sôlo pasen consideraciones a partir de pen-

sar  en el mor, sino que mâs bien porque desde que lo conozco nunca fue un desta-

cado  paradigma de  examen o de anâlisis, diome  unos golpecitos ligeros en la es-

palda y seguido  dîceme que a mî no escâpaseme una, que hasta de lo banal saco y

lo justo que sîrvele a un interlocutor como muestra de que no soy otra que una des-

tinada  criatura destinada a no pasar por alto ni lo que por tamaño pudiera ser apa-

bullado facilîsimamente.


 








 
















  






   


 





 



 












 

Dienstag, 23. April 2024

64

       A continuaciôn de cumplir con el hog age, no ya como un soldado del ejêrcito de la

verba sino como un participante en un diâlogo al que pidiôsele que explicara, agarrê los

prismâticos y me fui al balcôn. Si en el Tien mâs una estrella exhibîa su desnuda candi-

dez; la Luna, la que por ser la hermana de Febo atrâeme doblemente, su mîmesis aûn no

del  todo redonda o circular, empero con basta luz como revelarle a un vecino la presen-

cia  en una terraza de dos  criaturas que se tocan y se besan exentas del pensamiento en

las dimensiones del tiempo, aunque sî plenamente conscientes de lo beneficioso que ha-

cen y del todo concentradas en la parte que visitan con sus resbalosas manos. Quê decir

de sus miradas que por impepinable correspondencia penetran con soltura allî donde so-

bresalen lo dador y lo diamantino, lo mayûsculo acicateante? Creyendo cien por ciento

que de seguir haciêndome este tipo de pregunta terminarîa embrollado en mi propia vo-

râgine, remolino de agua de jaez cupidoso, apaguê el circuito que activa las interrogati-

vas y pusê frente a mis dos ôculos mis queridos prismâticos. 

         Cuanto es puesto para escrutar fue la causa de que un sentimiento tuviera sin que

por su clasificaciôn fuese digno de ponerle guirnalda o corona, empero una ordenaciôn

mîa que no la de una ciencia con prefijo y sufijo aqueos: taxonomîa. Con êl la observa-

ciôn con atenciôn de la sûmula arquitectônica de la ciudadela podîa hacerse sin estar al

tanto ni de la hora que es ni de la querella mâs reciente que tûvose, y mucho menos de

la carne que comerîase mañana que por estar en el congelador hay que sacarla para que

se desolidifique del frîo que la pone dura. Una de las construcciones mâs sobresalientes,

allende que iluminada por unos ingentes farolones [que por su luz atraîan a unos bichos

minûsculos voladores], era la catedral barroca; aunque otra el edîculo donde vive Crati-

no  encima del karakorum, pero  con la diferencia de que a êste ningûn farolôn exterior

alumbrâbalo, lo que  traduce que no pude ver los detalles de su fachada. Por tal motivo

volvî a dirigir los prismâticos hacia la catedral barroca, mas no antes de observar rapidi-

to  la ventana del cuarto de Cratino, por lo que  no cûpome duda de que êste estaba dur-

miendo  que si no en funciôn de lo cupidoso con Juliette, ya que mi amigo sôlo pasa la

cortina al estar en una de estas dos cosas.

         Como en la nocturna nacen los grandes, como dijo el magno Alejandro, un decir

que  saliô a puesto, a colocaciôn en mi novelôn, serîa lôgico pensar que para los suso-

dichos venidos al mundo ni la oscuridad, ni la calma, ni el mutismo representan proble-

ma alguno, y que como tal pasan suntuosamente las horas en que no impera la luz apo-

lînea. Empero un lôgico pensar no para el magno, el que mâs preocupado por la prôxi-

ma conquista en parasangas del mundo nunca analizô (o tuvo en cuenta) la relevancia 

que  tienen otras cosas  que forman parte asimismo del orbe, y que por relaciôn serîan

menesteres para la criatura que sale de una barriga y entra a la circularidad terrestre en 

un horario en el que el dîa estâ en su vejez. [Alejandro fue tan magno que hasta trâjole

un cocodrilo a el oriundo de Estagira, segûn revela una pintura que recientemente vi].

       Y hablando de pintura--vaya, que mâs causalidad quedarîase corta; se creerîa mas

que no vislumbra-- observo una sumamente grande colgando de la parte derecha de la

catedral barroca, la que no causôme asombro mas que sî la consideraciôn de que fuese

una novedad, porque en realidad jamâs vi ni tan siquiera un serpetîn colgando ni aden-

tro ni afuera de la catedral. Como la ûnica manera rauda de saber el porquê de que col-

gase la pintura era llamando a Diopeites, mas lo que de facto no podîa hacer porque êl

acuêstase temprano y como tal la llamada resultarîale una tremenda pejiguera, tendrîa

que  de momento olvidarme de lo que querîa saber, que a la postre y al cabo caracterî-

zame  la paciencia, una virtud que tienen en potencia los nacidos en la nocturna. Mâs

acâ  de lo terruño que mâs allâ de lo  que desconozco  pudiera decir indubitablemente

que los que poseen esta virtud tienen un gran tesoro, o sea, tienen lo diamantino, una

clasificaciôn repetidîsima en mi novelôn, aunque asimismo en varias de mis composi-

ciones poiêsicas  mâs cerca de un fulgir que de lo empañado u opaco, que no al ñudo

es el brillar (o el resplandecer) ---aunque en lo complejo es mâs difîcil de detectar no

quiere decir que no sea dejante de esa satisfacciôn menester que sustenta--lo que mâs

interêsale a un vate, porque  con êl la imago frente a los ojos de un mirante impônese

sobresaliente, dando  igual si  acarreando su atracciôn o su rechazo, dos posibles hu-

manos  que a raîz de un contemplar o entran en funciôn o salen al escenario del mun-

do.






  


 







   


 



  



 


 


 

        





Mittwoch, 17. April 2024

63

       Seguido a yo poner la bandeja encima de la mesa de la sala con las cinco tazas, un

pomo  de cristal mediano  con cuadritos de azûcar y la cafetera, Aspasia fue la primera

en asir êsta. Despuês  de llenar su taza hasta la mitad, amên de dejar caer en su interior

cuatro  cuadritos de azûcar, deja saber  inteligiblemente que por ser para ella un aguza-

miento imprescindible las simientes del cafeto molidas no podîa esperar ni tan siquiera

unos segundos. Yo que la conozco de cerquita, de donde cuêntase hasta lo mâs causan-

te de verecundia a continuaciôn de un sofocamiento beneficiante, o sea, de la cama, sî

que puedo saber sin laguna alguna que mâs bien trâtase de la poca paciencia que le ca-

racteriza  que del susodicho aguzamiento. Dicho con otra verba: justificô lo que carac-

terîzale con un decir que millones de criaturas podrîan creer, no refutarîan ni con la in-

tenciôn de llamar la atenciôn en un momento justo y con la persona adecuada. Pregûn-

tome lo imposible: cômo estuviese su semblante de tener frente a sus ôculos nada mâs

y nada menos que una monografîa sobre la "filosofîa de la espera"?

