Excepto la coruscancia de los cuatro anillos en la mano izquierda, la forma de aga-
rrar con los dedos el objeto para escribir y la de aguantar el papel analogîzanse a las de
la pintura de Hans Holbein (el joven) del humanista Erasmo de Rotterdam. Êste fue jus-
tamente el motivo de quedarme mirando cômo Metôn circularizaba con el bolîgrafo las
correcciones hechas por mî, aunque no creo que êste sepa de esta pintura que para mu-
chos cuelga en el Louvre. Mas porque sê que es mejor algunas veces mantener la sensa-
tez, ya que una pregunta que hâgase con el fin de probar conocimiento pudiera tener su
correspondiente consecuencia si el que debe responderla estâ muy lejos de una materia
concreta, ni tan siquiera saquê a puesto, a colocaciôn algo que sirviêrale a Metôn como
acicate, o como base de la cual partir para formular una tempestiva pregunta. Como de
tal guisa no me mirô mirândolo fue imposible la sospecha de que si mirâbalo por otra
cosa no era que por alguna, no tuve necesidad de sobre el pucho dar una dilucidaciôn
que clarâse el porquê de la fijeza de mis retinas en lo que hacîa, lo que allende de tener
una atingencia con la causa sui puntualiza una manera de realizaciôn que no es distinta
del sujeto a la que pertenece, que no es disîmil de êste porque en realidad otra no puede
ser diferente al que en posiciôn cumple con una actividad determinada.
---Kosmos, te devuelvo el bolîgrafo con la mîmesis grabada del pavo real. Gracias por
el vino y por la frase, la que me sirve de mucho. Y me voy, que con estos setenta y cin-
co años la necesidad de un descanso es imprescindible.
---Metôn, ostensible que tales años son algo. Solâcese bien usted, y hasta la prôxima
que nos oculemos.
Como mâs interesado estaba en lo intransformable que en lo "mutatis mutandis"
volvî a penetrar en mi estudio despuês de ido Metôn. De nuevo lupa en mano sobre el
estudio reciente de arqueologîa continuê con la observaciôn de las partes acotadas que
tuve que interrumpir por la visita acopas del general Francis. Las tres primeras imâge-
nes que mirê a travês del cristal de aumento no fueron las precisas como para acarrear-
me asombro; pero que sî la cuarta y la quinta por eyectar unas marcaciones diferentes,
o sea, hacia abajo y no sobre la superficie del terreno. La explicaciôn del porquê en la
parte inferior de estas dos imagos decîa clarîsimo lo siguiente: que en la profundidad
del terreno posiblemente habîan restos de un imperio hasta el momento no identifica-
do. Siguiendo con la observaciôn resultôme insôlito una cosa: que (precisamente) en-
cima de estas señalizaciones hacia abajo es donde estâ la escultura de Le Penseur, la
que sale a relucir en una imago en la pâgina doce. Enterado de lo anterior, cômo no
poner mi magîn a funcionar e inferir sobre la causa de la presencia del lobo al pie de
la escultura? Pero êsta no es de facto lo deîctico hacia arriba? No concluyo que espe-
cîficamente trâtese de un ponderamiento, de que lo preponderante carezca de esa ob-
venciôn que un avance facilita en materia narrativa, aunque sî pudiera terminar con
el decir de que existe un vînculo de jaez crîptico que atrâeme como el imân al clavo.
A continuaciôn pâsame por la mente coger los prismâticos para contemplar la escul-
tura desde el balcôn, mas como empieza a caer un aguacero y a soplar un viento fuer-
te la contemplaciôn dejarîala para mâs tarde, que quien conôceme sabe que solamen-
te cuando escribo es que estos dos fenômenos naturales son de mi agrado. Cuarenta
y cinco minutos despuês, tiempo aprovechado en trabajar con una idea que no hace
mucho ocurriôseme, que empollâbala mi testa como gallina a un huevo, oîgo desde
mi estudio un estrêpito en la escalera engendrado por voces conocidas, cercanas.....
amigas, y el que de facto fue el motivo de dirigirme a la puerta.
---Quê, Kosmos, te convertiste en adivino?
---Aristarco y Sista!! Puêdenme decir a que dêbese el estrêpito?
---A que nos pasamos de copas.
---Y por quê preguntâsteme si convertîme en adivino?
---Porque en el justo momento que iba a hundir el dedo en el timbre abriste la puer-
ta.
---Câspita!! Aristarco, desde mi estudio escuchê el estrêpito que ustedes hacîan.
---Kosmos, podemos quitarnos la ropa para ponerla a secar?
---Ya no me sorprenderîa verte desnuda, Sista.
---Cômo, quê acabas de decir?
---Pensaba en voz alta, no me hagas caso. Ostensible que puêdensela quitar, mas que
no aquî en la puerta. Penetren en mi apartamento y adentro quîtensela.
En lo que dejaban sus cuerpos a toda flor, yo fui al baño a buscar dos toallas, sien-
do entonces cuando sucede lo inesperado: la llegada de Aspasia y Esmeralda.
---Se puede saber quê es lo que estâ pasando aquî? A quê se debe esta bacanal? Dôn-
de estâ Baco?
---Aspasia, no es ninguna bacanal, sino que esperamos que Kosmos traiga las toallas.
---Sista, y por quê estân los dos en plena desnudez?
---Por empapadas las ropas. Nosotros no salimos jamâs con paraguas, como ustedes.
---Aquî las toallas, y largas. Esmeralda, lo primero que debo decirte es lo siguiente:
tû padre estuvo aquî.
---Y lo segundo, Kosmos?
---Que me dadivô este bolîgrafo con la imago de un pavo real.
---Interesante, Kosmos. Mas te pregunto algo.
---Amplifica la pregunta, amplifîcala!!
---Por quê le dijiste a Juliette, anoche en el bar nocturno, que no sabîas nada de mî?
---Ha llegado la hora de la verdad decir.
---Pues dila inmediatamente.
Revelado el porquê de yo haberle dicho a Juliette lo que dîjele, tanto Aspasia
como Esmeralda muriêronse de la risa, y êsta dêjame saber que si Juliette hubiese es-
cuchado lo que acabo de decir ni tendrîa una preocupaciôn ni su ânimo quedarîa per-
judicado, porque precisamente cuando ella era una niña su padre, como penitencia, la
encerraba en el cuarto durante varias horas. Mas a pesar de reîrse, lo que yo creo que
es una contradicciôn, Aspasia dîceme que de haberse dado cuenta de que la puerta del
cuarto estaba cerrada con llave iba a tener que ponerme tapones en los oîdos por la re-
peticiôn de lo desagradable que saldrîa por su boca, que aunque la idea fue de Cratino
yo no hice nada para eludir que la llevara a cabo.
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