Tres horas despuês de la cena no fue de un exordio de donde salieron a puesto, a
colocaciôn dos palabras de las que derîvase la palabra peripatêticos, sino que mâs bien
de la boca de Aristarco por leer someramente la cuarta parte de mi novelôn. Queriendo
saber quê significaban hîzome la correspondiente pregunta, pero tan cerca de mi oreja
derecha que resonô en mi testa como matraca china, razôn por la cual tuve que dejarle
saber que le darîa un coscorrôn si en otro kairos preguntârame de la misma manera.
---Contra, kosmos, disculpa, que mi intenciôn no fue la de causarte algo desagradable.
---Aceptada la disculpa, Aristarco. Escucha, que êsta es la respuesta a tu pregunta.
---Sî, Kosmos, todo oîdo.
---Peripatein es caminar; peripatos, paseo cubierto.
---Ah, eso. Gracias por la respuesta, Kosmos.
---Vaya cosa!!
---Amplifica, Aspasia, a quê dêbese la afirmaciôn?
---Kosmos, a que estaba por preguntarte lo mismo que Aristarco.
---Câspita!! Puedo entender que Aristarco preguntara por leer superficialmente y la
cuarta parte, mas tû que sî la has leîdo a profundidad...
---Es cierto. Pero sabes quê? Que lo leî y se me olvidô. No puede pasar el olvido?
---No es imposible.
---Y otra cosa, Kosmos. Cômo puede uno acordarse de todo lo que escribiste en tu
novelôn con una carga tremenda de conceptos, datos, detalles, explicaciones, lugares,
etc..?
---Esmeralda, y cômo tû lo sabes si no lo has leîdo?
---Porque me lo dijo Aspasia. Y respôndeme: tû mismo, que lo escribiste, lo recuerdas
todo?
---Muy buena pregunta, Esmeralda.
---Sî Aspasia, me parece que no es mala.
---Esmeralda, te respondo sinceramente: recuerdo bastante, mas no todo.
---Yo no creo que ningûn autor de este mundo pueda acordarse de todo lo que dejô y
escrito, y mâs cuando se trata de una gran cantidad de hojas.
----Aristarco quê, abogado defensor?
----Nada de eso, Aspasia, que simplemente reconozco que por muy buena que sea una
mente son imposible ciertas y determinadas cosas.
----Estoy de acuerdo con lo que acaba de amplificar Aristarco.
---Kosmos, yo sê de tu excelente memoria, mas no me opongo a lo que dîcese.
---Calaña de no contrariedad a un decir que es cierto, Sista.
---Sista, y acaso no pudieras saber de la excelente memoria de alguien que fue tu no-
vio?
---Aristarco, por eso mismo es que lo sê.
---Saber, sabiendo...sê. Quiên hace cafe?
---Tû mismo por hacer la pregunta, que nosotras preparamos la comida.
---Es justo, Kosmos, lo que dijo Aspasia, a como tal es posible un equilibrio.
---Pues de tratarse de lo justo y del equilibrio, Esmeralda, por no decir que es mejor
obedecer que mandar, me voy a la cocina a prepararlo.
---Necesitas ayuda, kosmos?
---Quê, Aristarco, quieres salirte por unos minutos del cacareo de tres fêminas, de la
verba ineludible?
---Vaya ingrato que eres, Kosmos. Sabes quê? Olvîdate de mi ayuda gratuita.
En lo que preparaba el cafê escuchê a Metôn repitiendo la frase que le escribî
en un papel con el bolîgrafo dadivado por el general. Desde que pidiôme que escribiê-
rasela me di cuenta de que el ser feliz para êl dependîa mâs de la sûmula de su capital
(medio millôn) que de valerse por sî mismo para alcanzar un estado que proporciona
el ejercicio de la virtud, segûn dejô dicho la filosofîa del estagirita. De facto, cômo al-
guien pudiera creer que un banquero entrêgase a este ejercicio? Por haber hecho esta
pregunta recuêrdome de lo contado por mi tîo que pertenece a su tiempo de juventud:
de un banquero compinche de êl que con tan sôlo escuchar la palabra "arete" comen-
zaba a temblar como si hubiêranle vertido en su cuerpo un cubo de agua helada. Sen-
cillamente hay cosas que jamâs encajarîan en sectores donde lo que prepondera deja
de ser un posible que ayuda a mantener un trabajo de talla mayor, de atingencia con
algo que no puêdese tener con ningûn aprendizaje, aunque lo contrario diga alguna
que otra criatura docta con tendencia al optimismo, o que si no una jerga que subra-
ya con el objetivo de destacar oponencias que transfôrmanse con el pasar del inexo-
rable ( e ineluctible) tiempo por transparente y cooperativa cuestiones de interês. Y
en fin, que de no controlarse el pensamiento pudiera como consecuencia traer el pa-
so a la acciôn, puse sobre la bandeja la cafetera y las cinco tazas, y seguido dîjele a
los presentes en voz alta:
---Ya estâ listo el cafê, asî que no llâmenme que voy raudo a la sala.
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