---Kosmos, quê tû estarâs pensando, quê?

---Aspasia, pienso en uno de los epîmones de mi novelôn: ataraxia que engendra ver-

borrea circunspecta.

---Y a quê se debe que lo pienses?

---La costumbre es la madre de cuasi todos los vicios.

---O sea, que se debe al vicio de pensar ocasionado por la costumbre.

---Êsa es la res, êsa!!

---La costumbre es la madre de cuasi todos los vicios. Kosmos, sabes quê? Que estoy

totalmente de acuerdo con tu epîmone.

---Sista, choquemos las tazas por estarlo.

---Cômo que un brindis con tazas de cafê?

---Aristarco, y cuâl es la razôn de que no?

---La falta de costumbre.

---Quê, Sista, que entonces no tengo el vicio de brindar con tazas de cafê?

---Solamente dije la falta de costumbre, y como tal no repetî una parte del epîmone de

Kosmos.

---Saliô el sol, luego hay luz: silogismo de dos proposiciones: entimema.

---Silogismo, Kosmos?

---Despuês te explico, mâs tarde, Aristarco. 

       El hog age que dije seguidamente fue mâs bien como un imperativo para mî mis-

mo, el que en realidad no hacîa falta como automandato obligatorio mas que sî como

una forma de impeler a los presentes, empero como ninguno hizo la pregunta que es-

peraba estarîa de mâs volverlo a repetir. Aspasia, la que al estar un poco ya familiari-

zada con mi novelôn conoce el porquê del utilizamiento repetido de mis ûltimas pala-

bras en el diâlogo, sî que mirôme con extrañeza como queriêndome decir que el hog

age jamâs lo habîa leîdo seguido a êstas, mas cuidando de que su mirar no fuese des-

cubierto, porque de ser detectado por el otro darîa pâbulo de hacer esta pregunta lô-

gica : Aspasia, por quê miras asî a Kosmos? Entrando en materia con profundidad ba-

rroca, o sea, la  que  saca a relucir los pincelamientos mâs cargados de florescencias

con  complejidades, dirîa que  convertido el hog age en un acto exento de un pensar

anticipado participa con soltura en una singularidad ôntica que por cuestiones voliti-

vas mantiene la sensatez activa---que algunas veces asimismo la sorna significa que

el  sujeto pudiera apellidarse propincuo en el manejo tanto de aplicaciones como de

estrategias---y en funciôn de eludir entrecruzamientos de paso acosantes en un espa-

cio donde la verba ludica.

         Mas como en este espacio pudieran suceder mâs de una cosa, pasô que Esme-

ralda deja saber sin tapujo ninguno que los ônomas de los jefes de la tribu germâni-

ca resultâbanle de su agrado por ser de personas que son militares, algo que râpido

fue la razôn de que yo hiciêrame la siguiente pregunta: y si verdaderamente sus pa-

labras son ciertas, por quê nunca mencionô el ônoma de su padre durante el tiempo

en que aûn yo desconocîa a êste?

---Esmeralda, y de cuâles nombre se trata?

---Aristarco, el de Atabân, Flacius Ilyrucus, Pandolfo Colunnecio y Dolfopân Co-

lunnecio.

---Kosmos, con eso del segundo o el otro sistema te refieres al mundo de los muer-

tos?

---Êsa es la res, Esmeralda, êsa!

---Cômo que ese mundo? Esmeralda, y cômo es que te resultan de tu agrado tales

nombres de personas militares que estân del otro lado?

---Aristarco, todo lo que sea de mi agrado lo es sin que me importe el dônde estê.

---Creo, Esmeralda, que buena que es tu memoria para recordar nombres.

---Aspasia, no creas mucho lo que estâs creyendo, que en realidad los recuerdo de-

bido a que los acabo de leer.

---Pues sabes quê? Que a mî muchas veces se me olvidan las cosas aun acabadas de

leer.

---No me digas, verdad? Y cômo es posible eso?

---Esmeralda, como mismo te dije una cosa te digo otra: olvido mâs de una vez lo

reciente leîdo, pero recuerdo con facilidad lo que leî hace tiempo.

---Aspasia, y cuândo hace que leîste estos ônomas?

---Y a quê se debe la pregunta, Kosmos? Quieres comprobar si me contradigo?

---Câspita!! Aspasia, hay que comprobar si de verdad uno sabe lo que dice o si uno

dice lo que sabe.

---Kosmos, y acaso no es lo mismo, lo que dicho de forma diferente?

---Aristraco, analiza, piensa...medita, que hay una diferencia.

---Kosmos, yo solamente reconocî la memoria de Esmeralda, mas no dije nada rela-

tivo a no recordar tales nombres, de hecho sî dije que recordaba con facilidad...

---No lo repitas.

---Tû pidiendo eso, un amante de la repeticiôn? Quiên se contradice aquî?

---Preguntaste bien, Aspasia. Quê respondes, Kosmos?

---Aristarco, que Aspasia provôcame porque quiere entrar en liza, en colisiôn verbal.

---No me digas, verdad, Kosmos?

---Punto a la raya y que continûe la letra!

        Y continuô con el albriciar Sista no sobre alguna idea însita de ella, sino sobre un

vicio de su madre Matilde Ronco Espinoza acarreado por la progenitora de cuasi todas

las cosas, o sea, la costumbre. Libre de circunloquios clara que mi frase resonancia de-

jôle, y la que como tal fue el motivo de este informar de ella. Ostensiblemente que yo

ignoraba la susodicha vibraciôn de sonido, mas que no que para proyectar en nosotros

su desacuerdo con el vicio de aquêlla, estar en contra que como consecuencia pudiera 

conducir o al desdeñamiento o a lo desagradable, verbi gratia, retomô mi sentencia pa-

ra tener un apoyo del cual valerse para justificar su fin. 

        Aristarco, que no trâtase de un anatema que pudiera engendrar alguna duda o in-

certidumbre, saca a puesto, a colocaciôn el rechazo de su padrastro (Teôfilo) por este

vicio, aversiôn que pudiera ser la causa del rompimiento de la relaciôn de êste con la

madre de Sista. Allende agrega que mâs de una vez dîjole su padrastro que hiciera to-

do lo posible por eludir contraer el vicio, aunque sin jamâs dilucidarle concretamente 

cômo hacer posible un evitar que de facto es imposible.

