Sista, y con la tempestiva intenciôn de cambiar de tema, lo que para mî no es otra
cosa que un excurso, saca a puesto, a colocaciôn que su madre Matilde Ronco Espinoza
rompiô la relaciôn con Teôfilo, empero como lo desconocîa no podîa decir el porquê, el
motivo por el cual dejô de ser posible la conexiôn que alimenta a lo amoroso. Aristarco,
y al no estar informado de este rompimiento, llêvase las dos manos al semblante y mue-
ve la testa de izquierda a derecha, y no dilaciona en decir que su padrastro pierde nueva-
mente la oportunidad de tener una fêmina madura con la cual poder compartir su fanta-
sîa aêrea.
---Fantasîa aêrea?
---Esmeralda, porque mi padrastro tiene una hamaca en la que dejan caer sus cuerpos...
---Ya entendî, Aristarco, ya entendî.
Por la funciôn bâsica que tiene la hamaca, o sea, la del solaz, es que Aspasia habla
de los pulvinares de palacio, y sobre los que Dido dejaba caer su cuerpo, con la diferen-
cia de que êstos estaban encima del mârmol. Como aquêlla aûn no habîa leîdo la quinta
parte de mi novelôn es que ignora que hasta el felino Lah descansaba en los pulvinares,
excepto en los momentos que serviânle los cojines para espectaculizar su lûdico. Se en-
tiende perfectamente que tanto los pulvinares como la hamaca iguâlanse por tener en co-
mûn la misma funciôn, lo que no traduce que por una cuestiôn ôntica dêjese de hacer al-
guna pregunta que clârele al que la hace lo que quisiera saber, algo que quedô demostra-
do con la pregunta de Aristarco de:
---Y esa funciôn pudiera ser de la preferencia de todo el mundo?
---Y por quê tû preguntas eso?
---Aspasia, porque, por ejemplo, mi padrastro utiliza la hamaca para otra cosa.
---Bueno, tal vez tu padrastro sea un caso ûnico.
---Eso no lo creo, porque serîa imposible que una sola persona tenga un tipo de fantasîa.
Por lo que acaba de amplificar Aristarco revela que êl sabîa que tal funciôn no era
de la preferencia de todo el mundo, y como tal preguntô lo que no desconocîa, lo que en-
tonces diome pâbulo para decirle lo que por repeticiôn ya ni sê cuântas veces he dicho:
---Aristarco, lo que sâbese no pregûntase.
---Kosmos, y tû no crees que la tuberculosis me estê afectando hasta el punto de....?
---Por el oro de las retamas y la pûrpura de los brezos!! Por lo que te acabo de decir pre-
guntas porque desconoces, mas referente a lo que tiene que ver una cosa con la otra pre-
guntas un disparate. Quê tiene que ver la tuberculosis con una sûmula de palabras entre
signos de interrogaciôn?
---Una sûmula de palabras entre signos de interrogaciôn. Kosmos, te quedô elegante.
---Sista, muchitantas gracias!!
---Y por quê no, Kosmos, por quê no preguntar lo que se sabe?
---Aristarco, retira la pregunta, que si no esto se convertirâ en la Kosmona.
---Aspasia, y si se convierte quê?
---Sôlo fue como una advertencia para evitar que padezcas de un fastidio de testa.
---Un fastidio de testa no se compara con la tuberculosis.
---Aristarco, libre eres de preguntar lo que te dê la gana, igual si sabes o no lo que pre-
guntas.
---Ya sê, Sista, ya sê, pero quiero la respuesta de Kosmos.
---Aristarco, lo que sâbese no pregûntase era una de las premisas con la que los conter-
tulios trabajan en la Kosmona; eludîa el motivo de un enfrentamiento a raîz de sacar a
relucir algo que no pasaba de ser una forma de dar a conocer algo conocido por el suje-
to, y conocer algo es saber. Escucha. En la instituciôn lo fâcil nunca fue un aliciente pu-
diente, y precisamente lo que sâbese no es lo difîcil del cual se parte para enriquecer y
reforzar los dircursos, allende que....
---Deja, Kosmos, deja, que por el camino que vas como que me parece que terminare-
mos en lo complicado y complejo.
---Lo que es garante del fastidio de testa.
---Aspasia, y dale con lo del fastidio tal.
---Despuês no me pidas una aspirina, asî que vas a tenerla que comprar en la farmacia.
A continuaciôn de estas palabras mira con fijeza Aspasia las hojas que trâjome
el general, y entonces pregûntame:
---Kosmos, quê hay escrito en esas hojas?
---Las indisciplinas mâs conspicuas que cometî en la academia.
---Y de dônde las sacaste?
---Yo no, sino que el general del acta mîa que estâ en la academia.
---Cômo que mi padre te las dio?
---Pues sî, Esmeralda, un dar que no esperâbame, y muchitanto menos de un general.
---Kosmos, no me cabe duda de que le caîste bien a mi padre, o que si no tû de alguna
manera, por la forma en que piensas y hablas, le recordaste su pasado.
---Esmeralda, desde la primera vez que dialoguê con tu padre me di cuenta de una co-
sa: de que êl estâ mâs a favor de los rebeldes y menos de los que servilmente cumplen
a cabalidad con edictos.
---Verdad, tû crees eso de verdad?
---Êsa es la res, Esmeralda, êsa!!
---Kosmos, y acaso no es una contradicciôn? Cômo que un general que estâ a favor de
los rebeldes, si precisamente êstos por êl serîan sancionados por insubordinaciôn?
---Sista, la contradicciôn es un principio lôgico.
---Sista, antes de que una exactamente contradicciôn, creo que es debido a otra cosa.
---A quê, Esmeralda?
---Segûn las cosas que me ha contado mi padre sobre su pasado, y cuando aûn nada
tenîa que ver con lo militar, su actitud frente a la autoridad, y fuese la que fuese, desta-
câbase por el poco caso, por hacer lo contrario a lo que le decîan..
--Esmeralda, entonces no es por la forma de hablar o de pensar, sino que mâs bien por
lo que hâblase que Kosmos le cayô bien a tu padre.
---Es posible, Sista, es posible.
---Se entiende la cosa como una que a partir de un pasado funciona como espejo.
---Aplausos, Aristarco, a-plau-sos!!
---Kosmos quê, una burla con discreciôn por haber dicho algo fâcil?
---Câspita, Aristarco!
---Te preguntê porque contigo nunca se sabe si juegas o hablas en serio.
---Exactivizo: hablo en serio ludicando.
---Kosmos, y para quê quieres las hojas, como recuerdo?
---Aspasia, si acaso como constancia de que en aquel tiempo fui un paradigma de in-
disciplina.
---Sôlo en aquel tiempo, Kosmos?
---Que conste que su pregunta es causa de mi risa.
---Me pongo mi bata transparente y me voy a la cocina.
---Te podemos ayudar, Aspasia?
---Claro que sî, Sista.
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