---Cômo, Aristarco, cômo hacer posible un eludir que de facto es imposible?

---Kosmos, si a ti que te encanta el anâlisis, el examen y el profundizar, me haces esta

pregunta...

---Aristarco, no es que no tenga la respuesta, sino que mâs bien fue una pregunta que

hîcete con la intenciôn de sacarte una explicaciôn, la verba revelante que deja calaña

de conocimiento.

---Kosmos, por quê mejor no explicas tû?

---Sista, de verdad que quieres oir la explicaciôn?

---Ya sê, Aspasia, el porquê de tu pregunta, pero recuerda que bien conocî las explica-

ciones de êl, asî que no me causarîan dolor de cabeza. Explica, Kosmos, explica.

---Câspita Sista!! Que entonces lo siguiente: Kosmos hog age: explica.








 







 


















 





 






 




   



   












    

Montag, 15. April 2024

62

          Tres horas despuês de la cena no fue de un exordio de donde salieron a puesto, a

colocaciôn dos palabras de las que derîvase la palabra peripatêticos, sino que mâs bien

de la boca de Aristarco por leer someramente la cuarta parte de mi novelôn. Queriendo

saber quê significaban hîzome la correspondiente pregunta, pero tan cerca de mi oreja

derecha que resonô en mi testa como matraca china, razôn por la cual tuve que dejarle

saber que le darîa un coscorrôn si en otro kairos preguntârame de la misma manera.

---Contra, kosmos, disculpa, que mi intenciôn no fue la de causarte algo desagradable.

---Aceptada la disculpa, Aristarco. Escucha, que êsta es la respuesta a tu pregunta.

---Sî, Kosmos, todo oîdo.

---Peripatein es caminar; peripatos, paseo cubierto. 

---Ah, eso. Gracias por la respuesta, Kosmos.

---Vaya cosa!!

---Amplifica, Aspasia, a quê dêbese la afirmaciôn? 

---Kosmos, a que estaba por preguntarte lo mismo que Aristarco.

---Câspita!! Puedo entender que Aristarco preguntara por leer superficialmente y la

cuarta parte, mas tû que sî la has leîdo a profundidad...

---Es cierto. Pero sabes quê? Que lo leî y se me olvidô. No puede pasar el olvido?

---No es imposible.

---Y otra cosa, Kosmos. Cômo puede uno acordarse de todo lo que escribiste en tu

novelôn con una carga tremenda de conceptos, datos, detalles, explicaciones, lugares,

etc..?

---Esmeralda, y cômo tû lo sabes si no lo has leîdo?

---Porque me lo dijo Aspasia. Y respôndeme: tû mismo, que lo escribiste, lo recuerdas

todo?

---Muy buena pregunta, Esmeralda.

---Sî Aspasia, me parece que no es mala.

---Esmeralda, te respondo sinceramente: recuerdo bastante, mas no todo.

---Yo no creo que ningûn autor de este mundo pueda acordarse de todo lo que dejô y

escrito, y mâs cuando se trata de una gran cantidad de hojas.

----Aristarco quê, abogado defensor?

----Nada de eso, Aspasia, que simplemente reconozco que por muy buena que sea una

mente son imposible ciertas y determinadas cosas.

----Estoy de acuerdo con lo que acaba de amplificar Aristarco.

---Kosmos, yo sê de tu excelente memoria, mas no me opongo a lo que dîcese.

---Calaña de no contrariedad a un decir que es cierto, Sista.

---Sista, y acaso no pudieras saber de la excelente memoria de alguien que fue tu no-

vio?

---Aristarco, por eso mismo es que lo sê.

---Saber, sabiendo...sê. Quiên hace cafe?

---Tû mismo por hacer la pregunta, que nosotras preparamos la comida.

---Es justo, Kosmos, lo que dijo Aspasia, a como tal es posible un equilibrio.

---Pues de tratarse de lo justo y del equilibrio, Esmeralda, por no decir que es mejor

obedecer que mandar, me voy a la cocina a prepararlo.

---Necesitas ayuda, kosmos?

---Quê, Aristarco, quieres salirte por unos minutos del cacareo de tres fêminas, de la

verba ineludible?

---Vaya ingrato que eres, Kosmos. Sabes quê? Olvîdate de mi ayuda gratuita.

           En lo que preparaba el cafê escuchê a Metôn repitiendo la frase que le escribî

en un papel con el bolîgrafo dadivado por el general. Desde que pidiôme que escribiê-

rasela me di cuenta de que el ser feliz para êl dependîa mâs de la sûmula de su capital

(medio millôn) que  de valerse por sî mismo para alcanzar un estado que proporciona

el ejercicio de la virtud, segûn dejô dicho la filosofîa del estagirita. De facto, cômo al-

guien pudiera creer que un banquero entrêgase a este ejercicio? Por haber hecho esta 

pregunta recuêrdome de lo contado por mi tîo que pertenece a su tiempo de juventud:

de  un banquero compinche de êl que con tan sôlo escuchar la palabra "arete" comen-

zaba a temblar como si hubiêranle vertido en su cuerpo un cubo de agua helada. Sen-

cillamente hay cosas que jamâs encajarîan en sectores donde lo que prepondera deja

de  ser un posible que ayuda a mantener un trabajo de talla mayor, de atingencia con

algo  que no puêdese  tener con ningûn aprendizaje, aunque lo contrario diga alguna

que  otra criatura docta con tendencia al optimismo, o que si no una jerga que subra-

ya  con el objetivo de destacar oponencias que transfôrmanse con el pasar del inexo-

rable ( e ineluctible) tiempo  por transparente y cooperativa cuestiones de interês. Y

en fin, que de no controlarse el pensamiento pudiera como consecuencia traer el pa-

so  a la acciôn, puse sobre la bandeja la cafetera y las cinco tazas, y seguido dîjele a

los presentes en voz alta: 

---Ya estâ listo el cafê, asî que no llâmenme que voy raudo a la sala.


   







































Donnerstag, 11. April 2024

61

          Sista, y con la tempestiva intenciôn de cambiar de tema, lo que para mî no es otra 

cosa que un excurso, saca a puesto, a colocaciôn que su madre Matilde Ronco Espinoza

rompiô la relaciôn con Teôfilo, empero como lo desconocîa no podîa decir el porquê, el

motivo por el cual dejô de ser posible la conexiôn que alimenta a lo amoroso. Aristarco,

y al no estar informado de este rompimiento, llêvase las dos manos al semblante y mue-

ve la testa de izquierda a derecha, y no dilaciona en decir que su padrastro pierde nueva-

mente  la oportunidad de tener una fêmina madura con la cual poder compartir su fanta-

sîa aêrea.

---Fantasîa aêrea?

---Esmeralda, porque mi padrastro tiene una hamaca en la que dejan caer sus cuerpos...

---Ya entendî, Aristarco, ya entendî. 

        Por la funciôn bâsica que tiene la hamaca, o sea, la del solaz, es que Aspasia habla

de los pulvinares de palacio, y sobre los que Dido dejaba caer su cuerpo, con la diferen-

cia de que êstos estaban encima del mârmol. Como aquêlla aûn no habîa leîdo la quinta 

parte de mi novelôn es que ignora que hasta el felino Lah descansaba en los pulvinares,

excepto en los momentos que serviânle los cojines para espectaculizar su lûdico. Se en-

tiende perfectamente que tanto los pulvinares como la hamaca iguâlanse por tener en co-

mûn la misma funciôn, lo que no traduce que por una cuestiôn ôntica dêjese de hacer al-

guna pregunta que clârele al que la hace lo que quisiera saber, algo que quedô demostra-

do con la pregunta de Aristarco de:

---Y esa funciôn pudiera ser de la preferencia de todo el mundo?

---Y por quê tû preguntas eso?

---Aspasia, porque, por ejemplo, mi padrastro utiliza la hamaca para otra cosa.

---Bueno, tal vez tu padrastro sea un caso ûnico.

---Eso no lo creo, porque serîa imposible que una sola persona tenga un tipo de fantasîa.

         Por lo que acaba de amplificar Aristarco revela que êl sabîa que tal funciôn no era

de la preferencia de todo el mundo, y como tal preguntô lo que no desconocîa, lo que en-

tonces diome pâbulo para decirle lo que por repeticiôn ya ni sê cuântas veces he dicho:

---Aristarco, lo que sâbese no pregûntase.

---Kosmos, y tû no crees que la tuberculosis me estê afectando hasta el punto de....?

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Por lo que te acabo de decir pre-

guntas porque desconoces, mas referente a lo que tiene que ver una cosa con la otra pre-

guntas un disparate. Quê tiene que ver la tuberculosis con una sûmula de palabras entre

signos de interrogaciôn?

---Una sûmula de palabras entre signos de interrogaciôn. Kosmos, te quedô elegante.

---Sista, muchitantas gracias!!

---Y por quê no, Kosmos, por quê no preguntar lo que se sabe?

---Aristarco, retira la pregunta, que si no esto se convertirâ en la Kosmona.

---Aspasia, y si se convierte quê? 

---Sôlo fue como una advertencia para evitar que padezcas de un fastidio de testa.

---Un fastidio de testa no se compara con la tuberculosis.

---Aristarco, libre eres de preguntar lo que te dê la gana, igual si sabes o no lo que pre-

guntas.

---Ya sê, Sista, ya sê, pero quiero la respuesta de Kosmos.

---Aristarco, lo que sâbese no pregûntase era una de las premisas con la que los conter-

tulios trabajan en la Kosmona; eludîa el motivo de un enfrentamiento a raîz de sacar a

relucir algo que no pasaba de ser una forma de dar a conocer algo conocido por el suje-

to, y conocer algo es saber. Escucha. En la instituciôn lo fâcil nunca fue un aliciente pu-

diente, y precisamente lo que sâbese no es lo difîcil del cual se parte para enriquecer y

reforzar los dircursos, allende que....

---Deja, Kosmos, deja, que por el camino que vas como que me parece que terminare-

mos en lo complicado y complejo.

---Lo que es garante del fastidio de testa.

---Aspasia, y dale con lo del fastidio tal.

---Despuês no me pidas una aspirina, asî que vas a tenerla que comprar en la farmacia.

           A continuaciôn de estas palabras mira con fijeza Aspasia las hojas que trâjome

el general, y entonces pregûntame:

---Kosmos, quê hay escrito en esas hojas?

---Las indisciplinas mâs conspicuas que cometî en la academia.

---Y de dônde las sacaste?

---Yo no, sino que el general del acta mîa que estâ en la academia.

---Cômo que mi padre te las dio?

---Pues sî, Esmeralda, un dar que no esperâbame, y muchitanto menos de un general.

---Kosmos, no me cabe duda de que le caîste bien a mi padre, o que si no tû de alguna

manera, por la forma en que piensas y hablas, le recordaste su pasado.

---Esmeralda, desde la primera vez que dialoguê con tu padre me di cuenta de una co-

sa: de que êl estâ mâs a favor de los rebeldes y menos de los que servilmente cumplen

a cabalidad con edictos.

---Verdad, tû crees eso de verdad?

---Êsa es la res, Esmeralda, êsa!!

---Kosmos, y acaso no es una contradicciôn? Cômo que un general que estâ a favor de

los rebeldes, si precisamente êstos por êl serîan sancionados por insubordinaciôn?

---Sista, la contradicciôn es un principio lôgico.

---Sista, antes de que una exactamente contradicciôn, creo que es debido a otra cosa.

---A quê, Esmeralda?

---Segûn las cosas que me ha contado mi padre sobre su pasado, y cuando aûn nada

tenîa que ver con lo militar, su actitud frente a la autoridad, y fuese la que fuese, desta-

câbase por el poco caso, por hacer lo contrario a lo que le decîan..

--Esmeralda, entonces no es por la forma de hablar o de pensar, sino que mâs bien por

lo que hâblase que Kosmos le cayô bien a tu padre.

---Es posible, Sista, es posible.

---Se entiende la cosa como una que a partir de un pasado funciona como espejo.

---Aplausos, Aristarco, a-plau-sos!! 

---Kosmos quê, una burla con discreciôn por haber dicho algo fâcil?

---Câspita, Aristarco! 

---Te preguntê porque contigo nunca se sabe si juegas o hablas en serio.

---Exactivizo: hablo en serio ludicando.

---Kosmos, y para quê quieres las hojas, como recuerdo?

---Aspasia, si acaso como constancia de que en aquel tiempo fui un paradigma de in-

disciplina.

---Sôlo en aquel tiempo, Kosmos?

---Que conste que su pregunta es causa de mi risa.

---Me pongo mi bata transparente y me voy a la cocina.

---Te podemos ayudar, Aspasia?

---Claro que sî, Sista. 





















 



 







        

 














  



 








Montag, 8. April 2024

60

        Excepto la coruscancia de los cuatro anillos en la mano izquierda, la forma de aga-

rrar con los dedos el objeto para escribir y la de aguantar el papel analogîzanse a las de 

la pintura de Hans Holbein (el joven) del humanista Erasmo de Rotterdam. Êste fue jus-

tamente el motivo de quedarme mirando cômo Metôn circularizaba con el bolîgrafo las

correcciones  hechas por mî, aunque no creo que êste sepa de esta pintura que para mu-

chos cuelga en el Louvre. Mas porque sê que es mejor algunas veces mantener la sensa-

tez, ya que una pregunta que hâgase con el fin de probar conocimiento pudiera tener su

correspondiente consecuencia si el que debe responderla estâ muy lejos de una materia

concreta, ni tan siquiera saquê a puesto, a colocaciôn algo que sirviêrale a Metôn como

acicate, o como base de la cual partir para formular una tempestiva pregunta. Como de

tal  guisa no me mirô mirândolo fue imposible la sospecha de que si mirâbalo por otra

cosa  no era  que por alguna, no tuve necesidad de sobre el pucho dar una dilucidaciôn

que clarâse el porquê de la fijeza de mis retinas en lo que hacîa, lo que allende de tener

una atingencia con la causa sui puntualiza una manera de realizaciôn que no es distinta

del sujeto a la que pertenece, que no es disîmil de êste porque en realidad otra no puede

ser diferente al que en posiciôn cumple con una actividad determinada.

---Kosmos, te devuelvo el bolîgrafo con la mîmesis grabada del pavo real. Gracias por

el vino y por la frase, la que me sirve de mucho. Y me voy, que con estos setenta y cin-

co años la necesidad de un descanso es imprescindible.

---Metôn, ostensible  que tales  años son algo. Solâcese bien usted, y hasta la prôxima

que nos oculemos.

          Como mâs interesado estaba en lo intransformable que en lo "mutatis mutandis"

volvî a penetrar en mi estudio despuês de ido Metôn. De nuevo lupa en mano sobre el

estudio reciente de arqueologîa continuê con la observaciôn de las partes acotadas que

tuve que interrumpir por la visita acopas del general Francis. Las tres primeras imâge-

nes que mirê a travês del cristal de aumento no fueron las precisas como para acarrear-

me asombro; pero que sî la cuarta y la quinta por eyectar unas marcaciones diferentes,

o sea, hacia abajo y no sobre la superficie del terreno. La explicaciôn del porquê en la

parte  inferior de estas dos imagos decîa clarîsimo lo siguiente: que en la profundidad

del  terreno posiblemente habîan restos de un imperio hasta el momento no identifica-

do. Siguiendo con la observaciôn resultôme insôlito una cosa: que (precisamente) en-

cima  de estas señalizaciones hacia abajo es donde estâ la escultura de Le Penseur, la

que  sale  a relucir en una  imago en la pâgina doce. Enterado de lo anterior, cômo no

poner mi magîn a funcionar e inferir  sobre la causa de la presencia del lobo al pie de

la escultura? Pero êsta no es de facto lo deîctico hacia arriba? No concluyo que espe-

cîficamente trâtese de un ponderamiento, de que lo preponderante carezca de esa ob-

venciôn  que un avance  facilita en materia narrativa, aunque sî pudiera terminar con

el decir de que existe un vînculo de jaez crîptico que atrâeme como el imân al clavo.

A  continuaciôn pâsame por la mente coger los prismâticos para contemplar la escul-

tura desde el balcôn, mas como empieza a caer un aguacero y a soplar un viento fuer-

te la contemplaciôn dejarîala para mâs tarde, que quien conôceme sabe que solamen-

te cuando escribo es que estos dos fenômenos naturales son de mi agrado. Cuarenta

y cinco  minutos despuês, tiempo aprovechado en trabajar con una idea que no hace

mucho  ocurriôseme, que empollâbala mi testa como gallina a un huevo, oîgo desde

mi estudio un estrêpito en la escalera engendrado por voces conocidas, cercanas.....

amigas, y el que de facto fue el motivo de dirigirme a la puerta.

---Quê, Kosmos, te convertiste en adivino?

---Aristarco y Sista!! Puêdenme decir a que dêbese el estrêpito?

---A que nos pasamos de copas.

---Y por quê preguntâsteme si convertîme en adivino?

---Porque en el justo momento que iba a hundir el dedo en el timbre abriste la puer-

ta. 

---Câspita!! Aristarco, desde mi estudio escuchê el estrêpito que ustedes hacîan. 

---Kosmos, podemos quitarnos la ropa para ponerla a secar?

---Ya no me sorprenderîa verte desnuda, Sista.

---Cômo, quê acabas de decir?

---Pensaba en voz alta, no me hagas caso. Ostensible que puêdensela quitar, mas que

no aquî en la puerta. Penetren en mi apartamento y adentro quîtensela. 

      En lo que dejaban sus cuerpos a toda flor, yo fui al baño a buscar dos toallas, sien-

do entonces cuando sucede lo inesperado: la llegada de Aspasia y Esmeralda.

---Se puede saber quê es lo que estâ pasando aquî? A quê se debe esta bacanal? Dôn-

de estâ Baco?

---Aspasia, no es ninguna bacanal, sino que esperamos que Kosmos traiga las toallas.

---Sista, y por quê estân los dos en plena desnudez?

---Por empapadas las ropas. Nosotros no salimos jamâs con paraguas, como ustedes.

---Aquî las toallas, y largas. Esmeralda, lo primero que debo decirte es lo siguiente:

tû padre estuvo aquî.

---Y lo segundo, Kosmos?

---Que me dadivô este bolîgrafo con la imago de un pavo real.

---Interesante, Kosmos. Mas te pregunto algo.

---Amplifica la pregunta, amplifîcala!!

---Por quê le dijiste a Juliette, anoche en el bar nocturno, que no sabîas nada de mî?

---Ha llegado la hora de la verdad decir.

---Pues dila inmediatamente.

            Revelado el porquê de yo haberle dicho a Juliette lo que dîjele, tanto Aspasia

como Esmeralda muriêronse de la risa, y êsta dêjame saber que si Juliette hubiese es-

cuchado  lo que acabo de decir ni tendrîa una preocupaciôn ni su ânimo quedarîa per-

judicado, porque precisamente cuando ella era una niña su padre, como penitencia, la

encerraba en el cuarto durante varias horas. Mas a pesar de reîrse, lo que yo creo que

es una contradicciôn, Aspasia dîceme que de haberse dado cuenta de que la puerta del 

cuarto estaba cerrada con llave iba a tener que ponerme tapones en los oîdos por la re-

peticiôn de lo desagradable que saldrîa por su boca, que aunque la idea fue de Cratino

yo no hice nada para eludir que la llevara a cabo.     


























 

        









 



      


   


  






    



  

Freitag, 5. April 2024

59

        Y quê causalidad que quien tengo frente a mî al abrir la puerta de mi apartamento

es a un hombre fornido: el general Francisco Sotolongo Almendrades, mas diferenciân-

dose con el hombre fuerte de la proposiciôn escolaria en que no es robusto para el hur-

to de algo. 

---Kosmos, de presentarme en persona aquî en tu apartamento dêbese a que Esmeralda

no pasô la noche en casa, y por lo mismo querîa saber si ella no careciô de nada, si tû

le diste lo necesario para que sintiêrase bien en tu vivienda.

---General Francis, a su hija no le faltarîa jamâs nada, de eso puede usted quedar segu-

ro, mas dîgame: cômo usted supo que ella estaba aquî y en dônde yo vivîa?

---Kosmos, se te olvidô que te saquê de la estaciôn de policîa? 

---General, lo que usted hizo por mî, por Cratino y por Aspasia queda en mi nemôsine

por el resto de mis dîas, mas pudiera usted exactivizar?

----Tu direcciôn me la dio el responsable del arresto por telêfono.

----Empero cômo la supo êste si no la apuntô?

----Eso es lo que tû crees.

----En fin, respuesta a la segunda pregunta.

----A la que sigue la de la primera: Esmeralda me dejô una nota en la que claramente me 

decîa que estaba aquî en tu apartamento. No no, espera...que si pasaba por aquî y tû esta-

bas que se quedaba a dormir.  

---General, de haber venido unos minutos antes no me hubiera encontrado en casa, por-

que aûn estâbamos en la estaciôn susodicha. Justamente llegamos al barrio a las siete y

cinco de la noche, hora justa y exacta que supe por el mûsico Forligen.

----Ya acabo de saber que es un mûsico, pero es una buena persona?

---General, todas mis amistades son personas buenas.

---Perfecto!! Me tranquiliza saberlo, porque mi hija, a pesar de farandulera, estâ educa-

da de la forma mâs correcta y decente posibles.

---General, y no desea usted pasar y de paso un cafê, una copa de vino [rojo, porque me

da fastidio de testa el blanco] u otro estimulante puedo brindarle?

---Acepto la invitaciôn, Kosmos, que de todas maneras puedo ausentarme por un rato de

la academia militar, que al fin y al cabo soy el jefe, pero puedes hacerme un favor?

---Câspita general!! Cômo negarle uno si favor con favor pâgase? De cuâl se trata?

---De que bajes y le digas a mi chofer que me quedo un rato aquî arriba.

---Como tiro de flecha bajo, general. Traspase usted el umbral de la puerta, acomôdese

y empiêcese a sentir como en la cuadradura de su casa.

         Al verme Dasid sobre el pucho tocô el botôn que activa el mecanismo con el cual

el cristal de la ventanilla desciende, y seguido quedôseme mirando como si beneficiosa-

mente viera a la persona con la que pudiera tener un intercambio verbal sin necesidad o

de alguna cortapisa o de la advertencia de que podrîa ipso facto la conversaciôn acabar-

se en el caso de que la jerga que se utilice sobrepase el nivel de tolerancia de la criatura

que escucha. Como una forma de estimulaciôn para que la palabra comenzara con soltu-

ra a fluir, a dejar resonancia, desvîo su mirada hacia el sîmbolo de los tres zarcillos que,

como ya sâbese, cuelga del retrovisor, y con una delicadeza extrema lo tocô mâs de una

vez, siendo entonces cuando dîgole lo que dîjome el general que dijêrale, y que como y

tal sentîa muchitanto no poder disfrutar de la fruiciôn de la que es garante el tema sobre

la cultura celta. 

---Puedo entender, Kosmos, ya que se trata de un general el que espera por ti. Ya habla-

remos en otra ocasiôn, si se puede. Adiôs, y pasa un rato ameno con Francis.

---Gracias Dasid!! Adiôs!!

        Y quiên dirîame que serîa posible lo que mis ôculos vieron al regresar a mi aparta-

mento: Metôn, el banquero pensionado, conversaba con el general.

---Kosmos, por quê no me dijiste que conocîas al general Francis?

---Metôn, por su pregunta como que entiendo que usted lo conoce a êl, no?

---Un banquero es como un taxista.

---O sea, que conoce a muchas gentes.

---Exacto, Kosmos, exacto!!

---Kosmos, si tû supieras todos los favores que me hizo Metôn....me agrada de que sea

tu vecino.

---General, Metôn es una criatura que allende de vecino es mi amigo.

---Ya sê que todas tus amistades son personas buenas.

---A fortiori, y por el encuentro de ustedes [en mi apartamento], un brindis no pudiera

faltar.

        Quince minutos despuês, y por la razôn de yo sacar a puesto, a colocaciôn una de

las  muchitantas frases  latinizadas con fulgor en mi novelôn, Metôn pidiôme que se la

escribiera en un papel, porque al traducîrsela gustôle tanto que querîa aprendêrsela de

memoria leyêndola varias veces. Sin dilaciôn agarro una hoja y el bolîgrafo, mas cuan-

do el general se da cuenta de que êste no escribîa me da el suyo, uno que amên de mar-

ca tenîa grabada la mîmesis de un pavo real.

---Kosmos, ya que te has quedado mirando el bolîgrafo con fijeza te lo regalo.

---Verdad, general, que usted me da como dâdiva un bolîgrafo con la imago simbôlica

de la eternidad?

---Kosmos, a pesar de haberte conocido no hace mucho te conozco lo suficiente como

para saber quê te regalo.

---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Gracias muchitantas, general!

Mire, Metôn, aquî la frase escrita.

---Muy bien. Kosmos, si me oyes hablando en voz alta no pienses que enloquecî.

---Si aun loco no dejarîa de ser mi amigo, Metôn, que allende de las buenas las locas

tambiên pueden ser mis amistades, las que idas de rosca ya no impôrtales ser feliz.

         Seguido a decir el general que êl cree que los locos son felices mas a su manera,

se levanta, camina hacia el balcôn y saca del bolsillo derecho de su chaqueta un sobre,

y mirândome dîceme:

---Kosmos, dentro de este sobre estâs las hojas mâs crîticas de tu acta en la academia,

asî que si lo prefieres, y con el mismo bolîgrafo que te acabo de regalar, puedes tacho-

nar las indisciplinas escritas que tû cometiste en el pasado.

---General, y de quê sirve que las tachone si, en primer lugar, ya las cometî; en segun-

do, ya no estân en el acta y como tal mâs nadie va a saber de ellas?

---Kosmos, es tu pasado en la academia, y toda tachadura es algo asî como una muer-

te simbôlica.

---General, ya pensarê quê es lo que prefiero, o sea, si tachonarlas o no.

---Todo tuyo tu pensar!!

---Mîo todo êl, general. Y muchitantas gracias por lo que usted ha hecho. Sabe usted.

quisiera mostrarle una cosa que me prestô el difunto zapatero Cliôn.

---De quê se trata?

---De esto, general.

---Un estudio reciente de arqueologîa. Y por quê te lo prestô?

---Porque le dije que gustarîame echarle un vistazo.

---Entonces tû estâs interesado en la arqueologîa?

---Mâs o menos, general. Fîjese usted que de dividir a la mitad la palabra queda esto:

arqueo-logîa.

---Logîa, como sufijo, existe, pero arqueo, como prefijo, no lo sabîa.

---Kosmos, y acaso la logîa se puede arquear?

---No tômelo taxativamente, Metôn.

---Sabes, Kosmos, que el difunto Cliôn fue un buen amigo mîo de los tiempos del y

servicio militar?

---Sî, general, y que se conocieron en el hospital. Empero asimismo sê que usted tie-

ne un gallo.

---Y cômo lo sabes?

---Porque dîjomelo mi tîo.

---Tu tîo tambiên fue un buen compinche de Cliôn. 

---Cômo no saber que lo fue? Revêlole, general, que el gallo, y sobre todo como eter-

no sîmbolo erôtico, aparece en mi novelôn.

---Kosmos, y cuândo puedo leerlo?

---En cuanto termine Aspasia de leerlo, general, si es que desea esperar, si no puedo

fotocopiar el novelôn y envîoselo a la academia.

---No hace falta, Kosmos, ya que puedo esperar. Y este apartamento tû lo pagas men-

sualmente o es una herencia?

---Una herencia dejada por mis padres.

---En algûn momento tu tîo me hablô de su hermano Tircano Cilatino.

---Mî tîo aparece en mi novelon mas como mi padre.

---Y cômo se entiende eso, Kosmos?

---General, dêjeme que lo sorprenda con mi verba en el novelôn, la que dilucida la y

acabada de hacer pregunta.

---Estâ bien, Kosmos, espero ser sorprendido. Ya debo regresar a la academia, asî que

em despido de los dos. 

---Espero que nos volvamos a ver, Francis.

---Claro que sî, mi querido Metôn. Y es mâs, mira, aquî mi tarjeta con el nûmero de

telêfono de mi casa, pero podrâs entender que por el puesto que tengo en la academia

encontrarme en mi hogar no siempre va a ser posible.

---Lo entiendo perfectamente, Francis.

---Y Kosmos, gracias por el vino, y si tienes algûn que otro problema me llamas sim-

plemente, que mi nûmero ya lo tienes en tu telêfono por la llamada que hizo Yelas en

la estaciôn de policîa.

---General , y a quiên otro yo podrîa llamar para que sâqueme de un problema con la

policîa?

---Tu pregunta me ocasiona risa.

---Risa es una palabra que para mî tiene una ingente relevancia.

---Ya lo sê, porque me lo dijo tu tîo en el cementerio del Cerâmico. Y ya me voy. Ah,

kosmos, y no dejes de decirle a mi hija que pasê por aquî.

---General, lo primero que harê cuando la vuelva a ver, y hasta la prôxima, hasta êsta.

---Entonces kosmos, nemo potest beatîsimun êsse qui est totos aptus ex sese, quique

in uno pônit omnîa, lo pronunciê bien?

---Metôn, beatisîmun, esse, totus y ponit.

---Me prestas el bolîgrafo para encerrar en un cîrculo la correcciôn?

---No sûdanle las manos?, que no quiero que macule de sudor a la eternidad.

---No quieres que manche al pavo real?

---Êsa es la res, Metôn, êsa!

---No me sudan las manos. Kosmos, asî que dame el bolîgrafo.













































 




 




  





 









 




















  



        
















Montag, 1. April 2024

58

        Despuês de tomarse dos tazas medianas de cafê, allende que cada una atiborrada

 de azûcar, Cratino se fue a su apartamento para cumplir con el cometido de atender a

Juliette. Las nueve de la mañana marcaban las agujas de un pequeño reloj que cuelga

en  la pared de la cocina, mas al no tener tanto sueño como para priorizar el descanso,

o la posiciôn horizontal en el sofâ, pûseme a fregar todo lo que estaba sucio en el fre-

gadero y escuchando la radio, que mâs puede la madre de cuasi todas las cosas, o sea,

la costumbre, que la mismîsima  Maya. La emisiôn que oigo es siempre la misma, lo

que  no solamente dêbese a la repeticiôn de temas de grupos de mi preferencia desde

los años del gimnasio, sino que asimismo por la difusiôn que le da a las canciones de

los trovadores tanto senectos como jôvenes, siendo uno de êstos Forligen, el conspi-

cuo guitarrista mâs por la complejidad de sus textos que por su virtuosismo, empero

que aun asî tiene sus seguidores, y que yo revelarîa ser uno de êstos aunque realmen-

te no sea un asiduo del bar nocturno. Y hablando de êl ponen un tema con este tîtulo

interesante: movimiento sin moverse, motivo por el cual yo subî un poco el volumen

para escucharlo mejor. A la vez que lo oîa ocurriêronseme disîmiles tîtulos, lo que es

calaña  indudable no de mucha o poca fantasîa sino mâs bien de que no es imposible

darle a la misma  sûmula de palabras mâs de una denominaciôn u ônoma. Seguido a

la  correspondiente selecciôn quedême con este tîtulo: el ir no yendo, y el que amên 

dije en voz alta.

---Kosmos, el ir no yendo? Cômo se entiende eso?

---Vaya susto que me has dado, Aspasia. Te dilucido ora mismo, no despuês o mâs 

tarde. Quiere decir que el traslado de un punto a otro hâcese con el pensamiento no

con los pies.

---Acabo de entender. Y quê te hizo pensar en esto?

---La canciôn que oîa de Forligen y con el tîtulo movimiento sin moverse. Y a quê

hora se fue Esmeralda?

---No se fue, se quedô y aûn duerme. Y tû dormiste bien en el sofâ?

---No he dormido aûn.

---Cômo que no? Y por quê, por carencia de sueño?

---Porque estuve con Cratino en el bar nocturno.

---Nosotras ni nos enteramos porque no salimos mâs del cuarto. Me preparas cafê?

---La cafetera grande o la pequeña?

---La grande, aunque no sê cuândo se levanta Esmeralda.

---Aspasia, y si abandona la cama mâs tarde no puede calentar el cafê?

---No sê si le gusta calentarlo.

---Escucha. Yo hago cafê en la grande, y si no le gusta calentarlo que lo haga de nuevo.

---Estâ bien. Me voy a la ducha.

             Por lo que acâbame de decir de que no levantâronse mâs queda ostensible que

no enterâronse de que estaba cerrada con llave la puerta del cuarto, por lo que entonces

puedo suspirar, quedar exento de la obligaciôn de tener que explicarles el porquê de ha-

ber hecho una cosa como la que hicimos Cratino y yo. Mas esta tranquilidad no pasô de

durar unos pocos minutos, porque al acordarme de que no quitê la llave de la cerradura

de la puerta del cuarto, cômo no pensar en la posibilidad de que Aspasia la hubiese vis-

to y hacerse la que no la vio? De ser asî ya no habîa escape, mas si no? En fin, que por

Aspasia  estar en la ducha es el  momento tempestivo, quê no mejor que ir al cuarto en

vez de pensar?  

          Esmeralda dormîa boca arriba y con las piernas abiertas, por lo que la contempla-

ciôn de la canasta de las deidades podîa ser completa, empero como de fijarse la mirada

en este centro mayûsculo de placer pudiera traer como consecuencia o la irresistible ten-

taciôn o el hechizo, mi forma de observarlo fue somera y râpida, allende que sin dejar y

de tener en  cuenta que el objetivo de mi presencia en el cuarto no era otro que el de sa-

car la llave de la cerradura, del orificio de êsta donde la dejê metida. De tal guisa Esme-

lada  despertôse, despuês de tener la llave metida en el bolsillo, y se cubrîô con la sâba-

bana su  especiosa desnudez, y digo de tal suerte porque seguido a lo anterior entrô As-

pasia en el cuarto, amên que [para el beneficio doble de mis ôculos] a toda flor.

---Kosmos, ya estâ hecho el cafê?

         Con esta pregunta no quedôme otro elixir que el de decir una mentira, porque no

podîa amplificarle que aûn no lo habîa hecho por tener que venir al cuarto.

---Aspasia, tengo que darte una mala noticia: el cafê se acabô, y ya estaba por bajar a

comprarlo.

----Pues ve a comprarlo, que tû sabes que me pongo insoportable de no tomarlo sobre

todo despuês de levantarme.

           Antes de salir aprovecho la oportunidad para volver a poner la llave dentro del

cenicero encima de la zapatera, adentro de la circularidad donde siempre estâ, porque

de facto, y como dîjele a Cratino, nunca la usamos. Cualquiera pudiera preguntarse: Y

si Aspasia va a la cocina y descubre la mentira al observar que hay cafê en la lata don-

de guârdase? Impepinable que es una mîrifica pregunta, una de quien bien piensa, ana-

liza o examina, pero sucede que Aspasia no es una chica de esas que por dudas a todo

trance  hace un control, una  investigaciôn o pesquisa; pero ademâs, que asimismo es

una  maravillosa  pregunta, por quê  tendrîa que dudar ella de la inteligible no-verdad

que dîjele, [aun careciendo de un motivo para entrar en un estado de inseguridad]?

--Kosmos, a dos pesos con cincuenta centavos subiô el precio del paquete de cafê. Lo 

compras?

--"Soportar y abstenerse", una divisa estoica. Pôngalo encima del mostrador que llêvo-

melo. 

---Aquî lo tienes, Kosmos.

         Dos cosas totalmente diferentes, pero cada una con su cosa: estando a toda flor

es imposible la mentira; arropado con el grosor de la tela, posible la mentira por anto-

nomasia universal.

---Kosmos, haz el cafê, y deja de mirarnos en busca de alguna diferencia.

---Aspasia, sabes a cuânto subiô el precio del paquete de cafê?

---Cômo saberlo si no lo comprô?

---A dos con cincuenta.

---Y cuânto costaba antes?

---La mitad.

---Y es tan significativa la diferencia?

---Aspasia, si medio millôn de personas compran a dos con cincuenta, a cuâl sûmula

llêgase?

---A una bastante alta.

---Êsa es la res, êsa!! Entonces no trâtase de que sea significativa, sino que mâs bien 

que la diferencia es garante de un tremendîsimo capital.

---Tû y tus câlculos matemâticos.

---Câspita, quê vivan los pitagôricos!! Mas no por la comida, que yo no soy vegetaria-

no.

---Kosmos, estâ claro que no es por la comida.

---Seguro que no estâ oscuro?

---Kosmos, acabarâs de hacer el estimulante cafê?

---El cafê no es difîcil hacerlo.

---Ya, como que acomodas con la intenciôn de hacerme pensar en uno de tus favoritos

epîmones: sôlo lo difîcil es estimulante.

---Aplausos, Aspasia, a-plau-sos!! Hago el cafê que ya estâ molido.

---Al fin, Kosmos, al fin!

        Si preguntâranme el porquê quedarîa en mutismo porque de facto ignôrolo total-

mente, mas lo cierto es que fue el estudio reciente de arqueologîa lo primero que aga-

rraron  mis manos al sentarme frente a la mesa de mi estudio, empero despuês que se

fueron Aspasia y Esmeralda. De que el estudio sea reciente no quiere decir que es ga-

rante de la nitidez de las imâgenes, algo debido a la calidad de la impresiôn, y por lo

mismo tuve que sacar de la gaveta la lupa mâs grande de las tres que tengo, la que al

no usarla muy frecuentemente de su cristal apoderâbase el polvo. Seguido al asperja-

miento  con agua y secado  con papel de periôdico comencê a observar con mi ôculo

derecho. Ostensiblemente  que al tener mâs cercanas a mi retina las imâgenes de las

medidas marcadas podîan definirse un poco mejor, y sobre las partes del terreno que

segûn los especialistas era donde estaban enterrados los restos de una inveterada cul-

tura aûn sin identificaciôn. De algo interesante sucederme fue la reminiscencia sobre

el diseño grâfico--como la maestra que impartîa esta materia era una rubia jamâs fal-

tê a sus clases---, creyendo que oportuna por tener que ver con mesuras, acotaciones,

etc..., y como tal con la justa posiciôn de la regla al esbozar los ya ni sê cuântos dibu-

jos  en hojas inmensas que tuve que hacer, amên que sobre una mesa inclinada y sen-

tado en una silla alta, lo que traduce el hecho de que mis piernas quedaran colgando.

Fue mi primera experiencia de que las piernas quedaran asî: en el aire o separadas y

del piso, mas  por lo mismo con facilidad para moverlas de izquierda a derecha y vi-

ceversa; hacia delante  no por tener la mesa inclinada un tablôn que llegaba hasta el

suelo; hacia atrâs tampoco por los dos tubos de hierro entrecruzados en la base de la

silla, o sea, que  tanto la mesa  como la silla moverlas costaba trabajo. [Al respecto]

una proposiciôn escolaria (con buena intenciôn verbal) amplificaba lo siguiente: ha-

ce falta un hombre fornido para el hurto de ciertas cosas.  



 










  




     


  








 









   







    









 


   



 























  






 

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         Terencio, el ônoma del cartero que dejaba las correspondencias en cada buzôn de mi edificio, fue el motivo de que acordârame en la ...